lo perdimos

La muerte a balazos de Justin Bieber tiene desesperados a los servicios de inteligencia. No sólo porque es la última de una seguidilla de atentados contra jóvenes celebridades, sino porque al igual que en los demás casos, la víctima fue hallada imitando la mirada del otrora popular modelo Derek Zoolander (Ben Stiller).

Sin embargo, tras la muerte de su mujer, su fracaso como filántropo y la separación de su hijo Derek Jr.(Cyrus Arnold) han obligado a Zoolander a retirarse, al igual que Hansel (Owen Wilson) su antiguo amigo y rival. Sin embargo, cuando son invitados por la diseñadora Alexanya Atoz (Kristen Wiig) para desfilar su nueva colección, ven la oportunidad para volver a las primeras planas.

Pero también es una oportunidad para Valentina (Penélope Cruz), agente de la Policía Internacional de la Moda, para contactar a Zoolander y desentrañar el misterio de las celebridades asesinadas…

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Me había quedado piola. Me puse al día con En El Corazón del Mar y Victor Frankenstein, películas menores, no tan terribles como me las definieron pero tampoco consideré que daban para mucho análisis (buenas ideas débilmente ejecutadas, y no me tomó más de los 140 caracteres de Twitter). Pero con Zoolander 2, no pude. Tengo que referirme a ella. Tengo que sacarme todo esto de adentro, por un tema de paz mental.

¿Por qué? Porque Ben Stiller solía ser uno de mis comediantes favoritos. Porque estuvo directa o indirectamente involucrado en algunas de mis comedias favoritas de hace una década y fracción (Loco Por Mary, La Familia de mi Novia y sus secuelas, Divinas Tentaciones, Los Excéntricos Tenenbauns Duplex, Mi Novia Polly, La Envidia Mata, la primera Zoolander, Tropic Thunder y hasta me banqué sin quejarme Una Noche en el Museo 1 y 2-esta última sólo por Amy Adams-, La Mujer de Mis Pesadillas o Tower Heist, sus trabajos más flojos de la década anterior), pero de un tiempo a esta parte…¿¿Qué pasó??

Entre medio se quiso poner serio y se despachó algunos filmes más “de autor” (Greenberg, Walter Mitty, While We’re Young) pero en lo que es su especialidad, la cuesta abajo es evidente.

Al punto que me cuesta creer que Zoolander 2 haya sido protagonizada, escrita y dirigida por Stiller.

Por el contrario, me dio la impresión que Stiller cayó en el mismo pozo sin fondo que los hermanos Wayans empezaron a cavar durante los 2000 y en el que han caído otros alguna vez respetables personajes como Adam Sandler, Sacha Baron Cohen o Eddie Murphy.

Zoolander 2 está a décadas-luz de la genialidad, chispa o al menos originalidad de su antecesora. Por el contrario, es una seguidilla de chistes no precisamente graciosos (como en las películas de Sandler), lugares comunes y clichés (como Sandler), situaciones de mal gusto (como Sandler), cameos que no vienen al caso (como las apariciones de famosos en Los Simpsons, alguna vez funcionales a la historia, ahora sólo por el estúpido orgullo de decir que pudieron hacerlas), parodias (como los Wayans) y estupideces de aquellas que te dan más ganas de desear que su protagonista sea arrollado por un tren antes que celebrarle sus tallas (como Los Simpsons, como Sandler, como Zack Galifinakis antes de adelgazar, etc…). Es decir, donde que antes fue un caldo de cultivo de genialidad y diversión, esta secuela no es más que un resumidero de lo más lamentable de la comedia cinematográfica estadounidense del último tiempo.

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Si le sumamos el tener de coprotagonistas a Owen Wilson y Will Ferrell, dos personajillos más que también vienen de bajada, no ayuda mucho. Y lo sientes, así como desaprovechar a Kristen Wiig, por lejos una de las actrices cómicas más interesantes que hemos visto últimamente, relegada a un papel que da vergüenza ajena. Lo mismo respecto de Benedict Cumberbatch.

Tiene sus cosas buenas, sí, pero lamentablemente son tantos los detalles funestos de esta película, que lo rescatable que tiene pasa inadvertido.

Quiero creer que esto es un tropiezo en la carrera de Ben Stiller. Que es una cuestión de momento, pero a quien pretendo engañar. En un escenario donde los rostros de la comedia cambiaron (donde los Seth Rogen, Jason Segel, Jay Baruchuel, Michael Cera,  Jonah Hill, Bill Hader, Paul Rudd..y las Melissa McCarhy, Tina Fey,  Amy Poelher, Amy Schumer, la misma Wiig…desplazaron a los Ferrell, los Carrey, los Stiller, los Sandler y etc que no supieron acomodarse) uno ve las películas de Stiller del último lustro, las mira en perspectiva y compara con sus clásicos, la conclusión es triste, pero dolorosamente real. Perdimos a Ben Stiller.

Peor aún. Se perdió a si mismo.

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ZOOLANDER 2

Director: Ben Stiller

Intérpretes: Ben Stiller; Owen Wilson; Will Ferrell; Penelope Cruz; Kristen Wiig; Christine Taylor; Justin Theroux; Benedict Cumberbatch; Cyrus Arnold

Comedia

2015

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BUD SPENCER 1929-2016

SPENCER

Quizás nunca veremos sus películas en antologías del tipo 100 Películas Que Ver Antes e Morir, pero mucho antes que eso ya se había ganado un espacio irrefutable en la memoria colectiva de más de dos generaciones, y en el corazón de sus miles de fanáticos en el mundo.

Nacido como Carlo Pedersoli, y alguna vez miembro del equipo olímpico de natación de Italia, Bud Spencer hizo carrera en el cine de su país, primero haciendo pequeños papeles en filmes de época (por ahí se le puede ver en un papel casi de extra en Quo Vadis?), aunque su carrera despegó con el auge del Spaghetti Western, subgénero en el que conoció al que sería su compañero de toda una vida, el también italiano Terence Hill.

Tras la caída del género, Spencer y Hill se trasladaron a EEUU, donde hicieron una carrera venerada hasta el día de hoy. Durante los ’70 y parte de los ’80 protagonizaron inolvidables películas de acción, que terminarían por convertirlos en una pareja de culto.

Dos Locos Con Suerte; Pares Y Nones; Juntos Son Dinamita (Y Si No, Nos Enfadamos), Banana Joe; Dos Puños Contra Río; Dos Contra El Crimen: Estoy Con Los Hipopótamos; Quien Encuentra Un Amigo Encuentra Un Tesoro…entre otros filmes que se convirtieron en parte del paisaje de los que crecimos en los ’80 y ’90, con sus habituales reposiciones en televisión y en video.

Luego de su época de oro, se dedicó a la televisión y los últimos años hasta incursionó en política, llegando a ser diputado. Aunque últimamente ya estaba semiretirado y hacía esporádicas apariciones públicas junto a su amigo Terence Hill, principalmente en homenajes.

Su deceso, tuvo lugar en esta madrugada, en un hospital romano, y fue anunciada en las primeras horas del día de hoy por su hijo Giuseppe, quien declaró que su padre falleció en paz, diciendo como últimas palabras “Gracias”.

Gracias a ti, querido Gordo, por tantas horas que junto a Terence Hill nos entretuviste y fuiste un compañero más para nuestra infancia y juventud. Echaremos de menos tus aletazos y puñetes.

Un pedazo de nuestra vida se acaba de despedir de nosotros.

QEPD.

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cuando la actualización sí funciona

Estrenada en 1970, creada por Tim Rice y Andrew Lloyd Weber, Jesus Christ Superstar es un referente obligado a la hora de hablar de musicales.

A medio camino entre la ópera-rock y el music-hall, la obra ha sido objeto de múltiples adaptaciones, algunas inolvidables como la película dirigida por Norman Jewison en 1973, aquella interpretada por Ian Gillian el mismo año, para qué hablar de la protagonizada por Camilo Sesto en 1976, por hablar de las más populares.

Pero todas siguen una estética y contexto más o menos similares: personajes vestidos a la usanza de la época, con detalles que nos revelan el origen post-hippismo de la obra. Por eso, la versión dirigida por Laurence Connor, y registrada en blu-ray como Jesus Christ Superstar: Live Arena Tour, presentada durante 2012 (primera ronda de esta versión, que fue reestrenada años después en EEUU con otro elenco), marca diferencias evidentes con otras producciones.

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La historia es la de siempre: los últimos días de Jesucristo (Ben Forster) en la Tierra, los cuales vive como un individuo atormentado y sobrepasado por la grandeza de la misión que se le ha encomendado. Jesús es acompañado por un grupo de apóstoles y seguidores, entre ellos Judas (Tim Michin), un individuo de mirada más terrenal, que cree que la misión de Jesús ha sido malinterpretada por la comunidad, y el propio Jesús ha sido influido por esta visión errada, mientras que los poderes fácticos (religiosos, económicos y políticos) inician una conspiración en su contra, temerosos de que este hijo de carpintero inicie una sublevación.

¿Dónde está la diferencia? En la actualización.

El elenco y producción de esta versión traspasa la Historia Sagrada a nuestros días. Sustituye el entorno hippie en que se cuenta la obra de 1970 por la situación actual. De hecho, en vez de partir con un grupo de tipos de pelo largo armando un escenario, lo primero que apreciamos en una gigantesca pantalla LED es un zapping por los noticieros del mundo, difundiendo imágenes de protestas de grupos de indignados contra el capitalismo, y la primera secuencia del espectáculo transcurre con una escaramuza entre indignados y las fuerzas policiales.

Jesús aparece como un líder de uno de estos grupos de protesta, secundado por Judas y donde María Magdalena (Melanie C., ex Spice Girl) más que una ex prostituta nos da a entender que es una adicta rehabilitada. Caifás (Pete Gallaher) encabeza un gremio de banqueros e industriales, Simón el Zelote (Giovanni Spano) es representado como un anarquista antisistema, Pilatos (Alexander Hanson) el político que termina agachando el moño ante el poder fáctico y Herodes (Chris Moyles) es un presentador de talk-show.

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Es una secuencia que bien podría haber transcurrido durante cualquier reunión del G8 o incluso por acá, durante el movimiento estudiantil (el de 2011-2012, ese que cual más cual menos si fue capaz de lograr ciertos avances, no el de ahora). Hasta las redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, Youtube) aparecen aludidas como el canal de información y gestación de los movimientos sociales en que se han convertido. Lo mismo la prensa sensacionalista.

En un imponente escenario diseñado por Mark Fisher, el desaparecido arquitecto célebre por sus diseños para espectáculos de rock (U2, The Rolling Stones el Cirque Du Soleil y, especialmente Pink Floyd, para quienes diseñó escenarios desde The Wall hasta la reposición del mismo por Roger Waters a principios de esta década) la actualización es precisa, la puesta en escena impresionante y la obra en general cumple con lo necesario para aproximar este clásico a las generaciones actuales (¿Cuántos relatos han intentado lo mismo sin resultados satisfactorios?).

Eso es lo que define a los clásicos, podemos concluir. La capacidad de mantenerse, de trascender el paso del tiempo, y los grandes cambios. Mucha agua ha transcurrido bajo el puente, y el mundo no es el mismo del que era hace cuarenta y seis años..con mayor razón no es lo mismo que hace 21 siglos…pero la historia matriz sigue siendo la misma y funcionando bien, más allá de los cambios estéticos. Aunque cuando éstos cambios hacen ver más grande a una obra, bienvenidos sean.

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JESUS CHRIST SUPERSTAR LIVE ARENA TOUR

Director: Laurence Connor.

Intérpretes: Ben Froster; Tim Michin; Melanie C.; Pete Gallaher; Chris Moyles; Alexander Hanson.

Musical

2012

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otras formas de ver ciertos hechos

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Películas sobre el Holocausto hay muchas. Prácticamente desde que terminó la Segunda Guerra Mundial el tema del martirio del pueblo judío a manos del nazismo ha sido tema recurrente dentro de la cinematografía, y contempla títulos como Escape de Sobibor, El Diario de Ana Frank, La Decisión de Sophie o, más recientemente, La Vida es Bella y La Lista de Schindler.

Hoy voy a quedarme con dos que tienen una particular mirada sobre el Holocausto que escapa la mera relación de hechos ocurridos dentro de los campos de concentración. Porque si bien hubo muchos judíos que de alguna manera no cayeron en ellos, no necesariamente lo pasaron mejor que otros.

Estrenada en 2002, y dirigida por Roman Polanski, El Pianista se basa en el libro del pianista polaco Wladyslaw Szpilman (Adrien Brody). Junto a su familia de origen judío, residentes en Varsovia, Wladyslaw vive la invasión alemana sobre Polonia en 1939, el traslado al ghetto de la ciudad y su posterior traslado a los campos de concentración y exterminio. Y aunque salva providencialmente gracias a un viejo conocido, su libertad no le sirve de mucho, ya que deberá pasar de escondite en escondite, primero en casas de amigos y conocidos, luego entre las ruinas de la devastada Varsovia, evitando la persecución, las escaramuzas entre nazis y los escasos focos de resistencia, y evitando sucumbir ante el hambre, el frío y la soledad.

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Distinto es el registro de The Black Book, película alemana/holandesa/británica de 2006. Es la historia de Rachel (Clarice Van Houten), cantante judía que debe abandonar Berlín luego de que la casa de la familia holandesa con la que residía es bombardeada. Creyéndose a salvo, se reúne con su familia e intentan huir hacia el sur, sufriendo una emboscada nazi de la que sólo Rachel salva con vida, ayudada por la resistencia. Gracias a ellos consigue un pasaporte falso y trabajo como secretaria en el seno mismo de la Gestapo en La Haya, permitiéndole servir además como espía para sus salvadores.

Sorprendente es el trabajo de Paul Verhoeven, director de esta producción, de quien nos habíamos acostumbrado a ver reverendas porquerías. Cierto, tuvo a su haber clásicos del cine de acción abundante en testosterona como Robocop y El Vengador del Futuro (los originales, claro), pero después rubricó esa burrada llamada Showgirls (una de las peores películas de la historia) que lo marcó para siempre, en mala, de lo que no logró recuperarse por mucho que después haya tratado de arreglarla con cosas como Starship Troopers o El Hombre Sin Sombra.

Con Black Book se recompone totalmente, construyendo un filme inédito dentro del género bélico, y del subgénero de la segunda guerra. Filmes de espionaje en este contexto ha habido muchos, pero cuya protagonista fuera precisamente una víctima, y operando desde la propia resistencia, en frente a las propias narices del Reich. Y aunque no falta el factor emotividad (no en vano estamos hablando de una comunidad que fue prácticamente arrasada por el mero hecho de no provenir de la misma etnia que la autoridad de entonces), Verhoeven no pierde el control de la historia, la cual atrapa hasta el final, sin puntos bajos (o sea, los tiene, pero nunca tan graves como para mandar el filme por el despeñadero) y sin perder la motivación principal del filme, adjudicándose varios premios en festivales europeos e independientes.

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Distinto, ya dije, es el caso de El Pianista. Esta es ante todo una historia de sobrevivencia en un entorno duro, vista a través de los ojos de nuestro protagonista, que encarna el progresivo deterioro de la calidad de vida de los perseguidos a lo largo del proceso que sólo concluyó con la irrupción soviética a mediados de los ’40. Durante un largo período de más de media década, Wladyslaw pierde su estilo de vida, a su familia, su prestigio y dignidad, se ve obligado a mendigar por un escondite o un pedazo de pan.

Sin nada que comer o que ponerse, o donde esconderse, ignorante pero a la vez muy consciente del destino de sus familiares, Wladyslaw, soberbia actuación de Adrien Brody, se debate entre la vida y la muerte…o la locura total. Todo ello narrado con el oficio a que Polanski nos tiene acostumbrados, ante una impactante reconstrucción que le valió el Oscar y el Cesar como Mejor Director, mismos premios para Brody como actor, más el Cesar y la Palma de Oro como Mejor Película.

Son películas diferentes, de motivos diferentes, ligadas por un tema de fondo común, pero además por la virtud de dar una mirada diferente a un evento histórico, lejos de la lágrima fácil, y de la estética del reportaje televisivo. Y es precisamente en esa variedad de puntos de vista donde están sus principales virtudes.

THE PIANIST

***1/2

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Director: Roman Polanski

Intérpretes: Adrien Brody; Thomas Kretschmann; Maureen Lipman; Frank Finlay; Emilia Fox

Drama

2002

ZWARBOEK (THE BLACK BOOK)

***1/2

Director: Paul Verhoeven

Intérpretes: Clarice Van Houten; Sebastian Koch; Thom Hoffmann

Drama/Espionaje

2006

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el delito de pensar distinto

Es la segunda mitad de los ’40, y Hollywood vive una de sus mejores épocas. Industria pujante e influyente como ninguna otra en su momento, es el entorno donde se desenvuelven personajes domo Dalton Trumbo (Bryan Cranston), un celebrado y bien pagado guionista, prácticamente un líder dentro de su gremio y, al igual que otros colegas suyos y otros profesionales de la industria, militante comunista.

Esta militancia lo pone en una lista negra del gobierno, y es forzado a prestar declaración ante la Comisión de Actividades Antiamericanas del Congreso acerca de su afinidad con el comunismo y la situación de sus colegas. Su negativa a delatar lo pondrá contra la espada y la pared, privándolo de su libertad y reduciendo su popularidad y perspectivas laborales a niveles críticos..

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Lo que son las cosas. En plenos días en que el país atraviesa un debate bastante trucho sobre la libertad de expresión, a propósito de la querella de la presidenta contra una revista, debate promovido por un medio que, a lo largo de su historia, ha combatido la libre expresión ajena e impuesto la propia. Si, la querella puede ser un error político y mediático del Gobierno, pero de ahí a hablar de coartar la libre expresión, la libre prensa (en un país donde dos o tres personas controlan la mayoría de medios), me parece una desfachatez.

Bueno, ese es el escenario en que me pongo a ver una película que tiene mucho que ver con el tema: Trumbo, biopic de 2015 que narra los momentos más importantes en la carrera profesional del guionista Dalton Trumbo, quien se vio obligado a enfrentar en carne propia la llamada “Caza de Brujas” que se desarrolló en EEUU, encabezada por el senador Joseph McCarthy, que llevó a niveles insólitos la paranoia estadounidense anticomunista, en los primeros años de la Guerra Fría.

Trumbo se centra en las viscisitudes que dicho personaje debió atravesar junto a un puñado de colegas a consecuencia de su militancia política en un entorno y época en que ciertas ideas eran consideradas peligrosas para un determinado orden social. Y hay que decir que el relato es bastante preciso (para cubrir casi dos décadas en dos horas), clara de narrar y correcta en su armado. Sin ser una obra extraordinaria, que  a fin de cuentas tampoco necesita serlo, se trata de un filme que funciona, ya sea como introducción de un personaje que se convirtió en símbolo de la libre expresión, como un sentido homenaje al legado del protagonista, como retrato de una época compleja en términos de creatividad, sin caer en el proselitismo o en el panfleto más simplón.

Sorprendente es el mérito que tiene en el buen desempeño de este filme el trabajo de Jay Roach como director. Ligado a la comedia (partió muy bien con los primeros capítulos de las sagas de Austin Powers y Los Fockers, por mucho que se hubieran ido diluyendo con el correr de sus capítulos), este es uno de los pocos trabajos de Roach con un enfoque más serio, pero a diferencia de muchos otros realizadores que se ven sobrepasados cuando se pegan un cambio de formato, Roach no colapsa y logra un relato convincente y eficaz.

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Eso apoyado por un buen elenco, que reúne a personalidades de la talla de Diane Lane, John Goodman, Helen Mirren, Elle Fanning, Louis C.K. (popular comediante de stand-up, que también hace aquí un cambio de registro, bastante digno, por lo demás), pero sobre todo a un Bryan Cranston que se despacha una de las grandes actuaciones de su vida.

Cranston encarna con maestría a un Trumbo que se juega incluso su cabeza si es necesario por su libertad para pensar y opinar lo que se le de la gana, para trabajar en lo que mejor hace y para proteger a sus colegas y, en general, a quien incurra en el pecado de pensar diferente de lo que la institucionalidad ordena. Por este papel fue nominado a varios premios, Oscar incluido, y de no haber sido porque este era el año de Di Caprio, si de mi hubiera dependido, estos galardones iban para él, con justicia y largueza.

Filme sin puntos bajos, por el contrario funciona muy bien en la generalidad de sus líneas, Trumbo lleva a reflexionar a lo que entendemos por libertad de expresión. Cierto, todos tenemos un concepto distinto y muy respetable de ello, pero sentirse víctima de una acción legal derivada del mal uso que das a tu libertad…¿no es un poco patudo de su parte?

***1/2

TRUMBO

Director: Jay Roach

Intérpretes: Bryan Cranston; Diane Lane; Helen Mirren; Alan Tudyk; John Goodman; Elle Fanning; Louis C.K.; David James Eliott; Adewale Akinnuoye-Agbaje

Drama biográfico

2015

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la descendencia del mal

Hace unos días, fue el 6/6/16…esta especie de capicúa me trajo a la mente la que ocurrió hace una década, la del 6/6/6, que por su connotación apocalíptica se eligió para el estreno mundial del remake…del pobre remake…de La Profecía. Cosa que me encendió la ampolleta para escribir esta columna, a poco de cumplirse cuarenta años del estreno de La Profecía original.

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Estrenada en 1976, y dirigida por Richard Donner, La Profecía cierra la trilogía con la cual el cine de terror marcó un antes y después. Dijimos en algún momento que luego de años de estar dominado por monstruos, fantasmas, espíritus y criaturas fantásticas, el combo iniciado con El Bebé de Rosemarie, continuado con El Exorcista y concluido con La Profecía, abrió un nuevo flanco para el género: la presencia del mismísimo Satanás..o de su influencia directa o indirecta.

Luego vendrían historias como Amytiville, Poltergeist, y muchas historias sobre posesiones diabólicas y presencias malignas, pero esta trilogía fue la que marcó la pauta.

La historia: el diplomático estadounidense Robert Thorn (Gregory Peck) se encuentra en un hospital de Roma, ya que su mujer, Katherine (Lee Remick) está dando a luz. Pero la criatura no sobrevive y fallece a poco de nacer, cosa que Katherine, inconsciente tras el alumbramiento, ignora.

Desesperado por no saber como enfrentar la verdad y explicárselo a su mujer, Robert es abordado por un sacerdote, quien le habla que en el mismo hospital acaba de morir una madre tras dar a luz, sobreviviendo la criatura. Robert accede a la propuesta del sacerdote, y presenta como su hijo al bebé de la fallecida, bautizándolo Damian.

Años después, con Robert convertido en embajador en Inglaterra, la familia presencia una serie de confusos eventos, partiendo por el suicidio de la niñera de Damian a vista y paciencia de los invitados a su quinto cumpleaños.

Un sacerdote, el padre Brennan (Patrick Troughton), y el fotógrafo presente en el cumpleaños de Damian, Keith (David Warner) tienen sus sospechas acerca de la verdadera naturaleza del niño, y las transmiten a Robert quien en principio duda de esa información, pero con el correr de los días, con la conducta del niño cada vez más imprevisible, empieza a sospechar que ambos tienen razón..

Damian es el engendro de Satanás, el Anticristo, ni más ni menos (no me vengan con cosas, a estas alturas todos lo sabemos), y está rodeado de sus siervos que le facilitan su desarrollo en la Tierra. Robert es sólo el tonto útil, un peón más, apremiado por las circunstancias que lo llevan a tomar una decisión apresurada y errónea. Claro que se da cuenta, demasiado tarde.

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Donde El Exorcista jugaba con la influencia del maligno (Linda Blair no es la encarnación del Diablo, pero es poseída por un demonio muy potente) sino que con la existencia misma del mal (Damian no está poseído, ES el mismísimo hijo de Satanás, no un mero conducto a través del cual éste se manifiesta). Quizás jugar tan cerca de los dominios y descendencia del Señor del Mal, no le gustó al aludido, y el rodaje de La Profecía, estuvo rodeada de circunstancias insólitas: el avión en que viajaba parte del elenco fue tocado por un rayo, la caída de un avión en la que murió parte del equipo técnico, un atentado explosivo en un restoran que había sido usado como locación, rottweilers atacando a su entrenador, un asistente devorado por leones y un accidente vehicular en que murió el jefe de efectos especiales y su asistente, esta última decapitada.

Esta mitología ayudó en su momento a aumentar el morbo sobre La Profecía, pero lo cierto es que con morbo o sin él, la película habría funcionado igual.

Mérito de su director Richard Donner. Sin ser un erudito (para su estreno, aún no existía la especialización en el cine hollywoodense, no como lo podríamos entender ahora..sin ir más lejos, dos años después el mismo Donner se haría cargo del debut de Superman en el cine!) tuvo el suficiente oficio para armar una historia atrapante y capaz de mantener en vilo al espectador desde el minuto uno hasta el final, narrada con maestría, construida con sobriedad y buscando estremecer al observador, más allá de lo estrictamente gráfico.

Eso, más un puñado de muy buenas actuaciones protagónicas, especialmente del entonces niño Harvey Stephens, que reúne muy bien todo lo que necesita para transmitirnos que Damian no es lo que parece, sino que un engendro del mal, inmisericorde y destructivo, que trae consigo la muerte y la desgracia para todo aquel que lo rodee.

Sumese a eso la impecable fotografía de Gilbert Taylor y la banda sonora creada por Jerry Goldsmith. Todo se suma en un conjunto de acciones e imágenes que nos ponen la carne de gallina, sin que se nos pase, incluso rato después de haber terminado la sesión.

Prueba de su buen desempeño es que cuatro décadas después de su estreno siga aterrando incluso a quienes se la han repetido una y otra vez y se la sepan de memoria. Tengo dos explicaciones para eso: o La Profecía está muy bien hecha, en todos sus aspectos, o para congraciarse con don Sata sus realizadores tuvieron que hacer alguna gestioncilla por ahí. Me inclino más por lo primero.

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***1/2

THE OMEN

Director: Richard Donner

Intérpretes: Gregory Peck; Lee Remicj; Harvey Stephens; David Warner; Patrick Troughton; Billie Whitelaw; Martin Benson

Terror

1976

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¿quien se queda con el perro?

Tras varios años de residir en Toronto, Canadá, Tomás (Javier Cámara) ha vuelto por unos días a Madrid para visitar a su amigo Julián (Ricardo Darín), actor argentino, quien lo recibe en su pequeño departamento en la capital española, junto a su perro Truman.

La visita es motivada por una carta dirigida por Julián a Tomás un tiempo atrás. En ella, Julián cuenta que padece un cáncer en fase terminal, motivo por lo cual el primero decide sorprender a su amigo con esta visita, que se convierte para ambos en la oportunidad de despedirse, de cerrar temas pendientes y pasar las últimas aventuras antes del desenlace final…

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He visto suficientes películas para darme cuenta del tratamiento que da el cine a historias relativas con pacientes de enfermedades terminales como el cáncer. La gran mayoría de películas relacionadas con el tema son un picoteo de cebollas interminable, donde sus realizadores se empeñan en hacer ver a sus protagonistas lo más demacrados posibles, calvos y haciéndolos pasar por penurias que hacen ver a La Pasión de Cristo como un mal desfile de Halloween. Y todos llorando.

Por eso se agradecen películas como Truman, demostrando que se puede hablar de lo mismo sin caer en la cebolla picada fina, ni en los excesos. Para nada.

El relato dirigido por Cesc Gays goza de varias virtudes. La primera y más loable de ellas, la sobriedad de su construcción y armado. Es un tema peludo, no hay duda (hombre con cáncer terminal que toma la decisión radical de terminar con sus tratamientos para hacer lo más rápido el proceso), y es una historia donde el dolor abunda, pero sin subyugar la una al otro, lo que no deja de ser algo por que dar las gracias.

Además es una historia amable y precisa, ¿en qué sentido? El leit-motiv es doloroso, pero omite entrar en detalles escabrosos. Nos aportan los suficientes datos para entender la situación de Julián y comprender sus motivos, sin más recursos que los diálogos, y diálogos muy puntuales además. Gays evita entrar en lo detallista o en lo shockeante, sino que aporta lo estrictamente necesario. Lo mismo podemos opinar de la relación entre Tomás y Julián. No nos dicen por qué han estado distanciados (y ni tanto, si pensamos que Tomás conoce  a Truman y si calculamos cuanto vive un perro…) ni qué estaba haciendo en Toronto.

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Simplemente nos presentan a Tomás partiendo de Canadá y aterrizando en España y visitando a su amigo, lo que nos alcanza para comprender el vínculo que existe entre ambos. Bueno, esa es la tónica de la historia, en general.

Gays no subestima al espectador. No lo hace llorar con esa emotividad impostada y simplona, buscando la lágrima fácil. Por el contrario, no quiere hacerlo tonto, lo respeta, y le habla como personas perfectamente razonables que, con lo necesario, pueden procesar la información que se le presenta. Y no por eso no emocionarse.

Sesos. Sobriedad. Y alma. La combinación es posible. Y el resultado, sobrecogedor.

Las actuaciones de Javier Cámara y Ricardo Darín (el gran actor cinematográfico que tenemos a este lado del mundo) son realmente convincentes y logran una tremenda química entre ellos, entre éstos y la historia y entre todos con el espectador. Más que química es confianza, cercanía, entre todos los involucrados (cuento, personajes, nosotros los que estamos mirando) y tiene los méritos como para mantenernos pegados hasta el final.

Menos es más, y esta historia de dos amigos, frente a un punto de inflexión en la vida de uno de ellos, y en la relación entre ambos, lo vuelve a demostrar. Truman es, a la postre, una buena idea llevada a cabo como es debido, es más que suficiente para lograr un gran resultado.

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TRUMAN

Director: Cesc Gays

Intérpretes: Javier Cámara; Ricardo Darín; Dolores Fonzi; Eduard Fernández

Drama

2015

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata