la miseria de quien no tiene nada y del que tiene todo

Ki-Taek (Song Kang-Ho), junto a su familia han tocado fondo. Viviendo en un estrecho sótano al final de una calle sin salida de Seúl, sobreviven a duras penas a base de trabajos ocasionales, mal pagados, y ocasionales estafillas, sin posibilidades de surgir.

Todo parece cambiar cuando Min (Park Seo-Joon), un antiguo compañero del hijo mayor, Ki-Woo (Choi Woo-Shik), que ha tenido algo más de éxito en la vida, deja su puesto como profesor de inglés de la hija de una familia de millonarios, los Park (Lee Sun-Kyun y Cho Yeo-Jeong), ofreciendo como reemplazante a Ki-Woo, quien, con algunos documentos adulterados, y gracias a su personalidad y verborrea, consigue el trabajo.

De a poco, y a base de artimañas muy acuciosamente elaboradas, toda la familia de Ki-Taek consigue trabajo con los Park, mejorando bastante su calidad de vida. Sin embargo, la farsa no demorará mucho en salírsele de las manos, con desastrosas consecuencias…

A estas alturas, sólo aquellos que sólo conciben el cine oriental como una industria dominada por las artes marciales, el terror, las peleas con monstruos gigantes y el cine policial ultraviolento, pueden decir que les sorprende que Parasite, la última realización del surcoreano Bong Joon-Ho, se haya adjudicado la Palma de Oro en el último Festival de Cannes.

Lo cierto es que el cine producido desde Oriente (Japón, China, Corea del Sur) tiene desde hace muchos años, más de los que se podría creer, una personalidad, identidad y motivaciones propias, que ha permitido desarrollar una industria propia, alejada de los cánones de la industria occidental, y que le ha valido un gran reconocimiento a lo largo del último par de décadas. Bong Joon-Ho es, dentro de esta camada, uno de los miembros más destacados, así que verlo este año hacer noticia en Cannes, nuevamente (ya lo hizo en 2017, cuando presentó Okja, película coproducida con la plataforma Netflix) no deberíamos sorprendernos tanto.

Y aunque a lo largo de su carrera, Bong se ha paseado por varios géneros (el thriller en Memories of Murder o Mother, el terror en The Host, lo fantástico en Okja o Snowpiercer) una característica de su cine es el humor negro, y Parasite de ello tiene en abundancia, siendo ésta la forma a través de la cual aborda uno de los grandes temas sociales de la actualidad: la desigualdad.

Tomemos a las dos familias protagonistas. Por un lado, la familia de Ki-Taek, un grupo de gente que más bajo ya no puede caer, para quienes las esperanzas de surgir desaparecieron hace rato, eso no corre cuando lo urgente y lo importante es no morirse de hambre. Esta familia ya no se traga el cuento de surgir a base de esfuerzo y dedicación constante, esos son cuentos de hadas. Por eso, cuando aparece la oportunidad de tener un pasar un poco menos apretado (porque el descubrir a la familia Park no es ni de cerca la solución de sus problemas, a lo más un calmante), no dudan en sacarle el máximo provecho posible.

Por otro lado, la familia Park. Todo lo contrario a los anteriores: una familia de muy buena situación patrimonial, un grupo familiar que ni de cerca conoce la necesidad o la urgencia. No vamos a cuestionar la procedencia de su fortuna, no es el tema aquí, ni tampoco vamos a negar que es gente bien intencionada, pero estas buenas intenciones obedecen más al paternalismo, a la necesidad de quedar bien dentro de su comunidad y de proyectar una buena imagen, que no alcanza a cubrir lo desconectados que están del resto del mundo. Esto los hace un grupo familiar realmente ingenuo, víctimas perfectas para unos pillos como Ki-Taek y los suyos.

La película tiene el buen gusto de no satanizar a ninguno de los dos lados de la historia. Por mucho que los Ki sean unos frescos (y que la jugada a la larga se les salga de control), y por mucho que los Park sean incapaces de salir de la burbuja. Por el contrario, intenta trazar líneas entre las cosas que ambos grupos familiares tienen en común, de manera de que la resolución de la historia pegue aún más fuerte de lo que cabe esperar.

El retrato que Joon-Ho plantea de su sociedad (aplicable a cualquier otra a nivel mundial en que el modelo neoliberal haga de las suyas) no pretende ser una denuncia –para eso está Michael Moore-, ni una tragedia donde todos lloran, sino un retrato de a lo que lleva la miseria humana desde el punto de vista tanto del que no tiene nada, como desde aquel de quien lo tiene todo.

Retrato bastante realista de la sociedad de hoy, que por divertida y graciosa que resulte a primera vista, no deja de ser incómoda cuando se le analiza más en profundidad, que más de alguien lo va a poner, con motivos de sobra, dentro de su lista de lo mejor del año.

***1/2

PARASITE/ GISAENGCHUNG

Director: Boon Joon-Ho

Intérpretes: Song Kang-Ho; Choi Woo-Shik; Lee Sun Gyun; Cho Yeo-Jeong; Park So-Dam; Jang Hye-Jin; Park Seo-Joon

Drama/Suspenso/Humor Negro

2019

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

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