cualquiera de ustedes puede ser un asesino

Hercules Poirot (Kenneth Branagh) ve interrumpidas sus vacaciones en Estambul cuando es requerido para volver a Londres lo antes posible, y a través de un amigo suyo, el Sr. Bouc (Tom Bateman), Poirot consigue una habitación en el exclusivo Expreso de Oriente, el lujoso tren que atraviesa Europa de oriente a occidente.

A poco de abordar, un norteamericano llamado Ratchet (Johnny Depp) intenta trabar amistad con él y contratarlo como guardaespaldas, ya que ha recibido repetidas amenazas de muerte. De las propias palabras de Ratchet, Poirot deduce que éste se dedica  al tráfico de obras de arte y declina la oferta.

Durante la segunda noche del viaje, el tren sufre un desperfecto y queda varado en Yugoslavia, en plena tormenta de nieve. A los pocos minutos, es descubierto el cadáver de Ratchet, el que fue apuñalado reiteradas veces.

Convencido de que el asesino se encuentra en el tren, Poirot interrogará a todos y cada uno de los pasajeros, todos los cuales tienen algo en contra de la víctima. Y sus conclusiones remecerán hasta las más sólidas convicciones del detective.

Aunque el cliché del detective literario o de ficción es Sherlock Holmes, a nivel masivo suele olvidarse a otros personajes tan trascendentes como el creado por Arthur Conan Doyle. Como Miss Marple, de Agatha Christie, Auguste Dupin, de Edgar Allan Poe, Philip Marlowe, de Raymond Chandler, Nancy Drew y los Hardy Boys, el Inspector Maigret, las obras de Elmore Leonard y James Ellroy, Dick Tracy, The Spirit, de Will Eisner, el Batman de sus primeros años, Columbo, Mike Hammer y por supuesto, Hercules Poirot, de la propia Agatha Christie.

Protagonista de 41 relatos entre 1920 y 1975, y diversas adaptaciones a las distintas pantallas (la más popular, aquella serie inglesa protagonizada por David Suchet, entre 1989 y 2013), Poirot se distinguió por su estilo único de investigar. Si bien para Poirot también tiene importancia la recolección de pistas, fechas, datos y detalles que el policía común suele dejar pasar, Poirot se enfocaba en analizar la condición humana de los sospechosos y de sus víctimas, recurriendo a la psicología para obtener las respuestas que necesita, haciendo las preguntas adecuadas y dejando que su gran capacidad analítica y deductiva haga el resto.

Asesinato En El Expreso de Oriente es la más popular de las historias de Hercules Poirot, y una de las que más veces ha sido llevada al cine, la más reciente de ellas, esta vez protagonizada y dirigida por Kenneth Branagh. Y es quizás el mejor ejemplo del método Poirot: un crimen, en un espacio cerrado y aislado (un tren varado en medio de la nieve), y un puñado de sospechosos, todos los cuales con un móvil válido para cometerlo.

La dirección de Branagh es funcional y fiel a la obra de Christie, en cuanto a su estructura y a su espíritu. Y con el suficiente oficio como para sostener un relato entretenido y atractivo para el espectador, manejando los ritmos y atmósferas de manera adecuada al objetivo de la obra, esto es, la resolución de un crimen y la búsqueda de su responsable, a partir de las personalidades de los sospechosos y sus móviles. Se agradece además que Branagh opte por evitar las fórmulas del blockbuster (que funcionaron bien y mal en el Sherlock Holmes de Guy Ritchie, mientras que Branagh opta por ser más cauto y no caer en riesgos que no necesita) a fin de ser respetuoso con la estructura coral y casi teatral de la novela.

No es una película perfecta, en todo caso…¿se han fijado que a veces están viendo una película y les da la sensación que sus realizadores estaban muy entusiasmados con el rodaje y de repente se acordaron que la película no podía pasar de una duración determinada, por lo que la parte final de la cinta se ve apresurada, forzada, que de manera abrupta tuvieron que contarte cómo termina la historia?

Es el problema de Asesinato… Branagh, su elenco, su equipo, están tan entusiasmados en contar su relato, que de pronto pareciera que se acordaron que tenía que ponerle final, y los últimos 15 o 20 minutos se sienten como un frenazo de golpe, que te empuja contra el parabrisas delantero. Y el muy buen viaje que estabas haciendo termina con un sabor desagradable. No te va a hacer mandar al carajo las experiencias y recuerdos gratos, pero ciertamente te lo echa a perder.

Eso pasa con Asesinato…está siendo un gran viaje, pero el final es tan abrupto, y tan a la rápida, que la frustración es inevitable.

***

MURDER ON THE ORIENT EXPRESS

Director: Kenneth Branagh

Intérpretes: Kenneth Branagh; Tom Bateman; Johnny Depp; Daisy Ridley; Judi Dench; Michelle Pfeiffer; Josh Gad; Williem Dafoe; Penélope Cruz; Derek Jacobi; Olivia Colman; Manuel García-Rulfo.

Suspenso/Policial

2017

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mismo lugar, misma gente, distinta época

Una de las grandes ideas que surgieron en el mundo del cómic de superhéroes durante los ’90 fue el surgimiento del concepto ElseWorlds (Otros Mundos). Este concepto consiste en trasladar a los personajes fuera de sus entornos habituales e instalarlos en situaciones fuera de las regulares. Ya sea contextos reales e históricos (el Imperio Romano, las Cruzadas o la Revolución Industrial) o ficticios (sociedades futuristas, ucronías regidas por regímenes totalitarios) e incluso simplemente hacer un intercambio de lugares (como aquella célebre historia en que la cápsula de Kal-El cae en Gotham City y es adoptado por una influyente pareja local, los Wayne, los que son asesinados a la salida de un cine y…bueno, creo que ya pueden ver para donde va). La idea era enfrentar a sus personajes a situaciones aun más extraordinarias de las que ya viven.

Una de las primeras obras publicadas bajo este concepto fue Batman: Luz de Gas, escrita por Brian Agustyn y dibujada por Mike Mignola, y publicada en febrero de 1989. Cuenta los hechos ocurridos en 1889, cuando poco después de regresar desde Europa, Bruce Wayne vuelve a una Gotham City azotada por el crimen, y encima debe afrontar la amenaza de un criminal conocido como Jack, El Destripador. Aplicando los conocimientos adquiridos durante su periplo por el viejo continente y concretar su postergado plan de impartir justicia con mano propia, convirtiéndose en Batman.

Hace pocas semanas se lanzó la adaptación animada de dicha novela, recoge lo medular de ésta historia. al igual que la novela gráfica, arranca en la Gotham City de la era victoriana, la cual viene siendo escenario de las hazañas de un vigilante enmascarado que la comunidad ha llamado Batman, pero al mismo tiempo, es lugar para una serie de crímenes atribuidos a un criminal llamado Jack, El Destripador, cuyas víctimas hasta ahora han sido prostitutas, bailarinas exóticas y mujeres de baja extracción social.

La situación social se vuelve cada vez más tensa, especialmente luego de que la ex domadora de leones, devenida en cantante de vaudeville y activista feminista Selina Kyle encare al jefe de la Policía, James Gordon, y al fiscal del estado, Harvey Dent, por su indiferencia con el caso, alegando discriminación. Esto llega a los oídos del próspero industrial Bruce Wayne, quien tras imponerse con detalle del caso, decide que es tiempo de intervenir…

Como es de esperarse, la historia animada presenta diferencias con la narrada en papel, algunas muy sutiles (ninguna mención al Joker, por ejemplo, que en la novela tiene una aparición fugaz, en la película ni de decorado, así como la incorporación de personajes como Hugo Strange, Selina Kyle, Leslie Thompkins, y los tres Robin históricos, Dick Grayson, Jason Todd y Tim Drake), algunas decisivas, pero lo cierto es que la idea central de la novela, quedó intacto.

Cierto es que es en el apartado visual donde la adaptación presenta sus mayores flaquezas. Es obvio, por bien intencionado que sea, el staff encabezado por Sam Liu, responsable de la gran mayoría de adaptaciones animadas de DC/Warner no tiene las mismas virtudes que Mike Mignola, aunque en su defensa podemos decir que el estilo de Mignola no es fácil de adaptar para un filme eminentemente comercial como éste. Y no está nada mal, en cuanto se ajusta a los parámetros en los que debe moverse atendidas las características del relato.

Diferencias más o menos, siempre las habrá cuando se trate de una adaptación (no de una copia al calco, como algunos insisten en que deberían ser las películas basadas en cómics) lo importante es que Luz de Gas sea una historia que atrape a su espectador con un argumento inteligente, una intriga bien construida (dentro de los márgenes que se mueve una cinta animada estadounidense, distintos de los que rigen la novela gráfica, por cierto) y que sea lo bastante entretenida para destinarle los precisos 78 minutos que dura. Cumple con todo eso, así que en lo que animación inspirada en los personajes DC se refiere, el 2018 partió bien.

***

BATMAN: GOTHAM BY GASLIGHT

Director: Sam Liu

Voces: Bruce Greenwood; Jennifer Carpenter; John Di Maggio; Anthony Head; Scott Patterson

Animacion

2018

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un fugaz amor de verano

Durante el verano de 1983, la familia Perlman, estadounidenses residentes en la campiña del norte de Italia, donde el padre (Michael Sthulbarg) ejerce como profesor de arqueología de una universidad local, recibe la visita de Oliver (Arnie Hammer), también estadounidense, estudiante de posgrado, reclutado por el profesor como asistente para sus investigaciones.

El visitante es mirado con recelo por Elio (Timothée Chalamet) el introvertido hijo adolescente de la familia, especialmente por lo diferentes que resultan ser sus personalidades: él, introvertido, lacónico y concentrado más en transcribir música que en la vida social, frente a un Oliver despreocupado, activo y vividor.

Sin embargo, ocupando cuartos contiguos de la casa, y sirviendo Elio como guía de su huésped por los alrededores, ninguno de los dos podrá frenar lo atraído que se siente por el otro…

Por ser una coproducción entre italianos, franceses y hasta brasileños, rodada en Italia y de la mano de un director de esa nacionalidad, Luca Guadagnino, ésta bien podría haber quedado nominada como mejor película extranjera. Sin embargo, la presencia estadounidense en su casting y la procedencia de parte de los capitales invertidos en su producción desde el mismo país, terminaron por poner Call Me By Your Name en la nómina principal de cara a los próximos premios de la Academia.

Méritos tiene, indudablemente, para estar entre lo más destacado del año. No sé si para llevarse el premio mayor (como he dicho con otras películas, no porque no esté a la altura, sino que porque las competidoras más fuertes en verdad han estado más potentes que el resto), partiendo por el gran provecho que Guadagnino hace del paisaje natural de Italia (y del semirural también). Quizás ya hemos visto estos campos en muchos otros filmes antes, pero no por eso deben dejar de parecernos impresionantes, que con el muy buen ojo del director de fotografía del filme, Sayombhu Mukdeeprom, lo hace ver todavía más imponente.

Este es el marco en el que transcurre la historia, basada en la novela del mismo nombre de André Aciman y adaptada por el siempre honorable James Ivory, acerca de esta relación imposible, prohibida, como quieran llamarle, pero invariablemente destinada a no prosperar. Para uno de los involucrados, al menos.

La vida de Elio, nuestro protagonista (gran interpretación de un prácticamente debutante Timothee Chalamet, aunque también se dejó ver en Lady Bird, también en carrera por el Oscar…¿será algún indicador de algo importante?) no volverá a ser la misma después de este verano, temporada de vacaciones que, en una primera vista, no ofrecía sino más de lo mismo. Es decir, para un adolescente no precisamente extrovertido como él, en un entorno donde no hay muchas cosas que hacer (más que andar en bicicleta, ir al río cercano a nadar, y pasar el rato con los pocos amigos que tiene en fiestas donde claramente se siente que no pertenece), el panorama es esencialmente enfrentar horas y horas indiscutiblemente muertas.

No es de extrañar que no espere nada de la visita de Oliver (después de varios papeles dando bote, por fin Arnie Hammer ejecuta un papel y en un filme en que puede desenvolver tu gran talento como corresponde). Temprano nos queda claro que no es primera vez que debe recibir a un visitante en las condiciones que lo hace Oliver, que además es el perfecto opuesto del joven ítaloamericano.

Hasta que la atracción entre ambos se hace inevitable.

Ambos son conscientes de las limitaciones de su relación. Si hoy no es fácil asumir la atracción por una persona del mismo sexo, figúrense treinta años atrás, especialmente cuando ello podría afectar las confianzas, y considerando que esta relación tiene fecha de vencimiento. Conscientes de que la relación no va a durar mucho, cada cual pondrá de su parte para sacarle el máximo provecho. Pero, como dije antes, no le dan la misma importancia a la relación.

Y Elio lo sufre. Por entusiasmarse más de la cuenta con una relación que no daba para mucho. Y tampoco es que podamos culpar a Oliver de esto. Si, para el americano su relación con el joven italiano es una aventura más de tantas que tuvo y que tendrá, pero ciertamente no es algo que haya estado buscando. Quizás podríamos reclamarle su actitud con Elio, dejándolo que se entusiasme, y no poner paños fríos o algún otro atajo, consciente de que este vínculo no dará para mucho más.

Se ha calificado a Call Me By Your Name como cine LBGT, y no voy a negar que hace mucho por la causa, pero esta historia podría emocionar también si la pareja protagónica fuera heterosexual, pues su drama va más allá de la homosexualidad de sus protagonistas. Quizás una pareja hetero no jugaría con fuego tanto como lo hacen Oliver y Elio, pero el drama es el mismo: mantener una relación en la sombra, y tratando de estirarla lo más posible, sabiendo que la ruptura es inevitable, pese a la buena fe de ambos.

Interesante es ver como este paisaje idílico, que bien podría decorar una historia donde el amor sea la fuerza vencedora, sirva de escenario a un relato correctamente armado y en cuya buena ejecución el aporte de sus intérpretes es  el ingrediente principal, en el que si bien el romance es protagonista, está muy lejos de ser el triunfador.

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CALL ME BY YOUR NAME

Director: Luca Guadagnino

Intérpretes: Timothee  Chalamet; Arnie Hammer; Michael Sthulbarg; Amira Casar; Esther Garrell

Drama

2017

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una avecilla queriendo levantar vuelo

Es el año 2002, y Christine “Lady Bird” McPherson (Saoirse Ronan) inicia su último año de estudios en un colegio católico de Sacramento, al norte de California. Harta de su entorno, del poco atractivo futuro que le ofrece la ciudad y de su familia, especialmente de su madre (Laurie Metcalf), Lady Bird sólo aspira a conseguir algún cupo en la universidad más lejana posible.

Sin embargo, sus calificaciones en el colegio, así como su conducta, no son de las mejores, más la complicada situación económica de su familia, dificulta la realización de sus sueños, y Lady Bird buscará desesperadamente una salida para esta poco estimulante situación…

No quería hacer esto. Que conste. Pero no es mi culpa.

Es decir, si confirman el estreno de Lady Bird, película nominada a cuatro premios de la Academia para el 1 de marzo (mejor película, directora, actriz y actriz de reparto, guión original), siendo que los premios se entregan tres días después (menos malo que confirmaron su estreno, otros nominados como Call Me By Your Name o The Phantom Thread no figuran ni en las cómicas) ¿qué esperan que uno haga?

Aparte de ser una pésima estrategia comercial (el que estaba interesado en verla, para entonces ya lo habrá hecho vía Amazon, encargada en la tienda amiga, vista en el stream legal o de los otros, o recurriendo al torrent amigo), y el que no, bueno, no se va a urgir una película, por nominada que esté, dos días antes de saber si se premia o no. Para que de verdad enganche, tendría que ganar los premios a los que está nominada, para llamar un poco la atención. Y si no lo hace, bueno, fue un gusto tenerte en cartelera.

De cara a los premios de la Academia, la tiene bastante difícil. Pero sólo porque le toca competir con filmes que han pegado mucho más fuerte a lo largo de la carrera, principalmente con La Forma del Agua y con Tres Avisos Para Un Crimen, en quienes se ha centrado la gran pelea este año. Podría pensarse que Lady Bird, una película esencialmente femenina, ha sido nominada sólo por un tema de paridad (y a la Academia le gusta tanto dar la sensación de una actitud políticamente correcta), sino que porque méritos tiene de sobra.

Quizás no para alcanzar un Oscar como Mejor Película o Mejor Directora, pero para ser el primer trabajo de la actriz y guionista Greta Gerwig en la dirección, es un muy buen pie desde el cual empezar.

¿Cómo podríamos definir esta historia? ¿O a su protagonista? Christine, aunque ella prefiere ser llamada Lady Bird, siente que tiene un gran porvenir, que está en este mundo para algo importante…pero que no lo logrará si se queda en un entorno donde no se siente apreciada como se debe. Siente que no pertenece a ese mundo, que debe salir de ahí…pero que también es lo único que tiene. Y que para bien o para mal, el pequeño universo al norte de California donde vive y ella, están íntimamente ligados.

¿Cómo escapas de un mundo que, con todo lo que le puedas criticar, y bien en el fondo de tu ser, aprecias, quieres, incluso amas?

Lady Bird quiere salir, lo desea desesperadamente, pero debe enfrentarse a su realidad (notas no muy buenas, conducta escolar reprochable, no mucho dinero) y a lo que de verdad siente. Si a eso le sumamos otros cuantos factores (su conflictiva relación con su madre, sus amistades, sus amores y las primeras frustraciones) van definiendo la conducta de la chica, que deberá ir aprendiendo sobre la marcha acerca de los golpes que da la vida.

No sé si Greta Gerwig lo hubiera querido así, pero Lady Bird guarda muchas similitudes con Dazed and Confused (1993) y Everybody Wants Some (2016) dos películas de Richard Linklater que también exploran esa etapa en que se termina el colegio, se empieza la universidad y el adolescente da sus primeros pasos por el camino que tarde o temprano los llevará a la madurez. Incluso, pensando que ambas películas transcurren a mediados de los ’70 y principios de los ’80, respectivamente, Lady Bird bien podría ser su secuela de principios del 2000, con las heridas del 11/9 todavía abiertas. Lady Bird bien podría ser hija (temática, moral, incluso biológica) de esas generaciones.

Las mayores fortalezas de la película corren por cuenta de su actriz principal. Desde que la vimos por primera vez en Expiación, Deseo y Pecado, que Saoirse Ronan ha venido obteniendo un reconocimiento tras otro, y los últimos años, gracias a filmes como Brooklyn, Great Budapest Hotel y otras más, se ha ido consolidando como una de las mejores actrices jóvenes actualmente. Su nominación al Oscar viene a ser la ratificación de todo lo bueno que ha venido haciendo.

A un nivel muy parecido debemos poner a Laurie Metcalf, quien encarna a Marion, la madre de Lady Bird, una mujer que indudablemente quiere lo mejor para su familia, obstinación que la ha convertido en enemiga de su propia hija, que cree que lo mejor para ella es otra cosa.

Y claro, la dirección de Greta Gerwig, que es de esos debuts que nos gustaría ver más seguido. Un debut esperanzador, que nos permite tener fe en que aún queda gente dispuesta a contar historias que resulten cercanas para el espectador. Tenemos fe en este tipo de películas por algo simple: porque su realizadora tiene fe en ella.

Con o sin Oscar, es un muy buen punto donde empezar. Ciertamente, espero saber más de Greta.

***1/2

LADY BIRD

Director: Greta Gerwig

Intérpretes: Saoirse Ronan; Laurie Metcalf; Lucas Hedges; Tracy Letts; Timothee Chalamet; Beanie Feldstein

Drama

2017

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más ruido del necesario

Christian (Claes Bang), es curador de una galería de arte en Estocolmo, Suecia, aunque a simple vista, pareciera que el mismo no tiene idea de lo que pasa o se exhibe en ella, según se desprende de las respuestas que ofrece a Anna (Elizabeth Moss), periodista, que lo está entrevistando.

Cierto día, durante un incidente callejero, Christian descubre que su teléfono y su billetera le fueron robados. Con un funcionario de su galería idea un sistema para recuperar estas cosas, pero eso será lo menos insólito que deberá vivir los próximos días.

La competencia más fuerte para Una Mujer Fantástica en la carrera por el Oscar a la Mejor Película Extranjera viene de Suecia, y con un aval muy fuerte. The Square fue la ganadora de la Palma de Oro en el último festival de Cannes, y ciertamente esa ventaja puede pesar a la hora de entregar el premio el próximo cuatro de marzo.

Estamos ante un filme que descoloca, que incomoda. Si, hace poco decía eso mismo de The Killing of a Sacred Deer, pero si en aquel filme lo que nos dejaba para adentro era la bajeza a lo que es capaz del ser humano para lograr un objetivo determinado, sin importar por encima de quien pasar, este filme del sueco Ruben Ostlund, donde el humor negro está a la orden del día, enfatiza en la indolencia del ser humano respecto del mundo que lo rodea, y lo desconectado que está el hombre moderno de las cosas que pasan a centímetros de su nariz.

Las distintas peripecias que atraviesa Christian, expuestas como píldoras de narración que al unirse conforman el todo que es esta película, son ejemplos de ello: todo lo que hace funcionaría a la perfección en un mundo paralelo donde el fuera quien dirige todo, pero que al menos en éste, queda clara su desconexión.

Dirige una galería de arte, pero no es capaz de dar una explicación acerca de las cosas que exhibe y lo que ellas significan, ni de las cosas que suceden dentro de ésta, ya que su personal prácticamente hace lo que se le da la gana, “en nombre del arte”..decisiones de las que luego tiene que andar poniendo la cara y dando explicaciones. Sufre un robo, y tratando de hacer justicia con mano propia termina metiéndose en más de un lío. De su vida personal, mejor ni hablar.

El problema es que estas “píldoras”, estos pequeños capítulos que van armando el mundo en el que Christian se desenvuelve, van agregándose..no quiero decir en desorden, porque no lo hay, es otra idea, más bien.

Lo que quiero decir es que es tanta la información, tantas cosas que se van sumando al relato (el robo del celular, una noche de sexo casual que el protagonista echa a perder por sus propias aprehensiones, un viral que busca dar publicidad a la galería, pero termina saliendo al revés por su mal gusto, una performance que se sale de control, y hasta un chimpancé que se pasea por un departamento cual dueño de casa) que entre tanta cosa nos vamos distrayendo del concepto central, cual es la evolución moral del protagonista, el proceso de abrirse a descubrir el mundo que hay más allá de su nariz. Por un lado.

Por otro, The Square plantea un interesante debate sobre la libertad de expresión, los límites de la creación artística y el minuto en que dejamos de estar frente al arte propiamente tal para estar ante la mera provocación, las ganas de llamar la atención o simplemente incomodar.

Pero los árboles no dejan ver el bosque, y tanto condimento termina logrando que esta historia no explote todo lo que podría.

No es que no me haya gustado, o la haya encontrado mala. Ni lo uno, ni lo otro (digo, porque no va a faltar el fanático del “verdadero cine” que pasa por aquí de vez en cuando sólo para tratarme de ignorante). Sólo que siento que tiene detallitos que me impidieron disfrutarla más.

Pero bueno, tiene una Palma de Oro en Cannes (y hace unos días no más se ganó el Goya a Mejor Película Europea, mismo premio que en su variante Iberoamericana se ganó Una Mujer Fantástica), se supone que eso la hace una de las grandes películas de la historia, y en una de esas tienen razón y sí soy un ignorante. quizás, pero eso no va a cambiar el hecho que crea que hizo más ruido del que debía. El detalle es que a veces el ruido ayuda a ganar premios.

***

THE SQUARE

Director: Ruben Ostlund

Intérpretes: Claes Bang; Elizabeth Moss; Dominic West; Terry Notary

Comedia

2017

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El Cuarto Poder (haciendo lo que los otros tres no)

Año 1971.

Durante largos años, el ex analista del ejército estadounidense Dan Ellsberg (Matthew Rhys) ha recopilado información clasificada que implica a al menos cuatro gobiernos estadounidenses en relación a la intervención norteamericana en Vietnam.

Cuando los rumores en torno a la existencia de esta información se vuelven cada vez más fuertes, el editor del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) ve con frustración como su competencia principal, el New York Times, golpea con el contenido de estos archivos, hasta que el Gobierno del Presidente Nixon consigue una orden judicial, que impide seguir publicando esta información.

Pero cuando Ben Bagdikian (Bob Odenkirk) consigue dar con el paradero de Ellsberg y junto a Bradlee, deciden publicar la información, lo antes posible, pese a las advertencias de sus abogados. Y corresponderá a su recientemente propietaria, Katherine “Kay” Graham (Meryl Streep) decidir finalmente el destino del reportaje…

Sé que a estas alturas todavía queda gente dispuesta a cuestionar la grandeza de Steven Spielberg como director. Bueno, pensando en todos ustedes, herejes, es que tienen que ver The Post (Los Archivos Secretos del Pentágono).

Incurriendo en un subgénero que ha dado grandes momentos al cine estadounidense como es el cine de prensa(pensemos en clásicos como Todos Los Hombres Del Presidente, filme con el que guarda más de un parentesco, o  El Informante, de Michael Mann, 1999, una de las últimas actuaciones decentes de Al Pacino, o más recientemente Spotlight, Oscar a la Mejor Película en 2015), Spielberg reconstruye las circunstancias que rodearon uno de los momentos más complicados para la política estadounidense. la revelación de los antecedentes que Dan Ellsberg reunió durante al menos cinco años, tras servir como analista de campo en Vietnam, que daban cuenta que la intervención estadounidense en dicho conflicto distaba mucho del ideal patriótico y victorioso que al menos tres administraciones querían imprimir en esa guerra.

Con el antecedente de la prohibición de referirse al tema impuesta al New York Times, la tensión reinante en el equipo de redactores del Post, centrando esta presión en su editor (un Tom Hanks ¡impresionante!) como su propietaria (la nominación de este año como Mejor Actriz para Meryl Streep es más que una mera tradición, Streep se manda una de sus actuaciones más poderosas en muchos años), toda vez que todo este staff (redactores, columnistas, editores, ejecutivos) es consciente que, más allá del golpe noticioso que significan estas revelaciones, lo que tienen en sus manos podría dar un puñetazo de knock-out directo al corazón de la política estadounidense…pero también, mandarlos a la cárcel por desacato.

Spielberg juega con estos elementos con el oficio y la maestría que le conocemos, haciéndonos parte de la vorágine de emociones y sensaciones que reinan en la sala de redacción, y como lo que se decida en ese microcosmos va a terminar por afectar a una sociedad completa, que se verá sacudida hasta sus cimientos. De esta forma, el bueno de Steven hace de su relato no sólo una gran crónica de un acontecimiento que tuvo lugar entre cuatro paredes, sino un verdadero tributo a la libertad de prensa y a los derechos civiles en general (especialmente, el derecho de la sociedad a conocer la verdad de los hechos que pasan y que sus gobiernos no le pasen gato por liebre…ahh, debe ser tan lindo eso de tener una prensa independiente).

Podríamos resumir The Post en “cuando el Cuarto Poder hace lo que los otros tres no”.

La película cuenta con una subtrama que no deja de resultar oportuna, y es la protagonizada por Kay Graham, quien al asumir en 1971 la cabecera del Washington Post, debió luchar contra toda clase de obstáculos, en una época en que era inconcebible que una mujer se hiciera cargo de una gran empresa. De hecho, si bien el periódico fue fundado por su propio padre, este legó la dirección del mismo a su yerno. A la muerte de éste, es Graham quien se hace cargo, y su administración fue una constante demostración de sus innegables habilidades empresariales y periodísticas, por lo que taparle la boca a sus críticos, fue una constante a lo largo de su carrera. Si bien The Post se refiere a esos primeros años, nos proporciona los antecedentes suficientes para entender cual sería la línea que el Post seguiría bajo la guía de Kay Graham.

Este mensaje no puede venir mejor, en tiempos donde aún una mujer no puede ganar lo mismo que un hombre por hacer el mismo trabajo, en los que aún se cuestionan las capacidades femeninas para liderar países, empresas o grandes obras.

Hace rato que una película no me dejaba de tan buen ánimo. Incluso en obras del mismo Spielberg, cuyos trabajos siempre me dejan un gran sabor de boca, The Post supera esa sensación con creces.

Nominada al Oscar a la Mejor Película (¿¿Y director?? Es por eso que no nos caes bien, Academia), The Post me deja con más ganas todavía de ver La Forma del Agua.o Ladybird..¿por qué? Porque necesito saber que tan buenas deben ser como para tener mucho más favoritismo en la carrera por el Oscar que este gran trabajo. Ningún problema con esas dos películas, pero si en una de esas la Academia hace la gran Spotlight y premia este filme, vaya que lo voy a celebrar.

****

THE POST

Director: Steven Spielberg

Intérpretes: Tom Hanks; Meryl Streep; Bob Odenkirk; Sarah Paulson; Matthew Rhys; Jesse Plemons: Allison Brie; Bruce Greenwood; Alison Brie

Drama periodístico/Política

2017

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el líder que se necesitaba

Es el año 1940. El ejército alemán, bajo el mando supremo de Adolf Hitler, avanza rápidamente sobre Europa, conquistando bajo su yugo una a una a las distintas naciones del continente.

Temiendo la pronta arremetida sobre territorio inglés, el Parlamento de ese país designa a Winston Churchill (Gary Oldman), un político de la vieja escuela con años de este tipo de situaciones en el cuerpo, como Primer Ministro, considerándolo el líder que el país necesita ante estas circunstancias.

Churchill, sin embargo, desconfía del tratado de paz que el Reich ofrece al Reino Unido, y sostiene que una defensa armada es una forma más eficaz de enfrentar el problema. En el proceso, tendrá al frente incluso a miembros de su propio partido, quienes no comparten su visión del problema…

Desde que terminó, hemos visto horas y horas de cine sobre la Segunda Guerra Mundial, principalmente a través de reproducciones de batallas, operaciones de espionaje, sus consecuencias para vencedores, vencidos y demás involucrados, pero cuando se habla de su génesis, normalmente es a través de filmes de espionaje y del thriller político.

Las Horas Más Oscuras, último trabajo de Joe Wright, un realizador que sin estar en la primera línea, siempre se las ha arreglado para hacerse notar con filmes de impecable desempeño (desde románticos como Orgullo y Prejuicio, hasta fantásticos como Pan, pasando por dramas como Atonement y acción pura y dura como Hannah), da en cierta forma una vuelta al tema, enfocándose en cómo se gestó la participación inglesa en el conflicto, centrándose en una de las figuras más relevantes de la historia británica del último siglo, Sir Winston Churchill.

Wright plantea su relato en un momento en que el conflicto aún no alcanzaba sus cotas máximas de dramatismo. Para 1940, el avance alemán sobre Europa era simplemente imparable, y la gran mayoría de naciones caía como piezas de dominó, haciendo feble cualquier tipo de resistencia (el poderío bélico germano era gigantesco) y la rendición o armisticio no eran garantía de nada.

Churchill, que ya era un político de viejo cuño para esos años, es una figura que despierta pasiones encontradas, y tiene la habilidad suficiente para intuir que su nombramiento obedece sobre todo a la necesidad de crear un clima de unidad nacional, aunque sea artificialmente. Del mismo modo, sabe que una respuesta armada es altamente riesgosa, pero un tratado, en las condiciones que se daban entonces (con el Reich fijando el contenido del mismo unilateralmente y a su arbitrio) está lejos de ser la solución ideal. Esto lo lleva a enfrentarse con su importante cantidad de detractores e incluso con sus propios partidarios, en una situación que para su país y sus aliados más próximos se vuelve cada vez más urgente.

De hecho, mientras Churchill discute con su Parlamento la posición inglesa frente a la escalada alemana,  sus tropas han quedado sitiadas en el puerto francés de Dunquerque (si, el mismo de aquella otra película), y sus posibilidades de salvar con vida son escasas.

La capacidad de Wright para transmitirnos la tensión que se vive en su relato es notable, y el hecho de que gran parte de la acción transcurra dentro del búnker existente en el interior de Downing Street, sede del gobierno inglés, donde se decide el destino de, en rigor, más de una nación, provoca una claustrofóbica sensación que hace aun más tangible la idea de que estamos en una olla a punto de estallar.

Sin desconocer el buen trabajo de Wright, aquí la principal fortaleza de este filme es la actuación de Gary Oldman, en el rol del célebre primer ministro inglés. Y sus méritos van más allá de la mera –y notable- transformación física (Oldman ciertamente no tiene ni la edad, ni el físico ni la postura de Churchill). Oldman replica a la perfección la personalidad de Sir Winston como líder político, en todos sus matices: teniendo que ser firme cuando se necesita, pero frágil cuando es el caso que lo sea. Terco y severo en una primera impresión, pero amable y cercano cuando se le conoce más de cerca, según lo puede aseverar su mujer, Clemmie (Kristin Scott Thomas, otra gran actuación), y su secretaria privada (Lily James). Churchill puede hablar golpeado ante las cámaras, pero en su fuero interno es un ser sobrepasado, en un cargo que ni él ni mucha gente quería, pero que ha debido asumir empujado por la necesidad. Oldman ya se adjudicó el Golden Globe por este rol, así como el del Sindicato de Actores y el Critic’s Choice, y es quien corre con más ventaja para el premio de la Academia en su categoría. Una enorme ventaja.

Globalmente, el trabajo de Wright es equilibrado. No piensa ser un discurso patriota o proselitista de esos que sobran en el cine americano respecto del tema (ya saben, la historia la escriben los vencedores), pero tampoco un documental plano y sin ritmo, de esos que se ven por horas en canales de documentales. Eso siempre es bueno, así se difunde la historia más allá de su público objetivo. No creo, eso sí, que tenga mucho que hacer en la nómina para Mejor Película, no por un problema de calidad, sólo que enfrenta contendientes mucho más fuertes.

***1/3

THE DARKEST HOUR

Director: Joe Wright

Intérpretes: Gary Oldman; Kristin Scott-Thomas; Ben Mendhelson; Lily James; Ronald Pickup; Nicholas Jones

Drama bélico/Historia

2017

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