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previamente, en Avengers…

Se estrena este jueves Avengers: Endgame, película 22 del llamado Universo Cinematográfico Marvel y que marca el cierre de la fase 3 del mismo, esperada con ansias ya que, según esperamos, aclara y resuelve los acontecimientos planteados en el anterior filme de la franquicia, Infinity War, tras conquistar Thanos, el titán loco, las llamadas Gemas del Infinito.

Sirva la presente reseña como un ayudamemoria de lo que ha llevado a esta última entrega, con las cosas que hay que tener en claro.

-Thanos (Josh Brolin) finalmente ha recolectado las Gemas del Infinito, seis piedras cargadas de enormes poderes que, reunidas, hacen a su portador acreedor al máximo poder del universo. Pese a los heroicos esfuerzos de distintos puñados de héroes, finalmente consigue adjudicarse las gemas y aplicar la solución que, a su juicio, resolverá todos los grandes problemas del universo: exterminar, al azar, a la mitad de la población.

-Tras los eventos de la Guerra Civil, los Avengers se separaron en varias facciones. Hawkeye (Jeremy Renner) y Ant-Man (Paul Rudd) se encuentran bajo arresto domiciliario. Scarlet Witch (Elizabeth Olsen) y Vision (Paul Bettany) debieron abandonar EEUU; Winter Soldier (Sebastian Stan) se encuentra refugiado en Wakanda, al alero del rey T’Challa, Black Panther (Chatwick Boseman); mientras que Capitan America (Chris Evans), Black Widow (Scarlett Johansson) y Falcon (Anthony Mackie) pasaron a la clandestinidad.

Sólo War Machine (Don Cheadle), Black Panther –y hasta cierto punto Spiderman (Tom Holland) mantienen su status legal, como nexo entre los Avengers –lo que queda de ellos- y el gobierno, por un lado, en su calidad de Rey de Wakanda, en el caso del segundo, y como protegido de Tony Stark en el tercero.

-Thor (Chris Hemsworth) y Hulk/Bruce Banner (Mark Ruffallo) escapan apenas de un ataque de Thanos. El primero, es rescatado por los Guardians of the Galaxy, el segundo consigue llegar a la Tierra y contacta, a través de Dr. Strange, el hechicero supremo (Benedict Cumberbatch) a Tony Stark/Ironman (Robert Downey Jr.) y junto a Spiderman (Tom Holland), y luego con parte de los Guardians, intentan detener a Thanos.

-Cuando Thanos reúne las gemas, aplica lo que, según él, es la solución definitiva a todos los problemas del universo: eliminar, al azar, a la mitad de su población, lo que hace con sólo chasquear los dedos.

Así, el escenario actual es el siguiente:

-Loki (Tom Hiddleston), Gamora (Zoe Saldanha) y Vision, asesinados por Thanos.

-Nebula (Karen Gillian), paradero desconocido.

-Tony Stark, perdido en el espacio.

-Hawkeye: arresto domiciliario. Se ignora su paradero tras el chasquido.

-Ant-Man: tras cumplir su arresto domiciliario, retoma sus experimentos junto a Henry Pym (Michael Douglas), Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer) y Hope Van Dyne (Evangeline Lily). Tras el chasquido de Thanos, queda atrapado en el reino cuántico, cuando los tres últimos personajes son eliminados. El paradero de Ant-Man se desconoce.

-Eliminados por Thanos: Winter Soldier, Scarlet Witch, Falcon, Black Panther, Groot, Starlord, Drax, Mantis, Spiderman, Doctor Strange, Mariah Hill y Nick Fury.

Sin embargo, Fury consigue enviar, de emergencia, un mensaje de auxilio a la Capitana Marvel.

-Sobrevivientes: Capitan America, Bruce Banner, Black Widow, War Machine, Rocket Racoon y Thor. Capitana Marvel capta el mensaje de Fury y acude de inmediato.

¿Serán suficientes para volver a enfrentar a Thanos y reparar la destrucción causada por éste titán?

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

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los que entraron no serán los mismos al salir (publicación 1500)

Dudo que, cuando a Reginald Rose le solicitaron un guión para una obra de teatro para televisión, en 1954, haya pasado por su mente la idea que la obra que estaba escribiendo iba a trascender de la forma en que lo ha hecho, y que, más de sesenta años después, tenga más vigencia que nunca.

Pero así fue, y 12 Hombres en Pugna, llevada al cine en 1957 de la mano de un interesante debutante en la industria como Sidney Lumet (primer paso de una carrera notable), es considerada no sólo una pieza fundamental de la dramaturgia estadounidense del último siglo, sino además una de las películas más trascendentes de igual período, y que hace referencia a tópicos relevantes para el debate público hasta hoy. Hoy más que nunca, incluso.

Todo comienza en un caluroso día de verano, en una gran ciudad, como cualquier otra en el mundo. Doce hombres, escogidos al azar, son convocados como jurados en el caso de un joven acusado de asesinar a su propio padre. Tras examinar todos los antecedentes del hecho, los jurados se retiran a deliberar acerca de la culpabilidad del acusado, quien se expone por esto a la pena de muerte, siendo advertidos por el juez que, de ser declarado culpable, esta declaración deberá ser unánime y más allá de toda duda razonable.

La cosa parece un mero trámite, ya que once de los doce están convencidos de la culpabilidad del acusado. Sin embargo, uno de ellos (Henry Fonda) discrepa en torno al veredicto. Este jurado, quien ha puesto especial atención a cada detalle del proceso, se resiste a aceptar la declaración de culpa, porque tiene muchas dudas razonables en torno al juicio.

Esto, claro, provoca el caos entre los demás jurados, sin embargo, el jurado disidente comienza a exponer las razones por las cuales tiene sus aprehensiones, aunque eso le signifique ponerse a todo el jurado en contra. Sin embargo, sus explicaciones, sus razonamientos son tan poderosos, que pronto el veredicto ya no será tan categórico.

12 Hombres en Pugna es un filme que se puede analizar desde más de un punto de vista. En lo estrictamente cinematográfico, no lo vamos a descubrir ahora, es un ejercicio notable. Lumet es consciente de la naturaleza del material original (un teleteatro), y lo trata con tanta dedicación, que consigue hacer de este relato una obra de proporciones épicas, contando con la gigantesca colaboración de los intérpretes a su disposición, quienes, teniendo clara la procedencia teatral de esta obra, está puesta en ellos la misión de dar vida a este relato, poniendo mucho de su propia energía para que esta obra crezca hasta las nubes.

Pero no se queda en eso. Dije que 12 Hombres.. alude a una serie de conceptos que, hasta el día de hoy, forman parte del gran debate sobre cómo y a dónde queremos ir como sociedad.

El derecho, la ley, están concebidos para ser aplicados objetivamente. Eso se puede entender a nivel de abogados, de gente que conoce el sistema, pero no podemos pedirle lo mismo a gente común que, por razones obvias, no sabe o no conoce de leyes, como es el caso del jurado en cuestión, por lo que, naturalmente, decidirá a partir de subjetivismos.

Así pasa con los once jurados que, inicialmente, apoyan la condena, y también con aquel que disiente, aun cuando éste se encuentra más cerca del estándar mínimo de objetividad requerido. Esa objetividad nos queda claro cuando, si bien está totalmente convencido de la validez de su postura, de la no culpabilidad del acusado (no su inocencia, no es lo mismo, la no culpabilidad implica que no es posible acreditar la responsabilidad de un sujeto en un hecho determinado), acepta que si no logra transmitir esa convicción al resto, acatará la decisión, sin más nada que discutir.

Este voto disidente lleva a los otros once a enfrentar los hechos con una perspectiva que no tenían al entrar a la sala. Desde aquellos cuya única meta era sacarse el bulto lo más rápido posible. Los que le dieron una mirada algo más acuciosa al tema. Y aquellos a quienes la ocasión servirá para sacar afuera todos sus rencores, sus prejuicios, sus fantasmas.

Ninguno de ellos quedará indiferente ante el voto disidente, ni sus razones. Sus ideas fijas y absolutas ya no serán tales cuando salgan de ahí. Ni ellos tampoco. Todos ellos, incluido el disidente, a través de lo que decidan respecto de este crimen, enfrentarán sus propias convicciones, prejuicios, conceptos, motivaciones.

Esta es una película que debe ser parte de las mallas curriculares de las escuelas de Derecho de todo el mundo. No sólo por los aspectos procesales y técnicos involucrados (Rose hizo sus deberes cuando escribió esta historia), sino también los aspectos valóricos de la profesión, como para no olvidar que la abogacía tiene su fin último el equilibrio entre paz social y justicia.

Pero también merece ser vista por la mayor cantidad de gente. Vivimos en estos tiempos post Trump, donde el prejuicio, el racismo, la discriminación (sazonado con la ignorancia)han agarrado un vuelo peligroso, en el que muchos piensan, por poner un ejemplo, que la pena de muerte, una medida extrema que las leyes contemplan para casos igualmente extremos, es la medida idónea para lograr el bienestar social (nada más equivocado..el concepto que muchos tienen de la pena de muerte es poner a la sociedad a la altura del criminal).

En tiempos como éstos, una historia que demuestra que estas conductas y criterios no llevan a nada bueno, sólo a hacernos peores personas –y con eso, una peor sociedad- resulta necesaria y tremendamente sanadora.

Once de doce jurados, empujados por sus prejuicios, y sólo con los antecedentes que tienen encima de la mesa, están dispuestos a tomar una decisión irrevocable de mandar a otro a la silla eléctrica. Pero cuando deciden abrir sus mentes al debate, y a darle una vuelta más acuciosa al asunto, el escenario paulatinamente va cambiando.

A lo largo de su deliberación, estos doce hombres no sólo terminarán salvando la vida de otro, sino que irán aprendiendo mucho de sí mismos y de los demás, comprendiendo el entorno en que les toca vivir, y entendiendo que la decisión que adopten, por mucho que sea respecto de un individuo, inclinará la balanza en el sentido de aportar, aunque sea en lo mínimo, a una sociedad más humana y racional.

Ninguno de los doce será el mismo al salir que al entrar. Todos, de una u otra forma, saldrán siendo mejores personas que las que entraron.

Si usted, terminada la película, tampoco es el mismo que era al empezar la película, entonces entendió clarito de qué se trata.

Y es por todo eso que aparté la revisión de esta película como la entrada número 1500 de este blog. Tenía que ser algo especial.

****1/2

12 ANGRY MEN

Director: Sidney Lumet

Intérpretes: Henry Fonda; Lee J. Cobb; Martin Balsam; Jack Warden; E.G. Marshall; Ed Begley

Drama Judicial

1957

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héroe en pleno desarrollo

Aunque no es un mal chico, el adolescente Billy Batson (Asher Angel), ya colmó la paciencia de los servicios sociales. Abandonado por su madre desde que era pequeño, Billy ha pasado de una familia de acogida a otra, y es asignado a una nueva familia, con la advertencia de que será la última.

Pese a su incomodidad, traba cierta amistad con uno de sus hermanos adoptivos, Freddie Freeman (Jack Dylan Grazer), a quien en una ocasión, salva de los matones del colegio.

Huyendo de éstos, Billy va a parar, misteriosamente, a la caverna de un solitario hechicero (Djimon Honsou), quien le informa que ha sido elegido para portar los poderes de Shazam (Zachary Levy) un legendario guerrero místico, dotado de grandes poderes.

Con la ayuda de Freddie, fanático de los superhéroes, comienza a investigar sobre los poderes y habilidades adquiridos, y aprende a sacar provecho de ellos. Sin embargo, eso lo pone en la mira de Thaddeus Sivana (Mark Strong), un inescrupuloso personaje que, alguna vez convocado por el hechicero, busca hacerse de estos poderes para sus propios fines..

La historia editorial de Shazam!, ha sido errática desde sus comienzos. Personaje insignia de la editorial Fawcett Comics, con el nombre de Capitán Marvel, creado durante los ’40 ha debido atravesar por toda una serie de problemas. Primero, cuando la naciente DC Comics demandó a Fawcett al estimarlo un plagio descarado de Superman. Luego, cuando ambas editoriales llegaron a un acuerdo –finalmente DC adquiriría Fawcett-, debió enfrentar cuestionamientos provenientes desde Marvel, al existir un personaje del mismo nombre (que luego daría pie a nuestra querida Capitana Marvel) que sólo se resolvieron cuando DC accedió a suprimir el nombre del personaje, pasándose a llamar únicamente Shazam, hace no muchos años.

Este manto de duda ha hecho que, pese a su atractivo, la popularidad siempre le ha sido esquiva a este personaje. Sin embargo, las últimas reinterpretaciones que se han hecho a Shazam, aprovechando los constantes reinicios que el universo DC ha atravesado las últimas décadas, le han dado un empujón suficiente para reencantar al público, y convencer a Warner Bros para darle su propia película, en el marco de su accidentado proyecto fílmico junto a DC.

Y, digámoslo, es una de las que mejor ha funcionado, no sólo con una gran taquilla, sino que porque es una de las que más ha acertado en su lectura del héroe. Y eso es, simplemente, recoger lo que ha hecho brillar a este personaje en el papel los últimos años: asumir que antes que los músculos y habilidades (adquiridos de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio) Shazam es un niño, un adolescente, en el cuerpo de un adulto con poderes.

Esa es la idea que sigue el filme encabezado por el director David F. Sandberg y que la ha convertido en una de las grandes películas de esta temporada: traspasar, acertadamente, la idea del adolescente, con mentalidad de tal, al cuerpo de un adulto, quizás del más poderoso del universo –después de Superman, claro- con todo lo bueno, y lo malo que ello conlleva.

Aprender de los poderes de que se ha visto dotado, no para un bien personal esporádico, sino para un beneficio para todo su entorno, que redundará en un bien para él mismo, al entender su lugar en el mundo, su destino y para qué se le otorgaron esos poderes.

Como diría aquel personaje de la competencia, cuya mayor popularidad se ha dado siendo un adolescente, un gran poder…ya saben.

Para ser una película de superhéroes (con muy buenos momentos propios de la especialidad, cortesía de un más que convincente Mark Strong a cargo de un Sivanna sanamente alejado de la caricatura que terminó siendo el mismo villano dentro del cómic) hay que decir que sus grandes momentos están en el proceso de descubrimiento/aprendizaje por el que pasa Billy/Shazam (algunos para reír a carcajadas), respecto de sus poderes y de cómo debe usarlos correctamente. Y claro, la constante del niño en el cuerpo de adulto que, por responsable que sea en el uso de sus habilidades, sigue siendo un joven con ganas de divertirse. Acertada, en ese sentido, la elección del comediante Zachary Levy para el rol del héroe.

Si a veces no se necesita mucho para hacer bien las cosas. En este caso, hacer una lectura correcta del personaje que estás presentando y de la historia en que quieres ponerlo de protagonista.

Shazam es una película que recordaremos en el futuro, con cariño, por las más que gratas sensaciones que fue capaz de provocarnos. En mi caso personal, fue lo que me hizo amar y disfrutar el cine. Si Shazam es capaz de encantar de la misma forma a las futuras generaciones de cinéfilos, entonces su valor será aún mayor con los años.

***3/4

SHAZAM!

Director: David F. Sandberg

Intérpretes: Zachary Levy; Asher Angel; Mark Strong; Jack Dylan Grazer; Adam Brody; Djimon Honsou; Grace Fulton

Superhéroes/Comedia

2019

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aprendiendo a ser hermanos

La vida puede cambiar drásticamente en cualquier momento. Incluso para Kun, un niño de cuatro años, mimado y acostumbrado a ser el centro de atención, cuando nace su pequeña hermana Mirai, dándose cuenta que la vida de sus padres y familia ya no gira en torno a él, como solía ser hasta entonces, volviéndose un niño simplemente irritante, cuyos berrinches se vuelven cada vez más frecuentes.

Luego de uno de estos ataques, Kun descubre, en el pequeño patio de su casa, un jardín donde vive las más sorprendentes aventuras, conociendo en una de ellas, a una adolescente que dice ser su hermana Mirai proveniente del futuro..

Desde hace rato que la animación ya no es el hermano chico del cine, sino que es un género cinematográfico hecho y derecho, que a veces puede ser incluso más grande que el cine con seres de carne y hueso. También es efectivo que no sólo desde Hollywood vienen las grandes obras del género, sino también de latitudes más lejanas como Japón.

Y no hace mucho ha quedado demostrado también que, dentro de la inmensa industria de la animación japonesa, no sólo Ghibli o su fundador Hayao Miyazaki son sus grandes exponentes como creadores de grandes películas. Desde hace algunos años, tras películas como Summer Wars o El Niño y la Bestia, el nombre de Mamoru Hosoda está haciéndose notar como uno de los baluartes del animé actual.

El punto más alto en la carrera de Hosoda es su más reciente trabajo, Mirai, Mi Hermana Pequeña, la cual, en un año 2018 privilegiado para la animación en general, supo hacerse un espacio y figurar en cuánta nómina para mejor película animada cupo (Oscar, Golden Globes, Critics Choice, Annie, Satellite, etc etc).

Y si bien no ganó, que haya podido meterse en una selección que estuvo particularmente inspirada (Los Increíbles 2, Ralph Breaks The Internet, Isle of Dogs y Spiderman Into The Spiderverse fueron películas muy por encima del promedio de su especialidad) es porque tiene méritos de sobra.

Partiendo por el apartado estético: las imágenes que Hosoda expone, tanto en el plano real donde Kun vive junto a su familia (que por pequeño que sea, esto es, de la casa al jardín infantil, o a la plaza del barrio y viceversa, para un niño de preescolar es un universo enorme), como en aquel mundo al que mágicamente se traslada para vivir aventuras que cualquier otro niño de su edad miraría con envidia, están dotadas de una belleza que, por momentos, alcanza niveles sobresalientes y sobrecogedores.

Incluso los lugares más oscuros por los que en algún momento se mueve Kun están dotados de cierto encanto que los hace atractivos de ver, e imposibles de resistir.

Mirai va más allá de lo meramente estético, en todo caso, sino que se preocupa de darnos una muy interesante mirada acerca de la madurez.

¿Madurez en un niño de cuatro años? No es una hipótesis ridícula. Estamos hablando de un niño que solía ser el centro de la vida de su familia, y que de pronto dejará de serlo, viéndose obligado a aprender a aceptar su nueva realidad (mostrándonos de paso cómo enfrentan los padres este nuevo escenario), a compartir el espacio, el cariño y la atención de sus padres y a que esa criaturita que acaba de llegar, no viene a arrebatarle nada ni es su enemiga. Hosoda nos plantea esta situación de una manera amable, divertida y abundante en buen humor y encanto.

Acierto de su director es la manera en que Kun enfrenta el proceso, como lo haría un niño de esa edad: con imaginación. Todas las situaciones por las que el niño atraviesa con motivo de su nueva situación, precedidas por lo general de algún escándalo, son episodios que le permiten conocer mejor a su familia, entender mejor su historia, el contexto en que ésta tuvo lugar, y cómo llegó a este punto, llevando al niño a entender mejor a sus cercanos, y a apreciarlos mejor.

Y, en el fondo, a dejar de ser un crío irritante y egoísta, aprendiendo a ser el hermano mayor que la nueva bebé necesita.

Nadie dijo que ser padres es fácil (aunque la familia de esta película lo asume, proponiendo una manera de hacer ídem que a algunos, en pleno siglo XXI aún se atreven a cuestionar), y menos a cómo ser hermano mayor. Ambas cosas se van aprendiendo por el camino. Y si bien hay caminos más ligeros y otros con más obstáculos, la forma de recorrerlos pasa siempre por la actitud con que los enfrentemos.

Relato muy bien ejecutado por su director, que recuera una premisa fundamental del cine: que lo fundamental sigue siendo las emociones que una historia es capaz de generarnos.

***3/4

MIRAI NO MIRAI

Director: Mamoru Hosoda

Animación

2018

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amigos en pantalla..¿y afuera?

Durante los años ’30, Stan Laurel (Steve Coogan) y Oliver “Ollie” Hardy (John C. Reilly) fueron uno de los números cómicos más populares de su tiempo, y sus películas ampliamente celebradas, logrando gran taquilla a nivel mundial.

A fines de los ’50, todo eso ha quedado atrás, y tras años de separación, Stan y Ollie se reúnen para una pequeña gira por algunas ciudades del Reino Unido, buscando demostrar que siguen vigentes, y así poder financiar su postergado regreso a la pantalla.

Y bueno, cuando la cartelera anual todavía no agarra vuelo (las cosas se prenden recién ahora, en la primavera del hemisferio norte) no queda otra que seguir repasando títulos de 2018, especialmente aquellos que pasaron de largo por cartelera, que definitivamente ya no llegaron y que sólo se puede acceder a ellos en el formato casero.

Es el caso de Stan & Ollie, la muy piola biopic inglesa, enfocada en la carrera de Laurel & Hardy, aquella entrañable pareja de comediantes ingleses que, una vez instalados en EEUU, destacaron enormemente dentro de la pujante escena del naciente cine sonoro, apelando al slapstick, aquel tipo de humor fundando en los golpes, las caídas, los malentendidos y, en general, todo lo que involucre un desafío a las leyes físicas, que hizo nata en una América que, además, necesitaba reponerse de la gran depresión.

Como suele suceder, tras una etapa de éxito, vino la caída. A nivel global, la Segunda Guerra Mundial quitó las ganas de reírse y de pasarlo bien a la comunidad internacional. Y a nivel personal, la diferencia de egos provocó el fin de la dupla como la conocíamos.

La película del británico Jon S. Baird no evita referirse al conflicto que dio fin a la dupla (que sucedió cuando Stan Laurel exigió mejoras salariales a su productor Hal Roach para renovar su contrato, sin que Oliver Hardy,bajo contrato vigente, lo respaldara), pero lo hace de manera tangencial, como para poner en contexto la importancia de esta gira de reunión.

En lo que sí pone énfasis, es en la  disparidad de carácter entre ambos personajes. Si bien en escena Hardy era el (un poco más) listo y Laurel el estúpido, en la realidad era casi al revés: Laurel era quien rigurosamente preparaba los guiones, negociaba contratos y planificaba las películas, mientras que Hardy se limitaba a ser simpático con el público y, de esa forma, crear contactos. Así fue en su época de oro, y en esta etapa de reunión (e incluso después de la muerte de Hardy y el retiro de Laurel del espectáculo) pasa lo mismo.

El proceso no será fácil, pues tenemos, a este lado, el inevitable paso del tiempo y la certeza de que ni Stanley ni Ollie son los mismos que dos décadas atrás, y que por mucho que esta gira sea exitosa, están muy lejos de ser lo que alguna vez fueron. Por otro, el reencuentro entre ambos, las heridas que el tiempo no ha podido cerrar y que los protagonistas deberán volver a enfrentar, aunque les duela, pues, en el fondo, saben que se necesitan recíprocamente.

No sólo por la necesidad financiera (ninguno tuvo en solitario, el éxito que alcanzaron como dupla..de hecho, Laurel casi no actuó y las películas de Hardy en solitario penan como ánimas en las cinematecas) sino sobre todo, por las afectivas.

La historia descansa en las notables actuaciones protagónicas. Steve Coogan encaja perfectamente en un Stan Laurel que se debate entre el hombre trabajólico y riguroso de la vida real, y el payaso que era sobre el escenario, mientras que John C. Reilly, pese a estar enfundado bajo kilos de prótesis y maquillaje (me extraña que en un año en que la Academia privilegió estos aspectos a la hora de nominar para Mejor Actor, ésta actuación haya pasado en banda), se ve realmente cómodo en el papel de Oliver Hardy.

Los dos están compenetrados totalmente en sus personajes, lo que sumado a la gran química entre ambos, hacen que este trabajo suba enormemente sus bonos.

Película que resiste la tentación de caer en el lugar común de cualquier biopic (y si cae, lo hace en forma sobria), que sirve de más que digno homenaje para una pareja que, junto con otros nombres de su tiempo, construyó una forma de hacer humor que hace escuela, hasta nuestros días.

***1/2

STAN & OLLIE

Director: Jon S. Baird

Intérpretes: Steve Coogan; John C. Reilly; Shirley Henderson; Nina Arianda; Rufus Jones; Danny Huston

Drama/Biografía

2018

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chico (loser) conoce a chica (winner)

Sí, hay un puñado de grandes películas que este año cumplen dos décadas.

Pero también hay unas cuantas más que cumplen las tres. Películas que marcaron tendencia, hicieron escuela, se convirtieron en clásicos, y que hoy son recordadas con cariño, y mucho aprecio. Y no, no estoy hablando del Batman de Tim Burton (del que ya hablaremos en su oportunidad, en todo caso).

Me refiero a Say Anything (Digan Lo Que Quieran, Dime Lo Que Quieras o Un Gran Amor, según la versión que sea), comedia romántica juvenil que marcó el debut como director del siempre respetable Cameron Crowe, y que comenzó a configurar el mito de John Cusack como ese personaje entrañable que sientes que le están pasando las cosas que le han pasado a uno, y que, por lo mismo, te gustaría tener como amigo. Bueno, esta película cumplió el pasado 14 de abril los 30 años desde su estreno.

Nuestra historia parte el día en que dos compañeros de colegio se están graduando de la secundaria. El, el Lloyd Dobler (Cusack), un tipo común, que aunque no es un alumno problema tampoco ha sido precisamente un modelo de excelencia académica, que vive a duras penas junto a su hermana Constance (Joan Cusack) y el hijo de ésta, sin muchas cosas claras respecto a lo que hará de su vida de aquí en adelante.

Ella, es Diane Court (Ione Skye), el total opuesto de Lloyd: excelente estudiante, líder en cada una de las actividades que participa, brillante en todo sentido, responsable, con una beca asegurada en una importante universidad inglesa y, por si fuera poco, hija de un padre bueno para los negocios.

Aunque han pasado gran parte de su vida en el mismo colegio, en la misma generación, el mero hecho de conocerse ya es altamente improbable. Aún así, esa noche, en la fiesta de graduación, ambos se conocen, enganchan y, para la incredulidad de muchos, inician una relación sorprendentemente estable, pero que se enfrenta a un gran obstáculo: el padre de ella (John Mahoney),  que no ve con muy buenos ojos que Diane se relacione con un tipo sin futuro como Lloyd.

Esta película es una gran demostración de que un punto de partida tan básico (y repetido hasta el hartazgo, si se quiere) pero fundamental como “chico conoce a chica”, por repetido que esté, no perderá su relevancia como premisa para las grandes historias. Y  es que el núcleo de esta historia obedece a dicha premisa (tipo que no tiene donde caerse muerto conoce a chica que tiene un gran futuro por delante), y contada con gran oficio por un director que, para ser un debutante, resultó tener oficio de sobra en el arte de contar historias.

(¿Tendrá algo que ver los años que desempeñó como corresponsal para Rolling Stone, que inspirarían su obra maestra, la grandiosa Casi Famosos una década después?)

Pero siendo ese su motivo principal, lo cierto es que es un filme que consigue ir más allá de la relación arquetípica, podríamos decir, que le sirve de estructura. Y termina convertida en una cinta de aprendizaje.

El ánimo de sacar a flote esta relación, entre dos personas que encontraron en el otro lo que necesitaban para sentir una vida plena, lleva a sus protagonistas a salir de su zona de confort, por llamarlo de alguna forma, lo que los conduce a conocerse un poco mejor a sí mismos, a su entorno y a lo que está más allá de ellos.

Por el lado de Lloyd, que por muy buen tipo que sea, y muy respetable que sea su postura de no aspirar a grandes lujos, de saber sobrevivir sin mayores sobresaltos, va aprendiendo que la vida va un poco más allá de saber no pasar hambre. Para poder estar con la mujer que ama, no le queda más que darse a respetar. Y eso sólo se logra en el momento en que aprende a valorarse a sí mismo, y a sobrellevar los dolores a que esa decisión podría dar lugar.

Diane, por su parte, va conociendo la vida fuera del cuento de hadas en que ha estado viviendo, los claroscuros de la vida, y que incluso en ese mundo de luz, color y vitalidad en el que se ha desenvuelto, hay rincones oscuros. Y a lidiar con ellos.

Para entender el proceso de cada uno, Crowe nos presenta, de forma bastante acertada, los mundos en que cada uno se desenvuelve, y que nos ayudan a entender los contextos en que ambos se desenvuelven y cómo eso los va afectando, antes y después de inmiscuirse en los mundos del otro.

Y de cómo ambos se las van arreglando para superar los obstáculos que les impiden estar juntos.

Say Anything cierra una década en que abundó cierto tipo de comedia de adolescentes donde todas se trataban más o menos de lo mismo. En este escenario, el trabajo debut de Cameron Crowe marca diferencias considerables con el resto de su especie, pues apelando más o menos a los mismos temas, motivos y estereotipos, consigue ir más allá del lugar común, a meterse en cuestiones más profundas que la mayoría de sus similares, que le ha valido un merecido status de filme de culto.

***1/2

SAY ANYTHING

Director: Cameron Crowe

Intérpretes: John Cusack; Ione Skye; John Mahoney; Lily Taylor; Joan Cusack; Jeremy Piven; Philip Baker Hall

Comedia/Romance

1989

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el noveno

tiene nombre al fin…

STAR WARS EPISODE IX: THE RISE OF SKYWALKER

Y tiene trailer también:

Y tiene fecha: diciembre 2019.

Al final, siempre volvemos a Star Wars…porque Star Wars es más grande que la vida.

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