niño chocolate

Salió ayer el póster, y creo que también el tráiler, de Dumbo, la versión live-action del clásico de Disney dirigida por Tim Burton. Y prefiero no entusiasmarme tanto. Si bien en las imágenes se ve espectacular, muy probablemente pase lo mismo que ha pasado con, salvo algunos dignos chispazos, el cine de Burton durante la última década.

Me duele decir esto. Repasaba además Miss Peregrine y Sus Niños Peculiares, la última película de Burton a la fecha (2016) y si bien en su momento la pasé bien, ahora con la cabeza más fría me he dado cuenta que sí, tenía algunos momentos muy buenos, algunos cuantos detalles a su favor, pero en lo global, se queda a duras penas en la categoría de “pasable”. Como casi todo lo que ha hecho Burton los últimos años.

Y es algo que me duele decir de Burton. Echando a andar la memoria en reversa, Tim fue el primer director cuya carrera seguí con atención y disciplina. El primer director (casi junto a Tarantino, aunque cuando QT llevaba dos películas, Burton ya había estrenado, en salas chilenas, unas cinco o seis…con Spielberg, Scorsese y Allen el proceso no fue tan rápido, tardío incluso, lo admito..y Kevin Smith aún no era tan accesible en el país) que no dudé en calificar como mi director favorito, gracias a esas películas que me volaron la cabeza, me movieron el asiento o simplemente me zamarrearon la manera de ver el mundo.

Pasar de “películas que me volaban la cabeza” a “películas pasables” es fuerte, y deja una sensación agridulce en el paladar, y en el alma.

Con la sola excepción de Frankenwennie (que a la larga no es sino una versión alargada y mejorada de un antiguo corto de Burton), y quizás Big Eyes, todo lo que ha hecho Burton desde 2007 a la fecha, es material que funciona a la primera, pero cuya resistencia al análisis va disminuyendo en cada revisada..si es que uno en verdad quiere darle otra revisada.

Por eso, no pude evitar repasar la última de sus experiencias live-action que vale totalmente la pena, Charlie y la Fábrica de Chocolates, de 2005.

Sí, si sé que ya he hablado de ella antes (aunque eso fue hace casi ocho años). Y sí, sé que fue bastante vapuleada en la época de su estreno…básicamente, por el hecho de tratarse de un remake de una suerte de vaca sagrada de la cultura popular (la gran película de 1971, aunque suelen olvidar que esta ya era una adaptación del relato de Roald Dahl), pero que, con el correr de los años, uno ha terminado por apreciar que esta versión como una con abundantes valores propios como para destacar por sí misma.

Yo por lo menos la he disfrutado más, con los años.

Ya saben de qué se trata. Aunque han pasado ya muchos años desde su gran reapertura, nadie sabe cómo ni quien hace que la gigantesca fábrica de chocolates Wonka produzca las enormes cantidades de confites que vende alrededor de todos los rincones del planeta.

Cierto día, su propietario, el excéntrico Willy Wonka (Johnny Depp) decide abrir su fábrica al público, para lo cual lanza un concurso: cinco boletos dorados repartidos al azar en sus barras de chocolate, que garantizan la visita de su ganador a las instalaciones de Wonka, y descubrir su funcionamiento, además de un premio sorpresa que entregará a uno de ellos al término del tour.

Cuatro de los cupones van a parar en manos de unos niños realmente irritantes: August, un obeso y glotón niño alemán; Violet, una competitiva y arrogante niña de Atlanta; Veruca, la consentida y malcriada hija de un millonario inglés; Mike un agresivo y sobrealimentado con televisión y videojuegos niño de Denver.

Y el último es Charlie (Freddie Highmore), un niño que vive en la pobreza junto a sus padres (Helena Bonham-Carter y Noah Taylor) y a sus cuatro abuelos, a poca distancia de la fábrica Wonka. Pese a las miserias, Charlie tiene una visión muy optimista de la vida, y desde siempre, ha alucinado con conocer la fábrica, gracias a las historias que su abuelo Joe (David Kelly), alguna vez operario de la misma, le cuenta cada noche.

Comprendo, repito, que haya habido molestia entre el público a la hora de comparar esta versión con aquella protagonizada por Gene Wilder en 1971 (sobre todo después de la mala experiencia que fue el remake de Burton para El Planeta de los Simios cinco años antes), pero creo injustas las comparaciones, considerando que ambas versiones tienen su propio espíritu, sus propias motivaciones, y sus propias maneras de ver el cuento original, de acuerdo al punto de vista de sus realizadores, al entorno, estética y época en que se desenvuelven.

Y dentro de todo, se conserva el espíritu del cuento original: que las buenas acciones se premian. Cuatro de los cinco niños que ganan el boleto dorado pagan por sus malas actitudes, a cada uno le pasa un chasco por tratar de hacerse los listos. Charlie sigue siendo al final del viaje el mismo niño humilde y de buena fe que era al principio de la gira, y se mantiene fiel a sus principios, aunque deba renunciar al premio más grande de todos los tiempos. Y es feliz con eso.

Lo que le permite enseñarle además a Willy Wonka a ser honesto consigo mismo, a enfrentar sus propios sentimientos –y fantasmas- y a encontrar la felicidad en lo que tiene más cerca.

Al final el gran ganador del concurso es el propio Wonka. Si, su satisfacción, su ambición está en ser el mejor chocolatero de todos los tiempos, pero la verdadera felicidad la termina encontrando mucho más al alcance de la mano.

Curioso resulta como un director relacionado a lo largo de su carrera con lo sombrío, haya dado de vuelta un relato tan colorido (aunque sin llegar a los ridículos a los que llegaría, por ejemplo, Meteoro, de lxs hermanxs Wachowski, un par de años después, o el propio Burton en Alicia en el País de las Maravillas, iniciando la década siguiente) y tan optimista.

Sazonado con la muy buena banda sonora a cargo del habitual Danny Elfman (las canciones de los Ooompas Loompas están dentro de los puntos altos de la película), la gran actuación de los niños protagonistas -Freddie Highmore, mucho antes de despertar su instinto asesino en Bates Motel, realmente hace que Charlie nos caiga bien y que querramos verlo ganar…y con los otros cuatro realmente nos tenemos que morder la mano para no mandarles un buen mangazo-, con un Johnny Depp antes que empezara a repetir a Jack Sparrow en todos los personajes que hace-y antes de caer en desgracia-..ah, y los abuelos de Charlie son simplemente encantadores.

Ahh, Tim, si tan sólo te olvidaras un poco de la estética y volvieras a prestar más atención a las historias, y a lo que a través de ellas se busca transmitir, otro gallo te cantaría.

***1/2

CHARLIE AND THE CHOCOLATE FACTORY

Director: Tim Burton

Intérpretes: Freddie Highmore; Johnny Depp; Helena Bonham-Carter; Noah Taylor; David Kelly; Missy Pyle; James Fox; Deep Roy; Christopher Lee

Fantasía

2005

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con la ambición no se juega

Siempre he defendido lo bien que hace rever películas. El paso del tiempo, la madurez, el conocimiento o información adquiridos durante el lapso que transcurre entre un visionado y otro de una misma obra ayudan a cambiar, para bien o para mal, la opinión respecto de ésta. Sea para apreciarla como no supiste hacerlo, que terminó siendo mucho mejor película de lo que pensabas, sea para darte cuenta lo mal que envejeció y/o que en realidad estabas ante una reverenda porquería. O simplemente, no te movió un pelo a la hora de opinar de ella y, como no tenías forma de hacerlo, simplemente la dejaste pasar.

Se habrán dado cuenta que eso he estado haciendo últimamente, al repasar títulos como Magnolia, No Country For Old Men o Casino, el extenso filme de Martin Scorsese estrenado en 1995, su última colaboración oficial con su socio de dos décadas, Robert De Niro.

La historia transcurre a principios de los ’70, en Las Vegas, y gira en torno a Sam “Ace” Rothstein (De Niro), apostador profesional, un gran jugador, que es convocado por la mafia local para administrar el Tangiers, casino que el crimen organizado ha levantado con la colaboración de los sindicatos de camioneros con los que se encuentra vinculada, y con el auspicio de las autoridades legales. Aprovechando las innegables habilidades de Rothstein, y los no pocos vacíos legales que favorecen el desempeño de su actividad, el Tangiers, no obstante  pronto se vuelve enormemente popular y rentable.

Aunque Rothstein ha demostrado ser un administrador más que eficaz, los jefes a cargo del casino han encomendado su supervisión a Nicky Santoro (Joe Pesci), ajustador de cuentas y cabecilla de una facción dentro de estas mafias. Aunque son viejos amigos, Sam no ve con buenos ojos la llegada de Santoro, sobre todo cuando éste comienza sus propias actividades ilegales, en paralelo a sus órdenes.

Las cosas parecen estar tranquilas, hasta que Sam despide a un incompetente trabajador, muy bien conectado con las autoridades locales. Ello, más una serie de decisiones que Rothstein adopta, sin consultar a sus superiores, y la cada vez más conflictiva relación con su esposa Ginger (Sharon Stone), la cual debido a su alto consumo de drogas y alcohol está adoptando una conducta cada vez más impredecible, ponen en entredicho las capacidades de Rothstein para seguir a la cabeza del negocio…

Hablar de lo cómodo que se siente Scorsese en una historia que, expresa o tácitamente, directa o tangencialmente, alude al género de mafias, considerando además que se trata de una adaptación de una novela de un viejo conocido, Nicholas Pilleggi (el mismo autor de la sublime Buenos Muchachos) y con intérpretes que le resultan familiares (De Niro y Pesci, protagonistas de la cinta citada), sería redundar. Desde siempre este es uno de los subgéneros donde el buen tío Marty se desenvuelve mejor.

Cabe recordar también que Casino fue su regreso al género después de dos filmes que nada tenían que ver con eso (Cabo de Miedo, 1991, y La Edad de la Inocencia, 1993).

Y cabe tener en cuenta además que estamos ante una historia de auge y caída. Como en algún minuto las mafias que controlaron sin contrapeso la ciudad, perdieron ese control y debieron dar paso a multinacionales y corporaciones, y ese control ya no pudo ser tan descarado.

En Casino, como ha hecho a lo largo de gran parte de su carrera, Scorsese eleva al nivel de epopeya las existencias de personajes moralmente reprochables. Individuos sin moral ni empacho alguno en retorcer algunas cuantas reglas legales o de conducta con tal de concretar sus intereses.

Partamos por el protagonista, Sam Rothstein, quien reconoce que si no estuviera en Las Vegas, sino en cualquier otra ciudad del mundo, lo más probable es que estaría en la cárcel. Este es un personaje que se aprovecha de la fragilidad del sistema legal para obtener beneficios.

Quizás no tenga las manos tan manchadas con sangre como su amigo Nicky Santoro, lo que no quiere decir que tenga la consciencia limpia. Un tipo carente de virtud, pero al que eso lo tiene sin el menor cuidado, mientras tenga recursos, influencia, poder. Un tipo que si bien no ha llegado a ciertos extremos, la delgada línea que nadie debiera atravesar ya la cruzó hace mucho, sin vuelta atrás.

Extremo es a lo que llega Nicky (impresionante actuación de Joe Pesci). Si Sam perdió toda virtud, Nicky nunca la tuvo. Nicky no trepida en reventarle la cabeza a un tipo que tuvo la osadía de invadir su territorio.

Y en medio, Ginger (Sharon Stone despachándose la mejor actuación de su vida, mandando por el WC la imagen de símbolo sexual que venía cultivando), una mujer marcada por la ambición. Es la ansia de riqueza la que la lleva a casarse con Sam, y la que a la larga sería la causa de su autodestrucción.

Las acciones de uno y otro, y la influencia de ella en las existencias de ambos, en un contexto donde la desconfianza y la traición están a la orden del día, son gravitantes para pavimentar el camino a la decadencia de los antiguos señores de Las Vegas.

Es interesante cómo un director como Scorsese, marcado por la formación católica que recibió desde la infancia, especialmente en lo relativo a la culpa, al remordimiento, se sienta tan a gusto con personajes malditos, en un entorno sin posibilidad de redención alguna. Personajes de un mundo donde la ambición lleva a perder los escrúpulos. Un mundo donde nadie gana. Nadie se salva. Y si alguien se salva, esa salvación está muy lejos de ser la que esperarían.

Cuando se estrenó Casino, por allá por 1995, de puro ignorante la dejé pasar. Era mucho menos cinéfilo de lo que soy ahora. No veía tanto cine, no mucho más allá del cable, o de lo que encontraba en el estante del videoclub, y tampoco era tan disciplinado. Tuvieron que pasar muchos años para que yo aprendiera a conocer mejor la filmografía del tío Martin, entenderla y apreciarla. Por eso reincidí, y el último fin de semana volví a hacerlo. Y espero haberme redimido.

****

CASINO

Director: Martin Scorsese

Intérpretes: Robert De Niro; Joe Pesci; Sharon Stone; Kevin Pollack; Don Rickles; James Woods

Drama/Suspenso/Gangsters

1995

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STAN LEE 1922-2018

Stanley Martin Lieber, el hombre al que la historia conoció con el seudónimo de Stan Lee, ha fallecido esta tarde, a los 95 años, víctima de una serie de dolencias que lo afectaban desde hace algunos meses, dada su avanzada edad, que las últimas horas lo llevaron a ser internado de urgencia en el Hospital Cedars-Sinai, en Los Angeles, donde residía.

Guionista, dibujante e ícono de la cultura popular en sí mismo, Lee revolucionó el mundo editorial cuando junto a Jack Kirby convierte la Timely Comics, empresa para la que trabajaba, en Marvel Comics, editorial que desde 1961 se convirtió en referente obligado en lo que se refiere a historietas y productos derivados de ella, como series de televisión, animación, películas y videojuegos.

Su aporte no sólo fue valioso desde el punto de vista empresarial, sino también artístico al aportar a varios de los personajes más importantes de la cultura popular: el Sorprendente Hombre Araña, Ironman, el Increíble Hulk, Doctor Strange, Thor, Daredevil, los 4 Fantásticos, X Men, Black Panther y la gran mayoría de personajes de la editorial, personajes que destacaron precisamente por la facilidad con que el lector podía identificarse con ellos. También reinventó el sistema de trabajo creativo dentro del mundo editorial, ampliando las libertades de sus equipos creativos en el desempeño de sus labores, así como el debido respeto a sus creaciones y propiedades intelectuales.

Lee deja un legado gigantesco e invaluable dentro de la cultura popular del último siglo, lo que vemos refrendado en el enorme éxito que el concepto Marvel involucra hoy por hoy. Si lees la marca “Marvel” en cualquier parte del mundo, sabes de inmediato lo que significa. Si no, no eres de este planeta.

Debería decir “Descansa en paz, Stan”, pero tengo una frase mejor..

EXCELSIOR!!

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lo negro y lo blanco

Aunque no es uno de mis directores de cabecera, no soy yo quien va a negar la importancia del cine de Spike Lee en el cine estadounidense de las últimas tres décadas, sobre todo cuando es él quien impone sus términos. Cierto que ha tenido caídas como el innecesario remake de Oldboy o Inside Man (cine total y absolutamente por encargo), pero que no empañan su brillante carrera, que se ha sostenido en títulos notables como Haz Lo Correcto, Malcom X, Crooklyn, Clockers, He Got Game y la sublime La Hora 25.

Además, de los directores que tratan temáticas políticas y sociales, es de los pocos que no dejan que el relato se vea supeditado al panfleto y a la proclama. Eso lo diferencia de un Oliver Stone o de un Michael Moore, gracias a todos los santos.

Por eso no es de extrañar que El Infiltrado del Ku Klux Klan, su más reciente película, haya tenido un recibimiento más que cálido en el último festival de Cannes. Coproducida por Lee junto a Jordan Peele (director de Get Out, una de las grandes sorpresas de la temporada pasada) y a Jason Blum (uno de los cabecillas de Blumhouse, una de las productoras independientes que está pisando fuerte en el mercado hollywoodense), esta es una de esas historias donde Lee mejor se desenvuelve: aquellas donde las riendas de la misma las tiene él, garantía mejor que cualquier otra de la buena calidad del trabajo.

La historia transcurre a mediados de los ’70. No han pasado muchos años desde el fin de la segregación racial en Estados Unidos, desde el auge de líderes como Martin Luther King, Angela Davis y Malcom X, y el escenario social ya no es el mismo de antes, aunque no precisamente pacífico.

En este escenario, el afroamericano Ron Stallworth (John David Washington) ha ingresado a la policía de un pequeño pueblo del interior, Colorado Springs, y ha conseguido ser ascendido a detective, operando como agente encubierto. Y tras ganar la confianza de sus superiores en algunas operaciones en células extremistas pro afroamericanas, consigue autorización para investigar las operaciones del Ku Klux Klan, en la ciudad.

Junto a su compañero Flip Zimmermann (Adam Driver) haciéndose pasar por él, consiguen infiltrarse dentro de esta organización supremacista, y enterarse, de primera mano, de los destructivos planes de la entidad, como el inminente atentado a una sede de una agrupación antirracista.

Lee sigue siendo un cineasta militante, eso es indiscutible. Y aunque la historia transcurra en el contexto de hace casi medio siglo, el tema de debate está tan o más vigente hoy que entonces (las imágenes de prensa actual que aparecen al final de la película, alusivas a los EEUU de Trump y el contexto mundial que ha venido después, así lo avalan), por lo que la película resulta oportuna y necesaria para nuestros tiempos.

Pero como dije antes, Lee es un director que no deja que el discurso se coma a la película, a la historia que está narrando. Y obviando el factor político, la película tiene méritos de sobra para brillar por sí misma. Como película policial funciona muy bien, el factor “buddy movie” está muy bien constituido sobre la base de la gran química entre Stallworth y su compañero Zimmermann, llamado a encarnarlo en las operaciones de campo.

Así, la película se mueve entre la acción, el suspenso, el cine de protesta y de denuncia, hasta el humor, partiendo de la insólita base que, aunque cueste creerlo, se basa en hechos reales: policía afroamericano introduciéndose en organización racista. Incluso, queriéndolo o no, Lee construye un respetuoso tributo al “blaxplotation”, ese cine producido por y para afroamericanos, especialmente policial, que hizo época durante los ’70 (Shaft, con Richard Rountree, Cleopatra Jones, con Tamara Dobson, las primeras películas de Pam Grier).

(Y de paso, nos muestra qué clase de subnormales pueden ser parte de una organización supremacista, y lo peligrosos que se vuelven estos palurdos cuando se les da una cota, aunque mínima, de poder).

Lee se pasea por todos estos estilos y géneros, sin que le tiemble la mano, consiguiendo que la película tenga un espíritu y personalidad claramente definidos y coherentemente estructurados, haciendo de ésta una de las grandes películas del año.

***3/4

BLACKKKLANSMAN

Director: Spike Lee

Intérpretes: John David Washington; Adam Driver; Laura Harrier; Topher Grace; Jasper Phaakonnen; Robert John Burke

Policial/Comedia/Drama Político

2018

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preguntas y respuestas

Las cosas, como son. Si usted a estas alturas no entiende qué significa “Pasapalabra” es porque viene de otro planeta. Y es que el programa de concursos adaptado por CHV a principios de año como un programa más para rellenar en verano, se ha convertido en un verdadero fenómeno, del cual es imposible abstraerse.

Pero no es para sorprenderse. Los programas de concursos han sido fundamentales para la televisión casi desde sus inicios. La posibilidad de una persona común de acceder a un premio millonario, a grandes lujos, o simplemente a disfrutar quince minutos de fama y ser reconocidos por la calle, es la piedra angular de uno de los géneros televisivos más exitosos de todos los tiempos.

Como todo producto exitoso, no falta quien huele algo raro detrás de ello, y no son pocos los que dudan de cómo se manejan estos shows. Y es lo que da pie a esta revisión de Quiz Show: El Dilema, la brillante película de Robert Redford que, precisamente, trata este tema.

Corre el año 1956, y el concurso de conocimientos “21” es el programa más exitoso de la televisión estadounidense, sobre todo gracias a la campaña invicta de Herbert Stempel (John Turturro), un residente de Queens que ha cautivado a gran parte de la audiencia. Sin embargo, las audiencias se han empezado a cansar del concursante, y al patrocinador no le convence mucho que su producto, un tónico llamado Geritol, se vea asociado con un personaje tan patético.

Los productores del show, así, se ven obligados a buscar otro concursante, más atractivo para las masas, y lo encuentran en Charles Van Doren (Ralph Fiennes) un joven profesor universitario, hijo de un conocido escritor y parte de una prominente dinastía de intelectuales. Tras ficharlo, los productores deben convencer a Stempel a dejarse derrotar para dar paso al nuevo participante.

Tiempo después, cuando Stempel siente que los realizadores del programa no cumplieron su parte del trato, denuncia a la cadena ante distintas autoridades, sin éxito, hasta que Dick Goodwinn (Rob Morrow), un joven abogado del Congreso se entera de estas denuncias, y viaja a Nueva York a investigarlas.

Basada en las memorias de Richard N. Goodwinn (aunque se habló por ahí de que Redford se tomó demasiadas licencias a la hora de adaptar el relato, aunque sin desvirtuar el meollo del asunto: cómo operan los programas de concurso, habida cuenta las grandes cifras que manejan en premios y los vaivenes del rating.

De acuerdo al relato de Goodwinn, “21” (aunque en los hechos fueron varios otros shows de este tipo más) estuvo en el ojo del huracán cuando se supo que los productores entregaban de antemano las respuestas, tanto correctas como incorrectas,  a sus concursantes para favorecer o fortalecer a unos u otros, en pos de mantener a la audiencia cautiva, y con ello a los auspiciadores.

Cual promoción de lucha libre, se implica que los ejecutivos de la NBC, canal que producía el programa, hasta instruían a los concursantes sobre cómo debían pararse en el escenario, reaccionar a las distintas preguntas, respuestas y situaciones. El manual contemplaba incluso cómo secarse la transpiración en caso de duda.

Esta es una película donde no hay “buenos” ni “malos” en el sentido estricto de cada palabra, sino personajes derechamente hipócritas.

Stempel (un soberbio John Turturro), un don nadie que siempre lo ha sido, es y será, posa de víctima, de traicionado, engañado, de que lo perjudicaron, pese a que reconoce haber sido partícipe de los mismos arreglines (en los que cayó mediante engaños, nunca es culpa suya).

Van Doren, para todo el mundo es un personaje virtuoso, y aunque al principio se resiste a la idea, la fama y fortuna fáciles lo terminan seduciendo y  cae en el mismo juego. Si a la larga da un paso al costado, no es por un tema de consciencia, es un tema de stress.

Productores, patrocinadores, todos alegan ser víctimas de una persecución, de que se está culpando a los entes equivocados, escudándose que sólo piensan en la audiencia. Sin embargo, todos sacan provecho de la exposición.

Nadie es inocente aquí. Ni siquiera Goodwinn, quien peca de ingenuo tratando de irse contra una industria que ya en esa época estaba blindada por todos los rincones posibles.

Todos pierden en esta pasada. Y sólo unos pocos, más vivos que el resto, sacan algún provecho, incluso de la derrota.

Es con estos personajes, con esta historia, con este entorno, que Robert Redford se despacha una de las grandes películas de la década. Tanto que se adjudicó cuatro nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película y director. Si no ganó fue porque en la misma quina estaban títulos como Forrest Gump, Pulp Fiction, Sueños de Libertad o Balas sobre Broadway (¿se ha vuelto a ver una quina de nominadas a mejor película donde todas lo merezcan?)

Con la excusa de un show de televisión, Redford plantea un gran relato acerca de la ambición, y de como en pos de ésta, el ser humano cruza las líneas que separan lo correcto de lo incorrecto, con demasiada facilidad. Stempel, Van Doren, tal vez hayan sido buenas personas, pero cuando se les dio la oportunidad de torcer un poco las cosas para sacar un provecho, lo hicieron.

Y, considerando la cantidad de concursos que se emiten por televisión alrededor del mundo, cualquiera puede caer en lo mismo.

Si tiene oportunidad, véala. Gran película.

QUIZ SHOW

Director: Robert Redford

Intérpretes: John Turturro; Ralph Fiennes; Rob Morrow; Mira Sorvino; Hank Azaria; David Paymer; Christopher McDonald; Paul Scofield; Allan Rich

Drama

1994

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más que perfecta, grandiosa

El 13 de julio de 1985, en el marco del concierto benéfico Live Aid, y tras semanas de especulaciones, la banda inglesa Queen reaparecía ante el público, ofreciendo ante el mundo, en poco menos de media hora, uno de los más inolvidables espectáculos de rock de la historia.

Para llegar a este momento, cabe remontarse a principios de los ’70, cuando Farrack Bulsara (Rami Malek), inglés de ascendencia pakistaní, convence a Brian May (Gwylim Lee), a Roger Taylor (Ben Hardy), guitarrista y baterista de la banda Smile, de reclutarlo como cantante.

Algunos años después, con la incorporación del bajista John Deacon (Joe Mazzello), con Bulsara convertido en Freddie Mercury, y rebautizados como Queen, la banda firma un contrato discográfico con Emi Records, convirtiéndose en poco tiempo en uno de los números más importantes del rock mundial…

A estas alturas, nadie puede desconocer la importancia de Queen en la historia musical del siglo XX. A lo largo de una carrera de dos décadas, la mezcla del hard rock de sus primeros años, sus coqueteos con el prog, el glam, el rock’n roll, la música disco, mas el virtuosismo de sus integrantes y el evidente histrionismo y teatralidad de su legendario frontman Freddie Mercury, hicieron de esta banda uno de los nombres fundamentales del rock, hasta la muerte de éste, en 1991, victima del sida.

No es de extrañar que la historia de esta banda, musical y extramusicalmente hablando (desde que asumió su homosexualidad, Freddie Mercury estuvo permanentemente en el centro de la controversia) sea de aquellas que resultan interesantes de contar. Y después de muchos proyectos fallidos, Bohemian Rhapsody, la biopic oficial de la banda (producida y con la venia de Brian May y Roger Taylor, los miembros de la banda que se han asegurado de mantener su legado en alto) finalmente vio la luz.

El proceso de producción de ese filme estuvo lejos de ser pacifico. Desde 2010 se habían barajado diversos guiones y castings para esta producción; se habló de Sacha Baron-Coen, Ben Wishaw y Daniel Radcliffe para el protagónico, que finalmente cayó en Rami Malek; y claro, el despido de Bryan Singer a mediados del rodaje, para ser concluido por Dexter Fletcher, aunque éste no aparezca acreditado como tal.

Haciendo a un lado los fanatismos (Queen ha sido una de mis bandas favoritas desde que tuve uso de razón) hay que decir que no es una película perfecta. Por ahí dicen que sigue muy al pie de la letra, los códigos del subgénero de las películas de rock, desde This is Spinal Tap hasta Casi Famosos.

Eso no es tan grave. Concedo, eso sí, que por momentos, la película pierde ritmo, es bastante plana. Consecuencia clara de haber tenido dos directores, y no precisamente colaborando entre sí. También, aunque esto ya es más para fanáticos, existen imprecisiones de carácter histórico o cronológico, aunque eso ya es hilar demasiado fino.

En todo caso, estas imperfecciones son lo de menos, porque yo, al menos, no quería una película perfecta. Quería una película grandiosa, que representara lo que la banda fue para mas de una generación de músicos y fans, y en ese sentido, logra su cometido. Es una película que se disfruta, resulta atractiva de seguir hasta el final, y no seria extraño que más de alguien que no sea fanático, termine bajándose o comprándose los discos del grupo. Los compilados al menos.

Sí, Bohemian Rhapsody no se queda en la gran carrera musical de Mercury, May, Taylor y Deacon. También entra en la interna del grupo, los conflictos de egos, los excesos propios del rock’n roll y, sobre todo, la controvertida vida privada de Freddie, que casi acaba con la banda antes de tiempo. Lo hace, aunque sin caer en el morbo y en el amarillismo para vender más entradas, más fácilmente. No lo necesita.

Dentro de los puntos altos, además de la tremenda banda sonora, hay que destacar a Rami Malek. Dijimos que hubo que pasar por más de un intérprete antes de llegar al protagonista de Mr.Robot, pero el proceso valió totalmente la pena. La actuación de Malek, transformado, fusionado prácticamente con Mercury, desde sus inicios como un total desconocido, hasta enfrentar a los cientos de miles de almas que en julio de 1985 corearon sus canciones en Wembley, es sobrecogedora, sublime y será una de las que dará mucho que hablar en la temporada de premios.

Imposible no emocionarse con lo que uno esta viendo en pantalla…y viviendo fuera de ella. ¿Han estado ustedes alguna vez en una función de una película, que no sea de Disney o similiar, donde el público coree, aplauda, lleve el ritmo, de las canciones, mientras se esta exhibiendo el largometraje? Hasta ahora, yo no. Tampoco vi Woodstock ni Pink Floyd The Wall ni The Doors en cine, así que no me consta que haya pasado antes.

Véala en la sala con la mejor pantalla y mejor audio (y mejor construida) que pueda. La experiencia lo amerita.

***1/2

BOHEMIAN RHAPSODY

Director: Bryan Singer ( & Dexter Fletcher)

Interpretes: Rami Malek: Lucy Boynton; Gwilym Lee; Ben Hardy; Joe Mazzello; Aidan Gillen: Tom Hollander; Allen Leech; Mike Myers

Drama biográfico

2018

(Es Lucy Boynton la intérprete oficial de la musa del rockero? Ya lo fue en la grandiosa Sing Street)

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cuarenta años después…

En la noche de Halloween de 1978, la pequeña comunidad de Haddonfield, Illinois, fue azotada por una tragedia, cuando el asesino serial Michael Myers atacó a un grupo de adolescentes que a esa hora, se encontraban cuidando a los hijos de sus vecinos, antes de partir de fiesta.

Cuarenta años después, Myers se encuentra internado en una institución psiquiátrica.

Mientras tanto, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), la única sobreviviente de aquella matanza, vive aislada del mundo, en una granja en las afueras de Haddonfield, sumida en la obsesión de prepararse para el día que vuelva a verse las caras con Myers. Ello la ha llevado a distanciarse de su propia hija, Karen (Judy Greer), aunque intenta reconstruir la relación con su nieta Allyson (Andi Matichack).

La víspera de Halloween, mientras es trasladado a un nuevo centro de reclusión, aprovechando el volcamiento del bus en que viajan, Michael Myers escapa, dirigiéndose a Haddonfield.

Apenas se difunde la noticia, Laurie sabe que ha llegado la hora…

Cuando hablábamos de los 40 años de Halloween, hace una o dos columnas atrás, mencionábamos la importancia del filme de John Carpenter como punto de partida oficial del género del slasher, del asesino en serie.

El éxito de la película obviamente le abrió el apetito a la industria, que a lo largo de los años siguientes aparecieron siete secuelas (Halloween 2 a 6, 1981 a 1995, más H2O: Halloween 20, en 1998), y dos reboots fallidos (Halloween Resurrection, en 2002, y Halloween, de 2007 más la secuela de ésta en 2010). Sin embargo, la calidad de los filmes fue decreciente, y aunque el reinicio de 2007, dirigido por Rob Zombie, tuvo sus gracias, el efecto fue efímero y, aunque estaba programada una nueva secuela para 2012, ésta fue abandonada, y la franquicia mandada al archivo.

Hasta 2015, cuando la productora Blumhouse (¿qué?¿Ustedes creían que A24 no más hacía películas de terror y fantásticas geniales? Lo que pasa es que Blumhouse estaba pasando más piola), anuncia que ha adquirido los derechos de la serie, y que estaba trabajando en un nuevo proyecto con ésta.

El resultado se estrenó hace pocos días, Halloween, coincidiendo con los 40 años de la película, bajo la dirección de David Gordon Green, director formado en la comedia (suya es la notable Pineapple Express, de 2008…de hecho, uno de sus protagonistas, Danny McBride, es uno de los productores de la película). Y decir que es un digno homenaje a la película original es quedarse corto, ya que esta versión 2018 brilla con hartas luces propias.

Partamos de la base que esta versión toma una decisión radical: borrar lo que pasó después de la primera película. Las secuelas no existieron, ni los reiniciones, ni nada de eso. En 40 años hubo un principio, los hechos ocurridos en 1978, y lo que ocurre actualmente, nada más. Ello altera enormemente el escenario en que transcurre la historia. Por un momento, nos presenta a un Michael Myers subsistiendo con una sed de sangre que ha debido reprimir, hasta el punto en que ya no puede aguantarlo más, volviéndose aún más violento y sanguinario.

Por otra parte, nos permite redimensionar al personaje de Laurie, ya no como la heroína –muy a su pesar- que debió ser desde 1978, sino como una persona que quedó con secuelas graves luego de tener a este asesino enfrente. Ese daño se traduce en la obsesión, en la paranoia, que la ha llevado a distanciarse del mundo, esperando el momento de volver a enfrentar a su agresor. Aunque su enfrentamiento duró unos pocos pero largos minutos, hace cuatro décadas, Laurie es la única que tiene claro que apenas Myers tenga una mínima oportunidad, volverá a matar.

Aunque Curtis ya ha encarnado a este personaje antes, esta debe ser la mejor interpretación que entrega de Laurie, desde la película original.

Ellos son los pilares de una historia, sazonada con algunos elementos paralelos, como la situación del psiquiatra a cargo de Myers, o el caso de Allyson, la nieta de Laurie, con quien tiene una relación algo más cercana, aunque prácticamente a escondidas, quien cumple con todos los requisitos para caer en las garras de Myers si es que llegan a cruzarse.

O Green hizo bien sus tareas o es fanático de la película original, porque esta cinta, además de cumplir con los requisitos del género slasher, cosa que hace sobradamente, tiene todo el respeto, el aprecio, el cariño por la película de 1978, y todo lo que fue establecido por ella, que no se vio en ninguna de las secuelas que hubo en medio. Y con poco menos de 100 minutos (película corta, en relación a las dos horas diez que alcanza el promedio de estrenos actuales) le basta y le sobra para armar una narración que se explica por sí sola, y se basta a sí misma para moverle el piso al espectador que, dicho sea de paso, está bien metido en la historia a los pocos metros de celuloide.

Green la supo hacer: no sólo actualiza y revaloriza un clásico fundacional, sino además pone de su propia cosecha para armar un filme que engancha totalmente al que nunca vio la original.

En tiempos en que el remake, el reboot, la secuela están a la orden del día, Halloween juega en ese mismo campo pero con sus propias cartas, reinventando un mito, respetando lo que lo convirtió en tal, y poniendo de su parte para hacerlo aún más grande. Una vuelta de tuerca que se agradece.

***1/2

HALLOWEEN

Director: David Gordon Green

Intérpretes: Jamie Lee Curtis; Judy Greer; Andi Matichack; Halluk Bilginer; Will Patton; Jefferson Hall; Rhiann Rees; James Jude Courtney

Terror

2018

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