vidrio y acero

El propio M. Night Shyamalan lo confirmó ayer en su cuenta de Twitter, aunque era algo que suponíamos que caía de cajón luego de ver su notable rehabilitación en Split: en enero de 2019, se estrenara el filme que vincula a Kevin, el esquizofrénico protagonista de esta historia (James McAvoy) con David Dunn (Bruce Willis) y Elija Price (Samuel L. Jackson), la dupla que protagonizó El Protegido (Unbreakable), la excelente película de 2000 que sucedió a la exitosa Sexto Sentido –ya le llegara su momento de ser revisitada- y que para muchos es su obra cumbre.

Dadas las circunstancias, y como un modo de refrescar la memoria, echémosle una repasada a la aludida, que se adelantó mucho, en temática y calidad, al boom de los superhéroes en que vivimos hoy en día.

Todo comienza cuando durante los ’60, un niño afroamericano, Elijah Price, es diagnosticado con osteogenesis imperfecta, o más simplemente “huesos de cristal” que lo convierte en un niño retraído, melancólico y solitario, que con solo dar un paso podría fracturarse fácilmente una pierna.

Para motivarlo a rehabilitarse y aprender a vivir con su enfermedad, su madre le compra un comic de superhéroes, ofreciéndole a comprar un nuevo ejemplar según avance en su recuperación. Desde entonces, su pasión por estos personajes se convirtió en obsesión, hasta de adulto (Samuel L. Jackson) llegando a mantener una galería de arte dedicada al tema.

En el presente, David Dunn, un guardia de seguridad de algo más de 40 años, pasa por un momento difícil de su vida. Viviendo un matrimonio en crisis, y padre de un hijo con el cual existe una distancia cada vez mayor, vuelve a Filadelfia tras una fallida entrevista de trabajo en otra ciudad. Durante el viaje, el tren que lo lleva descarrila, muriendo todos sus ocupantes..excepto David quien solo recibe algunos rasguños y moretones aislados y sin gravedad.

El caso de David alcanza cierta notoriedad, luego de que se filtra que este jamás se había enfermado o tenido antes accidente alguno. Y aunque el incidente es rápidamente olvidado, Elijah Price contacta a David pues ve en el al personaje que ha perseguido a lo largo de toda su vida.

Dije antes que con El Protegido, Shyamalan se adelantó prácticamente una década al boom de los superhéroes, pero lo hizo desde una perspectiva diferente. Cierto que recurre a un elemento clásico: la lucha entre el bien y el mal, encarnada en un personaje dotado de inimaginables poderes por un lado, y un villano impredecible y dispuesto a cualquier cosa con tal de lograr sus propósitos. Superman y Lex Luthor. Pero

¿Cuál es esa perspectiva diferente? Una harto más sombría, por cierto. Nuestro héroe, David Dunn, está lejos del modelo de virtud y éxito personal que encarna Superman, por ejemplo. David es un completo perdedor. Estancado en un trabajo de pacotilla, luchando por salvar a su familia del quiebre. En tal escenario, usted en el lugar de David ¿tendría algún interés en descifrar porque nunca se ha lesionado, nunca se ha roto un brazo, nunca ha tenido un resfrió?

El otro extremo es el representado por Elijah Price, pero ¿’es exactamente un villano? Es un personaje inestable, de todas maneras, cuyo sentido del equilibrio, de la estabilidad, quedaron en entredicho hace rato. Prisionero de sus obsesiones (en el mundo de Price, si existe un personaje tan frágil como él debe existir su opuesto perfecto, un ser prácticamente invulnerable), Price habita en un mundo donde los límites entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, se vuelven confusos. Sus intenciones pueden ser loables (Price no busca ese hito que eleve su ego hasta el cielo, ni la fama, ni la fortuna, sino simplemente encontrarle sentido a su existencia) pero sus métodos distan de ser los adecuados.

Price encuentra en Dunn eso que le de el sentido a su existencia, mientras que Dunn necesita desesperadamente saber cuál es el de la suya. Y aunque al principio David rechaza al discapacitado, la necesidad de respuesta, saber para donde va su vida y si vale la pena, termina por ceder. Por mucho que la teoría de Price le parezca absurda (David tiene superpoderes y podría aprovecharlos para hacer el bien), tal vez sea esa la opción que le permita salvarse.

Todo esto sazonado con abundantes referencias al género de los superhéroes y al comic en general. Referencias estéticas por ejemplo, con Shyamalan construyendo algunas escenas como si estuviésemos viendo viñetas de historietas. U otras menos tangibles pero que los fans reconocerán, como el hecho que el protagonista tenga las mismas iniciales para su nombre y apellido, David Dunn (Peter Parker, Lex Luthor, Matt Murdock, Scott Summers, Reed Richards…quieren que siga?) y la coexistencia de héroe y villano más allá de encontrarse en bandos opuestos, armando Shyalaman un filme fundamental para entender el género sin recurrir a los trajes de colores y los efectos especiales, sino que recurriendo a una historia sobria, jugando con la intriga, el suspenso y la sorpresa como Shyamalan sabe (sabia-y-volvió-a-saber) construir.

La lectura de Shyamalan del subgénero de superhéroes tiene marcadas diferencias con todo lo que vino después. Ni siquiera la adaptación de Watchmen, la obra cumbre del género, publicada en 1985 y estrenada nueve años después tiene las cotas de grandeza del trabajo de M. Night. Respetuosa de su fuente, a la que homenajea dándole la grandeza que merece en sus tres cuartos de siglo de existencia (o los que hubieran transcurrido, desde el debut de Superman en 1938..ok?) Eso la convierte en una obra imprescindible de la especialidad y que nunca está de más revisitar.

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UNBREAKABLE

Director: M. Night Shyamalan

Interpretes: Bruce Willis; Samuel L. Jackson; Robin Wright; Spencer Treat Clarck; Charlayne Woodward

Fantasia/Superheroes

2000

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JONATHAN DEMME 1944-2017

Un cancer al esofago y complicaciones derivadas de distintas enfermedades cardiacas se llevaron hoy a Jonathan Demme, prolifico realizador estadounidense.

En tratamiento por la segunda razón mencionada desde 2010, Demme ostentó una carrera bastante interesante, incursionando en géneros tan diferentes como el suspenso, el espionaje, el drama, el romance, el documental y hasta la comedia. Carrera que arranco en 1975, pero que tuvo su primer gran golpe en 1984, al estrenar el documental Talking Heads: Stop Making Sense!, registro en vivo de la célebre banda post punk neoyorkina.

La carrera de Demme como decía fue bastante variada, y se fue consolidando con títulos como Casada Con la Mafia (1988), Philadelphia (1993), Beloved (1988), The Manchurian Candidate (2004), Rachel Getting Married (2008) y hace un par de años, Ricki And The Flash (2015) donde convirtió a Meryl Streep en una ex rockera con ansias de retomar su carrera.

Pero el punto más alto de su carrera se dio en 1991, con la adaptación de la novela de Thomas Harris El Silencio De Los Inocentes, por lejos su mayor trabajo, que reportó, entre otros galardones, cinco premios Oscar (película, director, actor –Anthony Hopkins-, actriz –Jodie Foster- y guion adaptado). Imágenes de aquella ceremonia ilustran esta nota.

Tremendo el talento el que se nos acaba de ir.

QEPD

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el rey de los monos

Es 1973. El investigador estadounidense Bill Rada (John Goodman) es autorizado por su gobierno para iniciar una investigación en la zona conocida como Isla Calavera, un inhóspito lugar en medio del Pacifico, a fin de conocer las potenciales riquezas explotables del islote.

Para ello, recluta a un pelotón de veteranos de Vietnam, encabezados por el coronel Preston Packard (Samuel L. Jackson), al retirado capitán y explorador ingles James Conrad (Tom Hiddleston) y a la reportera gráfica Mason Weaver (Brie Larson).

El trabajo comienza con la detonación de cargas sísmicas para verificar la estabilidad del terreno. Pero pronto son atacados por una increíble bestia: un furioso simio de más de cien pies de alto que, en minutos, arrasa con la expedición.

Diezmados, los miembros del equipo deben buscar un modo de salir de la isla con vida, evitando a la bestia. Pero el simio será solo la primera, y la menos terrible de las criaturas que habitan la isla…

La muy buena recepción del reinicio de Godzilla, en 2014, entusiasmó a la Warner Bros, estudio que se puso rápidamente a bosquejar su propio universo cohesionado (s, dele con la tonterita) de criaturas fantásticas, criptozoologia y megafauna. El paso siguiente, no podía ser de otro modo, correría por cuenta del otro gran referente de este subgénero: el legendario gorila gigante conocido como King Kong.

No era de extrañar que la ansiedad por este nuevo capítulo se fuera a las nubes, y fue ese manto de ansiedad el que rodeo a Kong: La Isla Calavera…ahora bien, estas enormes expectativas ¿son cumplidas?

Considerando lo que fue la Godzilla de Gareth Edwards…no.

No es que sea una película mala mala pero mala con ganas, pero ciertamente el trabajo del realizador Jordan Voght-Roberts no tiene la capacidad de Edwards para armar una historia apta para desafiar la capacidad de asombro (cosa que hizo en la citada Godzilla y el año pasado en Rogue One). Vogt-Roberts no tiene la misma capacidad, menos con un guion que no pone mucho de su parte. Me explico: Godzilla producía emociones fuertes, impacto y sorpresa, mientras que Kong resulta obvio, de fácil solución y a ratos predecible.

Ok, es cine blockbuster, cine de entretención, escapismo puro, como quieran, pero no exageremos. Una cosa es querer tramas simples para pasar un rato entretenido, pero tampoco tiene gracia que a uno le cuenten todo. Un espectador quiere poner de su parte, elucubrando sus propias teorías, impresionándose cuando ve si estas se concretan en pantalla o no.

Sobreexplicar es dañino para este tipo de cine al matar el factor sorpresa, al mismo tiempo que subestima la inteligencia del espectador.

Pero como dije, mala no es. Kong: La Isla Calavera tiene sus gracias. Por ejemplo, situarse en plenos años ’70, cuando no había internet, ni gps, ni drones, ni satélites, por lo cual la idea de que existieran lugares aun inexplorados resulta más creíble que ahora. Por otra parte, restringe la aventura al hábitat natural del antropoide, evitando la tentación de trasladarlo a Nueva York, como ha ocurrido en cada adaptación del personaje. Es una variación saludable.

El diseño de Kong convence, así como el de las demás criaturas. Y si bien se dijo que la película carecía de factor sorpresa, eso no quiere decir forzosamente que uno no se entretenga, porque con ese requisito mínimo –que sea entretenida y se te haga corta- cumple. Eso es un plus, considerando que la anterior adaptación de la historia del antropoide gigante, dirigida por Peter Jackson en 2005, habrá tenido un desempeño mejor en lo narrativo, pero su extensión (sobre las tres horas) le bajaba mucho su puntaje.

El rendimiento actoral se sostiene con dignidad (aunque ya es la tercera o cuarta película en que Samuel L. Jackson hace el mismo personaje, lo que igual cansa un poco) y cuenta con un soundtrack abundante en rock clásico que jamás será mal recibido.

Resumiendo, Kong: La Isla Calavera es un filme que cumple con los requisitos básicos. No es extraordinario, pero tampoco es la reverenda basura que por ahí algunos han acusado.

Y es obvio que en algún momento chocará con Godzilla y la restante pandilla de monstruos (es el plan de Warner en el mediano plazo), por lo que es posible que en lo global cambie su valoración. Por el momento, reitero, es un filme que cumple, pero deja la sensación de que pudo haber sido mucho mejor.

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KONG: SKULL ISLAND

Director: Jordan Vogt-Roberts

Interpretes: Tom Hiddleston; Brie Larson; Samuel L. Jackson; John Goodman; John C. Reilly; Corey Hawkins; Toby Kebell

Accion

2017

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el extraño mundo de las relaciones personales

El pasado jueves 20 de abril se cumplieron 40 años de un hecho no menor: el estreno de Annie Hall.

Cuatro décadas desde que vio la luz el filme que puso en el planeta, en el ojo de toda la cinefilia mundial a su guionista/director/protagonista Woody Allen.

Entendamos una cosa, para 1977, Allen ya tenía un prestigio bien ganado como guionista y comediante en el circuito de la comedia stand-up, en televisión y ya había despachado unas cuantas comedias (Bananas, What’s Up, Tiger Lily?, Take The Money And Run, Todo Lo Que Usted Siempre Quiso Saber Sobre Sexo Pero Ha Tenido Miedo de Preguntar y Amor y Muerte: La Ultima Noche de Boris Gruschenko), pero fue con Annie Hall la cinta con la que finalmente fue tomado en serio como realizador, y que definiría los lineamientos generales de su cine posterior.

En esta película, muy autobiográfica (o autorreferente, si prefieren, de hecho Woody y Diane Keaton habían tenido una relación amorosa poco antes), Allen interpreta a Alvy Singer, un comediante neoyorkino incapaz de pasar un momento, sin cuestionar algo o sin desconfiar de todo. Ello lo ha llevado a fracasar con dos matrimonios, y a reflexionar detenidamente cuál es su problema.

A instancias de su amigo Rob (Tony Roberts) conoce a Annie Hall (Diane Keaton), aspirante a escritora, aspirante a actriz y cantante de jazz, y dueña de una personalidad mas relajada y desenfadada, en comparación a la de Alvy, pero curiosamente, no tardan en congeniar, y al poco tiempo inician una relación medianamente estable.

Y digo medianamente, porque así como empezaron a estar juntos, las inseguridades de Alvy por un lado y las ansiedades de Annie por el otro, rápidamente llevaran a su relación a hacer aguas…

Allen define con este filme las que serían las líneas generales de su filmografía posterior, estableciendo además los que serán los grandes temas que recorrerán su obra: el amor con sus altas y sus bajas, la sexualidad, el psicoanálisis, la intelectualidad y la relación entre el hombre y su carrera. Allen trata estos elementos alzándolos a la altura de grandes problemas de la humanidad (¿bah?¿acaso no lo son?) con el suficiente humor para que su relato nos resulte atractivo.

Annie Hall es abundante en elementos como el uso de flashbacks, diálogos con la cuarta pared, cameos, juegos visuales (una de las escenas claves de la película transcurre en dos lugares distintos a la vez que terminan por unirse) y hasta una secuencia animada. Elementos que no se habían utilizado hasta entonces en un filme esencialmente de comedia (y si se usaron, no resultaron como se esperaba) y que Allen mezcla con la sutileza y precisión pertinentes para que nos divirtamos, pero también nos pongamos en la situación de sus personajes y nos planteemos sus preocupaciones.

Las cuales no son otra cosa que la complejidad de las relaciones humanas. Relaciones personales en general: entre hombres y mujeres, amistosas, afectivas, románticas, hasta las enemistades. Allen intenta responder que es lo que hace que estas relaciones funcionen o fracasen, y porque el ser humano necesita tanto de ellas.

Annie y Alvy no solamente protagonizan no solo los dilemas propios de las relaciones de pareja, sino también encarnan las dificultades que el ser humano debe enfrentar consigo mismo, con su propia naturaleza. Vivir con uno mismo, no es fácil. Las extrañas personalidades de ambos llevan su relación al naufragio, en cuanto cada uno quiere imponerse al otro. Sin embargo, ninguno es capaz de enfrentarse a sí mismo o misma, tratar de sobreponerse a la ansiedad ella y a la inseguridad el, reconocer que tienen este problema y ceder, aunque sea un poco, en pos de salvar lo que existe entre ellos.

Con una leve ventaja para Annie, Alvy ha llegado a un punto en que le resulta imposible disfrutar un poco las cosas (no en vano, Allen intentó llamar a esta película Anhedonia, en relación a la incapacidad psicológica de disfrutar o sentir satisfacción). El propio Alvy lo reconoce, al citar esa célebre frase “Nunca me incorporaría a un club que me aceptara como socio”.

Así, Annie Hall funciona como un buen punto de partida desde el cual comenzar a analizar la naturaleza humana desde el punto de vista de las relaciones, y porque siempre terminamos necesitando relacionarnos de una u otra forma con el prójimo. Porque le dan sazón a la vida, haciéndola más divertida, más llevadera, en fin.  Cuando uno es capaz de aceptar eso, felicitaciones. Quizás no serás más feliz, pero si mucho más sano. Algo es algo.

De hecho, Woody Allen y Diane Keaton, pese al quiebre amoroso, mantuvieron una amistad y una relación laboral bien potente durante largos años…¿se repite lo mismo entre Annie y Alvy? Véala y decida usted.

Ahora, si usted no quiere ser psicoanalizado o psicoanalizar por o a nadie, y solo quiere ver una película, Annie Hall sigue siendo para usted. Cuatro premios Oscar (mejor película, director, actriz y guion original), 2 Golden Globes, 5 Baftas, entre otros galardones, un status de culto que ha mantenido –y crecido- a lo largo de los años avalan a esta gran comedia, imitada jamás igualada, y que marcó, a fuego, el nombre de su realizador en la historia del cine.

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ANNIE HALL

Director: Woody Allen

Interpretes: Woody Allen; Diane Keaton; Tony Roberts; Carol Kane; Paul Simon; Shelley Duvall; Christopher Walken

Comedia

1977

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

nada sera lo mismo al regresar

Revisaba unos días atrás una de las que fue mis películas favoritas de la primera década del siglo, y de las que más me repetí entonces: Casi Famosos.

Escrita y dirigida por Cameron Crowe a partir de sus propias vivencias cuando, de adolescente, fue contratado por la revista Rolling Stone para cubrir en vivo a bandas como Led Zeppelin y The Allman Brothers Band, me vine a reencontrar con este filme estrenado en 2000, en su versión The Bootleg Edition, que añade 40 minutos a la cinta original, y ciertamente fue como reencontrarse con un viejo amigo. Un amigo de aquellos con los que se compartieron muchas cosas en algún momento de la vida, hasta ese momento en que por algún motivo ya no viste tan seguido, pero que al volver a verlo, te pareció que el tiempo los favoreció a ambos, la distancia hizo más fuerte el lazo y el reencuentro, por breve y ocasional que haya terminado siendo, fue enriquecedor.

Para explicarlo mejor, vayamos por partes.

William Miller (alter ego fílmico de Crowe, encarnado por Patrick Fugit) tiene 15 años. Vive en San Diego, con su madre (Frances McDormand), una profesora universitaria, de carácter algo complicado.

Es 1973 y William, fanático del rock, ha ganado cierta fama como critico a nivel escolar. Amparado en eso, envía sus columnas al popular crítico Lester Bangs (Philip Seymour Hoffman, impresionante!), editor de la revista Creem quien, impresionado, encarga al chico un artículo sobre el show que Black Sabbath ofrecerá en la ciudad próximamente.

Aunque falla en la tarea principal, consigue una entrevista con Stillwater, bandas que ha comenzado a hacer cierto ruido, y está próxima a salir en su primera gira como numero principal. Bangs queda conforme con el trabajo de William lo publica y gana tal notoriedad que Rolling Stone, sin saber que su autor es un menor de edad, contrata a William para que cubra la gira de Stillwater.

Al término de esta gira, William no volverá a ser el que era al partir.

Casi Famosos puede analizarse bajo diversos prismas:

-Como filme autobiográfico.

Efectivamente, Cameron Crowe fue una suerte de niño prodigio, pues siendo menor de edad ya era uno de los reporteros estrella de la legendaria revista Rolling Stone. También es efectivo que mantuvo una relación muy cercana con Lester Bangs, uno de los críticos musicales más influyentes de todos los tiempos. Mucho de Casi Famosos está basado en las anécdotas que Crowe acumuló durante esos años.

-Como filme de iniciación.

Al principio, William vive en un mundo pequeño. Su madre, decíamos, es una intelectual bien intencionada, pero algo llevada por sus ideas, sometiendo a su familia a una serie de insólitas decisiones para alejarla de la mala influencia del mundo. En tal escenario, el rock aparece como la vía de escape, por llamarlo de alguna manera. Constituye la ventana por la Que William comienza a mirar –y a vivir- el exterior.

Este viaje se convierte para nuestro héroe en la oportunidad para salir del cascaron, conocer el mundo y aprender de él, in situ, y de experimentar en carne propia lo bueno y lo malo de todo cuanto existe. Conocer la vida más allá de la sala de clases o del lecho materno. William aprende sobre la amistad, el compañerismo, pero también sobre la deslealtad y la hipocresía. Conoce todo eso de cerca, aprende a lidiar con ellas, conocimientos que no se adquieren aislándose del mundo, sino dentro de él.

-Como filme de aprendizaje.

Como consecuencia de lo anterior. Decir que William no será el mismo cuando vuelva de su viaje no es un eufemismo. En las semanas que durara este tour, ganará más experiencia y conocimientos que en doce años de colegio. Conviviendo con esta troupe de personajes que bien podrían ser unos analfabetos, aprende más de la vida que en la mejor universidad.

En el proceso, fundamental resulta la presencia de Lester Bangs, cuyas pautas para el buen desempeño de la función de reportero terminan, sin quererlo, convirtiéndose en pautas para la vida (y construyendo de paso una de las relaciones entre maestro y aprendiz más entrañables de la historia del cine).

William parte como un pollo tímido y dócil. Llega como un hombre capaz de sacar la voz y las garras cuando es necesario.

Pero no es el único. Encontrándose en su primera gira como estelares, los Stillwater por primera vez se enfrentan al rigor que la popularidad trae consigo. Ya no son unos amateur que tocan en el garaje, sino profesionales que viven de su música. Y deben responder como tales.

Cierto, el show bussiness es cruel, avasallador, volátil. Por eso, hay que ser lo suficientemente maduro, tener los cojones necesarios para ser firmes, resistir y, si es posible, dominar a este monstruo. Eso hay que saberlo, y si no, aprenderlo, pero si no está la voluntad de hacerlo, no te quejes después.

De ello depende que Stillwater se alce como la gran banda que desean ser y no se quede como otro nombre más en una larga historia de éxitos, pero aún más larga de fracasos.

-Finalmente, y aunque estamos ante una película coral (¡y que casting, Dios mío!), donde está presente el factor “vida en comunidad”, es a la larga una historia sobre hacerse un lugar en el mundo. O más bien, saber crearse un espacio, un universo propio. William vuelve a su casa con un cumulo de experiencias, conocimientos y habilidades que antes no tenía, o si las tenía no las había desarrollado. Gracias a ello, se encuentra mejor preparado para el futuro y para decidir que esperar de la vida.

Este último es un factor común en la filmografía de Cameron Crowe, que emparenta a Casi Famosos con otros de sus filmes como las fundamentales Say Anything, Jerry Maguire, e incluso con Fast Times At Ridgemont High, que es mucho más que la tonta comedia adolescente que nos quiere hacer creer que es. De entre ellas, Casi Famosos brilla con luz propia.

Es una obra que tiene tanto de su autor, un trabajo tan personal (hasta en su banda sonora, seleccionada por el propio Crowe junto a su mujer, Nancy Wilson, y con la asesoría de Peter Frampton), del que se desprende a kilómetros, el cariño que su creador profesa por ella.

Uno de los miembros de Stillwater dice, en un pasaje de la historia, que “El rock puede salvar el mundo”. Aun no me consta que el rock sea capaz de eso, pero vaya que ha salvado vidas y ha dado grandes cosas a la humanidad, como la inspiración para esta película, un filme al cual es imposible no tenerle aprecio, y que ayuda mucho a ser una mejor persona.

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ALMOST FAMOUS: THE BOOTLEG CUT

Director: Cameron Crowe

Interprets: Patrick Fugit; Philip Seymour Hoffman; Kate Hudson; Billy Crudup; Jason Lee; Frances McDormand; Zooey Deschannel; Anna Paquin; Fairuza Balk; Bijou Philips; Noah Taylor; Jimmy Fallon; Jay Baruchuel; Rainn Wilson.

Comedia

2000

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una cuestion de obsesiones

El destino juega de maneras misteriosas. Aunque de vez en cuando, lo hace a nuestro favor.

Aunque no está en mi top 5 (ni siquiera en el top 10) de mis películas favoritas de la vida, el destino se ha encargado de reencontrarme con El Secreto De Sus Ojos, la excelente película del argentino Juan José Campanella, basada en la novela del mismo nombre de Eduardo Sacheri y ganadora del Oscar 2009 a la Mejor Película Extranjera, más de una vez.

Fue en mis recientes vacaciones en Puerto Varas. Visitando la excelente Librería McKay (si andan por la ciudad, visítenla, les va a gustar) donde me fui a encontrar con la novela, que si bien se publicó en Chile en su oportunidad, nunca la tuve en mis manos. No iba a cometer la misma negligencia de nuevo.

Sobre todo luego de ver el remake hollywoodense de la película, estrenado el año pasado (malo no era, pero realmente trascendente tampoco) lo que me generó la necesidad de volver a verla. Con la suerte de haberla reencontrado hace poco, en una muy digna edición en blu-ray.

Esta es una historia que transcurre en dos momentos. En 1999, cuando Benjamín Esposito (Ricardo Darin), funcionario judicial recientemente jubilado tras más de treinta años de servir en un Juzgado de Instrucción Criminal de Buenos Aires, decide escribir una novela a partir de un crimen que  a su tribunal le tocó investigar a principios de los ’70.

Se trata de la muerte de una joven de poco más de 25 años, al parecer recién casada, cuyo cuerpo es encontrado en su dormitorio. Toca a Esposito la dura tarea de informar al joven viudo, Ricardo Morales (Pablo Rago), un simple empleado bancario, acerca del hecho.

Las circunstancias del crimen y de su víctima hacen que Esposito no tarde en empatizar con el viudo, proponiéndose resolver el hecho, encontrar a su autor y llevarlo ante la justicia, cueste lo que cueste, aunque ello implique involucrar, más de la cuenta, a su compañero de labores y amigo Pablo Sandoval (Guillermo Francella) y a la joven y promisoria secretaria del tribunal, Irene Menendez-Hasting (Soledad Villamil).

La escritura de la novela llevará a Esposito a revivir viejas heridas, obsesiones que creía olvidadas y reencontrarse con algunos fantasmas de su pasado que creía enterrados…

La tentación por considerar el filme de Campanella (y a la vez, la novela de Sacheri, quien también fue funcionario judicial durante gran parte de su vida) como un relato crepuscular, de despedida, es fuerte. No es una hipótesis equivocada, pero tampoco es la manera exacta de verlo. El Secreto.. tiene algo de eso, pero también de novela policial, drama judicial, memorias, romance, comedia, algo de política –lo mínimo, en todo caso- y ciertas referencias claras al proceso de escribir y al oficio de narrar.

Pero por sobre todo, es una historia acerca de las obsesiones.

Desde varios frentes.

Desde el crimen que da pie a la investigación en la que nuestro protagonista se ve involucrado, que obedece claramente a una obsesión de su perpetrador, pasando por las obsesiones del viudo, por su mujer primero (¿amor? Mis polainas!) y por justicia después, hasta llegar al mismo Benjamín. Comprometido con el esclarecimiento del crimen, primero por ser parte de su trabajo, luego como un gesto solidario para con un individuo con quien ha establecido cierta conexión, y finalmente, y en estricto rigor, para tratar de llenar sus propios vacíos y sanar sus propias frustraciones que no lo dejaran en paz durante varios años.

La necesidad de Benjamín de retomar esta historia no es sino la necesidad de reencontrarse y hacer frente, de una buena vez y para siempre, eso que no lo ha dejado vivir su vida en paz.

Y eso ¿Cómo se llama?¿Obsesión?

Pasión, dice por ahí Sandoval (gran interpretación de un irreconocible Guillermo Francella). Puede ser. Se puede amar apasionadamente a alguien. O ser un apasionado por un equipo de futbol, o para cultivar tus aficiones. Pero las pasiones no necesariamente llevan al crimen, a la venganza, o a mantener ciertas espinas clavadas en el alma durante media vida.

El proceso de Esposito, al ponerse a escribir su relato, no es más que la válvula de escape por la cual hace frente a su obsesión, intenta superarla y así lograr la estabilidad necesaria para cerrar una etapa de su vida y comenzar una nueva.

Hacer las paces con el pasado, y consigo mismo, en el fondo.

El trabajo de Campanella cumple en todos y cada uno de los ámbitos en los que se desenvuelve: como drama policial/judicial funciona enormemente, planteando una interesante reflexión respecto de la relación crimen/castigo/justicia/venganza. Como historia de amor también logra un muy buen cometido, no obstante ser este un elemento secundario de la trama (aunque ni tan secundario, no olvidemos que este es el factor determinante para que Benjamín saque fuerzas para iniciar su proceso personal).

Impecablemente presentada gracias a un cuidado diseño de producción y dirección de arte, amparado por un elenco que funciona muy bien en lo individual y en lo colectivo como las piezas de un reloj suizo, El Secreto De Sus Ojos demuestra con hechos por qué obtuvo los reconocimientos que ostenta, y es un buen ejemplo para entender lo que ha dado al cine argentino el palmarés que, con justicia, ostenta.

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EL SECRETO DE SUS OJOS

Dirección: Juan José Campanella

Intérpretes: Ricardo Darin; Soledad Villamil; Pablo Rago; Guillermo Francella; Javier Godino; Carla Quevedo; Mario Alarcón; Mariano Argento.

Drama/Policial/Suspenso

2009

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luchando por la independencia

El tiempo suele ser un buen amigo con el cinéfilo. Te confirma los sentimientos que te quedaron con tal o cual película. Te abre los ojos con esa película que en algún momento vacilaste, y te lleva a dar cuenta que no era tan buena como la creías. Y pasa al revés también, que eso que despreciaste en su oportunidad, resulta que era mejor de lo que pensabas, o no era tan mala como creías. Y eso es algo que te termina por hacer sentir mejor.

Cuando en 1996 se estreno ID4: El Dia de la Independencia, me parecio una peliculita abundante en efectos especiales, explosiones, sin mucho seso y con una imperiosa necesidad por dejar en alto el nombre de Estados Unidos. No le di mayor importancia y la deje pasar.

Claro que unos pocos años después la encontré en el cable y, de aburrido, de curiosidad, de morbo,llámenle como quieran, me puse a verla. Y tuve que retirar mis palabras. Cierto, no era una obra maestra, no iba a cambiar la historia del cine, tiene sus defectos, pero cumple con lo que promete: pasar un buen rato.

La volvi a ver hace poco, a propósito de sus veinte años y del estreno de su secuela estrenada el año pasado. Y volvi a tener esa grata sensación de estar viendo un cine que, sin llegar a lo extraordinario, sin acercarse siquiera a la perfeccion, sino mas bien al revés, tiene sus logros.

La historia seguro la conocen. El dia 2 de julio, una gigantesca nave alienígena se posa sobre Estados Unidos, liberando desde su interior una gran cantidad de naves mas pequeñas (pero igualmente poderosas) que se dirigen a las principales capitales del mundo.

El Presidente de los Estados Unidos Thomas Whitmore (Bill Pullman) ordena la evacuación inmediata de la Casa Blanca, pero hace todo lo posible por evitar que cunda el pánico.

A su vez, el capitán Steven Hiller (Will Smith) ve interrumpidas sus vacaciones cuando se le convoca al servicio por la presencia de estas naves, a fin de estar preparados para reaccionar en caso de ataque.

Mientras las autoridades no consiguen determinar las intenciones de los visitantes, el ingeniero David Levinson (Jeff Goldblum) descifra casi por accidente su lenguaje, concluyendo que es una cuenta regresiva. Temiendo lo peor, y sacudiéndose sus propios fantasmas, Levinson, junto a su padre, viajan a Washington, a poner en conocimiento del gobierno sus descubrimientos, a menos que los alienígenas golpeen primero…

Fue con este filme que conocimos a Roland Emmerich, director especializado en cine total y absolutamente blockbuster, y ya presentaba algunas características que irían volviéndose habituales en su filmografía: elencos corales, desastres de gran magnitud, fuerte presencia de medios de comunicación como canales de información..comunes denominadores que veriamos en filmes como Godzilla (1998), El Dia Despues de Mañana (2004), o 2012 (2009).

Independence Day ya nos mostraba a Emmerich como un realizador eficaz a la hora de construir secuencias de gran espectacularidad e impacto (¿Qué?¿Acaso la destrucción de la Casa Blanca no fue espectacular?) y que cumplen con su cometido: tener pegado al espectador las dos horas y algo que dura la película.

Es cierto, es un director menor que falla soberanamente cuando se le saca de su elemento (la fracasada Anonymus, de 2011..lo siento Ronald, pero no todos pueden ser Paul Veerhoven, en el sentido de dar el salto del cine palomitero al mas de autos y con buenos resultados) pero tiene un punto a su favor. A diferencia de Michael Bay, realizador de la misma escuela que Emmerich (en el sentido en que su especialidad es la acción pura y dura, con abundantes explosiones, tiroteos, desastres), Emmerich si sabe contar una historia. Por simplona que sea en su resolución y desarrollo, Emmerich esta harto mas capacitado que Bay para contar un cuento, planteándolo, desarrollándolo y terminándolo. Tomemos cualquiera de las Transformers sin ir mas lejos, no hemos llegado ni a la mitad y el relato ya se fue al carajo.

No, Bay, no se trata de copiar y pegar cosas en una hoja de papel..tambien eso que estas copiando y pegando debe tener forma de algo, cuerpo, sentido. En ese sentido, y sin ser mucho mejor director que tu, Emmerich te supera. Por pobres que sean tus historias, merecen contarse bien.

De lo contrario no me explico porque ID4 me sigue pareciendo tan buena como hace dos décadas atrás.

***

ID4: INDEPENDENCE DAY

Director: Roland Emmerich

Interpretes: Bill Pullman; Jeff Goldblum; Will Smith; Mary McDonnell; Judd Hirsch; Robert Loggia; Randy Quaid; Margaret Colin; Vivica a, Fox; James Rebhorn

Ciencia Ficcion

1996

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