vivir y morir en SCL

Santiago Fernández (Matías Oviedo) es un joven demasiado normal: vive con su madre (Francisca Castillo) en un departamento del centro de Santiago, vive jugando videojuegos, y trabaja como DJ en una tanguería.

Cierta noche, mientras está en el baño, escucha a su jefe, Che Longana (Jorge Alis)discutiendo con sus más cercanos, luego de enterarse que parte de su banda ha sido ejecutada por la mercenaria conocida como La Mujer Metralleta (Fernanda Urrejola) la más letal asesina del medio. Cuando es descubierto, y tratando de salvar su vida, Santiago se ofrece a ejecutar él mismo a la mercenaria. Longana, sin embargo, le cree, y le da 24 horas para encontrar a la criminal…

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Otro estreno nacional de 2013, pero que llamó la atención por lo poco que duró en salas y lo mal que anduvo en taquilla. Dirigida por Ernesto Díaz, cabe preguntarse en que falló Tráiganme La Cabeza de la Mujer Metralleta que tuvo un paso tan flojo por salas, aunque en formatos On Demand ha recuperado terreno, y que la recepción crítica fue, sumando y restando, positiva.

Y es que el aporte de Díaz a la filmografía nacional ha sido crear un espacio para el cine de acción, tan poco explotado en Chile, generando cintas que, cual Tarantino, no son otra cosa que homenajes a los géneros que vio por toneladas de chico: las artes marciales (Kiltro), los superhéroes al viejo estilo (Mirageman), y el cine B en general (Mandrill). Eso ¿Cómo se traduce en la floja taquilla que han logrado sus dos últimos filmes?

Tráiganme… tiene todo para resultar: acción, protagonista llamado a ser héroe, una antiheroína atractiva en más de un sentido (guapa físicamente y de actitud arrolladora), un villano carismático, personajes secundarios graciosos (a cargo de Mauricio Pesutic, suerte de actor fetiche de Díaz a esta altura, Felipe Avello y Pato Pimienta) y una historia rápida y de trámite fácil que se desenvuelve en un, dos por tres. Escapismo puro. Pero no resulta en pantallas grandes, y no por el uso de recursos propios de videojuegos (los cortes entre un capítulo y otro parecen sacados de la saga Grand Theft Auto, esas imágenes que aparecen cuando la consola marca “loading).

Simplemente no resultó en taquilla porque el género que se pretende celebrar en este filme, el Xplotation nunca fue muy masivo en Chile. Cierto, en EEUU, junto con ese otro subgénero B llamado Grindhouse, tuvo a muchos fans entrando a salas de mierda a ver películas como Shaft o Cleopatra Jones (donde los afroamericanos eran reivindicados como protagonistas, como héroes y no como villanos, secundarios idiotas o minorías simbólicas). Este género, totalmente de culto en el país del norte, en Chile no ingresó con la misma fuerza, sino que sólo supimos de él una década después, principalmente gracias a las horas de cine que los canales de televisión pasaban durante el día (ahh, que lejanos se ven esos tiempos). Por eso quizás, el género de la Xplotation nos resulta tan ajeno para la pantalla grande, pero tan cercano para una de tv o un monitor de computador.

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Esto en ningún momento debe servir para condenar a Mujer Metralleta al tacho de la basura. Cumple satisfactoriamente con sus objetivos principales: entretener y homenajear. Aceptemos que es un paso en falso en un período en que más gente está dispuesta a pagar por ver cine chileno, cuya producción ha crecido considerablemente, pero no deja de ser meritorio el esfuerzo de Díaz y compañía por hacer de nuestro cine una industria cinematográfica, y a la vez ampliando el espectro temático de la misma. Seguro que a esta misma hora algún freak yanqui, amante del cine más bizarro, debe estarla disfrutando.

***

TRAIGANME LA CABEZA DE LA MUJER METRALLETA

Director: Ernesto Díaz.

Intérpretes: Fernanda Urrejola; Matías Oviedo; Jorge Alis; Mauricio Pesutic; Francisca Castillo; Jaime Omeñanca; Felipe Avello; Pato Pimienta

Acción

2013

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fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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pelea de peces

Es un verano cualquiera,  a mediados de los ’50, en la ciudad de Tulsa, Oklahoma, donde no pasa nada realmente emocionante, nada resulta realmente estimulante y nadie parece tener mucho futuro. Por eso, no es de extrañar el nivel de deserción escolar y la cantidad de jóvenes dedicados a la vagancia que existe en esta ciudad.

Uno de estos jóvenes es Rusty James (Matt Dillon), quien encabeza una de las tantas pandillas de esta ciudad luego de que su hermano mayor, Motorcyble Boy (Mickey Rourke) abandonara la ciudad un par de meses antes. Y aunque ha sido un buen líder, siempre ha debido lidiar con la omnipresente sombra de su hermano.

El regreso de Motorcycle Boy, sacudirá el pequeño mundo de Rusty, enfrentándolo no sólo con su entorno, sino también con quien ha sido la piedra de tope para su crecimiento social, y con su propio destino…

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Fue raro lo que pasó en los ‘80s con Francis Ford Coppola. Convertido en uno de los nombres más influyentes del cine estadounidense de esa época, junto a Scorsese, Allen, Speilberg y otros, y luego de tocar el cielo en los setentas con las dos primeras partes de El Padrino, con La Conversación y ese otro monumento llamado Apocalipsis Ahora, su filmografía, sin dejar de ser interesante y respetable, ya no contaba con el mismo beneplácito que tuvo la década anterior.

Filmes como One From The Heart, Jardines de Piedra, Cotton Club, Peggy Sue Got Married o Tucker, si bien gozaban de una muy buena salud en lo fílmico, nunca estuvieron a la altura de lo que los críticos de ese momento esperaban. Seguro dieron por hecho que Coppola presentaría puras obras del nivel de la saga de los Corleone, en lo cinematográfico y en lo presupuestario. Nunca he considerado sano para un crítico pensar así y dar por hecho que todo lo que haga un director tiene que ser siempre del mismo nivel, eso es humanamente imposible. Nada de malo hay en bajar de vez en cuando, y Coppola en esta década bajó, ciertamente, pero tampoco a nivel de desplome.

La Ley de la Calle sigue esa tendencia, pero a la vez constituye una excepción a la misma. Cierto que en la época de su estreno, en 1983, corrió más o menos la misma suerte que la mayoría de la obra de Coppola, es decir, una crítica distante y una taquilla algo esquiva. Sin embargo, con el paso del tiempo, con las nuevas generaciones de críticos y cinéfilos que fueron surgiendo, esta película, basada en la novela de S.E. Hinton, de quien Coppola ya había dirigido antes The Outsiders, fue convirtiéndose en una suerte de objeto de culto.

¿Cómo se explica esto? ¿Con un mero recambio generacional? Puede parecer una explicación demasiado básica, pero adecuada. No absoluta, quizás, hubo algunos críticos de más de 30 que en su momento supieron apreciar esta obra (Héctor Soto fue uno de ellos) pero la gran mayoría de aquellos que le dieron su visto bueno, con suerte habían terminado la universidad. Y tras un discreto paso en salas comerciales, La Ley.. pasó al circuito del cine arte de entonces: era número fijo en salas como Normandie, Espaciocal o aquellos recintos donde la cultura underground chilensis movía sus piezas en plena dictadura.

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Cierto que lo generacional ayudó a procesar mejor este filme, y es que los que tenían menos de 30 en aquellos días –y no conocer la obra de F.F. en la década anterior ayudó mucho también- vieron en esta historia de pandillas una suerte de espejo.

No el más feliz de los espejos, claro. Pero un espejo al fin y al cabo.

Porque la historia de Motorcycle Boy, Rusty James y el resto de la juventud de Tulsa, Oklahoma (ciudad donde La Ley de La Calle no significa nada, ni siquiera un incentivo para el turismo como suele suceder con otras ciudades famosas gracias a ciertas películas) va más allá de una simple cinta de pandillas agarrándose a combos. De esas hay muchas. No, Rumble Fish, su título original, relacionado con una extraña raza de peces domésticos que viven en función de pelear entre sí hasta morir, no es una historia de conflicto entre bandas rivales.

Y quien piense que es un conflicto entre hermanos también se equivoca medio a medio. Cierto es que la relación de Motorcycle Boy y Rusty James es la frustración de encontrarse el segundo siempre a la sombra del primero, haga lo que haga, pero no va por ahí necesariamente el quid de la historia.

La Ley de la Calle es ante todo una historia de desamparo. Desarraigo. Desesperanza.

Es la historia de una juventud que, prométanle lo que le prometan, nunca saldrá de ese círculo. Y estará condenada a repetir una y otra vez a repetir las vidas de sus padres. Con esa falta de estímulos, no es de extrañar que muchachos como Rusty James dejen la vida colegial y se conviertan en ese tipo de chico malo que las chicas adoran pero que no saben como presentar a sus padres (y de hecho así le ocurre, pues su intento de noviazgo con Patty –Diane Lane, jovencísima- una chica con la que solía ir a clases).

Sin embargo, Rusty James no es un chico malo de modo absoluto. Es en el fondo un pobre diablo solitario, perdido, sin un futuro al cual aspirar y sin nada donde arrimarse: padre alcohólico, madre muerta, hermano desaparecido. La necesidad de Rusty James de buscar pleitos está lejos de ser su forma de vida ideal, a ratos nos da la impresión que el quiere otra cosa, que no sabe cómo conseguir ni cuando lo hará. Concluimos que se dedica a buscar camorra porque es lo único que le queda: darse a la vagancia para tratar de sacarse de encima una sensación de vacío casi imposible de llenar

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Motorcycle Boy obedece más o menos al mismo principio. Tampoco tenía mucho que ganar en Tulsa y por eso se convirtió en la figura casi mesiánica que algunos de sus contemporáneos insisten en ver, un buen día desapareció, acaso la única vía de escape a una situación como la suya. Pero algo  no sale bien y regresa (o simplemente no quiere esa salvación para él, sino que para su hermano, quizás lo último que le va quedando valioso en esta vida).

Si, Motorcycle Boy una vez más cubrirá bajo su manto a Rusty, pero no para opacarlo, sino que simplemente para salvarlo. Para darle la oportunidad de romper este círculo vicioso de la frustración, la desesperanza y el vacío. Y salvarlo de hacer pagar a su hermano por sus pecados y faltas.

Armada de manera que el sobrecogimiento es mayor mientras más cerca estamos del final, con las excelentes actuaciones de Mickey Rourke y Matt Dillon como los fundamentales pilares sobre los que se alza, La Ley de la Calle, que este año ha cumplido 30 años desde su estreno, y ha sido objeto de un reciente documental de Alberto Fuguet (Locaciones: Buscando a Rusty James, disponible en su web cinepata) es una película que, no por ser una obra fundamental del cine como lo fue El Padrino, está lejos de merecer tanto castigo. Para obra maestra tal vez le falte mucho, pero eso no nos puede llevar a menospreciar, aún más todavía, a estos dos hermanos que, lo único que necesitaban, era una posibilidad incluso remota de salvarse.

¿Alguien sabe si hay alguna edición blu-ray ad.hoc?

****

RUMBLE FISH

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Director: Francis Ford Coppola

Intérpretes: Matt Dillon; Mickey Rourke; Diane Lane; Dennis Hopper; Lawrence Fishbourne; Nicolas Cage; Vincent Spano; Tom Waits; Chris Penn

Drama

1983

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al final, siempre tendremos una galaxia muy lejana

Es época de Guerra Civil.

Atacando desde una base oculta, tropas rebeldes se han adjudicado su primera victoria contra el Imperio Galáctico.

Durante el combate, espías rebeldes han robado los planos del arma definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte, una estación espacial armada con poder para destruir un planeta completo.

Perseguida por agentes imperiales, la Princesa Leia huye, custodiando la información que podría salvar a su gente y restaurar la paz en la Galaxia…

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Es mayo de 1977 y la que parecía una película más en la cartelera terminó por marcar un antes y un después en lo que a cine, como espectáculo de masas se refería.

Pongámonos en contexto. Tras la época dorada de Hollywood, entre los ’50 y ’60, la industria cinematográfica estadounidense descubrió que se había gastado hasta la risa estrenando superproducciones, comedias, musicales, todo a lo grande, todo con harta pompa, para hacer que el mundo occidental olvidara por un rato, que se encontraba en plena guerra o terminando una guerra. El problema, lo hemos conversado antes, es que por un lado en la siguiente década los estudios ya no podían seguir costeando este tipo de producciones y, por otro, desde el otro lado del Atlántico, especialmente desde Francia e Italia, un puñado de realizadores había conquistado la industria del cine con películas hechas con más corazón y huevos que fondos, reescribiendo la historia del séptimo arte.

Hollywood recogió el guante y le abrió las puertas a una nueva camada de realizadores, preocupados más de la historia y el sentimiento antes que la espectacularidad (así surgieron los Coppola, Scorsese, Pakula, De Palma, Allen, Mallick, Cimino) y evitó las superproducciones a no ser que estuviera garantizado su éxito (El Padrino). El cine fantástico y de aventuras quedó relegado a un segundo plano y otros géneros (como el policial o la blaxplotation) fueron haciéndose un espacio que llenaron en el momento y lugar precisos.

Por eso nadie tenía confianza alguna en el proyecto que George Lucas paseó por diversos estudios a mediados de los 70: una historia de caballeros, princesas, bandidos, aprendices y tiranos ambientada en “una galaxia muy lejana”. Si bien el cine siempre ha tenido como finalidad principal el divertimento, no era el mejor momento para una jugada de este tipo.

Sabido es el resto de la historia: tras más de un rechazo, George Lucas no bajó los brazos y a fuerza de insistencia consiguió un presupuesto no muy estimulante de diez millones de dólares, que cuando se hizo poco, lo llevo a hacer una jugada maestra: renunciar a sus honorarios a cambio de un porcentaje de las utilidades que la película generara por concepto de mercancías.

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Pero volveremos sobre eso en otra oportunidad.

¿Qué hizo de Star Wars…luego Star Wars: Una Nueva Esperanza…el clásico instantáneo que llegó a ser?

Digamos que Star Wars no es tan nuevo en cuanto a su argumento. Joven ordinario enfrentado a circunstancias extraordinarias, salvando a la doncella y enfrentando al villano. Acompañado por sabios, granujas y un par de compañeros fieles y divertidos.

La gracia está en como Lucas lo cuenta. Esa historia que se ha contado docenas de veces…bueno, Lucas tomó lo mejor de cada una de esas docenas de veces y las fundió en una nueva versión, única, irrepetible.

En un escenario novedoso (hasta ahora la ciencia ficción sólo había experimentado con futuros catastróficos..es cosa de ver los clásicos de Charlton Heston en la misma década, partiendo por El Planeta de los Simios, o 2001) Star Wars es antes que nada el regreso al escapismo puro. Cine de aventuras, caballeros y malvados, trasladado a dimensiones inexploradas. Y tuvo el mérito de saber hacer ese trasvasije desde la edad media, las cruzadas, la antigua China, el salvaje oeste o incluso la época de la prohibición al espacio más lejano del universo. Todos los ingredientes mezclados en su dosis justa, logrando un resultado distinto, pero respetuoso, de la suma de sus partes.

Cierto que el cine norteamericano de los 70 dejó de lado la pompa para privilegiar sentimientos, emociones, argumentos. No voy a desconocer los méritos de esa generación, después de todo es también una de mis épocas favoritas. Pero si bien se trató de grandes películas por grandes directores, Lucas tuvo el mérito de hacer un filme que permitió reencantar a la industria con el gran público.

Para muchos este fue el primer paso hacia el fin del verdadero cine y el principio de una espiral descendente que priorizó la banalidad y la superficialidad por sobre el contenido. Puede que haya sido así y Hollywood después tuviera manga ancha para estrenar cualquier cosa con ánimo de vender entradas y mercancías. Pero eso no es culpa de Lucas.

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Por el contrario, a Lucas hay que agradecerle, primero, un cambio en el modelo de gestionar un rodaje. Luego, y aunque les pese a los amantes del verdadero cine, vino a recordar la intrínseca relación entre el cine y el público. Que a la larga el gran público va al cine en busca de esas dosis de diversión, de aventura, romance que no siempre va a encontrar en la vida real. Y es esa posibilidad de ver los sueños hechos realidad la que hizo del cine el gran espectáculo del siglo XX.

Star Wars, con todas las imperfecciones que, justa o injustamente, se le puedan achacar, con todos los lugares comunes a que haga referencia (a la larga, Star Wars no es sino el homenaje de su autor al cine y a los géneros con los que se formó), vino a revivir precisamente esa relación tan especial que se produce entre autor-obra-público, y de como entre los tres elementos hay más conceptos en común que los que uno sospecha.

Escribo estas páginas tras haber revisado la edición en blu-ray de la película de 1977 y darme cuenta que, por mucho que uno cuestione realmente la salud mental de George Lucas los últimos 15 años, uno no puede dejar de lado esta obra (y porque en realidad quería reconciliarme con el Universo SW…haciendo esta columna, de connotación positiva tras varios años de negrear, quizás más de la cuenta, la obra de Lucas).

Cierto que Lucas, antes de entregar la saga a Disney, hizo y deshizo todo lo que pudo con su propia obra, desatando una ira un tanto exagerada de sus fans (bien o mal, Lucas era dueño de su creación y es libre de hacer con ella lo que le plazca), pero no podemos negar su aporte en lo tecnológico, en lo industrial y, sobre todo, su trabajo como creador de nuevos mundos, aventuras y personajes. No en vano, muchos terminamos abocados de una u otra forma al cine luego de haber visitado una galaxia muy lejana.

Galaxia a la que, pese a todo, siempre terminamos regresando, y sintiéndonos bien de hacerlo.

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STAR WARS: A NEW HOPE

Director: George Lucas

Intérpretes: Mark Hammill; Harrison Ford; Carrie Fischer; Peter Cushing; Alec Guiness; James Earl Jones (voz); Anthony Daniels; Kenny Baker; Peter Mayhew

Ciencia Ficción

1977

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el final no tiene porque ser terrible

Salfate y todos los agoreros, conspiranoicos y enfermos del mate que andan por ahí, se equivocaron y finalmente el mundo no se acabó el 2012 (o quizás si, pero no nos hemos dado cuenta). El cuento es que el tema del acabóse anduvo rondando en el inconsciente colectivo un buen rato y el cine no escapó a ello, dando origen a una cantidad considerable de películas sobre el fin de la historia, todas esencialmente catastróficas.

Sin embargo, hubo dos títulos que marcaron diferencias con el resto. Primero por un tema cronológico (se estrenaron una vez pasado el boom del fin del mundo), segundo por una cuestión de género y perspectiva. Porque en vez de jugar con la catástrofe, lo hicieron desde el punto de vista de las relaciones humanas…y desde el punto de vista de la joda en el otro caso.

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Buscando Un Amigo Para El Fin Del Mundo (2012) parte con el fracaso de Estados Unidos en la destrucción de un meteorito que se dirige al planeta, quedando sólo dos semanas para el fin. Dodge (Steve Carell) acaba de romper con su novia, con su trabajo y con sus amigos, más pendientes de armar la última gran . Penny (Keira Knightley) es su vecina y también ha roto con su novio. Por pura casualidad, Penny revela a Dodge que a veces recoge su correspondencia, y en un descuido, ha descubierto una carta perdida entre tanto papel, escrita por una antigua novia suya y, sin nada que perder, parte a buscarla, no sin antes invitar a Penny, cuya familia reside en Inglaterra, en su viaje, a quien ofrece buscar un transporte rumbo a la isla, a cambio de su compañía.

Buscando…es un filme que sorprende, por un lado por su sencillez en su realización como road-movie bastante sui-generis, sin gran pompa. Su narración también vota por la simpleza, y por la facilidad de sus personajes para generar empatía. Por mucho que Dodge sea más bien parco y pesimista, y Penny algo más extrovertida y desordenada, ambos terminan por congeniar, más allá de la necesidad de hacerlo empujados por las circunstancias. Las actuaciones de Carell (acaso un caso especial dentro del mundo de los comediantes estadounidenses) y Knightley crean una química que el espectador compra…no, sonó feo eso de comprar…recibe como un regalo y pese al inevitable desastre en ciernes, queda con la sensación de que al menos, nuestros héroes encontraron la paz que necesitaban en sus vidas.

(la había visto hace poco en un bus rumbo a Viña del Mar, pero el viaje fue más corto y no terminé de ver el final…de las pocas veces que de verdad me ha dado lata la imprevisión de los conductores de buses de poner películas más largas que el viaje).

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This Is The End (2013) obedece a una premisa totalmente distinta. Interpretándose a si mismos, la historia nos presente a los comediantes Jay Baruchuel y Seth Rogen, reencontrándose tras varios años de ausencia, y yendo a una fiesta en la casa de James Franco, donde los esperan entre otros Danny McBride, Craig Robinson, Jonah Hill, y otros. Aunque Baruchuel no simpatiza con algunos de ellos, acompaña a Rogen, pero al poco rato de llegar, un terremoto, acompañado de una seguidilla de explosiones, caídas y apariciones destruyen todo el lugar, matando a la gran mayoría de la población y encerrando a los pocos sobrevivientes en la casa de Franco, obligándolos a sobrevivir y haciendo caso omiso a sus no pocos conflictos personales.

Todos los comediantes aquí involucrados han hecho gala de un humor fundado en la negativa masculina a madurar, a superarse. A todos los hemos visto hacer de completos imbéciles estancados en una adolescencia que se les fue que rato, y ésta no es la excepción. No porque estén a punto de morir van a dejar de ser lo que son, y esa es una de las mayores gracias de este filme, abundante en escenas notables, entre ellas el breve cameo de Emma Watson, invitada a la fiesta y que regresa poco después de la catástrofe, demostrando que de la educada señorita Hermione Granger no queda nada.

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Y es que este escenario de apocalipsis es la excusa a la que recurren los directores Evan Goldberg y el propio Seth Rogen para reírse de buena gana de sí mismos, hacerse muchas bromas pesadas a costa de sus propias carreras caracterizadas por la imbecilidad de sus personajes más recurrentes…y temer que esa imbecilidad se los haya devorado en sus vidas diarias. This Is The End contribuye a crear esa sensación que el 2013 ha sido un buen año para las comedias gringas. Y es que hay tipos que saben hacer reír y otros que simplemente no lo saben. Este año les ha tocado trabajar a los primeros, mientras que los segundos…sigan escondidos no más.

SEEKING A FRIEND FOR THE END OF THE WORLD

***1/2

Director: Lorene Scarafia

Intérpretes: Steve Carell; Keira Knightley; Martin Sheen; Adam Brody; Derek Luke; Melanie Linskey

Comedia/Romance

2012

THIS IS THE END

***

Director: Evan Goldberg-Seth Rogen

Intérpretes: Jay Baruchuel; Seth Rogen; Craig Robinson; Danny McBride; James Franco; Emma Watson; Michael Cera; Christopher Minz-Plisse; Jason Segel; Rihanna

Comedia

2013

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la realidad detrás de la realidad

Fernando acaba de enterrar a su abuelo. Un ex general del Ejército de Chile con quien mantenía una ambivalente relación: cierto es que se llevaba mejor con su abuelo que con su propio padre, con quien recíprocamente se menospreciaban. Todo cambió cuando descubrió que su abuelo no era el respetable uniformado que todos creían, sino que un salvaje agente del gobierno militar encargado de torturar y hacer desaparecer a prisioneros políticos.

Convencido de que posee capacidades extrasensoriales, y de que la complicada situación interna del país se debe a factores más allá de esta dimensión, Fernando descubre entre las pertenencias del difunto una vieja cinta de video. Al examinarla, y compararla con otros antecedentes que pudo reunir, descubrió que el fallecido general estuvo involucrado en el incidente Lluscuma, que todos recuerdan como la abducción jamás probada de un cabo del Ejército en el Norte Grande, aunque esta supuesta abducción fue en realidad la tapadera de un incidente mucho mayor, que involucra a una secreta e influyente rama dentro del mundo castrense con fuerzas ajenas a lo que razonablemente conocemos…

Uno de los lanzamientos más esperados de la reciente FILSA 2013 fue esta novela publicada originalmente por entregas durante 2012, Lluscuma, de Jorge Baradit, finalmente vio la luz en formato novela, a través de Ediciones B, y se había convertido en una de las publicaciones más esperadas en mucho tiempo, generando una considerable expectación. Por todos aquellos que no leyeron la novela en su proceso por episodios, y por todos aquellos que si lo hicieron y esperaban verla en formato tradicional.

Fiel al estilo que lo ha convertido en uno de los autores más interesantes de la actualidad, Baradit mezcla en un solo libro fantasía, mitología chilena y universal, ciencia ficción, espionaje, teorías conspiracionales y otros tópicos en una historia acerca de acontecimientos secretos que, de verificarse ciertas circunstancias podrían desencadenar el fin del mundo que conocemos.

Jugando con nuestra historia real y mitológica, fusionándolas en un conflicto de proporciones épicas, acompañamos a Fernando en esta suerte de tour-de-force extrasensorial, donde sus capacidades serán desafiadas, así como su noción de la realidad e irrealidad. Sobre la dimensión y la extradimensión. Viaje en el que su capacidad de percepción será puesto a prueba. Será cuestionado incluso por sus más cercanos, y el mismo deberá enfrentar sus propias convicciones…e inseguridades.

Recurriendo a sorprendentes vueltas de tuerca y abundantes cliffhangers (que no son de extrañar si pensamos que se publicó en forma seriada y había que dejar al lector enganchado), Baradit construye una serie de mundos alternativos basados en otros perfectamente reconocibles. Supongo que su profesión de diseñador le ayudará mucho en este sentido, porque describe los mundos que crea de una forma que uno capta y cree completamente los escenarios que Baradit concibe.

Y aunque al principio la historia puede ser confusa (capas sobre capas sobre capas de realidad, hiperrealidad y subrealidad, si prefieren describirlo de esa forma) lo cierto es que no hay que concentrarse demasiado para entender el desarrollo de la historia y distinguir que capa de la historia es cual. Por último, siempre ayuda un poco de buen humor y qué puede ser más divertido que incluir algunos cameos de amigos personales en la obra?

Obra disfrutable de principio a fin, Lluscuma nos confirma porqué la literatura fantástica (escrita o gráfica) nacional cuenta con la buena salud de que goza actualmente, y por qué no ha hecho más que engrandecerse con los años. Su lectura, no sólo es imprescindible, sino que además está llena de  señales positivas. Bien que haya autores con este tipo de ideas..y mejor aún, que haya mucha gente dispuesta a leerlas.

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Jorge Baradit

Ediciones B, 2013

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ni tan distintas ni tan rivales

Aunque es una de las agentes mejor calificadas del FBI, Sarah Ashburn (Sandra Bullock) aún no consigue ese ascenso por el que lleva largo tiempo luchando. ¿La razón? Sarah es tan egocéntrica como engreída e incapaz de reconocer los méritos de los demás, lo que la hace ser bastante despreciada por sus compañeros. Así, para bajarle un poco los humos, su jefe la envía a Boston para que persiga a un importante narcotraficante llamado Larkin.

En Boston, Sarah interroga a un microtraficante local, pero se encuentra a la vez con Shannon Mullins (Melissa McCarthy) una desordenada, malhablada y osada policía local, quien deja en claro desde un principio que no le gustará mucho la compañía de Sarah en esta misión.

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Ha sido un buen año para las comedias. Aunque hemos tenido que bancarnos las típicas parodias tipo *** Movie, y la infumable Que Pasó Ayer III (ver nota aparte) lo cierto es que sin llegar a niveles extraordinarios como lo que logró Ted el año pasado, este 2013 ha tenido abundantes comedias todas bastante divertidas sin necesidad de recurrir al doble sentido y a las bromas pesadas a costa de razas o minorías. Películas como Armadas y Peligrosas (horrible título en español), como sucedió también con Quien %$&! Son Los Miller, demuestran que aún hay esperanzas y la gente aún sabe reírse con argumentos inteligentes y los chistes pueden ser muy divertidos sin tener que herir susceptibilidades.

Con un argumento simple pero no por eso idiota, la película se centra en un tema bastante recurrente: dos personas completamente diferentes forzados por las circunstancias a acompañarse, soportarse y colaborarse. En este caso, una agente seria, responsable y profesional hasta más allá de lo razonable, debiendo trabajar codo a codo con una persona explosiva, impetuosa y de garabato fácil. Esto, que se ha visto miles de veces (pensemos en Arma Mortal y en general en todas las películas del género buddy movies) funciona por el buen manejo del director Paul Feig y sobre todo por la gran química existente entre Bullock y McCarthy.

Bullock convence en su rol de agente dedicada 100% a su trabajo (algo que ya le habíamos visto, aunque con otros matices en la saga de Miss Simpatía) y nos queda claro cuanto le acomoda hacer comedias. Pero sin desmerecer a la buena de Sandra, es Melissa McCarthy quien tiene los momentos más divertidos del filme, construyendo un personaje que desconcierta por su falta de cultura, de tacto y a ratos de criterio. La contraposición con la excesiva corrección de su compañera suben los bonos de este filme más alto de lo que se podría esperar. Y eso se agradece.

El público agradece que lo diviertan sin que lo hagan quedar como tonto, y recompensó esta comedia con un segundo lugar en su semana de estreno, y con ganancias que prácticamente quintuplicaron su presupuesto. ¿Ves, Hollywood, que el público también sabe apreciar las cosas buenas?

***1/4

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THE HEAT

Director: Paul Feig

Intérpretes: Sandra Bullock; Melissa McCarthy; Demian Bichir; Michael Rappaport; Michael McDonald; Marlon Wayans

Comedia

2013

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mejor no tomen más

Tras decapitar a una jirafa, causar una colisión en plena autopista y provocar un infarto fulminante a su padre, la familia de Alan (Zack Galifiniakis) decidió que ya era suficiente con sus descalabros y decide internarlo en una clínica psiquiátrica. Sorprendentemente, Alan accede, sólo si el viaje es por tierra y sus mejores amigos Phil (Bradley Cooper), Stu (Ed Helms) y Doug (Justin Bartha) lo acompañan.

Pero como esta pandilla es un imán para los desastres, en plena carretera son abordados por Marshall (John Goodman) un duro mafioso que pretende llegar a través de estos tipos, a Chow (Ken Jeong) el excéntrico mafioso asiático, que tiempo atrás le robó una importante partida de lingotes de oro…

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Luego de un par de sorpresas que analizamos hace poco (We’re The Millers resultó mejor de lo que creía, Turbo fue más floja de lo que esperaba) las cosas vuelven a su cauce normal, en el sentido que tenemos una película que cumple con lo que se espera de ella.

Así es. No esperaba nada de Qué Paso Ayer Parte III…y eso fue lo que obtuve: nada.

Porque luego de la gran primera película de 2009, vino una olvidable segunda parte que no aportó en nada a la historia, lo que me hizo creer que hasta aquí no más llegábamos. Y es que se trataba de una vil copia de la primera parte donde lo único que cambiaba era el personaje de Zach Galifiniakis, llevado a niveles de estupidez ya insoportables.

Más o menos parecido con lo que ha pasado con Homero Simpson, pasó de ser un gordo tonto, pero simpático y hasta amigable, a un completo pelmazo cuya ineptitud puede sacar de sus casillas al mismísimo Papa. Pues bien, esta tercera parte empieza, transcurre y termina, girando en torno a las boludeces de Alan, lo que claramente termina quitándole todos los puntos buenos que originalmente tenía.

Y eso que, sin lograr genialidad alguna, esta tercera parte tiene sus momentos, unos pocos más que la segunda parte, en todo caso. Sin embargo, ninguno de ellos consigue llegar ni a la sombra de alguno de los momentos de la primera película, lo cual, unido a la dependencia excesiva de la historia en el personaje de Alan, que en vez de hacer reír uno termina deseando que lo agarren a balazos, sino balearlo uno mismo.

El cambio de fórmula (sustituir una resaca de proporciones míticas por una escaramuza con gangsters) tampoco contribuye mucho al desempeño de la historia. Es más, por repetida que hubiera sido, la idea de embriagarse hasta no saber nada más del mundo es de la esencia de esta saga. Omitir este elemento sólo contribuye a desnaturalizar y desvirtuar todavía más este filme.

Así es como las buenas ideas mueren. Y en un año en que el género de la comedia comenzaba a dar signos de recuperación, Que Pasó Ayer III es un paso en falso que nadie tenía necesidad de ver.

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THE HANGOVER III

Dir: Todd Philips

Int: Zack Galifiniakis; Ed Helms; Bradley Cooper; Justin Bartha; Ken Jeong; John Goodman; Heather Graham; Melissa McCarthy; Jeffrey Tambor

Comedia

2013

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