el buen vecino

Reconocido periodista de una prestigiosa publicación, y recientemente padre, la vida pareciera sonreírle a Lloyd Vogel (Matthew Rhys). Sin embargo, normalmente se siente triste, abatido y pesimista, principalmente a partir de ciertos incidentes del pasado, que lo han distanciado de su padre (Chris Cooper).

Cierto día, recibe el encargo de entrevistar a Fred Rogers (Tom Hanks), el reconocido presentador del popular y mítico programa infantil Mr. Rogers Neighborhood. A regañadientes, al principio, ya que el personaje no le simpatiza mucho. Sin embargo, a medida que entrevistado y entrevistador se van conociendo, algo empieza a cambiar en la vida del reportero…

Aquí hay que agradecer a la nominación al Oscar para Tom Hanks como Mejor Actor Secundario: insisto que de no ser por eso, Un Buen Día En El Vecindario, que tiene fecha de estreno para la primera semana de febrero, difícilmente habría pasado por salas, más allá de una exhibición aislada a nivel de festivales y ciclos de verano. Igual lo entiendo, ya que tiene de protagonista a un personaje tan arraigado en el inconsciente colectivo estadounidense, pero poco conocido por acá.

Para ponernos en contexto, Frederick McFeely Rogers (1928-2003), ministro presbiteriano, fue una de las figuras más carismáticas e influyentes de la televisión norteamericana, cuyo programa, que estuvo al aire entre 1968 y 2001, cautivando a generaciones de espectadores con un mensaje sencillo: surgido en un tiempo en que la televisión para niños se remitía a payasos y marionetas haciendo estupideces y enlazando entre dibujos animados, Rogers quiso ir más allá y centró su labor en la enseñanza, en la promoción de valores, sin ánimo de sermonear, sino por el contrario, reconociendo más de una vez sus propias debilidades, cosa que lo volvió un personaje de fiar, incluso a través de la pantalla.

Hecha tal aclaración, he de decir que hubiera sido un desperdicio que la cinta, dirigida por Marielle Heller (Can You Forgive Me?), no hubiese tenido que sea unos díitas de exhibición. Porque esta es de aquellas películas que, más allá de si están bien hechas, construidas, narradas, en fin (descuiden, lo está), uno termina valorando por la grata sensación que deja.

Basada en una historia real, esto es, la serie de conversaciones que el periodista Tom Junod sostuvo con Rogers a fines de los ’90, esta es una película que no se queda sólo en su más que correcta factura. Habida cuenta de lo que su protagonista significó para la cultura popular del país del norte, para la memoria colectiva de su nación, Heller hace que su película corra por un carril abundante en buenas intenciones, en una actitud positiva que se siente no forzada ni artificial (no es Ned Flanders), sino totalmente natural.

Uno termina esta película, y la sensación  de que todo estará bien, de que no hay mal que dure cien años, y de que si algo no anda bien, puede mejorar, queda en el ambiente. Se puede experimentar este tipo de cosas sin tener la sensación de que uno viene de oír a un charlatán de la autoayuda. Porque lo de Fred Rogers no era charlatanería ni vendida de humo, sino que pura confianza en sí mismo y en sus convicciones.

No es de extrañar, entonces, que para encarnarlo haya sido escogido el gran Tom Hanks, uno de los actores más queridos de la industria hoy en día. Uno ve a Hanks convertido en Rogers y lo cree completamente.

Pero también hay que reconocer el buen desempeño de Matthew Rhys en el rol de Lloyd Vogel, el alter-ego fílmico de Tom Junod, este hombre quebrado por dentro, dañado, que necesita una vía para canalizar todo su dolor, y aprender a extraer lo bueno de sí mismo, valorarse y quererse más. Sólo necesita un empujoncito.

Un Nuevo Día…, dije anteriormente, no ha tenido mucha presencia en la actual temporada de premios, más allá de las abundantes nominaciones que Tom Hanks se ha anotado. Pero tengo la sensación de que da lo mismo. Que no las necesita para ser una  película agradable, querible y cercana.

***

A BEAUTIFUL DAY IN THE NEIGHBORHOOD

Directora: Marielle Heller

Intérpretes: Matthew Rhys; Tom Hanks; Chris Cooper; Susan Kelechi Watson; Maryann Plunkett; Wendy Makkena

Drama/Fantasía

2019

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cosas de hermanas

Es el año 1868, y Jo March (Saoirse Ronan), una joven institutriz de Nueva York, intenta abrirse paso como escritora. Al mismo tiempo, en Paris, Amy March (Florence Pugh), mientras pasea con su aristocrática tía (Meryl Streep), se topa con Thoedore “Laurie” Lawrence (Timothee Chalamet), un viejo amigo de la familia.

Cuando recibe la noticia de que su hermana Beth (Eliza Scanlen), ha enfermado gravemente, Jo decide volver de improviso a Massachussets, para asumir su cuidado. Mientras viaja, su mente vuelve a 1860, a su adolescencia, unos años difíciles ya que, al partir su padre (Bob Odenkirk) a la guerra civil, debió vivir en condiciones estrechas, junto a su madre (Laura Dern), y sus hermanas Beth, Meg (Emma Watson), y Amy. Y recordar los hechos que las llevaron a distanciarse, especialmente de ésta última.

Confieso que nunca leí Mujercitas. Sin embargo, sé más o menos de qué se trata, y por eso no me sorprende que sea lectura de cabecera de millones de lectoras a lo largo y ancho del planeta, y a través de los años, así como que haya sido objeto de diversas adaptaciones al cine, teatro, incluso a la animación.

Ahora bien ¿qué tiene esta versión 2019, dirigida por Greta Gerwig, que la tiene en carrera al Oscar como Mejor Película, y como uno de los filmes más comentados de las últimas semanas? En la lectura que Gerwig hace de la novela de Louise M. Alcott.que si bien mantiene lo medular (la vida de cuatro hermanas de distintas edades y caracteres mientras su padre debe servir en conflicto), la directora opta por mirar el relato desde las protagonistas en la adultez o a medio camino hacia, apelando al racconto para introducirse en el relato escrito originalmente por Alcott, a fin de que sirva de bnase para entender lo que estas hermanas han vivido, y cómo y por qué han llegado a ser lo que son.

Esta lectura resulta acertada y ajustada con los tiempos que corren. Gerwig, que ya había realizado otro gran filme sobre la adolescencia y saber darse su lugar en el mundo llamado Ladybird, enfatiza en la relación entre Jo y Amy, de las cuatro hermanas March, las dos con más carácter, más empoderadas y conscientes de su valor en sí mismas y de lo que son capaces de lograr.

Con esta vuelta de tuerca, descartando una adaptación estándar, lineal y lo más literal posible, Greta Gerwig hace de un clásico de la literatura una verdadera lección sobre empoderamiento femenino, sin convertir la obra en panfleto, ni pasar a llevar el espíritu de la obra original.

Es decir, esta Mujercitas se construye como un relato sobre la mujer, su capacidad de autovalorarse, de darse su lugar en el mundo, a través de la relación entre Jo y Amy, dos hermanas que tienen claro lo que quieren de la vida –aunque la segunda se tarda un poco más en darse cuenta- y lo que necesitan hacer –y lo que no, también- para lograrlo. y no tiene que ver con casarse o encontrar al hombre de su vida (influye, sí, pero está lejos de ser lo principal).

Gerwig (protagonista de una de las decisiones discutibles de la Academia este año, al no entrar en la quina para Mejor Director), se apoya en el gran desempeño de sus actrices principales, tanto en Saoirse Ronan (quien repite desde Ladybird), en el rol de la creativa Jo, una muchacha que desde temprano tenía claridad sobre sus prioridades y aptitudes, como en la cada vez más cotizada Florence Pugh, quien da vida a Amy, y da vida al proceso que la chica enfrenta a medida que va madurando y logrando la claridad acerca de lo que espera de y desea para sí misma. Ambas compiten por el Oscar, como Mejor Actriz y Actriz de Reparto, respectivamente, y con toda razón.

Ambas se roban la película, sin desmerecer a las demás hermanas March, que también tienen sus historias que contar: Meg, y sus frecuentes estrecheces financieras; Beth, cuyo natural altruismo choca con su delicada salud; la ausencia del padre, y la presencia de una madre cuya buena voluntad no siempre da abasto con las necesidades del hogar.

Mujercitas modelo 2019 es una buena oportunidad para aprender cómo se puede tomar un clásico, reinterpretarlo, hacerlo ver actual, fresco y cercano para el espectador de hoy, sin desnaturalizarlo. Con todo el mensaje (vigente y necesario) que Gerwig envía con la película como plataforma, y con la reinterpretación que ofrece, el encanto que ha hecho de esta novela un clásico de la literatura y uno de los libros más leídos y queridos durante siglos, está ahí. Intacto. Y en perfecta sintonía entre la autora original y la de su adaptación.

Insisto, aunque no discuto para nada la quina final (el grupo de la muerte este año), Greta Gerwig merecía estar ahí.

***1/4

LITTLE WOMEN

Directora: Greta Gerwig

Intérpretes: Saoirse Ronan; Timothee Chalamet; Florence Pugh; Emma Watson; Eliza Scanlen; Laura Dern; Meryl Streep; Bob Odenkirk; Chris Cooper

Drama/Romance

2019

Y estaríamos, debe ser la tercera vez que llego a la entrega del Oscar con todas las nominadas a Mejor Película vista. Y está difícil la cosa, por mucho que uno tenga su favorita, y por mucho que se especule que estamos ad portas de un momento histórico, hay que decirlo: está difícil, todas las películas nominadas están, con mayor o menor justicia, incorporadas en la nómina final.

Bueno, ahora a aplicarse con las nominadas en las demás categorías. Aún hay tiempo.

(Por cierto, ¿qué edad se supone que tiene Timothee Chalamet?¿Envejecerá?)

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la guerra desde adentro

Corre el mes de abril de 1917, y nos encontramos al norte de Francia, en plena Primera Guerra Mundial. Dos jóvenes soldados ingleses, Schofield(George McKay) y Blake (Dean Charles Chapman), son comisionados para entregar un importante mensaje a un batallón de su misma nacionalidad, establecido en pleno frente alemán, luego de descubrir un plan alemán por el cual, simulando su retirada, planean emboscar al batallón.

Schofield y Blake tienen órdenes de hacer llegar estas órdenes de cancelar la operación de ataque, precisamente lo que el enemigo espera que hagan, y evitar una masacre que podría costar más de 1600 bajas, el hermano de Blake entre ellas. Y deberán emprender el viaje desde ya, pues dicha operación ocurrirá en menos de 24 horas…

Permítanme la analogía. Si esto fuera fútbol, 1917 es ese jugador que entra al minuto 85 y con el equipo perdiendo 1-0. Y al llegar al minuto 90, ha hecho dos goles y da vuelta el partido. El nuevo filme del siempre interesante director Sam Mendes  (Belleza Americana, Skyfall, Camino a la Perdición) se estrenó durante las últimas semanas de 2019, con lo justo para entrar en la temporada de premios, apuntándose varias nominaciones al Oscar, entre otras premiaciones, y sorprendiendo a medio mundo al ganar los Golden Globe por Mejor Película y Director.

Claro, quedó cierta sensación en el ambiente de “¿qué onda?¿de dónde salió esta película?” que de la nada se metió en carrera, una que parecía restringida a The Irishman, Había Una Vez En Hollywood y Parásitos. Bueno, hay que decirlo, independiente de los premios que logre finalmente, su mera nominación o inclusión dentro de lo más destacado del año pasado, es totalmente justificada.

Sin embargo, hay que hacer ciertas precisiones.

Porque si bien estamos ante un filme del género bélico claramente, si usted anda buscando lo que este género ofrece normalmente, especialmente cuando se trata de la Primera o Segunda Guerra Mundial: espectaculares batallas aéreas, aguerridas luchas cuerpo a cuerpo, secuencias de espionaje e inteligencia que ponen a prueba nuestros nervios, en fin. Algo de eso hay en 1917, pero la verdad es que corre por un carril muy distinto.

Mendes opta por una de esas muchas historias anónimas que se dan en el campo de batalla, en este caso, la de su abuelo paterno, combatiente en dicho conflicto. Estas historias que, por mínimas que sean, por mucho que no salgan en los libros de historia, no hay que pasarlas de largo.

El tour-de-force al que Mendes somete a sus protagonistas, historias de las que hay muchas en los distintos conflictos que han enfrentado a la humanidad, y representa un recorrido por el corazón mismo de la guerra, a la escala del individuo, enfrentado directamente con el absurdo, el sinsentido, el infierno y la angustia que representa esta situación para quien está inserto en ella.

Una situación en la que un individuo está porque ahí le dijeron que tenía que estar. apuntando, disparando y evitando las balas de otros que, independiente de que vengan de otro país o hablen otro idioma, están en las mismas: están ahí porque ahí lo mandaron. En ambos casos, por caballeros llenos de medallas planeando movimientos en tableros casi de juegos de salón, a muchos kilómetros de distancia.

Entendida así, no podemos sino considerar a 1917 como una gran película, de aquellas que por su impecable factura, hay que tratar de ver en la mejor pantalla posible, cortesía del gran talento de Mendes como narrador y armador de historias, a lo que cabe sumar la siempre impresionante fotografía de Roger Deakins. Varios de los premios que este 9 de febrero debieran caerle a esta película deberían venir desde aquí y en las demás categorías técnicas. No sé si Mejor Película, no si en la misma papeleta están las películas que cité antes. En todo, caso, si gana, existe esa posibilidad, no seré yo quien lo objete.

No deja de ser interesante, que se hayan estrenado con semanas de diferencia, y corran por el mismo premio, dos películas que abordan dos grandes conflictos bélicos de la historia: 1917 y JoJo Rabbit. Pero que destacan por sobre el resto de sus similares por enfrentar el lado feo de los conflictos, el del soldado en el campo de batalla, en el caso de 1917, y del ciudadano común, y con cierta dosis de humor negro, en el filme de Taika Waititi.

Pero en lo estrictamente fílmico, son dos grandes ejemplos del buen año que fue 2019 para el cine, con relatos de aquellos que los libros, escritos por lo general por los vencedores, normalmente hacen caso omiso. Historias que deberían tenerse en cuenta, sobre todo por los que muy sueltos de cuerpo y lengua llaman a armarse a la menor provocación.

Filmes como éste resultan más eficaces que docenas de conferencias de paz que, más allá de algunos gestos de buena crianza, por lo general no llevan a nada.

***1/2

1917

Director: Sam Mendes

Intérpretes: George MacKay; Dean-Charles Chapman; Mark Strong; Richard Madden; Colin Firth; Benedict Cumberbatch

Bélica

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valió la pena

Desde un recóndito lugar de la galaxia, se ha difundido un mensaje, clamando venganza, y su emisor parece ser el extinto Emperador Palpatine.

El líder supremo de la Primera Orden Kylo Ren (Adam Driver), temiendo una posible amenaza a su poder, recorre la galaxia en busca del origen de dicho mensaje. Paralelamente, la cada vez más débil resistencia, encabezada por la general Leia Organa (Carrie Fischer), ha detectado la inminente formación de una nueva y poderosa flota enemiga, por lo que encomienda a un puñado de sus efectivos impedir, de algún modo, la reunión de este contingente.

Esta misión es encomendada al piloto Poe Dameron (Oscar Isaacs), al oficial Finn (Jon Boyega), acompañados del wookie Chewbacca (Joonas Suotamo), y del androide C-3PO (Anthony Daniels). Rey (Daisy Ridley), aprendiz de Leia y seguidora del desaparecido Luke Skywalker en las artes Jedi, se une a la misión, estimando que sus conocimientos acerca de la Fuerza, puede ser útil para la encomienda…

Fueron demasiadas las razones que me impidieron ver Star Wars Episodio IX: El Ascenso de Skywalker a tiempo, pero si saco la cuenta y pienso que vi el Episodio II casi cuando la estaban sacando de cartelera, y el III con más de un mes de atraso, me doy cuenta que ésta demora no fue tan grave.

A la larga, sin embargo, siento que eso ha sido mucho mejor, porque me ha permitido ver el capítulo final..al menos de la historia principal de Star Wars…sin presiones, sin el hype a todo dar, sin presión, sin las pasiones de uno y otro lado en llamas, y después de semanas de esquivar como ninja los spoilers. Ello me dio la posibilidad de procesarlo, analizarlo y disfrutarlo mucho mejor.

Sí, he dicho disfrutarlo. Sé que eso me pone, de una, en conflicto con aquel sector, principalmente de “fans”, que han despostado todas y cada una de las entregas SW al alero de Disney, y que han desahogado su toxicidad en cuanto han podido. Sí, a ellos les digo, lo pasé muy bien viendo este capítulo final.

Concedo que el deambular de Star Wars de la mano de la casa de Mickey Mouse ha sido accidentado. Y concedo que este episodio está lejos de ser perfecto, pero ciertamente, el trabajo de J.J. Abrams supera con creces los traspiés de The Last Jedi (a la que apenas se hace mención a lo largo de la cinta), pero también supera lo que él mismo había hecho con The Force Awakens, en 2015, al “reiniciar” la franquicia.

Si bien la mayoría de críticas para dicho episodio fueron en general positivas, estaba la sensación de que, al más puro estilo MCU, había hecho un filme que seguía al pie de la letra la estructura de la primera película, de 1977. “Remake” o “Fan Film” fueron conceptos que se repitieron entonces. Bueno, cuatro años después, estrenando este noveno filme, el segundo con su rúbrica, Abrams entrega una película con estructura y personalidad propias.

Corrige algunas cosas que venían cojeando. Ya era hora, por ejemplo, que el trío de personajes principales de esta etapa, es decir, Rey, Finn y Poe Dameron tuvieran más interacción entre ellos, algo que estuvo siempre entre los protagonistas de la trilogía clásica, e incluso en parte de las precuelas. pero que en esta fase, aún no se había dado. Evita caer en tiempos muertos, ni alargando más de la cuenta secuencias que no lo necesitan, sino que procura que en cada escena, algo esté pasando.

Por otra parte, si bien a estas alturas aún apela a varios de los personajes clásicos de la saga, su aparición es en las dosis necesarias para cerrar debidamente sus participaciones en la historia, pasando el relevo para una eventual continuación, esta vez partiendo de cero.

Al fin y al cabo eso es lo que se espera de una película anunciada como el fin de una era. Que sea el mejor cierre posible a una historia. Y lo hace. Quizás no sea una película perfecta, quizás no esté a la altura de la trilogía original con la que tantos “fans” insisten en comparar cada obra nueva relacionada con Star Wars, olvidando que eso es simplemente imposible. Pero cierra la historia previa, sin dejare cabos sueltos, haciéndole justicia y dejando el camino libre para el futuro.

Y haciendo sentir que cada día de espera, cada día de los últimos 42 años, cada una de las ocho películas anteriores (o diez, si contamos los spin-offs), valieron la pena.

Sentí que me despedía de viejos amigos como corresponde, agradeciendo los grandes momentos compartidos, y esperando nuevas aventuras de los amigos que acabo de conocer.

Sólo terminó una parte de la historia, y otra igualmente grande está por comenzar.

La Fuerza sigue y seguirá estando aquí.

***1/2

STAR WARS EPISODE IX: THE RISE OF SKYWALKER

Director: J.J. Abrams

Intérpretes: Carrie Fischer; Daisy Ridley; Adam Driver; Jonn Boyega; Oscar Isaac; Kelly Marie Tran;: Domhall Gleason; Billy Dee Williams; Ian Mc Diarmind; Anthony Daniels; Keri Russell; Naomie Ackie; Richard E. Grant; Billie Lourd; Dominic Monaghan; Joonas Suotamo; Mark Hammill

Ciencia Ficción/Fantasía

2019

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Los 80: revisitando -y haciendo las paces- con un hito irrepetible

Lo he dicho muchas veces, uno en esta vida se equivoca.

Lo digo porque si revisamos algunas cosas que publiqué aquí mismo hace diez o doce años atrás, mi desdén por Los 80, la serie que Canal 13 estrenó el segundo semestre de 2008, y que trataba de cómo era la vida en el país durante la dictadura, a través de una familia de clase media de Santiago.

Gran parte de ese desdén era el hype que tenía la serie en ese minuto. Y eso que era la prehistoria de las redes sociales, que fuera tema de conversación obligado en cualquier mesa al día siguiente, como que me agotaba un tanto. Por otra parte, que todo el mundo comentara que la serie le conmovió, le apretó el corazón, le despertó cosas que no había sentido…me hizo sospechar. Bien podía tratase de una producción hecha por gente experta en saber dónde apretarle a la gente para emocionarla con facilidad. El factor nostalgia, además, aumentaba mis sospechas.

Pasaron los años, avanzó la serie a través de sus temporadas siguientes (terminando en 2014), y aunque Los 80 mantuvo su rating en alto hasta su final, la expectación ya no era tan alta como al principio. Por mi parte, de a poco fui haciendo a un lado mis aprehensiones, y le di una mirada. Y a decir verdad, me gustó harto, al punto que lamenté mi propia falta de visión, y no haber visto la serie entonces.

Por eso, si bien el horario no es el mejor (aunque lo han corregido, alargando las emisiones diarias), no debía dejar pasar la oportunidad ahora que Canal 13 repuso Los 80. Tenía una deuda pendiente que debía saldar, al menos de manera imperfecta, ahora. Y entendí perfectamente el impacto provocado en su momento.

Es cierto, el factor nostálgico es importante en esta historia, pero no fundamental. Después de todo, esto no es Stranger Things, no es una intervención gratuita en el inconsciente colectivo como una manera de vender más fácil la historia.

Lo que hace una década y algo más sucedió con los 80 va mucho más allá de eso. Más allá de las películas que se veían a principios de década, o con la música o la ropa de moda. Esta serie apela a lo que todos, de alguna manera u otra nos tocó vivir en aquellos días.

Si, a todos nos causa un nudo en la garganta recordar esos días cuando sólo el almacenero del barrio tenía teléfono, o la lavadora redonda que había que tener en el patio, la cortina de radio Cooperativa que cuando chicos nos ponía la carne de gallina, o el cassette que había que rebobinarlo con un lápiz Bic. El trabajo de reconstrucción histórica fue un lujo, hasta en el más mínimo detalle (las etiquetas de los productos de consumo diario, por ejemplo, hasta la locomoción de la época) y justifica cada centavo de la millonada que costaba cada episodio.

Pero quedarse en eso, no habría dado a Los 80 la grandeza que logró, y no habría pasado de ser un producto pasajero.

La gran gracia de Los 80 estuvo no en lo externo (aunque ayudó bastante, para entrar en ella) sino en algo mucho más profundo.

En que la historia de Juan Herrera (Daniel Muñoz), su mujer Ana (Tamara Acosta), y sus hijos Claudia (Loreto Aravena), Martín (Tomás Verdejo) y Félix (Lucas Bolvarán), guardando proporciones y diferencias obvias, puede ser la de cualquiera de nosotros. En ese sentido, el gran mérito de esta ficción fue, algo que no se suele dar en nuestras pantallas y producciones audiovisuales en general: contar una historia que el individuo común podía sentir, cuál más, cuál menos, como propia.

Porque si bien es cierto la historia de los Herrera tuvo no pocos momentos amargos, dolorosos, de aquellos que te llevan a cuestionarte para qué estás vivo en este mundo, también protagonizaron momentos felices, valiosos, de esos que te dan la respuesta al cuestionamiento anterior: porque vale la pena estarlo. Todo ello matizado con anécdotas, alusiones a la actualidad de la época (la recesión del año ’82, el terremoto de 1985, el principio del fin de la dictadura) y abundante material de archivo que nos permite contextualizar las cosas.

Matices. Creo que esa es la palabra justa.

La vida de los Herrera no fue un paseo por un jardín de rosas, como la de la gran mayoría, pero tampoco era de ir de desgracia en desgracia. Hubo cosas malas, tristes, pero siempre hubo la posibilidad, aunque mínima, de revertir la situación, o al menos aprender a asumirla y vivirla. Y al mismo tiempo, los Herrera atravesaron valiosas vivencias, momentos llenos de alegría.

Una vida normal, que no es perfecta, y con más dificultades que comodidades. Sí, ellos eran los Herrera, pero también pudieron haber sido los González, los Pereira, los Morales, los Sánchez, usted que está leyendo, ese que está en la esquina, yo mismo, en fin. Y por difícil que sea la vida, exige de nosotros sacrificio, esfuerzo, voluntad, para sacarla adelante, hacerla más llevadera, o incluso, hacerla feliz.

Y si bien es cierto la idea de esta serie estuvo basada en una producción española Cuéntame Como Pasó, lo cierto es que el trabajo encabezado por Andrés Wood, como productor, con guión de Rodrigo Cuevas, y dirigido por Boris Quercia y Rodrigo Bazaes, consiguió, sin alejarse de la idea central (el mundo visto desde la clase media), una producción con clara identidad nacional, un relato que pudo ser el tuyo, o de tu vecino, o de alguien a quien conociste bien.

Ese nivel de identificación no lo ha logrado ninguna otra serie dramática en Chile. Sin desmerecer otras producciones gigantescas (Ecos del Desierto, El Reemplazante, en fin), ninguna caló de la misma forma que Los ’80, por el factor cercanía. Quizás Machuca, la película del mismo Andrés Wood sobre la caída de la Unidad Popular, es lo que más se le aproxima.

Ninguna de esas series, con todo lo grandes que son, me sacó las lágrimas que la escena de la sopa, en la primera temporada. La sentí de cerca. Si bien mi papá no quedó cesante para la crisis del ’82, la intranquilidad estaba, y vi de cerca mucha gente perdiéndolo todo. Y esas son cosas que, aunque los adultos tratan que no veas, se te graban igual.

Y permite entender la relación extraña que tenemos con una década que, en el resto del mundo era de colores vivaces, pero por acá debajo de todo ese colorido, las cosas en realidad eran más bien grises.

Los 80 es una producción que vale la pena revisitar de vez en cuando, y que a una década de su estreno mantiene intacta su calidad y vigencia. Útil para entender el contexto histórico, conocernos un poco mejor a nosotros mismos y entender como hemos llegado a ser lo que somos.

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el niño y el führer

Estamos en la Alemania del Tercer Reich, en uno de los momentos más duros de la Segunda Guerra Mundial. Inspirado en su padre, quien se encuentra combatiendo por su país, y motivado por su amigo imaginario Adolf (Taika Waititi), el pequeño Johannes “Jojo” Betzler (Roman Griffin Davis) se alista en las juventudes hitlerianas.

Sin embargo, su entusiasmo no le evita sufrir, en pleno campamento de instrucción, un par de incidentes que, aparte de dejarlo en vergüenza, lo obligan a dar un paso al costado, quedarse en casa junto a su madre, Rosie (Scarlett Johansson) y servir al Reich en funciones más bien burocráticas.

Pasando tanto tiempo en casa, descubre que en su ático se encuentra escondida una chica, Elsa (Thomassin McKenzie), una joven judía a la que su madre, miembro de la resistencia en secreto, ha decidido refugiar. Y aunque inicialmente Jojo piensa denunciarla, buscando reivindicarse con las SS, a medida que va conociendo mejor a Elsa, y conforme avanza el conflicto, va cambiando su manera de ver las cosas…

Woody Allen lo dice, a través de Alan Alda, en “Crímenes y Pecados”: la comedia no es sino tragedia más tiempo. Y es verdad. Si bien la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos más dolorosos de la historia de la humanidad, especialmente en cuanto al auge del nacionalsocialismo, el Tercer Reich y el Holocausto, no pasaron muchos años antes que el tema fuera materia de chistes.

En pleno conflicto, Charles Chaplin estrenaba El Gran Dictador. Puedo citar algunas películas de Jerry Lewis asociadas, tangencialmente incluso, al tema bélico. Mel Brooks estrenó en 1983 Soy O No Soy, una comedia que lo ponía frente a frente con el mismísimo Hitler. Hasta Chespirito, en algún momento, enfrentó al Chapulín Colorado con el führer.

Por eso no nos debería extrañar que, a casi un siglo del estallido del enfrentamiento, tengamos una película como Jojo Rabbit, el filme que marca el regreso del neozelandés Taika Waititi al campo que más le gusta, la comedia, tras su acercamiento al universo Marvel con Thor: Ragnarok, y que retomará en 2021 con Love And Thunder, película que le valió ser nominado a los Golden Globes (mejor película o comedia, y mejor actor) y una inédita nominación al Oscar como Mejor Película.

Siendo bien sinceros, dudo que gane en esta categoría, no porque sea mala sino simplemente porque está rodeada de otros títulos ampliamente superiores (Irishman, Había Una Vez en Hollywood, Parásitos que a cada minuto gana más puntos, 1917 que entró en el minuto 85 y dio vuelta el partido, Joker, en fin). Eso no quita las virtudes de la película, que funciona en cuanto cumple con su cometido. Aunque, por cierto, hay que hacer un par de observaciones.

Porque cuando Jojo Rabbit se plantea como comedia, funciona y en muy buen nivel. Esto corresponde a aquellos momentos en que algún personaje asociado al Reich hace acto de presencia. Por mucho que en la realidad personajes como el capitán Klenzendorf (Sam Rockwell), la dura oficial Fraulein Rahm (Rebel Wilson) o el mismísimo Hitler, encarnado por Waititi, hayan horrorizado a muchos, en esta oportunidad logran varios de los mejores momentos del filme en cuanto comedia. Y Waititi es lo bastante hábil para provocar estas risas, sin abusar en los estereotipos, y sin ofender a nadie.

Sin embargo, la película tiene un componente dramático no menor, definido por el proceso que atraviesa Jojo tras descubrir la existencia de Elsa, sumado al desarrollo de la guerra para los alemanes, y como este hecho va alterando su percepción de la realidad, sufriendo uno que otro golpe, de aquellos que duelen.

Tenemos una historia que corre por dos carriles, donde hay que tener mano firme para que éstos no choquen, sino que se complementen. Waititi los tiene, y cuenta con un buen aliado en el sorprendente Roman Griffin Davis en el rol principal, que nos cae bien de entrada.

Quizás no llegue a ser la Mejor Película del Año, quizás para algunos pueda ser excesivo haberla nominado en la lista final para el premio, pero no vamos a negar que es una de esas cosas que vale la pena. Negarle una oportunidad, eso sí que sería feo.

PD: Que buen rescate hace esta película, de las etapas alemanas de los Beatles y de David Bowie.

***1/2

JOJO RABBIT

Director: Taika Waititi

Intérpretes: Roman Griffin Davis; Scarlett Johansson; Thomassin McKenzie; Sam Rockwell; Rebel Wilson; Alfie Allen; Stephen Merchant; Archie Yates; Taika Waititi

Comedia

2019

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más que una moda desechable

Es oficial. Esta mañana, después de varias oportunidades en que fueron postulados, se confirmó la incorporación de Depeche Mode al Rock’n Roll Hall Of Fame, encabezando junto a Nine Inch Nails la lista de incorporados para esta edición.

Nominados repetidamente los últimos años, el prestigio de ser incorporados a esta instancia es de todas maneras una gran noticia. Siendo una de las bandas insignia de la música pop inglesa de las últimas décadas, la incorporación de Depeche Mode al Salón de la Fama es un justo reconocimiento a una carrera de más de cuatro décadas de estar en la cresta de la ola.

¿Qué?¿Qué Depeche Mode no debería estar ahí?’¿Qué no es rock, sino sólo unos tipos que aprietan perillitas? ¿Por qué ellos usurpan en lugar que le han negado a tal o cual durante años?

Okey…vamos por partes.

Es cierto, durante su primera etapa (1980-1987) Depeche Mode fue uno de los baluartes del pop electrónico o synth-pop que tuvo su esplendor en aquellos años, junto a Yazoo, Erasure, Gary Numan, Devo, en fin.  Sin embargo, a partir del fundamental álbum Violator (que cumple 30 años en marzo, algo prepararemos para la ocasión), la relación entre la banda de Dave Gahan, Martin L. Gore Andrew Fletcher y, hasta 1993, Alan Wilder, con las guitarras se fue haciendo cada vez más cercana, y desde Song Of Faith And Devotion, el giro ya era definitivo, logrando una inédita fusión entre el rock más enérgico, y lo electrónico que definió el sonido por el resto de su carrera.

Además, pensemos en  bandas posteriores que reconocen como Depeche Mode a sus grandes influencias: Deftones, Korn, Nine Inch Nails, Marylin Manson, Smashing Pumpkins, The Killers, en fin.

Y que estén ocupando un puesto que, según otros fandoms, correspondería de justicia a otras bandas, bueno, no es culpa de Depeche Mode, sino de quienes votan para seleccionar a las nuevas incorporaciones. Ignoro la metodología, o quienes lo hacen y bajo qué reglas, pero si quieres que tu banda favorita esté en esta galería de selectos, reclámales a ellos.

Cuarenta años de carrera de una banda que, no obstante la salida de Wilder a mediados de los ’90, y ocasionales incursiones en solitario de sus integrantes, y uno que otro receso prolongado, en ningún momento ha mostrado atisbos de separarse.

Larga y victoriosa vida de esta moda desechable. Que fue mucho más que moda, y de desechable nada.

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