una obra maestra puede provenir de cualquier parte

Esta es la historia de Remy, un común y corriente ratón de campo, que vive en una colonia de ratas en las afueras de París.
Bueno, ni tan común, ni tan corriente: poseedor de un muy desarrollado sentido del gusto y del olfato, Remy sueña con una vida distinta, más allá del puesto de detector de venenos que su padre le ha encomendado para asegurarse que ninguna cosa que recolecten los mate. Remy quiere ir más allá, y, alentado por el popular chef Gusteau, sueña con ser el mejor cocinero del mundo.
Un inesperado accidente lo separa de su familia y de su colonia, enviándolo a París, y más precisamente, al restorán de Gusteau, el cual, tras el reciente fallecimiento de su fundador y su caída en desgracia tras una severa reseña del crítico Anton Ego, necesita imperiosamente golpear la cátedra y recuperar el prestigio perdido, lo que Remy va como la ocasión perfecta para cumplir su sueño…

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Definitivamente, la del 2000 fue la década de Pixar.

Salvo por Cars (2005, filme respetable pero flojo al lado del resto de la obra pixariana) en una década este estudio dio vida a algunas de las piezas más importantes de la animación contemporánea: Monsters Inc; Buscando a Nemo; Los Increíbles; Wall-E; Up y Toy Story 3, y entre medio, ésta, Ratatouille¸ película que dentro de este puñado de joyas logra uno de sus puntos más altos, rozando la perfección.
Y es que para ser un filme animado, género que muchos hasta el día de hoy porfían en mirar con desdén, protagonizado además por un animal disconforme con su destino y ansioso por romper con los lugares comunes, lo cierto es que trata temas realmente profundos, dándoles un tratamiento realmente impresionante.

Como ya se había visto en el anterior filme Los Increíbles, el director Brad Bird demuestra una formidable capacidad, no sólo para contar historias de alta emotividad (sin recurrir a la lágrima fácil como suele suceder) sino que además para hacerlo respetando por igual a todo espectador, desde aquel que simplemente quiere entretenerse (Ratatouille tiene abundantes momentos de este tipo) hasta aquel que aprieta play esperando encontrar en una película lo que ya no encontró en terapia, en el confesionario o en la meditación.

Tomemos al protagonista de la historia: Remy es una rata, una de las especies vivientes con peor fama en toda la creación, que se ve enfrentado a decidir entre aquello que toda la vida le han enseñado que debe hacer (buscar comida entre la basura y huir de los depredadores) y lo que desea: convertirse en el mejor chef de Francia. Doble problema, pues como hemos dicho, su condición de rata le hace ser temido y perseguido por el hombre y, por otra parte, quiere incursionar en un área donde la presencia de su especie no es bienvenida.

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No siendo esos los únicos obstáculos que debe vencer (la intransigencia de su propio padre, la torpeza de su hermano, la presencia de un inescrupuloso jefe de cocina y la inminente visita de Ego, el severo y temido crítico de restoranes cuya palabra es ley) a Remy no le queda otra que recurrir a su ingenio, a su talento, y a la ayuda mutua con un tímido joven para romper con el destino de ambos. Uno no quiere jubilar hurgando entre la basura, el otro no quiere morir sacándola, y la colaboración entre ambos es la clave para su salvación. Su triunfo.

El triunfo de la voluntad, en suma. De la autodeterminación. Confirmar que, por muy de libro de autoayuda que suene, lograr las metas, los sueños, los anhelos, depende de uno mismo y nadie va a venir a hacerlo por uno. Y que ante eso, los prejuicios no significan, no valen nada.

Después de todo, cualquiera puede cocinar.

En ese sentido, Ratatouille funciona mejor que cualquier libro o seminario de autoayuda. Un pequeño ratoncito puede ser lo bastante fuerte para cambiar el mundo, hacer más felices a las personas y hasta reivindicar a su especie, con un poco de confianza en si mismo, en sus capacidades y en sus convicciones.

Y en los demás. En superar los egoísmos y rollos personales y ser lo bastante perspicaz como para aprender de los errores propios, reconociendo los aciertos ajenos y unirlo todo en la construcción de las grandes hazañas.

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Lo que logra Remy es eso, una hazaña, al hacer feliz a su familia, a sus amigos, incluso a un desconocido que sólo necesitaba que le abrieran esa ventanilla que le termina devolviendo la luz extraviada (el monólogo de Ego, interpretado por Peter O’Toole, al final de la película es una de las mejores secuencias de la última década, y cuesta creer que pertenezca a una película “infantil) y de paso, hacer realidad sus sueños, en el marco de una ciudad que maravilla incluso al más insensible, lo que lo deja doblemente feliz.
Lo de Pixar, con este filme, no es hazaña. Es constatar, es ratificar, esa grandeza que hasta esa fecha venía anunciando. Grandeza que nadie, ni aún las poco logradas Valiente y Cars 2, ha podido derribar. La tengo en blu-ray y sólo me he resistido de verla para, como toda buena comida, disfrutarla con ganas.
****
(y pongan ojo con Your Friend, The Rat, el notable corto que sirve de bonus track a la película)
RATATOUILLE
Director: Brad Bird
Voces de Patton Oswalt; Ian Holm; Lou Romano; Brian Dennehy; Peter O’Toole, Jeanine Garofalo
Animación
2007

ratat_BR
fretamalt@hotmail.com @panchocinepata

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