K.O. al destino

Por mucho que me haya gustado The Green Book, reconozco que no estaba en mis cálculos verla ganar como Mejor Película. Admito que no era la mejor opción para el premio máximo, tampoco la peor, pero es lo que hace normalmente la Academia cuando tiene entre sus nominadas dos películas entre quienes haya competencia muy cerrada.

Pasó el 2015, la pelea principal era entre Mad Max y The Ravenant, ganando Spotlight. Y pasó ahora, con Roma vs La Favorita como contienda principal. También hay que considerar lo conservadora que es la Academia: aún hay reticencia en algún sector, para considerar a Netflix como industria cinematográfica con todas las de la ley, por un lado, y que a la Academia le gusta el discursillo políticamente correcto, políticamente light, por otro.

Como fuera, es otro paso en la tendencia de la Academia de los últimos años, de adoptar decisiones discutibles. Sí, hemos tenido cosas como No Country For Old Men, en 2007, Argo, Spotlight o La Forma del Agua, pero la gran mayoría de títulos premiados como la Mejor del año la última década, están a años de distancia de crear una opinión favorable más o menos unánime.

Con todo lo que le puedan criticar a The Green Book, hay que reconocer que no llega a la gravedad de errores como elegir cintas como Crash, Slumdog Millionaire, El Discurso del Rey, El Artista o Doce Años de Esclavitud, como las mejores de sus temporadas.

Pensaba todo esto, quizás tomando caldo de cabeza acerca de lo que se vendría horas más tarde, cuando en el cable zapeaba y me encontraba con Million Dollar Baby, ganadora de la Mejor Película en 2004, así como Mejor Director para su responsable, Clint Eastwood, una de las últimas veces en que la Academia ha tomado decisiones aprobadas en forma casi unánime, filme que además se adjudicó Mejor Actriz para Hillary Swank, y Mejor Actor Secundario, para Morgan Freeman.

Aprovechando que ya no estamos con la presión de repasar películas actuales (al menos hasta la próxima gran oleada de estrenos…que gracias al MCU va a ser antes de lo que creemos), démosle.

Maggie Fitzgerald (Swank) es una camarera de Missouri, que entrena para convertirse en boxeadora, en el gimnasio del semiretirado entrenador del mismo deporte Frankie Dunn (Eastwood), un hombre con algunos prejuicios e ideas fijas en la cabeza, que si bien permite que la chica entrene en sus instalaciones, mira con aprehensiones que quiera dedicarse en serio al pugilismo.

Pese a que su socio Eddie “Scrap-Iron” Dupris (Freeman) le habla de las condiciones de Maggie, Dunn se resiste a manejarla personalmente, pese a la insistencia de la joven, asignándola a uno de los entrenadores del gimnasio. Aunque al poco tiempo, al ver cómo este último maneja la carrera de la chica, en su propio beneficio, decide despedirlo y asumir la conducción de ésta.

Así, al mismo tiempo que Maggie comienza a obtener sus primeros éxitos, y hacerse un nombre en los rings, de a poco va acortándose la distancia, y en su lugar haciéndose más próxima la relación entre Maggie y Frankie llegando a conocerse en lo más profundo, conociendo sus historias de vida, sus propios infiernos personales y los fantasmas que pretenden exorcizar sobre el cuadrilátero.

Trabajando con un guión de Paul Haggis (curioso, responsable de Crash, una de los premios a Mejor película más cuestionados de los últimos tiempos), a partir de la novela boxeril del autor F.X. Toole, esta es una historia tangencialmente crepuscular en las que más cómodo se siente el bueno de Clint, como director y protagonista.

Frankie Dunn es un personaje muy Eastwood: ese hombre ya en el ocaso de la vida, que vive más por costumbre que por una motivación mayor, y que carga con unas cuantas culpas a cuestas. A lo largo de la historia, nos enteramos que tiene una hija, con la que no se habla hace años, pese a sus intentos por reconstruir la relación, lo que lo incapacita cada vez más para expresar lo que siente, y dejar salir sus emociones.

Maggie tampoco tiene un origen muy estimulante: proveniente de una familia de clase media baja que vive de defraudar a la asistencia social, padre muerto, hermano preso, derechamente basura blanca, y que aunque nunca la ha apreciado mucho, ella aún está dispuesta a ayudarla. Así como las carencias materiales son las que la motivan a subirse al cuadrilátero, son las carencias emocionales las que pretende alivianar golpeando sacos de arena.

Como los personajes tan solos en el mundo que son, no es de extrañar que, pese a los prejuicios iniciales, Maggie y Frank terminen vinculándose estrechamente. Ambos verán al compañero de viaje ideal, para el que ella está empezando y que él está cerca de terminar. Pero más que eso.

Ella verá en él la figura paterna, esa figura llamada a guiarte por la vida, celebrará tus logros, te acogerá en tus fracasos, encontrará la forma de ayudarte a concretar tus sueños y depositará toda su fe en tí. Sin nadie de su propia gente que al menos la tome en serio, Maggie encuentra en Dunn la encarnación de esa figura.

El verá en ella la posibilidad de redimirse con la vida. Frank verá en Maggie, en su entusiasmo y optimismo pese a las dificultades, en su voluntad, lo que necesita para recuperar la motivación para existir. Es Maggie quien lo convence de apagar el piloto automático y volver a vivir por sí mismo. A abrirse a sus propios sentimientos. Y a experimentar emociones que, a estas alturas, él mismo dudaba de ser capaz de experimentar.

Estos afectos serán puestos a prueba cuando una tragedia cambie radicalmente la evolución de esta relación, los sentimientos que se profesan mutuamente y sus visiones sobre la vida, y sobre la condición humana, queden en entredicho.

Encargando acertadamente el relato de la historia a un tercero-Eddie- y acompañada por la sobria, pero no por eso menos emotiva, partitura creada por el propio Eastwood, Million Dollar Baby se vale del boxeo, deporte que como ningún otro ha servido como metáfora de la vida (pensemos en Rocky, en Toro Salvaje, en El Campeón, en The Fighter) para contar un gran y sobrecogedor relato acerca de las relaciones personales y la condición humana. Un imprescindible relato acerca de hacer las paces con la vida, aprender a apreciarla y descubrir eso que nos lleva a seguir caminando por ella.

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MILLION DOLLAR BABY

Director: Clint Eastwood

Intérpretes: Clint Eastwood; Hillary Swank; Morgan Freeman; Jay Baruchuel; Margo Martindale: Anthony Mackie; Michael Peña

Drama/Deportes

2004

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Oscar 2019: ni para carnaval, ni para sublevación

Ya han pasado al menos siete horas desde que la Academia reconoció a The Green Book como Mejor Película del 2018, y aún no sé exactamente qué debo sentir. Es una película que me gustó mucho, pero que ni en mis cálculos más optimistas pensé que se llevaría el premio máximo.

No es para saltar en un pie o armar un carnaval, tampoco creo que sea una decisión que trascienda a través de los años…y si bien yo ya daba por hecho que Roma se llevaba el premio mayor, tampoco es para rasgar vestiduras y llamados a incendiar las salas de cine, como he leído por ahí (“película sobre el racismo hecha por blancos” entre otras cosas que he leído).

Ciertamente, la Academia ha tenido decisiones mucho menos acertadas, esta misma década sin ir más lejos (¿El Artista? ¿Doce Años de Esclavitud? ¿El Discurso del Rey?)..no podemos esperar algo rupturista -en lo cinematográfico, y menos en lo fuera de ello- por parte de la Academia a esta altura.

En una ceremonia marcada por la inexistencia de anfitrión principal (que contribuyó a la celeridad del proceso), y por omisiones cuál más cuál menos imperdonables…salvo la categoría principal no hubo grandes sorpresas, hubo algunos premios que caían de cajón, ningún título realmente arrasó con los demás…aunque destaquemos la mufa de La Favorita a partir de su título: 10 nominaciones, un premio solamente.

En todo caso, destaquemos el Oscar para Spike Lee…premio secundario, si se quiere, pero ya era hora…y meritorio lo de Alfonso Cuarón, con su segundo Oscar, el quinto para un director mexicano después de los dos de G.Iñarritu, del de Del Toro y del mismo Cuarón, dejando en claro que el poder de la armada mexicana está intacto.

Mejor Película: THE GREEN BOOK

Mejor Director: ALFONSO CUARON-Roma

Mejor Actor: RAMI MALEK-Bohemian Rhapsody

(¿Enojados por eso? Menos mal que no ganó Christian Bale..hubiera sido la Academia muy en la suya, premiando cambios físicos más que actuaciones)

Mejor Actriz:  OLIVIA COLMAN-La Favorita

Mejor Actor Secundario: MAHERSHALA ALI-The Green Book

Mejor Actriz Secundaria: REGINA KING-If Beale Street Could Talk

Mejor Guión Original: THE GREEN BOOK

Mejor Guión Adaptado: BLACKKKLANSMAN

(Éste lo grité cuando se anunció…ya era hora que reconocieran a Spike Lee por algo)

Mejor Película Animada: SPIDERMAN-INTO THE SPIDERVERSE

(Clasificó última y arrasó con todo premio que tuvo a su paso)

Mejor Película en Idioma No Inglés: ROMA

Mejor Cortometraje: SKIN

Mejor Corto Animado: BAO

(Igual Pixar se llevó un premio)

Mejor Documental: FREE SOLO

Mejor Documental Corto: PERIOD-END OF SENTENCE

Mejor Banda Sonora: LUDWIG GORANSSON- Black Panther

Mejor Canción Original: SHALLOW-A Star Is Born

Mejor Sonido: BOHEMIAN RHAPSODY

Mejor Edición de Sonido: BOHEMIAN RHAPSODY

Mejor Diseño de Producción: BLACK PANTHER

Mejor Fotografía: ROMA

Mejor Maquillaje: VICE

Mejor Vestuario: BLACK PANTHER

Mejor Edición: BOHEMIAN RHAPSODY

Mejores Efectos Visuales: FIRST MAN

Cuatro para Bohemian Rhapsody, tres para Roma, Green Book y Black Panther, uno para Nace Una Estrella, Vice y La Favorita. Una premiación para dejarlos contentos a todos (en teoría) y no mojarse tanto por allá atrás…Insisto, no es para celebrar, pero tampoco para llamar a una sublevación.

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STANLEY DONEN 1924-2019

Hasta hace unas pocas horas, teníamos a una porción viviente de la historia del cine entre nosotros, llamada Stanley Donen.

Formado como bailarín y coreógrafo, gran admirador del trabajo de Fred Astaire, Donen comenzó a hacerse notar a mediados de los ’40, en Bradoway, donde conoció al que sería su socio durante gran parte de su carrera, Gene Kelly. Cuando en la segunda mitad de dicha década, Kelly es llamado por Hollywood, no dudó ni por un minuto en convocar a su compañero, quien pronto se convertiría en uno de los directores más importantes de la época dorada del cine estadounidense.

A su rúbrica pertenecen algunas obras cumbres del cine de su época, y quizás de la historia, como Un Día En Nueva York, Cantando Bajo La Lluvia, Siete Novias Para Siete Hermanos, momentos más clásicos de una carrera que se extendió hasta 1999, fecha de su retiro definitivo.

De Donen se dijo que antes de él ya existían actores que cantaban y bailaban, y después de Donen, también bailaban el escenario, la escenografía, las luces, el entorno, la cámara. Esto llevó a Donen a ser reconocido como el fundador de los musicales en el cine. Vale, quizás ya existían, pero fue Donen el que fijó los estándares de uno de los géneros más importantes de la cinematografía mundial.

Ojalá mañana le hagan un homenajito, algún cariñito en la entrega del Oscar. Sé que ha costado las mil y una armar esta edición, pero Donen lo merece.

QEPD

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por sobre el tiempo, el espacio y otros obstáculos

En los primeros años luego de la Segunda Guerra, Wiktor Warski (Tomasz Kot), director de orquesta, es parte de una comitiva que recorre diversos pueblos del interior de Polonia, reclutando gente con talento para la música y el baile, a fin de reforzar el cuerpo nacional de ballet tradicional. Así es como conoce a Zuzanna, también llamada Zula (Joanna Kulig), quien pronto se convierte en la primera bailarina y cantante del grupo, el cual al poco tiempo consigue gran éxito en su país.

En paralelo, Zula y Wiktor inician un romance, que por el bienestar del conjunto, optan por mantener en la clandestinidad.

La popularidad del conjunto llama la atención del régimen comunista gobernante, que lo convierte rápidamente en un canal de propaganda a su favor. Wiktor, que no simpatiza con el régimen, decide abandonar el conjunto y el país. Sin embargo, Zula no comparte esa apreciación y se queda, rompiendo la relación entre ambos.

Ni ello, ni sus diferentes temperamentos ni maneras de ver la vida impedirá que, a lo largo de los años se reencuentren, reavivando, aunque sea esporádimcamente, la pasión que siempre ha existido entre ambos…

Es cierto que Roma ha corrido esta temporada de premios con la fuerza de un huracán, y sacando varios cuerpos de ventaja respecto de sus competidoras. Pero no por eso vamos a ignorar al resto de competidoras, menos cuando entre ellas se encuentra Cold War, la notable cinta polaca que debe ser la que llega mejor parada a enfrentar al filme de Cuarón.

Dirigida por Pawell Pawlikowski, quien también compite como Mejor Director (ya había ganado como Mejor Película de Idioma No Inglés en 2013, por Ida, compitiendo este año además por mejor fotografía), estamos ante una película medianamente autobiográfica, toda vez que Pawlikowski dedica este trabajo a sus padres, y se encuentra fuertemente inspirado en ellos.

En ese sentido, en cuanto se trata de una historia personal, cercana a su autor, y en el hecho de ser en blanco y negro, se emparenta con la cinta mexicana con la que compite. Sin embargo, las conexiones entre ambas terminan ahí.

Porque donde Cuarón cuenta una historia acotada a un lugar y momento determinado, Pawlikowski se la juega por un relato que trasciende tiempo, lugar y hasta contingencia política: el romance entre intervalos de sus protagonistas, vínculo que va sobrepasando toda clase de impedimentos, desde el temor al que dirán, a la persecución política, pasando por las personalidades de sus protagonistas.

Estamos hablando de una historia que, en forma de episodios (sin título, aunque nos indican el lugar y época en que transcurre cada uno), abarca poco más de veinte años. Eso impone un trabajo particular para la debida reconstrucción de cada época, aspecto en el que hay que sacarse el sombrero por lo que estamos viendo, gracias a una lograda dirección de arte.

Del mismo modo, es un acierto el guión de esta película, por varias razones. La primera, el poder de síntesis, al convertir una historia que abarca más de dos décadas, en apenas una hora y media, lo que lleva al director a compactar la historia que cuenta, obviando irse por las ramas con asuntos que no vienen al caso (las referencias al contexto histórico son puntuales, justas y necesarias para entender el relato..podría ahondar, hablar de política y con eso subir la taquilla con ese recurso, pero no lo hace, porque es consciente que eso, aunque incide, no es lo que importa en este relato) y enfocarse en lo que realmente Pawlikowski quiere contar: la historia de Zula y Wiktor.

Pawlikowski, en tal sentido, es buen alumno, buen heredero de un cine que ya no se hace (o no llega para acá) tan seguido. Un cine que privilegia las historias personales, capaz de concentrarse en las existencias de sus protagonistas, poniendo todo lo demás al servicio de tales.

Enfatizando en sus relaciones, en sus diálogos, en sus emociones. En la manera en que deben enfrentar la inevitable atracción que se profesan entre sí, la pasión que despierta en el uno por el otro y viceversa, y el drama personal de cada uno al asumir que las circunstancias de cada momento hacen imposible el estar juntos, a fin de proteger el status quo, a costa de sus propios sentimientos.

Es esta tragedia entre lo que sienten recíprocamente, y el conflicto entre ello y lo que les toca vivir, más la duda de hasta cuándo deberán vivir postergando lo inevitable, mandando lo circunstancial a buena parte, es lo medular de esta cinta, el relato por el que Pawlikowski se la juega por entero y poniendo todo lo demás al servicio de lo que está contando.

Apoyado en la gigantesca actuación de su pareja protagónica, en torno a quienes gira todo lo que está pasando.

La apuesta sale a su favor, y el resultado es esta cinta, superior a todas las partes que la componen, sobria y sutilmente construida, ingeniosamente contada y profundamente sobrecogedora.

Y es por esto que digo que Pawlikowski es buen alumno del cine a la antigua, es porque retoma una premisa fundamental: no necesita tanto para hacer una película grandiosa.

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COLD WAR/ ZIMNA WONJA

Director: Pawell Pawlikowski

Intérpretes: Joanna Kulig; Tomasz Kot; Borys Szyc; Cedric Kahn

Drama

2018

PD: Además que, fuera de sus cortos más clásicos, es el mejor uso que se le ha dado a Tom & Jerry en la gran pantalla, incluso cuando no salen expresamente en pantalla (pero si usted recuerda el corto Solid Serenade, seguro lo reconoció).

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los vicios del poder

El día 11 de septiembre de 2001, dos aviones se estrellaron contra el World Trade Center, un tercer avión atacó el Pentágono y un cuarto fue derribado en el aire.

La plana mayor del gobierno de los Estados Unidos, oculta en un búnker instalado bajo la Casa Blanca, debate acerca de las acciones que el país deberá tomar ante tales hechos, y ante la ausencia del presidente George W. Bush (Sam Rockwell), por encontrarse de gira –y su manifiesta inoperancia ante la situación- es el vicepresidente Dick Cheney (Christian Bale), quien deberá decidir el rumbo que tomará el país ante posibles nuevas amenazas y, por supuesto, adoptando las represalias que procedan.

Será este hombre, cuya carrera política partió a mediados de los ’70, como auxiliar del entonces jefe de gabinete Donald Rumsfeld (Steve Carell) quien tendrá la mayor influencia a la hora de decidir el camino que su nación, para bien o mal, tomará en lo político los siguientes años…

Aceptémoslo, el cine político siempre ha sido atractivo, y cuando parte de la base de la política estadounidense de los últimos 25 años, con mayor razón.

La obsesión de la administración Bush por el medio oriente (independiente de quién y por qué planeó los atentados del 11/9, lo cierto es que fueron la excusa perfecta para que el país del norte pusiera las manos sobre esa región), los intentos de Obama por arreglar los desaguisados heredados como consecuencia de lo anterior, y el actual período, encabezado por un psicótico que ve enemigos en todos lados, han dado pie a ensayos, estudios, tesis, documentales y películas, y lo seguirán dando por muchos años.

Así, la premisa de El Vicepresidente: Más Allá del Poder resultaba interesante. Consciente todo el orbe acerca de la ineptitud de George W. Bush como gobernante, fue su vicepresidente Dick Cheney quien tuvo mayor influencia que nadie en las decisiones de política interior, y sobre todo, exterior, durante el período que este tipo estuvo en la Casa Blanca (2000-2008). Y conocer cómo un tipo, que en otras circunstancias a lo más habría administrado una empresa pequeña, o parte de un gobierno regional en el mejor de los casos, llegó a ser el hombre más poderoso del planeta, al menos por un rato, no deja de ser una historia que valga la pena contarse.

El problema está en cómo se cuenta la historia. Si bien su director Adam McKay (que hace tres años ya se había interesado en otra pesadilla estadounidense reciente, la crisis económica de 2008, en The Big Short) no deja pasar ningún detalle, no deja aspecto alguno de la vida –pública y privada- de Cheney, lo cierto es que su relato resulta plano, falto de ritmo, lento.

A ver si me explico: este es un relato que otro director podría hacer mucho más dinámico y atractivo. En el pasado, películas como Trece Días o The Post han trabajado el tema político sin olvidar que el relato no sólo debe atraer al público, sino también mantenerlo interesado en el relato. Lo sabe Oliver Stone, lo sabe Steven Spielberg, incluso Michael Moore con todo lo panfletero en lo que se ha convertido, que cuentan su cuento asegurándose de captar el interés del espectador, y es eso en lo que se cae McKay.

Donde los anteriores son esos profesores de historia que se encargan de hacer ameno el relato y atractivo para sus alumnos, McKay se remite a leer el libro al pie de la letra, sin ritmo y sin conseguir entusiasmar al oyente, recurriendo a apoyos que, aunque el crea que permiten hacer más llevadero el trámite (esa manía de McKay por meter popurrís de imágenes de archivo cada tantos minutos), en realidad desconcentran y no aportan nada al desarrollo del relato, haciendo más tediosa la tarea para el espectador, de recibir y procesar la información que el director entrega en cantidades excesivas..

Raro, por decir lo menos, si pensamos en el pasado de McKay como director de comedias. Nadie le niega su derecho legítimo a salir de ese género e incursionar en otro más serio, pero no es necesario exagerar.

Lo que impide que este filme, interesante en su temática (hay que reconocer el ingenio en el título original del filme, Vice, en tanto el cargo que Cheney ostentó, como en cuanto a los vicios del poder)  fallido en su ejecución, pase sin pena ni gloria está en sus actuaciones.

Partiendo por un Christian Bale irreconocible (espero que esa barriga y esa calva esta vez sean postizas, este tipo va a terminar por matarse de tanto cambio físico), cuya interpretación, le valió un Golden Globe y que lo tiene como el gran perseguidor de Rami Malek en esta temporada de premios, construyendo a un Dick Cheney consciente de la posición que ocupa, y de las influencias que dicha posición le concede.

También potente es la actuación de Amy Adams en el rol de Lynne, encarnando a una mujer tan o más ambiciosa y calculadora que su marido, trabajo que también le ha irrogado una cantidad importante de nominaciones (lástima que en el mismo año en que La Favorita ha monopolizado esta categoría, repartiendo premios entre sus coprotagonistas). Caso similar es del de Sam Rockwell, cuyo gran trabajo nos convence de algo: si usted ya pensaba que George W. Bush era un idiota, con esto lo confirmará.

Aún así, no logro entender qué diablos hace esta película nominada, tanto a la mejor del año, como McKay a mejor director (guión original, ya, podría ser..maquillaje, también). Después de repasar las otras siete nominadas (y con más dolor, las que quedaron afuera) me resulta difícil entender los motivos que llevaron a la Academia a incluirla en la nómina final, más allá del comodín de la temática contingente.

(¡Y se quejan de Bohemian Rhapsody!)

***

VICE

Director: Adam McKay

Intérpretes: Christian Bale; Amy Adams; Sam Rockwell; Steve Carell; Alison Pil; Jesse Plemons; Tyler Perry

Política/Biografía

2018

Y sería..ocho nominadas, las ocho vistas. Vale, me faltan un par de cintas, pero son las que tienen una o dos nominaciones…igual queda tiempo para repasarlas.

Lo concreto es que por segundo año consecutivo llego a los Academy Awards con todas las nominadas a mejor película vistas..como para saber con claridad cómo reaccionar cuando se anuncie este domingo a los ganadores. Así que a esperar la ceremonia…una ceremonia que ya ha sido un dolor de cabeza para sus organizadores…y esperar que esa noche me vaya dormir con un “Bieeeen!!” o al menos un “ah, bueno…será poh”, y no echando garabatos.

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quemando (y cerrando) etapas

Ha pasado un año desde la victoria sobre Drago Manodura, e Hipo, líder del pueblo vikingo de Berk, junto a su dragón Chimuelo, ha dedicado sus esfuerzos a rescatar dragones capturados por cazadores furtivos y traficantes…pese a las advertencias de que en el pueblo ya no hay más espacio para albergar a estas criaturas, a que su gente se está volviendo demasiado dependiente de ellos, y que los propios dragones empiezan a desear vivir una vida autónoma e independiente.

Hipo ha prometido buscar una solución para estos asuntos, pero algo hará que apresure su decisión: un grupo de cazadores, deseosos de venganza, han recurrido a Grimmel, un reconocido exterminador de dragones, a fin de que los guie a Berk. Grimmel, quien se jacta de haber eliminado a todos los dragones tipo furia nocturna, la especie de Chimuelo, accede cuando se entera de la existencia de este ejemplar…

Perdón por la demora en hacer este análisis, pero es temporada de Oscar, y como ya saben, casi todo lo que viene nominado al Oscar se estrena recién ahora. Y ya saben, hay prioridades…

Cuando se estrenó en 2010 la primera película de Cómo Entrenar A Tu Dragón, basada en la colección de cuentos escrita por Cressida Cowell, sabíamos que nos enfrentaríamos a una historia fantástica, abundante en aventuras, mitología y un despliegue visual más allá de lo imaginable-

Pero no que de paso nos encontraríamos ante una historia sobre el autoconocimiento, el aprender a valorarse a uno mismo, la importancia de crecer, madurar y encontrar un lugar en el mundo. Así es como, a través de su relación con el dragón Chimuelo, el joven vikingo Hipo pasa de ser un esmirriado ayudante de herrero, a guerrero y, finalmente, a líder.

Esto último es lo que queda más patente con Como Entrenar A Tu Dragón 3, el primer gran estreno animado del 2019, y cierre de la versión cinematográfica de esta serie. En este momento, es cuando Hipo debe aplicar todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida, y convertirse en el líder que está llamado a ser, y que su pueblo necesita.

Y eso incluye saber enfrentar situaciones límites, además de los diversos desafíos que pone la vida, por dolorosos que sean.

Eso no quiere decir que la película se haya convertido en una suerte de sermón acerca de la madurez. Como Entrenar… no olvida la vocación esencialmente aventurera de su historia madre, y es abundante en secuencias de acción, humor y un trabajo visual simplemente impresionante (¿tendrá algo que ver que el gran fotógrafo Roger Deakins haya intervenido como consultor de diseño para esta película?), todo ello para armar el marco dentro del cual Hipo deberá enfrentar una decisión crucial para su futuro y para el de su entorno, y para enfrentar mejor preparados la tremenda carga emocional que ello conlleva.

La aparición del villano Grimmel, en ese sentido, aparece como el único punto flojo de la película. No porque sea un mal villano (no lo es) pero su desarrollo como la excusa que dará pie a los hechos que definirán el futuro del vínculo entre Hipo y Chimuelo no hace mucho más por él. Mientras que la incorporación de Furia Luminosa, la hembra dragón que se robará el corazón del cuadrúpedo protagonista, va más allá, y las consecuencias de su aparición en la historia resultará varias veces más definitoria que la del enemigo a vencer.

Sea como fuere, y aunque vamos a echar de menos a Hipo, Chimuelo y a toda la pandilla de vikingos de Berk (sé que dije lo mismo tras Toy Story 3 y ahora resulta que viene la 4, pero bueh), estamos ante un muy buen cierre de trilogía, una serie que supo ser respetuosa de su obra matriz, del relato que estaba contando y del público que la sigue, y que se extendió lo justo y necesario, en la medida que fuera útil para el debido desarrollo de la historia.

En tiempos en que en Hollywood sacan como malos de la cabeza secuelas de películas que tuvieron cierto resultado en taquilla, por el mero interés en seguir estirando el negocio (si, Era del Hielo y Minions, a ustedes les hablo), Como Entrenar… hizo todo lo contrario: extendiéndose sólo cuando tuvo algo realmente interesante y valioso que contar. Y es por eso que nos despedimos de ella con emoción. Con pena por la despedida, pero la satisfacción de que ahora cada uno puede seguir su propio camino, con la frente en alto.

Desde ya, una de las grandes películas del año. Aunque mi único problema es el de siempre cuando a poco de empezar el año, nos topamos con una película así de buena..¿cómo calificar lo que se haga el resto de la temporada, si el parámetro ya quedó así de alto desde la entrada?

***3/4

HOW TO TRAIN YOUR DRAGON 3

Director: Dean DeBloise

Animación

2019

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BRUNO GANZ 1941-2019

Habrá que hacerse el ánimo de que cada noticia que veamos sobre este gigantesco actor suizo tenga que ver con su interpretación de Hitler en la tremenda película de 2004 La Caída…o peor aún,por el meme “Hitler se entera de…”.pero bueno, no nos vamos a extrañar de la pobreza cultural de quienes ponen los titulares en la prensa local.

La carrera de Bruno Ganz va mucho más allá de un viral gracioso. Arrancó a principios de los ’60 en su país natal, pasando pronto a Alemania, donde se convirtió en un pilar del cine de ese país, destacándose sus colaboraciones con el alemán Wim Wenders como El Amigo Americano (1977), Las Alas del Deseo (1987) y Tan Lejos, Tan Cerca (1993), así como en clásicos como Los Niños de Brasil o Nosferatu.

Sin hacerle el quite al cine industrial (trabajó en filmes como Unknown-2011- o The Cousleour-2014-), se mantuvo activo hasta hace no mucho, aunque más esporádicamente, participando a fines de 2018 en The House That Jack Built, de Lars Von Trier.

QEPD

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