cazamos fantasmas, creamos leyendas..tratar aqui

columna publicada anteriormente en Rovok.cl, que reproduzco para ustedes

Luego de ser despedidos de la universidad en que desarrollaban sus investigaciones, tre especialistas en parapsicología, Peter Venkman (Bill Murray), Ray Stanz (Dan Aykroyd) y Egon Spengler (Harold Ramis) deciden independizarse y abrir su propio negocio de investigación paranormal: Los Cazafantasmas, dedicados a perseguir y atrapar toda clase de espectros, apariciones y demás entidades sobrenaturales.

Y aunque al principio el negocio es un éxito, no tardan en llegar las dificultades, cuando un inspector de sanidad ponga sus instalaciones en la mira, y un portal interdimensional esté a punto de liberar a un destructivo ser…

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Muchas de las grandes cosas en la vida simplemente suceden. Y el cine no es ajeno a este fenómeno. Muy probablemente los realizadores de Los Cazafantasmas sólo pensaban que estaban filmando otra película más para la cartelera de su temporada, y no el clásico en que terminó convirtiéndose.

Puede que no haya creado un culto casi religioso como lo es Star Wars, por ejemplo, pero no es menos cierto que a 30 años de su debut, sigue gozando de muy buena salud. Lo que se confirma cada vez que el filme ha sido relanzado en dvd o blu-ray (versiones que, desde luego, ocupan un lugar en mis colecciones), por cuanto éstos siempre han sido ampliamente celebrados.

Y si bien la muerte de Harold Ramis hace un par de meses, coguionista y protagonista del filme, ha vuelto a poner en duda la postergadísima tercera parte de la serie, ha servido para que el gran público sepa qué tanto caló en el inconsciente colectivo esta franquicia.

Concebida por guionistas, actores y un director, Ivan Reitman, surgidos de la comedia televisiva estadounidense (especialmente esa fábrica de comediantes que es Saturday Night Live) Los Cazafantasmas es, ante todo, un proyecto de amigos. Ese es el primer factor a considerar para entender el favoritismo que genera este filme. Tanta buena onda, empatía y compañerismo trasciende la pantalla, y el cariño que sus autores tienen para con su obra, y entre ellos mismos, hace que le tengamos la misma simpatía nosotros también, como espectadores. Nos sentimos parte de todo esto, y nos sentimos bien.

Otra cosa que ayudó mucho al éxito del filme fue la sencillez de su historia: tres amantes de lo paranormal, ganándose el pan y salvando al mundo en lo que mejor, y más les gusta, hacer (y ¿qué puede ser mejor en la vida que eso?). Pura aventura, lisa y llanamente. El tipo de argumentos que George Lucas y Steven Speilberg se encargaron de reivindicar algunos años antes. Los Cazafantasmas puede que no tenga las tramas complejas y elaboradas de producciones anteriores o posteriores (The Twilight Zone, Los Expedientes X) y su vocación principalmente de comedia pudo haberle jugado en contra. Pero nada de eso parece afectarle, principalmente por el oficio de sus realizadores –principalmente sus actores protagónicos- y, sobre todo, porque estos factores antes mencionados son sus mayores fortalezas.

Cast of Ghostbusters

Ello hace que esta película se convierta en un inesperado éxito de taquilla (en EEUU se estrenó modestamente, en comparación con otras megaproducciones, mientras que aquí, en diciembre de 1984, se anunció como la gran sorpresa de la temporada) y en un aún más insólito filme de culto. La imagen del fantasmita atrapado en el círculo rojo se replicó hasta el infinito y el tema central interpretado por Ray Parker Jr., por one hit wonder que fuera es número puesto en fiestas y compilados ochenteros. Dio pie a una secuela algo más floja en 1989 (no era mala, pero no dio el ancho para estar a la altura de la primera), a una celebrada serie animada que, a su vez, también tuvo una poco feliz secuela durante los ’90. Para qué vamos a hablar de abundante merchandising, figuras de acción, videojuegos, cómics y otros ítems que han mantenido a este insólito servicio de urgencia presente en el inconsciente colectivo por tres décadas.

Y aunque, como decía, la tercera película sigue en veremos (pero cada tanto se reactiva el rumor) lo cierto es que al cumplir los treinta años desde su estreno, Los Cazafantasmas siguen gozando una vigencia envidiable, disfrutándose tan bien como ese día de enero de 1985, mi madre nos llevó al extinto cine Ducal, en Agustinas con San Antonio, frente al Teatro Municipal. Volver a sentir lo mismo cada vez que me la repito, quiere decir que alguien hizo su trabajo bien. Y se agradece.

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GHOSTBUSTERS

Director: Ivan Reitman

Intérpretes: Bill Murray; Dan Aykroyd; Harold Ramis; Sigourney Weaver; Annie Potts; Ernie Hudson; Rick Moranis

Comedia/Fantasía

1984

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

volver atrás y regresar

Tim Lake (Domhall Gleason) tiene una vida relativamente normal, en una casa de campo en las costas inglesas. Hasta que un día, tras cumplir los 21 años, su padre (Billy Nighy) le revela un viejo secreto familiar: todos los hombres de su familia, tienen la capacidad de viajar al pasado, brevemente, y regresar al presente.

Cuando se cerciora que su padre no bromea, Tim empieza a sacar provecho de la situación, resolviendo uno que otro error que haya cometido en el pasado, y de conquistar a Mary (Rachel McAdams) la chica que conoció una vez en un curioso restorán, cuyo número, torpemente perdió poco después…

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Ver Cuestión de Tiempo llama inevitablemente a recordar otras cintas relativas a jugar con volver al pasado y tratar de arreglar un poco las cosas. Desde clásicos indiscutidos como El Día de la Marmota, y bodrios del nivel de Efecto Mariposa o Time Traveler’s Wife, curiosamente, también protagonizada por Rachel McAdams. Y, salvo por la digna excepción de la película de Bill Murray, nos permite darnos cuenta, una vez más, de la abismal diferencia entre las sensibilidades, gustos y hasta sentido del humor británico y el estadounidense.

Dirigida por Richard Curtis, el hombre tras genialidades como Realmente Amor, Un Lugar Llamado Notting Hill, Cuatro Bodas y un Funeral, y que se encargó de convertir a Rowan Atkinson en un ícono de la comedia a nivel mundial, Cuestión de Tiempo nos ofrece una historia simple y cercana, evitando los excesos narrativos y visuales de filmes como los antes mencionados.

Curtis nos cuenta la historia de un tipo común con un poder nada de común, pero tampoco ilimitado. Quizás esa sea la ventaja. Tal vez Tim no pueda reescribir la historia, evitar el surgimiento de Hitler o la caída del imperio romano, pero le basta con rectificar algunos cabos sueltos en su propia existencia. Pero aprendiendo, sobre la marcha, que un gran poder trae consigo una gran responsabilidad. No es que altere la continuidad del tiempo y el espacio, pero Tim termina aprendiendo que a veces cambiar el pasado no es la solución y que otras vale más dejar las cosas como estaban. Volver atrás en el tiempo, en suma, no vale nada si uno no sabe apreciar o entender los acontecimientos como corresponde.

Y que hay otras cuantas cosas que da lo mismo cuanto se intenten cambiar, no variarán un pelo, así que en lugar de gastarte tratando de evitar lo inevitable, simplemente disfruta lo más que puedas.

Domhnall Gleeson and Bill Nighy in About Time

Lo cierto es que después de varias semanas de ver películas de 2013 y de lo que va del 2014, sin que me motivaran mucho, la ágil mano de Curtis para una historia amigable y disfrutable como ésta, con ese buen gusto que tienen los ingleses para narrar, incluso en los momentos más picarescos de la historia, a años luz del cada vez más bárbaro humor hollywoodense, me convenció que tenía que darle un tiempo. Para verla, para disfrutarla y para recomendarla totalmente. Un acierto en todo sentido.

***1/2

ABOUT TIME

Director: Richard Curtis

Intérpretes: Domhall Gleason; Rachel McAdams; Billy Nighy; Tom Hollander; Margot Robbie

Comedia/Romance

2013

P.D.: Al cierre de esta publicación, se confirmaba el elenco definitivo de Star Wars (ya hablaremos de las últimas noticias, como ésta o la confirmación de Justice League para 2018, pero ya habrá ocasión de hacerlo).

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una obra maestra puede provenir de cualquier parte

Esta es la historia de Remy, un común y corriente ratón de campo, que vive en una colonia de ratas en las afueras de París.
Bueno, ni tan común, ni tan corriente: poseedor de un muy desarrollado sentido del gusto y del olfato, Remy sueña con una vida distinta, más allá del puesto de detector de venenos que su padre le ha encomendado para asegurarse que ninguna cosa que recolecten los mate. Remy quiere ir más allá, y, alentado por el popular chef Gusteau, sueña con ser el mejor cocinero del mundo.
Un inesperado accidente lo separa de su familia y de su colonia, enviándolo a París, y más precisamente, al restorán de Gusteau, el cual, tras el reciente fallecimiento de su fundador y su caída en desgracia tras una severa reseña del crítico Anton Ego, necesita imperiosamente golpear la cátedra y recuperar el prestigio perdido, lo que Remy va como la ocasión perfecta para cumplir su sueño…

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Definitivamente, la del 2000 fue la década de Pixar.

Salvo por Cars (2005, filme respetable pero flojo al lado del resto de la obra pixariana) en una década este estudio dio vida a algunas de las piezas más importantes de la animación contemporánea: Monsters Inc; Buscando a Nemo; Los Increíbles; Wall-E; Up y Toy Story 3, y entre medio, ésta, Ratatouille¸ película que dentro de este puñado de joyas logra uno de sus puntos más altos, rozando la perfección.
Y es que para ser un filme animado, género que muchos hasta el día de hoy porfían en mirar con desdén, protagonizado además por un animal disconforme con su destino y ansioso por romper con los lugares comunes, lo cierto es que trata temas realmente profundos, dándoles un tratamiento realmente impresionante.

Como ya se había visto en el anterior filme Los Increíbles, el director Brad Bird demuestra una formidable capacidad, no sólo para contar historias de alta emotividad (sin recurrir a la lágrima fácil como suele suceder) sino que además para hacerlo respetando por igual a todo espectador, desde aquel que simplemente quiere entretenerse (Ratatouille tiene abundantes momentos de este tipo) hasta aquel que aprieta play esperando encontrar en una película lo que ya no encontró en terapia, en el confesionario o en la meditación.

Tomemos al protagonista de la historia: Remy es una rata, una de las especies vivientes con peor fama en toda la creación, que se ve enfrentado a decidir entre aquello que toda la vida le han enseñado que debe hacer (buscar comida entre la basura y huir de los depredadores) y lo que desea: convertirse en el mejor chef de Francia. Doble problema, pues como hemos dicho, su condición de rata le hace ser temido y perseguido por el hombre y, por otra parte, quiere incursionar en un área donde la presencia de su especie no es bienvenida.

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No siendo esos los únicos obstáculos que debe vencer (la intransigencia de su propio padre, la torpeza de su hermano, la presencia de un inescrupuloso jefe de cocina y la inminente visita de Ego, el severo y temido crítico de restoranes cuya palabra es ley) a Remy no le queda otra que recurrir a su ingenio, a su talento, y a la ayuda mutua con un tímido joven para romper con el destino de ambos. Uno no quiere jubilar hurgando entre la basura, el otro no quiere morir sacándola, y la colaboración entre ambos es la clave para su salvación. Su triunfo.

El triunfo de la voluntad, en suma. De la autodeterminación. Confirmar que, por muy de libro de autoayuda que suene, lograr las metas, los sueños, los anhelos, depende de uno mismo y nadie va a venir a hacerlo por uno. Y que ante eso, los prejuicios no significan, no valen nada.

Después de todo, cualquiera puede cocinar.

En ese sentido, Ratatouille funciona mejor que cualquier libro o seminario de autoayuda. Un pequeño ratoncito puede ser lo bastante fuerte para cambiar el mundo, hacer más felices a las personas y hasta reivindicar a su especie, con un poco de confianza en si mismo, en sus capacidades y en sus convicciones.

Y en los demás. En superar los egoísmos y rollos personales y ser lo bastante perspicaz como para aprender de los errores propios, reconociendo los aciertos ajenos y unirlo todo en la construcción de las grandes hazañas.

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Lo que logra Remy es eso, una hazaña, al hacer feliz a su familia, a sus amigos, incluso a un desconocido que sólo necesitaba que le abrieran esa ventanilla que le termina devolviendo la luz extraviada (el monólogo de Ego, interpretado por Peter O’Toole, al final de la película es una de las mejores secuencias de la última década, y cuesta creer que pertenezca a una película “infantil) y de paso, hacer realidad sus sueños, en el marco de una ciudad que maravilla incluso al más insensible, lo que lo deja doblemente feliz.
Lo de Pixar, con este filme, no es hazaña. Es constatar, es ratificar, esa grandeza que hasta esa fecha venía anunciando. Grandeza que nadie, ni aún las poco logradas Valiente y Cars 2, ha podido derribar. La tengo en blu-ray y sólo me he resistido de verla para, como toda buena comida, disfrutarla con ganas.
****
(y pongan ojo con Your Friend, The Rat, el notable corto que sirve de bonus track a la película)
RATATOUILLE
Director: Brad Bird
Voces de Patton Oswalt; Ian Holm; Lou Romano; Brian Dennehy; Peter O’Toole, Jeanine Garofalo
Animación
2007

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

sentimientos recortados

Sobre la colina que colinda con un tradicional suburbio estadounidense, un inhóspito castillo ha permanecido cerrado desde hace mucho, alejando con su evidente estado de abandono a todos quienes se le aproximan.
Hasta que un día, Peg (Dianne Weist), vendedora de cosméticos, siente una presencia en el interior del castillo, y superando sus propios miedos entra en él, para encontrarse con su único ocupante, Edward (Johnny Depp) un individuo de cara pálida, llena de cortes, con enormes tijeras en vez de manos y mirada triste.
Apiadándose del personaje, quien resulta ser un humanoide creado por un inventor que falleció muchos años atrás sin alcanzar a ponerle sus manos, Peg decide llevar a Edward a su casa, y mostrarle que puede optar a una vida distinta de la que conoce, y descubrir un mundo y a una sociedad en la cual integrarse…

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Decía hace un tiempo que, durante los ’90, empecé a tomar en serio esto de seguir la carrera de ciertos directores. Claro que en un principio no fue fácil ya que, cuando con suerte existía el vhs sin muchas salas y las películas no siempre se estrenaban cuando correspondía.
Porque de otro modo no puedo explicar que me haya tardado tanto en conocer a Tim Burton (aunque ya había visto su versión de Batman un tiempo antes), y me declaro culpable de no haber visto, en su momento, El Joven Manos de Tijeras como corresponde: en salas. Omisión que lamento hasta el día de hoy, y seguro lo seguiré haciendo. Por suerte, el cable, el vhs, el dvd y ahora el blu-ray me han ayudado a cargar una culpa un poco menor.
Y lo cierto es que este filme, el primero de la hasta la actualidad vigente dupla de Burton con Johnny Depp, y junto a los posteriores Batman Vuelve (1992) y sobre todo Ed Wood (1994, también junto a Depp) me permitieron darme cuenta del talento de Burton como narrador y realizador…y de que fue el primer director que empecé a seguir en serio (los otros serían Tarantino y Speilberg…a Scorsese, Allen y Eastwood me tomó más tiempo en conocerlos). En suma, el primero a quien pude definir como mi director favorito.
Y no por un tema estético precisamente, tal vez eso haya influido, pero no fue el factor principal. Lo que me enganchó de Burton fue esa capacidad para entender y narrar personajes marginales, por un lado, y fracturados, por otro. Algo de lo que Edward tiene mucho.

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¿Por qué marginales? Porque claramente se trata de personajes que están fuera de lo común. Personajes que, lo hayan querido o no, se encuentran fuera de los márgenes de lo que podríamos considerar socialmente aceptado. Personajes que encuentran su elemento fuera de lo convencional, que por una u otra razón, al tratar de insertarse dentro de estos márgenes, da lo mismo cuanto empeño le pongan y las buenas intenciones que tengan, muy probablemente no encajarán. Y si lo hacen, es aún más probable que tarde o temprano terminen por fracasar en el intento.
¿Por qué fracturados? Porque algo en su interior los ha vuelvo muy sensibles, frágiles emocionalmente hablando, tanto que expresar sus emociones los parte en pedacitos. Incapaces de expresar lo que sienten, porque algo ha pasado con ellos que los vuelve, no precisamente unos duros sin sentimientos, sino todo lo contrario, seres temerosos de expresar afecto.
Añadamos un tercer factor que a lo largo de la carrera de Burton estuvo presente casi siempre: la orfandad. Los personajes burtonianos sufren de una u otra forma , la falta del padre. Sea porque lo perdieron, nunca lo conocieron o simplemente estaban ahí pero eran lo bastante distantes o ausentes como para darnos cuenta de ello. Sin padre, ninguno de los personajes Burtonianos, desde Bruce Wayne hasta Willy Wonka han padecido la falta, más que de un progenitor que los engendre, de una guía, de un compañero, que esté ahí para enseñarles a obrar rectamente por la vida.
Edward Scissorhands padece todas estas características.
Es un marginal: vivió toda su vida aislado en un castillo, mirando con nostalgia la vida de los demás desde su ventana. Sale a un mundo que parece acogerlo, pero en realidad lo explota, no lo comprende, ni pareciera que le importara ello, y que, en definitiva, le teme y le odia. La marginalidad de Edward no está tanto en provenir de una casa abandonada, sino que llega a un mundo donde sus buenas intenciones y sentimientos son ignorados. Tanto, que termina volviendo al castillo que tuvo la oportunidad de dejar atrás, por ser éste menos hostil que la sociedad.
Es un ser fracturado: relacionado con lo anterior, Edward, que siempre vivió solo, añoró tener otra persona junto a él, por último para convivir con alguien más. Pero el hecho de haber vivido en soledad tanto tiempo, su nulo contacto con el mundo exterior, y el hecho de tener esas enormes tijeras en vez de manos, no le ayuda mucho a la hora de expresar lo que siente, dejándolo en una no muy cómoda situación. Añadamos que su “padre” (Vincent Price en una de sus últimas apariciones), un bienintencionado inventor, no sólo no alcanzó a darle manos; tampoco alcanzó a enseñarle sobre el afecto y como enfrentar las emociones.

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Todo esto, unido a la impresionante transformación de Johnny Depp, entonces galán de series de televisión y filmes para adolescentes, en el inhumano (pero que tenía más emociones, sentimientos y honestidad que muchas personas de su entorno) Edward, terminaron de hacer de este filme no sólo un fenómeno de taquilla y la primera gran obra maestra de Tim Burton (las otras son Ed Wood y Gran Pez), sino además un evento generacional.
¿Cómo así? Recuerdan cuando hablamos de Kurt Cobain algunas columnas atrás? Los sub 25 de la primera mitad de los noventa fueron una generación que quiso gritar, hastiados de ser mirados en menos, utilizados y de vivir en la hipocresía. No es de extrañar que se hayan sentido identificados con un personaje que salió de un castillo, de la soledad, sólo para encontrarse que estaba más desamparado afuera que adentro, que fue respetado mientras podía ser utilizado, pero despreciado cuando quiso sacar todo lo que tenía dentro suyo.
La historia de El Joven Manos de Tijera, una tragedia antes que cualquier otra cosa (personaje incapaz de tener malas intenciones que paga el pato de lo hipócrita que la sociedad puede llegar a ser) pero que nos deja un sabor dulce en el paladar y en la consciencia. Pese a que no fue lo que esperaba, Edward fue feliz, y aunque sabe que no podrá volver a poner un pie fuera de su castillo, sabe que alguien afuera está pensando en él. Y a la larga, la vida no puede ser mejor cuando uno de logra dar cuenta de eso.

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EDWARD SCISSORHANDS
Director: Tim Burton
Intérpretes: Johnny Depp; Winona Ryder; Dianne Weist; Alan Arkin; Anthony Michael Hall; Vincent Price
Fantasía

1991

 

 

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

increíblemente buena

(como se supo hace no mucho, Pixar anunció las nuevas secuelas de Cars y Los Increíbles para el próximo par de años. Cars siempre me ha dado lo mismo, no así Los Increíbles, como se ve en esta columna que subí tiempo atrás para los colegas de Rovok y que reproduzco a continuación)

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Atrás quedaron los tiempos en que los superhéroes estaban siempre ahí, cerca nuestro, luchando contra el mal, ayudando al prójimo y haciendo el bien sin mirar a quien. Atrás quedó la época en que personajes como Mr.Increíble o Elastigirl salvaban el día, protegían al inocente y enfrentaban a los villanos, recibiendo el aprecio de la comunidad…

Todo eso quedó atrás…aunque Bob Parr (voz de Craig T. Nelson), ejecutivo de seguros, esposo de Helen (voz de Holly Hunter) y padre de tres hijos, le cueste aceptarlo. Forzado a vivir en el anonimato, echa de menos sus días en que se hacía llamar Mr.Increíble y con su superfuerza luchaba por la justicia. Hastiado de vivir como un individuo común, y dedicándose a escondidas a corregir las injusticias, cierto día recibe una oferta imposible de rehúsar, que le permitirá revivir las viejas glorias que tanto extraña..

Este es un caso especial.

Tengo esta película en dvd, en blu-ray y en su oportunidad la tuve en vhs. Es decir, tengo la posibilidad de verla cuando se me de la gana, y no necesito verla en el cable ni en tv abierta cada vez que me la topo…pero cuando me la topo, la sigo viendo igual hasta donde pueda, ojalá hasta el final. Es que la grandeza de un filme como Los Increíbles amerita romper algunas convenciones.

Estrenada en 2004, dirigida por Brad Bird y ganadora del Oscar a la Mejor Película de Animación, entre otros logros, esta película de Pixar destaca por entre sus propios hermanos de estudio (y todos sabemos el nivel que alcanzan normalmente las producciones Pixar, así que saquemos cuentas de que tan grande estamos hablando) por tratarse de un filme tan inteligentemente construido, un argumento inteligente, por sobre incluso muchos filmes live-action, divertido para los niños y más allá de lo meramente atractivo para los adultos.

Y es que Los Increíbles es un filme que destaca por sobre sus similares por atreverse a jugar con el mundo de los superhéries, subgénero que recién en la época de su estreno empezaba a tomar vuelo (apenas teníamos los dos primeros X Men de Singer y los Spiderman de Raimi. Nolan no había estrenado aún Batman Inicia y la idea de ver por fin Watchmen en pantalla seguía siendo utópica). No sólo eso, lo hace abordando el tema desde una perspectiva inédita para un filme familiar.

Los Increíbles juega con las relaciones de los superhéroes, primero, con la sociedad, algo que sólo Watchmen había hecho veinte años antes: ¿quién vigila a los vigilantes? Si, los superhéroes salvan al mundo, pero, ¿a qué precio? Los supervillanos ¿nacen espontáneamente o porque aparece un superhéroe que los motiva a salir de sus escondites? ¿Quién repara los destrozos que éstos dejan en sus enfrentamientos? Estos hechos llevan a la crisis de los superhéroes que concluye con su abolición, y la obligación de vivir en el anonimato para no terminar en la cárcel. Esta es la premisa de Watchmen, de la que Los Increíbles recoge gran parte de su argumento, y se ha llegado a sostener por ahí que este filme animado es una adaptación (u homenaje) a la obra de Moore y Gibbons, muy superior a la adaptación oficial que Zack Snyder estrenara en 2009. Y uno lo cree totalmente.

A scene from the upcoming Pixar animation studios movie "The Incredibles".

Otro punto que normalmente no se toca en los mass media respecto de los superhéroes es la relación con su entorno más cercano e íntimo. Aunque es un tema viejo dentro del cómic (en Spiderman, por ejemplo, es tema recurrente la situación de Peter Parker y su conflicto entre vida heroica y vida personal y este mismo tema fue el leit motiv de Identity Crisis, acaso la última macrosaga de DC Comics que realmente disfruté). Esto se puede apreciar de dos formas: por un lado, la necesidad de Bob, Helen y sus hijos de mantener en la más de las reservas posibles su calidad de ex superhéroes. Los niños Violet y Dash ya han empezado a desarrollar sus poderes especiales y se les está empezando a hacer difícil mantenerlos en secreto, al mismo tiempo que cuestionan tanto anonimato.

Por su parte, si bien Helen ha logrado acostumbrarse a su nuevo status de simple dueña de casa, Bob no puede resignarse a estar sentado tras un escritorio y cumpliendo horarios de oficina. Y desde su escritorio procura seguir luchando por el bien ayudando a sus clientes, aunque a su poco escrupuloso jefe le moleste. Y saliendo cada noche a luchar contra el crimen o resolviendo emergencias.

Lo que plantea la siguiente pregunta ¿Se es héroe por vocación, por obligación, por hobbie o porque no queda otra? Superman lo es porque quiere, pero si Batman pudiera, dejaría de serlo inmediatamente. Bob Parr va por el primer punto de vista: fue héroe porqu quiso y aunque se ha visto obligado a dejarlo, algo en el fondo de su ser le insiste en que vuelva a serlo. Lo que se termina por volver su mayor debilidad y lo que causa un desastre mayor y aumentando.

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Más allá de tratarse de un filme animado, lo cierto es que la carga emocional del Los Increíbles es tremenda: un hombre en crisis de la mediana edad que, inevitablemente arrastra a su familia a la misma; dos hijos que no logran conformarse con lo que les tocó vivir y que lo manifiestan de distinta forma, una cayendo en la introspección, el otro convirtiéndose en alumno problema. Traiciones, venganzas, engaños, todos envueltos en el paquete de un filme animado. Y que se desenvuelve con precisión y comodidad, donde la narración fluye sin bajar las emociones, todo ayudado además por la notable banda sonora compuesta por Michael Giaccino.

¿Ayuda al buen desempeño del filme que su director, Brad Bird, haya dirigido muchos episodios de Los Simpson antes de llegar a Pixar? Creemos que sí. Una historia tan compleja narrativamente podría haber sofocado a realizadores y espectadores, pero el paso de Bird por una serie que, al menos en un principio era dirigida por un público adulto (y que obligaba a desarrollar sus temáticas en tiempos de no más de 25 minutos) lo hizo el director indicado para hacerse cargo de un filme de estas características. No pudo ser mejor elección.

Increíblemente buena. Ojo con los extras del dvd/br.

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THE INCREDIBLES

Director: Brad Bird

Voces de: Holly Hunter, Craig T. Nelson; Samuel L. Jackson; Jason Lee

Animación 2004

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

ojo con Anna

 

Cada tanto aparece en la escena esa figura de bajo perfil que nos termina encantando, no sólo por lo talentosa que suele ser, sino que además bastante guapa y por el mero hecho de mantenerse lejos de los focos nos resultan aún más atractivas. Y cuando por fin logran conquistar el mainstream, nos alegramos mucho.

Pasó con Winona Ryder, Uma Thurman, Juliette Lewis y Mira Sorvino en los noventas. Con Reese Witherspoon, Amy Adams, Maggie Gyllenhaal, Zooey Deschannel y Vera Farmiga en los dos mil, y hoy está pasando con Anna Kendrick.

 

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Aunque ya tiene unos cuantos filmes mainstream en el cuerpo (encarnó el personaje de Jessica en cuatro de las cinco películas de la saga Twilight, circulando un meme por ahí que nos dice que es lo único que no odiamos de esa saga), desde muy temprana edad comenzó actuando en teatro. Nacida en 1985, en 1998 Anna debutaba en el musical High Society. Sólo en 2003 debutó en cine, con el filme Camp, y sólo en 2007 retomó la cinematografía protagonizando la comedia Rocket Science, que le valió un Spirit Independient Award por su actuación, pasando a formar parte de la saga creada por Stephanie Meyer a los pocos meses.

Sin embargo, cuando uno podría pensar que este es el paso necesario para entrar al mainstream hollywoodense, Anna optó por quedarse al margen, participando en filmes menos ruidosos como Up In The Air, de Jason Reitman, junto a George Clooney (donde se roba algunos de los mejores pasajes de la cinta) y, qué cosas no, Vera Farmiga, y la notable Scott Pilgrim vs The World, que aquí ya hemos elogiado antes más de una vez.

Para entonces, cuando formó parte de la respetable comedia 50/50, junto a Joseph Gordon-Leavitt y protagonizar videoclips de LCD Soundsystem y Ben Folds Five, ya teníamos más que una mera noción de la existencia de Anna Kendrick y su rostro ya se nos hizo más familiar, siempre en películas de no mucho presupuesto pero si harto más corazón, a la par de una incipiente carrera como cantante pop, sumando una docena de películas, de diversos géneros, y frecuentes reconocimientos, en sólo los últimos tres años.

Mientras se encuentra rodando la secuela de la comedia musical Pitch Perfect, estrenada sin muchas pretensiones en 2012 y que se convirtió en una de las sorpresas de la taquilla ese año, sólo el tiempo dirá si Anna Kendrick, al igual que todas las actrices que señalábamos al principio termina por conquistar a la industria con la misma dedicación y virtudes que ha conquistado a tantos espectadores. Quitada de bulla, sin hacer escándalos y preocupada más de hacer bien su trabajo que de salir en TMZ, creemos que Anna va muy bien encaminada. El tipo de estrellas que agradecemos que se dejen ver de vez en cuando.

Le tenemos fe.

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fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

Kurt Cobain, o cuando una generación se quedó sin voz.

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Este sábado se cumplen 20 años desde la muerte de Kurt Cobain.

Aparentemente por suicidio, aunque muchos discutimos todavía esa hipótesis…dicen por ahí que con la cantidad de morfina que tenía en el cuerpo era imposible que tuviera la suficiente lucidez como para escribir una nota de despedida, tomar un arma de fuego y apuntarse, con exactitud, a la cabeza. Pero bueno, esa es la versión oficial, al menos hasta que los que saben más de lo que nos quieren hacer creer digan lo que saben (Courtney Love? Krist Novoselic?).

Lo cierto es que un 5 de abril de 1994, el entonces dominante subgénero del grunge, caracterizado por una musicalización y líricas más viscerales que el colorinche metal de fines de los ’80 y más profunda que el superficial rap de principios de la década (corrientes que pasaron a mejor vida luego del lanzamiento en 1991 de Nevermind, el formidable segundo álbum de Nirvana) perdía a su rostro más importante y emblemático.

Se iba de este mundo el cantante y compositor que fue la insignia de un puñado de bandas y solistas que le cambiaron la cara y el sonido a la música a este lado del continente, en momentos en que a ambos lados del Atlántico las cosas estaban cambiando. Mientras en el U.K. se daban los primeros pasos del brit-pop (Happy Mondays, Blur, EMF), en EEUU, con Nirvana a la cabeza de contemporáneos como Pearl Jam, Alice In Chains, Soundgarden y otros permanente postergados como Faith No More, Red Hot Chilli Peppers, R.E.M. o Pixies, se hacía a un lado a los metaleros de melena escarmenada y canciones para el desenfreno, convirtiéndose en el soundtrack de una generación que sólo quería gritar.

Porque esa es la mayor pérdida que dejó la muerte de Cobain: una generación se quedó sin voz.

Una generación que no aguantaba más de tanta falsedad y superficialidad. Una generación que ya no daba con el hastío y la frustración. Una generación radicalmente distinta a la anterior, que se cansó de celebrar porque…simplemente no hubiera nada que celebrar. Una generación que dijo “suficiente!” cuando descubrió que entre los suyos había gente tan idiota capaz de comprar cualquier porquería que le vendieran, como un desodorante llamado Teen Spirit (¿de donde creen que Cobain sacó el título y la letra de la canción que se convertiría en su himno?).

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Donde la generación de los ’80, parida y criada bajo el prisma de los ’50, con un Estados Unidos alzándose como el gran ganador de la Segunda Guerra y la nación más poderosa del planeta, donde la meta era estudiar y triunfar profesionalmente para darse la gran vida (la década en que proliferaron los yuppies, ejecutivos hechos millonarios antes de los 25 años), irrumpía esta generación, engendrada tras el fracaso de la revolución de las flores y el desastre que significó Vietnam para su país, que no tenía nada que celebrar, para quienes los triunfos eran un bien escaso y que no tenía por donde lograr un lugar en el mundo, cuando ni siquiera tenían en qué caerse muertos.

Pues bien, Kurt Cobain fue parte de esa generación, que aprendió de música y arte como válvula de escape, llegando a formar, junto a Krist Novoselic y Chad Channing Nirvana, lanzando su debut, Bleach, en 1989, y conquistando el mundo con el citado Nevermind, a fines de 1991, ya con Dave Grohl en reemplazo de Channing, e impactando al mundo al derribar de las listas a titanes como Guns N’Roses y Michael Jackson.

En todo caso, el éxito, las giras, los triunfos, el nacimiento de su hija Frances Bean, en 1992, no fueron suficientes para que Cobain pudiera exorcizar sus propios fantasmas, ni escapar de sus propias frustraciones y, tras repetidos episodios de sobredosis de drogas y escándalos varios, finalmente su cuerpo fue encontrado el 8 de abril de 1994, en el garaje de su casa con una herida de bala en la cabeza, llevándose consigo las emociones de miles de personas en todo el planeta que veían en él un símbolo, una esperanza. La posibilidad de creer que, después de todo, sí había un destino para ellos.

¿Demasiada presión? Quién sabe.

¿Vive rápido y muere joven? Puede ser. En su nota de despedida, Cobain citaba una frase de Neil Young, compositor a quien los músicos de esta época citaban como una de sus grandes influencias: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”.

Pensar que en 1992 Nirvana estuvo en Buenos Aires y aquí ningún productor se animó a traerlos. Tan cerca y tan lejos.

Recuerdo que me dolió conocer la noticia.

Y en Chile pegó fuerte. Por alguna razón, toda esa generación que entró en la mayoría de edad tras el fin de la dictadura y durante la transición (1988 a 1994 aproximadamente), e incluso quienes entraban al mundo laboral por esa época, enganchó, no me explico cómo, con lo que se llamó Generación X. Enganchó con bandas como Nirvana y Pearl Jam, películas como Singles o Reality Bites, íconos como Winona Ryder, Johnny Depp o River Phoenix, escritores como Douglas Coupland. Programas de radio como Interferencia Por Concierto o los primeros años de radio Rock&Pop, y de televisión como Revolver, más publicaciones como Zona de Contacto. Alberto Fuguet en su obra Por Favor Rebobinar retrata de pies a cabeza a esta generación, aunque a diferencia de los X estadounidenses, que surgieron tras no soportar más la falta de oportunidades y espacios (y de que por más que trataran por su cuenta, al final quedaban donde mismo), sus símiles nacionales sentíamos que, terminada la dictadura, teníamos todo por delante.

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Debimos haber pensado lo que se venía cuando escuchábamos el que sería a la postre el último single de Nirvana: All Apologies, que la comodidad de los programadores radiales hizo que termináramos odiando. Puras disculpas. Puros perdones. Como si alguien estuviera culpando a otro de algo.

Como si hubiese quedado algo que perdonar.

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la chica rara del barrio

A lo largo de su adolescencia, Carrie White (Chloe Moretz) ha debido soportar el constante acoso de sus compañeros de curso. De poca personalidad y a la sombra de una dominante madre (Julianne Moore), devota hasta la demencia, las cosas no suelen salirle muy bien. Menos después de aquel día en que menstruó, por primera vez, en el vestuario del colegio. Sin embargo, cuando por esos mismos días descubra la capacidad de la telekinesis, Carrie podría poner fin a tanto tiempo de pesadillas, y convertirse en una para los demás…

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Tener una buena base y un buen antecedente no garantiza que el resultado final sea igual de perfecto. Así, aunque adapta y actualiza la que fue la novela debut de Stephen King, llevada al cine originalmente por Brian De Palma en 1976, lo cierto es que esta Carrie modelo 2013 está a años luz de distancia del nivel de la novela y película que le anteceden.

Ahora, tampoco es que sea la gran bazofia que muchos dijeron que era. Es una película del montón, que difícilmente uno recuerde al día siguiente, cierto, pero sirve para pasar el rato.

Ello no es precisamente por la dirección, bastante floja, de Kimberly Pierce, muy lejos del nivel de su antecesor, pues donde De Palma imprimía en la historia toda la agilidad –y a ratos humor- que King plasmó en su novela, Pierce peca de tomarse muy en serio la historia. Se anota un punto cuando, teniendo presente que es antes que nada una historia sobre bullying, no desconoce el hecho que los adolescentes, por obra y gracia de youtube y las redes sociales pueden ser todavía más crueles y hace eco de ello en la película, pero su incapacidad de manejar los ritmos de la película es patente y ésta si bien es bastante cumplidora, el resultado es en definitiva bastante plano.

Lo que salva a la película son las actuaciones de Julianne Moore en el rol de la madre de Carrie, una mujer sobreprotectora, castradora y, como dijimos, devota hasta la locura (por cierto, se han fijado que mientras más fanáticos religiosos son algunos, más veces dicen pecado, maldad, castigo, demonio, arderás en el infierno, y similares?) y sobre todo de Chloe Moretz, cuya nominación en el rol principal causó cierta resistencia al principio. Digámoslo, Chloe es una chica linda, lo más lejos posible del personaje escrito por King. Es más, la antagonista del filme, quien se supone es la chica popular (y perra mayor) del colegio, resulta ser más fea. Es que si nos guiamos por la versión original por una Sissy Spaceck que tenía menos carne que Olivia Olivo…

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Ello no empaña el trabajo de Moretz. Por el contrario, así como el Peter Parker de Amazing Spiderman encarnado por Andrew Garfield, nos hace pensar que la buena pinta no garantiza el éxito, y no por loser uno tiene que ser fe@ per se. Además, como una de las actrices más talentosas de la actualidad, cumple en cuanto hace que uno solidarice con la protagonista, deseando que salga triunfante o, al menos, ponga en su lugar a sus acosadores y se haga respetar. Lo hace, no de la forma más sana, pero lo hace.

Sólo por Moretz y Moore uno rescata Carrie y evita pasarla de largo. En una temporada donde muchos títulos que prometían han terminado apenas cumpliendo, Carrie tampoco hace mucho por trascender. Pero bueno, tampoco es mucho lo que se le pedía.

**1/2

CARRIE

Director: Kimberly Pearce

Intérpretes: Chloe Moretz; Julianne Moore; Gabriella Wilde: Portia Doubleday; Ansel Elgort; Judy Greer

Terror

2013

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contar mucho, decir poco

Luego de ver morir a su padre a manos de sus patrones y enloquecer a su madre por esta misma causa, Cecil Gaines huyó, apenas pudo, del campo de algodón donde vivía como esclavo, para emplearse como garzón en una cafetería de Georgia.

Sin saber leer ni escribir, Cecil (Forest Whiteaker), casado con Gloria (Oprah Wimfrey) y padre de dos hijos gana prestigio por su buen desempeño y dedicación, lo que llama la atención de un amigo de su patrón quien lo contrata ni más ni menos como mayordomo para la Casa Blanca, donde ingresa en 1957, y se convierte en testigo presencial de los grandes cambios que su país vivirá los siguientes cincuenta años…

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Por temática, por estética, por elenco, muchos daban por hecho que El Mayordomo iba fija en la carrera por el Oscar y diversas premiaciones más, pero no pasó mucho. En parte por la irrupción de 12 años de esclavitud, en parte porque en los hechos, no estuvo a la altura de las expectativas.

A simple vista la idea es buena: afroamericano sin mucha preparación termina siendo testigo privilegiado de la evolución de un país, especialmente en lo que a la igualdad de razas se refiere: la historia empieza en plena segregación y termina con el ascenso de Barack Obama en su primer período. ¿Una suerte de Forrest Gump afroamericano? No suena tan descabellada la comparación.

La falla está en las pretensiones de sus creadores, que tratando de convertir este cuento que, con algo más de simpleza pudo haber sido una muy buena película, termina siendo un título apenas cumplidor. Seguramente, nadie le enseñó a Lee Daniels, su director, que quien mucho abarca, poco aprieta, y pareciera que por tratar de meter la mayor cantidad de tópicos posibles (la relación de Cecil con el poder, con su familia, que le recrimina su poca dedicación hacia ella, proporcionalmente distinta con su atención hacia su trabajo, la evolución de sus hijos en activista y luego político uno y en soldado el otro, y la aparición de diversos personajes históricos y otros tantos hitos del mismo tipo) terminan confundiendo al espectador, y esta indecisión del realizador lleva a tocar todos estos temas, muy superficialmente. Lee Daniels no es Robert Zemeckis.

De nada sirve la muy buena actuación de Forest Whiteaker en el rol principal y las convincentes actuaciones de Robin Williams, James Mardsen, Liev Schreiber, John Cusack y Alan Rickman encarnando a diversos presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon y Reagan) y los no pocos momentos emotivos de la cinta, si uno, a decir verdad, no consigue saber a donde se dirige la historia. Demasiado paño que cortar, en tan poco tiempo, juega en contra, dejando que la película se quede en las buenas intenciones, las cuales, no siempre, son suficientes.

En eso se parece El Mayordomo a la gran mayoría de estrenos de temporada pre Oscar este año: se limitaron a cumplir con lo que se esperaba de ellos. Si en el colegio a uno le ponían un cuatro cuando hacía las cosas por cumplir, no esperen el mismo trato con las películas que uno ve.

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***

THE BUTLER

Director: Lee Daniels.

Intérpretes: Forest Whiteaker; Oprah Wimfrey; Cuba Gooding Jr; Terrence Howard; Clarence Williams III; Robin Williams; James Mardsen; Liev Schreiber; John Cusack; Alan Rickman; Jane Fonda; Lenny Kravitz; Mariah Carey

Drama

2013

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata