el eslabón que quería ser encontrado

Londres, 1886. Lugar y época de oro para la exploración, y como todo noble que se precie de tal, Sir Lionel Frost aspira a ser parte de la exclusiva Sociedad de Exploradores londinense. Sin embargo, sus intentos por ingresar a ella normalmente son ridiculizados por los miembros más antiguos de la institución.

Poco después de recibir la carta de un desconocido, Frost viaja a los Estados Unidos, ya que la carta contiene información valiosa para encontrar al sasquatch, criatura humanoide que ha sido su obsesión por años, al ser considerando como el eslabón perdido en la evolución humana. Para su sorpresa, Frost descubre que la carta ha sido enviada por la misma criatura, cuya inteligencia y habilidades sociales impresionan al británico.

Harto de la soledad, la criatura convence a Frost de llevarlo a Nepal, seguro de la existencia de una comunidad de yetis a la cual aspira formar parte. Frost accede, pensando en que la existencia de este ejemplar será la entrada segura a la sociedad de exploradores…

¿Qué clase de mundo es uno donde las películas del estudio Laika se estrenan y pasan sin pena ni gloria por salas? Sabía desde hace tiempo de Mr. Link, su más reciente trabajo, se estrenaba en septiembre, pero sin tener claro el día exacto. Y unos días atrás, pasando fuera de un cine, me di cuenta que ya llevaba un par de semanas en exhibición, aunque a estas alturas ya estaba relegada a una o dos funciones diarias en una sola sala, compartiendo con otros títulos.

Salvo por Coraline (2009) y quizás Paranorman (2012), las películas de Laika, estudio que ha hecho del stop motion su sello de fábrica,, han estado peleadas con la taquilla, pese a su gran factura. Pasó con Boxtrolls en 2014, con la notable Kubo And The Two Strings, en 2015, y Mr. Link no pudo romper la maldición.

¿Mala gestión publicitaria? Puede ser.

¿Sobreexposición de otros estrenos? ¿Saturación casi monopólica por parte de títulos de otras compañías? No es una hipótesis descabellada.

¿El público está cada vez más ignorante y/o flojo para buscar algo que no sea una idea conocida o acostumbrada? Sin dudas.

Lo que duele, porque pone a películas como ésta lejos del nivel que se merece (junto a estudios como Pixar o Ghibli) al estrato más bajo de la escala, junto a esas producciones animadas corneta provenientes de estudios animados corneta, que se estrenan sin pena ni gloria cada año.

Doloroso es encontrar una película como ésta reducida a esta mínima expresión, sobre todo si entramos de lleno al análisis del filme.

A medio camino entre la aventura y la comedia, Mr. Link cumple con lo que se espera de dicha combinación: que sea entretenida. Lo es.

Sin llegar al nivel glorioso de Kubo, aunque no quiere ni necesita hacerlo. Mr. Link es una película que se desliza por un tubo, dando las explicaciones justas y necesarias para entender los aspectos fundamentales de la trama y, simplemente, sentarse a disfrutar.

Enfatizando en la relación entre Frost y la criatura, por conveniencia mutua al principio, pero que va ganando en autenticidad y sinceridad a medida que avanza, sazonada con personajes muy bien construidos –entre los que podemos mencionar a Adeline, el principal personaje femenino, una mujer empoderada y segura de sí misma, en una época en que eso no era precisamente muy bien visto, que se sale del margen de mero interés romántico o damisela que rescatar en que podría haber caído- la película se deja ver y disfrutar, sintiéndose más corta de lo que ya es (apenas alcanza los 95 minutos).

Ingeniosa en su armazón, ágil en su relato, de verdad cuesta entender porque un filme como éste no tiene el mismo pasar por boletería que cualquier otra innecesaria secuela fundada en la urgencia de vender mercadería. Mr. Link, como todo lo que ha hecho antes Laika, no necesita vender el balde de pop-corn, el vaso o el souvenir, sino que se basta a sí misma para dejar contento al espectador. Si usted es de quienes la vio en salas, siéntase privilegiado.

***1/2

MISSING LINK

Director: Chris Butler

Voces en inglés: Hugh Jackman; Zack Galifiniakis; Zoe Saldana; Stephen Fry; Timothy Olyphant; Emma Thompson

Animación

2019

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algunos datos para ser mejor persona

Aprovechaba el feriado XL que fueron las últimas Fiestas Patrias para ordenar un poco la sección “dvd/br por ver”, y me detuve en ese pack que incluía un par de clásicos Tom Cruise: Cuestión de Honor, un disco, y Jerry Maguire en el otro. Y si bien era un pack zona 1 y tuve que apelar a mi dvd portátil que lee casi todo para poder verlos, y ya que Cuestión de Honor es una que me repito seguido, decidí darle la vuelta a Jerry, considerando que hace fácilmente una década que no la había vuelto a ver.

Y resultó que me cuadraba totalmente que ambas películas estuvieran juntas en el mismo combo, más allá de las meras coincidencias de su protagonista y del estudio que las realizó. En ambas películas, Cruise encarna a un saco de h…, arrogante, fanfarrón, a tipos enceguecidos por el éxito que, en algún momento deben enfrentarse a la realidad, que no todo lo que brilla es oro y que tampoco es un ser omnipotente o por encima de todo.

Es el caso de Daniel Kaffee, ese brillante abogado de la marina que nunca había perdido un caso, aunque nunca había pisado una corte y por primera vez debe enfrentar un juicio que es más que un caso que puede resolver haciendo lobby, como hasta ahora. Y lo mismo en el caso de Jerry Maguire, el representante de deportistas que un día descubre que la vida va más allá de las cifras.

No quiero decir que sean personajes repudiables. Nadie niega su derecho a ser exitosos y que hayan triunfado en su campo, pero que esto sólo ha sido un paseo por las nubes, nubes que en algún momento se deshacen, provocando un estrepitoso golpe contra la realidad.

Como de Cuestión de Honor ya hemos hablado en otra oportunidad, quedémonos en Jerry Maguire.

Como decía, Cruise encarna a Jerry Maguire, ejecutivo de una importante firma de representación y management de deportistas de diversas especialidades. Talentoso, hábil y capaz de vender arena en el desierto, hasta que cierto día, luego de ver a uno de sus representados sufrir una grave lesión, experimenta una suerte de epifanía, descubriendo la miserable persona en que se ha convertido, en la inhumanidad reinante en el entorno en que se desempeña, y escribe una suerte de manifiesto acerca de cómo hacer menos frío el ejercicio de su profesión, y que ésta no se quede sólo en la farsa de hacer sentir bien a los atletas que representan a cambio de una comisión.

Difundido este documento, Jerry es despedido. Y pese a sus buenas intenciones y gestiones de último minuto, pierde a casi todos sus clientes y colaboradores más cercanos.

Sólo conserva la representación de Rod Tidwell (Cuba Gooding Jr), un jugador de fútbol que nunca ha destacado de manera relevante, y a Dorothy Boyd (Renee Zelwegger), madre soltera y encargada de contabilidad que deja su trabajo seguro en la compañía en la que antes trabajaba Jerry, motivada por su discurso. Sin embargo, pese a sus buenas intenciones, Maguire irá descubriendo sobre la marcha la dureza del sistema en que se desenvuelve…

Las películas sobre deportes suelen ser el marco para contar historias de superación, sea personal, grupal o incluso nacional. Y ciertamente, Jerry Maguire, dirigida en 1996 por el por regla general eficaz Cameron Crowe sigue esa misma premisa, pero con el talento y el ingenio suficiente para no convertirlo en una historia triste, digna de telenovela mexicana, o como un documental de autoayuda. Crowe es lo bastante inteligente como para no caer en eso.

Jerry Maguire es una historia de caída y resurrección, pero siento que definirla así, es un tanto reduccionista. Porque el camino por el que Crowe lleva a su protagonista se enfoca más en la reconstrucción de Jerry, cómo deja de ser un fanfarrón acostumbrado a mirar a otros por debajo del hombro y a bajar del pedestal, a respetar y apreciar a las demás personas, conocerlas en su dimensión humana, y lograr su redención.

El camino no es fácil. No es cosa de decir “quiero ser mejor”, “hoy puede ser un gran día” u otras frases que algunos autoproclamados especialistas quieren hacer ver como palabras mágicas para superar un estado negativo. Es un primer paso, valioso si se quiere, pero es apenas eso: el primer paso de un camino difícil, lleno de obstáculos y baches, en el que uno se tropieza, se confunde, toma decisiones erradas y/o apresuradas. Tirita. Duda. Un cúmulo de circunstancias que pondrán a prueba su fuerza de voluntad y la confianza en sí mismo.

No sin incidentes, pero con el apoyo de dos personajes secundarios que terminan siendo fundamentales para la concreción de su meta (Cuba Gooding Jr se apuntó el único Oscar de su carrera por su interpretación de Rod Tidwell), Jerry consigue sus metas: afianzarse en su negocio, pero ajustando el funcionamiento de éste a su escala de valores, hacerse un nombre y una marca pero, por sobre todo, hacer las paces con los demás y con sus propios sentimientos.

Nominada además al Oscar como Mejor Película y Mejor Actor (aunque Cruise sí ganó el Golden Globe y otros premios en esta categoría), ciertamente puede molestar a algunos por cuanto es un filme hecho a la medida de Tom Cruise, para su lucimiento personal. No estoy del todo en desacuerdo: sí, está hecha para que Cruise se celebre a sí mismo, cosa que a estas alturas no debería extrañarnos, así es el grueso de la filmografía de este actor/productor, pero de ahí a ser esta circunstancia un lastre extra para este filme, hay una larga distancia.

Porque este es el tipo de filmes en los que Cruise se mete por entero, asumiéndolos a cabalidad y recordándonos que más allá del galán, del héroe de acción, de la cientología y del ego del porte de un buque, hay un actor. Y uno muy bueno, que en este tipo de películas, acerca de reconstruirse, rehacerse y redimirse, encuentra donde sacar a relucir sus principales virtudes.

***1/2

JERRY MAGUIRE

Director: Cameron Crowe

Intérpretes: Tom Cruise; Cuba Gooding Jr; Renee Zelwegger; Kelly Preston; Jay Mohr; Jerry O’Connell; Regina King; Jonathan Lipnicki; Bonnie Hunt; Beau Bridges

Drama/comedia/romance

1996

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Amigos, con la perspectiva del tiempo

Es cierto, quizás Friends haya bajado algunos peldaños en mi lista de series favoritas. Pero no por eso voy a desconocer, en estos días que se cumple un cuarto de siglo, la importancia que tuvo una generación esta serie.

Porque por una década, los que para entonces tenían entre 20 y 30 años, como con ninguna otra sitcom, encontró su reflejo en sus protagonistas.

Rachel, Monica, Phoebe, Joey, Chandler, Ross, sus familiares, amigos cercanos, parejas ocasionales, malentendidos, enredos, conflictos…a través de ellos, una parte no menor de la población mundial sintió en estos personajes su espejo.

Tampoco voy a desconocer la importancia de esta sitcom para la industria televisiva: diez años en que, desde su episodio piloto hasta su capítulo final que detuvo el planeta, que se supo mantener en la cresta de la ola; y junto a Seinfeld y Will & Grace, la tríada que reformuló el concepto de sitcom. La influencia de Friends se siente hasta el día de hoy y su legado difícilmente sea igualado.

Ahora bien, si bien esta es una serie que en su momento me gustó mucho (para los que coincidimos temporalmente con Friends, con el momento en que estuvo al aire, esa correlación entre lo que narraba en pantalla con el proceso personal que a cada uno le tocó vivir por entonces forjó un vínculo difícil de romper), siendo de hecho la única serie que tengo completa en dvd, pero por alguna razón prefiero dejarla ahí donde está: como recuerdo.

Vale, cuando la encuentro en el cable (lo que no es difícil, Warner no ha dejado de emitirla a diario) la dejo. O a veces busco un capítulo específico en el dvd correspondiente. O en Netflix (aunque no le queda mucho tiempo en ese servicio) o incluso busco algún chiste en particular en Youtube.

Pero no sé si me pegaría una maratón de Friends otra vez, como pasó este fin de semana.

No es que me haya dejado de gustar, sólo que en este rato descubrí cosas que me empezaron a gustar más. O que me hicieron sentir más identificado. Y he cambiado, así como el mundo, la sociedad y el entorno no sé si hoy me parecerían graciosas las mismas cosas que hace una década.

No se considere este comentario como un ataque a Friends. Repito, me gustó mucho en su momento, la disfruté..y sigo disfrutando, aunque con perspectiva y en la medida justa, quedándonos con los grandes momentos que nos hizo vivir.

Pasa con las amistades reales y no va a pasar con una serie de televisión.

Pero sé que volveré a ella en algún minuto. Porque tarde o temprano todos volveremos. Y es que, como dije antes, lo que nos unió a esta serie, es un vínculo difícil de romper.

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amarga despedida

En el año 1975, el experto en genética y mutaciones Charles Xavier (James McAvoy) recluta para su escuela para jóvenes dotados a una adolescente llamada Jean Grey, una niña de increíbles poderes psíquicos.

Años después, en 1992, los discípulos de Xavier, conocidos como X-Men, gozan de gran popularidad, respeto y una posición privilegiada en una sociedad que solía ser hostil para con la clase mutante. Así, cuando un transbordador espacial queda expuesto en forma irreversible a una tormenta solar, el gobierno requiere a los X-Men para su rescate.

La misión es un éxito, pero Jean Grey (Sophie Turner) queda expuesta a la más potente de las llamaradas. Y si bien salva con vida, sus poderes se incrementan explosivamente, despertando un lado de su personalidad que había permanecido reprimido durante años…

La saga del Fénix Oscuro es, con distancia, una de las historias más importantes dentro de la bibliografía de los X-Men, por lo que no debe extrañarnos que haya sido llevada al cine..o más bien, inspirado dos adaptaciones cinematográficas en el marco de la saga X en formato fílmico. Paradojalmente, se trata de dos de las historias más débiles de la marca.

Pero donde X-Men: The Last Stand (2006) al menos se esforzaba por contar una historia que diere un cierre digno a la primera fase de la saga al alero de 20Th Century Fox, X-Men Dark Phoenix, la despedida de la saga antes de pasar –no sabemos cuándo aún- al MCU, termina siendo una experiencia donde la falta de ganas, la desidia ante realizar este capítulo final, son evidentes.

Estamos ante una película que nació muerta. Precedida por otro fallido episodio de la serie (Apocalipsis, 2016), cuyo pobre desempeño mandó a buena parte el interés por una historia producida por el equipo núcleo de la marca X de Marvel (mientras personajes, digamos, colaterales como Wolverine o Deadpool lograban buena taquilla y crítica), cabe preguntarse qué motivó a hacer esta película.

Como sabemos que finalmente es la boletería la que toma las decisiones en Hollywood, la buena taquilla de Apocalipsis, pese a las críticas, convenció a la Fox de llevar a cabo esta secuela, cuyo rodaje no estuvo exento de problemas, partiendo por convencer a varios de los protagonistas de la serie (McAvoy, Michael Fassebender, Jennifer Lawrence) a retomar sus papeles, pese a que ellos mismos habían dado por cerrado el tema.

Se puede ver que no fue una producción fácil, o en un clima agradable, no sólo por la renuencia del trío principal de esta fase de la saga X. Una serie de demoras en el rodaje llevaron a aplazar el estreno de la cinta hasta este año, más la noticia de la inminente adquisición de Fox, por parte de Disney –y la incorporación de la marca X al MCU- influyó negativamente en el ánimo de elenco, realizadores y demás intervinientes.

Aclaro que, ante este escenario, esperaba una película mucho peor. La verdad es que tan terrible como esperaba no es, pero ciertamente es una película mala, víctima de fallas de todo tipo, por las que nadie parece tener realmente ganas de arreglarlas.

Como que la sensación era de “y qué tanto, si esto igual lo va a reiniciar Marvel después”.

Más allá de un par de secuencias de combate medianamente aceptables, el desempeño de la película es en general mediocre. A la desidia de su elenco principal, se suma la pobre dirección de Simon Kinberg, en su debut como director tras largo tiempo dedicado a guiones –incluyendo las celebradas Logan y Deadpool 1 y 2- y producción, quien puede que haya tenido un gran guión entre manos, pero es incapaz de materializarlo de manera al menos disfrutable.

Ratos en que no pasa nada, ratos en que pasan demasiadas cosas, situaciones confusas, explicaciones poco convincentes (del tipo “es lo que tenía que pasar”), conflictos y reconciliaciones entre personajes igualmente forzadas,  la aparición de un grupo nuevo de villanos que no logra cuajar.

Factores que hicieron de éste el capítulo más flojo en taquilla de la saga X (recaudando a duras penas 250 millones de dólares vs 200 millones de costo, dejando con graves pérdidas a su ex estudio).

Son tipos de “maldad” distintos: donde Apocalipsis nos dejaba enojados, de Dark Phoenix nos queda un sabor amargo, tristeza y de resignación. Porque no sólo se farrean de nuevo una gran historia mutante, sino también porque el cierre de la saga estuvo lejos de ser grato, ni siquiera digno.

**

X MEN: DARK PHOENIX

Director: Simon Kinberg

Intérpretes: James McAvoy; Michael Fassebender; Jennifer Lawrence; Sophie Turner; Nicholas Hoult; Tye Sheridan; Alexandra Shipp; Kodi Smith-McPhee; Evan Peters; Jessica Chastain

Superhéroes

2019

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RIC OCASEK 1944-2019

Uno de los primeros videoclips que recuerdo, de cuando niño, tenía como protagonistas a una chica y un tipo que se le aparece en todos lados…con los años, descubrí que la canción se llamaba You Might Think, pertenecía al grupo estadounidense The Cars, y que esta banda, vigente hasta 1988, formaba parte del llamado movimiento post-punk, la respuesta americana al new wave inglés, junto a Blondie, Elvis Costello o Talking Heads.

The Cars tuvo varios éxitos a su haber, como Magic, Touch and Go, I’m Not The One, Shake It Up, Hello!Again, y uno de los grandes lentos de la historia reciente: Drive.
Bueno, el tipo que se aparecía en todos lados se llamaba Ric Ocasek, y fue el frontman de esta banda hasta su separación. Luego iniciaría una carrera solista, a la par de su trabajo como productor de otras bandas, teniendo en su currículum el haber descubierto bandas como Bad Brains y Weezer, uno de los símbolos del rock estadounidense posterior al grunge.

Ocasek fue encontrado muerto en su dormitorio, por razones que se investigan, deceso divulgado durante las últimas horas de ayer domingo.

Hasta siempre, Ric.

QEPD

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el quinto beatle

Jack Malick (Himesh Patel), es un joven músico de ascendencia india, residente en un pequeño pueblo costero inglés. De profesión profesor, ha dejado la docencia para abocarse lo más posible a su carrera musical, de la mano de Elle (Lily James), su novia, y suerte de mánager. Sin embargo, como su agenda se reduce a presentaciones en locales de baja estofa y eventos menores, siente que no va para ninguna parte y está dispuesto a rendirse.

Una noche, tiene lugar un insólito fenómeno: un apagón deja sin luz a la totalidad del planeta, y durante él, Jack sufre un accidente al chocar su bicicleta contra un bus que no vio. Y tras algunos días inconsciente, al despertar descubre que nadie, en el mundo recuerda a los Beatles.

Ni el nombre de la banda, ni sus integrantes, ni sus discos, nada que podría demostrar su existencia. Jack es el único que los recuerda, y eso le da una idea para intentar salir de una vez por todas, de la mediocridad por la que su carrera circula..

Vamos por partes: escribe Richard Curtis, uno de los grandes guionistas del cine inglés de las últimas décadas (Notting Hill, Love Actually, About Time); dirige Danny Boyle, uno de los cineastas más prolíficos y versátiles del mismo entorno y período (Trainspotting 1 y 2, Slumdog Millionaire, 127 Horas, La Playa, etc), y con música de los Beatles…¿qué podría salir mal?

Yesterday, película que une por vez primera a dos baluartes de la cinematografía de las islas, parte de una premisa interesante: lo que pasaría cuando un tipo común, bien intencionado, ve la posibilidad de salir de sus constantes fracasos cuando se le presenta una oportunidad única, representada en este caso en ser el único ser sobre la faz de la tierra que recuerda a una banda catalogada como la más importante de la historia musical y de la cultura occidental.

La película es un filme bastante agradable, sazonado por las insólitas situaciones que Jack atraviesa cuando, a través de la música de Lennon, McCartney, Harrison y Starr, personajes anónimos en esta nueva realidad, va logrando el éxito y la satisfacción que con sus propias creaciones nunca pudo concretar. Ese camino lo lleva al lado dulce del éxito, pero también al más amargo, al tener que someterse a las reglas que la industria del espectáculo impone para ser parte de él. Imaginar cómo habrían existido y funcionado los Beatles en el marco del star-system actual, pone los pelos de punta.

Esto lleva a Jack, y lo que podríamos considerar el meollo del asunto, a enfrentar eso que tanto deseas versus lo que de verdad te hace feliz. Jack se convierte en un fenómeno, a abrazar el éxito que le fue tan esquivo, pero ¿a qué costo?¿A dejar de ser lo que es? ¿A renunciar a quien de verdad ama?¿A cargar con la culpa de triunfar apelando a un engaño? Porque aunque nadie sepa quiénes fueron los Beatles, él si lo sabe, así como a quien pertenecen las canciones que está tocando y por las que está alcanzando las estrellas.

Esto hace que la película entre en un devenir un tanto confuso. En un minuto estamos frente a una comedia, a ratos una fantasía, un musical, un drama sobre desamor y despecho, culpa…en estos distintos planos, en mayor o menor medida la cinta funciona, pero las gracias de la película, que son hartas, pierden vigor cuando entra en esta confusión.

Ello, y algunos hoyitos en el argumento (algunos necesarios, creo, no en vano es una película fantástica y ciertas fantasías funcionan mejor sobre la base del misterio, pero hay otros que no funcionan ni cuadran con la historia) hacen que Yesterday pierda intensidad, se diluya y no sea todo lo gran película que por antecedentes debía llegar a ser.

No es una película perfecta, pero a decir verdad tampoco creo que esa sea su intención, ni lo necesita para contar esta historia sobre la discusión entre lo que quieres de la vida y lo que te hace feliz de ella. Y a veces con que algo sea bueno, la sensación es más grata que si fuera extraordinario. Este es uno de esos casos.

***

YESTERDAY

Director: Danny Boyle

Intérpretes: Himesh Patel; Lily James; Ed Sheeran; Kate McKinnon

Comedia/Fantasía/Musical

2019

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riqueza y miseria

Hay muchas razones para revisitar películas. La más obvia, repetirte las cosas que te gustan, pero también, repasar esas películas que en algún momento viste, y sentiste que te sobrepasó o no fuiste capaz de procesar como corresponde.

Es lo que me pasó cuando a principios de 2008 se estrenó Petróleo Sangriento (estreno original: 2007), dirigida por Paul Thomas Anderson. Y si bien había visto hartas películas, mi cultura cinéfila aún era bastante limitada, recién ese año empezaría a ampliar el espectro cinematográfico que veía, y por lo mismo, no supe masticarla en su justa medida.

Los años pasaron y Petróleo Sangriento creció. Mucha gente de fiar la tiene entre las mejores películas de lo que va del siglo 21. Pero yo también maduré como persona, me fui poniendo más culto, y ya que, por igual motivo, no soy el mismo cinéfilo que hace una década, concluí que debía volver a ella. Lo hice, y me ha quedado clara su grandeza.

Esta es la historia de Daniel Plainview (un soberbio Daniel Day-Lewis, Oscar al Mejor Actor por este trabajo) un hombre que, a principios del siglo XX hizo fortuna con la naciente industria petrolera, buscando petróleo, explotando algunos yacimientos, a pequeña escala.

Humilde minero al principio, adopta como propio al hijo de un compañero muerto en las faenas, gracias a su esfuerzo, buen ojo y un gran talento para la especulación, poco a poco va adquiriendo nuevas tierras y haciéndose más rico cada vez.

Sin embargo, mientras más rico y exitoso se hace, más cruel, inescrupuloso y miserable se vuelve, sin importar a quien deba pasar a llevar entre medio, destruyendo las relaciones entre Plainview, su hijo, sus amigos y compañeros, y hasta del pastor Eli Sunday (Paul Dano), líder religioso de una pequeña localidad que surge gracias a los ingresos generados por el petróleo, quien se convertirá en uno de sus más fervientes detractores.

¿Qué? ¿Acaso pensaban que todas las historias de buscadores de fortuna eran cuentos graciosillos de aventureros pasando las mil y una en busca de riquezas? Hasta Chaplin (La Quimera del Oro), Los Tres Chiflados, Rico McPato y Cantinflas han incursionado en el género. Pero si me preguntan, yo creo que la realidad se acercó más a la película de PTA que a las demás.

Esta película es una suma de grandes talentos (Anderson dirigiendo, Day-Lewis protagonizando, el impresionante trabajo de Robert Elswit en fotografía, más una sorprendente banda sonora a cargo de Johnny Greenwood, equipo que de una u otra forma se repetiría en películas posteriores del mismo director), al servicio de un relato que podríamos definir como una paradoja, entre el ascenso patrimonial y la decadencia moral de una persona.

Qué tanto se puede subir, y a la vez, que tan bajo se puede caer.

En un principio, Daniel Plainview nos parece uno de tantos aventureros que por aquella época, esforzado, sencillo y apelando a una fuerza de voluntad gigantesca, aunque menos ingenuo de lo que nos hace creer, y conforme va progresando en su industria y negocios, va revelándose su verdadero ser, manipulador, especulador, déspota, que maldice todo lo que toca, y que le da lo mismo, mientras sea beneficioso.

Daniel Plainview llega a ser un hombre poderoso, influyente, con el mundo a sus pies. Para servirse de él, y para aplastarlo de una pisoteada, si se le da la ocasión.

Cuál Midas que todo lo que tocaba lo convertía en oro, todo lo que Plainview toca se convierte en riqueza material, pero de rebote, lo va envileciendo más. A él, y a quienes lo rodean. Un tipo rico, una persona miserable, construida lejos de la caricatura, y más cerca de un relato desgarrador.

El conflicto con el reverendo Sunday (también una brillante actuación del gran Paul Dano, en un personaje que si bien se proclama hombre de fe, también es un individuo sediento de reconocimiento, lo que se nota en el verdadero espectáculo en que convierte sus prédicas) es sólo el más evidente de los muchos desencuentros y anticuerpos que Plainview provoca. Y que a su respecto, pasan de largo, como gajes del oficio, aun si eso le afecte gravemente en el plano personal, moral o incluso mental.

La traducción literal del título del filme, basado en una novela de Upton Sinclair, es categórica: Correrá La Sangre. La sangre que, por un lado, se derrama en pos de este sueño de riqueza, pero también la sangre de Daniel Plainview, que saldrá de él, cediendo su lugar al viscoso combustible que lo terminará por convertir en su esclavo.

No es un filme fácil de apreciar a la primera, y es porque el análisis que Anderson elabora acerca de la condición humana, esta vez desde la óptica del sueño americano, ese concepto que nos dice que con una buena idea, cualquiera puede convertirse en millonario, en rey. Daniel Plainview es una representación de eso, pero también de lo frágil que puede ser la condición humana, al punto de hacer de este sueño una terrible pesadilla.

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THERE WILL BE BLOOD

Director: Paul Thomas Anderson

Intérpretes: Daniel Day-Lewis; Paul Dano; Dillon Freasier; Ciaran Hinds; Kevin J. O’Connor; Hans Howes

Drama

2007

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