Scorsese vs Marvel: buscando un punto medio

Ha estado en boca de todos últimamente don Martin Scorsese. Indirectamente, por Joker (los comentarios que hablan de la influencia del Scorsese más clásico –sobre todo Taxi Driver y El Rey de la Comedia) en el filme de Todd Philips se multiplican). Directamente, por The Irishman, la película que, junto a Al Pacino, Robert De Niro, Joe Pesci y Harvey Keitel –puro oro- estrena el próximo mes en Netflix. Pero por sobre todo, por ciertas declaraciones suyas que se difundieron estos días a la revista Empire, cuando se le preguntó por el cine actual, específicamente por las películas de Marvel.

“No las veo. Lo intenté, ¿sabes? Pero eso no es cineHonestamente, lo más cercano que puedo pensar en ellas, tan bien hechas como están, con los actores haciendo lo mejor que pueden bajo las circunstancias, son los parques temáticos”

¿Que decir de lo que dijo Scorsese, que causó tanto ruido?

En primera, yo no sería tan tajante. Marvel es cine, claro que con otra motivación, más comercial que autoral. Lo que no tiene nada de malo, si se hace bien. No olvidemos que Hollywood es una fábrica de salchichas que de vez en cuando produce obras de arte. Y si bien en 22 películas estrenadas en once años –hablando sólo del concepto MCU- si bien no es posible esperar que todas sean igual de buenas, igual hay unas cuantas que están por sobre la media de lo que el contexto del blockbuster puede dar.

Pero entiendo el punto al que el tío Marty quiere llegar.

Pese a que cuando hay que hacerlo defiendo el cine comercial, no seré yo el que niegue que estamos en una dictadura de la franquicia. Ver en una sala una película que no sea una secuela de algo es una tarea titánica. Yo mismo he tenido que dejar pasar varias películas no blockbuster por no encontrar una función a una hora decente o al alcance –Rocketman, sin ir más lejos- y que de no ser por otros canales (tiendas especializadas, streaming, on demand, salas independientes, sólo por hablar de los legales) las posibilidades de ver un poco de cine más autoral se han vuelto casi utópicas.

Así que entiendo la molestia de don Martin. No es casualidad que esté próximo a estrenar The Irishman a través de Netflix, luego de entender las ventajas de este sistema frente a las de la actual distribución en salas: una vez que se supo que la película excedería las tres horas de duración (algo usual en la filmografía de Scorsese, varias de sus mejores obras –Buenos Muchachos, Casino, Silencio- rondan o incluso exceden los 180 minutos), yo me puse a pensar cuántas complicaciones le pondrían las distribuidoras para proyectar una película con estas características.

The Irishman de todos modos va a tener su paso por salas, pero tal como pasó con Roma o The Ballad Of Buster Scruggs, de los Cohen, será lo estrictamente necesario para cumplir con los requisitos de la próxima temporada de premios. Si llegase a estrenarse en salas chilenas, habrá que tener ojo. Mucho ojo.

Esta suerte de dictadura de la franquicia a la larga terminará por hacer daño al cine. Sí, Hollywood es una industria, que gasta diez millones para que entren cien. Pero si seguimos permitiendo que sólo llegue este tipo de producciones a las salas, terminaremos mal: por un lado, le quitaremos espacio a otras expresiones fílmicas tan válidas como cualquier superproducción. Y por otro, cuando prácticamente todas las semanas, o al menos cada quince días se estrena un filme de estas características, el espectador se terminará alejando. Habrá mucho que ver, si, pero no todo el mundo tiene el tiempo ni los recursos para hacerlo.

Repito, nada contra Marvel, ni del cine blockbuster en general…pero, en serio, paremos la mano. Compartir el espacio no le hace daño a nadie. Por el contrario, nos favorece a todos (realizadores, intérpretes, espectadores e industria). Y si no, bueno, no nos espera un futuro muy alentador.

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