apreciar mejor ciertas obras

Los lectores habituales de este blog saben que si bien soy fan de Pixar, saben también que soy lo bastante consciente para reconocer que no todo lo que hacen es oro. Buscando a Dory me pareció una secuela aceptable, pero innecesaria; a Valiente tuve que darle más de una vuelta antes de valorarla completamente; Un Gran Dinosaurio es la única película del estudio que no me ha movido un pelo.

Y entre medio, está Cars, la única de las franquicias y sagas de Pixar con la que más me costó enganchar. La primera, sin ser mala, un bajón en lo que el estudio venía dando durante los ’00 (Nemo, Increíbles, Ratatouille, Wall-E, Up). La segunda es la única película de Pixar por la que he proferido expresiones de odio, aunque con la tercera recuperan con creces el nivel. Mucho.

Pero voy a quedarme esta vez en la primera Cars, estrenada en 2006. He tenido ocasión de repetírmela últimamente, y si bien me sigue pareciendo una obra un tanto menor respecto al grueso de la producción pixariana, el tiempo la ha hecho madurar, y me ha llevado a darle otra valoración.

No es sólo una película de autos simpáticos con ojos fáciles de vender como juguetes. En realidad, y analizada la trilogía globalmente, he terminado por apreciarla como mucho más que eso.

Nuestra historia comienza en la final de la Copa Piston de Automovilismo, y en un resultado inédito, tres corredores han llegado a la meta: El Rey, un querido y legendario ídolo de las pistas, multicampeón y buscando despedirse con una copa más en su exhibidor; Chick Hicks, su clásico rival, un corredor prepotente y ambicioso; y Rayo McQueen, la revelación del último torneo, un joven competidor cuya sed de triunfos es inversamente proporcional a su capacidad de relacionarse con otros. Tanto, que aparte de su mánager y Mack, su leal transportista, nadie más lo soporta.

Anunciada una carrera de desempate entre los tres, McQueen presiona a Mack para llegar a la sede del encuentro lo antes posible, lo que tras un incidente carretero termina por dejar a McQueen varado en Radiator Springs, un olvidado pueblo en medio del camino, cuando termina destruyendo el pavimento de la avenida principal y es condenado a repararlo.

Forzado a pasar varios días en el pequeño poblado, alguna vez una importante parada de descanso, y mientras conoce de cerca a los distintos habitantes del lugar, McQueen empieza a conocer mejor a quienes le rodean, y un poco mejor a sí mismo, aprendiendo que la vida va más allá de las pistas de carrera y de obtener campeonatos.

Aquí es donde uno se da cuenta que Cars es una película de Pixar, ya que alude a algunos de sus temas más recurrentes: evolución, aprendizaje y madurez. Pensemos exclusivamente en nuestro protagonista, Rayo McQueen, al principio de la historia un individuo que no ve más allá de sus intereses personales.

Rayo es muy bueno en lo que hace, uno de los mejores, y nadie lo puede negar. Ese éxito, merecido e indiscutible, sólo que a una edad muy temprana, lo convierte en un individuo inaguantable, cosa que pareciera darle lo mismo mientras persiga su objetivo.

Todo eso parece cambiar cuando termina en Radiator Springs. Aunque a regañadientes acepta su condición de detenido, su visión respecto de la vida cambia radicalmente cuando, por una vez en la vida, tiene la oportunidad de conocer a quienes le rodean, sus emociones, sus afectos, lo que les alegra, lo que les duele. Y va descubriendo esas emociones en sí mismo. Y si bien eso no lo aleja de su objetivo principal, ser el mejor corredor de su generación, va descubriendo una nueva perspectiva desde la cual ver e interpretar las cosas.

Y a descubrir lo que de verdad importa, como se aprecia en la carrera final.

Y viceversa: aunque al principio, McQueen es para los habitantes de Radiator Springs un alborotador que hay que tener alejado lo antes posible. Sin embargo, a la par de la evolución del forastero, los locales van viendo su presencia ya no como una invasión, sino como una nueva oportunidad, sobre todo en el caso de Hudson Hornet, el anciano juez del poblado, con más de un secreto, y un dolor, a cuestas.

Cierto es que no es un filme tan grande como el resto de la producción Pixar de esta década (que comenzó con Monsters Inc., y terminó con la soberbia Up), y es cierto que muchos de sus bonos, a título personal, los baja el personaje de Mate, el recurso cómico de la historia, que funciona en un principio, pero a medida que avanza, termina por resultar irritante.

Quizás sea un filme mediano dentro de la filmografía pixariana, pero aún así es una muy buena película sobre como aprender a ser mejor con el entorno, con las demás personas y, a la postre, con uno mismo.

Pequeña gran película, que necesitaba tiempo para madurar, procesarse y disfrutarse mejor.

***1/2

CARS

Director: John Lassetter

Animación

2006

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

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