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Nazco en 1976, pero mas o menos desde 1983 que rayo la papa con el cine...si a ud le ha gustado este blog, mi humilde aporte a la evolución y a la industria cinematográfica, no dude en dejar su comentario. Sino, bueno...es lo que hay.

no merecía tanto castigo…

Poco recuerda Mark Hogancamp (Steve Carell) de su vida anterior a la paliza que recibió de una pandilla, afuera de un bar, hace algunos años atrás. Tras nueve días en coma, y años de rehabilitación y medicación, Hogancamp se ha vuelto un individuo inseguro y frágil.

Lo único que hace sentir cómodo a Mark es Marwen, el imaginario pueblo belga, sitiado durante la Segunda Guerra Mundial, defendido por Capitan Houguie y su grupo de mercenarias, constituido por un set de figuras de acción y muñecas, cuyas aventuras monta en el jardín de su casa, fotografiándolas y que le han dado cierta popularidad en su comunidad.

Si bien este juego le permite evadirse de su triste realidad, es lo que le permitirá poner orden y sacar la fortaleza que se necesita para salir adelante su vida…

Le ha tocado bailar con la fea a Robert Zemeckis la última década. Aunque no ha perdido un pelo de sus habilidades fílmicas, la mayoría de sus filmes de la última década, salvo Los Fantasmas de Scrooge o The Flight (Beowolf,  The Walk, Aliados) han estado muy peleados con la taquilla, y a duras penas han duplicado su presupuesto, evitando las pérdidas, siendo Welcome To Marwen, su más reciente trabajo, el punto más bajo de esa curva descendente: una recaudación modesta de doce millones de dólares, frente a un presupuesto cercano a los cuarenta, que hizo que su paso por cartelera fuera más corto de lo esperado, incluso en los cálculos más pesimistas.

Hay una sola forma de entender qué pudo haber hecho un director normalmente eficiente para caer tan bajo: viendo la película.

Basada en la historia real de Mark Hogancamp, un hombre que superó las traumáticas consecuencias del ataque sufrido a manos de una pandilla de neonazis, cuya vida ya fue retratada anteriormente en el documental “Marwencol”, el trabajo de Zemeckis tiene cosas buenas. Claro, es un punto bajo si la ponemos frente a sus mayores hitos (la trilogía Volver al Futuro, Forrest Gump, Contacto o Náufrago) pero tampoco es para darle en el suelo como le sucedió en taquilla.

Basuras peores han tenido mucho mejor pasar en boletería.

El problema parte desde el momento en que Zemeckis bifurca la historia en dos ramas: por un lado, la vida diaria de Hogancamp, el duro proceso de rehabilitación y recuperación de sus memorias y de su vida. Por otro, las aventuras de su alter-ego plástico, Captain Hougie, durante el sitio de Marwen.

Ciertamente, esta última parte resulta mucho más interesante. Zemeckis es un gran narrador del género de aventuras, y siendo ese el leit-motiv de esta rama del filme, claramente es donde se siente más cómodo y se desenvuelve mejor. Con el apoyo de un innegablemente buen trabajo visual (Zemeckis ya había hecho interactuar a un hombre con un conejo animado, y a Tom Hanks con al menos tres personajes históricos ya fallecidos, qué le iba a costar transformar a su elenco en figuras de acción..además que el diseño de personajes resulta visualmente agradable), las historias que transcurren en Marwen daban para una película por sí sola.

Las debilidades corren por el lado live-action del relato. Sin desmerecer el muy buen trabajo de Steve Carell –para ser un actor que viene de la comedia, le quedan bien los personajes dañados- la historia no es muy diferente de cualquier otra película de superación ante una tragedia personal y descontrol que hayamos visto en otros lados.

Paso en falso pensando en el mismo director que nos presentó a un personaje que, sin buscarlo, fue testigo presencial de los mayores hitos de la historia; o a otro que, varado en medio de la nada, supo sacar fuerzas de no sabemos donde para no sucumbir al aislamiento, la muerte o la locura. Cuando uno recuerda los trabajos anteriores de Zemeckis, un relato tan plano y estructurado de manera tan evidente como el de Hogancamp, que sólo nos termina importando para ver qué tanto de esta vida influye en el relato paralelo, es un evidente retroceso.

Welcome to Marwen no es una gran película, apenas un filme correcto, que se salva gracias al buen trato que le da Zemeckis a su relato “secundario”, por decirlo de alguna manera, y que una vez armado el puzzle en el último acto nos queda todo mucho más claro y nos permite apreciar las cosas buenas que este filme tiene, globalmente considerado.

Pero no era para darle en el suelo con esa taquilla tan miserable. Me gustaría saber con qué blockbuster le tocó competir, pero aún así no me lo explico, pensando que hay basuras que han tenido números mejores

**3/4

WELCOME TO MARWEN

Director: Robert Zemeckis

Intérpretes: Steve Carell; Leslie Mann; Gwendoline Christie; Eiza González; Janelle Monae; Merrit Wever; Diane Kruger

Aventuras/Fantasía

2018

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lo que no hay que hacer

El doctor Louis Creed (Jason Clarke), su mujer Rachel (Amy Seimetz) junto a sus hijos Ellie (Jete Laurence) y el pequeño Gage (Hugo y Lucas Laviole), más la mascota, el gato Church, se muda a una casa de campo, demasiado cercana a una carretera donde circulan principalmente camiones, en los alrededores de la pequeña ciudad de Maine, luego de ser contratado como médico de urgencias en el hospital local.

Luego de descubrir un cementerio de mascotas informal, ubicado en un sector alejado de la propiedad, la familia no tarda en trabar amistad con Jud (John Lithgow), un vecino, quien a los pocos días, recorriendo la zona junto a Louis, le cuenta de una vieja leyenda india relacionada con el área en que se encuentra dicho cementerio.

Tras este hecho, y luego de que Louis fracasa en tratar de salvar a Victor Pascow (Obssa Ahmed), un joven que llega muy malherido al hospital, al parecer tras ser atropellado, la familia comienza a tener recurrentes pesadillas, avisos de una tragedia mucho mayor que está por suceder…

Mientras usted lee esta reseña, da lo mismo a qué hora, alguien en algún lugar del mundo está leyendo a Stephen King. Sea una novela, un cuento, un ensayo, una columna, entrevista, nota de prensa, incluso un tuit. Alguien está prestando atención a lo que King está publicando.

No nos hagamos los tontos. La convocatoria de King es innegable. Por eso, no es de extrañar que la tentación por adaptar sus obras (sobre todo pensando en la taquilla que sólo por poner su apellido en el póster va a generar) es fuerte. Y de ahí que al menos una vez al año, tengamos noticias de adaptaciones de sus relatos. Sólo este año ya habrán dos: la segunda parte de It, a estrenarse el segundo semestre (cuyo tráiler fue lanzado la semana pasada), y la segunda versión cinematográfica de una de sus obras clásicas: Cementerio Maldito.

Pero donde el casting y que Andy Muschetti repita como director abren la esperanza de que It sea una película tan o más grande que su primera parte, en el otro extremo tenemos Cementerio…, definible como la manera de no hacer las cosas.

La película dirigida por la dupla Dennis Widmyer y Kevin Kolsch carece del atractivo que cruza toda la obra King: desde el relato más corto hasta esas novelas que rozan las dos mil páginas, desde la más lograda hasta la más floja, todo lo que escribe King tiene la virtud de estar escrito de una manera que resulta imposible dejar su lectura de lado. Así, hasta con la novela más voluminosa de este autor, el tiempo que nos toma su revisión no se siente.

Si bien la novela de la que se extrae esta película ronda las 600 páginas, con letra muy chica y con el interlineado más corto posible, es un buen ejemplo de lo que estoy diciendo. Si la hubiera leído de corrido, no me habría tomado más de una o dos tardes.

De eso carece Cementerio…: ritmo y atractivo. La narración resulta lenta y plana, lo que lleva irremediablemente a perder el interés en lo que está pasando en pantalla, lo que resulta mucho más grave cuando los realizadores han metido tantos cambios a la historia original, muchos de ellos innecesarios y que no aportan en nada al desarrollo del relato.

Cosa que empeora cuando sus autores se han empeñado en apelar a todos estos artificios de los que se abusa hasta el cansancio en el cine de terror actual, por lo general buscando el grito, la sacudida…sin éxito. Cementerio Maldito no es la excepción (sólo faltaban los violines ejecutados por instrumentistas con tiritones). Prueba de ello es ese desfile de niños con máscaras de animales que, más allá de la posibilidad de hacer marketing, no aporta nada a la historia.

Está bien que quieran marcar diferencias con la primera adaptación de esta novela, de 1989, suerte de clásico de la era del videoclub (que pese a todas sus evidentes falencias tenía sus aciertos), que quieran nivelar hacia arriba, pero no así. Ponerse pretensiosos con una obra que no lo necesita, sólo lleva a sentir que se farrearon una historia muy superior, especialmente para las capacidades de sus adaptadores.

**

PET SEMATARY

Director: Dennis Widmyer y Kevin Kolsch

Intérpretes: Jason Clarke; Amy Smeitz; John Lithgow; Jete Laurence; Obssa Ahmed

Terror

2019

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estos y aquellos

Sucedió en el verano de 1986, en la playa de Santa Cruz, California. La pequeña Adelaide Thomas nunca fue la misma después de extraviarse en la casa de los laberintos del parque de diversiones local.

Más de treinta años después, Adelaide (Lupita N’Yongo) ha vuelto a dicho balneario junto a su marido Gabe (Winston Duke) y sus hijos Zora (Shahadi Wright Joseph) y Jason (Evan Alex) para pasar sus vacaciones. Sin embargo, ni bien pone un pie en la antigua casa familiar, Adelaide siente que algo no anda bien.

Sus temores no resultan infundados, cuando esa noche, durante un apagón, unos extraños personajes, vistiendo túnicas de color rojo, idénticos a Adelaide y a su familia, se presentan en la puerta de su casa. Y pese a lo extraviado de sus miradas, queda claro que no llegan con buenas intenciones…

El mundo no fue indiferente cuando el director y guionista Jordan Peele dio un gigantesco golpe a la cátedra con su película debut Get Out, provocando un verdadero K.O. en el medio que, incluso, lo tuvo rondando el Oscar. Y este año,con su segundo filme ejerciendo las mismas calidades, Nosotros(Us) demuestra que lo suyo no fue un fenómeno aislado, sino que señal de que hay algo que Peele tiene de sobra: talento.

Y capacidades para concebir relatos, crear atmósferas estremecedoras, inquietantes,  a partir de la realidad, del contexto en que le ha tocado vivir. En su caso,  los EEUU de Trump.

Si en Get Out, el tema medular era el facismo, Peele apela esta vez al lado oculto del sueño americano. Esa doble cara estadounidense, donde una de esas caras es la que el país pretende mantener oculta para no perjudicar la imagen de país de la oportunidad que proyecta –y saca en cara- al resto del mundo. El pánico a que ese sector de la comunidad se exponga, por temor a que la perfección que han vendido al resto, y a sí mismos, se quiebre.

¿Visión exagerada?¿Llevada al extremo? Puede ser, lo que no quiere decir que ese terror no exista. Me atrevo a especular que, desde el punto de vista de Peele, EEUU es un país que se ha sostenido a lo largo de los siglos como una sociedad perfecta, la tierra prometida. Tal idea de perfección se sostiene sobre bases muy frágiles, que en cualquier momento se podrían ir a pique.

Eso podría ayudar a entender el pánico que tiene el estadounidense promedio de la era Trump al extranjero, por ejemplo: que esa imagen de paraíso terrenal no resulte tan paradisíaca, ni sea para todos, matando esa idea autoimpuesta de perfección a buena parte…ok, ni tan buena.

Esas cosas se me vienen a la mente a partir del visionado de películas como Us. Y cuando una película, de uno de los géneros más antiguos, más populares, pero tristemente también más maleables del cine como es el terror, es capaz de dar pie a esta clase de lecturas, es porque estamos ante una obra muy superior.

Y es que cuando los realizadores del cine de terror se ponen las pilas y hacen cosas buenas, en algunos casos llegan a ser obras desproporcionadamente superiores.

No sólo estamos ante un filme superior en cuanto a su temática, sino también en la manera en que ésta se desenvuelve. Con su segunda película (y sin perjuicio de otros proyectos fantásticos en que ha oficiado como productor), Peele marca diferencias considerables con muchos otros creadores de su especialidad.

En un medio donde la gran mayoría del cine de terror se basa en el grito, el shock, el asco incluso, momentáneo, a través de una película como Nosotros, marca diferencias notorias, pues estamos ante un relato que va más allá del grito fácil, y que deja al espectador con una sensación de incomodidad a lo largo de todo el relato, intranquilidad que a uno le cuesta superar incluso mucho rato después de terminada la exhibición.

Y durante ella: estamos ante esas películas donde no podemos mirar para otro lado. Todo lo que estamos viendo en pantalla importa.

Sumado a que parte de bases no exactamente fantásticas, sino perfectamente terrenales, posibles y/o probables de tener lugar, uno queda más intranquilo aún. El parentesco de películas como Nosotros con shows como Black Mirror o The Twilight Zone (no es casualidad que Peele sea uno de los gestores del reinicio de esta franquicia) es evidente, pero saludable que así sea.

Me costó redactar esta reseña, qué quieren que les diga. Y eso porque las diferencias entre la obra de Peele con otros de su género son tan significativas, que por mucho que uno quiera tirarle flores, merecidas por cierto, tiene que tener claro que lo que está escribiendo, le hagan total justicia.

***1/2

US

Director: Jordan Peele

Intérpretes: Lupita N’Yongo; Winston Duke;  Shahadi Wright Joseph; Evan Alex; Eliabeth Moss; Tim Heidecker

Terror

2019

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un mensaje nunca inoportuno

Aunque fue una de las primeras mujeres admitidas para la prestigiosa escuela de leyes de Harvard, y una de las mejores egresadas de la tradicional casa de estudios, Ruth Bader Ginsburg (Felicity Jones) ha debido afrontar años de menosprecio. En la universidad, en el mundo laboral, en el ejercicio de la profesión. Sólo por ser mujer.

Dedicada, forzosamente, a la docencia y a la investigación, y siempre abocada a la lucha por la igualdad social más allá del género y la raza, los grandes cambios sociales de a poco irán abriendo las puertas para el ejercicio de su profesión, lo que se convertirá en su principal herramienta para lograr una sociedad más equitativa..

Si, lo sé. Otra rezagada de 2018. Y ya sé que estamos en mayo, y el año, la temporada y la cartelera, sin haber explotado del todo, ya han avanzado un trecho no menor. Pero estamos ante un caso que, por rezagada que éste, no hay que dejar pasar.

Porque aunque esté inspirada en los hechos que marcaron la historia personal de la abogada Ruth Bader Ginsburg, un verdadero ícono del feminismo y la lucha social estadounidense, la segunda mujer nombrada como juez de la Suprema Corte del país del norte, y éstos hechos tuvieron lugar en las décadas del ’50, del ’60 y del ’70, lo cierto que On The Basis Of Sex (también conocida como La Voz de la Igualdad o Una Cuestión de Género) narra hechos que se encuentran plenamente vigentes, sobre todo aquí.

Y es que cuando veía la película, gran parte de lo que se estaba contando en pantalla me hacía pensar “esto está pasando aquí y ahora”, no puedo llegar a otra conclusión.

Que una comunidad estudiantil se resista a abrirse a más personas, temiendo perder su prestigio y vulnerar una tradición. Que existan ocupaciones restringidas para algunas personas por factores totalmente ajenos a sus capacidades, a sus aptitudes y calificaciones. Que quizás qué caos puede producirse si alteramos un orden determinado que ha funcionado lo más bien por siglos, y por eso hay que mantener el status quo. Todas discusiones que en un país del siglo XXI, que presume de moderno –y en un mundo que ha retrocedido en materias sociales y humanas más de lo que ha avanzado- están totalmente vigentes.

Hay que aclarar una cosa. En lo estrictamente cinematográfico, el trabajo de la directora Mimi Leder (cuyo currículum registra películas como Impacto Profundo, Cadena de Favores y episodios de series como ER, The Leftovers o, yendo más atrás, Se Hará Justicia) es bastante correcto, cumplidor. Bueno, sin ser extraordinario o sobresaliente (pero con el cuidado suficiente para no caer en el melodrama y en la lágrima fácil, lo cual no deja de ser un atributo).

Quizás no aplaudamos de pie como ha sucedido otras veces con historias de este tipo, pero la sensación de satisfacción, de sentir que se ha hecho lo correcto, no la quita nadie.

Se vale de una buena dirección de arte para llevar a la pantalla un relato interesante, atractivo, a buen ritmo y sin mayores aspavientos. Lo que no quiere decir que no tenga fortalezas, porque las tiene. Y no es para menos, estamos hablando de una de las figuras consulares de la lucha por los derechos civiles en EEUU del último medio siglo. Y la película, por satisfactoria que sea su evaluación en lo global, en este punto saca sus principales ventajas, al retratar a nuestra heroína de modo de hacerle total justicia.

Porque si es verdad eso de que a veces una sola persona puede hacer una gran diferencia, Ruth Bader Ginsburg encarna ese mantra a cabalidad. Así debió ser, pues partiendo de su experiencia personal, y en tiempos de tremenda agitación social, sacó la fuerza necesaria para dar la lucha para modificar un sistema que validaba la discriminación, y ajustarlo a las necesidades de la sociedad de su tiempo.

Y es que un ordenamiento social estático, frente a una sociedad en permanente movimiento y cambio, sólo contribuye a las arbitrariedades e injusticias. Necesitaba ese empujoncito necesario para reaccionar, y Ginsburg es una de las personas que contribuyó a ello.

La interpretación de Felicity Jones en el rol principal es otro de los puntos altos del filme, aunque, por una cuestión de principios, debemos destacar la química existente con sus compañeros: el siempre eficaz Arnie Hammer, en el rol de Martin, esposo de Ruth también abogado, y a  Cailee Spaney, encarnando a Jane, la hija adolescente del matrimonio, en quien la vocación por la acción social también ha dejado marca. Porque si bien Ruth es quien da el empujón necesario para los cambios que la comunidad necesita, son ellos quienes le sirven de sólida base en que apoyarse.

Película que habrá llegado tarde (al formato casero, porque a salas..bien, gracias), pero es más oportuna que muchas otras. Historia simple, cumplidora, que no necesita hacer gran escándalo para transmitir el mensaje que contiene. Contenido necesario para, por increíble que parezca, los tiempos que corren. A ver si de una vez por todas corren hacia adelante.

***

ON THE BASIS OF SEX

Director: Mimi Leder

Intérpretes: Felicity Jones; Arnie Hammer; Cailee Spaney; Sam Waterston; Kathy Bates; Justin Theroux

Biografía/Drama

2018

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peleando como niña

Desde que era una niña, Saraya Knight (Florence Pugh), ha pasado arriba de un ring. Hermana e hija de una familia de luchadores y propietarios de una pequeña liga de lucha libre, en un sector de clase media baja londinense, ve como sus años de entrenamiento dan sus frutos cuando recibe una invitación para formar parte de NXT, la división de estrellas en desarrollo de la WWE.

Apoyada por su familia, que ve en ella la posibilidad de salir de la bancarrota, Saraya, adoptando el nombre artístico de Paige, viaja al centro de entrenamiento de la empresa, ubicado en Florida. Sin embargo, el camino al estrellato tendrá obstáculos difíciles de superar, que pondrán en entredicho las intenciones de la chica.

Partamos aclarando algo, para disfrutar la lucha libre, hay que tener claro en qué consiste esta rama del entretenimiento: un espectáculo que mezcla deporte, acción, comedia, intriga, que se desarrolla mediante enfrentamientos previamente escenificados y preparados por un equipo de libretistas y preparadores físicos. Si usted lo entiende así, bienvenido al club.

Si usted es de los que repite como loro “Pero si la lucha libre es falsa!!” permítame decirle “Noooo!! En Serio??” antes de mandarlo a freír espárragos.

Lo anterior permite explicar mejor el valor de Fighting With My Family: aunque los recursos que mueve son un chiste al lado de lo que Disney, por ejemplo, genera en un mes, la lucha libre, especialmente la WWE, es un negocio que genera millones de dólares al año. Y ganarse un espacio, hacerse un nombre, dentro de ese negocio, es una oportunidad para unos pocos.

De eso se trata, más o menos, esta película, escrita y dirigida por el inglés Stephen Merchant (cuyo currículum es bastante interesante: guionista y director de diversas series inglesas, como la entrañable The Office, Extras y es un habitual colaborador de Ricky Gervais): una adaptación libre, en tono de comedia dramática –más de lo primero, en todo caso- de la historia personal de la luchadora Saraya-Jade Bevis , conocida bajo el nombre de Paige, y cómo llegó a dar inicio a la llamada “Revolución Femenina”, concepto imperante hoy en la principal empresa de lucha libre del mundo.

Y es que aunque en los últimos años de su carrera, antes de su semiretiro en 2018, Paige se haya visto envuelta en unos cuantos escandalillos que mancharon su imagen, lo cierto es que cuando fue traspasada de NXT a WWE, el escenario femenino en la lucha libre era un mero adorno: mujeres que podrían haber estado en cualquier portada de Sports Illustrated, arriba de un cuadrilátero armando combates más cargados al erotismo. Con Paige, y luego con el arribo de luchadoras como Sasha Banks o la actual bicampeona Becky Lynch, las cosas cambiaron totalmente.

Para llegar hasta ahí, desde una empresa familiar administrada por una disfuncional familia de ex luchadores, siempre al borde de la quiebra, el camino no fue fácil. Pero el guión del propio Merchant hace que el relato, que pudo caer sin más trámite en el melodrama y la lágrima fácil, fluya de manera amena, resulte entretenido y atractivo no sólo para los que cada lunes y martes sintonizan los shows de WWE.

De paso, es una de las mejores películas que se han hecho acerca de la lucha libre. Más allá del documental (como es el caso de los notables Beyond The Mat o Wrestling With Shadows), el tratamiento que el cine ha dado a la lucha a lo largo de los años ha sido bastante cruel. Sabemos que es un deporte-expectáculo preparado y ficcionado, y muchas veces rayando la ilegalidad (Vince McMahon y la WWE estuvieron en el ojo del huracán a mediados de los ’90, por promover el uso de esteroides entre sus luchadores..y en cierta forma nunca ha dejado de estarlo) pero el cine se ha ido a la exageración en la caricatura que se hace del tema (si algún día tienen la mala suerte de ver esa infumable comedia llamada Ready To Rumble, lávense los ojos con cloro después de).

Fighting…evita caer en eso. No es su vocación, ni lo necesita. Basta con exponer la lucha libre como una actividad, como cualquier otra, donde cuesta un mundo hacerse un espacio en ella. La propia Saraya/Paige (muy buena interpretación de Florence Pugh) pasa por eso: bajita, sin mucha curva, de tez pálida, debiendo hacerse un espacio entre chicas que parecen portadas de aquella revista del conejo (el criterio de selección de WWE hace unos años) que les queda muy bien el bikini aunque no sepan dar una cachetada de payaso, ni sepan pronunciar una “promo” –esos parlamentos a través de los cuales se interactúa con el público y se construyen las rivalidades- de corrido.

A nadie le falta Dios, dicen, y la prueba de ello es que un estudio tan corneta como WWE Studios –la rama de cine que abrió la empresa hace años no sé si para lavar plata o inflarle aún más el ego a Vince McMahon, aunque todas sus películas hasta ahora hayan sido un fracaso de taquilla y crítica- pueda hacer una película como ésta, que termina gustando más de lo que uno cree

***

FIGHTING WITH MY FAMILY

Director: Stephen Merchant

Intérpretes: Florence Pugh; Jack Lowden: Nick Frost; Lena Headey; Vince Vaughn; Dwayne Johnson

Comedia/Drama

2019

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PETER MAYHEW 1944-2019

Su rostro y nombre tal vez no nos resulte familiar, pero si le digo que fue el hombre tras la piel del leal y valiente wookie Chewbacca en la trilogía clásica de Star Wars (así como en los Episodios III y VII de la misma saga)…¿ahora sí?

Aprovechando su gran altura, 2,14 mt, Mayhew era un intérprete habitual en el cine fantástico y de aventuras, normalmente encarnando personajes mitológicos, hasta que dio su gran golpe al ser seleccionado por George Lucas para encarnar a Chewbacca, el fuerte, osado y leal copiloto del Millenium Falcon. Tras el fin de la primera saga, en 1983, aparte de alguno que otro trabajo en cine, hizo carrera asistiendo a convenciones de fans para sesiones de firma de autógrafos y contacto con el público.

Pese a sus problemas físicos producto de su condición corporal, su avanzada edad y sucesivos problemas a las rodillas y a la columna por lo mismo, Mayhew retomó a Chewbacca en 2015, para The Force Awakens, aunque para The Last Jedi y Solo: A Star Wars Story debió ceder su puesto al actor Joonas Suotamo.

Falleció esta tarde, a los 74 años, en su hogar en Texas.

QEPD.

Adiós, querido Chewie.

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el fenómeno visto desde afuera

Lo ocurrido el domingo pasado, y que seguirá pasando mientras transcurra la temporada final de Game Of Thrones, es de aquellos fenómenos que, en televisión al menos, hace rato que no se dan.

Aclaro que no veo Game Of Thrones. No porque me sienta superior al resto (más bien, debería sentirme estúpido por no saber hacerme el tiempo de ver una serie que no pasa los diez o doce capítulos por temporada). Simplemente que después de varios intentos, no enganché con la serie. Ninguna mala onda, lo que alcancé a ver de ella me entretuvo bastante, pero nunca sentí ese clic que me provocara la necesidad o ansiedad de seguir viéndola.

No hubo afinidad no más.

Pero aunque no vea la serie, sigo viviendo en el mismo planeta, y por lo mismo, no voy a negar lo evidente: de todas las series que han terminado su existencia la última década, ninguna ha provocado lo que la saga de la familia Stark y compañía está haciendo: que domingo a domingo, el mundo se detenga y fije su eje en la pantalla de HBO.

Pensemos qué otras series han terminado en este rato (2009 hasta ahora): Lost, 24, House, Breaking Bad, Los Soprano, Mad Men, etc. Ninguna, desde el final de Friends en 2004, que prácticamente detuvo a los EEUU durante su emisión, ha logrado lo mismo. A lo más, algunas series que han retornado (X Files en sus revival de 2018, o Star Trek Discovery), apelando a la devoción cercana a la religión que levantan en sus fans y a su impacto histórico en la cultura popular, han hecho un ruido levemente similar.

La única manera de abstraerse del ruido que provoca la última temporada de la serie iniciada en 2011, sería refugiándose en un monasterio en Nepal, y eso tampoco es garantía.

Lo que no tiene nada de malo. Por el contrario, fans o no de la serie estamos ante un hito, un evento de trascendencia histórica. Un acontecimiento grandioso del que, honestamente, uno no puede ser indiferente, y sí alegarse por estar presente ante su ocurrencia, y sobre todo por quienes han seguido la serie desde el principio y llegarán a ver este momento.

(PD: Por todo lo anterior, y dando por sentado que a lo largo de los años me he tragado todos los spoilers posibles, poco sé acerca de Arya Stark, pero por lo que sé, si van a juntar firmas para que le pongan su nombre a la Alameda, o levantarle un monumento, cuenten con ella).

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