Lo Que Nos Deja el 2017 I

El año en que se nos acabó la magia, en que pasamos de bicampeones, cabezas de serie y equipo sensación, a quedar fuera del próximo mundial, desnudando nuestras grandes falencias futboleras: soberbia, exceso de confianza, la mala costumbre de mirar por debajo del hombro. Vicios que son un reflejo de lo peor de nuestra propia idiosincrasia: más allá de quien gane la presidencia pasado mañana, resulta preocupante ver cuanta gente fue capaz de identificarse con candidatos que hicieron de la xenofobia, la homofobia, el machismo y el clasismo su discurso.

Súbanse a un taxi a cualquier hora y, de la nada, van a escuchar lo mismo: que los inmigrantes vienen a robar pega, que por último manden otra cosa, que ayude a mejorar la raza, que ahora no se le puede decir nada a las mujeres, que las feminazis le ponen más color, que ahora vienen a denunciar y na’ que reclamaban antes.

Socialmente estamos retrocediendo.

Pero al menos, en las pantallas, en la música y en el papel hubo cosas interesantes. Por eso mismo, antes de entrar al top 10 de este año en que no murieron tantos como el anterior (aunque los que lo hicieron nos dolieron mucho, como Adam West, Jerry Lewis, Chris Cornell o Roger Moore), el recuento de lo más destacado del 2017 en cine, música, televisión y libros.

CINE

LA QUE PUDO SER LA MEJOR PELICULA DEL 2017: LA LA LAND y MOANA

Sólo porque no se estrenaron por acá cuando correspondía, llegando a nuestras pantallas ya entrado el verano de 2017. La película de Damien Chazelle que rinde un lindo homenaje a la edad de oro del cine hollywoodense rozó la gloria en marzo pasado cuando por error estaba ganando el Oscar a la Mejor Película, tuvo en todo caso un fugaz paso por el Festival In-Edit de 2016, mientras que el filme animado de Disney tuvo que ser aplazado en toda Latinoamérica para no toparse con Rogue One, otro producto fuerte del estudio, incluso más que la cinta animada ambientada en la Polinesia, y estrenarlos al mismo tiempo hubiese sido darse un tiro en el pie. Ambas tenían méritos de sobra para haber clasificado como las mejores del año anterior.

ACTOR QUE MEJOR SE VIO EN PANTALLA: HUGH JACKMAN (LOGAN)

El filme con el que Jackman se despide del personaje que lo lanzó a la fama y que interpretó en 9 películas (seis de X Men, aunque en dos de ellas lo hacía prácticamente como un cameo, más las tres de Wolverine) y lo hizo con una actuación sobrecogedora. Viejo, acabado y melancólico, pero Jackman consigue que su personaje se alce imponente y protagoniza uno de los filmes más importantes de la especialidad.

Mención honrosa: Jason Momoa (Liga de la Justicia), econstruyendo radicalmente a Aquaman, personaje que la cultura popular se había encargado de vapulear de lo lindo los últimos años, convirtiéndolo en un guerrero power, imponente y con actitud; Kumail Nanjiani (The Big Sick) encarnando en cine su propia historia personal, acerca de un buen tipo en medio del respeto a sus tradiciones por un lado, y a sus grandes pasiones por otro; Casey Affleck (A Ghost Story), pasa casi toda la película sin decir nada y bajo una sábana, pero aún así se las arregla para transmitir toda la gama de emociones posibles; Tom Holland (Spiderman Homecoming), porque engancha totalmente con el personaje del cómic, como un adolescente que disfruta mucho su pega como superhéroe.

ACTRIZ QUE MEJOR SE VIO EN PANTALLA: GAL GADOT (WONDER WOMAN/LIGA DE LA JUSTICIA)

Fue de los puntos altos y que más unanimidad generó en la discutida Batman vs Superman, y su debut en solitario significó la resurrección de DC/Warner a mediados de año, devolviendo la fe en su proyecto de universo cinematográfico. Gal se pone el traje de uno de los personajes más icónicos de la cultura popular del último siglo, símbolo del feminismo desde su creación (y en un año donde el movimiento ha logrado más fuerza que nunca) y más que estar a la altura, lo cierto es que le subió enormemente los bonos.

Menciones honrosas: Charlize Theron (Rápido y Furioso 8, Atomic Blonde), demostrando que una mujer puede ser imponente sin perder un pelo de femineidad; Cate Blanchett (Thor Ragnarok) construyendo a una temible villana que con poco consigue reducir al héroe de su historia, subyugar una dimensión y hacer pasar un muy mal rato a unos cuantos; Emma Watson (La Bella y la Bestia), porque, aceptémoslo, nació para este papel y viceversa; Tessa Thompson (Thor Ragnarok) porque aparece casi de casualidad y protagoniza varios de los mejores momentos de la cinta; Elizabeth Olsen (Wind River) sólida en su papel de agente de inteligencia, primeriza en operaciones de campo, enfrentando un caso que le remueve de raíz sus convicciones.

DIRECTOR: CHRISTOPHER NOLAN (DUNKIRK)

Luego del tropiezo que fue Interstellar (una buena película pero que se alargaba demasiado y era víctima de fatales desequilibrios en su desarrollo, al adolecer por igual de excesos y carencias), Christopher Nolan se acordó del buen artesano que es, y con este relato coral, que nos presenta el mismo hecho histórico, el rescate de los soldados aliados sitiados en las costas de Bélgica, a mediados de la Segunda Guerra Mundial, desde tres puntos de vista, recuperó totalmente los bonos perdidos. La primera media hora del filme, sin diálogos, dejando que las imágenes hablen por sí mismas, es entender lo que es el cine en sí mismo.

Mención honrosa: Andy Muschetti (It) tenía una misión de por sí difícil y por partida doble: Adaptar una de las novelas más largas y populares de Stephen King, y mejorar el legado de la primera versión audiovisual de la misma, la miniserie de 1990. Y vaya que la supo hacer; James Mangold (Logan), que supo captar la esencia misma del peludo personaje del universo mutante y se despachó una de las mejores lecturas que el cine ha dado a los superhéroes en años.

VILLANO DEL AÑO: PENNYWISE (IT)

Con la sabia guía de Andy Muschetti, Bill Skarsgard hace de Pennywise, el macabro alter-ego de la monstruosa criatura que reside en las cloacas de Derry, uno de los personajes más aterradores de los últimos años. Skarsgard crea un personaje con el que no te gustaría encontrarte ni en tus peores pesadillas…pues es precisamente de eso de lo que se alimenta.

Mención honrosas: Hela (Cate Blanchett, Thor Ragnarok), que ni bien aparece en escena pone en vergüenza al Dios del Rayo y a su hermano; Cipher (Charlize Theron, Rápido y Furioso 8), la única persona capaz de hacer que el buen Dominic Toretto cambiara en 180° sus principios e ideales.

MEJOR SECUENCIA DE INICIO: VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS

Vale, es una película que tiene más fallas que aciertos, pero los aciertos que tiene hacen que uno sea más indulgente con los errores. Y uno de los mayores corre por su secuencia de inicio, que con Space Oddity (David Bowie) de acompañamiento, resume en menos de seis minutos todo lo que hay que saber para entender el fondo de la historia (Bowie se ha vuelto un comodín en el cine de ciencia ficción, apenas uno reconoce sus canciones, ya siente que la escena se viene buena).

Menciones honrosas: Guardians of the Galaxy 2 (Baby Groot bailando al son de Mr. Blue Sky de Electric Light Orchestra, mientras sus compañeros están en acción; Spiderman Homecoming (con Peter Parker haciendo una película para Instagram con los hechos en que se vio involucrado durante Civil War); La La Land (con una coreografía coral en plena autopista a la entrada de Los Angeles, que siguiendo la tradición de los mejores musicales, sirve de prólogo para la historia que pasaremos a ver a continuación…además que Jimmy Fallon le hizo un cover genial).

CANCION MEJOR USADA EN UNA PELICULA: THE INMIGRANT SONG-LED ZEPPELIN (THOR RAGNAROK)

Por letra, por ritmo, intensidad, el legendario tema de Led Zeppelin resulta el mejor acompañamiento para los grandes momentos de acción de la tercera parte del Dios del Rayo. Uno compara la historia que cuenta la canción y lo que está viendo en pantalla…y cuadra totalmente.

Mención honrosa: Guardias Inferno (Guardianes de la Galaxia 2). Quizás no me gustó todo lo que debería haberme gustado (GdlG2 era un puñado de muy buenos momentos, pero no termina de cuajarme como un todo) pero su soundtrack sigue siendo impecable, y este tema, usado en los créditos del filme, y luego lanzado como parte del bluray, se convirtió en una de las grandes canciones del año.

PELICULA ANIMADA: COCO

No sólo es de las pocas veces que el cine estadounidense ha retratado con realismo, respeto y sin estereotipos una cultura lejos de sus fronteras, sino además una de las películas más legítimamente emotivas del último tiempo. Como sólo Pixar es capaz de hacer (y de autosuperarse).

Menciones honrosas: Cars 3 (que manera de reinventar una franquicia, cuando recuerdas que no sólo fabricas juguetes, sino además construyes buenas historias); Lego Batman (si, tal vez sea un comercial alargado, pero que les sirve para darse el lujo de darle todo el humor y picardía que el personaje no admitiría en otros formatos).

EPIC FAIL DEL AÑO: TRANSFORMERS, THE LAST KINGHT

Aqui hubo para regodearse. 2017 fue pródigo en películas que prometían convertirse en grandes hitos, pero que algo tuvieron que murieron en el camino (Kong Skull Island, La Momia, Alien Covenant, Rey Arturo, Power Rangers, La Torre Oscura, Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, Kingsman 2, Ghost in the Shell), las habituales secuelas y remakes que nadie pidió pero que sirven para vender merchandising..y hasta por ahí no más (Baywatch, Mi Villano Favorito 3) y cosas que nos hacen justificar a ISIS (Emojis). Pero el antipremio de este año se lo lleva la quinta parte de la serie sobre el conflicto entre autobots y decepticons. Gracias Michael Bay, has conseguido que una de las franquicias más grandiosas de la cultura popular, una de las historias más épicas y gloriosas de los últimos años, se convierta en un tributo a la estupidez humana, en una historia sin más sentido que poner explosiones al por mayor, y se haya ganado el odio de hasta sus fans más acérrimos.

MUSICA

DISCO DEL AÑO: IS THIS THE LIFE WE REALLY WANT?-ROGER WATERS

Tras varios años girando con la celebracion de The Wall en vivo, el conocer in situ la realidad mundial durante el proceso, y observar el ascenso de personajes como Donald Trump al poder, Roger Waters se dio cuenta que tenía mucho que decir. Y de la mano del productor Nigel Goldrich (el hombre que hizo de Radiohead lo que es), un experto en unir a los clásicos con la modernidad (ya lo había hecho antes con Paul McCartney) registró un puñado de canciones con las que venía trabajando desde hace unos años, y que incluso había probado en vivo durante el tour del Muro. El resultado es un gran disco que reúne el habitual virtuosismo de su creador, con el contenido político y social que Waters suele imprimir en sus grabaciones.

Menciones honrosas: To The Bone- Steven Wilson (me declaro culpable de no haber prestado atención a Wilson antes, y cuando lo hice, no lo solté más); Spirit (Depeche Mode), porque siempre es bueno tenerlos de vuelta y porque regresaron a los temas políticos que tuvieron en sus primeros años, discurso que sigue más vigente que nunca.

TELEVISION

PROGRAMA NACIONAL DEL AÑO: CHILE SECRETO-CHILEVISION

El fenómeno de ventas que ha sido la saga de la Historia Secreta de Chile, de Jorge Baradit, demostró que la historia puede ser un tema de interés masivo, especialmente si está contada desde fuera del canon, lejos de los límites que fijan los programas de enseñanza básica y media. Con el propio Baradit de narrador, recopilando material de archivo, entrevistas y con una estructura amena y atractiva de seguir, el público accedió a los grandes temas de la historia de Chile, recompensando con muy buena audiencia. ¿Ven, canales, que cuando no venden basura, la gente compra incluso con más ganas?

Mención honrosa: El Camino del Comediante- Canal 13, con Fabrizio Copano recorriendo, a través de entrevistas, material de archivo e investigación, el ir y venir de aquellos personajes que se han dedicado a hacer reír al público los últimos años. Respetuoso con los distintos tipos de comedia y humor habidos y por haber, así como por sus intérpretes, desde Coco Legrand hasta Kramer, desde Gloria Benavides hasta Natalia Valdebenito, desde Mandolino hasta Ruperto, Copano hace un recorrido para reírnos un rato, y darnos cuenta de que en verdad los países que se saben reír de si mismos son grandes países…lástima que seamos tan serios.

PROGRAMA EXTRANJERO DEL AÑO: DESIERTO

Porque este año han debutado muchas cosas, todas realmente interesantes (Big Little Lies, Mindhunter, The Handmaid’s Tale, Alias Grace, Punisher, Dark, Game Of Thrones –conseguiré algún día matar la mufa y poder verla?-, Over The Garden Wall, BoJack Horseman, en fin) y lamentablemente no hay tiempo de verlo todo.

Menciones honrosas: Fargo (al fin entré en esta serie de insólitos relatos que transcurren en un pueblo en el que, de lejos, pareciera que no pasa nada); Rick & Morty (cuando uno pregunta donde fue a parar la genialidad que han perdido Los Simpsons, Family Guy y South Park, aquí es donde tiene que mirar, además que uno entra por los chistes de baño, termina quedándose por la historia); The Crown (no es fácil gobernar un país durante el proceso en que dejó de ser la potencia que solía ser, especialmente si eres mujer…por cierto, no podemos no amar a Claire Foy); 13 Reasons Why (porque impactó de lleno en una sociedad que aún no asume que el bullying es un problema serio, incluso teniéndolo frente a sus narices).

LITERATURA

LIBRO DEL AÑO: VHS (ALBERTO FUGUET)

Por lejos el libro que más fuerte me pegó, fue ésta autobiografía en clave, a través de la cual, repasando esas películas, directores, actores, actrices y demás elementos propios de la cinematografía que le pegaron duro a lo largo de su vida, Fuguet da cuenta de los grandes hitos de su vida personal que lo han definido y convertido en lo que es actualmente. Tiempo que no celebraba tanto una novela del buen AF…mismo tiempo que una novela suya me dejaba tan desarmado.

Mención honrosa: Alex Nemo y la Hermandad del Nautilus (Francisco Ortega-Gonzalo Martínez) Cuando la madre de Alex, una popular escritora de cuentos fantásticos, desaparece, su abuelo, también escritor, le revela una asombrosa habilidad que le será útil para reencontrarse con ella: el poder para entrar en los más increíbles universos literarios. Cuando una novela (en este caso, una novela gráfica) te deja totalmente enganchado y con ganas de descubrir o redescubrir a los autores que le sirven de base (Verne, Dickens, Conan Doyle, Melville, incluso Poe y Lovecraft) ¿Cómo no la vamos a encontrar buena?

Próximamente…el top 10 anual. Estén atentos.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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todavía afiebrados

Hay obras que terminan siendo más trascendentes de lo que originalmente se pensó que lo harían. Creaciones de origen literario, musical, narrativo, audiovisual, que trascienden su objetivo básico (el entretenimiento, la distracción) porque constituyen un oportuno y potente retrato de un momento, lugar o comunidad determinada.

Estrenada en 1977, Fiebre de Sábado Por La Noche es una de estas obras. Dirigida por John Badham, y basada en un artículo publicado un año antes por el periodista Nik Cohn para el New York Magazine en el que se relataba el explosivo auge de la escena disco reinante en esos años. El surgimiento de las discotheques y de la música hecha precisamente para bailar en ellas introdujo un cambio radical en los hábitos y las costumbres, que no había que dejar pasar desapercibido.

La aparición de las discos y todo lo que las rodeaban (música, estética) alteraron fuertemente la rutina de las personas. Los fines de semana ya no eran simplemente ir a ver un espectáculo, salir a comer o simplemente divagar por ahí. Los recintos nocturnos dejaron de ser locales donde una orquesta amenizaba la cena de los visitantes y ocasionalmente tocaba un par de pieza para que la concurrencia bailara un poco. Eso había quedado atrás, y las pistas de baile enormes, iluminadas coloridamente y con escaso espacio para sentarse y mucho para bailar hasta el día siguiente fueron un hito que cambió los hábitos del público, especialmente de la juventud, hasta el día de hoy.

Muchos tabúes se liberaron, las costumbres se relajaron (el movimiento homosexual encontró un nicho y un punto de encuentro, pero también fue a partir de la escena de las discotheques que comenzó a masificarse el tráfico y consumo de cocaína), y para muchos aparecía como una válvula de escape de la rutina diaria, o incluso un canal de movilidad social.

Eso decía el artículo, y eso es lo que se plasma en la historia: Tony Manero (John Travolta) es un joven del barrio ítaloamericano de Brooklyn. Sin más que los estudios básicos, vive junto a sus padres –quienes viven sacándole en cara lo poca cosa que es, y comparándolo con su hermano mayor, que se ha dedicado al sacerdocio- y tiene un trabajo sin mucho futuro en la ferretería del barrio. Tony soporta esa rutina afirmándose en que algún día encontrará la forma de salir de ella.

Sin embargo, las cosas cambian cada sábado, cuando va con sus amigos (un grupo de perdedores sin grandes aspiraciones en la vida, más allá de salir a divertirse y buscar peleas a la menor provocación) a la 2001 Oddissey, la discotheque más concurrida de la ciudad, en la cual Tony es recibido como una estrella, pues es en su pista de baile donde Manero hace lo que mejor sabe y más realizado le hace sentir: bailar.

Cierta noche, se entera de un concurso de baile que se celebrará pronto en la discoteca, y del cuantioso premio a repartir, el que puede significar el inicio de la nueva vida a la que aspira. Por esos mismos días, conoce en la disco a Stephanie Mangano (Karen Gorney) bailarina profesional, y la convence de ser su compañera en el concurso, pensando principalmente en sus habilidades para el baile, aunque pronto la relación irá más allá de lo meramente profesional…

No hay que dejarse engañar. Si, más de la mitad de la película transcurre en una pista de baile (de hecho, se rodó en la mismísima discoteca Studio 54, la más famosa disco de la época a nivel mundial) y acompañada de una banda sonora abundante en ejemplos del género (principalmente a cargo de los inmortales Bee Gees) pero no es una historia feliz precisamente.

Porque si en esa época la onda disco se hizo notar también en el cine, a través de películas que no hacían otra cosa que exprimir hasta la última gota el género y sus principales exponentes (pensemos en Gracias a Dios Es Viernes, con Donna Summer, Xanadu con Olivia Newton-John o No Puedo Parar La Música, con los Village People) o que se relacionaban indirectamente con ella (como en Los Ojos de Laura Mars, en el thriller Cruising o en Caracortada, un par de años después, ambos con Al Pacino), lo cierto es que más allá de la estética, la música y el sentido de oportunidad, los parentescos entre estos filmes y Fiebre.. son escasos, y más bien accidentales.

Tony Manero se emparenta con ese personaje tan típico del cine estadounidense de aquellos años: un individuo común y corriente, sin mucha preparación, sin mucho porvenir, que ve como una utopía inalcanzable la posibilidad de optar a un mejor nivel de vida. O de sobrevida, mejor dicho. Un individuo asfixiado por el entorno que lo rodea (dos padres que lo hacen sentir poca cosa, un trabajo en el que su mayor logro es que le suban cuatro dólares, y una pandilla de amigos que no va a terminar en otro lado que no sea la cárcel o el cementerio) cuyo desahogo es el baile, lo que mejor hace, siendo uno de los mejores en lo que hace, y que–aunque parezca cliché de comedia adolescente- será lo que le abrirá la puerta a un mejor pasar.

Es un tipo cansado del entorno en que vive, pero más cansado aún del odio, y del resentimiento que ha cultivado durante estos años por esta situación. Y lo que anda buscando, más que una casa más grande, tener más dinero en el bolsillo, o un espacio donde sentirse más a gusto, es salvarse de esa nube negra que mantiene encima. Y que esa sensación que siente cada sábado en la noche, dure algo más que las horas que le dedica cada semana.

Fiebre de Sábado por la Noche se convirtió en un fenómeno de taquilla y, con los años, en una de las obras fundamentales del cine estadounidense de su época, y en uno de los filmes más influyentes de todos los tiempos. Para qué hablar de la calidad de ícono que logró John Travolta, vistiendo ese traje blanco y robándose la atención con sus inigualados pasos de baile, con su actuación en un filme que fue muy bien recibido por la crítica y que ciertamente era mucho más de lo que su tráiler o publicidad anunciaban.

Entramos pensando en bailar hasta quedar inconscientes. Y así salimos, pero por lo fuerte que nos pega…ahí, donde más duele.

****

SATURDAY NIGHT FEVER

Director: John Badham

Intérpretes: John Travolta; Karen Gormey; Barry Miller; Donna Prescow; Martin Shakar; Val Bisoglio; Julie Bovasso

Drama/Musical

1977

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La última carrera

Durante los últimos años, Rayo McQueen se ha convertido en uno de los competidores más exitosos, populares e idolatrados del mundo de las carreras de autos, llegando a ser un referente incluso para sus compañeros de actividad.

Sin embargo, una nueva generación de corredores ha empezado a apoderarse de la escena, especialmente a través de Jackson Storm, el más exitoso exponente de esta nueva camada, cuya seguidilla de victorias ha empezado a eclipsar a sus antecesores, y de a poco convirtiendo a McQueen en un recuerdo.

Ultimo exponente de un grupo de corredores que ha empezado, voluntariamente o no, a retirarse, McQueen se ve presionado para romper la racha de Storm, y víctima de ello, en plena carrera sufre un grave accidente que lo lleva a replantearse su vida como corredor..

Si, otra que estaba debiendo.

Aunque es la franquicia más rentable de Pixar (es la que más merchandising vende, incluso por sobre Toy Story o Los Increíbles), la saga Cars siempre había sido una piedra en el zapato para el estudio de la lamparita. La primera, de 2005, no era mala, pero palidecía en comparación a sus antecesoras (Buscando a Nemo, Los Increíbles) y sucesoras (Ratatouille, Up, Wall-E, en fin). La segunda, de 2011, era una buena idea mandada a buena parte para privilegiar el bombardeo de chistes –no todos graciosos- del insoportable personaje de Mate.

Pero daba lo mismo, mientras vendiera autitos con cara.

Este tercer capítulo, Cars 3, hace pensar que en  Pixar se dieron cuenta que más que fabricantes de juguetes para cajitas felices, son narradores de historias. Y en ese caso, se dieron cuenta que tenían una muy potente, imposible de dejar pasar.

Un tópico recurrente en la filmografía Pixar, desde Toy Story hasta Coco, es poner a sus protagonistas frente a las grandes y definitorias instancias de la vida: el paso de la infancia a la adultez, la tercera edad, la muerte. Cars había sido la excepción hasta ahora, y por eso, desde el teaser de Cars 3 (que sólo nos mostraba a Rayo McQueen sufriendo un catastrófico accidente) esta era una sorpresa.

Aunque en un principio tenemos una historia de deportes, más precisamente estamos ante un relato crepuscular (fue el tema del año, parece, sólo pensemos en Logan y El Planeta de los Simios: La Guerra), en la que el protagonista ha llegado a un punto crucial en su vida, en el que no caben las exasperantes payasadas de un personaje secundario. Rayo McQueen ha llegado a un punto de su existencia en el que tarde o temprano deberá aceptar la dolorosa e inevitable verdad que ya no es el que solía ser.

Es lógico pensar que el staff a cargo de Cars acusó recibió de las críticas que permanentemente ha caído sobre su franquicia, especialmente desde el segundo filme, que la mantenía en lo más bajo del escalafón pixariano, lo que los llevó a hacer lo que normalmente se hace en estos casos: dejar de lado lo hecho en las películas anteriores y darle un nuevo enfoque a la saga, dejando de lado la comedia exageradamente básica de los capítulos previos, dándole un dramatismo que no tenía, todo lo cual mejoró sustancialmente el desempeño fílmico de la misma.

A ratos, Cars 3 nos trae a la mente la serie de Rocky, y no es tan descabellado encontrar los parentescos entre la historia de Rayo McQueen y la del boxeador ítaloamericano concebida por Sylvester Stallone, especialmente en los dos últimos filmes de la serie (y de su apéndice Creed también, por qué no). Tanto McQueen como Balboa conocieron ciertamente épocas de mayor gloria, enfrentan la realidad de que esas glorias ya son parte del pasado, que están a un pelo de serlo ellos también, pero que en algún lugar de su interior deben encontrar esa clave que les permitirá descubrir como tomar la nueva situación que les espera, no con resignación, sino que como un nuevo desafío.

Con esta clase de referentes, haber hecho una mala película habría sido un despilfarro de proporciones catastróficas.

Primer trabajo como director de Brian Fee, quien ya se había desempeñado en el pasado como artista de storyboard para otros filmes de Pixar, logrando un muy buen debut con esta historia sobre como hacer las paces con el paso del tiempo y con la madurez, y con entender que no porque ya hayas acumulado toda la experiencia que podías, quiere decir que ya no tengas nada más que hacer, sino que, muy por el contrario, todavía tienes mucho que compartir.

Quizás no tenga la altura, la grandeza de Intensamente o Coco, por nombrar las dos últimas majestuosas producciones de Pixar, pero por Dios que le sube los bonos a una franquicia como ésta.

***1/2

CARS 3

Director: Brian Fee

Voces: Owen Wilson; Cristela Alonzo: Chris Cooper; Arnie Hammer; Nathan Fillon; Larry The Cable Guy, Bonnie Hunt; Paul Newman.

Animacion

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

La hizo una vez, no la hace dos veces

La oficina principal de la red de inteligencia conocida como Kingsman es destruida, y casi todos sus agentes han sido asesinados.

Sólo el agente de campo Eggsy, nombre clave Galahad (Taron Egerton) y el analista Merlin (Mark Strong) salvan milagrosamente de la seguidilla de crímenes. Para investigar el hecho, viajan de urgencia hasta Kentucky y piden ayuda a Statesman, su similar norteamericana, oculta tras la fachada de una destiladora de whiskey.

Con la ayuda de agentes locales como Ginger Ale (Halle Berry), Tequila (Chaning Tatum) y Whiskey (Pedro Pascal), Galahad y Merlin deducen que tras los atentados se encuentra la organización llamada el Círculo Dorado, una organización criminal que ha crecido rápidamente, de paradero desconocido, y cuyo mayor golpe aún está por venir…

Hace dos años, una de las grandes sorpresas fue Kingsman: The Secret Service, la adaptación dirigida por Matthew Vaughn de la miniserie escrita por Mark Millar y dibujado por Dave Gibbons, acerca de un eficiente servicio de inteligencia integrado por un grupo de minuciosamente seleccionados agentes británicos, muy bien vestidos, bajo la fachada de una prestigiosa sastrería inglesa, para la que era reclutado Eggsy, un joven pandillero local, quien resultó ser un sorprendente agente de campo.

De la mano del mismo director, repitiendo a parte importante del casting de la primera película, y adaptando la segunda historia de la serie de cómics, se estrenó este año Kingsman: El Círculo Dorado.

¿Caballo bueno, repite? Claro, eso dicen, pero la verdad es que en este caso, no.

No es que sea una mala película. Cumple con ser un filme de espionaje entretenido, muy correcto en este sentido, nada del otro mundo, es cierto, pero funciona. Pero tiene fallas. O más que fallas, carencias de las que le cuesta salvarse.

Partamos por la historia. Donde la primera era una reinvención y/o actualización bastante lúcida del género del espionaje, esta segunda parte en vez de jugarse por algo más novedoso que la independice lo más posible de la primera, intenta repetir mucho de lo visto en ella, pero sin la brillantez que la anterior película tenía, renunciando a la novedad en pro de un lote de lugares comunes del género que no le hacen mucho favor, repitiendo cosas de la primera (todo lo que Eggsy y Merlin viven en Statesman es calcado de lo que ya habíamos visto en el capítulo precedente) introduciendo una historia paralela (entre Eggsy y su novia, la princesa sueca a quien rescató al término de la película anterior) que no termina de cuajar.

El desarrollo del conflicto resulta tan facilista que atrae sólo lo estrictamente necesario, y su desenlace

Si bien es cierto los personajes que reaparecen cumplen con su cometido, lo cierto es que las nuevas incorporaciones no aportan mucho, y se limitan a ser repeticiones de estereotipos vistos en cualquier otra comedia, no necesariamente de espías. Sólo Whiskey, el agente encarnado por Pedro Pascal, se establece como un personaje que, por estereotipo que sea, consigue poner de su parte lo suficiente como para destacar por sobre el resto y hacerse notar con sus propias características.

Por su parte, Julianne Moore consigue sacar adelante a Poppy, la villana de la historia, un personaje que no puede haber sido concebido de manera más simplona. Parece que los creadores de la saga no se les ocurrió otro tipo de villano, así que repitieron al de Samuel L. Jackson en la primera película, pero con sutiles cambios: que sea mujer, y que en vez de la alta tecnología sea una nostálgica por la cultura pop y estética de los ’50. El personaje es bastante flojo, pero que consigue salir a flote gracias al innegable talento de Moore.

Lamentablemente su brazo derecho, Charlie (Edward Holcroft) no consigue lo mismo, y se queda en el secuaz estereotipo del villano de turno.

Otro punto se lo anota Elton John, quien haciendo de si mismo se adjudica algunas escenas realmente jocosas.

Sin ser del todo mala, Kingsman 2 pero tiene tantas cosas que fallan y carece de otras tantas que difícilmente pueda igualar a su gran predecesora. Pero tiene sus momentos, de modo que si la pilla en Netflix o en algún VOD o similar, no pierde nada.

**

KINGSMAN: THE GOLDEN CIRCLE

Director: Matthew Vaughn

Intérpretes: Taron Egerton; Mark Strong; Julianne Moore; Chaning Tatum; Halle Berry; Jeff Bridges; Pedro Pascal; Colin Firth; Hanna Allstrom; Michael Gambon; Bruce Greenwood; Emily Watson

Accion/Espionaje/Comedia

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

 

 

Canciones Para No Olvidar

En el tradicional pueblo de Santa Cecilia, en la víspera del Día de los Muertos, encontramos la casa de la familia Rivera.

Fabricantes de calzados artesanales, los Rivera esperan como todos la celebración, con una pequeña excepción: sin música, la cual esta vetada de la casa luego de un doloroso incidente familiar, cosa que es terrible para Miguel, el más pequeño de los Rivera, de once años, fanático de la música, cuyo mayor sueño es seguir los pasos de Ernesto de la Cruz, legendario cantante, actor y héroe local.

En plena celebración, tras una áspera discusión con su familia, Miguel huye de su casa, acompañado de un perro callejero llamado Dante, escondiéndose en el mausoleo de De La Cruz, donde inicia un insólito viaje al colorido mundo de los muertos.

Con el tiempo en contra, y acompañado por un pícaro muerto llamado Héctor, Miguel debe encontrar a Ernesto De La Cruz, a quien cree el único capaz de hacerlo volver a su dimensión…

La calidad de los estrenos animados este año ha sido diversa. Hemos tenido aciertos como Lego Batman, reinvenciones interesantes (Cars 3), sorpresas (Boss Baby), secuelas que no necesitábamos (Mi Villano Favorito 3), y basuras como Emojis. Pero cuando el año parte con Moana y termina con Coco, podemos decir que el 2017 animado termina con los bonos muy altos.

Sólo tengo un pequeño problema…¿cómo puedo reseñar Coco sin repetir la palabra “extraordinaria” en cada párrafo?

Y es que el trabajo dirigido por Lee Unkrich es un triunfo en varios aspectos.

Primero, por el evidente respeto e interpretación que se hace de la cultura mexicana y de la festividad en que se inspira. Por años, cada vez que Hollywood ha retratado una cultura fuera de sus fronteras, se ha basado en el prejuicio, el estereotipo y en el cliché. Piensen en el mexicano durmiendo en un cáctus, flojo, ignorante, y cuyo vocabulario se reduce a la expresión “jelo, amigo!”. En el caso de Coco, Unkrich y su coguionista y asistente Adrian Molina, viajaron durante seis años a México para imbuirse de su cultura, zambullirse en el seno mismo de esta, aprendiendo, entendiendo cabalmente la naturaleza y motivos de la celebración y es bellamente plasmado en pantalla.

Sumemos a ello la ya conocida capacidad de Pixar para crear universos fantásticos, nos da como resultado un espectáculo visual atractivo y sobrecogedor.

El apartado audiovisual de Coco es una de sus mayores fortalezas, pero, como sabemos bien los fanáticos de Pixar, no se queda en eso, sino que es el escenario para un potente relato que funciona en base a tres grandes temas: la familia, la autodeterminación, la pérdida…en este caso, a través de la muerte, tema siempre difícil de tratar en un filme familiar, pero que termina fortaleciendo el relato por la manera en que está explicado.

Para su corta edad, Miguel ya se ve enfrentado a la difícil opción entre su familia-a la que ama- y la música, a la que también ama, pero cuya familia tiene vetada. Este conflicto lleva a Miguel a un viaje fantástico, recorrido que llevará a al niño a conocer sus verdaderos afectos y tomar la decisión final, encontrando que la solución está en el punto medio que permite el equilibrio, compatibilizar los temas en discordia.

¿Y el tercero de los grandes temas aludidos en el filme, es decir, la muerte?

La historia transcurre en una de las celebraciones más típicas de México. En el Día de los Muertos, las familias celebran a sus miembros que ya han partido, rindiendo ofrendas para que sepan que no han sido olvidados. De acuerdo a la tradición, el olvido es la verdadera muerte.

Esta idea ya rondaba en la sublime El Libro de la Vida, de 2014, con la que se ha intentado incansablemente comparar (inútilmente, estamos ante filmes totalmente distintos), en orden a mostrar la muerte como el fin de nuestro paso por este mundo, como un paso de un estado a otro. Este otro estado no se parece en nada al mundo oscuro y macabro con que nos han metido miedo desde niños. Por el contrario, es un entorno colorido, luminoso y vivaz en el cual desenvolverse…mientras seas recordado, claro.

Coco capta a la perfección el sentido de esta celebración, su naturaleza, sus motivos y todo ello queda claro en pantalla.

Como buen filme Pixar, Coco se puede disfrutar por grandes y chicos. Quizás los niños no capten muy bien los temas de fondo que trata, pero gozarán de lo lindo con el gran espectáculo visual de la película, y con la aventura propiamente tal, mientras que el adulto quedará conmovido por la historia principal.

Porque disfrazada de historia de un niño que quiere hacer realidad su sueño, en definitiva nos encontramos con una narración sobre el orgullo, el rencor, el perdón y el reencuentro. Cuando te das cuenta de eso, ya no puedes contenerte.

Aquí no estamos ante una emotividad forzada, de aquella que ya hay en numerosas otras películas. Coco te emociona genuinamente, apelando no a sensaciones básicas y simplonas, sino que te cala hasta lo más profundo.

Cierto, Coco tiene una carga de tristeza, de dolor, fuerte, pero un dolor necesario de atravesar, que debes sufrir para luego sentir fortalecido y reconfortado.

Sazonada con la tremenda banda sonora de Michael Giaccino, que además rescata la rica tradición del canto popular mexicano, interpretada por un enorme casting de voces (Coco es una película que hay que ver en español latinoamericano, tanto que en España no ha sido doblado en dicho acento, manteniéndose el audio latino) y la inagotable capacidad de Pixar para crear personajes entrañables y capaces de transmitir emociones totalmente convincentes, en el marco de un bello y respetuoso relato de una cultura y de sus tradiciones, Coco se levanta como una de las películas imprescindibles del año. Una de las mejores.

Veinte millones de espectadores en México, que la alza como la película más taquillera en la historia cinematográfica de ese país (industria que también es homenajeada durante un momento del filme) avalan lo anterior y dan fe de ello.

Pixar, la hiciste de nuevo. No, en realidad lo hiciste mucho mejor que la vez anterior.

****1/2

COCO

Director: Lee Unkrich

Voces:Luis Angel Gómez Jaramillo; Gael García Bernal;: Marco Antonio Solis; Angélica María; Angélica Vale; Eliana Ponitowska

Animación/ Fantasía

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

El Padre Fundador del Mito

Hace unos pocos días, se cumplieron 25 años desde el estreno de Bram Stoker’s Dracula, de Francis Ford Coppola, cosa que no es un hecho menor.

El vampirismo ha sido un pilar fundamental de la literatura fantástica y de terror desde sus orígenes, y uno de los leit-motiv más icónicos del cine casi desde su creación. Pensemos en Bela Lugosi, en Max Scherck, y sus versiones de Drácula y Nosferatu respectivamente.

Sin embargo, para 1992, salvo honrosas excepciones (interpretaciones que aportaron, al menos, la novedad, al género, como Salem’s Lot, Generación Perdida o las versiones que el cine B o el blaxplotation nos dieron acerca de Drácula y su parentela) el vampirismo estaba reducido al cliché. Cada vez que se citaba el tema, se trataba de situaciones burdas protagonizadas por un individuo pálido, de smoking, peinado a la gomina, que muere con la luz del sol, si mira de cerca una cruz o si se come un ajo.

Daba lo mismo que a nivel literario autores como Anne Rice hubiesen reinventado el mito vampírico (pensemos en su saga del vampiro Lestat), el cine se había quedado pegado en el estereotipo, y en las versiones más ridículas del mismo. De ahí que el filme de Coppola, mucho más cercano a la creación de Stoker, golpeara tan fuerte a la cultura popular en su época.

Siguiendo la narración original de Stoker, la historia se inicia durante las cruzadas, cuando el guerrero Vlad Tepes, el Empalador (Gary Oldman) vuelve a su castillo de Transilvania, descubriendo que su esposa Elizabetha (Wynona Ryder) se ha suicidado, tras creerlo muerto en batalla. Cuando el cura le advierte que por su suicidio, Elizabetha no entrará al Reino de Dios, Vlad, furioso, maldice a Dios, entierra su espada en la cruz del altar y bebe la sangre que de ésta empieza a brotar.

Cuatro siglos después, en 1897, el joven abogado Jonathan Harker (Keanu Reeves) viaja a Transilvania, contratado para regularizar las propiedades de un anciano conde, llamado Dracula (Oldman). Durante la cena, Harker le comenta acerca de su compromiso con una joven de la alta sociedad londinense, Mina Murray (Ryder), enseñándole su retrato al conde.

Constatando que Mina es la encarnación de Elizabetha, el conde, que no es otro que Vlad Tepes, retiene a Jonathan contra su voluntad en sus dominios, y viaja a Londres, en busca de su prometida…

Parte de esta historia era relativamente conocida, pero Coppola apostó por ahondar en los orígenes del personaje, dejando en claro que la maldición de la que Drácula es objeto, no es mera casualidad, sino consecuencia directa de contradecir a Dios, y del pacto satánico que firmó al beber la sangre emanada de la cruz que acaba de maldecir.

Coppola no descuida el factor fantástico de la historia. No se olvida de la naturaleza del personaje cuya historia nos cuenta: inmortal y dotado de habilidades sobrenaturales, lo cierto es que éstas están lejos de ser un don. son parte de su condena y de la maldición que infecta todo lo que le rodea.

El filme recoge ese aspecto de la historia, el más reconocible, pero el verdadero meollo del asunto es que Drácula es, por sobre todo, una historia de amor.

Un amor maldito, condenado, obsesivo incluso. Pero amor al fin.

Fue este amor el que lleva a Vlad Tepes a maldecir a su creador. Ese amor que se vuelve obsesión lo lleva a Londres, desafiando a toda clase de fuerzas divinas o terrenales, para llegar a quien ve como reencarnación de la mujer que alguna vez amó y vio morir. Incluso, y por su parte, es el amor el que motiva a Jonathan Harker a enfrentar las extraordinarias capacidades de su anfitrión, jugándose la vida si es preciso, para no perder a su amada en las garras de su enemigo.

Puede que Drácula no tenga la grandeza de otras obras de su realizador (como El Padrino I y II, Apocalpsis Ahora, La Ley de la Calle) pero no vamos a negar que es uno de sus trabajos más celebrados y mejor recibidos. Visualmente atractiva, sobria e impresionante, narrada con precisión para mezclar los diferentes factores que componen la historia (romance, fantasía, terror, aventuras) y apoyado en un muy buen elenco. Gary Oldman supo estar a la altura del personaje y hacerlo aun mas grande todavía, sumándose a su enorme química con Winona Ryder.

Por todo lo anterior es que Drácula fue el título perfecto para devolver al vampirismo al situal del que nunca debió bajar.

***1/2

BRAM STOKER’S DRACULA

Director: Francis Ford Coppola

Intérpretes: Gary Oldman; Winona Ryder; Keanu Reeves; Anthony Hopkins; Richard Grant; Cary Elwes; Tom Waits; Sadie Frost

Terror/Romance

1992

fretamalt@hotmail.com   @panchocinepata

funciona con lo suficiente

En una pequeña aldea, al interior de Francia, vive Bella (Emma Watson), una joven normal. O casi normal.

Para sus vecinos, Bella es una chica rara porque pasa mucho de su tiempo leyendo, cultivándose y colaborando con Maurice, su padre, un excéntrico inventor (Kevin Kline), en vez de hacer lo que haría cualquier joven de su edad: lavar, limpiar, cocinar y dejarse cortejar por personajes como Gastón (Luke Evans) el egocéntrico e insufrible cazador y suerte de héroe local. Cautivado por la innegable belleza de Bella, Gastón no deja de acosarla a diario, pese a la permanente indiferencia de la chica.

Una tarde, al descubrir que Maurice ha sido capturado en un olvidado castillo cerca del pueblo, Bella va en su rescate. Luego de conocer al dueño del lugar, una gigantesca bestia humanoide (Dan Stevens), Bella toma el lugar de su padre, para que éste pueda escapar. Con los días, y gracias a un puñado de los extraños seres que circulan por el lugar, Bella va a ir conociendo mejor y descubriendo lo que hay más allá del hosco pelaje de la criatura…

Afrontemos la realidad. Cuando hablamos de La Bella y la Bestia, pensamos en el filme animado que Disney estrenara a fines de 1991, y que marcó uno de los puntos más altos en la historia del estudio (como parte de una camada que junto a La Sirenita, Aladdin y El Rey León constituyó una de las mejores generaciones de la compañía) y del cine animado, al punto que fue nominada al Oscar como Mejor Película (mucho antes que la Academia atinara a crear la categoría de Mejor Película Animada), conformándose con dos premios a mejor música y canción para Alan Menken, y ganando el Golden Globe como mejor comedia o musical.

Es decir, estamos hablando de palabras mayores. Por eso, armar un remake live-action de esta misma (la estrategia que están siguiendo los estudios Disney para subir sus bonos y demostrar que puede dejar huella en este campo si necesidad de recurrir a sus franquicias) era una apuesta complicada y riesgosa.

Sobre todo pensando los disparejos resultados de las anteriores experiencias del estudio en el tema. Ni Maléfica, ni Cenicienta, ni El Libro de la Selva lograron resultados unánimes en crítica, ni en taquilla (aunque El Libro… tuvo una positiva reacción por los organismos especializados).

La mejor manera de apreciar esta versión 2017 del musical basado en el relato de Jeanne-Marine Leprice de Beaumont es, en consecuencia, ignorar la existencia del filme de 1991, hacer como que no existe. Porque, para qué andamos con cosas, la original es una cinta nosecuantas veces superior, y el remake con actores y cgis no llega a tanto. Y la versión 2017 no merece tanto castigo.

Seamos cinéfilos sanos y evitemos caer en este tipo de conductas que nos llevan a la larga sólo a odiar por odiar, y ya hay hartos blogs de haters, canales de youtube de niños ratas y similares haciéndose cargo de eso.

Liberados de lo anterior, el trabajo de Bill Condon es bastante correcto y cumplidor. Es un filme entretenido, sobrio en su puesta en escena, y sin mayores pretensiones que desenvolverse con dignidad. Como que Condon sabía de antemano que hiciera lo que hiciera, siempre iba a terminar por ser comparado con el filme de 1991, así que, para qué iba a molestarse en ser muy pretencioso.

Lo cual a la larga resulta una postura sana.

Visualmente atractivo, siempre respetando la historia original…porque a la larga es una historia de amor entre dos seres marginados: ella por querer ser algo más que un estereotipo o un trofeo (la Sirenita y Bella fueron las primeras princesas Disney en romper con el esquema chica busca príncipe azul); él, víctima de una maldición derivada de su propia vanidad; con logrados números musicales y actuaciones convincentes: la verdad sea dicha, Emma Watson y Bella fueron separadas al nacer, aunque Dan Stevens funciona mejor como bestia que en su modo no hechizado, y Luke Evans logra un gran cometido como Gastón (realmente lo odiamos). Y aunque durante gran parte del filme no los vemos en persona, Ewan McGregor, Emma Thompson e Ian McKellen nos brindan un muy buen desempeño.

Difícilmente esta versión de la Bella y la Bestia deje alguna huella en la historia, pero no lo necesita. Eso ya lo hizo su par animado. Pero se defiende bastante bien y se puede disfrutar sin culpa alguna.

Una deuda menos.

***

BEAUTY AND THE BEAST

Director: Bill Condon

Intérpretes: Emma Watson; Dan Stevens; Luke Evans; Kevin Kline; Emma Thompson; Ewan McGregor; Josh Gad; Ian McKellen; Stanley Tucci

Fantasía/Romance

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata