el único pecado capital es perdérsela

Hoy se cumplen dos décadas de un hecho no menor: un día como hoy, pero en 1995 se estrenó en EEUU y Canadá Seven: Los Siete Pecados Capitales, de David Fincher. Y nada fue lo mismo.

Seguro conocen la historia, dos detectives, el experimentado William Sommerset (Morgan Freeman) y el joven e impulsivo David Mills (Brad Pitt) son asignados para seguirle la pista a un asesino en serie conocido sólo como John Doe  (algo así como el N.N. anglosajón, interpretado por Kevin Spacey), y que ejecuta una serie de crímenes inspirados en los siete pecados capitales: gula, avaricia, lujuria, soberbia, pereza, envidia e ira.

La astucia de Doe, así como su bestialidad para torturar y matar a sus víctimas pone a Sommerset, y sobre todo a un Mills desesperado por lograr destacar dentro de su entorno, contra la espada y la pared, ya que deben atrapar a este asesino antes de que cometa un nuevo crimen…y haga añicos la estabilidad mental y emocional de Mills.

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Seven marcó varios hitos a la vez. Ya habían pasado tres años desde que Quentin Tarantino había cambiado la manera de contar historias en el cine, demostrando que había espacio para argumentos que jugaran con la racionalidad y la lógica del espectador, para demostrarle al final del filme que nada era como lo que lo habían llevado a concluir. La diferencia es que si Tarantino hizo eso con Reservoir Dogs desde fuera de la industria, Fincher hacía lo propio desde dentro de ella.

David Fincher, que venía de dirigir abundantes videoclips y la tercera parte de Alien un par de años antes, que claramente fue un trabajo por encargo (no era muy buena que digamos), no se guardó nada para ser lo más gráfico posible para mostrar la brutalidad de Doe para con sus víctimas. Esto no le causó mucha gracia a New Line Cinema en su momento, que presionó a Fincher para que suavizara o blanqueara la película un poco, a fin de no recibir trabas por parte de los censores y poder llegar a un mayor ámbito de público, a lo que Fincher se negaba terminantemente. Sólo la intervención del entonces en ascenso Brad Pitt (venía de protagonizar Kalifornia y Entrevista con el Vampiro, lo que lo había convertido en una estrella hecha y derecha), quien amenazó con renunciar a la película si el estudio seguía metiendo mano, hizo que New Line dejara tranquilo a Fincher.

Cosa que funcionó. Pese a su crudeza, Seven se convirtió en un éxito de taquilla y en filme de culto a la vez, demostrando que cuando al público se le ofrece un trabajo bien hecho, pensado más allá del mero hecho de sacarle unos cuantos centavos del bolsillo, éste reacciona positivamente.

Pero Fincher no se quedó sólo en lo visualmente impactante, sino que dejó claras desde un principio las bases que formarían los pilares fundamentales de su cinematografía posterior: un argumento sólido y que se basta a si mismo, que nos plantea un misterio que resolver, en el cual nos vamos metiendo cada vez más interesados en solucionar, pero cuando creemos estar llegando al meollo del asunto..¡zas! o no estamos ni cerca de ello…o simplemente es totalmente lo contrario de lo que creíamos. Intentamos mantener la calma, pero la ansiedad de a poco nos va sobrepasando, lo que hace que el azote contra el pavimento sea más doloroso.

Al final el encontrar al asesino y resolver sus motivaciones queda de lado, cuando lo que nos termina importando es el camino al colapso de sus protagonistas.

Mérito del guionista Andrew Kevin Walker, por cierto, pero no sé si con otro director más convencional hubiese llegado al mismo tremendo resultado.

Así se vio en Seven, como también en otras obras fundamentales de Fincher como The Fight Club (1999), Zodiac (2007) y Perdida (2014) todas igualmente poderosas, e incluso en un filme más standart como La Red Social (2010), y que fueron convirtiendo a Fincher en un miembro más del club de los cineastas fundamentales de las últimas décadas.

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Brad Pitt terminó de convertirse en un intérprete fundamental, más allá del chico guapo, con este personaje que buscando el reconocimiento termina caminando rápidamente a su autodestrucción. Nos preguntamos donde diablos había estado Kevin Spacey todos estos años (luego vendrían Los Sospechosos de Siempre, Belleza Americana y otros filmes que lo convertirían en un peso pesado del cine y la tv) y Morgan Freeman se convirtió en ese mentor, ese maestro, ese padre putativo que todos hemos querido.

Quiso el destino además que dentro de la banda sonora de este filme viniera además un par de temas de Nine Inch Nails…desde 2010 el compositor habitual de los soundtracks de Fincher es ni más ni menos que Trent Reznor.

Se7en es un filme que descoloca. Que te atrapa, te intriga y te deja hecho pedazos. Que te lleva por un camino pero que desemboca en un destino totalmente distinto. Al punto que terminas con ganas de reventar a patadas al primero que se te cruce cuando te das cuenta, al igual que el protagonista, como han jugado contigo y con tus convicciones. Pero que por alguna razón quieres ver de nuevo. Como esperando que a la segunda, a la tercera vista, el resultado cambie, aunque sabes que no va a ser así.

Excelente forma escogió Fincher para hacerse un nombre dentro de la industria.

El único pecado capital aquí es perdérsela.

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SE7EN

Director: David Fincher

Intérpretes: Brad Pitt; Morgan Freeman; Kevin Spacey; Gwyneth Paltrow; R. Lee Ermey; John C. McIngley

Suspenso

1995

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

Cuenta regresiva a la columna 1000…atentos!

no son los más poderosos…solamente los mejores

Si, todos estamos prendidos con Batman vs Superman. Yo mismo he rallado heavy la papa, tratando de reconstruir las imágenes más icónicas del futuro filme de Zack Snyder con mis figuras de acción. Pero si piensan que es la primera vez que el hombre de acero y el vigilante más famoso del mundo coinciden en escena, se equivoca

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Sin contar las miles de veces que han coincidido en el cómic (tanto que han protagonizado un título común alguna vez llamado World’s Finest), o en series animadas setenteras y ochenteras, la primera gran alianza con todas las de la ley que ambos protagonizaron una historia en común fue en 1997 y se titula The Batman and Superman Movie: World Finest.

Esta historia fue estrenada como una miniserie de tres partes dentro de la serie animada Superman: The Animated Adventures, la serie que trajo de vuelta a Superman a la pantalla, de la mano de Bruce Timm, Paul Dini, Alan Burnett y Kevin Altieri, quienes con el ultimo hijo de Krypton hicieron lo que ya habían hecho con Batman: redefinir a los superhéroes en televisión de cara al, entonces, nuevo milenio, y que tuvo tan buena recepción que fue lanzado al poco tiempo en vhs y dvd como un solo gran capítulo de larga duración.

La historia comienza cuando el Joker y Harley Quinn asaltan una tienda de antigüedades, llevándose solo una aparentemente regular estatua de jade. Cuando Batman examina los restos de la pieza, y Alfred le informa que todos los dueños de la escultura murieron por un extraño cáncer a la piel, decide adelantar un viaje de negocios que Bruce Wayne haría a Metropolis.

En Metropolis, el Joker aborda a Lex Luthor y le ofrece matar a Superman, y aunque el calvo millonario en un principio duda de las capacidades del payaso, cambia de idea al observar la estatua de jade y reconocer kryptonita en su constitución.

Superman descubre que el Joker anda por las calles de su ciudad y comienza a perseguirlo, encontrándose con Batman y, rápidamente, sus métodos y personalidades entran en conflicto, el cual no se queda ahí, ya que, frente a las propias narices de Clark Kent, Bruce Wayne ha causado una muy grata…más que grata impresión…en su compañera Lois Lane.

Como dije antes no es primera vez que estos personajes coincidían en pantalla, pero es la primera vez en su historia que los personajes son adaptados resaltando las enormes diferencias de personalidad y métodos que marcan la relación entre estos personajes. Uno, el héroe intachable, políticamente correcto y respetuoso de las reglas. El otro, el vigilante que no teme saltarse las reglas y al que le importa un carajo caerle mal a la gente para cumplir con su misión de justicia. Pero es a partir de estas diferencias que el boy scout de acero y el vigilante terminan por complementarse, funcionar como un reloj recién ajustado y con todas sus piezas andando.

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Esta relación se afianza incluso con las diferencias entre sus enemigos: el industrial impulsado por el ego, cuya única motivación es eliminar al individuo que le quitó popularidad, y el psicópata que quiere destruir una ciudad sólo porque le parece gracioso.

Ah, y tenemos a Harley. La clásica, la original, la mejor de todas las versiones.

World Finest es la confirmación de la grandeza de este equipo que reinventó a los superhéroes durante los 90 y que definió como debía llevarse a estos personajes a la pantalla, en el formato animado al menos y que, según algunos fans más obsesivos, han dejado huellas incluso en Batman vs Superman (han comparado escenas del tráiler con escenas de esta serie). Y por mucho que esta historia esté fuera del universo canónico de la DC, lo cierto es que funciona harto mejor que varias historias que si forman parte de éste.

Es un filme también que engancha con el público que no conoce o rechaza a los superhéroes. Dini, Timm y su equipo fueron lo bastante inteligentes para diseñar personajes fuera del lugar común, reinventándolos y acercándolos a sus personalidades normales dentro del cómic (esos supermanes y batmanes que combatían el mal con una sonrisa de oreja a oreja quedaron sepultados) de manera que el fan quede gratamente impresionado (cosa que logra con creces) y para que hasta el público no militante pudiera enganchar con ellos también, cosa que también logra.

Hasta donde sé, la Warner Brothers aún no atina con lanzar este telefilme en blu-ray, o al menos una edición más pituca, lo cual es una lástima, ya que simboliza la cúspide de este proceso de reinvención del género. Habrá que conformarse con el dvd que, de cuando en cuando, es relanzada y en edición económica. Peor es nada.

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THE BATMAN AND SUPERMAN MOVIE: WORLD’S FINEST

Director: Toshihiko Masuda

Voces: Tim Daly; Kevin Conroy; Dana Delany; Clancy Brown; Mark Hammill; Arleen Sorkin

Animación

1997

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

(en cuenta regresiva a la columna 1000).

enfrentar lo inevitable

Investigando una falla desconocida hasta ahora en los alrededores de la presa Hoover, el sismólogo del CalTech Lawrence Hayes (Paul Giamatti) sufre un terremoto que, con estudios posteriores, le revela que esta falla está muy conectada con la falla de San Andrés y sus repercusiones podrían derivar en un terremoto aún más fuerte que los registrados hasta la fecha.

En California, el rescatista Ray Gaines (Dwayne Johnson) ha debido postergar el viaje planeado con su hija Blake (Alexandra Daddario) a San Francisco, donde ella va a la universidad –y masticando la frustración de ver a su ex mujer, Emma (Carla Gugino) mudarse a la casa de su actual pareja, un próspero empresario de bienes raíces llamado Daniel (Ioan Gruffould)- cuando es avisado que su turno de servicio ha sido adelantado.

Mientras, desde su laboratorio en el CalTech, el profesor Hayes es entrevistado en televisión respecto del terremoto de la represa Hoover, momento en el que un violento terremoto sacude todo el terreno a lo largo de la falla de San Andrés, arrasando con todo a su paso. Sin embargo, la calma está lejos de llegar pues Hayes y su equipo determinan que lo peor recién está por ocurrir…

De vez en cuando salen esas películas a las que todo el mundo les da duro, las menosprecia, las vapulea, las usa como limpiapiés. Y únicamente porque a algunos se les olvida que ciertas películas tienen una misión, un objetivo que alcanzar y cambiar la historia del cine o marcar el inicio de una revolución, ciertamente no lo son. Con ese prejuicio fuera de carrera, las cosas se disfrutan harto más.

Es el caso de San Andrés, filme de catástrofes con el que la crítica se dio un festín un tiempo atrás pero que aún tuvo un paso más que digno por salas, encabezando la taquilla estadounidense por un buen rato. Y es por lo que dije antes: es una película que no pretende revolucionar nada, sino que simplemente llevar gente a las salas, con una historia entretenida, clara de entender y que sea disfrutable. Y lo hace.

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San Andrés sigue fielmente los cánones del cine de catástrofe que hicieron nata durante los 70. Una tragedia inminente e insuperable para el ser humano, quien debe limitarse a enfrentar sus consecuencias. Un tipo que sabe lo que está pasando (Paul Giamatti, siempre un acierto contar con él) pero que debe hacerse escuchar a gritos. Un héroe maldito, necesitado de hacer las paces con su pasado (Ray y su familia tienen su propia tragedia personal con la que él ha cargado por años) y que ante la catástrofe debe hacer lo correcto, y las víctimas que deben luchar por su supervivencia.

El trabajo del director Brad Peyton es respetable. No extraordinario, pero correcto, y cuenta la historia de manera de no herir susceptibilidades..¿cómo es eso?

O sea, compartimos con los estados juntos el cinturón de fuego del pacífico, así que somos un país donde tiembla mucho, y a veces lo hace con bronca…(¿Cómo? El 27F fue hace cinco años y ya no se acuerdan?) Y sin embargo, nadie ha quedado en shock ni salió del cine con tiritones, desmayado o con convulsiones. Tampoco cuando se ven escenas de desesperación colectiva, saqueos y pillaje, cosas que vienen con las catástrofes y que el ser humano si podría evitar, pero no lo hace. Por el contrario, pese a que las imágenes en pantalla podrían resultar impactantes, éstas no producen ningún efecto no deseado. Impactan, valga la redundancia, pero sólo en la medida que haga posible disfrutar la película y dejar enganchado.

Y está el factor Dwayne Johnson, quizás no sea el mejor actor de la historia pero, tal como lo hizo durante su carrera de luchador, sabe manejar tanto a la historia como a la audiencia, para que se mantengan unidas y no se despeguen de la pantalla hasta el final de la historia. Y que bien que le sientan los personajes de acción. Por otra parte, siempre es grato ver a Carla Gugino en pantalla, integrante más que respetable del club de l@s grandes secundari@s de Hollywood.

(y a propósito..¿de donde salió Alexandra Daddario y como es que nunca supe nada de ella?)

San Andrés no es una película mala. Insisto, no es una maravilla, pero tampoco pretende serlo. No siempre son las películas las malas, a veces el equivocado es el enfoque.

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**3/4

SAN ANDREAS

Director: Brad Peyton

Intérpretes: Dwayne Johnson; Paul Giamatti; Carla Gugino; Ioan Gruffould; Alexandra Daddario; Archie Panjabi

Acción/Catástrofes

2015

…cada vez más cerca de las mil columnas.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

tenía todo para ser un hito…

Un buen día de agosto de 2010, en las cercanías de Copiapó, Chile, la mina San José sufre un derrumbe que termina con 33 mineros sepultados y atrapados en un refugio subterráneo en espera de ser rescatados.

Mientras en la superficie el gobierno intenta coordinar un rescate con el tiempo en contra, los trabajadores encerrados deberán ingeniárselas antes de que el encierro haga insostenible la supervivencia y la convivencia entre ellos…

De verdad que le doy vueltas y vueltas tratando de rescatarle sus virtudes, pero no puedo.

El desastre de la mina San José y el rescate de los 33 mineros es uno de los hitos más relevantes de nuestra historia reciente, en tanto lección de vida (igual sobrevivir 33 tipos en un refugio apenas más grande que el living de un departamento es meritorio) como clase magistral de aprovechamiento político (sin desmerecer la gestión del gobierno en el hecho en su oportunidad, andar mostrando el papelito “estamos bien en el refugio los 33” hasta al vecino es feo).

La hazaña tuvo relevancia a nivel mundial, y por eso no debiéramos extrañarnos que tarde o temprano se hiciera una superproducción al respecto. Y Los 33  es el producto más ambicioso realizado en torno al tema.

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Y no voy a desconocer las buenas intenciones de esta película, basada en la hazaña que mantuvo a un país completo expectante por casi tres meses y que es una COPRODUCCION chileno-estadounidense (no chilena como algunos patudos quieren hacer ver). Pero como dicen por ahí, el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones.

Los 33 no es una mala película, pero adolece por igual de carencias y excesos que impiden que uno le busque sus cosas buenas, que las tiene, pero que terminan haciendo pensar a uno que se farrearon lo que podría haber sido una historia de proporciones épicas.

A nivel de actuaciones, la cosa anda bien, aunque sin llegar a resultados extraordinarios. Antonio Banderas cumple en el rol de Mario Sepúlveda, el minero que se convirtió, muy a su pesar, en el rostro de este puñado de sobrevivientes. Gabriel Byrne hace lo propio encarnando a Andrés Sougarrete, el ingeniero que diseñó los distintos planes para rescatar a estos operarios y Juliette Binoche se ve cómoda en el rol de María Segovia, hermana de uno de los mineros y una de las cabezas visibles del campamento Esperanza, el asentamiento levantado por las familias de los trabajadores junto a la mina. Rodrigo Santoro y Mario Casas, los otros nombres potentes del elenco, cumplen con lo que se pide de ellos: ser guapos y atraer al público femenino…y sería.

Es en el campo de los realizadores donde las cosas fallan, y éstas no se alcanzan a tapar con la notable fotografía (y con que pese a la enorme gama de etnias involucradas entre sus realizadores e intérpretes, como casi nunca pasa una película estadounidense sobre un país sudamericano si logra que se parezca a ese país sudamericano: el desierto de Atacama con arena y sol, y no con palmeras y guayaberas). Por un lado, un guión que se empeña en introducir elementos que sacan de contexto la historia, como convertir a Mario Kreutzberger Don Francisco en una suerte de corresponsal 24/ 7 de la hazaña…le tengo buena al más Gigante de nuestros hombres de tv, pero su presencia aquí estuvo de más. Otra cosa que sobra es esa especie de “romance” que se pretende introducir entre el ministro Golborne (Santoro) y María que, obviamente no llega a nada y por lo mismo, nada aporta. Aparte de un par de secuencias oníricas y alucinaciones que no vienen al caso.

El tiempo que se gasta en estos elementos que sobran se malgasta y no se hablan cosas que realmente importan: la difícil convivencia en el interior de la mina, las no pocas tensiones entre gobierno y rescatistas o las maniobras de los dueños de la mina San José por eludir sus responsabilidades en el accidente, resultado obvio de su negligencia y avaricia (apenas si se menciona algo al respecto al término del filme). Por otra parte, el guión peca de ser demasiado amable con el gobierno de turno, haciendo ver a Lawrence Golborne como el gran héroe de la jornada, en perjuicio de un Andrés Sougarret que hizo harto más que ser el que puso la cara ante las cámaras.

(como se nota que uno de los patrocinadores de la cinta es Carlos Lavín, empresario ligado a la derecha, que financió la película como un reforzamiento de imagen de Golborne en caso que haya terminado como presidente de la república…hoy ambos están procesados por delitos tributarios).

La dirección de la película tampoco aporta mucho. Es el primer trabajo a nivel de superproducción de la mexicana Patricia Riggen y se nota su inexperiencia en el ámbito. La historia se lee entrecortada, dispersa y su dirección no contribuye a la coherencia entre los distintos escenarios en que se desarrolla la trama.

(además que se entiende tan raro el chileno en el doblaje latino neutro)

Por eso uno se siente decepcionado. Todo aquel que vivió la historia real sabe las emociones que estaban implicadas y la película no consigue hacernos revivir ni la tensión ni el alivio, ni siquiera esa especie de orgullo que todos sentimos cuando la cápsula fénix subió tras rescatar al último minero. Es más, después de concluido el rescate se encarga de mandar todo a la cresta recordándonos que ni los dueños de la empresa fueron sancionados por su responsabilidad en el accidente ni los mineros fueron compensados debidamente, pese a que todo el que pudo se aprovechó de ellos.

Tenía todo para ser un hito. Apenas alcanzó para un filme de matiné que se olvidará al otro día. Si quiere verla, déle, pero bajo su propio riesgo, y ojalá en un formato que no requiera pagar una entrada o disco (netflix, cable, en fin). Le dolerá menos.

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THE 33

Director: Patricia Riggen

Intérpretes: Antonio Banderas; Juliette Binoche; Gabriel Byrne; Rodrigo Santoro; Mario Casas; Lou Diamond Philips; Bob Gunton; Kate Del Castillo; Cote de Pablo

Drama

2015

las películas de tu vida

Cada cual ordena los hitos más importantes de su vida como se le da la gana. El primer siete que se sacó en el colegio. O el primer gol que marcó jugando a la pelota. O que estaba haciendo en tal o cual día. El golpe de estado, el terremoto, el plebiscito. O que libro estaba leyendo y en que minuto que lo marcó tanto.

Los que nos hemos dedicado a hacer, analizar o simplemente disfrutar del cine dividimos nuestras historias de vida según las películas que hemos visto. El momento, lo que nos provocaron, lo que pasábamos cuando las vimos, con quien, de qué nos escapábamos cuando nos metimos en la sala a verlas, o que buscábamos, en fin.

Estas películas que nos dejan marcas indelebles que separan distintos antes y después en nuestras existencias, ni siquiera tienen que ser grandes obras de arte. A veces, ciertas obras que muchos eruditos mandarían directamente a la basura tienen una importancia fundamental en la vida de ciertos espectadores.

Cualquier basura tiene más valor que el que nuestra crítica deja ver, dijo Anton Ego.

De eso se trata Tracking¸ el debut literario de Gonzalo Frías, el conductor de ese gran programa sobre cine llamado Séptimo Vicio (Via X, ya con más de una década al aire, convirtiéndose en el programa acerca de la especialidad de mayor longevidad en nuestra tv, lo que no es menor), volumen que circula en librerías desde fines de 2014 y que ya va en su quinta edición.

En algo menos de 200 páginas de un volumen compacto y cómodo de leer, Frías comparte con nosotros algunos hitos fundamentales de su vida: hitos, parentescos, amistades, y como ciertas películas, que vio en momentos ligados a estos personajes y momentos, gatillan ciertos sentimientos, emociones y recuerdos.

Su relación con sus padres, sus abuelos, su mejor amigo, y hasta una entrañable historia acerca de un viejo zapatero que veía y arrendaba películas por el puro gusto de hacerlo. Acontecimientos, personas y episodios que van delineando la vida de las personas, por lo que bien podríamos entender Tracking como una autobiografía en clave, en la que Frías nos da los datos precisos para ir armando ésta por nosotros mismos.

Frías tiene la virtud de escribir sus historias de manera que se puedan leer en poco tiempo (si uno tuviera todo el tiempo del mundo para leer, disfrutaría Tracking en uno o dos días, y medianamente concentrado, retendría una buena cantidad de datos) y de manera grata. A sus personajes terminamos por tenerle buena, empatizamos con su autor y dejándonos una agradable sensación. Lo cual no deja de ser un mérito.

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Es decir, nuestra literatura, cuando incurre en el tema de la familia y sus desordenes, por lo general lo hace bajo una óptica de amargura, triste, maldita. Gonzalo Frías, para nuestro agrado como lectores, cambia el foco y nos cuenta una historia que, aunque no exenta de momentos dolorosos, finalmente te deja mirando hacia adelante y frente en alto.

Eso ha permitido entender la popularidad de este libro, más allá de la relativa fama de su autor (seamos honestos, los programas de cine no son precisamente los de mayor rating en la tele, y por eso duran tan poco…lo que hace de Séptimo Vicio un hito en la materia. En cierta forma, con la literatura fílmica pasa algo similar, por lo que Tracking, junto a Flims, de Hermes, son verdaderos oasis en este desierto), así como la selección de películas a que alude. Muchos amantes del “verdadero cine” podrían desacreditar Tracking porque en vez de aludir a Robert Bresson, a Goddard o a Von Trier hace referencias a Star Wars, Superman, E.T., Los Goonies, pero me hace sentido.

Cuando tenemos 8, 12 o 15 años no andamos pendientes de los estrenos del cine arte Normandie y no nos interesa donde queda el Biógrafo. Sin desmerecer a Hitchcock, a Truffaut o a Woody Allen y para espanto de los catedráticos, muchos partimos nuestra vida de cinéfilos con cine pop-corn y blockbusters. Le tengo un gran respeto a los grandes directores de todos los tiempos, pero las películas que calaron hondo en mi existencia, más allá de lo meramente cinéfilo fueron otros: Star Wars, Indiana Jones, Volver al Futuro, Los Cazafantasmas.

No soy el único. Para muchos, Freddy Kruger tiene un valor mucho más grande que Federico Fellini. Sin desmerecer.

Por eso que no cuesta enganchar con Frías y sus relatos. Porque su historia podría ser la de cualquiera de nosotros.

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TRACKING

Gonzalo Frías

Via X Ediciones, 2014.

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

ganarle a la vida

Pese a haber logrado defender del título peso ligero, el exitoso boxeador Billy Hope (Jake Gyllenhaal) ha quedado tan golpeado que su mujer, Maureen (Rachel McAdams) le sugiere retirarse del box ahora que está en la cresta de la ola, haciendo caso omiso de las provocaciones de Miguel “Magic” Escobar (Miguel Gómez) retador número 1 al título. Poco después, una discusión entre Billy y Escobar concluye cuando un allegado de este último empieza a disparar al azar, matando a Maureen.

No pasa mucho tiempo antes que la carrera, y la vida de Billy se empiece a ir al vacío. Se descontrola durante el combate con Escobar, golpeando al árbitro, intenta vengar la muerte de Maureen, se hace adicto a las drogas, pierde su fortuna y su hija Leila (Oona Laurence) es puesta bajo el cuidado del departamento de estado.

Tocando fondo, un amigo cercano de Billy le consigue trabajo en el gimnasio de un boxeador retirado Titus “Ticky” Willis (Forest Whitaker), y es desde aquí que Billy intentará recuperar la dignidad perdida y poner las cosas en orden…

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Es interesante lo que sucede con el box. Como deporte está permanentemente rodeado de un halo de oscuridad, por su esencia misma como deporte (golpear al prójimo hasta dejarlo inconsciente) como por su entorno (ese turbio ambiente en que deambulan promotores, entrenadores, managers, organizadores, en fin) que por muchos millones que genere y gane quien gane, son sus ejecutantes los que pagan el pato, a veces muy mal. “La antesala del manicomio” como dijo una vez el Profesor Jirafales.

Y sin embargo, ha sido tema central de grandes películas a lo largo de la historia. Toro Salvaje; Rocky; The Hurricane; Million Dollar Baby; The Fighter. Todas o la mayoría de ellas unidas por un factor común: la analogía que se hace entre el subirse al ring, resistir los ataques del rival y salir airoso, y la capacidad de enfrentar los golpes que da la vida, vencer a la adversidad y ser capaz de mirar atrás y decir “lo logré!”.

Revancha, la última película del irregular Antoine Fuqua (responsable de películas notables como Asesinos Sustitutos, Día de Entrenamiento u Olympus Has Fallen, pero a la vez de malgasto de minutos como King Arthur o Lágrimas del Sol) sigue la misma línea y guarda más de un parentesco con la citada The Hurricane, cinta de 1999 que Denzel Washington, en cuanto se trata de un púgil en el mejor momento de su carrera, enfrentado a una tragedia personal que le cambia todo el escenario, aunque también a ratos nos recuerda a El Campeón, ese filme de 1979, protagonizado por Jon Voight.

Fuqua cuenta la historia con oficio y precisión, evitando irse en recovecos, conflictos existenciales o introspecciones que no vienen al caso. Fuqua va al grano a la hora de contar esta historia de ascenso, caída y redención, donde nuestro héroe escaló a la gloria, enfrentó el fracaso prácticamente en soledad (después de tocar fondo no conserva más de uno que otro conocido de los muchos lamebotas y aduladores que le rodeaban en su época de fortuna) y aprende a recomponerse antes de llegar al punto sin retorno, relato que expone en forma amena y consiguiendo la empatía entre protagonista y espectador.

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Tanto, que nos hace creer que su título en español (Revancha) como pocas veces ha estado bien puesto.

Pero, y esto es una característica habitual en la filmografía de Fuqua, quienes mejor sostienen la película son sus protagonistas. Así como Denzel Washington fue el pilar fundamental en la celebrada Día de Entrenamiento, esa función recae esta vez en Jake Gyllenhaal, a estas alturas un actor imprescindible. Intérprete competente en diversos géneros, pero que en estos personajes “al borde de” (por lo general al borde del colapso) donde se luce mejor. Desde sus comienzos (Donnie Darko) y aunque no le hace asco al mainstream, ha sido desde Zodíaco (el sobresaliente thriller basado en hechos reales dirigido por David Fincher) que sus bonos no hacen más que aumentar en cada película (piensen en Prisoners, hace dos años, o Nightcrawler, la injustamente menospreciada cinta de fines del 2014).

Su encarnación del auge, caída, redención de su personaje (para la cual se preparó con entrenadores profesionales de box y haciendo un régimen estricto para alcanzar la estructura física necesaria para hacer más convincente su personaje) logra niveles estremecedores y sube enormemente los bonos de la cinta…prácticamente se sostiene sobre él. En su breve aparición Rachel McAdams nos deja claro, y de manera convincente, por qué la desaparición de su personaje (Maureen) desestabiliza tanto el teóricamente firme mundo de Billy. Y qué cosa no sabemos del talento de Forest Whitaker en el rol de un estricto y amargado entrenador que ve en la redención que nuestro protagonista anda buscando la posibilidad de hacer las paces consigo mismo.

Son estos factores, la correcta dirección de Fuqua más las notables actuaciones protagónicas bien complementadas (vean el nexo que se forma entre Billy y su nuevo empleador/entrenador) hacen de Revancha una de las…quizás no las mejores…pero si una de las películas más entrañables y dignas del 2015. Filme que nadie que se jacte de ser un fanático de las buenas historias debe dejar afuera de su ranking anual.

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Director: Antoine Fuqua

Intérpretes: Jake Gyllenhaal; Rachel McAdamds; Forest Whitaker; Naomie Harris; Curtis 50 Cent Jackson; Miguel Gómez

Drama

2015

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

la historia extraoficial

Fue Arturo Prat, uno de nuestros máximos próceres nacionales, espiritista?¿Que pasó con el cadáver de uno de nuestros más míticos personajes, como Manuel Rodríguez? ¿Fue real Orelie Antoine I, el rey de la Patagoinia?¿Hubo un proyecto de crear una red computacional por todo Chile durante la Unidad Popular?

De un tiempo a esta parte la literatura chilena se ha encargado de mirar hacia adentro, y no en un sentido psiconanalítico, sino que buscando dentro de nuestra historia, de nuestra propia mitología e iconografía como fuente de buenas e interesantes narraciones, tanto dentro de la ficción como de la no ficción.

Uno de estos autores que ha participado de este rescate literario de nuestra propia biografía es Jorge Baradit, un habitual por estos lados, quien con su más reciente trabajo Historia Secreta de Chile, que lo ha convertido en un best seller (al escribir esta columna, el libro va en su cuarta edición) y en un referente del tema literario/histórico, aunque por esta vez, dejando de lado las fuentes canónicas o académicas de la historia, y yéndose por ese lado B del que no siempre existe constancia en actas, pero no por eso no se habla de ello.

Baradit reúne en poco más de 150 páginas un puñado de crónicas relacionadas con ese lado de los grandes personajes o hitos de la historia nacional que se han mantenido vigentes fuera de las bibliotecas gracias a la tradición, al rumor o al mito. Desclasifica aspectos que podrían resultar insólitos para quienes no conocen a los personajes de la historia nacional más allá de lo que les pasaron en el colegio, narrados en forma amena, cercana y sin caer en la histeria de la conspiranoia de la que se sirven ciertos personajillos televisivos.

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El trabajo de Baradit en esta Historia Secreta no busca delatar operaciones encubiertas, simplemente dar una mirada diferente y refrescante al desarrollo del país. Mirada que, para sorpresa de unos cuantos, no ha sido mal mirada por los estudiosos más académicos de la historia, por cuanto un número interesante de ellos ha dado su aprobación al proyecto del autor, como una forma de acercar el estudio histórico a las masas, lo que ha quedado corroborado con el tremendo éxito que ha tenido la obra en el ámbito de las librerías.

La existencia de trabajos como éste en caso alguno persiguen blasfemar contra los nombres e hitos que han dado forma a la historia del país, o vulgarizar el estudio de la misma. Simplemente cambiar la óptica a partir de la cual ésta se analiza y ampliar el espectro a través del cual se intenta comprender ésta lo cual siempre es sano.

Aunque ciertos personajes rasguen vestiduras. Por suerte se trata de personajes de la vieja guardia, conservadores, estrictos y que ya están de retirada.

¿Cuál es el pecado de contar la afición de Prat por el espiritismo? Nos ayuda a conocer su dimensión humana, por paradojal que parezca…¿Qué tiene de peligroso remover los misterios en torno al paradero del cuerpo de Manuel Rodríguez? ¿O la influencia luciferina en los objetos de poder?¿Que hay de malo en conocer la trastienda de hechos más recientes y ampliamente conocidos como el tongo de la Virgen de Peñablanca, un ardid de la dictadura para desviar la atención de los grandes temas, o de Synco, el proyecto de Stafford Beer que buscaba unir al país en la primera red informática del mundo? Restarle méritos a investigar y conocer estos aspectos de la historia implica negar nuestro humano derecho a la duda, a la curiosidad, y a la búsqueda del conocimiento.

La historia está ahí para ser contada. Revisada. Revisitada. No está ahí para quedarse como un monolito al que rendirle culto. Y para entenderla bien conviene tomar en cuenta los diversos puntos de vista existentes, conocer todas las versiones, todos los lados de la historia. Jorge Baradit no sólo se ha anotado un punto en lo estrictamente literario, sino que sienta un precedente para reenfocar el conocimiento, el registro histórico.

Y aunque, repitiendo, no busca fomentar un ánimo conspiranoico, la histeria colectiva, si nos muestra que hay algo más allá de la cátedra, del texto oficial, del Icarito. Y que ese algo está desesperado por ser conocido y entendido. Y nosotros estamos llamados a descubrirlo.

Hay mucho paño que cortar. Se especula acerca de una segunda parte para este libro. Y esto porque nuestra historia, al igual que nuestra geografía, está llena de recovecos que quieren ser descubiertos.

Ya que insiste, ¿para qué nos vamos a resistir?

HISTORIA SECRETA DE CHILE

Jorge Baradit

Sudamericana.

169 páginas.

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