la descendencia del mal

Hace unos días, fue el 6/6/16…esta especie de capicúa me trajo a la mente la que ocurrió hace una década, la del 6/6/6, que por su connotación apocalíptica se eligió para el estreno mundial del remake…del pobre remake…de La Profecía. Cosa que me encendió la ampolleta para escribir esta columna, a poco de cumplirse cuarenta años del estreno de La Profecía original.

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Estrenada en 1976, y dirigida por Richard Donner, La Profecía cierra la trilogía con la cual el cine de terror marcó un antes y después. Dijimos en algún momento que luego de años de estar dominado por monstruos, fantasmas, espíritus y criaturas fantásticas, el combo iniciado con El Bebé de Rosemarie, continuado con El Exorcista y concluido con La Profecía, abrió un nuevo flanco para el género: la presencia del mismísimo Satanás..o de su influencia directa o indirecta.

Luego vendrían historias como Amytiville, Poltergeist, y muchas historias sobre posesiones diabólicas y presencias malignas, pero esta trilogía fue la que marcó la pauta.

La historia: el diplomático estadounidense Robert Thorn (Gregory Peck) se encuentra en un hospital de Roma, ya que su mujer, Katherine (Lee Remick) está dando a luz. Pero la criatura no sobrevive y fallece a poco de nacer, cosa que Katherine, inconsciente tras el alumbramiento, ignora.

Desesperado por no saber como enfrentar la verdad y explicárselo a su mujer, Robert es abordado por un sacerdote, quien le habla que en el mismo hospital acaba de morir una madre tras dar a luz, sobreviviendo la criatura. Robert accede a la propuesta del sacerdote, y presenta como su hijo al bebé de la fallecida, bautizándolo Damian.

Años después, con Robert convertido en embajador en Inglaterra, la familia presencia una serie de confusos eventos, partiendo por el suicidio de la niñera de Damian a vista y paciencia de los invitados a su quinto cumpleaños.

Un sacerdote, el padre Brennan (Patrick Troughton), y el fotógrafo presente en el cumpleaños de Damian, Keith (David Warner) tienen sus sospechas acerca de la verdadera naturaleza del niño, y las transmiten a Robert quien en principio duda de esa información, pero con el correr de los días, con la conducta del niño cada vez más imprevisible, empieza a sospechar que ambos tienen razón..

Damian es el engendro de Satanás, el Anticristo, ni más ni menos (no me vengan con cosas, a estas alturas todos lo sabemos), y está rodeado de sus siervos que le facilitan su desarrollo en la Tierra. Robert es sólo el tonto útil, un peón más, apremiado por las circunstancias que lo llevan a tomar una decisión apresurada y errónea. Claro que se da cuenta, demasiado tarde.

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Donde El Exorcista jugaba con la influencia del maligno (Linda Blair no es la encarnación del Diablo, pero es poseída por un demonio muy potente) sino que con la existencia misma del mal (Damian no está poseído, ES el mismísimo hijo de Satanás, no un mero conducto a través del cual éste se manifiesta). Quizás jugar tan cerca de los dominios y descendencia del Señor del Mal, no le gustó al aludido, y el rodaje de La Profecía, estuvo rodeada de circunstancias insólitas: el avión en que viajaba parte del elenco fue tocado por un rayo, la caída de un avión en la que murió parte del equipo técnico, un atentado explosivo en un restoran que había sido usado como locación, rottweilers atacando a su entrenador, un asistente devorado por leones y un accidente vehicular en que murió el jefe de efectos especiales y su asistente, esta última decapitada.

Esta mitología ayudó en su momento a aumentar el morbo sobre La Profecía, pero lo cierto es que con morbo o sin él, la película habría funcionado igual.

Mérito de su director Richard Donner. Sin ser un erudito (para su estreno, aún no existía la especialización en el cine hollywoodense, no como lo podríamos entender ahora..sin ir más lejos, dos años después el mismo Donner se haría cargo del debut de Superman en el cine!) tuvo el suficiente oficio para armar una historia atrapante y capaz de mantener en vilo al espectador desde el minuto uno hasta el final, narrada con maestría, construida con sobriedad y buscando estremecer al observador, más allá de lo estrictamente gráfico.

Eso, más un puñado de muy buenas actuaciones protagónicas, especialmente del entonces niño Harvey Stephens, que reúne muy bien todo lo que necesita para transmitirnos que Damian no es lo que parece, sino que un engendro del mal, inmisericorde y destructivo, que trae consigo la muerte y la desgracia para todo aquel que lo rodee.

Sumese a eso la impecable fotografía de Gilbert Taylor y la banda sonora creada por Jerry Goldsmith. Todo se suma en un conjunto de acciones e imágenes que nos ponen la carne de gallina, sin que se nos pase, incluso rato después de haber terminado la sesión.

Prueba de su buen desempeño es que cuatro décadas después de su estreno siga aterrando incluso a quienes se la han repetido una y otra vez y se la sepan de memoria. Tengo dos explicaciones para eso: o La Profecía está muy bien hecha, en todos sus aspectos, o para congraciarse con don Sata sus realizadores tuvieron que hacer alguna gestioncilla por ahí. Me inclino más por lo primero.

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***1/2

THE OMEN

Director: Richard Donner

Intérpretes: Gregory Peck; Lee Remicj; Harvey Stephens; David Warner; Patrick Troughton; Billie Whitelaw; Martin Benson

Terror

1976

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

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