Kurt Cobain, o cuando una generación se quedó sin voz.

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Este sábado se cumplen 20 años desde la muerte de Kurt Cobain.

Aparentemente por suicidio, aunque muchos discutimos todavía esa hipótesis…dicen por ahí que con la cantidad de morfina que tenía en el cuerpo era imposible que tuviera la suficiente lucidez como para escribir una nota de despedida, tomar un arma de fuego y apuntarse, con exactitud, a la cabeza. Pero bueno, esa es la versión oficial, al menos hasta que los que saben más de lo que nos quieren hacer creer digan lo que saben (Courtney Love? Krist Novoselic?).

Lo cierto es que un 5 de abril de 1994, el entonces dominante subgénero del grunge, caracterizado por una musicalización y líricas más viscerales que el colorinche metal de fines de los ’80 y más profunda que el superficial rap de principios de la década (corrientes que pasaron a mejor vida luego del lanzamiento en 1991 de Nevermind, el formidable segundo álbum de Nirvana) perdía a su rostro más importante y emblemático.

Se iba de este mundo el cantante y compositor que fue la insignia de un puñado de bandas y solistas que le cambiaron la cara y el sonido a la música a este lado del continente, en momentos en que a ambos lados del Atlántico las cosas estaban cambiando. Mientras en el U.K. se daban los primeros pasos del brit-pop (Happy Mondays, Blur, EMF), en EEUU, con Nirvana a la cabeza de contemporáneos como Pearl Jam, Alice In Chains, Soundgarden y otros permanente postergados como Faith No More, Red Hot Chilli Peppers, R.E.M. o Pixies, se hacía a un lado a los metaleros de melena escarmenada y canciones para el desenfreno, convirtiéndose en el soundtrack de una generación que sólo quería gritar.

Porque esa es la mayor pérdida que dejó la muerte de Cobain: una generación se quedó sin voz.

Una generación que no aguantaba más de tanta falsedad y superficialidad. Una generación que ya no daba con el hastío y la frustración. Una generación radicalmente distinta a la anterior, que se cansó de celebrar porque…simplemente no hubiera nada que celebrar. Una generación que dijo “suficiente!” cuando descubrió que entre los suyos había gente tan idiota capaz de comprar cualquier porquería que le vendieran, como un desodorante llamado Teen Spirit (¿de donde creen que Cobain sacó el título y la letra de la canción que se convertiría en su himno?).

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Donde la generación de los ’80, parida y criada bajo el prisma de los ’50, con un Estados Unidos alzándose como el gran ganador de la Segunda Guerra y la nación más poderosa del planeta, donde la meta era estudiar y triunfar profesionalmente para darse la gran vida (la década en que proliferaron los yuppies, ejecutivos hechos millonarios antes de los 25 años), irrumpía esta generación, engendrada tras el fracaso de la revolución de las flores y el desastre que significó Vietnam para su país, que no tenía nada que celebrar, para quienes los triunfos eran un bien escaso y que no tenía por donde lograr un lugar en el mundo, cuando ni siquiera tenían en qué caerse muertos.

Pues bien, Kurt Cobain fue parte de esa generación, que aprendió de música y arte como válvula de escape, llegando a formar, junto a Krist Novoselic y Chad Channing Nirvana, lanzando su debut, Bleach, en 1989, y conquistando el mundo con el citado Nevermind, a fines de 1991, ya con Dave Grohl en reemplazo de Channing, e impactando al mundo al derribar de las listas a titanes como Guns N’Roses y Michael Jackson.

En todo caso, el éxito, las giras, los triunfos, el nacimiento de su hija Frances Bean, en 1992, no fueron suficientes para que Cobain pudiera exorcizar sus propios fantasmas, ni escapar de sus propias frustraciones y, tras repetidos episodios de sobredosis de drogas y escándalos varios, finalmente su cuerpo fue encontrado el 8 de abril de 1994, en el garaje de su casa con una herida de bala en la cabeza, llevándose consigo las emociones de miles de personas en todo el planeta que veían en él un símbolo, una esperanza. La posibilidad de creer que, después de todo, sí había un destino para ellos.

¿Demasiada presión? Quién sabe.

¿Vive rápido y muere joven? Puede ser. En su nota de despedida, Cobain citaba una frase de Neil Young, compositor a quien los músicos de esta época citaban como una de sus grandes influencias: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”.

Pensar que en 1992 Nirvana estuvo en Buenos Aires y aquí ningún productor se animó a traerlos. Tan cerca y tan lejos.

Recuerdo que me dolió conocer la noticia.

Y en Chile pegó fuerte. Por alguna razón, toda esa generación que entró en la mayoría de edad tras el fin de la dictadura y durante la transición (1988 a 1994 aproximadamente), e incluso quienes entraban al mundo laboral por esa época, enganchó, no me explico cómo, con lo que se llamó Generación X. Enganchó con bandas como Nirvana y Pearl Jam, películas como Singles o Reality Bites, íconos como Winona Ryder, Johnny Depp o River Phoenix, escritores como Douglas Coupland. Programas de radio como Interferencia Por Concierto o los primeros años de radio Rock&Pop, y de televisión como Revolver, más publicaciones como Zona de Contacto. Alberto Fuguet en su obra Por Favor Rebobinar retrata de pies a cabeza a esta generación, aunque a diferencia de los X estadounidenses, que surgieron tras no soportar más la falta de oportunidades y espacios (y de que por más que trataran por su cuenta, al final quedaban donde mismo), sus símiles nacionales sentíamos que, terminada la dictadura, teníamos todo por delante.

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Debimos haber pensado lo que se venía cuando escuchábamos el que sería a la postre el último single de Nirvana: All Apologies, que la comodidad de los programadores radiales hizo que termináramos odiando. Puras disculpas. Puros perdones. Como si alguien estuviera culpando a otro de algo.

Como si hubiese quedado algo que perdonar.

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la chica rara del barrio

A lo largo de su adolescencia, Carrie White (Chloe Moretz) ha debido soportar el constante acoso de sus compañeros de curso. De poca personalidad y a la sombra de una dominante madre (Julianne Moore), devota hasta la demencia, las cosas no suelen salirle muy bien. Menos después de aquel día en que menstruó, por primera vez, en el vestuario del colegio. Sin embargo, cuando por esos mismos días descubra la capacidad de la telekinesis, Carrie podría poner fin a tanto tiempo de pesadillas, y convertirse en una para los demás…

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Tener una buena base y un buen antecedente no garantiza que el resultado final sea igual de perfecto. Así, aunque adapta y actualiza la que fue la novela debut de Stephen King, llevada al cine originalmente por Brian De Palma en 1976, lo cierto es que esta Carrie modelo 2013 está a años luz de distancia del nivel de la novela y película que le anteceden.

Ahora, tampoco es que sea la gran bazofia que muchos dijeron que era. Es una película del montón, que difícilmente uno recuerde al día siguiente, cierto, pero sirve para pasar el rato.

Ello no es precisamente por la dirección, bastante floja, de Kimberly Pierce, muy lejos del nivel de su antecesor, pues donde De Palma imprimía en la historia toda la agilidad –y a ratos humor- que King plasmó en su novela, Pierce peca de tomarse muy en serio la historia. Se anota un punto cuando, teniendo presente que es antes que nada una historia sobre bullying, no desconoce el hecho que los adolescentes, por obra y gracia de youtube y las redes sociales pueden ser todavía más crueles y hace eco de ello en la película, pero su incapacidad de manejar los ritmos de la película es patente y ésta si bien es bastante cumplidora, el resultado es en definitiva bastante plano.

Lo que salva a la película son las actuaciones de Julianne Moore en el rol de la madre de Carrie, una mujer sobreprotectora, castradora y, como dijimos, devota hasta la locura (por cierto, se han fijado que mientras más fanáticos religiosos son algunos, más veces dicen pecado, maldad, castigo, demonio, arderás en el infierno, y similares?) y sobre todo de Chloe Moretz, cuya nominación en el rol principal causó cierta resistencia al principio. Digámoslo, Chloe es una chica linda, lo más lejos posible del personaje escrito por King. Es más, la antagonista del filme, quien se supone es la chica popular (y perra mayor) del colegio, resulta ser más fea. Es que si nos guiamos por la versión original por una Sissy Spaceck que tenía menos carne que Olivia Olivo…

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Ello no empaña el trabajo de Moretz. Por el contrario, así como el Peter Parker de Amazing Spiderman encarnado por Andrew Garfield, nos hace pensar que la buena pinta no garantiza el éxito, y no por loser uno tiene que ser fe@ per se. Además, como una de las actrices más talentosas de la actualidad, cumple en cuanto hace que uno solidarice con la protagonista, deseando que salga triunfante o, al menos, ponga en su lugar a sus acosadores y se haga respetar. Lo hace, no de la forma más sana, pero lo hace.

Sólo por Moretz y Moore uno rescata Carrie y evita pasarla de largo. En una temporada donde muchos títulos que prometían han terminado apenas cumpliendo, Carrie tampoco hace mucho por trascender. Pero bueno, tampoco es mucho lo que se le pedía.

**1/2

CARRIE

Director: Kimberly Pearce

Intérpretes: Chloe Moretz; Julianne Moore; Gabriella Wilde: Portia Doubleday; Ansel Elgort; Judy Greer

Terror

2013

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

contar mucho, decir poco

Luego de ver morir a su padre a manos de sus patrones y enloquecer a su madre por esta misma causa, Cecil Gaines huyó, apenas pudo, del campo de algodón donde vivía como esclavo, para emplearse como garzón en una cafetería de Georgia.

Sin saber leer ni escribir, Cecil (Forest Whiteaker), casado con Gloria (Oprah Wimfrey) y padre de dos hijos gana prestigio por su buen desempeño y dedicación, lo que llama la atención de un amigo de su patrón quien lo contrata ni más ni menos como mayordomo para la Casa Blanca, donde ingresa en 1957, y se convierte en testigo presencial de los grandes cambios que su país vivirá los siguientes cincuenta años…

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Por temática, por estética, por elenco, muchos daban por hecho que El Mayordomo iba fija en la carrera por el Oscar y diversas premiaciones más, pero no pasó mucho. En parte por la irrupción de 12 años de esclavitud, en parte porque en los hechos, no estuvo a la altura de las expectativas.

A simple vista la idea es buena: afroamericano sin mucha preparación termina siendo testigo privilegiado de la evolución de un país, especialmente en lo que a la igualdad de razas se refiere: la historia empieza en plena segregación y termina con el ascenso de Barack Obama en su primer período. ¿Una suerte de Forrest Gump afroamericano? No suena tan descabellada la comparación.

La falla está en las pretensiones de sus creadores, que tratando de convertir este cuento que, con algo más de simpleza pudo haber sido una muy buena película, termina siendo un título apenas cumplidor. Seguramente, nadie le enseñó a Lee Daniels, su director, que quien mucho abarca, poco aprieta, y pareciera que por tratar de meter la mayor cantidad de tópicos posibles (la relación de Cecil con el poder, con su familia, que le recrimina su poca dedicación hacia ella, proporcionalmente distinta con su atención hacia su trabajo, la evolución de sus hijos en activista y luego político uno y en soldado el otro, y la aparición de diversos personajes históricos y otros tantos hitos del mismo tipo) terminan confundiendo al espectador, y esta indecisión del realizador lleva a tocar todos estos temas, muy superficialmente. Lee Daniels no es Robert Zemeckis.

De nada sirve la muy buena actuación de Forest Whiteaker en el rol principal y las convincentes actuaciones de Robin Williams, James Mardsen, Liev Schreiber, John Cusack y Alan Rickman encarnando a diversos presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon y Reagan) y los no pocos momentos emotivos de la cinta, si uno, a decir verdad, no consigue saber a donde se dirige la historia. Demasiado paño que cortar, en tan poco tiempo, juega en contra, dejando que la película se quede en las buenas intenciones, las cuales, no siempre, son suficientes.

En eso se parece El Mayordomo a la gran mayoría de estrenos de temporada pre Oscar este año: se limitaron a cumplir con lo que se esperaba de ellos. Si en el colegio a uno le ponían un cuatro cuando hacía las cosas por cumplir, no esperen el mismo trato con las películas que uno ve.

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THE BUTLER

Director: Lee Daniels.

Intérpretes: Forest Whiteaker; Oprah Wimfrey; Cuba Gooding Jr; Terrence Howard; Clarence Williams III; Robin Williams; James Mardsen; Liev Schreiber; John Cusack; Alan Rickman; Jane Fonda; Lenny Kravitz; Mariah Carey

Drama

2013

fretamalt@hotmail.com @panchocinepata