Veneno para la vista

La vida del periodista Eddie Brock (Tom Hardy) se fue al demonio luego de que el industrial y filántropo Carlton Drake (Riz Ahmed) impidiera la realización de un reportaje acerca de los oscuros manejos de sus negocios: es despedido de su trabajo, su novia,Anne (Michelle  Williams) es despedida de su oficina de abogados a causa de esto y, por tanto,rompe con él y lo echa de la casa, su credibilidad se desploma y sus fondos desaparecen.

A los pocos meses, Brock es contactado por la doctora Dora Skirth (Jenny Slate), jefa de laboratorio de Drake,  para informarle acerca de los experimentos en humanos que en dicho lugar se practican. Al infiltrarse en dependencias de Drake, Eddie es atacado por uno de estos sujetos de prueba, y el periodista es contaminado con una extraña sustancia, de origen desconocido.

No pasa mucho tiempo antes que la sustancia cause estragos en la salud física y mental de Eddie,quien empieza a escuchar voces, sentir fiebre, sufrir cambios de humor radicales…hasta que descubre que en su cuerpo se aloja un destructivo ser…

Me hice lector disciplinado de cómics durante los ’90, cuando empezaron a llegar ediciones mexicanas y españolas de las grandes editoriales estadounidenses a quioscos y tiendas especializadas. Sin embargo, a poco más de 20 años de eso, y con la perspectiva que da el paso del tiempo, me he estado convenciendo que lo que más nos dieron esos años empresas como DC,Marvel o Image fue humo.

Macrosagas que prometían revolucionar sus universos (para dejarlo donde mismo y sufriendo los mismos problemas), personajes visualmente espectaculares útiles para vender merchandising, nuevas versiones de personajes ya existentes, en fin.

No es mucho lo que sobrevive con dignidad desde aquellos años. Harley Quinn, Deadpool, son de los escasos conceptos noventeros que trascendieron realmente, y por méritos propios, mientras que el  resto, han sido  metidos con fórceps  por sus creadores en el inconsciente colectivo: Gambit, Doomsday, Bane, Lobo…y sobre todo Venom, el  mejor ejemplo de este fenómeno.

Bueno,a alguien se le ocurrió una buena idea de darle un largometraje completo a este último personaje. Deben haber pensado que “Lo que tocamos lo convertimos en un éxito” Hay que decir que la época de mayor popularidad de Venom fue hace más de una década, por lo que esta película, un despropósito en sí misma, parte mal desde el minuto en que se dedica a un personaje cuya mejor época ya se fue y no volverá.

Menos cuando sólo funciona bien dentro del mundo de Spider-Man, en cuyas páginas fue creado. Siendo un personaje tan dependiente de su historia matriz, esta película sólo sirve para comprobar la debilidad del mismo fuera de dicho entorno.

El guión de la película, así como la inoperancia de su director Ruben Fleischer (me cuesta creer que fue el mismo tras la notable Zombieland, y de la igualmente correcta 30 Minutes Or Less) no hacen mucho por llevar la cosa a buen puerto, menos si está la presión de hacer de un villano por naturaleza, el héroe de la película (y aún menos con el villano tan pobre y tan obvio que crearon para este filme).

No es que Venom dé para mucho más, pero pudieron haberse esforzado un poco  más.  La interacción entre el perdedor, pero bien intencionado Eddie, y el instinto asesino del parásito que yace en su interior, resulta más cómica que otra cosa, lo que nada hace por  mejorar el panorama.

Lo que me hace preguntarme qué motivó a un gran actor como Tom Hardy a participar en esto…¿problemas de plata?¿pagando una apuesta?¿firmó el contrato en severo estado de ebriedad?¿le debía un favor a la yakuza?

Esta no es la peor película de Marvel sólo porque ya existían Elektra, Wolverine:Orígenes, Amazing Spiderman 2  y los 4 Fantásticos 2015. Aunque tampoco se aleja mucho de ese infame grupo.

Lo peor de esto es que sólo por tener la etiqueta “Marvel” en el póster, anduvo muy bien en taquilla. Vale,no al nivel  de Infinity War, pero lo suficiente como para sacar cuentas alegres. Así que mejor nos hacemos el ánimo de que podríamos tener una secuela. O más terrible todavía, alguna adaptación de otro personaje del montón.

Que Stan Lee nos pille  confesados.

*1/2

VENOM

Director:Ruben Fleschier

Intérpretes: Tom Hardy; Michelle Williams; Riz Ahmed; Jenny Slate; Reid Scott; Melora Waters;Woody Harrelson

2018

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lo que las apariencias esconden

Nos encontramos en un pequeño suburbio cerca de Nueva York. En el vive Stephanie (Anna Kendrick),una joven viuda con su hijo Miles. Devota madre, participa en cuanta actividad extracurricular se le solicita en la escuela de su hijo,aparte de producir un videoblog sobre cocina,manualidades y tips para el hogar, de moderado éxito.

Es en esas actividades que conoce a Emily (Blake Lively),también apoderada del colegio, y madre,de hecho, del mejor amigo de Miles, Nicky. Y aunque se trata de mujeres muy distintas, ya que Emily es la encargada de relaciones públicas de un importante diseñador,vive prácticamente para su trabajo, pronto traban amistad cuando ésta pide a Stephanie quedarse con Nicky algunos días al semana.

Un día, Emily no aparece para llevarse a Nicky a casa.

Y como pasan los días y ésta no aparece, Stephanie, siguiendo sus propias sospechas, intenta investigar acerca del paradero de su amiga…

Ha pasado muchas veces. Te pones a ver una película que pillaste por ahí sin mayores expectativas que la curiosidad,el morbo, sólo por pasar el rato o para ver que eslo último que ha hecho tu actor o actriz favorit@. Pero la cosa resulta ser mejor de lo que esperabas, atrajo tu atención. Caíste en la pasta y no la vas a soltar hasta que termine.

Es lo que me pasó con A Simple Favor, película a la  que llegué por casualidad,y por curiosidad (hey!, es Anna Kendrick!!) pero que me quedé viendo hasta el final porque me sorprendió lo interesante que me resultó.

Adaptación de una exitosa novela publicada en 2016, escrita por Darcy Bell (cuyos derechos fueron rápidamente adquiridos por Lionsgate), estamos ante una historia que guarda más de un parentesco con películas o series como Gone Girl o Big Little Lies. Sin llegar a las cotas de grandeza de tales relatos, desde luego,aunque no lo necesita.

Estamos ante otro de esos relatos acerca de la vida en los suburbios, esos conjuntos residenciales ubicados en las afueras de las grandes ciudades, donde familias de clase media alta tienen su vida completa: colegio,centro médico, mall, prácticamente todo lo que necesiten sin salir de sus cómodas y aisladas instalaciones. Pero donde no todo es tan luminoso y radiante como lo quieren hacer ver.

Cómo es la vida de aquella gente que vive de las apariencias,por debajo de las apariencias. Y de lo que sucede cuando se choca con lo que tales apariencias ocultan, qué es lo que le pasa a Stephanie,nuestra bien intencionada, pero ingenua protagonista, conforme va conociendo mejor a las personas que tiene más cerca.

La historia se cuenta a buen ritmo, aportándonos en las cuotas precisas la información necesaria para que vayamos armando el puzzle en nuestras cabezas. Y lo hace sazonando el  misterio imperante con humor, un poco de erotismo, de manera de no darnos todos los datos de un solo viaje,y tengamos los  tiempos justos para procesarlos, así como ir asumiendo los giros de esta historia.

La historia se vale de los buenos oficios de Paul Feig. Sí,al mismo que le hicieron añicos la carrera tras el remake de Ghostbusters hace dos años (sigo sintiendo que le dieron más duro de lo que merecía). En fin, Feig se reconstruye, sale de su hábitat natural que es la comedia, y se instala en el campo dramático con un resultado bastante más que aceptable.

No olvidemos que Feig es un gran director de actrices, y sabe sacarle gran partido a sus protagonistas:una inspirada Anna Kendrick,en la que recae gran parte del peso dramático de la cinta, y sobre todo en Blake Lively,que con mucho menos minutos en pantalla, le alcanzan para entender la importancia de su personaje en el entuerto, personaje que bien puede ser una versión adulta y mucho más perversa de lo que solía ser en Gossip Girl.

Sin ser extraordinaria, ni quiere serlo tampoco, A Simple Favor se defiende por sí sola, y nos recuerda que a veces necesitamos de las películas un favor tan simple como el que da el título a la película:una historia bien contada.

***1/4

A SIMPLE FAVOR

Director:Paul Feig

Intérpretes: Anna Kendrick; Blake Lively; Linda Cardellini; Henry Golding; Rupert Friend

Suspenso/Drama

2018

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la última semana

Es la última semana de clase de Kayla (Elsie Fischer) antes de pasar a preparatoria. Y, al igual como han sido los ocho años anteriores, no será fácil.

Introvertida, muy insegura, y prácticamente invisible dentro de su entorno, Kayla busca satisfacer sus vacíos personales en las redes sociales, con los videos que sube acerca de consejos sobre autoestima, pasatiempos y amistades. Pero conforme llega la hora del adiós, las abismantes diferencias entre los consejos que da on line y la forma como ha vivido los últimos meses, hacen realmente complicados estos últimos días de clases.

Cuando hablamos de cine de temática adolescente, ¿de qué hablamos? Comedias sobre muchachos con las hormonas a punto de explotar. Historias de jovencitas aspirando a que el chico guapo del curso las invite a su graduación. Relatos sobre bullying y/o consumo excesivo de sustancias peligrosas. O historias sobre jóvenes llenos de dudas existenciales acerca de su futuro, y que sienten que se juegan la vida en el equivalente gringo de la prueba de aptitud.

Por eso es que la existencia de películas como Eight Grade, debut como director del comediante y  guionista Bo Burnham (con los buenos oficios de nuestros queridos A24 detrás de su realización y distribución), estrenada a principios de año en Sundance: porque es un filme sobre protagonista adolescente que no se trata de nada de lo que hemos citado anteriormente…y si nos ponemos rigurosos, de nada en particular.

Burnham toma como base una historia que podría ser la de cualquiera, una historia tan sencilla, tan mínima, que quizás hemos tenido al frente pero ha pasado tan inadvertida, que no nos hemos dado cuenta de su existencia. Pero que de alguna manera la hemos reconocido en todo o parte.

Kayla (celebrada, y ya premiada, actuación de la joven Elsie Fischer), está ahí, aunque nadie la vea. Tan insegura de si misma, con un concepto tan bajo de sí misma en público (tan distinta de lo que intenta proyectar en los videos que sube de sí misma como una forma de colmar sus propias carencias), víctima de su propia  torpeza social, que su existencia es intrascendente para quienes la rodean.

Ni siquiera los abusones del colegio parecen notar su existencia.

Básicamente, se trata de un personaje que no está en su elemento. No obstante los esfuerzos que haga por encajar o adaptarse, no lo consigue.

No es que no tenga un lugar en el mundo. Lo tiene. Pero no es donde está ahora. Descubrir cuál es ese, y cuándo se encontrará en él, es algo que depende sólo de ella, y de las decisiones que tome. Pero primero, tiene que pasar la etapa por la  que está atravesando actualmente. No es fácil. A ratos es dolorosa. Mucho. Pero hay que hacerlo.

Eight Grade no necesita de mucho para hacernos parte de la situación que vive nuestra protagonista, ponernos en sus zapatos y comprender las cosas que le toca vivir.

No deja de ser interesante que, aunque tuvo su estreno comercial en agosto, su lanzamiento en bluray por acá, y el consiguiente ruido que ha estado haciendo, hayan tenido lugar ahora, cuando los años escolares, y los ciclos correspondientes estén llegando a su fin. Quizás cuántas historias como la de Kayla se viven en nuestro propio mundo, a pocas cuadras de distancia, y tampoco les estamos prestando atención.

Esta es una película que no necesita grandes recursos para contarse. Siendo, al fin y al cabo una historia sobre personas comunes con vidas comunes, para contarse y entenderse bien requiere poco: haber vivido.

***

EIGHT GRADE

Director: Bo Burnham

Intérpretes: Elsie Fischer; Josh Hamilton: Emily Robinson;

Drama

2018

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el caso del asesino de los títeres

Happytime, una antigua comedia protagonizada por marionetas, es adquirida por una gran cadena, en virtud de un contrato muy lucrativo para sus protagonistas. Sin embargo, éstos han sido asesinados uno por uno, luego de anunciarse este contrato.

El investigador privado Phil Philips, alguna vez celebrado como la primera marioneta policía, caído en desgracia luego de un error fatal y que perjudicó incluso a su compañera Connie Edwards (Melissa McCarthy) se ve circunstancialmente involucrado en la labor policial, cuando investigando una denuncia por chantaje, se encuentra en plena escena del crimen, y con más razón cuando su hermano Larry, que actuaba en Happytime, es una de las víctimas.

Ni a Phil ni a Edwards le gusta mucho la idea de reencontrarse…

Hay películas que nacen destinadas al fracaso, sea en lo cinematográfico, sea en taquilla, y sin embargo igual tienen su detallito que hace que uno sea más amable con ellas. The Happytime Murders es uno de estos casos, sobre todo en lo pecuniario: con un costo de 40 millones de dólares, su taquilla, a nivel mundial, con esfuerzo y a varios meses de su estreno pasó la mitad de esa suma, lo cual ha venido siendo una tónica con las películas recientes de Melissa McCarthy..parece que todavía el fandom no le perdona Ghostbusters.

Y si, argumentalmente es bastante básica, y cuenta con algunos momentos de gusto discutible. Por otra parte, la premisa tampoco es ninguna novedad. Películas con títeres no precisamente familiares vienen haciéndose desde hace rato: aparte del terror, donde las marionetas son un concepto recurrente, encontramos los casos de Peter Jackson y su clásico Meet The Febbles, y de Team America: World Police, de Trey Parker y Matt Stone, en 2004.

La gran novedad acá es que esta viene de la cuna misma de las marionetas hollywoodenses, ya que Happytime Murders es un proyecto que Brian Henson, hijo del creador de los Muppets, Jim Henson, venía acariciando desde hace al menos una década, y que finalmente ha visto la luz ahora.

¿Valió la pena? Si esta idea se le hubiere ocurrido hace un par de años, pasaba piola, pero para algo que venía pensando desde 2008, en realidad no.

Y la idea en sí no es mala: la mezcla entre cine noir, humor incorrecto y la ya de por sí absurda hipótesis de la convivencia entre humanos y marionetas (donde éstas aparecen como una minoría oprimida) en el papel se ve buena. Y en la práctica, en líneas generales Happytime es bastante divertida, además de algunos chispazos realmente geniales. Hasta los momentos de mal gusto de la película no molestan tanto cuando se siente que no se comen al resto de la realización, ni resultan determinantes a la hora de calificar el filme.

El problema está en la pobre y simplona ejecución de esta buena idea. Henson opta por buscar la risa fácil y momentánea, que funciona por un rato. Claro que al otro día ya se nos olvidó. Lo que es un duro punto en contra para esta película. teniendo material de sobra para una creación memorable. De esas que encontraste una tarde en Netflix o haciendo zapping y te quedaste pegado viendo, te divierte y sabes que lo volverás a hacer cuando te la vuelvas a encontrar.

No pasa esto, pudiendo haber pasado, teniendo los elementos, y es una enorme decepción. La intención de hacer algo realmente bueno estaba, pero bueno, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Daba para mucho más.

**

THE HAPPYTIME MURDERS

Director: Brian Henson

Intérpretes: Melissa McCarthy; Elizabeth Banks; Maya Rudolph; Joel McHale; Leslie David Barker

Comedia

2018

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peleas como una chica

Hace cinco años, la vida de Riley North (Jennifer Garner), una mujer común y corriente, fue totalmente destruida cuando, ante sus propios ojos, su esposo e hija fueron asesinados por agentes del narcotráfico. Para peor, gracias a las inmensas redes de corrupción a nivel policial y judicial, los asesinos nunca fueron a la cárcel.

Desde entonces, nunca más se supo de Riley.

Hasta esta mañana, en que la policía encontró colgados boca abajo los cadáveres de los tres ejecutores del crimen. Y sus muertes son sólo las primeras de un reguero de sangre, que llegará hasta las últimas consecuencias..

Como el años pasado, dije, un rango de entre 45 y 50 estrenos del año me parece un buen parámetro a partir del cual armar el top 10 final. Por eso, esta es la temporada en que trato de ver lo más que pueda del 2018 antes que se acabe el ídem. Justo es decir que ese rango ya lo pasé, y puede que el universo para decidir se acerque a los 60 títulos (considerando sólo películas cuya primerísima exhibición haya tenido lugar entre el 1 de enero y el 31 de diciembre..aquellas de 2017 o antes que recién hayan llegado a salas chilenas éste año, con todo el dolor que amerite, no entran en la lista).

Así las cosas, Peppermint (Justicia Implacable) sólo iba a ser otra película para ver, sin reseñar, como para hacer número. Pero me gustó mucho más de lo que pensaba.

Y sí, estamos ante una historia de venganza, de esas que abundan en el cine industrial, pero está tan bien ejecutada para el común de lo que hace el cine estadounidense, que no merece pasar desapercibida.

Porque sí, es cine hecho en Hollywood, pero por manos que no provienen de Hollywood precisamente: sus principales productores son hongkoneses, y su director, Pierre Morel, buen alumno de la escuela de Luc Besson, y quien ya nos había deleitado con la legendaria Taken (2008), francés. Ambos provienen de industrias que tienen una concepción muy diferente del cine de acción respecto de la hollywoodense.

El héroe…bueno, la heroína de acción, en esta versión, está muy lejos del incorruptible, indestructible y virtuoso guerrero capaz de dar la vida por su país. Como ya nos demostró el mismo Morel en la primera película de la saga protagonizada por Liam Neeson, sus héroes son personas que podría uno encontrar en su barrio, con imperfecciones, sin muchos escrúpulos quizás, cuya motivación principal está lejos de ser altruista, sino todo lo contrario (aunque, a la hora de la verdad, ni tanto..igual tienen algo de consciencia).

Y es que se trata de personajes que ya han tocado fondo. Que ya no tienen nada que perder, así que se entregan por entero a cumplir su objeto, dándoles prácticamente lo mismo por encima de quien deben pasar. Aunque, con todo, igual les queda un granito de buena fe, de compasión, que es lo que nos permite diferenciarlos de los enemigos a los que persigue.

Es el caso de nuestra heroína. Riley (qué bien le quedan los papeles de acción a Jennifer Garner, lo que me lleva a pensar que pudo haber sido una gran Elektra si sus adaptaciones hubieran recibido un mejor tratamiento) perdió todo: a su familia, la fe en la justicia, su estabilidad. No le queda más. Excepto algunas nociones fundamentales acerca de la diferencia entre el bien y el mal, que la mantienen a raya.

Sin perder mucho metraje en explicaciones, pues antes del primer cuarto de hora, ya nos queda claro de qué va la historia (lo demás hubiera sido reiterativo e inútil), es cosa de sentarse a disfrutar de balaceras, convincentes luchas cuerpo a cuerpo, y toda clase de enfrentamientos, que hacen que la hora y cuarenta que dura esta película, pasen volando.

Que es finalmente lo único que se le pide a estas películas y que, por simple que parezca, no funciona tan seguido como uno esperaría.

***

PEPPERMINT

Director: Pierre Morel

Intérpretes: Jennifer Garner; John Gallagher Jr; John Ortiz; Juan Pablo Raba; Annie Ilonzeh; Jeff Hephner

Acción

2018

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caminante lunar

El día 20 de julio de 1969, quedó en la historia como aquel momento en que el hombre llegó a la luna por primera vez, cuando la misión Apolo 11, encabezada por el comandante Neil Armstrong (Ryan Gosling), se posó sobre la superficie lunar, siendo el propio Armstrong el primero en poner un pie en el satélite natural.

Para llegar a ese instante, hubo un largo trecho que recorrer, durante casi toda una década. En plena guerra fría, y con la Unión Soviética anotándose los primeros hitos en la llamada “carrera especial”, la agencia espacial estadounidense NASA necesitaba concretar una hazaña mayor para golpear a sus pares soviéticos.

Ello, pese a la desconfianza del Congreso, por el volumen de recursos invertidos en la misión; de la comunidad, preocupada más de los conflictos sociales de la época, y de la inminente intervención en Vietnam; y de la propia esposa de Armstrong, Janet (Claire Foy), temerosa de que Neil se vuelva una pérdida más en un proceso que ya lleva varias…

Te llamas Damien Chazelle, tienes 33 años, eres cineasta y ya nadie te puede negar el prestigio e influencia que has logrado en pocos años. Tus dos películas anteriores (Whiplash-2014- y La La Land -2016-) han logrado importantes reconocimientos a nivel mundial, una te dio un Oscar como Mejor Director y por algunos minutos fue la Mejor Película del año. Y tienes a todo el mundo pendiente de tu próxima realización.

Y medio mundo queda con la boca abierta, cuando estrenas El Primer Hombre en La Luna, una cinta biográfica, lo más lejana posible (por temática, estética, orígenes, ritmo, en fin) a tu zona de confort. Pudiendo irte a la segura haciendo más o menos lo mismo, prefieres arriesgarte (con una historia que habla, precisamente, de tomar riesgos) y apostar por una salida alternativa.

Y te funciona, lo que hace aún más meritoria la jugada.

Tomando como base el proceso que llevó al hombre a pisar suelo lunar en 1969 (no vamos a discutir aquí si fue real o no, así que amantes del clickbait, del fake news y de las teorías conspirativas de programa de trasnoche, vayan a molestar a otro lado), Chazelle en realidad nos está contando dos relatos en paralelo: el desarrollo de la mayor hazaña espacial de la humanidad, y por otro lado, la historia de un hombre en busca de su lugar en el universo, de aquel lugar donde se siente realizado y completo.

Así como su país, su agencia, están obsesionados con concretar un golpe directo a sus rivales en el marco de la guerra fría, Armstrong, un buen tipo, buen esposo y padre de familia, respetado en su trabajo, aunque siente que nada de eso lo llena. Siente que eso que le falta no se encuentra en este mundo. A ello podríamos atribuir su desesperación por descubrir y llegar a otro. Quizás ahí encuentre lo que le falta.

Tomando como base la novela de James R. Hansen (cuyos derechos alguna vez tuvo Clint Eastwood y que, por muchas razones nunca llevó a cabo), se nota la dedicación de Chazelle no sólo por hacer un relato atractivo, centrado en la situación del protagonista enfrentado a sus propias expectativas y obsesiones (sublime interpretación de un inspirado Ryan Gosling), pero también enfrentado a su esposa (igualmente gran interpretación de Claire Foy, y logrando además gran fiato con su cónyuge en la ficción), preocupada de que esta obsesión vaya a costarle la cordura, la estabilidad familiar o la cordura

El relato se encuentra instalado en un escenario armado con lujo de detalles (aunque tiene el tino de no caer en sobreinformación que un doctor en física podría procesar), y con una cuidada producción, tanto en la reconstrucción de la época y del contexto histórico en que se desenvuelve, como en los aspectos técnicos, al reproducir con bastante exactitud las dependencias de la Nasa y los dispositivos en que las distintas misiones se llevaron a cabo.

Y aunque nunca he estado en la luna,  sólo por fotos, si es como la presenta Chazelle, pues debe ser un gran lugar para visitar.

Chazzelle sale de la que estaba siendo de su zona de confort para apostar por un relato que se anota entre lo mejor del año, precisamente sobre una apuesta arriesgada, y convirtiendo una epopeya nacional y universal, en la persecución de una hazaña individual, como es la realización personal. El viaje vale totalmente la pena.

 

***3/4

FIRST MAN

Director: Damien Chazzelle

Intérpretes: Ryan Gosling; Claire Foy; Kyle Chandler; Corey Stoll; Jason Clarke; Cirian Hinds

Drama biográfico

2018

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hoy te abrazo…¿mañana te mato?

Aunque algunos “líderes de opinión” insistan en hacernos creer lo contrario, la rivalidad entre chilenos y argentinos nunca ha ido más allá de la humorada, de la anécdota y del grito de barrabrava. A decir verdad, nuestra relación con nuestros vecinos del río de La Plata es bastante cordial, y con ellos nos llevamos harto mejor que con otros del sector.

Claro que cuando nos hemos peleado con ellos, ha sido en mala. La última vez que sucedió así fue durante las últimas semanas de 1978, por una disputa acerca de la soberanía sobre el Canal de Beagle, en el extremo sur del continente, que tuvo a ambas naciones a casi nada de irse a la guerra.

Sólo el anuncio emitido por el Vaticano, de que el Papa Juan Pablo II accedía a mediar entre ambos países por este tema, detuvo un conflicto armado que parecía inevitable.

De esta casi-guerra se conmemoran, por estos días, sus 40 años, y sirvió de base para Mi Mejor Enemigo, filme de 2005 dirigido por Alex Bowen, que constituye uno de nuestros escasos acercamientos al género bélico, por mucho que se trate de un enfrentamiento que, finalmente no fue, desde el punto de vista de un grupo de conscriptos, en plena zona en disputa.

Sé que parece extraño hablar de cine bélico a propósito de un conflicto armado que no alcanzó a materializarse en el campo de batalla, cuyos mayores hitos se dieron en el entorno diplomático. Tampoco dudo que esto último pueda servir de base a un relato interesante (no en vano, se trataba de evitar una guerra lo antes posible), pero los conflictos, por cortos que sean, se deciden en el campo.

Bowen enfoca su relato en un puñado de conscriptos, que a lo más deben pasar los 20 años de edad, asignados para el servicio militar en Punta Arenas, a pocos días del día en que, supuestamente, comenzarían las hostilidades. Este grupo, al mando del sargento Ferrer (Erto Pantoja) con enviados a campo abierto, a una misión de rutina, de reconocimiento. Sin embargo, unos cuantos eventos desafortunados alteran la operación, cuando se extravían en plena Patagonia.

Obligados a acampar mientras son encontrados, este grupo se encuentra con un pelotón argentino, pasando por una situación similar. Lentamente, empujados por la necesidad, ambos grupos, que eventualmente se enfrentarían en combate, deberán relacionarse y auxiliarse mutuamente.

Este enfoque acerca de la historia que está contando, y del contexto histórico en que tuvo lugar, visto desde la perspectiva del individuo que estuvo ahí, en el lugar y, digamos, momento, de la verdad, es el gran acierto del filme.

Porque desde el momento mismo de los hechos, hemos conocido cómo se zanjó la disputa en el plano diplomático, que concluyó finalmente en el tratado de paz y amistad suscrito entre ellos y nosotros en 1984, aunque casi nada de cómo era la situación en el momento mismo de los hechos, de cómo las zonas que pudieron haberse visto afectadas por el conflicto se prepararon para el enfrentamiento. Y casi nada de las historias de esos anónimos personajes que formaban parte de los contingentes trasladados al sur.

Hombres de todas las edades llamados a los cuarteles, con la idea de que están sirviendo al país, de que serán héroes. De que habrá calles, plazas, edificios con su nombre.

Lo que no puede estar más lejos de la realidad. Los homenajes son para los generales. Para los soldados rasos, alguna mención en algún reporte que quedará archivado y se pondrá amarillo por el tiempo y el olvido. Cuando mucho, alguna pensión de gracia. A lo más, alguna representación en algún monumento bajo el genérico “soldado desconocido”.

Pasa en las guerras que sí se verifican y no va a pasar con una que no llegó a serlo.

Mi Mejor Enemigo, entonces, tiene ese tema de fondo, el sinsentido de la guerra para el ciudadano de a pie. No sólo desde el punto de vista que ya he dicho, sino también de la relación entre bandos que, porque algunos peces gordos lo han declarado, tienen que ser enemigos. Aunque tengan muy claro que son personas más parecidas que diferentes, con semejantes necesidades y aspiraciones. Y eso es lo que termina uniendo a los dos pelotones “en conflicto”, más allá de la bandera y del color del uniforme.

Dos bandos que compartirán el suelo, la comida, la correspondencia, hasta un improvisado partido de fútbol en medio de la nada. Dos bandos que hoy se abrazan, pero que de un momento a otro podrían estarse matando a balazos.

Es cierto que con la actual ola chovinista que atravesamos, una película que se atreve a plantear la amistad y cordialidad entre bandos enemigos, muy probablemente sea escupida por aquellos “valientes que dicen las cosas por su nombre y sin pelos en la lengua” (que no son más que unos trogloditas echando garabatos con ventilador). Bueno, los que sí tenemos más de dos dedos de frente siempre tendremos obras como ésta para recordar que hay una esperanza, mínima que sea, de armar una sociedad mejor.

Mi Mejor Enemigo fue nominada al Premio Goya de ese año, como Mejor Película Extranjera. No lo ganó (competía con la argentina Iluminados Por El Fuego, justo ganador de esa versión) pero fue uno de los primeros atisbos de que el cine nacional empezaba a hacer ruido fuera de nuestras fronteras. Ruido del bueno.

***

MI MEJOR ENEMIGO

Director: Alex Bowen

Intérpretes: Nicolás Saavedra; Erto Pantoja; Felipe Braun; Fernanda Urrejola; Miguel Dedovich; Andrés Olea

Drama bélico

2005

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