Iluminación

Esto fue una iluminación.

Algún tiempo atrás, con Alexa_Wolf veíamos y contestábamos un test de un youtuber (si, hay algunos que valen la pena) sobre cine, y una de las preguntas era “Cuál es mi director favorito”.

Por una razón equis, jamás había pensado la respuesta con detención, así que me puse a pensar. Así, me di cuenta que muchos de mis directores favoritos tenían esa yayita, ese fail, que les baja los bonos.

Tim Burton (El Planeta de los Simios, casi todo lo que ha hecho después de Corpse Bride salvo Frankenwennie y quizás Big Eyes), Woody Allen, Kevin Smith (Cop Out, ciertamente un filme por encargo), Ridley Scott, James Cameron, Peter Jackson, Clint Eastwood, Rob Reiner, Danny Boyle, Robert Zemeckis, en fin, todos tienen a su haber películas que adoro, pero también una o más que no me han gustado para nada.

Asi llegamos al tío Steven.

Cayendo en cuenta que sus películas de Spielberg me gustan unas más que otras, vale, pero no encuentro ninguna que dijera que no me ha gustado.

Es cierto, dentro de la filmografía de Spielberg hay cosas que no me dejaron mucho gusto a algo. Warhorse, Lincoln, Amistad, Imperio del Sol. También hay un par de caídas feas por ahí (The BFG, Hook, Always), pero si los ponemos en la misma balanza que Tiburón, E.T., Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, Indiana Jones (las 4, yo no le hago la desconocida a la Calavera de Cristal, aún cuando soy consciente de sus fallas), Jurassic Park, La Lista de Schindler, Rescatando al Soldado Ryan, Inteligencia Artificial, Minority Report, Atrápame Si Puedes, La Terminal, Munich, Guerra de los Mundos, Las Aventuras de Tin Tin, Puente de Espías, The Post, Ready Player One…saquemos la cuenta.

Es cierto, puede que no tenga a ninguna de ellas en mi top 5 de películas favoritas de la vida, pero lejos el nombre que más se va a repetir cuando haga la gran lista gran de las mejores películas que he visto en la vida, será sin duda el del tío Steven.

Listo, ahi tenía mi respuesta.

(Luego reflexione un tanto más y me di cuenta que en la misma situación tengo a Christopher Nolan, a Quentin Tarantino, a Scorsese, a David Fincher, a Wes Anderson y, más recientemente, Dennis Villenueve y Damien Chazelle..pero al tío Spielberg..lo conozco desde chico, lo sigo desde chico y, bueno, antigüedad constituye grado).

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una vieja deuda, una luz de esperanza

Está bien, para el año 2006 yo aún no entraba en el tema del blogueo, a lo más publicaba reseñas más cortas en foros y en fotolog. Pero después de 2008, y teniendo la película en cuestión en dvd, pudiendo repetírmela más de una vez, no tenía excusa que valga. Nobleza obliga.

Dirigida por el gran Alfonso Cuarón, a partir de la novela de P.D. James, Children of Men (aquí exhibida como Los Niños del Hombre) es un relato bastante paradojal: una luz de esperanza para una sociedad sumida en el caos.

Es el año 2027. Han pasado 18 años desde que se ha registrado una crisis mundial de infertilidad y desde aquellos días no han vuelto a nacer niños, y los que nacían, no sobrevivían mucho tiempo. De hecho, el muchacho conocido como la persona más joven del mundo, acaba de fallecer tras haber resistido hasta los 18 años de edad.

Ello ha desatado el caos a nivel mundial. Solamente la Gran Bretaña ha sobrevivido, a base de mantener un sistema político militarizado, tanto para reprimir las crecientes olas de inmigrantes que llegan al país huyendo de sus destruidas naciones, y reprimiendo los no pocos focos de resistencia existentes.

En ese escenario, encontramos a Theo Faron (Clive Owen), alguna vez activista político, ahora convertido en un estandarizado burócrata. Cierto día, Faron es secuestrado por una célula del grupo revolucionario de Los Peces, encabezado por Julian (Julianne Moore), su ex esposa, con quien alguna vez compartió dentro de la resistencia, separados desde la muerte de su hijo Dylan, de apenas tres años. A cambio de una convincente suma de dinero, Theo aprovecha sus contactos para conseguir un pasaporte para que salga del país una joven llamada Kee (Claire-Hope Ashitey), y escoltarla durante el proceso.

Durante el proceso, luego de salvar apenas de un atentado, y de la persecución policial, Kee revela a Theo el motivo por el cual es tan valiosa: tiene ocho meses de embarazo, y es la primera mujer embarazada en casi dos décadas. Y debe abandonar la isla antes que su hijo sea utilizado políticamente por uno u otro sector.

Estamos ante una distopía, entendiendo por tal una sociedad ficticia que, a diferencia de la utopía (el tipo de sociedad que queremos que ésta sea), es una que no queremos que suceda. Sin embargo, la apertura de recintos donde tener a los inmigrantes detenidos, por órdenes de Donald Trump hace unas semanas atrás, son un signo inequívoco de que para allá vamos.

Pero, como dije antes, y a diferencia de mucha ciencia ficción de anticipación, Children of Men es, a la larga, una historia de esperanza. Una ínfima posibilidad de salvación en un mundo condenado.

El filme no nos explica las razones por las cuales sucede, pero podemos inferirlas, en una sociedad en que han proliferado los antivacunas, las terraplanistas, y en general todos aquellos incautos que caen en el profeta del apocalipsis de la semana (¿es posible calcular la magnitud del daño que ha causado Salfate en la población? Antes que sea tarde, quiero decir). La especie humana camina al borde de su extinción. La pobre posibilidad de sobrevida de los niños fue el primer paso, la infertilidad humana el siguiente. La desesperación, el caos y la respuesta armada para proteger el bienestar de algunos cuantos los próximos.

Cuarón consigue construir este oscuro provenir, este desolador panorama, de manera convincente, enfocando en la situación de Theo, el protagonista de este relato, respetablemente interpretado por Clive Owen (actor que aunque de un tiempo a esta parte se ha perdido un poco, es de aquellos que cuando hace las cosas bien, lo hace muy bien, como en el caso de esta película). Alguna vez revolucionario, ahora convertido en un personaje desencantado con la situación, que ha terminado por acomodarse a ella, y por acostumbrarse a la comodidad que da la indiferencia. Ello marca ciertas diferencias con su ex mujer (si Julianne Moore ha tenido una actuación criticable en su carrera, no es ésta, para nada), quien se ha mantenido en la clandestinidad y en la contracultura.

Theo, finalmente, es hijo de la sociedad en que le ha tocado desarrollarse. Una consecuencia del desolador escenario en que vive.

Hasta que se reencuentra con Julian, reunión que lo llevará tarde o temprano a reencontrarse con una parte dormida de sí mismo, y a replantearse su cosmovisión.

Haciendo gala de ese notable oficio que le hemos conocido a Cuarón a lo largo de su carrera, podemos perfectamente hacer un paralelo entre el camino que Theo recorre, desde la indiferencia y el desencanto, hasta la renovación de la fe en si mismo, y en la humanidad, encarnada en Kee y su embarazo, y el proceso que el mundo está por enfrentar con ocasión del mismo. Esto no va a ser un proceso gratuito, no son pocos los interesados, para sus propios objetivos, en ponerle las manos encima a la chica y a su criatura, sabiendo lo que ésta representará. Cuarón, de la mano de su habitual fotógrafo, el gran Emmanuel Lubezki, no repara en detalles para contar el difícil trayecto que deberá recorrer la última esperanza de la humanidad antes de irse al abismo.

Por sus innegables virtudes cinematográficas, Children of Men es un filme del que no hay que prescindir. Y por mucho que hayan pasado casi doce años desde su estreno, no ha envejecido un segundo, sino que, por el contrario, y gracias a la actual situación mundial, donde a los inmigrantes se les encierra como animales, donde unos iluminados prefieren ver morir a sus hijos antes que medicarlos, y en el que el ser humano se ha encerrado cada vez más en su propia esfera, esta cinta resulta muy actual.

Trágicamente actual.

****

CHILDREN OF MEN

Director: Alfonso Cuarón

Intérpretes: Clive Owen; Julianne Moore; Michael Caine; Claire-Hope Ashitey; Chiwetel Ejiofor; Danny Huston

Ciencia Ficción/Drama

2006

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Misión: Imposible; un recuento

No son muchas las sagas de películas que pueden afirmar que han pasado de los cuatro o cinco episodios, manteniendo o incluso mejorando su nivel. James Bond es el mejor ejemplo. Rocky también es una buena demostración. Sorprendentemente para muchos, Rápido y Furioso ha quedado en este grupo. Harry Potter incluso, aunque esta serie ya venía con el background de las novelas. Son pocas, realmente. Ni siquiera vacas sagradas como Star Wars o Star Trek han conseguido mantener un ritmo uniforme a la largo de su historia.

Dentro de este grupo podemos anotar una serie que por estos días estrena su nuevo capítulo, el sexto, en este caso. Misión Imposible: Repercusión viene con un hype gigantesco, gracias a la prácticamente unánime elogiosa aceptación a nivel especializado. Así, a 22 años de su inicio, la saga encabezada por Tom Cruise -un tipo al que podrán criticarle muchas cosas, pero cuando hace las cosas bien, las hace realmente bien- no sólo goza de muy buena salud, sino que garantiza seguir avanzando por muy buen camino.

Como aún no veo este capítulo 6, y para estar preparados, y como sabemos que la memoria es frágil (22 años son 22 años), ofrecemos aquí un pequeño compendio de las cinco entregas anteriores de la versión cinematográfica de la saga que hace medio siglo presentara Bruce Geller, en plena guerra fría y con el consiguiente boom del espionaje, en la que se nos hicieron familiares los rostros de Peter Graves, Martin Landau, un jovencísimo Sam Eliott, y hasta vimos por ahí a Leonard Nimoy.

Esta columna no se autodestruirá después de cinco segundos, pueden leerla con calma.

MISION: IMPOSIBLE (1996)

Director: Brian De Palma.

Uno de los directores fundamentales del último cuarto del siglo 20 asumió la tarea de devolver a la vida esta legendaria franquicia y reescribirla para ajustarla a estos nuevos tiempos, sin muro de Berlín, sin Unión Soviética, sin guerra fría, donde los rivales en conflicto son distintos.

La película arranca con una operación de la fuerza M:I, encabezada por el experimentado agente, Jim Phelps (Jon Voight), en Praga, contando entre sus operativos al cada vez mejor calificado agente Ethan Hunt (Cruise). La misión es saboteada y, salvo Hunt, todos mueren en el operativo. En el seno de la organización, Hunt es el principal sospechoso del sabotaje, durante el cual importante información acerca de la agencia es robada, por lo que el agente deberá reunir su propio equipo para probar su inocencia, limpiar su nombre y recuperar la información robada, aun cuando más de una agencia está pisándole los talones.

Gran arranque para esta saga, destacando el muy buen trabajo de De Palma (¿qué le pasó a este director después?) para armar una historia que atrapa de principio a fin. Debuta en esta saga Ving Rhames, encarnando a Luther, personaje que se repetirá en el resto de la serie, y coprotagonizan Emanuelle Beart, Kristin Scott-Thomas, Jean Reno, Vanessa Redgrave.

MISION: IMPOSIBLE 2 (2000)

Director: John Woo

Un laboratorio ha desarrollado un contagioso y mortal virus llamado Chimera, pero al mismo tiempo ha creado su antídoto, Belerephone. Los prototipos de ambos compuestos son robados por un ex agente de M:I, Sean Ambrose (Dougray Scott), y la fuerza recurrirá a Ethan Hunt para detener a Ambrose, evitar que venda los prototipos en el mercado negro o, peor todavía, libere el virus para especular con el valor del antídoto.

Es para muchos el episodio más flojo de la saga (con todo el respeto que le tengo a John Woo, pero parece que su estilo no se acomodó muy bien con el espíritu de esta franquicia), pero aún así fue harto mejor que el grueso de las películas dentro del campo de la acción. Repite Rhames, coprotagonizan Thandie Newton, Brendan Gleeson y Anthony Hopkins en un pequeño y no acreditado papel.

MISION: IMPOSIBLE III (2006)

Director: J.J. Abrams

Seis años debieron pasar hasta esta cintaque marca el debut en las ligas mayores de Hollywood de Abrams, tras triunfar en pantalla chica con Lost.

En esta entrega, Ethan Hunt está retirado de las operaciones de campo. Tiene una novia, Julia (Michelle Monaghan), y planes serios de retirarse definitivamente, casarse, y tener una vida normal. Sin embargo, la fuerza M:I lo requiere para una última operación: rastrear y capturar a Owen Davian (Philip Seymour Hoffmann), un inescrupuloso traficante de armas, en cuyo poder se encuentra una temible arma de destrucción masiva. Hunt lo encuentra, pero no contaba con que Davian tiene una carta por jugar…

Abrams reconcilia la historia con su vocación original por el espionaje, del que se había alejado con Woo, y de aquí en adelante MI no hizo más que fortalecerse. Repite Rhames, debuta Simon Pegg en el rol del analista Benji Dunn, y coprotagonizan Billy Crudup, Laurence Fishbourne, Jonathan Rhys Meyers, Keri Russell y Maggie Q.

MISION: IMPOSSIBLE- PROTOCOLO FANTASMA (2012)

Director: Brad Bird

Otra secuela que se hizo esperar, pero que justifica plenamente el tiempo transcurrido, con el debut de Bird en el mundo del live-action.

Tras el asesinato de un agente de M:I en Moscú, y el robo de los códigos nucleares rusos por parte de una organización terrorista, Ethan Hunt y su equipo se trasladan a Moscú, a seguir los pasos de este grupo. Sin embargo, durante la operación, el Kremlin sufre un grave atentado, el cual es atribuido a M:I. Los gobiernos del mundo deciden congelar esta agencia mientras dure la investigación, activando el llamado Protocolo Fantasma.

Sin finanzas ni el apoyo de una organización de inteligencia, Hunt y su equipo deberán estrujar al máximo sus escasos recursos para detener a esta banda, antes de que esta ponga en acción los códigos de lanzamiento de misiles, provocando una nueva guerra mundial.

Repiten Pegg y Rhames. Debuta Jeremy Renner en el rol de Brandt, un joven agente de la CIA vinculado a Hunt para vigilarlo, pero que termina siendo parte fundamental de su equipo. Coprotagonizan Paula Patton, Michale Nyqvist, y Josh Hollowaym entre otros.

MISION: IMPOSIBLE-NACION SECRETA (2015)

Director: Christopher McQuarrie

Esta vez sólo tomó tres años de espera, a cargo de un director con muchos años de trabajo como guionista, pero que recién se anotaba aquí su tercer filme, tras arribar a la saga de la mano del propio Cruise, a quien ya había dirigido en la subvalorada Jack Reacher.

Luego de sus últimas misiones, la política estadounidense ha mostrado sus sospechas en relación a la eficacia de la agencia M:I y ha recomendado su disolución y anexión a la CIA, en momentos en que un equipo encabezado por Ethan Hunt ha dado con el paradero de la entidad terrorista y criminal conocida como The Syndicate. Tras la anexión, y al no acatar las órdenes de sus nuevos superiores, Hunt sigue los pasos del Syndicate, en calidad de fugitivo y renegado, sobre quien pende una orden de captura..o muerte.

Repiten Renner, Rhames y Pegg. Debuta Alec Baldwin, en el rol de Alan Hauley, agente de la CIA a cargo de la incorporación de M:I a esta oficina, y Rebecca Ferguson, en el rol de una agente doble que opera entre el Syndicate y M:I. coprotagonizan Sean Harris y Tom Hollander.

Según se lee en la sinopsis, gran parte de lo que sucede en M:I.Repercusiones es consecuencia de Nación Secreta, siendo la primera vez que una película de esta saga es efecto tan directo de su antecesora. Además debe ser la primera película de la saga que repite muchos de sus personajes anteriores (sale Renner, vuelve Michelle Monaghan, cuyas apariciones en los filmes 4 y 5 habían sido tangenciales), además de contar la comentada incorporación de Henry Cavill y su bigote. Como fuera, Repercusiones viene con los bonos muy altos.

Y dados los antecedentes, no me extrañaría nada si cumple –o supera- las expectativas generadas.

Espero que esta información les haya sido útil para no llegar perdido al cine. Imprímala, leala, memorícela…y finalmente, comásela. O quémela, destrúyala simplemente, como quiera.

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inmejorable antecedente

Ya que hemos recordado los 10 años de The Dark Knight, ha vuelto a ponerse en el tapete la conversación acerca de las fuentes a partir de las cuales Christopher Nolan armó el segundo capítulo de su trilogía dedicada al Hombre Murciélago, celebrada, como se dijo, por sacar del entorno fantástico al personaje y trasladarlo a un universo que podría pasar por real en cualquier país del mundo.

Para casi la unanimidad de críticos y estudiosos, la influencia más clara vino de la mente de Michael Mann, lo cual no es de extrañar. Mann ha sentado su carrera tomando como base historias de personajes solitarios, que creen firmemente en hacer lo correcto, aunque sus métodos no sean, precisamente, los correctos. Considerando la interpretación que Nolan hace de Batman, como un personaje atormentado, que pretende purgar sus propias culpas, exorcizar sus muchos demonios internos combatiendo el crimen, convirtiéndose en el monstruo que una ciudad tan perdida como Gotham necesita para su supervivencia, la conexión con la visión que Mann tiene del mundo, manifestada en su cine, resulta lógica.

El Batman de Nolan, lejos de la oscura fantasía de Tim Burton o de la excesiva fluorescencia de Joel Schumacher, se emparenta mucho más con personajes como Will Graham (Cazador de Hombres), al Jeffrey Wigand (Russell Crowe) que pone en riesgo su seguridad personal y su estabilidad financiera al desafiar a la gran industria del tabaco (El Informante) o a Max (Jamie Foxx), ese bien intencionado taxista que tiene la mala idea de tomar de pasajero a un asesino a sueldo (Colateral). Todos grandes personajes concebidos por Mann a lo largo de su filmografía, que algún día espero tener el valor suficiente para analizar aquí.

Pero hay un título de la filmografía Manniana cuya influencia es patente en The Dark Knight, ese es el que nos convoca en esta oportunidad: Heat (Fuego Contra Fuego), filme de 1995 cuyo principal gancho fue la primera vez que en pantalla se reunían Robert De Niro con Al Pacino. Si, es cierto, coincidieron en El Padrino Parte II 21 años antes, pero no compartían escena, ni lo habían hecho hasta entonces (y de hecho, sólo se reencontrarían en 2007, en la floja Righteous Kill, y en The Irishman, bajo la dirección de Martin Scorsese, a estrenarse en breve en Netflix). Pero nos estamos saliendo del tema.

Fuego Contra Fuego, también escrita por Mann, es una historia que se cuenta desde dos puntos de vista: un héroe (o antihéroe, si quieren) y un villano. Cada uno con sus propios motivos, intereses y problemas. Dos personajes cuyos caminos terminan confluyendo (¿les suena?)

Uno es el ladrón profesional Neil McCauley (Robert De Niro), un genio del crimen de Los Angeles, líder de una banda de asaltabancos de gran nivel. Especializados en robar grandes bancos, bóvedas y transportes de valores, McCauley quiere dar un último gran golpe, retirarse de la vida criminal con los suficientes recursos para asegurarse un futuro y, dejar de eludir a la justicia como ha hecho a lo largo de toda su vida.

En la vereda del frente está el detective Vincent Hanna (Al Pacino), el experimentado jefe de la división de Robos y Homicidios de la policía de Los Angeles. Ex marine y dedicado por entero a la labor policial, aunque eso le ha provocado una complicada vida familiar, ha encabezado muchos procedimientos contra peligrosas bandas criminales, siendo la de McCauley la que más le ha costado agarrar, convirtiéndose casi en una obsesión.

En rigor, no se conocen. Apenas se han visto personalmente. Sin embargo, están por llegar al punto que marcará la cúspide de sus respectivas carreras. Y sobre la marcha, irán descubriendo que su principal desafío será vencer al otro, toda vez que están frente al rival más brillante que les ha tocado enfrentar.

Si bien el cine de Michael Mann se enmarca dentro del género de la acción y el suspenso (no seré yo quien ponga en duda su maestría en este campo, y de eso Heat tiene por montones), Mann enfoca más allá de eso. Las secuencias de acción, persecuciones, balaceras, explosiones, dentro del cine de Michael Mann alcanzan un nivel inusitado, si uno puede encontrar belleza, arte, en una secuencia violenta, tiene que darse una vueltecita por la filmografía de Michael Mann, especialmente esta película, donde, como casi ningún otro realizador, la ciudad, el entorno, son un personaje más de la historia. No vamos a descubrir ahora que Mann filma, fotografía, visualiza y hace realidad esas visiones como un superdotado.

Pero Mann no se queda en eso. Mann va más allá del “te disparo porque soy el malo, te detengo porque soy el bueno”. Mann es un gran conocedor de la naturaleza humana y lo demuestra, exponiendo personajes con matices interesantes.

Los personajes de Heat trascienden de lo estrictamente blanco y negro. McCauley es un criminal, eso es indiscutible, y un genio, pero tiene una chispa de humanidad: está cansado, no de los beneficios que podría reportarle su actividad criminal, sino de los costos. Por eso quiere parar. Parar de huir de la justicia, de planificar, de tener que estar atento hasta el más mínimo detalle. Y aspirar a una vida como la de cualquier otro.

De Hannah, a su vez, nos queda claro que es el héroe. No necesitamos indagar mucho para entenderlo, nos basta con tomar en cuenta su currículum, su carrera, su prestigio profesional. Es un tipo que vive para su trabajo policial. Lo cual ha tenido sus costos: un fracaso matrimonial tras otro, incapacidad para conectar con su propia gente, y un manto de culpa sobre él, a causa de lo mismo, culpa que quiere purgar. No sabe cómo, y en rigor tampoco se atreve a averiguarlo.

Las cercanías entre ambos, los detalles, matices, aspectos en común que existen entre perseguidor y perseguido son más de los que ellos mismos están dispuestos a reconocer, al margen de asumir cada uno que el otro es el mejor en lo que hace. Y esta dicotomía, esta relación “espejo” entre Hannah y McCauley es el esqueleto donde, con la excusa de una historia policial, Mann se lanza de piquero a analizar la condición humana, la situación del hombre dentro del grupo humano, sea el más cercano (la familia, los amigos, el entorno laboral) como respecto de la sociedad en su conjunto.

Los mejores aliados de Mann, en este sentido, son Pacino y De Niro. No solamente logran un desempeño extraordinario, cada uno en sus papeles, siendo lo bastante respetuosos entre sí para hacer su trabajo, sin opacar al de su compañero de reparto, sino que son lo bastante conscientes de la relevancia de sus personajes en la historia, que la sostienen en conjunto y con grandeza, encabezando un casting que sólo amerita aplausos.

Con este antecedente, era lógico que The Dark Knight se alzara como una de las grandes películas de estos tiempos. Cuando una de tus fuentes es una de las películas imprescindibles de su década, y de los últimos 25 años, no sólo gana tu película, sino que engrandeces aún más a la que te sirvió de inspiración.

****1/2

HEAT

Director: Michael Mann

Intérpretes: Al Pacino; Robert De Niro; Jon Voight; Val Kilmer; Tom Sizemore; Ashley Judd; Amy Brenneman; Natalie Portman; Hank Azaria; Danny Trejo

Policial

1995

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obediencia…¿pero a quien?

Cuando se entera que su padre, un influyente rabino londinense, ha fallecido, la fotógrafa Ronit Krushka (Rachel Weisz), residente en Nueva York, debe regresar al antiguo barrio judío en que vivía, y del que partió hace años, y no en las mejores condiciones, para despedir al único familiar que le quedaba.

Dadas las circunstancias de su partida, la llegada de Ronit encuentra desprevenido a su entorno familiar y social, especialmente en el matrimonio Kuperman, entre el rabino Dovid Kuperman (Alessandro Nivola) y su mujer, la profesora Esti (Rachel McAdams), amigos desde la infancia de Ronit, amistad que tuvo mucha relación con los motivos de que ésta abandonara el país…

El cada vez mayor respeto que el cine chileno está logrando en la gran industria del cine está dando sus frutos. Ya lo estaba demostrando Pablo Larraín, y ahora le tocó a su colega y amigo Sebastián Lelio, quien luego de los triunfos de Gloria y, sobre todo, Una Mujer Fantástica, hizo lo propio con Disobedience, estrenada en  Toronto durante septiembre de 2017, y que este año tuvo su pasada por el circuito comercial. Y vaya que da gusto los espacios que van ganando.

Da gusto, más allá del chovinismo de partido de fútbol, o del oportunismo de turno. Da gusto que los premios obtenidos no se le suban a la cabeza a nuestros realizadores, y sigan viendo las cosas claras para seguir creando.

Disobedience tiene algunos puntos en común con Una Mujer…: un fallecimiento es el punto de partida de la historia; la aparición de un personaje que convulsiona un entorno cerrado, convencional y preestablecido, y la lucha de este personaje por sobreponerse a dicha resistencia y alcanzar su objetivo, que tampoco es tan extraordinario: despedirse de un ser amado.

Las desventuras de Ronit  no difieren mucho con las de Marina (Daniela Vega) si uno las piensa bien. En ambos casos estamos ante personajes que han debido enfrentar entornos hostiles. Con la salvedad quizás que Marina viene llegando a un entorno ya establecido (la familia de su ex pareja, reticente a acoger en su seno a una “degenerada”).

Ronit viene de escapar de un mundo al que se ve obligada a retornar: la tradicional, rígida y ortodoxa comunidad judaica de la que formó parte alguna vez. Comunidad que tuvo que dejar cuando sus costumbres no se ajustaron a lo que el grupo humano esperaba de ella.

Por otro lado, tenemos a Esti, directamente involucrada en la situación (no tardamos en entender por qué), que no huyó.

Este es el momento en que Lelio, sin caer en la tentación de juzgar a una, a la otra, o a la comunidad, plantea el debate, en torno a las actitudes de cada una.

¿Fue una cobarde Ronit al marcharse, o por el contrario, hizo lo correcto para su propio bienestar y respeto por sí misma, o más bien fue lo único que le quedaba? ¿Su regreso es una provocación? ¿Fue Esti más valiente al quedarse y hacer frente a las críticas, o en realidad no hizo más que agachar el moño?¿O la culpa de todo recae en su entorno, demasiado cerrado a otras maneras de abordar la vida y las relaciones personales entre sus integrantes, demasiado estricta para reprimir lo que se sale un milímetro de sus márgenes?

Un poco de cada cosa, quizás. Depende de cada uno asignarle más o menos valor a cada una de estas hipótesis, y uno no puede dejar de agradecer que el cine siga manteniendo esa aptitud para generar debate en torno a temas relevantes. El problema viene en el último cuarto de hora de película, y no sé en qué parte termina la responsabilidad de Lelio y empieza la del texto original, la novela de la inglesa Naomi Alderman, pero la resolución de la historia, en vez de jugársela, de arriesgarse, cosa que ya ha hecho durante casi todo su desarrollo, opta por un final que trata de dejar contentos a todos.

Ello no impide valorar el muy buen trabajo de Lelio como director, ni que nos de gusto los logros que está alcanzando a nivel internacional (¿a qué no causa orgullo la leyenda “from the Academy Award Winning!”). Demostrando que los éxitos derivados de Una Mujer Fantástica no son fruto de la casualidad, sino de un talento en constante desarrollo, que no se ha agotado luego de ganarse un Oscar, sino que aún tiene mucho que ofrecer.

***

DISOBEDIENCE

Director: Sebastian Lelio

Intérpretes: Rachel Weisz; Rachel McAdams; Alessandro Nivola; Anton Lesser; Cara Hogan

Drama

2017

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adelantando el cierre

Treinta años después de perder a su esposa, Janet Van Dyne, Wasp (Michelle Pfeiffer) al reducirse a nivel subatómico durante una misión, el físico Hank Pym, Antman (Michael Douglas), junto a su hija Hope (Evangeline Lily) han desarrollado una tecnología que permitirá ingresar al llamado reino cuántico, y encontrar con vida a su mujer.

Mientras tanto, a dos años de la batalla que los Avengers sostuvieron entre sí en Alemania, Scott Lang (Paul Rudd), el actual Antman, y parte del bando derrotado en esa reyerta, está a dos días de cumplir su arresto domiciliario.

Una noche, tiene una visión que involucra una de sus pasadas aventuras como Antman en el reino cuántico, que lo vincularía a Janet Van Dyne. Ello lo lleva a contactar a Pym y, a regañadientes de éste, colaborar juntos, aunque eso comprometa el cumplimiento de su condena, y tratando, infructuosamente de llamar la atención…

Si, a muchos nos parece una torpeza que Disney haya agotado el grueso de sus blockbusters a mitad de temporada, especialmente cuando los resultados de casi la mitad de ellos no fueron los esperados (a los éxitos de Black Panther-febrero-, Avengers Infinity War-fines de abril- y Los Increíbles 2-junio- hay que contraponer los fracasos de Han Solo-mayo- y la intrascendente A Wrinkle In Time- marzo). De hecho, Ant-Man and the Wasp cierra la temporada Marvel por éste año, que sólo se reiniciará en marzo de 2019 con el estreno de Captain Marvel.

Eso es bueno por el tema del hype, considerando las consecuencias de Avengers Infinity War, pero ¿será saludable ceder tanto espacio? Sabemos que la fórmula MCU hasta ahora ha sido imbatible ¿pero podrá sostenerse durante estos nueve meses que va a estar en standby, sólo con lanzamientos en blu-ray?

Christopher Robin, Return of Mary Poppins y The Nutcracker (las próximas apuestas live-action de Disney, y sabemos que ese ha sido el flanco débil de la casa de Mickey por años), Wi-Fi Ralph y Venom (Marvel, pero que no será parte del MCU), serán las apuestas de esta empresa de aquí a fin de año, y ninguna puede verse lo bastante fuerte como para parar a Teen Titans Go!, Bumblebee, Animales Fantásticos 2 y Aquaman.

Lo concreto es que Marvel (MCU) se despide de esta temporada con un filme que, repitiendo la fórmula de su primera parte de 2015, que a su vez replicaba el modelo de la primera Guardianes de la Galaxia, en cuanto personajes poco y nada conocidos por el gran público, apostando por un tono más lúdico, por sobre la épica propia del superhéroe.

Así, el director Peyton Reed insiste en su visión de Antman como comedia, sin descuidar el factor heroico. Y funciona. En tiempos en que se discute el exceso de chistes en el marco de la fórmula MCU, en el caso de esta secuela sus mejores momentos son los humorísticos (lógico, si Reed es de ese mundo del que viene), lo que marca además un necesario contrapunto luego de la tragedia que terminó siendo Infinity War, y que ayuda a pasar a la siguiente etapa sin atragantarse, o soportando mejor el sabor amargo que deja la conclusión de la última película de Avengers.

Infinity… es el plato de fondo, y Antman.. el postre o bajativo, si sirve la analogía. Sobre todo pensando en el intervalo que ha de transcurrir hasta el próximo capítulo de la saga.

No es un filme extraordinario, pero sí lo bastante correcto como para cumplir con lo que se le pide: que entretenga (lo hace, las casi dos horas que dura ni se sienten), que tenga momentos emotivos (los tiene, y convencen), que tenga buenas secuencias de acción (las hay, y funcionan) y, pensando su vocación de comedia, que hayan momentos graciosos. Estos últimos abundan, principalmente de parte de Luis, el gran secundario a cargo de Michael Peña (uno de los mejores secundarios Marvel, por cierto), y sus socios, y en menor medida de la familia Lang.

No sé que tan poderoso pueda ser este filme para mantener en calma a la fanaticada hasta el estreno de Captain Marvel, y sigo con la duda de si sea buena idea adelantar tan luego el cierre de temporada a nivel de MCU, pero sirve para cerrar con mejor semblante el año, después de la tragedia que le antecedió.

***

ANT-MAN AND THE WASP

Director: Peyton Reed

Intérpretes: Paul Rudd; Evangeline Lily; Michael Douglas; Michelle Pfeiffer; Lawrence Fishbourne; Hannah John Kamen;  Michael Peña; Judy Greer; Bobby Cannavale; Walton Goggins; Abby Ryder Forston.

2018

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a los dos les faltaba lo mismo

Es cierto, la filmografía de Clint Eastwood luego de Gran Torino (2008), se ha vuelto un tanto irregular. Si bien los últimos años ha tenido sus aciertos, ninguna de sus producciones más recientes ha estado a la altura de sus hitos principales. Todavía no ha vuelto a sacar algo tan grande como Los Imperdonables, Río Místico, Million Dollar Baby la ya citada Gran Torino, o un par de filmes que normalmente pasan de largo en los recuentos de sus grandes momentos: Medianoche En El Jardín del Bien y del Mal, y, lo que nos convoca en esta oportunidad: Un Mundo Perfecto.

Estrenada hace 25 años, esta historia transcurre en Texas, en 1963. Luego de escapar de prisión junto a su compañero de celda, Robert “Butch” Haynes (Kevin Costner) irrumpe en la casa de una madre soltera, y sus tres hijos, todos testigos de Jehová muy devotos. Haynes y su compañero roban el auto de la dueña de casa, llevándose a Philip (T.J. Lowther), de ocho años, el único varón de la familia, como rehén.

La fuga de Haynes pronto se convierte en prioridad para el gobernador, en plena campaña electoral, quien destina todos los recursos a la búsqueda de los reos y su prisionero, asignando al sheriff  Red Garnett (Clint Eastwood) a encabezar la operación, asignándole como compañera a la criminóloga Sally Gerber (Laura Dern), lo que Garnett ve como una intromisión puramente política en su labor policial.

A poco andar, Haynes mata a su compañero, harto ya de su actitud descontrolada, para luego fijar rumbo a Alaska, junto a Philip. Y durante el viaje, entre prófugo y rehén nace una estrecha relación que nadie esperaba que surgiera…

A partir de un guión de John Lee Hancock (que repetiría con Eastwood en Medianoche en el Jardín…) Un Mundo Perfecto es una película que funciona muy bien en diversos frentes:

Como Road Movie. Esto no da para mucho análisis, basta con verla.

Como película de persecución, que sirve de excusa a la historia: una historia de gato y ratón donde el ratón resulta ser más escurridizo y ágil que sus perseguidores, quienes pese a sus recursos, a sus esfuerzos, más de una vez terminan siendo burlados por su presa, persecución que llegará hasta las últimas consecuencias.

Y, sobre todo, como película acerca de la condición humana y las relaciones entre las personas, lo que también podemos examinar desde varios frentes.

En la relación entre Red Garnett y Sally Gerber. El, un hombre de acción, curtido por la vida que le ha tocado (y ha escogido) vivir. Ella, una joven bien intencionada, bien calificada, pero a la que le falta calle. Lógico, a Garnett no le causa mucha gracia tener a una burócrata enviada por el poder político con fines claramente de campaña (el gobernador va a la reelección), pero conforme avanza la persecución, la relación entre ambos pierde la tensión, se acortan las distancias entre los dos, y comienzan a entender, recíprocamente, sus acciones y motivos.

Indirectamente hay un vínculo entre Garnett y Haynes. Aunque el prófugo, cuya carrera delictiva empezó a muy temprana edad, no lo recuerda, pero fue un joven Garnett, con poco tiempo sirviendo a la policía, lo arrestó, siendo su primera detención. Garnett, según confiesa a lo largo de la historia, se da cuenta de lo inteligente que es Haynes, del porvenir que le podría esperar si sigue por el mal camino, y recomienda a un juez amigo suyo detenerlo. La fuga de Haynes, que da pie a esta historia, le recuerda a Garnett una culpa que ha sentido a lo largo de su vida, al notar que su decisión provocó totalmente lo contrario de lo que pretendía. El factor emocional involucrado en la persecución por parte del sheriff es enorme, quien por razones que sólo él entiende quiere dar con el prófugo vivo, más allá del mero buen cumplimiento del deber.

Finalmente, pero no menos importante, es más, este es el corazón mismo de la historia, es el nexo que nace entre Haynes (quien piense que Kevin Costner es un desastre como actor por malas decisiones como El Guardaespaldas, Waterworld o The Postman, bueno, sirva este personaje para que se deje de hablar estupideces) y Philip (soberbia actuación del entonces pequeño T.J. Lowther). Y no tiene nada que ver con el Síndrome de Estocolmo. Aquí el nexo va mucho más allá de eso.

Ambos son hijos de padre ausente. Ambos se han criado en un entorno de privaciones y limitaciones. Ambos son mentes realmente despiertas. Los puntos que los unen son demasiados, los dos son lo bastante inteligentes como para darse cuenta. Más allá de la evidente criminalidad de Butch, Philip ve en él una persona de fiar, una persona que le puede dar esa cercanía que su madre, por bien intencionada que sea, no podrá darle. Butch, a su vez, ve en el niño la posibilidad de ser lo que a él le faltó.

Si bien esto no va a reparar sus terribles antecedentes, Butch encuentra en Philip una oportunidad de redimirse, de hacer las paces con la vida y consigo mismo, una tónica en la filmografía de Eastwood (lo hemos advertido cuando hemos reseñado otras obras del  autor).

No deja de ser interesante, que 25 años antes que filmes como Logan o La Guerra del Planeta de los Simios volvieran a poner en la palestra el concepto de “western crepuscular”, (aquel en que sus protagonistas han llegado a un momento de sus vidas en que deben enfrentar su pasado, a los fantasmas que durante toda su existencia le han acosado, y ya no podrá evitarlos más, para poder avanzar a la siguiente fase con las paces hechas), un director como Eastwood, quien prácticamente inventó este concepto en filmes como El Fugitivo Josey Wales, haya recurrido a esta idea para contar esta historia.

Porque ambos protagonistas se encuentran en un momento vital. Cuando entendemos los motivos por los que Butch busca llegar a Alaska, sabemos que es para enfrentar un episodio de su pasado que lo marcó para siempre, encontrando un atisbo de redención, en la relación que entabla con el niño. Garnett, por su parte, busca la oportunidad de arreglar las cosas con Haynes, a quien por querer ayudar, terminó empujando al abismo.

Así, de la nada, le hemos encontrado a Un Mundo Perfecto dos lecturas más: como película crepuscular y de despedida, y en cierto modo, una película acerca de conocerse mejor a sí mismos. Sobre todo Haynes, quien por el camino va descubriendo que pese a los años que ha pasado en el lado oscuro, aún queda humanidad en su interior.

Todo ello en un contexto histórico no menor: es noviembre de 1963 y estamos en Texas, a pocos días de la llegada del Presidente Kennedy. Nadie lo sabe, pero en pocos días más, el país quedará descabezado. O, por qué no, huérfano.

Un cuarto de siglo ha transcurrido de esta película, y todavía no veo una edición en dvd o br alusiva (no la hubo a los 20 años, ni a los 15 o 10), aunque en honor a la verdad, casi ninguna película de Eastwood ha sido lanzada en ediciones extraordinarias o de aniversario o similares.

Habrá que aceptarlo, aunque eso no es justificación válida para aceptar la postergación que con los años ha sufrido esta película, por lejos una de las obras más importantes de su realizador.

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A PERFECT WORLD

Director: Clint Eastwood

Intérpretes: Kevin Costner; Clint Eastwood; Laura Dern; T.J. Lowther; Keith Szarabajka; Paul Hewitt; Bradley Whitford; Jennifer Griffin

Drama/Suspenso

1993

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la década de un hito irrepetible e inigualable

No hay duda. Esta es la década de los superhéroes.

Tras el auge de Marvel/Disney y su universo fílmico en 2011, llegan a la pantalla al menos tres o cuatro filmes de este género al año. Unas mejores que otras, cierto. Y sí, es posible que la industria esté colapsada con estos personajes, pero siguen siendo productos taquilleros, por lo que hay que hacerse el ánimo que se seguirán haciendo películas con este género.

Lo curioso del fenómeno, es que las mejores películas de la especialidad son las que están más alejadas de sus códigos y fórmulas. Capitán América: El Soldado de Invierno (2014), se acerca más al espionaje que a las hazañas superheroicas; Logan (2017) es un western crepuscular sazonado con los poderes mutantes. Lo mismo podemos decir de Black Panther (2018), que le debe a James Bond más de una idea.

Más curioso es que el mejor exponente de esta tendencia sea un filme anterior al boom: The Dark Knight a.k.a. Batman: El Caballero de la Noche, la segunda película de Batman a cargo de Christopher Nolan, fue estrenada en 2008, al menos tres años antes de que el movimiento explotara.

La historia transcurre un año después de la primera aparición de Batman (Christian Bale), por las calles de Gotham City. Y si bien sus efectos han sido evidentes, el crimen organizado ha debido reformular sus métodos, por lo cual pese a los esfuerzos del vigilante, y de las autoridades, no ha podido ser erradicado del todo.

El panorama no es para nada optimista. Sin embargo, la dura cruzada contra el crimen, encabezada por el recién electo fiscal de distrito Harvey Dent (Aron Eckhart) lleva a Bruce Wayne a pensar que Batman ya no es tan necesario, reservándose sólo para aquellas amenazas que sobrepasen las capacidades de la fuerza policial.

Conscientes de que Batman es un obstáculo que los sobrepasa, las familias criminales de Gotham escuchan la inmejorable oferta de un misterioso, pero peligroso personaje, conocido como el Joker (Heath Ledger), quien se anuncia como el único ser capaz de algo imposible: matar a Batman.

Siguiendo la tendencia iniciada con Batman Begins tres años antes, Nolan vuelve a instalar a Batman en un entorno realista, muy lejano al ícono pop de los ’60, a la criatura de la noche de Tim Burton y, sobre todo, del pastiche colorido parido por Joel Schumacher.

Sin olvidar sus características principales (su paranoia, su urgencia por luchar contra el crimen, como un medio para superar la tragedia de que fue víctima en el pasado, que lo atormenta hasta el presente, y siempre resaltando sus tremendas habilidades físicas e intelectuales) Nolan creó un Batman y una Gotham City muy fiel a lo que se convirtieron los Estados Unidos tras el 11/9. El Batman de Nolan está cerca más de James Bond, de Jack Bauer o de Jason Bourne, más cerca del universo de Michael Mann o hasta del Scorsese de Mean Streets, que del mundo de los superhéroes con el que ha sido asociado desde sus orígenes.

Sin dejar de ser esa imagen que causa el horror de los criminales, como encarnación del horror que le tocó vivir y que pretende transmitir en el mundo del crimen, enfrentando enemigos que perfectamente podrían existir (y en rigor, existen) en la vida real.

Lo anterior se ve corroborado por el hecho de convertir Chicago, una ciudad real, que sirve de locación e inspiración a la idea que Nolan tiene de Gotham City, en lo que este director concibe como la urbe en que Batman vive sus aventuras.

De ahí que en esta versión las amenazas que Batman debe enfrentar provienen del crimen organizado, traficantes a gran escala, terroristas. Lo que el estadounidense teme después del 11/9.

Este escenario implicaba una dificultad para Nolan, frente a la incorporación del Joker, el villano principal de Batman, en un mundo donde los enemigos excéntricos no caben. El dilema se resuelve de manera inteligente, al presentarlo como el criminal demente y a la vez genial que siempre ha sido, que luego de irse en contra del crimen organizado, termina escalando posiciones en él, no con el fin de adquirir poder o riqueza, sino porque simplemente le parece gracioso.

Nolan construye al Joker de manera convincente y resaltando sus características fundamentales: desequilibrado, lo bastante como para no tener claro su propio pasado, y a la vez lo bastante inteligente como para poner de cabeza a una ciudad y a su vigilante, a quien mira como un igual, no como un enemigo, o más que eso, en su juguete favorito.

Agente del caos por excelencia, el Joker arremete en medio de una cruzada contra el crimen, que si bien tiene en Batman un aliado no oficial, fuera de la ley, cruzada cuyo gran valor radica en Harvey Dent, cuyas hazañas han sido tan o más efectivas contra el crimen mayor que las del encapuchado. Ante este engendro que es a la vez causa y consecuencia del caos que representa, la existencia de estos dos agentes que representan dos formas de hacer el bien, la políticamente correcta y la que no lo es, es una clara invitación a hacer de las suyas, poniéndolos a ambos en situaciones extremas, especialmente al que se supone es el correcto.

The Dark Knight se vale de la larga lucha contra el crimen para exponer acerca de la lucha entre el bien y el mal, o más bien, orden contra el caos. En un entorno donde el nivel de corrupción ha llegado a tal extremo que nadie, ni siquiera los que podríamos considerar como agentes del orden, pueden evitar caer en ella, quedando como única esperanza un personaje que camina precisamente sobre la frágil línea que divide ambos conceptos.

Christopher Nolan encuentra gran apoyo en sus actores principales. Tal como ocurrió en Batman Begins, Christian Bale encarna como nadie había hecho, hasta esa fecha, la doble personalidad de Bruce Wayne/Batman, en cuanto usa el disfraz de playboy mujeriego e irresponsable, con el que oculta su verdadera personalidad, atormentada y obsesiva, que le lleva a jugarse la vida cada noche, combatiendo el crimen para sobrellevar su propia culpa, convirtiéndose en la única esperanza para una ciudad para la cual la redención es una utopía.

Ello marca un contrapunto con Harvey Dent, suerte de ángel guardián que cae víctima del peso, los riesgos y consecuencias de su cruzada. Aron Eckhart pone en ridículo a un grande como Tommy Lee Jones en el mismo rol, dándole a su Harvey Dent/Dos Caras, toda la carga dramática, el hálito maldito que Jones no supo darle por culpa de Joel Schumacher.

Pero, si hay alguien que se roba esta película es Heath Ledger y su gran versión del Joker. No vamos a hablar del proceso por el cual Ledger tuvo que atravesar para construir a este personaje (no somos un web sobre psiquatría). Nos limitaremos a destacar, como si no lo hubiésemos hecho antes, la compenetración del fallecido intérprete en su personaje, entendiendo este último como un es enajenado, antisocial, amoral, cuya existencia se funda en su propia diversión, sin ánimo de poder, fortuna, quizás fama. Un anarquista que “sólo quiere ver el mundo arder”. Ledger logra un desempeño sublime y unánimemente aplaudido, cornado con un Oscar como Mejor Actor Secundario, y elevando al personaje a la categoría de icónico. Sí, aún más de lo que ya era, definiendo la imagen más reconocible del personaje en la actualidad.

Sin dejar de lado, por supuesto, la dualidad entre Batman y el Joker, como dos personajes muy similares entre sí, cuya única diferencia radica en que uno ha pasado una vida luchando por no caer en un abismo, mientras el otro ya cayó.

Pateando en el suelo el mito de que las segundas partes no son buenas, The Dark Knight se encuentra a años luz de distancia de la línea editorial y el enfoque que se le ha dado al superhéroe luego del boom Marvel, harto más ligero que la versión de Nolan. No obstante la enorme distancia cualitativa entre éstos, la gran acogida que logró esta secuela en taquilla, y a la vez en crítica, abrió el camino y fue un espaldarazo gigante para todo lo que vendría después.

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THE DARK KNIGHT

Director: Christopher Nolan

Intérpretes: Christian Bale; Heath Ledger; Gary Oldman; Michael Caine; Maggie Gyllenhaal; Aron Eckhart; Morgan Freeman; Cyllian Murphy; Nestor Carbonell; Eric Roberts

Superhéroes/Policial

2008

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cazador urbano

Sabía que debía esperar. Sabía que tenía una buena razón para no repasar You Were Never Really Here (En Realidad, Nunca Estuviste Aquí) aún. Pero ahora, con Joaquim Phoenix en boca de todo el mundo tras confirmar que será el Joker para una próxima película del combo DC/Warner, me parece que llegó el momento.

Aunque no se conocen detalles de la historia que va a protagonizar, ni de qué manera va a estar este filme relacionado con el canon DC post Man of Steel (se especula que será una historia de origen), la elección de Phoenix para el rol del principal criminal de Gotham City. Si repasamos los papeles anteriores del actor, no nos puede extrañar que haya sido escogido para encarnar a un criminal tan sui generis como el payaso: demente, pero genial a la vez, y sin otro objetivo que divertirse, bajo su turbio concepto de diversión.

Si usted aún tiene la duda, You Were Never Really Here es lo que tiene que ver.

Estrenada en el Festival de Cannes de 2017 (si, si sé, estamos en julio de 2018, pero que culpa tengo yo que este tipo de cosas pasen de largo por la negligencia de un cerro de intermediarios) Phoenix encarna a Joe, un ex militar, ex agente del FBI con estrés postraumático. Parco y en permanente estado de ansiedad, sabemos poco de él, salvo que vive con su madre, y que sobrevive rescatando niñas y adolescentes que han caído en manos del tráfico sexual.

Tras una de sus últimas misiones, Joe recibe una llamada de McCleary (John Doman), su contacto, quien lo requiere para una misión delicada: Nina (Ekaterina Samsonov), hija del senador Albert Votto (Alex Manette), que ha sido secuestrada, rescate que deberá llevarse a cabo con la mayor discrecionalidad posible, atendida la posición política de los involucrados.

Y aunque Joe ya ha visto demasiado en esta vida como para espantarse, los alcances de la desaparición de Nina van más allá de lo que esperaba descubrir…

Una idea que cruza la crítica unánimemente elogiosa para la cinta de la directora Lynne Ramsay, señala a You Were… como la Taxi Driver del siglo XXI. Lo cual no deja de ser un punto interesante: la película de Ramsay comparte con el clásico y fundamental largometraje de Martin Scorsese de 1973 más de un parentesco.

Tanto Joe como Travis Bickle tienen un pasado violento (uno, asumimos, combatió en Medio Oriente, el otro en Vietnam, ambos conflictos en que su país sacrificó las vidas y la salud mental de sus combatientes en enfrentamientos que no llevaron más que a la vergüenza) y salieron malheridos, sobre todo mentalmente, convirtiéndose en personajes autodestructivos, que viven más por costumbre que por otra cosa, al que sólo le hace falta una excusa para que todo explote, que perciben que la sociedad se ha convertido en un mar de basura, y que ven en la violencia una manera de canalizar toda la podredumbre que llevan dentro.

Los dos desahogan la toxicidad que los abruma, buscando proteger lo único que, en su criterio, evita que la sociedad se vaya al carajo: la inocencia. La motivación de Travis para salvar a Iris, la preadolescente dedicada a la prostitución, es la misma que lleva a Joe a rescatar jovencitas de manos de mafias del mismo tipo.

Más allá de los parentescos, el trabajo de Ramsey se sostiene por sí mismo. Partiendo de un guión de su propia autoría, la directora es capaz de construir el turbio mundo que Joe concibe y en el que se desenvuelve, sin necesidad de perder la sobriedad, sin caer en excesos y manteniendo el estilo, aportando a través de acertados flashbacks, antecedentes que nos permitan entender la visión del mundo de nuestro antihéroe.

Gran parte del peso del filme, y a este punto quería llegar, cae en la tremenda actuación de Joaquim Phoenix. Mismo que algunos años atrás pasara por complicados momentos personales (encontrando en el cine su mejor aliado para reencaminarse por la vida), resulta de cajón para encarnar, con total credibilidad, el personaje destruido que le toca interpretar. Un personaje fruto de los horrores que le ha tocado vivir.

Ahí se pueden establecer los nexos con otro gran filme de los últimos años, Nightcrawler, con Jake Gyllenhaal, encarnando a un poco escrupuloso reportero policial que ya ha cruzado la delgada línea que separa lo correcto de lo incorrecto. Con sutiles diferencias, okey (Joe recorre los rincones más sórdidos de Nueva York buscando consolar sus propias frustraciones haciendo justicia con mano propia, mientras Lou, el personaje de Gyllenhaal busca en las zonas de Los Angeles que no salen en los planes turísticos, el golpe noticioso), pero las proximidades entre ambos personajes son patentes.

Todo musicalizado por un Jonny Greenwood, integrante de Radiohead que, en paralelo, ha desarrollado una tímida pero cada vez más celebrada carrera como compositor para películas.

Parece que para los distribuidores locales, una cerrada ovación de casi diez minutos no es suficiente para dar al menos una función en una sala a una cinta como ésta. Eso es claramente un insulto para el buen gusto cinematográfico, y subestimar al espectador, pensando que es demasiado tonto para procesar algo que no sean blockbusters. Pero, en fin, esos son males estructurales que yo no puedo arreglar desde aquí. Si puedo aportar diciendo que, ya que vamos a saber mucho de Phoenix con el correr de los meses, sólo le puedo aconsejar que lo vaya conociendo mejor, y este es un muy buen punto donde empezar.

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YOU WERE NEVER REALLY HERE

Director: Lynne Ramsey

Intérpretes: Joaquim Phoenix; John Doman; Ekaterina Samsonov; Alex Manette; Alessandro Nivola

Drama/Suspenso

2017

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Terminator: los capítulos que valen

Que Hollywood es una fábrica de salchichas en que de vez en cuando se hacen obras de arte, eso es una verdad del porte de un buque. Que esas obras de arte a veces dan lugar a secuelas igualmente buenas, o incluso mejores que sus predecesoras, también lo es (¿El Padrino II?¿El Imperio Contraataca?¿The Dark Knight?).

Hubo un tiempo, además, en que las secuelas de películas sólo se hacían cuando realmente había algo interesante, original o valioso que aportar en la historia a contar.

Tristemente, también es cierto que a veces por sacarle el mayor provecho posible, la misma industria termina haciendo añicos las grandes cosas que ha aportado.

Si, me refiero a la saga Terminator (1984) y su gran secuela Terminator 2: Juicio Final (1991), qué películas más maestras, vapuleadas hasta la crueldad por sus infumables continuaciones de 2003, 2009 y 2015.

Nadie te dice que no hagas secuelas de tus películas. Series tan diferentes como Misión: Imposible o Rápido y Furioso han crecido gracias a sus continuaciones: el estreno de la sexta MI está muy cerca y las primeras impresiones son bastante elogiosas, mientras que F&F, que ya tiene en proyecto su capítulo 9, más un spin-off en veremos, partió como una cinta de policías y ladrones en autos de lujo, para convertirse en una gran serie gran acerca de la familia. En ambos casos, se trata de continuaciones que están a la altura de sus predecesoras, que respetan los principios sobre las cuales éstas se han construido y cuyos realizadores han sido capaces de preservar lo que ha hecho grandes a dichas sagas.

Cosa que no parece suceder con las secuelas de Terminator desde Rise Of The Machines: tanto esta tercera parte, como las olvidables Salvation(09) y Genesys (15), no sólo son proyectos fallidos desde el punto de vista cinematográfico, sino además se han encargado de despedazar la historia del universo que James Cameron construyese con tanto esmero entre 1984 y 1991.

Sólo la serie de 2008 The Sarah Connor Chronicles algo aportó en beneficio de la historia, pero cuando empezaba a agarrar vuelo, fue cancelada.

Pareciera que mientras más tratan de reparar los desaguisados que causa la película anterior, más la destruyen, convirtiendo en harapos la tremenda historia que se venía contando, convirtiendo el universo Terminator en una ensalada sin gusto a nada y donde nadie sabe por donde hay que mirar.

Por eso, esta columna está orientada sólo a las dos primeras películas de la franquicia. Si bien las cinco películas de Terminator son en mayor o menor medida parte de su canon, pero, en mi modesta opinión, y siguiendo lo que decía al principio, las que bastan para contar la historia como corresponde.

Es el año 2029. Un par de décadas antes, la inteligencia artificial conocida como Skynet ha encabezado la revolución de las máquinas, quienes han tomado el control del planeta, llevando a la especie humana casi a la extinción total. Apenas un pequeño grupo de sobrevivientes, liderado por un tal John Connor ha resistido los embates de las máquinas, estoicamente.

Buscando como evitar el alzamiento, Skynet ha enviado al año 1985 un cyborg tipo T-800 (Arnold Schwarzenegger), una máquina programa para matar, cueste lo que cueste, a Sarah Connor (Linda Hamilton), una joven camarera de Los Angeles. Aunque ella lo ignora, en el futuro engendrará a un hijo, John, quien encabezará la resistencia.

Para evitarlo, la resistencia envía al mismo año a Kyle Reese (Michael Biehn), un joven sargento, para proteger a Sarah y enfrentar al T-800. Es Reese quien introduce a Sarah en los hechos que ocurrirán en el futuro, y el rol que su hijo tendrá en el conflicto.

La segunda parte, de 1991, nos traslada a 1995. Sarah Connor está internada en un hospital psiquiátrico, tras diversos intentos de sabotaje contra Cyberdine, la empresa creadora de Skynet (de la cual Reese en su momento le advirtió). Su hijo John, de diez años (Edward Furlong) vive con una familia de tutores, con los cuales no tiene muy buena relación, vive dado a la vagancia y va camino a convertirse en un delincuente juvenil.

Ante su fracaso anterior, Skynet envía ahora a un T-1000 (Robert Patrick) una versión más avanzada del cyborg usado anteriormente, con mayores habilidades, que lo vuelven casi indestructible. En respuesta, la resistencia envía un T-800 modificado (Schwarzenegger) para proteger al niño.

Esta es la tremenda historia que las secuelas se encargaron de reventar a patadas.

La primera Terminator, estrenada en Chile con notorio desfase, en una época en que no había internet, la información que circulaba era escasa, así como las salas de cine (15 en todo Santiago, vs las 15 que hay hoy por cada mall) y uno se enteraba de las películas que se estrenaban por los trailers que ponían antes de cada función y los afiches en el hall de cada sala, fue un fenómeno de taquilla y no dejó a la crítica indiferente. Después de años de ciencia ficción luminosa, fantástica y épica (heredada de Spielberg, Lucas y sus secuaces), James Cameron se animaba a ser pesimista, a plantear una historia partiendo de una base oscura, de la autodestrucción humana. La batalla que sirve de trasfondo a Terminator está lejos de la lucha entre el bien y el mal que plantea Star Wars, por ejemplo, es mucho más dura: me matas o te mato.

La segunda, en 1991, ya nos encontraba mejor preparados. Su estreno se anunció con meses de anticipación, dentro de lo que se podía en esa época en todo caso. La primera emisión por televisión de You Could Be Mine, de Guns N’Roses, tema central de la película, fue un hito imborrable para mi generación. Y nuevamente de la mano de James Cameron, T2, por supuesto que se convirtió en un éxito de taquilla, siendo celebrado además unánimemente por su capacidad de hacer una continuación de un filme que, no sólo es capaz de mantener el nivel de su predecesor, respetando la historia matriz, sino hacerlo aún más grande, agregando elementos nuevos al relato, que contribuyen a agrandar y hacer aún más poderoso su universo.

Hablamos de una época en que Hollywood no bombardeaba con secuelas y universos expandidos que, más allá de los más o menos méritos cinematográficos de muchas de éstas. Una época en que si había una secuela de una película, ésta no tenía que salir casi de inmediato (pasaron siete años entre T1 y T2), y sólo si había algo relevante que contar. Una época en que las películas de este tipo eran eventos excepcionales, que por lo mismo, por Dios que se disfrutaban.

Años en que los que veíamos películas lo hacíamos por eso: porque nos gustaba (y pese a todo nos sigue gustando) el cine. No para ir a ver quién encontraba más fallas en la película y quien está más cerca de tener la razón.

¿Esto hace de Terminator una saga anacrónica que, por eso mismo, ha terminado yéndose en banda? Para nada. La idea del futuro catastrófico ha seguido presente en el cine (casi una década después, The Matrix, partió de una premisa similar y es uno de los hitos fílmicos de las últimas décadas). Lo que ha atentado contra Terminator es la ansiedad de Hollywood por estirar lo más posible las franquicias. No digo que no se hagan secuelas de Terminator, pero si se van a hacer, al menos dense el tiempo de hacer las tareas, entender y procesar lo que hizo que T1/T2 se convirtieren en las gloriosas cintas que son.

Esta no es una saga que se puede llegar y estirar para tener un capítulo nuevo que haga que la gente vaya al cine. De nada sirve que metas gente a las salas, si a la salida la vas a tener echando garabatos en vez de pensar en volver a entrar. Lo peor es que las últimas Terminator tampoco han logrado lo primero: que la gente al menos entre.

Terminator es mucho más que eso.

Espero que no sea tarde como para repararlo, y el próximo filme de la franquicia, proyectado por 2019, ponga las cosas en orden.

THE TERMINATOR

***1/2

Director: James Cameron

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger; Linda Hamilton; Michael Biehn; Paul Winfield; Lance Henriksen

Ciencia Ficción.

1984

TERMINATOR 2: JUDGEMENT DAY

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Director: James Cameron

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger; Linda Hamilton; Edward Furlong; Robert Patrick; Joe Morton

Ciencia Ficcion

1991

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