estuvo tan cerca…

Aunque es la única heredera de un gigantesco imperio industrial y comercial, la joven Lara Croft (Alicia Vinkader) ha eludido hacerse cargo del holding, descabezado desde que su principal accionista, su padre Richard (Dominic West), aventurero de vocación, fuese visto por última vez hace siete años, cerca de Hong Kong.

Lara se ve obligada a hacerse cargo de la empresa antes que ésta pase a un grupo de accionistas. Examinando los patrimonios de la misma, da con una serie de pistas que la podrían llevar al paradero de su padre, lo cual la lleva a decidir un inesperado viaje a Hong Kong…

Algún día vamos a encontrar esa gran adaptación de algún videojuego que simbolice la unión perfecta entre las dos industrias más poderosas del entretenimiento actual: el cine y los juegos (esa sería Ready Player One…si el juego Oasis existiera). Esa película aún no se hace. Tomb Raider: Las Aventuras de Lara Croft, en definitiva, no lo es. Aunque, tiene cosas a su favor.

Primera película a nivel hollywoodense del noruego Roar Uthaug, es la segunda adaptación de uno de los clásicos modernos del videojuego, uno de los íconos de esta cultura (la primera fue ese combo estrenado entre 2001 y 2003 con Angelina Jolie en el rol principal). Y como suele suceder en estos casos, estamos ante una cinta de aventuras donde el argumento no es más que una excusa para que nuestra heroína haga lo que ya hace en los pixeles: recorrer inhóspitos parajes, buscar tesoros y enfrentar mercenarios.

Sí, más que argumento es una excusa, pero no una vil excusa, como pasa en la mayoría de estas adaptaciones. Y a decir verdad, durante gran parte del filme, se pasa bastante bien, se hace corta y uno puede perdonar los errores que tiene (secuencias que están de más, un par de las mismas que se alargan más de lo aconsejable, en fin). Tomb Raider cumple con ser un correcto filme de aventuras, lo bastante limpio como para que lo vea toda la familia, que se disfruta sin culpa durante gran parte de su metraje.

Estamos ante una película que no ofrece mucho, no se le puede pedir mucho, pero que dentro de lo poco que se espera de ella, cumple. Raspando quizás, pero aprueba. Y no exige haberse dado vuelta enteros los juegos de esta franquicia para entender de qué se trata.

Factor que incide en sacar adelante esta cinta es la actuación de Alicia Vinkader en el rol principal. Cierto, quizás el papel no sea el más exigente en términos dramáticos (pero sí físicos, cosa que se nota), pero hace de Lara Croft un personaje un tanto más verosímil (dentro de lo que se podría esperar de una adaptación de videojuego), más imperfecta, lejos del aura casi divino que tenía la versión de Angelina Jolie.

Resistida en un comienzo por el fandom más tóxico que también existe en los videojuegos (¡Así no es Lara Croft!¡Lara las tiene más grandes!…si, ese es el nivel del debate) Alicia encarna una Lara Croft que sale a la aventura sin mayor preparación,  se golpea, se lastima, se ensucia, llega a temer por su vida. Con perdón de Angelina Jolie, a quien sigo respetando mucho, pero por mucho que estemos ante un personaje de videojuego, cuesta creer que ese personaje atraviese una selva virgen y no se haga siquiera un tajo en un brazo (¡¡para eso son las barritas de vida, salud, poder, etc, que salen en los juegos!!) y todo le salga bien a la primera.

El problema es que los bonos que le sube Vinkader, se los baja la ineptitud de los últimos diez o quince minutos de película, con un epílogo que no aporta nada a una historia que ya estaba resuelta, que dejaba al espectador con la sensación de preguntarse “¿Qué vendrá ahora?” y hacer sus propias especulaciones. Un sano ejercicio de creatividad que se ve cercenado por una especie de plot-twist que no cuaja por ninguna parte, que pretende ser a la vez un cliffhanger y por una escena entre créditos que pretenden abrir la puerta para una eventual secuela (que dudo mucho que se haga, si bien triplicó sus costos de producción, su recaudación dentro de EEUU, y en su fin de semana de estreno estuvo muy por debajo las expectativas).

Una manera estúpida de terminar una película que se estaba defendiendo dignamente. De los pocos casos en que una adaptación de videojuegos no nos provoca las ganas de quitarle el joystick al director de la película y empezar a jugar uno en su lugar, si fuera posible. Hasta esos minutos totalmente fuera de lugar.

Vamos a tener que seguir esperando por la gran adaptación que traiga el balance entre el cine y el videojuego. No es tanto lo que se pide y esta versión estaba a un pelito de lograrlo.

**1/2

TOMB RAIDER

Director: Roar Uthaug

Intérpretes: Alicia Vinkader; Dominic West; Walton Goggins; Daniel Wu; Kristin Scott Thomas; Derek Jacobi

Aventuras

2018

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la pequeña cazadora de monstruos

En un frío pueblo costero estadounidense, Barbara (Madison Wolfe), una solitaria adolescente, recurre a la fantasía que ha creado a partir de juegos de rol y libros de cuentos, para evadir su poca estimulante realidad.

Menor de tres hermanos, donde la mayor, Karen (Imogen Potts) trabaja duramente para mantener el hogar familiar, y yendo a una escuela donde junto a su única amiga, Sophia (Sydney Wade) es víctima habitual de abusadores como Taylor (Rory Jackson) y de que todos la traten de loca, Barbara escapa de todo esto imaginando trampas para gigantes, fórmulas y pociones para combatir criaturas fantásticas y construyendo armas para combatir amenazas de otros mundos.

Barbara siente que la llegada de un destructivo gigante es inminente. Sin embargo, la línea entre lo real y lo fantástico se está volviendo para ella aún más difusa, y ha comenzado a afectarle severamente en su vida diaria…

La culpa no es tanto de los blockbusters. Es de las distribuidoras y su falta de visión, lo que nos tiene convertidos en víctimas del blockbuster de turno, postergando indefinidamente otro tipo de estrenos o relegándolos a exhibiciones en salas y horarios indignos. Y del público mismo, para qué andamos con cosas, harto que reclama por el exceso de superhéroes y adaptaciones, pero igual va en masa a ver sus películas, más de una vez.

Y este reclamo no viene por la demora en estrenarse Submergence (la última de Wim Wenders, que vi y en honor a la verdad no me movió una pestaña, pese al gran trabajo de Alicia Vinkader) o de You Were Never Really Here (con Joaquim Phoenix, ganadora del Festival de Cannes 2017, que me gustó realmente, ya tendré oportunidad de repasarla por acá), por ellas ya hubo, hay y habrá gente reclamando. Me refiero a no haber descubierto hasta ahora la existencia de I Kill Giants, una pequeña, pero honesta y gratamente sorprendente película fantástica de 2017, que por aquí no tiene para cuando.

Basada en la novela gráfica independiente de los autores Joe Kelly y Ken Nimura, I Kill Giants tiene algo en común con Ready Player One, esa gran cinta sobre videojuegos estrenada hace unos meses: la fantasía como vía de escape desde una poco estimulante realidad. Pero donde Ready Player One enfocaba en lo que sucedía en la realidad paralela que nacía a partir del juego Oasis, I Kill Giants se queda afuera, lo que su protagonista, Barbara, debe pasar en la vida real, especialmente cuando la fantasía que ha creado en torno a ella como válvula de escape empieza a sobrepasarla.

I Kill.. comparte temática también con la reciente –y notable- Un Monstruo Viene a Verme (Juan Antonio Bayona,2016), y con la más antigua El Laberinto del Fauno (Guillermo Del Toro,2006) otro filme donde la fantasía surge para su protagonista como válvula de escape de una realidad frustrante. La influencia de ambos filmes de procedencia española es fuerte en la historia de nuestra pequeña heroína.

En el caso de Barbara, esa realidad es vivir en una familia disfuncional encabezada por una hermana pendiente de sacar adelante su hogar lo mejor que puede y mantener la mayor estabilidad posible. Asistir a una educación que siente que no le satisface, rodeada de gente que no la comprende, que se burla de ella, y aunque ha desarrollado cierta amistad con la recién llegada Sophia, así como con la psicóloga de la escuela (Zoe Saldanha), las primeras personas en mucho tiempo que intentan entenderla, Barbara no deja de sentir que no pertenece a ese lugar, refugiándose en sus escondites, en las trampas y armas que construye, y en las amenazas que cree enfrentar.

Dichas amenazas son la representación en las que Barbara encarna sus miedos, sus frustraciones, emociones y demás sentimientos que ha reprimido, que no ha sido capaz de enfrentar en su existencia diaria. A la postre, Barbara recurre a estos gigantes, que sólo ella puede ver, que atacan de una manera que los demás asumen como situaciones naturales y triviales, como una forma de exorcizar sus propios monstruos.

Coincidencias más o menos con otros filmes, I Kill Giants es un filme que se sabe defender con colores propios. En parte por la hábil narración de su director, Anders Walters, apoyado en la notable actuación de la joven Madison Wolfe, en cuyos hombros descansa la mayor responsabilidad en sacar adelante este filme, que dentro de la fantasía de Barbara, de vez en cuando nos va dando antecedentes que nos permiten entender por qué ella es como es, y comprender los motivos por los que actúa como lo hace, y cómo en la fantasía intenta encontrar el valor y los medios para superar su propia realidad.

Wolfe además encabeza un casting esencialmente femenino, lo que en tiempos de empoderamiento de la mujer resulta un muy buen aporte.

Sé que ya estamos a mediados de 2018 y es un contrasentido tremendo seguir dándole tribuna a películas del año pasado a estas alturas, pero las injusticias son para ser denunciadas, combatidas y corregidas. Y una buena forma de hacerlo es compartiendo cosas como I Kill Giants. A la larga, la falta de visión de las distribuidoras nos da la oportunidad de hacer buenas acciones como ésta: compartir, por puro amor al arte creaciones que merecen ser vistas, oídas y disfrutadas por la mayor cantidad de gente posible.

***1/4

I KILL GIANTS

Director: Anders Walter

Intérpretes: Madison Wolfe; Imogen Potts; Zoe Saldanha; Sidney Wade; Rory Jackson; Jennifer Ehle

Fantasía

2017

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el camino de un canalla

La vida no es fácil en los sistemas planetarios lejanos al centro de la galaxia y, por ende, lejos de la jurisdicción del Imperio. Regiones como Corellia son gobernadas sin contrapesos por los sindicatos del crimen organizado locales.

Nativo de este último planeta es Han Solo (Alden Ehrenheich), un joven estafador, bandido y aprendiz de piloto, que ha debido abandonar su mundo de origen cuando fracasa un plan para defraudar a sus antiguos jefes.

Tres años después, junto a Chewbacca (Joonas Suotamo), una bestia peluda que circunstancialmente conoció, se une a la banda del contrabandista Tobias Beckett (Woody Harrelson), participando en unos cuantos “trabajos” que le permitan reunir los recursos suficientes para independizarse y adquirir su propia nave…

Duro ha sido el camino que ha tenido que recorrer el segundo spin-off de Star Wars al alero de Disney: desde reescrituras de guión, cambio de director (Ron Howard en lugar de la dupla de Phil Lord y Chris Miller), cambios en su fecha de estreno, y finalmente viendo la luz en tiempos de que el aire aún está enturbiado por la dispareja reacción provocada por Episodio VIII, más una irregular campaña publicitaria, lo que indudablemente ha influido en el desempeño de Han Solo: Una Historia de Star Wars, convirtiéndolo en el capítulo más flojo de la saga en términos de taquilla, y objeto de críticas principalmente negativas, bajándole aún más los bonos.

Humildemente, encuentro que se les ha ido un poco la mano. Cierto, está lejos de ser una de las mejores películas de la saga, pero tampoco es para reventarla a patadas en el suelo, como le han pegado hasta ahora. Yo, al menos, me divertí mucho viéndola, lo pasé muy bien durante la exhibición, y si bien no salí con ganas de repetírmela, no en el corto plazo por el momento, sentí que Solo era lo que esperaba.

Lo que yo esperaba no era otro capítulo del conflicto entre Imperio –o sus derivados- versus rebeldes-o sus derivados-, ni otro episodio de la familia Skywalker, ni nada que involucrara a la orden jedi, o a la Fuerza, o algo por el estilo. Nada que ver.

Yo sólo pensaba en lo que Han Solo representa en la trilogía clásica. Lo que hizo que Solo fuera uno de los personajes más populares, más queridos de ella. Solo encarnaba el prototipo del pillo, el canalla, ese personaje egocéntrico, cínico, ambicioso y sin muchos escrúpulos que servía de contrapunto al héroe noble que era Luke Skywalker. De esta forma, Solo era el personaje a través del cual George Lucas encarnaba en su saga uno de sus géneros favoritos: el western. De esta forma, así es como debe entenderse esta película, como un western inserto en el universo SW, más que una película de Star Wars propiamente tal.

Entendida así, como una película de vaqueros cósmica, donde las diligencias son sustituidas por naves y las balas por ratos láser. Sazonada con algunos guiños al cine de piratas y mercenarios. Así entendida, Solo funciona bien.

Así lo entendió Ron Howard, director puesto de urgencia en el cargo, sacando la tarea con dignidad.

Lo mismo se puede decir de su protagonista: Alden Ehrenheich. Si bien no era la primera opción de muchos fans, al no estar a la altura de Harrison Ford (¿y quien si lo está?¿a ver?), logra un buen cometido. También podemos destacar a Donald Glover, quien da una más que correcta interpretación de Lando Calrissian, otro personaje que resultará gravitante en el desarrollo de la trilogía original. Y claro, tenemos a un Woody Harrelson que los últimos meses ha estado en racha, subiéndole los bonos a cada película en la que se ha visto involucrado. La única decepción a nivel de casting corre por cuenta de Emilia Clarke, quien sin hacer un mal papel encarnando a Qui’Ra, es bastante débil si lo comparamos con los potentes personajes femeninos de los que en esta saga abundan (Leia, Padme, Rey, Jynn, Ashoka, Asajj Ventress, incluso Mara Jade, aunque ya no sea canon).

Lectores, yo sé que muchos de ustedes están molestos con el trato que Disney le está dando a Star Wars. Yo sé que les molesta que esté convirtiendo a SW en una especie de MCU 2.0. Pero eso no es culpa de Ron Howard, ni de Alden Ehrenheich ni de su película. Estamos ante una película que no va a reescribir el universo Star Wars. Aunque, en honor a la verdad yo nunca se lo pedí.

***

SOLO: A STAR WARS STORY

Director: Ron Howard

Intérpretes: Alden Ehrenheich; Donald Glover; Emilia Clarke; Woody Harrelson; Paul Bettanny; Thandie Newton

Ciencia Ficción/Aventuras

2018

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Trinidad

Si, Marvel, si sé que tienes tus…diecinueve? veinte películas de tu universo cohesionado (de las seis X Men, las tres de Wolverine, las dos de Deadpool, las cinco de Spiderman anteriores, y tus series para Netflix mejor ni hablar, sería inflarte todavía más el ego) con el que tienes a la industria del cine, y a los espectadores comiendo alpiste en la palma de tu mano. Vale, algunas de ellas son realmente buenas, y unas alcanzan el nivel de sobresaliente. Te lo doy.

Si sé que tienes a tu competencia pidiendo la hora hace rato. Voy a concederte eso. Y puedo concederte mucho más.

Pero nunca…NUNCA tendrás una décima parte de la grandeza que hay en esta imagen:

Ahí te la dejo.

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si hablas, mueres

Lee Abbott (John Krasinski), su esposa Evelyn (Emily Blunt), atravesando un muy avanzado embarazo, y sus hijos Regan (Millicent Simmons), sorda de nacimiento, y Marcus (Noah Jupe), son una familia de sobrevivientes.

Aislados a una granja, escondidos en el interior de un espeso bosque, lugar en el que se protegen de una extraña raza de criaturas gigantescas y destructivas, que han arrasado con gran parte de la humanidad, y que reaccionan violentamente al menor sonido que éstas perciban, como ya han tenido ocasión de comprobar.

Mientras subsisten de lo que ellos mismos producen, cazan y pescan, Lee intenta contactar a otros sobrevivientes, mientras viven en un ambiente en el que evitan todo sonido, recurriendo al lenguaje de señas y otro tipo de claves visuales, conscientes de que el menor ruido podría provocar su fin…

Si creemos en ese mantra que dice, en resumidas cuentas, que el cine logra su mayor grandeza cuando las imágenes se bastan a sí mismas, entonces Un Lugar en Silencio es una de las más logradas realizaciones de los últimos años.

Tercer trabajo como director del actor y comediante John Krasinski  (protagonista de la serie Jack Ryan, basada en el espía creado por Tom Clancy, y antes parte del cast de la versión estadounidense de The Office, para la cual además dirigió varios de sus capítulos), ambientado en un apocalíptico escenario, narrando a la par la historia de sobrevivencia de la familia Abbott y como tratan de sobrellevar su vida familiar pese a las condiciones extremas que atraviesan, donde al menor ruido podrían enfrentar una muerte segura.

El trabajo de Krasinski tras las cámaras (y como parte del staff de guionistas) resulta gratamente sorprendente. Sin perder el tiempo intentando explicar de dónde salen estas bestias (muy parecidas a las arañas), simplemente ya están ahí desde hace mucho y ya han arrasado con gran parte de la especie humana. Tampoco pierde tiempo en explicar cómo se dan cuenta que a estas criaturas les afecta el ruido. No cuenta nada de esto porque, no le hace falta, no es esa la historia que le interesa contar.

Krasinski es preciso para equilibrar la situación de la familia Abbott, tanto desde el punto de vista de su sobrevivencia, y de cómo han debido adaptar sus existencias a su situación actual, reduciendo el sonido al mínimo, tratando de mantener una vida normal, dentro de lo que este régimen de no hacer ruido permite, pero a la vez, enfrentando sus propios miedos y culpas, luego de una tragedia familiar de la cual no han logrado recuperarse, y sin que la situación sea la más idónea para reponerse.

El desempeño del filme es más que estimulante. Manejando muy bien los ritmos, Krasinski, consigue armar un relato cautivante, un thriller que realmente consigue atraer al espectador, más allá de la atención que le pide el hecho de la escasez de diálogos. Esa es precisamente una de las grandes fortalezas de la película, donde las imágenes, miradas de sus protagonistas, sus gestos, sus acciones, incluso sus omisiones, dicen mucho más acerca de la historia que está siendo narrada que un monólogo de diez carillas de texto.

Virtudes que se ven reforzadas con el gran desempeño de sus protagonistas. Siendo sólo dos actores profesionales (Krasinski y Blunt, su cónyuge en la vida real) y los dos jóvenes intérpretes que encarnan a los hijos de la pareja, aportan lo suficiente para que la sensación de incomodidad, de tensión, reinante en el pequeño mundo y las acotadas y perturbadas vidas de los Abbott.

Esta es otra de esas pequeñas grandes cosas que nos entrega el cine estadounidense. Con un presupuesto modesto (apenas 17 millones de dólares, que casi triplicó en su fin de semana de estreno), nos demuestra que las buenas ideas muy de vez en cuando salen de las bóvedas de los grandes estudios, sino que aún provienen de las mentes de muy iluminados seres humanos.

***1/2

A QUIET PLACE

Director: John Krasinski

Intérpretes: John Krasinski; Emily Blunt; Millicent Simmons; Noah Jupe.

Suspenso/Ciencia Ficcion/Terror

2018

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rebobinar para proyectarse

Les contaba tiempo atrás que, cada cierto par de años, le doy un repaso a las, digamos, cuatro novelas fundamentales de Alberto Fuguet: Mala Onda, Por Favor,Rebobinar, Tinta Roja y Las Películas De Mi Vida. ejercicio que hago para examinar cómo han envejecido, como los percibo ahora respecto de cómo los percibía antes y ver qué lecturas puedo extraer de ellos ahora.

Publicada originalmente en 1994, Por Favor Rebobinar es una suerte de secuela moral de Mala Onda. Claro, que tuvo que atravesar más de un obstáculo hasta llegar a, finalmente, ver la luz, en la forma que su autor lo quiso.

Estamos ante una colección de historias unipersonales, narradas por personajes (varios de ellos mencionados en Mala Onda, ya fuera como personajes secundarios o de apoyo), varios de ellos entre los 25 y los 30 años, y nos cuentan cómo han enfrentado el paso de la adolescencia a la adultez, y los grandes temas que ello implica: la familia, el trabajo, la paternidad, y en el fondo ese inevitable choque entre lo que uno pensaba que sería su vida y lo que es en la realidad.

Personajes que están por enfrentar un momento crucial de su vida, un momento definitorio. Esa ocasión que tendrán para hacer algo de sus existencias algo trascendente, o caer en el intento.

Fuguet acompaña estos relatos con entrevistas, artículos y notas de prensa ficticios, que sirven de nexo entre las narraciones que conforman la novela, y que en mayor o menor medida se relacionan con cada cuento.

Planeta, la editorial para la cual publicaba Fuguet en aquella época, entusiasmada por el revuelo mediático causado con Mala Onda un par de años antes (éxito de ventas y muy comentado dentro y fuera de la cátedra literaria; hoy sería trending topic) fue bastante reticente con el proyecto original y cercenó gran parte de éste: las aludidas notas de prensa y un par de cuentos, pensando que éstos bajarían el interés de los lectores en la obra.

Sólo cuando Fuguet dejó Planeta y se incorporó a Alfaguara algunos años después, pudo finalmente publicar la novela como deseaba desde un principio.

Y qué bien que así haya sido.

Mala Onda era un relato con el que un adolescente podía sentir más o menos cercano. A su vez, Por Favor, Rebobinar, al revés, se siente como si se hubiese inspirado en uno. No es necesariamente lo mismo.

Si bien lo leí por primera vez muchos años después de su publicación original, cuando lo hice pasaba de los 25 años de edad. Eso fue clave: la novela me pilló volando bajo, y me pegó fuerte. Pero entendí clarito a lo que su autor se refería. Si la hubiera leído a los 18, o antes, quizás no la habría entendido de la misma manera.

Los personajes de Por Favor Rebobinar arman un conjunto de vidas buscando un lugar en el mundo, intentando sobreponerse a las dificultades, a sus propios rollos personales, sus propios temores, culpas, pasados.

Ya se trate de un cinéfilo veinteañero, autodestructivo, levemente autista. Un modelo con pretensiones literarias, incapaz de asumir su propia historia. Un rockstar ansioso de ser más que un fenómeno pasajero. Un locutor de radio sin mucho que hacer fuera del estudio. Un ejecutivo medial ad portas de ser padre.

Esta novela coral y generacional, armada a partir de un conjunto de relatos cuyos narradores diferentes, cuyas procedencias y vocaciones podrán diferir, pero que tienen más en común de lo que piensan: familias disfuncionales, metas no cumplidas, existencias vacías e intentos por llenarlas con algo (cine, drogas, sexo casual, excesos varios). Gente más o menos dañada, caminando peligrosamente sobre la orilla hacia el abismo.

No en vano, Fuguet quiso llamar a este libro, entre otros nombres tentativos, “Juntos y Solos” (como a la postre titularía su compilado publicado en 2015).

Lo que los une, en todo caso, va más allá de sus vacíos. Todos ellos, como dije, buscan armarse su lugar en el mundo, o al menos saber cómo pararse frente a él, definiendo en qué punto de sus vidas se encuentran, y de qué manera van a vivir lo que les queda por delante.

No todos los logran: estos personajes se encuentran ante ese punto sin retorno, ese punto a partir del cual ya no podrán refugiarse en otros, sino que deben enfrentar la vida personalmente, sin intermediarios. El miedo, la tentación de buscar salidas más fáciles, están ahí al lado.

Nunca me ha dejado indiferente esta novela. Tal vez a los 25 no sentía tan cercanas algunas de las historias de Por Favor, Rebobinar como sí lo han hecho ahora, a los 42. Pero nada me quita esa sensación de que estas historias pudieron haber sido la de algún amigo, conocido, o uno mismo.

No puedo llegar a otra conclusión cuando luego de leer el mismo libro que ya he leído siete u ocho veces antes, y me sigue golpeando de la misma forma. O más fuerte incluso.

Van tres de cuatro.

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algo bueno puede salir de aqui

¿Así que tendríamos película de Boba Fett? ¿Con James Mangold a la cabeza? Mesh.

Bueno, ¿qué esperaban? Si Disney compró la franquicia Star Wars fue para sacarle el mayor provecho posible. Y vaya que le ha sacado el jugo: la nueva trilogía que continúa la original (Force Awakens, Last Jedi y Episodio IX), los spin-off ya estrenados (Rogue One, Solo) y los que vendrán en el futuro (Obi-Wan Kenobi). Mucha literatura y narrativa gráfica complementaria. No deberían extrañarse que quieran explotar lo más que puedan, y ya que los personajes principales están cubiertos (la familia Skywalker y sus allegados más cercanos) hay que echar mano de los secundarios.

Claro, se ha llegado a la exageración de decir que van a empezar a salir porque sí películas de cualquier mono que aparezca de relleno en las películas. Eso es irse demasiado por las ramas. Hay harto personaje secundario susceptible de protagonizar relatos interesantes dentro de la mitología Star Wars (Jabba el Hutt y todo el crimen organizado dentro de la galaxia, por poner un ejemplo, o mejor todavía, los Ewoks…que por cierto, merecen mucho más respeto del que han recibido a lo largo de la historia*), pero pensar que Disney y Lucasfilm van a hacer la película de, por ejemplo, el gordito que entrenaba al monstruo Rancor, no pasa de ser un chiste, y uno que muere rápido.

A propósito de eso, escoger a Boba Fett, el legendario cazarrecompensas mandaloriano, “hijo” del también mercenario Jango Fett,  para una película en solitario, no me sorprende. Es uno de los personajes más populares de la saga. Aunque muchos cuestionan cómo ha logrado tal status.

Boba Fett aparece en el último tercio de El Imperio Contraataca (1980), como uno de los cazarrecompensas convocados por Darth Vader para atrapar a Han Solo y sus compañeros del Millenium Falcon, para atraer a Luke Skywalker a su trampa. Fett lo consigue, y ya que Skywalker ha picado el anzuelo, recibe además de su pago, a Han Solo congelado en carbonita, para que lo entregue a Jabba el Hutt y se adjudique otra recompensa.

Luego lo volvemos a ver en El Regreso del Jedi (1983), como parte de la “corte” de Jabba, y en tal calidad enfrenta el motín encabezado por Luke Skywalker, pero accidentalmente Han Solo desbarata su mochila cohete, siendo devorado por la bestia conocida como Sarlacc.

Fett no alcanza a sumar media hora en todas sus apariciones fílmicas (sin contar su versión “niño” en El Ataque de los Clones). Sus escasos diálogos, más su estúpida manera de morir, hacen que muchos se cuestionen seriamente su atractivo. Sin embargo, lo genera. Prueba de ello es el abundante fan fiction que se creó en torno a su persona, ideas muchas que recogió el propio George Lucas, al aprobar una respetable lista de cómics, novelas y otros relatos que terminaron por formar parte del llamado Universo Expandido (lo que sucede fuera de las dos primeras trilogías, antes de Disney).

Shadows of the Empire, ese proyecto multimedial que a través de una novela, una miniserie en cómic y un videojuego sirvió de puente entre Imperio.. y Regreso.., publicada en 1996, es la mejor prueba de ello. Lástima que a alguien se le ocurrió que no debía ser parte del cánon y fue eliminada de éste.

Hasta en la serie animada Star Wars Droids, Boba Fett tenía sus momentos, siendo de los pocos personajes de la trilogía clásica

Incluso ahora, luego de que Disney eliminara este concepto y reinventara el Universo Canónico de Star Wars, Boba Fett ha protagonizado una cantidad no menor de relatos e historias (en cómic, en narrativa, incluso en videojuegos), en las que comparte escena con personajes como Jabba The Hutt, Han Solo, e incluso el mismísimo Darth Vader, llegando a concluir que sus diálogos en Imperio… son sólo el más reciente de los encuentros que se tienen noticia.

Boba Fett es un personaje que, a falta de mejor desarrollo en pantalla, fuera de ella creció como la espuma, encontrando en la obra complementaria su nicho, y el entorno donde se explotó al máximo su potencial. Y si bien en lo personal no hubiese sido mi primera opción para nuevos spin-offs de Star Wars, es un personaje que, bien trabajado, podría dar pie a grandes cosas. Los antecedentes de James Mangold me hacen suponer que muy probablemente así sea.

Por lo demás, si a Solo le va como todos queremos que le vaya, no me desagradaría para nada una suerte de subgénero que pudiéramos definir como “space western”, con Solo y Fett como emblemas.

Además, si alguien fue capaz de concebir un largometraje con Venom, personaje más sobrevalorado imposible, ¿por qué no Fett?

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*Si, soy de los que creen que a los Ewoks los han tratado peor de lo que merecen. Vencen a un imperio con palos, piedras y lianas, interviniendo en un conflicto que les pudo haber dado lo mismo, y ¿cómo les han pagado? Llamándolos “osos de peluche” como si fuera un insulto, convirtiéndolos en el chivo expiatorio de los que no les gusta el Regreso del Jedi, y dándoles un par de películas bien corneta que pasaron directo a video. Ya viene siendo hora de reivindicarlos ¿verdad, herederos del tío Walt?