en plena manía

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Lo digo cada tanto. A más de cuatro décadas de su separación, a más de 20 y 10 años de la muerte de dos de sus integrantes, y con los dos sobrevivientes metidos de lleno en la tercera edad, sorprendente es que cada año los Beatles nos vuelvan a sorprender con algo.

Gratamente sorpredente.

Sea el lanzamiento de nuevo –o renovado- material, la reedición de sus discos, el reestreno de sus películas, la aparición de juegos como Rockband, la incorporación de su catálogo a Spotify (la noticia Beatle del 2015, tras años de disputas por derechos de autor), o simplemente, el trabajo de otros inspirados en su música.

La noticia Beatle de este año pertenece a esta última categoría, y se llama The Beatles: Eight Days a Week (The Touring Years), documental dirigido por Ron Howard, coproducido por la Apple Corporation, Image Entertainment y Hulu, para tener una corta pasada por cines, a mediados de septiembre pasado, y luego ser subido a esta última plataforma de streaming.

Construida a base de entrevistas a los mismos Lennon, McCartney, Harrison y Starr, a personajes ligados al entorno Beatle como Neil Aspinall, George Martin, Brian Epstein, Richard Lester y a una amplia gama de personajes que presenciaron el fenómeno Beatle desde fuera (Sigourney Weaver o Whoopi Goldberg, fans de los cuatro de Liverpool en su juventud), Howard reconstruye la primera mitad de la carrera Beatle, desde su aparición y primeros conciertos en el legendario The Cavern, por allá por 1962, hasta su último show en vivo, en San Francisco, en 1966, cuando deciden decir “basta” a las apariciones en público.

Howard recurre también a abundante material de archivo, y aquí hay parte del valor agregado del documental, ya que rescata imágenes remasterizadas y actualizadas de legendarias presentaciones de la banda, como aquellas ofrecidas en el Hollywood Bowl (lanzado en un LP a mediados de los ’70, próximo a ser relanzado en una edición de mucho mejor calidad), el Shea Stadium, sus actuaciones para el show de Ed Sullivan o el Budokan de Tokio, aparte de no poco material audiovisual que debe estar viendo la luz recién ahora, correspondiente a sesiones de ensayo y grabación de la banda o sus viajes. La interna, como se diría en el fútbol, y las veces en que la camaradería y el trabajo en equipo quedaban a un lado porque, por inmortales que sean los Beatles eran humanos, y en algún minuto se agarraban de las mechas (lo que al final les pasaría la cuenta en 1970, pero eso es tema para otro documental).

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Todo esto es un regalo para los fans de los Beatles, pero para el que no lo es, lo más probable es que se esté preguntando ¿otro documental sobre los Beatles?¿Es necesario?

Puede que no sea necesario, pero igual es recomendable darle una oportunidad a este documento. Primero, porque siempre es bueno reencontrase con el trabajo de los Beatles. Segundo porque ayuda a mantener vivo su legado y transmitirlo a las nuevas generaciones. Tercero, porque Ron Howard construye su relato sin descuidar el contexto histórico en que a los Beatles les tocó existir: plena Guerra Fría, post baby boom, con un entorno marcado por el asesinato de Kennedy, hecho que puso fin al sueño de un mundo diferente, con los efectos inmediatos de un conflicto que parecía lejano (Vietnam) y la explosión de las luchas por reivindicaciones sociales, donde un Martin Luther King veía cercenado a balazos su sueño de una solución pacífica a los conflictos raciales.

Y cuarto, porque Howard es un armador de historias bastante hábil, capaz de relacionar todo lo antes expuesto, con la situación particular de los mismos Beatles, su influencia en la cultura mundial de su época y los motivos que los llevaron a tomar una decisión que, con los ojos de hoy, en un mundo donde los ingresos por disco vendido han disminuido considerablemente, sería un suicidio, sobre todo pensando que fue precisamente en su época de mayor popularidad.

Repito, tal vez no necesitemos otro documental de los Beatles. Pero siempre es bueno tenerlos presente, recordarlos y disfrutar de su invaluable legado. Y si viene recopilado en un trabajo tan bueno como el de Ron Howard, pues bienvenido sea.

***1/2

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THE BEATLES: EIGHT DAYS A WEEK (THE TOURING YEARS)

Director: Ron Howard

Documental

2016

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chicos prodigiosos

Durante años, Jacob “Jake” Portman (Asa Butterfield) disfrutaba las increíbles historias que su abuelo Abe (Terence Stamp) le contaba acerca de alguien a quien alguna vez conoció, al alero de Miss Alma Le Fay Peregrine (Eva Green), la institutriz a cargo de un insólito orfanato que protege a un grupo de niños con poderes especiales.

Cuando Abe fallece, deja una carta a Jake y una serie de instrucciones, y le encarga encontrar a Miss Peregrine y advertirle de un peligro inminente. Así, Jake convence a su padre, con quien nunca ha tenido mayor cercanía, y para quien tanto abuelo como nieto no están del todo en su sano juicio, de partir en búsqueda de esta increíble institución…

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Hay que aceptarlo. Cada vez que nos enteramos de un nuevo trabajo de Tim Burton, nos gana la incertidumbre. Tras el estreno del combo Corpse Bride/Charlie and The Chocolate Factory, su carrera no ha estado exenta de altibajos, en una seguidilla de filmes que si bien tienen sus cosas buenas (Sweeney Todd, Alicia En El País de las Maravillas, Sombras Tenebrosas) han descolocado a sus seguidores porque están muy por debajo de lo que es capaz de hacer, y asumiéndose totalmente todo lo que se ha dicho de él.

Cierto que con películas como Big Eyes (2014) y sobre todo Frankenwennie (2012) ha enmendado el rumbo y ha mejorado harto los bonos, pero aún no da ese golpe que lo vuelva a poner en la categoría de los grandes, en la que se quedó gracias a Edward Scissorhands, Batman Vuelve, Ed Wood, Marcianos Al Ataque, Sleepy Hollow (estas dos últimas películas mucho más grandes de lo que uno creyó a la primera) o Gran Pez.

De ahí la preocupación en torno a Miss Peregrine y Sus Niños Peculiares, basada en una serie de novelas escritas por Ransom Riggs y publicadas desde 2011. Como pasa con cada filme de Burton las preguntas caen de cajón: ¿lo recuperamos?¿lo perdimos para siempre?¿su filmografía se ha vuelto estable dentro de su gravedad?

Vamos por parte. Miss Peregrine es un relato hecho a la medida de Burton. Su protagonista es un outsider, un marginal, un personaje que no se siente parte de su mundo. Una paternidad inexistente (por partida doble, la relación de Jake y sus padres es, en el mejor de los casos, distante…y del padre de Jake con su abuelo tampoco es lo más feliz que digamos) sustituida por una paternidad –y complicidad- postiza entre abuelo y nieto. Y claro, personajes fantásticos que rayan en lo sobrenatural, forzados a crear su propio mundo a falta de uno donde encajar.

Desde ese punto de vista, Burton se siente en su salsa, estética y narrativamente. Miss Peregrine está dentro de la zona de confort del director y es una historia de aquellas que disfruta compartir. En lo estético, hay que reconocerlo, Burton deja de lado los excesos visuales que saturaron gran parte de su filmografía de los últimos años renunciando a gran parte de ella en función de la historia. Muy similar a lo que ya había hecho en Big Eyes, la historia no es una excusa para incurrir en imaginerías que terminan hartando. Por el contrario, esta vez se complementan muy bien

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Eso, además de un casting mayoritariamente acertado. Eva Green se está convirtiendo en un ícono de lo fantástico, gracias a Penny Dreadful y no necesitamos de mucho para entender porque le sienta tan bien el personaje que da título a este filme. Asa Butterfield funciona como Jake, un joven que se debate entre ser otro nadie en un mundo que no le ofrece nada, y ser alguien en una dimensión donde se siente mucho más feliz consigo mismo (y hasta vive una suerte de romance que jamás viviría en otro lado). De secundarios como Terence Stamp y Judi Dench no hay mucho que decir. Conocemos sus talentos y recibimos de ellos lo que normalmente nos dan.

Y por mucho que se de en asociar a estos personajes con los X-Men (comparten más de un concepto en común) lo cierto es que estos Niños Peculiares se sostienen bastante bien por sí mismos, en gran medida gracias al acertado casting que le da cuerpo, vida y voz a esta insólita banda.

Quizás el único “pero” grave que veo corre por cuenta del villano, encarnado por Samuel L. Jackson. Pensando en el currículum del afroamericano, y por mucho que se trate de un relato fantástico, me extraña verlo caer tan en la caricatura. Eso ya lo hizo en Kingsman, (cinta con la que por fin me puse al día y que repasaremos tarde o temprano por aquí) donde no estaba del todo mal, pero aquí descompone. Sus motivaciones para ser parte de este entuerto no resultan muy comprensibles que digamos y aunque entendemos que su aparición es la que gatilla en Jake la necesidad de conocer a Miss Peregrine, cuesta hacer que las piezas en torno a este personaje encajen.

Respondiendo, finalmente ¿perdimos o recuperamos a Tim Burton? Aunque su carrera ha divagado mucho últimamente, no lo hemos perdido, pero tampoco es que haya vuelto a las grandes cotas de talento y creatividad a la que nos acostumbró. Miss Peregrine no es eso, pero con todo, ayuda a creer que Burton, aunque su salud no sea la óptima, al menos ya no es de gravedad. Podríamos decir que esta estable, lo suficiente como para mantener la fe intacta.

***1/4

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MISS PEREGRINE’S HOME FOR PECULIAR CHILDREN

Director: Tim Burton

Intérpretes: Eva Green; Asa Butterfield; Samuel L. Jackson; Judi Dench; Terence Stamp; Rupert Everett; Ella Purnell; Finlay McMillan; Lauren McCrostie

Fantasía

2016

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brindo por Alicia

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Se me pasó, estúpidamente, pero tenía presente homenajear a Alicia Silverstone a propósito de su cumpleaños, llegando a las 4 décadas el pasado 4 de octubre. Pero no me quería quedar con la deuda pendiente.

Como escribí una vez, en los inicios de este blog, cuando empecé a darme cuenta de mi necesidad y urgencia por ver y hablar de películas, Alicia fue una de las primeras actrices que de verdad me gustó.

Sus apariciones en modo “Lolita” a principios de los ’90 en filmes como “The Crush” y en una serie de videoclips de Aerosmith (Crying, Crazy y Amazing, que no en vano se les conoció extraoficialmente como la trilogía de Alicia Silverstone…lo único que me he bancado de una banda que siempre me ha parecido sobrevalorada) la pusieron en el mapa de la cultura pop y en la retina de aquellos que nos formamos en la primera mitad de la década, sin nada que envidiarle a Tim Burton, Nirvana, Tarantino, a Wynona Ryder, en fin.

Quizás no sería la actriz más talentosa de su generación (para eso estaban la citada Ryder, Juliette Lewis, Uma Thurman…y ciertamente después vinieron otras tantas) pero si tuvo los méritos suficientes para convertirse en uno de los símbolos de esa época, cuando protagonizó la hasta ahora insuperable comedia Clueless, en 1995, en el rol de la inolvidable Cher Horowitz, una chica rica, superficial, cuyas grandes aspiraciones en la vida son la moda, el look, su auto deportivo y conocer chicos guapos, pero que de a poco se va dando cuenta que la vida es más que eso…y ella misma es más de lo que aparenta. Clueless resultó ser una comedia más inteligente de lo que se podría creer y bien puede estar a la altura de otros filmes generacionales como Singles o Say Anything.

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Otro punto definitorio en su carrera fue interpretar a Batgirl en Batman & Robin, dos años después, pero en sentido inverso. Desde que la vimos por primera vez, los fans de Batman ya la imaginábamos en la piel de Bárbara Gordon y su alter-ego, así que enterarnos de que le habían dado el personaje, estallamos de felicidad. Lamentablemente, el guión y la dirección de Joel Schumacher nos dieron un resultado tan horrendo, que dejó varios heridos en el camino. La carrera de Alicia entre ellos. Luego tomaría algunas malas decisiones que no hicieron mucho por mejorar su imagen.

Así fue como a poco andar de la siguiente década, Alicia decidió bajar su producción fílmica, apareciendo principalmente como secundaria en series y películas de menor perfil, lo que le ha permitido mantenerse vigente sin necesidad de recurrir a los escándalos y cahuines con la prensa rosa. Lejos de las grandes luminarias, cierto, pero lo suficiente para no olvidarnos de ella. A cambio de eso, se ha dedicado a su familia (se casó en 2005 con un ¡*°#$%&@! cuyo nombre no recuerdo ahora, el muy maldito…, un hijo)  y a promover el ambientalismo, convirtiéndose en una influyente activista vegana y animalista, además de la igualdad de género, que es por lo que más se le conoce hoy. La mayoría de sus comentarios en su cuenta de Twitter, digamos 7 de cada 10, dicen relación con alguna de estas causas antes que por sus películas.

Como fuera, Alicia sigue ocupando un lugar importante en mi disco duro cinéfilo/pop, en el apartado de grandes recuerdos de una etapa primitiva de mi cinefilia. Una época en que no había internet y acceder a la información era una hazaña (¿y de quien creen que fueron las primeras fotos que busqué cuando por fin tuve acceso a la red? Además de Batman o Star Wars, claro), las películas se grababan en vhs, HBO y MTV eran las siglas más importantes en la vida de uno, y si uno tenía un poco de suerte, podía arrendar en el videoclub de la esquina el estreno de la semana más días de lo que la lista de precios ordenaba.

Y claro, mucho después vendrían las Reese Witherspoon, las Amy Adams, Natalie Portman, Anna Kendrick, Emma Watson, Maggie Gyllenhaal, en fin. Pero el primer amor nunca se olvida, por todas las cosas que viviste con el/ella. Y el primer amor estrictamente cinéfilo no es la excepción. Y Alicia estuvo ahí, en momentos en que mi alter-ego Cinepata comenzaba a dar señales de vida. y por eso mismo, lo sigue estando.

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salve al rey…y al imperio

Es 1951. Es Hollywood. El lugar donde Eddie Mannix (Josh Brolin), ejerce como ejecutivo de los estudios Capitol Films, y donde es el encargado de evitar a toda costa ver a sus directores y estrellas involucrados en escándalos.

Lidiar con asuntos como la desaparición de Baird Whitlock (George Clooney), protagonista de su más reciente superproducción “Hail, Caesar!”..o con el sorpresivo embarazo de Deanna Morgan (Scarlett Johansson), protagonista de exitosos musicales…o los intentos por hacer que Hobie Doyle (Alden Ehenreinch), el promisorio artista de cintas de vaqueros cantantes, amplíe su registro actoral.

Sobrepasado por estas y otras circunstancias, Mannix recuerda la oferta que una empresa aeronáutica le ofreció tiempo atrás para asumir como director, y a la luz de los hechos, ha decidido reconsiderarla..

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No soy fan de los hermanos Cohen, pero ciertamente creo que alguien que a lo largo de sus carreras es capaz de lograr más películas buenas, muy buenas o sobresalientes, que regulares, no tan buenas o débiles (porque malas no tienen), se merecen cierto respeto.

Cuando has filmado cosas como Simplemente Sangre, Educando a Arizona, Barton Fink, El Gran Salto, Fargo, El Gran Lebowski, El Quinteto de la Muerte, No Hay Lugar Para los Débiles, Indisde Llewelyn Davis, es porque algún mérito tienes que tener.

Aunque parece que de eso no se han dado cuenta las distribuidoras, ya que sus películas normalmente se toman una eternidad en llegar a nuestras pantallas. Por lo menos ahora tenemos unas cuantas opciones alternativas a que recurrir para asegurarnos de que filmes como su más reciente trabajo Hail, Caesar! Sean visibles para nuestros ojos.

Estrenada en febrero de 2016 en Los Angeles y Berlín, con pocos días de diferencia, los Cohen hacen gala de su humor negro habitual para examinar el Hollywood de los ’50. Una industria que para el mundo se veía como pujante, marcando pautas y en constante crecimiento. Pero los Cohen no nos quieren contar eso, sino el trasfondo de lo que las grandes luminarias no dejaban ver.

Los Cohen nos presentan un escenario en que esta industria empieza a verse amenazada desde diversos flancos. Por un lado, la masificación de la televisión y el inminente golpe que significará que las personas no tengan que salir de su casa para distraerse. Las presiones de grupos políticos y religiosos (alrededor d Capitol Films circulan células comunistas que ven en el talento del estudio un nicho para propagar sus ideas, así como grupos de presión conservadores procurando que las películas se mantengan dentro de ciertos cánones). Ni que decir de la prensa amarilla buscando esa primicia para vender diarios a costa de la intimidad y dignidad de los famosos.

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Estos hermanos, que además escribieron el guión, son capaces de armar, a partir de las pequeñas historias individuales de cada personaje, un relato concentrado, que se puede entender sin necesidad de dar muchas vueltas al asunto, donde no quedan cabos sueltos y no cuesta tanto darse cuenta como se conectan entre sí, más allá de la existencia de un personaje que les sirve de hilo conductor. Si algo han sabido hacer los Cohen a lo largo de su carrera, es contar buenas historias. Y contarlas bien. Armar buenos elencos y dirigirlos de manera que las actuaciones sean funcionales al buen desempeño de la historia.

Hail, Caesar! Quizás no sea una de sus películas más importantes, pero no necesita serlo. Como he dicho muchas veces, una historia bien contada no necesita mucho para ser tan grande, ni siquiera mostrarse omnipotente. Resulta curioso que suceda en una película donde una de sus historias gira en torno al rodaje de una superproducción como las que se hacían antes y que, pretendiendo ser obras monumentales, terminaron contribuyendo más temprano que tarde al ocaso de la primera gran época del cine. Hail, Caesar! No quiere ser eso. Y a decir verdad, no lo necesita.

***1/2

HAIL, CAESAR!

Director: Joel & Ethan Cohen

Intérpretes: George Clooney; Ralph Fiennes; Scarlett Johansson; Josh Brolin; Alden Ehenreinch; Tilda Swinton; Frances McDormand; Jonah Hill; Channing Tatum

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Comedia

2016

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prefiera el original

Han pasado diez años desde que la pista de Jason Bourne (Matt Damon) volvió a perderse tras exponer a la CIA y su Operación Blackbriar, que involucraba la creación, por manipulación genética, de superagentes como el propio Bourne.

Paralelamente, Nicky Parsons (Julia Stiles), ex operativa de la CIA y alguna vez ligada a Bourne, ahora dedicada a participar en grupos de presión que buscan hackear a los servicios de seguridad, ha descrifado una serie de archivos que involucran el pasado de Bourne antes de ser parte de la operación, y decide ponerse en contacto con él para darle a conocer esta información.

Sin embargo, la infiltración de Nicky en el sistema es detectada por una jefa operativa, Heather Lee (Alicia Vinkader), quien pone en conocimiento de ello al actual director de la agencia, Robert Dewey (Tommy Lee Jones) quien ve en esta acción, la oportunidad de dar, al fin, con el paradero de Bourne…

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Aunque la vida cinematográfica del personaje Jason Bourne (el superespía creado por Robert Ludlum durante los ’80 en el marco del boom de la literatura de espionaje surgido a raíz de la Guerra Fría) se había cerrado en 2007 con la sublime Bourne: Ultimatum (que cerró así la adaptación fílmica de las novelas escritas por Ludlum: Identidad Desconocida, la Supremacía Bourne y la ya citada). Pero resultó que al público le quedó gustando y quiso ver más, no obstante la saga original había quedado más que cerrada.

Pero aún había otras novelas del personaje, no escritas por Ludlum, que igual habían tenido buena aceptación, así que pensaron “si funciona con los libros…¿por qué aquí no?”

Fue así como en 2012 vio la luz The Bourne Legacy, un fallido intento de continuar la serie, ahora con Jeremy Renner, pero que quedó en un buen pero fallido intento. El desempeño del filme, de su protagonista y de su director Tony Gilroy no estaba del todo mal, pero se notaron demasiado las diferencias con el equipo original, pero en mala.

Había que volver al origen y eso es lo que nos presenta Jason Bourne, estrenada este año, nuevamente con Paul Greengrass como director (que ya había hecho la segunda y tercera partes de la serie) y con Matt Damon nuevamente en el rol de este superagente.

Lo cierto es que se nota la diferencia.

Para bien, en cuanto tiene todo lo que le faltó a la cuarta película. Partiendo por la indivisible unión entre Bourne y Damon (y en cierta forma entre personaje y director, Paul Greengrass), que le da todo el punch que se echaba de manos en su predecesora. Con todo el respeto que le tengo a Jeremy Renner y al director Tony Gilroy…pero no, no dieron el ancho con este personaje. Nada contra ellos. Es una cuestión de lisa y llana química. En esta combinación (personaje-intérprete-director) que la saga Bourne tiene sus grandes virtudes.

Ahora, dije que funcionaba, y bien..pero no todo lo bien que debiera. Se sostiene fundamentalmente en la combinación antes señalada y con el apoyo de muy buenas intervenciones de secundarios como Vincent Cassel, Tommy Lee Jones o de la cada vez más cotizada Alicia Vinkader. Tampoco podemos negar que la película no está exenta de emociones fuertes, adrenalina, que expulsa a chorros. El problema viene por el guión. Si algo tenían las Bourne de la trilogía original, basadas en las novelas de Ludlum era el equilibrio entre lo estrictamente narrativo y la acción. Había un balance entre la historia que se estaba contando y los momentos en que la acción, la adrenalina, se tomaba la pantalla, de manera que las cosas fluyeran naturalmente y a su debido tiempo.

Aquí no se ve que exista el mismo balance. Si, Jason Bourne es una película entretenida y que se pasa rápido, pero que obliga al espectador a dar por sentadas muchas cosas. Si las anteriores planteaban en algún momento una situación o una consecuencia determinada, en algún instante dejaban que uno la pensara primero, como para hacerse sus propias ideas y después sorprenderse sea porque uno le atinó o porque lo que pasó no era lo que uno creía. Esta quinta parte comete ese error, hace que las cosas se den demasiado rápido, perdiendo el factor sorpresa y forzando al observador a asumir que lo que está viendo es lo que hay y sería.

Se nota la diferencia entre el trabajo de Ludlum y el del guionista de turno. Eso le baja un poco los bonos a esta última entrega de Bourne. Aunque en su favor hay que decir que si bien no está la altura de la trilogía original, al menos reconstituye el buen nombre de la saga tras el fail de 2012. Así que vale igual.

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***

JASON BOURNE

Director: Paul Greengrass

Intérpretes: Matt Damon; Tommy Lee Jones; Alicia Vinkader; Julia Stiles; Vincent Cassel

Acción/Espionaje

2016

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Dylan, el Nobel

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Por Haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición musical americana, la Academia Sueca acaba de anunciar, hace pocas horas, el Premio Nobel de Literatura 2016 para el cantautor estadounidense Bob Dylan.

Con más de 50 años de carrera, Dylan es para muchos el más influyente compositor de la historia del rock. Los mismísimos Beatles, Stones, Reed, Bowie, Springsteen, Bono, y una lista demasiado larga como para enunciarla aquí, lo citan como uno de los grandes referentes que tuvieron a la hora de lanzarse a componer y su trabajo en lo lírico siempre fue su principal motivación.

No en vano, se transformó de Robert Zimmerman en Bob Dylan precisamente a partir del poeta Dylan Thomas.

Y esa grandeza es la que podemos apreciar cuando leemos lo que nos dicen canciones como Blowing in the Wind, The Times They’re Changin’, Things Have Changed, Hurricane, Like a Rolling Stone, Knockin’ on Heaven’s Door, It’s a Hard Rain’s Gonna Fall, Mr.Tambourine Man, Desolation Row..o discos como Blood on the Tracks, Blonde on Blonde, The Freewhelin’ Bob Dylan, Time Out Of Mind, Oh Mercy, Modern Times, Nashville Skyline o Highway’61 Revisited.

Esto no solo es un merecido reconocimiento a la grandeza de un autor fundamental para entender el desarrollo artístico y cultural de la sociedad occidental del último siglo, sino también una señal de buena salud, entendiendo a un símbolo de lo que se conoce como alta cultura, la Academia Sueca, saliendo de las grandes catedrales del conocimiento y del arte y demostrando que fuera de sus paredes hay vida, hay creación y hay un trabajo tanto o más valioso que dentro del entorno estrictamente académico.

Valorar que no hay que haber logrado doctorados y grandes méritos académicos para convertirse en una referencia obligada cuando hablamos del legado cultural de la humanidad. Lo irónico es que Dylan los tiene, aunque seguro que comenzó su carrera sin soñar siquiera que un día los tendría.

Era el premio que le faltaba a Dylan. Este premio Nobel se suma a un Oscar, varios Grammys, Golden Globes, Doctorados, inducciones a Salones de la Fama, en fin. Y aunque eso signifique chutearle una vez más el Nobel a Parra, a Murakami o a Philip Roth, esta vez no nos podemos quejar. No se lo regalaron al primer escritor que vieron en la librería de la esquina, sino que a un inmortal con todas las de la ley.

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un café agridulce

En el Hollywood de los años ’30, el exitoso representante Phil Stern (Steve Carell) accede a recibir a su sobrino del Bronx, Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) y le ofrece trabajo en su oficina como mensajero, donde conoce a Vonnie (Kristen Stewart) aspirante a actriz y secretaria de Phil, y paulatinamente va enamorándose de ella, aún cuando ella, desde el primer momento le aclara que tiene novio.

Ese novio es un hombre casado, quien pese a las promesas reiteradas a Vonnie aún no es capaz de dejar a su mujer, lo que tiene muy inquieta a la chica, especialmente cuando empieza a tomar en serio las invitaciones de Bobby, cosas que se complican cuando ese hombre casado es..Phil, el tío de Bobby.

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Presentada en el pasado festival de Cannes, fuera de concurso, pero con una buena recepción, Café Society, la película anual de Woody Allen, si bien mantiene a su autor a un nivel más que respetable, pero sigue la tónica de la gran mayoría de su filmografía de los últimos años.

Si pensamos en la producción alleniana desde Matchpoint, en 2005, podríamos agrupar sus obras en distintos grupos. Las sublimes (Matchpoint, Blue Jasmine), las muy buenas (Scoop –¿soy el único que sigue defendiendo esta película?-, Medianoche en Paris), las buenas pero que no hicieron mucho ruido (Cassandra’s Dream, De Roma Con Amor, Magia a Medianoche, Irrational Man), las que no nos movieron un pelo (Whatever Works), las sobrevaloradas (Vicky, Cristina, Barcelona)  las que no necesitábamos (Conocerás Al Hombre de tus Sueños). Café Society podríamos ponerla en la segunda categoría, porque es un buen filme, pero que no hará mucho ruido, más que nada por los sentimientos encontrados que genera.

¿Por qué digo sentimientos encontrados? Porque Café Society hay que diseccionarla un poco para poder analizarla mejor, y así, podemos separar una gran historia principal y un plot secundario. Veamos.

La gran historia principal es este triángulo amoroso entre sobrino, secretaria y tío, una relación que no tenemos que ser muy eruditos para darnos cuenta que no se va a resolver de la manera ideal. Va a tener una solución, sí, pero lejos de la que se espera en función del final feliz. Y si bien todos los involucrados van a terminar por seguir adelante con sus vidas, eso no quiere decir necesariamente que podrán superarlo, y siempre estará presente en los involucrados, la sensación de vacío, de amargura por no haber podido concretar lo que desearon. Da lo mismo lo que sí lograron, siempre van a tener ese tema pendiente.

Eso lo emparenta con muchas otras películas de Allen y es la parte del filme donde logra su mejor rendimiento. Explotando su enorme habilidad como narrador y sacando provecho del muy buen elenco protagónico (donde descubrimos que Kristen Stewart puede ser una muy buena actriz si se le dirige bien…y que puede dar más expresiones que andar con cara de apestada como estuvo a lo largo de toda la saguita aquella que la hizo famosa) es que Allen consigue los puntos más altos del filme, en una lograda reconstrucción de los años ’30 (otra constante en la filmografía alleniana) y de los primeros años del cine como industria.

¿Dónde se entrampa esta película? Dije que podríamos dividirla en dos partes, y es la subtrama la que descompone el cuadro. Junto a la historia principal, Allen nos propone una subtrama que no termina de cuajar. Esta segunda historia, relacionada al crimen organizado, y que bien podría funcionar en otras películas, no es posible apreciar cómo incide en la trama principal, más allá del parentesco entre el personaje en cuestión y el protagonista. Más allá de eso, no veo por dónde.

Esta subtrama no deja de ser una anécdota, que podría pasar piola, o que bien manejada puede funcionar bien (y a Allen le ha funcionado antes, es cosa de repasar clásicos como Broadway Danny Rose o Disparos Sobre Broadway). Incluso, podría dar para una película por sí sola, pero que esta vez, no me parece que pegue ni junte.

Esto es por lo que Café Society sea una muy buena película. Se hubiese trabajado mejor este subplot…o simplemente se hubiera evitado, estaríamos ante una obra de grandes proporciones. Pero no fue así y nos tendremos que conformar con una película simplemente buena, pudiendo haber sido sublime.

Bueno, al menos nos sirve para entender como se sienten los protagonistas de esta película.

***

CAFÉ SOCIETY

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Director: Woody Allen

Intérpretes: Jesse Eisenberg; Kristen Stewart; Steve Carell; Corey Stoll; Blake Lively

Comedia/Romance

2016

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