GENE WILDER 1933-2016

Este año 2016 no para. Ahora le tocó al comediante y actor estadounidense Gene Wilder, de 83 años.

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Puede que usted no haya sabido su nombre, pero su cara y sus películas seguro se le vinieron a la mente con sólo verlo.

Como sus colaboraciones con Mel Brooks en Young Frankenstein y Blazzing Saddless. O el inolvidable ejecutivo, en plena crisis de la edad mediana que se obsesiona con esa chica de vestido rojo que vio en el estacionamiento en La Chica de Rojo. O aquel terapeuta que desarrolla una bizarra relación con una oveja en Todo Lo Que Usted Siempre Quiso Saber Sobre el Sexo, Pero Ha Tenido Miedo de Preguntar, dirigido por Woody Allen.

Claro, están sus colaboraciones con su colega Richard Pryor como Uno Miente, El Otro Engaña y la genial Ciegos, Sordos y Locos.

Pero para muchos el papel que siempre tendrán en su retina será el del excéntrico Willy Wonka, en Willy Wonka And The Chocolate Factory, la primera adaptación del clásico de Roald Dahl, estrenada en 1971. El original, el irrepetible, el único Willy Wonka (perdona, Johnny, pero así no más es la cosa).

Dueño de una fructífera carrera en cines, no sólo como actor, sino que muchas veces como guionista y director, como en el caso de Luna de Miel Embrujada. Y también tuvo una destacada carrera en teatros, cuyo gran éxito, Los Productores, fue llevada al cine a comienzos de los 70.

Los últimos años de su vida los vivió en Connecticut, ya retirado y aquejado por el mal de alzheimer.

Descanse en paz, señor Wonka.

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

para salvarse de la autodestrucción

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos… Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

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Este año se cumplen dos décadas de una película fundamental.

Basada en la novela coral de Irving Welsh y dirigida por el siempre eficaz Danny Boyle, Trainspotting fue estrenada en 1996 y rápidamente se convirtió en un éxito de taquilla dentro y fuera de su país, incluso en Chile, donde se estrenó con poco desfase, para lo que se demora en llegar una cinta no hollywoodense, llegando a ser tremendamente controversial en su momento.

En una época en que nos habíamos habituado a un cine que mostraba a la juventud como personajes divertidos, con las hormonas en ebullición y una facilidad ridícula para meterse en líos, Trainspotting (y en eso se emparenta con Kids, otra célebre cinta inglesa de la época) no tuvo problemas en mostrarnos otro escenario que nadie vió –o nadie quiso ver- antes.

La historia se centra en cuatro amigos del barrio obrero de Edimburgo:Spud (Ewen Brenner), Sick Boy (Johnny Lee Miller), Renton (Ewan McGregor) y Begbie (Robert Carlyle). Los cuatro son unos vagos sin futuro, adictos a la heroína, salvo Begbie, delincuente de poca monta y con una facilidad terrible para armar peleas. Y es Renton quien cuenta la historia, a partir de sus múltiples intentos por dejar la droga, la indigencia y demostrar que puede valérselas por si mismo. Pero uno propone…

Trainspotting se emparenta con otros filmes ingleses de la época, como The Full Monty, Waking Ned Devine o Billy Eliott, en cuanto nos muestra la vida del ciudadano inglés de la periferia, y como sufrió en su vida diaria la implementación del modelo económico de Reagan y Tatcher (cesantía, ingresos per cápita que cayeron de golpe, así como la calidad de vida) y que hicieron clara mella en el inconsciente ciudadano.

En este caso, en personajes que no se ven ningún futuro para ellos mismos, por lo que han dejado de pensar en algo que difícilmente logren. Así es como terminan cayendo en las adicciones: drogas, sexo fácil e inseguro, y violencia. Válvulas de escape ante una realidad difícil y que no ofrece muchas oportunidades.

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Trainspotting fue un golpe duro para los convencionalismos. Para una industria acostumbrada a la idealización: en muchas películas el joven no tiene más ocupaciones en su vida que estudiar, trabajar y divertirse. Aquí no. Le escupe la cara al público y a la industria, con la existencia de personajes enfrentados a una violenta verdad: mejor vivir al día y morir joven, que aspirar a algo que, hagas lo que hagas, nunca tendrás.

Eso emparenta mucho a Trainspotting con La Naranja Mecánica, el clásico de Stanley Kubrick, película con la que su publicidad se le asociaba. El vínculo no es tan inexacto ni artificial como podría creerse. Tanto Alex y sus droguis como Renton y su pandilla enfrentan a una sociedad en la que no tienen mucho espacio, y canalizan su frustración por una vía u otra. La violencia en un grupo, la autodestrucción en el otro.

Fílmicamente hablando, Danny Boyle extracta los eventos más importantes de la novela de Welsh. Deja cosas afuera, si, pero deja lo fundamental, lo necesario para que la narración tenga una estructura sólida, a partir de las experiencias de los personajes más relevantes. Eso es un acierto de Boyle, pues pudo sacar tantas cosas de la novela y desnaturalizarla, o copiar todo al pie de la letra cayendo en la sobreinformación. Boyle extrae lo justo y necesario para contar claramente su cuento, y preservando el alma de la historia intacta. De eso puedo dar fe. Leí la novela y, salvo las diferencias obvias, el fondo entre el original y la adaptación se conservan intactos.

El uso de un soundtrack abundante en nombres del punk, new wave, brit pop y electrónica, que podrían desvirtuar cualquier relato, resulta aquí acertado, complementario y funcional para el buen desempeño de la narración. Y menos mal, ya que el de Trainspotting es uno de los mejores soundtracks de todos los tiempos y hubiera sido una lástima que no funcionara a la par de la película.

Y aunque aún no me convence la idea de una inminente secuela de la película, con el mismo director y el mismo casting, pero ignorando totalmente la historia que contará (Trainspotting cierra su cuento en la última página y su especie de secuela, Porno, repasa tangencialmente los hechos de su predecesora) lo cierto es que veinte años después de su estreno, y a mis 40 de edad, Trainspotting es de aquellos filmes que, por muchos años que pasen, siguen dejándome la misma sensación de agrado que la primera vez.

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TRAINSPOTTING

Director: Danny Boyle

Intérpretes: Ewan McGregor; Robert Carlyle; Johnny Lee Miller; Ewen Brenner; Kelly McDonald; Kevin McKidd

Drama

1996

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lo que odio…y lo que amo…de ti

Cameron (Joseph Gordon-Leavitt) acaba de ingresar al prestigioso colegio de Padua, y se enamora a primera vista de Bianca Stafford (Laryssa Oleynik).

Pero se presentan dos problemas: por un lado, Bianca sólo tiene ojos para Joey Donner (Andrew Keegan) el chico guapo y ganador del colegio, y por otra parte, la regla impuesta por el padre de Bianca, que sólo podrá tener novio cuando su hermana, la arisca y antisocial Kat (Julia Stiles) lo haga. Y ciertamente, esa es la última de las preocupaciones de Kat, si es que.

Buscando una solución, y a sugerencia de un amigo, Cameron recurre a Patrick Verona (Heath Ledger) el alumno problema, para que tras pagarle una interesante suma, enamore a Kat y así poder salir con Bianca…

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La cosa es simple: aún no me pongo al día con la cartelera actual (ya lo haré..saben que me pasa esto cada año). Por suerte, siempre está ese buen amigo llamado Netflix que nos sigue deparando sorpresillas de cuando en cuando. Algunas realmente gratas, como lo es reencontrarse con 10 Cosas Que Odio De Ti, esa notable comedia adolescente de fines de los ’90 que, por un lado, no por ser comedia adolescente tiene que además ser tonta (y de eso no tiene un pelo, más bien al revés) y por otro, es de esas películas que causa agrado reencontrar de vez en cuando.

Interpretación libre de “La Fierecilla Domada”, de William Shakespeare (para todos los que pensaban que el bardo solamente escribía tragedias, bien valdría que repasaran obras como ésta) 10 Cosas… presenta una inteligente revisión de la obra. Trasladando la acción de la Italia post renacentista a la San Francisco actual y, ciertamente, constituye una de las más atinadas lecturas de la creación shakesperiana, demostrando que la obra del inglés se mantiene vigente, atemporal y bastante fresca.

Es decir, estamos ante una obra cuyo original ha sabido mantenerse a través de los siglos y acomodarse en cualquiera que sea la época en que transcurra la adaptación, y cuya adaptación no se queda estancada en el año en que fue filmada/inspirada. 10 Cosas.. podría transcurrir ahora mismo y funcionaría igual de bien (o casi, ya que tuvo una adaptación televisiva en formato serie a una década de su estreno, que igual resistió un par de temporadas con cierta dignidad).

10 Cosas.. sirve además, como dije antes, para reivindicar el género de las comedias adolescentes. Es cierto que recurre a ciertos lugares comunes (la división de las comunidades juveniles en pequeños subgrupos, que la mayoría de adolescentes giren su existencia en la diversión, el alcohol y el descontrol, y que muchos de ellos le hagan más caso a las hormonas que a las neuronas) pero lo plantea tan bien que queda por sobre varios escalones más arriba que muchas cintas del género, demostrando que no sólo se puede recurrir al humor de camarín y a la sensibilidad barata para enganchar con su público objetivo.

No es American Pie (con todo el respeto que me merece American Pie, la primera al menos) ni tampoco cualquier película romántica juvenil tipo High School Musical protagonizada por los niños bonitos de turno. Eso hace de 10 Cosas… una cinta original, novedosa y capaz de defenderse, sostenerse y hacerse grande por sí misma.

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La película funciona realmente bien, bajo esas perspectivas, y el director Gil Junger arma su obra apuntando a estas directrices y se apoya en un casting preciso, sostenido principalmente en la enorme química que existe en su pareja protagónica, Julia Stiles y Heath Ledger.  Ambos encarnan personajes antisociales, cada uno a su manera. De ambos se conoce poco y se dice mucho. Sin embargo, consiguen conocerse entre sí, conectar y darse cuenta que existe entre ellos más cercanía de lo que jamás hubiesen sospechado.

Eso nos trae una historia entrañable, coronada con escenas realmente grandes como aquella en que Ledger canta, acompañado por la banda escolar, en plena cancha de fútbol, “Can’t Take My Eyes Off You”, lejos el mejor momento de una película que momentos buenos tiene por kilos.

Una historia atractiva, una dirección acertada y en función de aumentar el atractivo de la historia, personajes altamente carismáticos, escenas simplemente memorables. Todo ello suma para hacer de 10 Cosas Que Odio De Ti, una comedia inolvidable, por sobre el promedio de los géneros a que se asocia y que ha sido inteligente no sólo para contarse, sino también para resistir estoicamente el paso del tiempo, de las modas y del inevitable paso a la madurez de sus personajes..y espectadores.

***3/4

10 THINGS I HATE ABOUT YOU

Director: Gil Junger

Intérpretes: Julia Stiles; Laryssa Oleynik; Heath Ledger; Joseph Gordon-Leavitt; David Krumholtz; Andrew Keegan; Larry Miller

Comedia

1999

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En la próxima columna, conmemoramos las 1100 entradas con otro clásico para revisitar…Trainspotting.

Y si todo sale bien, después de esa retomamos la revisión de la cartelera actual. No me culpen, hay mucho que ver y no mucho tiempo.

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un bar muy especial

Tras una accidentada fuga desde prisión, que incluyó el robo a un banco, la explosión de una gasolinera y varias víctimas fatales, los hermanos Gecko, Seth (George Clooney) y Richard (Quentin Tarantino) se han visto obligados a cruzar la frontera, rumbo a México, para lo cual secuestran al reverendo Jacob Fuller (Harvey Keitel), un ministro en medio de una crisis de fe tras enviudar, junto a sus hijos Kate (Juliette Lewis) y Scott (Ernest Liu).

Las cosas parecen ir tranquilas para víctimas y secuestradores, hasta que llegan a un club nocturno, ubicado algo lejos de la carretera principal. En el papel, no parece otra cosa que un bar para motoqueros con nudistas, pero cuando el carácter imprevisible de Richard lo pone a pelear con otro parroquiano, echando sangre a borbotones, despierta la verdadera naturaleza del personal del club: una raza de peligrosos vampiros sedientos de sangre…

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El éxito alcanzado por Quentin Tarantino con filmes como Perros de la Calle o Pulp Fiction, abrió la puerta para lo que se dio en llamar cine independiente. Y se volvió una de las tendencias más fuertes de los ‘90s, caracterizada por una serie de marcadas diferencias presupuestarias y, sobre todo, temáticas con el cine mainstream. Y aunque terminó por convertirse en un cliché, en una fórmula, este subgénero que privilegiaba las buenas historias por sobre la grandilocuencia y los millonarios costos de producción, nos permitió conocer a grandes creadores como el propio Tarantino, Kevin Smith, Richard Linklater, en una primera generación, y luego a Darren Aronofski, Christopher Nolan, Wes Anderson, Spike Jonze y Michel Gondry.

Alumno aventajado de esta generación fue el mexicano Robert Rodríguez, quien en 1992 sacudió al mundo con su opera prima El Mariachi, y que algunos años después, ya convertido en el delfín de Tarantino, conquistaría Hollywood con Desperado y su personal tributo al cine B, From Dusk Til Dawn (Del Crepúsculo Al Amanecer), que este año cumple dos décadas desde su estreno, u que cierra esta primera gran época del cine indie.

Y si bien es cierto la taquilla no fue del todo generosa, en un primer momento, el efecto boca a boca, tengo un amigo que la vio y dijo que debiéramos verla, la buena recepción en los medios alejados del mainstream y de la oficialidad, más el apoyo de MTV –la MTV de los ’90, cuando era cool y antes de estupidizarse- funcionaron para que se fuera generando un culto en torno a la película, que motivó que fuera repuesta en salas y captando nuevos espectadores, incluso en horarios no precisamente cómodos. Para qué decir cuando salió, entonces, en vhs o llegó al cable.

Si incluso acá, cuando se estrenó –con mucho desfase, en pocas salas y pocas funciones..piensen que además a mediados de los ’90 todavía no explotaban las multisalas- generó un impacto respetable.

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Como no iba a ser de culto si recurre a temas propios de la categoría. Mezcla de road movie, policial, terror y cine B (no es casualidad, si uno de sus próceres, el experto en maquillaje y efectos Tom Savini, tiene un personaje en la cinta), sazonado con el siempre recurrente ingrediente de los vampiros (aprovechando el primer gran revival del género, gatillado por el Drácula de Coppola o Entrevista Con El Vampiro..nada que ver con el vampirismo pasado por azúcar y dulces que vino después de Tiwlight), la película es un justo tributo para los géneros a los que recurre, un respetuoso homenaje y un torbellino de emociones fuertes.

¿Me van a negar acaso que dejó su huella? Se encargó de convertir en estrella a George Clooney (que después se haya mandado un patinazo con Batman & Robin no tiene nada que ver con este filme). Definió un hito incuestionable en el género de los vampiros, al abordarlos de una manera poco conocida (hasta entonces los vampiros eran en su mayoría anglosajones, nobles europeos o su descendencia principalmente). Dio a Robert Rodríguez la manga ancha para filmar lo que se le ocurra, sea proyectos personales de acción o cintas familiares (lástima que se haya perdido los últimos años). Y le abrió la puerta a Salma Hayek para conquistar Hollywood…¿cuántas veces han visto imitada y nunca igualada, su secuencia del baile con la serpiente?

¿Vio? Puede ser una tontera de película, un charquicán de géneros e íconos. De hecho, me soplaron que alguna vez se resumió esta película como “empieza con Perros de la Calle, termina con Generación Perdida”, y a decir verdad es un comentario muy acertado, y que no debe considerarse para nada un desprecio, pues son, cada una a su manera, buenas películas, o al menos que yo disfruté mucho. Bueno, Del Crepúsculo… funciona de la manera que me interesa que lo haga. Y a veinte años de su debut me sigue funcionando igual.

***1/2

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FROM DUSK TIL DAWN

Director: Robert Rodriguez

Intérpretes: George Clooney; Quentin Tarantino; Juliette Lewis; Harvey Keitel; Ernest Liu; Salma Hayek; Cheech Marin; Danny Trejo; Tom Savini

Acción/Terror

1996

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la vida no será la misma el lunes

Es agosto de 1980. Los últimos días del verano de ese año, y para Jake (Blake Jenner) su último fin de semana antes de entrar a la Universidad de Texas, donde fue aceptado gracias a una beca deportiva, como parte del equipo de béisbol de la casa de estudios.

Esa tarde de jueves llega a la casa que la universidad ha dispuesto para sus jugadores, donde compartirá con otros novatos, así como con otros estudiantes con más años de estudio en el cuerpo, y con ellos vivirá sus últimas horas antes del mayor cambio de su vida hasta ahora…

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Tras rozar la gloria con la ambiciosa Boyhood (ambiciosa en su producción y desarrollo, pero por suerte nada de pretenciosa en sus motivos y ejecución), Richard Linklater vuelve a insistir en el tema de la evolución niñez/adolescencia/adultez en su más reciente película Everybody Wants Some, otra de esas cosas buenas que nos arroja la cartelera estadounidense, pero que por obra y gracia de los blockbusters, tenemos mucha dificultad para ver.

No, no piensen que me puse intelectual y ahora estoy renegando de los blockbusters y del cine palomitero, pero soy consciente que vivimos una sobrepoblación de este tipo de filmes que le quita espacio a otros trabajos más piola. Por cada diez salas de las que en 5 estén pasando La Era Del Hielo 5, mientras que en las otras cinco se repartan los demás estrenos de la semana y la película chilena de turno, le vamos quitando espacio a un tipo de cine que a uno también le gusta ver de vez en cuando.

Y así va a seguir siendo hasta que la industria, como le pasó en la década de los ’60, cuando las superproducciones, las películas de romanos o egipcios con sus quince mil extras y escenarios de cartón piedra, y sus musicales con escenarios gigantescos para escenas de cinco minutos, llevaron a los estudios al colapso. Acuérdense como tuvo que salir adelante Hollywood: imitando el modelo italiano, francés y alemán de la época (la nouvelle vague, el neorrealismo, en fin) y filmando historias con más sesos que efectos.

Si es verdad que la historia es cíclica, y que ese colapso se producirá antes del final de esta década, al menos podemos quedarnos tranquilos. Aún tenemos realizadores como Linklater que tomen la posta.

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Como decía, Linklater retoma el tema del paso de la niñez/juventud/adultez, algo que queda esbozado en Boyhood, pero principalmente en uno de sus clásicos, Dazed and Confused (1993), que nos relataba las vivencias de un grupo de adolescentes empezando su último año de colegio, en 1976. Everybody.. es una suerte de secuela de la anterior, aunque con sutiles diferencias, en cuanto a la época específica en que transcurre, y con distintos protagonistas. El espíritu, eso sí, es el mismo.

Espíritu que no es otro que simplemente relatar una historia simple, enfrentando a personajes a situaciones que le podrían pasar a cualquier hijo de vecino. Situaciones que a más de alguien le ha pasado. Y que marcan. No en vano, el ingreso a la universidad divide la vida en dos. Es dejar atrás una etapa en que todavía tenías chipe libre, y pasar a una etapa donde, tarde o temprano, tienes que asumir que ya nadie va a responder por ti, y tendrás que aprender a hacerte responsable de ti mismo.

Por eso, nuestros protagonistas quieren sacar el máximo de provecho hasta al más ínfimo segundo de este fin de semana, ya que el siguiente lunes sus mundos no van a ser los mismos.

Como es habitual en la filmografía de Linklater, su entusiasmo por la historia que cuenta, el cariño que siente por sus personajes, interpretados en su mayoría por desconocidos (para el gran público, lo que hace que les tengamos más aprecio) son evidentes y se transmiten fuera de la pantalla, convirtiéndolos en personajes dignos de fiar. Así nos lo ha demostrado Linklater en todos y cada uno de sus trabajos más personales (Slackers, Dazed and Confused, en Boyhood..hasta en Antes de Medianoche, que nos demuestra como son los romances idílicos cuando dejan de ser tan idílicos) y esta no es la excepción.

El cuento se nos hace cercano, y el hecho que transcurra a principios de los 80 es meramente circunstancial, podría funcionar en cualquier otra época, aunque no sé si funcionaría igual de bien. Así, al final del recorrido, podemos decir, junto con nuestros héroes “estamos listos para el futuro…¡que venga!”

La filmografía de Richard Linklater es una que siempre se agradece. Por mucho que no lleguen a las salas, o lo hagan tardíamente, o haya que conformarse con los canales alternativos (on demand, streamings, descargas legales y de las otras) ayuda a tener fe de que cuando la burbuja en que vive la industria fílmica reviente, habrá gente que aún cuente sus historias por el simple placer de narrar.

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***1/4

EVERYBODY WANTS SOME

Director: Richard Linklater

Intérpretes: Blake Jenner; Glen powell;: Austin Amelio; Zoey Deutch; Wyatt Russell; Juston Street; Temple Baker

Drama/Comedia

2016

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

la escala salió más larga que el viaje

Para Viktor Navorski (Tom Hanks) era un mero trámite: llegar a Nueva York, salir de Policía Internacional, y cumplir con su misión en la Gran Manzana.

Pero no contaba con que su país de origen, Krakozhia, una pequeña república alguna vez parte de la U.R.S.S., entraría en guerra civil, provocando el quiebre de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, por lo que su visa para entrar al país pierde valor, impidiéndole además regresar a su país, lo que obliga a Viktor a permanecer en el JFK Airport.

Unas horas. Algunos días. Muchos días.

Con el tiempo, Viktor termina por habituarse a la vida dentro del terminal, volviéndose incluso parte del paisaje y logrando una vida relativamente normal, en lo que cabe. Cosa que no le agrada a Dixon (StanleyTucci), el impaciente e implacable director del recinto, quien ve en Viktor un obstáculo en su ascendente carrera..y una obsesión.

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Hace poco más de un mes, tuve mi primer viaje en avión, a Punta Cana, República Dominicana. Independiente del destino y de lo bien que lo pasé, la sensación de entrar en un aeropuerto, hacer los trámites, los procesos de seguridad, el abordar, despegar y el hecho mismo de volar me conquistaron. Amé la sensación y quiero repetirla.

Si, quizás se trate de un caso excepcional y me esté entusiasmando más de la cuenta con algo que para mucha gente es rutina. Quizás si fuera viajero frecuente no me entusiasmaría tanto.

Pero si me llamo Merham Karimi Nasseri, ciudadano iraní que se vio obligado a residir en el areopuerto Charles De Gaulle de París entre 1988 y 2006, ciertamente no me causaría gracia.

Lo cierto es que la historia de Nasseri no deja de ser insólita. Lo suficiente para llamar la atención de Steven Spielberg, quien en 2004 la convirtió en la comedia dramática La Terminal. Quizás no sea uno de sus filmes más extraordinarios (la estrenó entre Minority Report, Atrápame Si Puedes y La Guerra de los Mundos, filmes cuyo potencial épico sobrepasa con creces la historia en comentario) pero vaya que se disfruta.

Es una historia modesta en comparación a otras del mismo autor, okey, pero eso no nos puede llamar al engaño (trata de filmar en medio de uno de los aeropuertos más importantes y concurridos del mundo, sin interrumpir su funcionamiento, y dime si puedes seguir hablando de modestia). Negar lo extraordinario de la historia de nuestro protagonista es pecar de una irresponsabilidad severa.

No en vano, estamos hablando de un personaje que, sobrepasado por las circunstancias, se ve privado de volver a su propio país, pero tampoco es admitido para entrar a otro, viéndose empujado a adaptar su vida al ritmo y mecanismo de un lugar de paso, no apto para vivir sino sólo para transitar. Un No-Lugar, como diría Fuguet. Viktor se ve obligado a subsistir y arreglárselas como pueda para mantenerse en un entorno no hostil, pero ciertamente no del todo amigable.

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Viktor, en todo caso, es lo bastante listo para salir del paso y girar las cosas a su favor. Sin dinero, equipaje, conocidos, ni siquiera un idioma, logra, a fuerza de ingenio, un poco de suerte y una facilidad para caerle bien a la gente, salir del paso.

No tarda en hacerse de amigo con otros personajes tan solitarios, tan desamparados como él: el chico de las maletas (Diego Luna), un huraño barrendero hindú (Kumar Pallana), la chica de la sala de embarque (Zoe Saldanha), vive un breve romance con Amelia, una aeromoza (Catherine Zeta Jones) y hasta desarrolla una rivalidad, aunque el no la ve como tal, con un burócrata que solo quiere librarse de él.

Una vida normal, en un entorno anormal.

No es casualidad que Spielberg haya escogido para interpretar esta epopeya a Tom Hanks, quien ya venía de protagonizar otra gran película, Náufrago, de la mano de Robert Zemeckis, otro de los discípulos del tío Steven. Así que ya conocía de interpretar personajes en situaciones límites. Y si se fijan bien, pese a las diferencias obvias, la situación que atraviesan es más similar de lo que parece.

La Terminal es una película que funciona bien a lo largo de todo su metraje. Demostrándonos una vez más la buena mano de Spielberg para convertir lo ordinario en extraordinario. Situaciones que le podrían pasar a cualquiera, sin necesidad de momentos de gran espectacularidad, pero lo bastante bien hecha como para quedarse en la memoria.

De hecho, han pasado varios años desde la última vez que vi esta película. Y si me acordé de ella fue precisamente al llegar a Arturo Merino Benítez y hacer la previa antes de abordar. Eso me hizo click y recordé inmediatamente la historia de Viktor. Sentirla tan vigente, tan viva, es porque algo bien hecho tuvo que tener.

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THE TERMINAL

Director:Steven Spielberg

Intérpretes: Tom Hanks; Stanley Tucci; Catherine Zeta Jones; Zoe Saldanha; Diego Luna; Chi McBride; Kumar Pallana.

Comedia

2004

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

Stranger Things: volver a lo básico

Ya suena a lugar común decir “la serie del momento está en Netflix”, pero así no más es. No es cliché ni frase hecha. Es la pura verdad.

Gracias a su modelo de financiamiento, y por el hecho de ser un servicio de stream, libre de las limitantes propias de la televisión tradicional, sobre todo las económicas, lo que le permite dar cabida a toda clase de proyectos. Si, algunos, los menos, han sido los proyectos fallidos, pero la gran mayoría, han resultado obras grandiosas.

Stranger Things es la última de ellas.

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Estrenada en julio pasado, concebida por la dupla conocida como The Duff Brothers, y con el respaldo del director Shawn Levy (Gigantes de Acero), la serie narra en ocho episodios de 45 a 50 minutos, los hechos ocurridos en Hawkins, Indiana, las últimas semanas de 1983. En un pueblo donde nunca pasa nada, donde todo el mundo se conoce y donde los policías matan el tiempo y el tedio jugando naipes o haciendo el puzzle.

Hasta la noche en que desapareció Will Byers, un niño de doce años, luego de no llegar a su casa, tras una extensa jornada de juegos de rol en casa de su amigo Mike Wheeler, al mismo tiempo que en las cercanas instalaciones de un laboratorio secreto ligado al Gobierno, se activan las alarmas, revelando la existencia de una frágil niña y destapando una terrible verdad: que de una u otra forma, no estamos solos.

La primera clave del éxito de Stranger Things, que la convirtió en trending topic durante varios días y tema obligado de conversación, fue de carácter estético: transcurriendo en 1983, recoge la fotografía, iluminación y hasta las técnicas de filmar de la época. Uno llega a pensar que la serie realmente se grabó ese año. Aunque más allá de lo estrictamente visual, los hermanos Duff armaron su relato, recurriendo a referencias fácilmente reconocibles.

La influencia más evidente viene de Stephen King, Steven Spielberg, especialmente los primeros años de su filmografía, el trabajo de realizadores como Joe Dante, John Carpenter o Tobe Hopper, y series como The X Files y The Twilight Zone.

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Si. Stranger Things apela a factores emocionales, a la nostalgia por esas series o películas que marcaron la infancia y juventud, sobre todo del espectador sobre los 30 años, así como por la época en que teníamos todo el tiempo del mundo para vivir con nuestros amigos las más increíbles aventuras. Tiempos más simples, lo que también se refleja en la serie.

Así es como Stranger Things entra y capta seguidores, pero un envase muy bonito no sirve sin un contenido que lo sostenga. No es el caso de esta serie, gracias a la habilidad de los Duff para crear, a partir de influencias diferentes –aunque emparentadas entre sí- para generar un resultado único, novedoso y atractivo en sí mismo.

Los Duff fueron inteligentes para armar un escenario con diversas ramificaciones, cada cual lo suficientemente interesante para seguir y meterse de lleno en la historia, buscando descifrar como estas confluyen para estructurar la historia principal. Nos podemos enfocar en uno de ellos, sin descuidarnos de los demás, ya que de todos extraemos información valiosa para asociarlos y elucubrar nuestras propias teorías al respecto. Y sorprendernos con las conclusiones de la serie y como se relacionan con las nuestras.

El formato de miniserie le favorece mucho. Una temporada estándar de 20 episodios hubiera forzado a estirar o rellenar innecesariamente la historia. Compactarla en una película de dos o tres horas..quizás hubiera cubierto los ángulos principales, pero hubiese dejado afuera elementos valiosos. Los ocho episodios de casi una hora que componen la serie bastan para contar la historia a cabalidad, y se puede disfrutar de un tirón..o en sesiones de dos o tres episodios diarios. La emoción es la misma.

Rechazada por al menos 15 cadenas antes de caer en Netflix, hay que felicitar a este servicio de stream por su buen ojo y dar cabida a producciones como Stranger Things, saliéndose de los cánones y creer en sus propios recursos. Eso nos da producciones como ésta, de la cual ya tenemos asegurada una segunda temporada. Lástima que haya que esperar un año entero todavía…

Esta columna fue publicada también en nuestra web asociada, GamerVip, y contó con la colaboración de @Alexa_Wolf

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