cazador urbano

Sabía que debía esperar. Sabía que tenía una buena razón para no repasar You Were Never Really Here (En Realidad, Nunca Estuviste Aquí) aún. Pero ahora, con Joaquim Phoenix en boca de todo el mundo tras confirmar que será el Joker para una próxima película del combo DC/Warner, me parece que llegó el momento.

Aunque no se conocen detalles de la historia que va a protagonizar, ni de qué manera va a estar este filme relacionado con el canon DC post Man of Steel (se especula que será una historia de origen), la elección de Phoenix para el rol del principal criminal de Gotham City. Si repasamos los papeles anteriores del actor, no nos puede extrañar que haya sido escogido para encarnar a un criminal tan sui generis como el payaso: demente, pero genial a la vez, y sin otro objetivo que divertirse, bajo su turbio concepto de diversión.

Si usted aún tiene la duda, You Were Never Really Here es lo que tiene que ver.

Estrenada en el Festival de Cannes de 2017 (si, si sé, estamos en julio de 2018, pero que culpa tengo yo que este tipo de cosas pasen de largo por la negligencia de un cerro de intermediarios) Phoenix encarna a Joe, un ex militar, ex agente del FBI con estrés postraumático. Parco y en permanente estado de ansiedad, sabemos poco de él, salvo que vive con su madre, y que sobrevive rescatando niñas y adolescentes que han caído en manos del tráfico sexual.

Tras una de sus últimas misiones, Joe recibe una llamada de McCleary (John Doman), su contacto, quien lo requiere para una misión delicada: Nina (Ekaterina Samsonov), hija del senador Albert Votto (Alex Manette), que ha sido secuestrada, rescate que deberá llevarse a cabo con la mayor discrecionalidad posible, atendida la posición política de los involucrados.

Y aunque Joe ya ha visto demasiado en esta vida como para espantarse, los alcances de la desaparición de Nina van más allá de lo que esperaba descubrir…

Una idea que cruza la crítica unánimemente elogiosa para la cinta de la directora Lynne Ramsay, señala a You Were… como la Taxi Driver del siglo XXI. Lo cual no deja de ser un punto interesante: la película de Ramsay comparte con el clásico y fundamental largometraje de Martin Scorsese de 1973 más de un parentesco.

Tanto Joe como Travis Bickle tienen un pasado violento (uno, asumimos, combatió en Medio Oriente, el otro en Vietnam, ambos conflictos en que su país sacrificó las vidas y la salud mental de sus combatientes en enfrentamientos que no llevaron más que a la vergüenza) y salieron malheridos, sobre todo mentalmente, convirtiéndose en personajes autodestructivos, que viven más por costumbre que por otra cosa, al que sólo le hace falta una excusa para que todo explote, que perciben que la sociedad se ha convertido en un mar de basura, y que ven en la violencia una manera de canalizar toda la podredumbre que llevan dentro.

Los dos desahogan la toxicidad que los abruma, buscando proteger lo único que, en su criterio, evita que la sociedad se vaya al carajo: la inocencia. La motivación de Travis para salvar a Iris, la preadolescente dedicada a la prostitución, es la misma que lleva a Joe a rescatar jovencitas de manos de mafias del mismo tipo.

Más allá de los parentescos, el trabajo de Ramsey se sostiene por sí mismo. Partiendo de un guión de su propia autoría, la directora es capaz de construir el turbio mundo que Joe concibe y en el que se desenvuelve, sin necesidad de perder la sobriedad, sin caer en excesos y manteniendo el estilo, aportando a través de acertados flashbacks, antecedentes que nos permitan entender la visión del mundo de nuestro antihéroe.

Gran parte del peso del filme, y a este punto quería llegar, cae en la tremenda actuación de Joaquim Phoenix. Mismo que algunos años atrás pasara por complicados momentos personales (encontrando en el cine su mejor aliado para reencaminarse por la vida), resulta de cajón para encarnar, con total credibilidad, el personaje destruido que le toca interpretar. Un personaje fruto de los horrores que le ha tocado vivir.

Ahí se pueden establecer los nexos con otro gran filme de los últimos años, Nightcrawler, con Jake Gyllenhaal, encarnando a un poco escrupuloso reportero policial que ya ha cruzado la delgada línea que separa lo correcto de lo incorrecto. Con sutiles diferencias, okey (Joe recorre los rincones más sórdidos de Nueva York buscando consolar sus propias frustraciones haciendo justicia con mano propia, mientras Lou, el personaje de Gyllenhaal busca en las zonas de Los Angeles que no salen en los planes turísticos, el golpe noticioso), pero las proximidades entre ambos personajes son patentes.

Todo musicalizado por un Jonny Greenwood, integrante de Radiohead que, en paralelo, ha desarrollado una tímida pero cada vez más celebrada carrera como compositor para películas.

Parece que para los distribuidores locales, una cerrada ovación de casi diez minutos no es suficiente para dar al menos una función en una sala a una cinta como ésta. Eso es claramente un insulto para el buen gusto cinematográfico, y subestimar al espectador, pensando que es demasiado tonto para procesar algo que no sean blockbusters. Pero, en fin, esos son males estructurales que yo no puedo arreglar desde aquí. Si puedo aportar diciendo que, ya que vamos a saber mucho de Phoenix con el correr de los meses, sólo le puedo aconsejar que lo vaya conociendo mejor, y este es un muy buen punto donde empezar.

****

YOU WERE NEVER REALLY HERE

Director: Lynne Ramsey

Intérpretes: Joaquim Phoenix; John Doman; Ekaterina Samsonov; Alex Manette; Alessandro Nivola

Drama/Suspenso

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

Anuncios

Terminator: los capítulos que valen

Que Hollywood es una fábrica de salchichas en que de vez en cuando se hacen obras de arte, eso es una verdad del porte de un buque. Que esas obras de arte a veces dan lugar a secuelas igualmente buenas, o incluso mejores que sus predecesoras, también lo es (¿El Padrino II?¿El Imperio Contraataca?¿The Dark Knight?).

Hubo un tiempo, además, en que las secuelas de películas sólo se hacían cuando realmente había algo interesante, original o valioso que aportar en la historia a contar.

Tristemente, también es cierto que a veces por sacarle el mayor provecho posible, la misma industria termina haciendo añicos las grandes cosas que ha aportado.

Si, me refiero a la saga Terminator (1984) y su gran secuela Terminator 2: Juicio Final (1991), qué películas más maestras, vapuleadas hasta la crueldad por sus infumables continuaciones de 2003, 2009 y 2015.

Nadie te dice que no hagas secuelas de tus películas. Series tan diferentes como Misión: Imposible o Rápido y Furioso han crecido gracias a sus continuaciones: el estreno de la sexta MI está muy cerca y las primeras impresiones son bastante elogiosas, mientras que F&F, que ya tiene en proyecto su capítulo 9, más un spin-off en veremos, partió como una cinta de policías y ladrones en autos de lujo, para convertirse en una gran serie gran acerca de la familia. En ambos casos, se trata de continuaciones que están a la altura de sus predecesoras, que respetan los principios sobre las cuales éstas se han construido y cuyos realizadores han sido capaces de preservar lo que ha hecho grandes a dichas sagas.

Cosa que no parece suceder con las secuelas de Terminator desde Rise Of The Machines: tanto esta tercera parte, como las olvidables Salvation(09) y Genesys (15), no sólo son proyectos fallidos desde el punto de vista cinematográfico, sino además se han encargado de despedazar la historia del universo que James Cameron construyese con tanto esmero entre 1984 y 1991.

Sólo la serie de 2008 The Sarah Connor Chronicles algo aportó en beneficio de la historia, pero cuando empezaba a agarrar vuelo, fue cancelada.

Pareciera que mientras más tratan de reparar los desaguisados que causa la película anterior, más la destruyen, convirtiendo en harapos la tremenda historia que se venía contando, convirtiendo el universo Terminator en una ensalada sin gusto a nada y donde nadie sabe por donde hay que mirar.

Por eso, esta columna está orientada sólo a las dos primeras películas de la franquicia. Si bien las cinco películas de Terminator son en mayor o menor medida parte de su canon, pero, en mi modesta opinión, y siguiendo lo que decía al principio, las que bastan para contar la historia como corresponde.

Es el año 2029. Un par de décadas antes, la inteligencia artificial conocida como Skynet ha encabezado la revolución de las máquinas, quienes han tomado el control del planeta, llevando a la especie humana casi a la extinción total. Apenas un pequeño grupo de sobrevivientes, liderado por un tal John Connor ha resistido los embates de las máquinas, estoicamente.

Buscando como evitar el alzamiento, Skynet ha enviado al año 1985 un cyborg tipo T-800 (Arnold Schwarzenegger), una máquina programa para matar, cueste lo que cueste, a Sarah Connor (Linda Hamilton), una joven camarera de Los Angeles. Aunque ella lo ignora, en el futuro engendrará a un hijo, John, quien encabezará la resistencia.

Para evitarlo, la resistencia envía al mismo año a Kyle Reese (Michael Biehn), un joven sargento, para proteger a Sarah y enfrentar al T-800. Es Reese quien introduce a Sarah en los hechos que ocurrirán en el futuro, y el rol que su hijo tendrá en el conflicto.

La segunda parte, de 1991, nos traslada a 1995. Sarah Connor está internada en un hospital psiquiátrico, tras diversos intentos de sabotaje contra Cyberdine, la empresa creadora de Skynet (de la cual Reese en su momento le advirtió). Su hijo John, de diez años (Edward Furlong) vive con una familia de tutores, con los cuales no tiene muy buena relación, vive dado a la vagancia y va camino a convertirse en un delincuente juvenil.

Ante su fracaso anterior, Skynet envía ahora a un T-1000 (Robert Patrick) una versión más avanzada del cyborg usado anteriormente, con mayores habilidades, que lo vuelven casi indestructible. En respuesta, la resistencia envía un T-800 modificado (Schwarzenegger) para proteger al niño.

Esta es la tremenda historia que las secuelas se encargaron de reventar a patadas.

La primera Terminator, estrenada en Chile con notorio desfase, en una época en que no había internet, la información que circulaba era escasa, así como las salas de cine (15 en todo Santiago, vs las 15 que hay hoy por cada mall) y uno se enteraba de las películas que se estrenaban por los trailers que ponían antes de cada función y los afiches en el hall de cada sala, fue un fenómeno de taquilla y no dejó a la crítica indiferente. Después de años de ciencia ficción luminosa, fantástica y épica (heredada de Spielberg, Lucas y sus secuaces), James Cameron se animaba a ser pesimista, a plantear una historia partiendo de una base oscura, de la autodestrucción humana. La batalla que sirve de trasfondo a Terminator está lejos de la lucha entre el bien y el mal que plantea Star Wars, por ejemplo, es mucho más dura: me matas o te mato.

La segunda, en 1991, ya nos encontraba mejor preparados. Su estreno se anunció con meses de anticipación, dentro de lo que se podía en esa época en todo caso. La primera emisión por televisión de You Could Be Mine, de Guns N’Roses, tema central de la película, fue un hito imborrable para mi generación. Y nuevamente de la mano de James Cameron, T2, por supuesto que se convirtió en un éxito de taquilla, siendo celebrado además unánimemente por su capacidad de hacer una continuación de un filme que, no sólo es capaz de mantener el nivel de su predecesor, respetando la historia matriz, sino hacerlo aún más grande, agregando elementos nuevos al relato, que contribuyen a agrandar y hacer aún más poderoso su universo.

Hablamos de una época en que Hollywood no bombardeaba con secuelas y universos expandidos que, más allá de los más o menos méritos cinematográficos de muchas de éstas. Una época en que si había una secuela de una película, ésta no tenía que salir casi de inmediato (pasaron siete años entre T1 y T2), y sólo si había algo relevante que contar. Una época en que las películas de este tipo eran eventos excepcionales, que por lo mismo, por Dios que se disfrutaban.

Años en que los que veíamos películas lo hacíamos por eso: porque nos gustaba (y pese a todo nos sigue gustando) el cine. No para ir a ver quién encontraba más fallas en la película y quien está más cerca de tener la razón.

¿Esto hace de Terminator una saga anacrónica que, por eso mismo, ha terminado yéndose en banda? Para nada. La idea del futuro catastrófico ha seguido presente en el cine (casi una década después, The Matrix, partió de una premisa similar y es uno de los hitos fílmicos de las últimas décadas). Lo que ha atentado contra Terminator es la ansiedad de Hollywood por estirar lo más posible las franquicias. No digo que no se hagan secuelas de Terminator, pero si se van a hacer, al menos dense el tiempo de hacer las tareas, entender y procesar lo que hizo que T1/T2 se convirtieren en las gloriosas cintas que son.

Esta no es una saga que se puede llegar y estirar para tener un capítulo nuevo que haga que la gente vaya al cine. De nada sirve que metas gente a las salas, si a la salida la vas a tener echando garabatos en vez de pensar en volver a entrar. Lo peor es que las últimas Terminator tampoco han logrado lo primero: que la gente al menos entre.

Terminator es mucho más que eso.

Espero que no sea tarde como para repararlo, y el próximo filme de la franquicia, proyectado por 2019, ponga las cosas en orden.

THE TERMINATOR

***1/2

Director: James Cameron

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger; Linda Hamilton; Michael Biehn; Paul Winfield; Lance Henriksen

Ciencia Ficción.

1984

TERMINATOR 2: JUDGEMENT DAY

****

Director: James Cameron

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger; Linda Hamilton; Edward Furlong; Robert Patrick; Joe Morton

Ciencia Ficcion

1991

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

con mi hija no, ctm

Desde su primer año de colegio, Julie (Kathryn Newton), Kayla (Geraldine Viswanathan) y Sam (Gideon Adlon), han sido las mejores amigas, así como sus padres Lisa (Leslie Mann), Mitchell (John Cena) y Hunter (Ike Barinholtz). Y así ha sido hasta ahora, cuando por fin terminan la secundaria, y están a pocas horas de graduarse.

Como una manera de sellar el fin de esta etapa, las tres chicas han pactado perder la virginidad con sus respectivas parejas durante la fiesta de graduación. El problema es que cuando Lisa descubre el computador de Julie encendido y en el chat donde las chicas han tomado esta decisión, alarmada, convoca a Mitchell y Hunter para impedirlo…

Bueno, no todos los días podemos tener comedias como Noche de Juegos (ver la columna anterior). Pero hay que decir, que con todo lo básica que No Me Las Toquen puede ser (partiendo de su horroroso título en español), no es una película tan tonta como podría parecer.

Es verdad que su premisa no da para mucho (chicas pensando en perder la virginidad el día de su graduación da más para cine XXX), y que la cinta, en su versión para salas al menos, cae en algunos chistes puntuales de mal gusto e innecesariamente gráficos. Aunque, a decir verdad, no son pocos, no son tan ofensivos como podría considerarse (hay cosas mucho peores en muchas otras películas, incluso en aquellas que se hacen pasar por arte) ni resultan gravitantes en el desarrollo de la trama.

Dije que es una película menos tonta de lo que podría parecer. En primera, porque a diferencia de las muchas películas de la misma temática, protagonizadas por hombres desesperados por perder la inocencia (desde Porky’s hasta Supercool, pasando por American Pie), las tres amigas en torno a las cuales gira la historia no andan buscando lo mismo con desesperación, o al menos son lo bastante lúcidas para que dicha meta no las obsesione. Las tres protagonistas tienen muy clara la película, y si bien una de ellas, Sam, tiene sus dudas, éstas no tienen que ver con la pérdida de la virginidad, sino con aclararse algunas cosas consigo misma.

En segunda, porque aquí el centro de atención está en los padres, un trío de personajes que, buscando proteger la honorabilidad de su descendencia, en realidad están tratando de lidiar con el hecho de que sus hijas ya crecieron, ya es el momento de que vivan por su cuenta y que su relación, después de esta noche, ya no va a ser la misma.

Lisa, madre soltera de una hija de padre ausente, es el caso más grave: por un lado, teme perder la única gran compañera que ha tenido en su vida, a Julie, pero por otro, tiene el temor que repita su historia. Mitchell ha criado a Kayla toda su vida para ser autosuficiente y sepa cuidarse sola, pero siente que su labor no ha terminado. Y Hunter, padre divorciado de Sam, ha optado por mantenerse lejos de ella, culpándose del quiebre familiar, a fin de asegurar a su hija la estabilidad que él no habría sabido darle.

A la mañana siguiente, las tres chicas ya no serán unas niñas que necesiten de un padre o madre que las ampare, y sabrán pararse frente al mundo. Pero sus padres tampoco serán los mismos, y tendrán que saber enfrentar que la vida sigue.

A nivel de actuaciones, las jóvenes protagonistas cumplen un cometido bastante correcto, pero enfocándonos en los padres, quienes sostienen el mayor peso de la película, las palmas se las lleva Leslie Mann, quien aparte que siempre le he encontrado un “que se yo” se ha especializado en personajes a los que no es puedes tener mala. Ike Barinholtz cumple en su rol que ha preferido pasar por imbécil a fin de asegurar el bienestar de su hija.

Y quien lo diría, el desempeño de John Cena, siguiendo los pasos de sus predecesores Dwayne Johnson y Dave Bautista, actualmente es mucho mejor fuera del ring que sobre él, y muy alejado de la mera acción que, por descarte, uno pensaría que es su nicho lógico. Por el contrario, ha sido en comedias como ésta donde ha andado mejor.

Es probable que No Me Las Toquen sea una película prescindible, que terminada la función ya se nos olvide, pero es un filme cumplidor, que no se puede considerar pérdida de tiempo. Obviando un par de secuencias de más, estamos ante una cinta que, incluso y sin proponérselo, deja un par de moralejas.

***

BLOCKERS (#SEXPACT)

Director: Kay Cannon

Intérpretes: Katrhyn Newton; Geraldine Viswanathan; Gideon Adlon; Leslie Mann; John Cena; Ike Barinholtz; Gary Cole; Gina Gershon.

Comedia

2018

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

el juego verdadero

Desde que se conocieron, Max (Jason Bateman) y Annie (Rachel McAdams) han sido fanáticos de los juegos de todo tipo. Mímica, bachillerato, Monopoly, Twister, en fin. Tanto que cada sábado se reúnen con sus amigos con la excusa de algún juego de salón para practicar.

Lamentablemente para Max, por estos días se encuentra en la ciudad su hermano Brooks (Kyle Chandler) un tipo de vida exitosa, que cada vez que puede le enrostra a Max sus logros. Y esta noche, se han reunido en la gran mansión de este último, para jugar un juego con un misterio que resolver. “Misterio” que no tardará en salírsele de las manos…

Estas son comedias con las que da gusto encontrarse. Me puse a ver Noche de Juegos sin otro ánimo que pasar el rato, y terminó siendo una sorpresa más que agradable. Por más de una razón.

Partamos por la acertada dirección conjunta de Jonathan Goldstein y John Francis Daley (si usted es fan de la serie Bones, seguro lo recordará), la ágil fotografía a cargo de Barry Peterson, arman a partir del guión de Mark Pérez una historia lo bastante dinámica como para no quitar la atención de la pantalla, y lo bastante clara para no verse sobrepasado con tanto vaivén. Pocas veces se ve en una comedia bien standart un trabajo así de cuidado.

Este planteamiento se ve fortalecido con el inteligente desarrollo de la historia. Es bueno encontrarse de tanto en tanto con comedias que no hagan chistes a costa de sus protagonistas. La gran mayoría de comedias estadounidenses son especializadas en hacer bromas que rozan la crueldad para con sus personajes, o exageran con el humor de baño de liceo de hombres. En ese sentido, Noche.. resulta una excepción: le tiene cariño a sus personajes, y salvo un par de bromas puntales, ajustadas al contexto de la historia y sin caer en excesos, su humor evita lo más posible las bromas de mal gusto.

Este es un relato de gente común, ni más brillante ni más idiota que el resto. Daley y Goldstein tiene varias cintas en el cuerpo como coguionistas que apuntan a esta temática (desde la notable Horrible Bosses, secuela incluida, hasta ésta, pasando por Spiderman: Homecoming, aprovechándose del espacio que da el MCU para introducir humor en sus películas, siendo éste la principal fortaleza de la película del arácnido), y hasta ahora su método les ha dado buenos resultados.

Un factor decisivo a considerar se encuentra en su muy acertado casting: no vamos a descubrir ahora el talento de Jason Bateman ni de Rachel McAdams. esta última demostrando una polifuncionalidad tremenda (la he visto en películas de cualquier género y en todas ellas su desempeño es digno de apreciarse). La química entre ambos es notoria, natural incluso. Ello, más el buen trato del guión y de la dirección, contribuye a que uno se meta de lleno en su aventura, y espere que salgan airosos de ella.

Lo realmente sorprendente es el sentido del humor que aquí despliegan intérpretes que uno ha visto en roles dramáticos, serios o incluso trágicos: Jesse Plemons, encarnando a un policía un tanto sociópata; Danny Huston, encarnando al organizador de luchas clandestinas para divertir a ricos, o Michael C. Hall, antes conocido como Dexter, encarnando a un jefe criminal. Los tres pasan por situaciones ridículas que en nada minimizan sus interpretaciones anteriores de corte más serio.

Gratamente sorprendido, Noche de Juegos es una cosa rara en una industria que ha cedido ante un humor básico, burdo y hecho por y para coeficientes intelectuales limítrofes. Noche de Juegos es un oasis de comedia de buen gusto, con más chispa de la que uno creería, y que termina pasándola mejor de lo que se esperaba.

***1/ 2

GAME NIGHT

Director: Jonathan Goldstein/ John Francis Daley

Intérpretes: Jason Bateman; Rachel McAdams; Kyle Chandler; Sharon Horgan; Billy Magnussen; Lamorne Morris; Kyle Bunbury; Jessie Plemons; Danny Huston; Michael C. Hall.

Comedia

2018

fretamalt@hotmail.com   @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

 

que vivan los novios

Los declaro murciélago y gata. Puede besar a la novia.

Batman N° 50, Julio 2018. Un ejemplar histórico.

La conclusión de una de las historias de amor más grandes del mundo del cómic, del género de los superhéroes, y de la cultura popular.

No hay spoilers. No hay comentarios ni reseñas del evento en cuestión.

Sólo estoy celebrando a una pareja de viejos amigos.

(¿Qué? ¿Pensaban que lo iba a dejar pasar? ¡¡Que poco me conocen!!)

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

lo que es, no necesita más

Una estación espacial, a kilómetros de distancia de la superficie terrestre, estalla luego de que un experimento genético fallido, y muchos de sus escombros, aún expuestos a los residuos de este experimento, caen sobre la Tierra, con consecuencias nefastas.

Uno de los animales expuestos es George, un gorila albino, alfa dentro del grupo de gorilas de un zoológico estadounidense, a cargo del primatólogo Davis Okoye (Dwayne Johnson). De comportamiento habitualmente calmo, George es hallado a la mañana siguiente, de mayor tamaño, y más agresivo de lo normal, junto al cadáver de un oso.

Aumentando rápidamente su tamaño y agresividad, Davis hace lo que puede para contener a George, contando con la inesperada ayuda de la doctora Kate Caldwell (Naomie Harris) genetista, junto a quien tratará de detener al gorila, antes que se reúna con otros animales afectados y destruyan todo a su paso…

Lo bueno de que ahora las películas se estrenen más de una vez (primero en cine, luego en streaming y VOD, después en dvd/br) es que cuando por equis razones me tardo en ver alguna cosa, o en reseñarla, estas críticas no se ven tan extemporáneas. Siempre que sea dentro de la misma época, claro. No es lo mismo hablar de una película de hace una década que recién salió ahora en Netflix, que de un filme que pasó por salas hace dos o tres meses.

Por eso es que no siento culpa alguna en dedicarle tiempo a Rampage: Devastación, que pasó por los cines locales por ahí por marzo. Sí, tal vez no sea la gran cosa, pero es un título que cumple, más de lo que uno cree, con lo poco que se le pide.

Esta es de esas películas que tienen pocas pretensiones: de argumento sencillo, puede decirse totalmente predecible (incluso, más que argumento en este caso deberíamos hablar de excusa), y con todas sus imperfecciones que pudiera presentar, partiendo por sus personajes buenos, malos y colaterales obvios, planos y estereotipados, funciona en lo que tiene que funcionar: ser entretenida (para fines más grandes está el Planeta de los Simios).

Quizás se nos olvide a la hora de haberla visto. Quizás en dos semanas más me preguntes de qué se trataba y yo te responda con divagaciones. Pero no te voy a poder negar que me divertí mucho viéndola y la hora y cincuenta que dura ni la sentí.

Mientras la veía, no dejaba de pensar en Kong: Skull Island, del año pasado (u otras que no necesariamente tienen megafauna en los roles protagónicos como La Momia o Alien: Covenant), una gran idea traicionada por pretensiones exageradas que terminaron por jugarle en contra. Rampage, haciendo mucho menos escándalo, más modesta en sus motivos y metas, consciente de que no va a modificar la historia del cine, no va a reescribir nada, se disfruta mucho más. Hasta los monstruos que pululan por la pantalla en este filme resultan verosímiles (y George, el gorila albino protagonista, nos termina hasta cayendo bien).

Definitivamente, este es el nicho para Dwyane Johnson: ese cine que rinde tributo al género de matiné o de acción lisa y llana. Ese del explorador que debe recuperar un tesoro robado para que una tribu se salve de una maldición. Ese que debe impedir que una bestia alterada por irresponsables destruya una gran ciudad. Pienso en el cine de catástrofes que hubo por docenas entre los ’60 y ’70 e imagino a Johnson como el tipo llamado a hacer lo correcto, que tras no ser escuchado por las autoridades, el mismo está sacando a la gente desde un edificio en llamas.

Y es que tal vez no sea un gran actor, pero Johnson, desde sus ya lejanos años de gloria en la WWE, ha demostrado ser algo distinto: un entertainer, un entretenedor. Un intérprete que cubre sus debilidades histriónicas con un innegable carisma y una habilidad para mantener atraído al público mientras está en pantalla. Lo hacía en el ring, lo hace ahora en pantalla. Gran parte del atractivo de esta película radica en su imagen.

Rampage se agradece por su honestidad y respeto por sí misma. Se asume como un filme para pasar el rato, y lo logra. No necesita más. Y como haría mucho bien al cine si más película tuvieran esta autoconsciencia.

***

RAMPAGE

Director: Brad Peyton

Intérpretes: Dwayne Johnson; Naomie Harris; Jeffrey Dean Morgan; Malin Ackermann; Joe Mangianello

Aventuras

2018

PD: ¿Soy el único que piensa que Jeffrey Dean Morgan es el hermano de Robert Downey Jr que envejeció mal?

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

la rueda del infortunio

Nuestra historia transcurre en la playa de Coney Island, durante el verano de 1950, y tiene como protagonista a Ginny (Kate Winslet).

Actriz frustrada devenida en camarera de un restaurant frente al mar, vive una existencia nada estimulante con su está casada con Humpty (Jim Belushi), controlador de juegos de la feria de la playa, un hombre tosco, bruto, pero no precisamente un mal tipo, con quien vive junto a su hijo Richie (Jack Gore),  pirómano en potencia.

Lo único que la mantiene fuera del colapso es su aventura con Mickey (Justin Timberlake), un joven aspirante a escritor que se desempeña como salvavidas durante el verano. Sin embargo, cuando la hija de Humpty, Carolina (Juno Temple), llega a su casa escapando de su esposo, ligado a la mafia, la frágil existencia de Ginny pronto empezará a crujir…

Lo sé. Dije hace algunas semanas que dejaría de reseñar películas de 2017, pero existen casos calificados, como éste. A estas alturas, ya veo difícil que se estrene en salas Wonder Wheel, el más reciente trabajo de Woody Allen, y si lo hace, lo más probable es que sea en pocos cines y en funciones contadas.

Y es que hay que aprovechar. Con el cúmulo de escándalos de carácter sexual que lleva a cuestas (y con mayor razón después de los casos de Weinstein y Spacey), se ha hecho cada vez más difícil a Allen conseguir financiamiento para sus películas, lo que para un director que tiene la obsesión de estrenar al menos una vez al año, es un problema grave.

Eso puede tener una ventaja. Siendo uno de mis directores favoritos, yo mismo he dicho, cada vez que tengo la oportunidad, que esa manía le hace un flaco favor a su director, asumiendo que con tantos años de carrera en el cuerpo su talento ya no es el mismo y se ha desgastado más de lo que debería. Cierto, Allen sigue dando muestras de genialidad, pero cada vez más esporádicas (Matchpoint, el 2005; en menor medida, Scoop, el 2006; Medianoche en Paris, 2011; Blue Jasmine, 2013…cuatro películas de doce en doce años!! Y mejor no sigamos retrocediendo).

Sigo creyendo que bajar un poco su ritmo de producción, a la larga podría favorecerle, remitiéndose a hacer una gran película cada dos o tres años, en vez de marcar el paso anualmente.

Con el alto auspicio de Amazon, Wonder Wheel, en todo caso, marca una leve alza en relación a lo que venía ofreciendo los últimos años, toda vez que se enfoca en arquetipos con los que a Allen le gusta trabajar: personajes fracturados, emocionalmente inestables, muy peleados consigo mismos y al borde del colapso.

Aunque es Mickey (correcto desempeño de Justin Timberlake, alguna vez parte de una boy band, ahora un showman digno de respeto) quien hace las veces de narrador, la historia se centra en Ginny, una mujer cuya existencia consiste en sobrevivir a la mediocridad y tratar de salir a flote de las no pocas frustraciones que la han marcado.

Haber fracasado como actriz, un primer matrimonio destruido, casada nuevamente con un tipo que por bruto y maleducado que sea no sea portado mal, matrimonio fundado más en la necesidad recíproca de no morir solos que por los sentimientos, con un hijo que da precoces muestras de convertirse en un antisocial, viviendo con lo justo, víctima de frecuentes jaquecas, cuya mayor felicidad es mantener un affaire que sabe que no llegará a ninguna parte..¿sigo?

Basta un pequeño empujoncito para terminar de romper el muy precario equilibrio de Ginny y mandar su mundo al carajo.

Ginny, en la sobresaliente interpretación de Kate Winslet, de esas que suele darnos, tiene más de un parentesco con Jasmine (papel que dio un Oscar a Cate Blanchett hace cinco años): ambas cargan con grandes fracasos a cuestas, que intentan sobrellevar aferrándose a fantasías. Si en el caso de Jasmine, ésta intentaba mantener el status social que solía tener, y ser el centro de atención que en su época fue, aunque no tenga donde caerse muerta, Ginny lo hace apelando a un romance sin futuro con un tipo demasiado joven como para construir una relación seria con una mujer con la vida (bien o mal) hecha.

Allen recurre a los conceptos más tradicionales de la tragedia griega (donde todos saben qué pasará, dicen no querer que pase, pero hacen lo necesario para que pase de todos modos) para presentarnos uno de aquellos relatos que mejor cuenta: aquellos donde la línea entre lo cómico, lo dramático y lo trágico es tan tenue, que nos hace dudar de nuestras propias reacciones.

Apoyado en un pequeño pero eficiente elenco, encabezado por la siempre sólida Kate, estamos ante un avance en lo que venía mostrando, no una gran zancada, pero le sirve para nivelar para arriba.

***1/3

WONDER WHEEL

Director: Woody Allen

Intérpretes: Kate Winslet; Jim Belushi; Justin Timberlake; Juno Temple

Comedia dramática.

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)