PETER FONDA 1940-2019

Qué manera tiene el destino de hacer las cosas…en la misma semana en que se cumple medio siglo desde el icónico festival de Woodstock, Peter Fonda, actor estadounidense muy vinculado al movimiento hippie y la contracultura norteamericana gracias al legendario filme Easy Rider –Busco Mi Destino- ha fallecido esta mañana, víctima de complicaciones en el tratamiento de cáncer al pulmón, según anunció un portavoz.

Miembro de una dinastía de grandes actores –hijo de Henry, hermano de Jane y padre de Bridget- Fonda tuvo desde 1962 una extensa carrera en teatro, televisión y cine, destacando sus premiadas actuaciones en filmes relativamente recientes como El Oro de Ulises (1997) o La Tempestad (1998), y mantuvo una nutrida agenda incluso como doblajista hasta algunas pocas semanas atrás.

Sin embargo, ninguno de sus roles tuvo la relevancia e influencia de Wyatt, aquel viajero que junto a su compañero Billy (Dennis Hopper) recorrió un país entero en motocicleta, empujado más que por cualquier otro motivo, por saciar un incontenible deseo de libertad. Eso hizo que Busco Mi Destino, en 1969, se convirtiera en la película emblema de la generación de las flores.

QEPD

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infierno terrenal

Ayer se cumplieron 40 años desde el estreno original de una obra mayor, Apocalipsis Ahora.

Y como decía hace unos días atrás, vean la reseña de 2001, publicada hace poco, que existe una categoría de películas que me sobrepasan. No porque no me gusten o las encuentre malas, sino que porque son demasiado buenas, a nivel extraordinario. Tanto, que no sé por dónde, por cuál de sus atributos partir el análisis.

Sólo sé que la epopeya dirigida por Francis Ford Coppola, basada libremente en la novela El Corazón De Las Tinieblas, de Joseph Conrad, está con justicia dentro de las mejores películas de la historia.

Corre el año 1969, y la guerra de Vietnam está en pleno apogeo. Mientras se recupera de una herida de guerra, que lo ha dañado más allá de lo meramente físico, el capitán Benjamin Willard (un soberbio Martin Sheen) es convocado por sus superiores para una delicada misión.

Se ha tenido noticias que un ex boina verde estadounidense, el Coronel Kurtz (Marlon Brando) ha perdido la razón, y ha levantado una suerte de secta de adoradores de su persona, compuesta por granjeros y lugareños del interior de Camboya, país neutral respecto de esta guerra. Sin embargo, las heridas físicas y mentales que ya acumula Willard, el entorno en que el conflicto se desarrolla, y todo lo que ya ha visto, y verá a lo largo del viaje, comprometerán gravemente la ya frágil sanidad del militar.

El rodaje de esta película, llevado a cabo principalmente en Filipinas, no tuvo mucho que envidiar al mismo conflicto que retrataba, por las complicaciones que su director debió enfrentar, desde la formación del casting (Martin Sheen, actor poco conocido en esa época, fue el elegido para interpretar a Willard luego de que otros mucho más populares se descartaran a sí mismos, o fueran descartados por Coppola) hasta las complicaciones propias de un rodaje que, en tiempos en que recién surgían los efectos especiales, debía hacerse materialmente, en el lugar de los hechos y en las condiciones físicas propias de dichos lugares, sobrepasando el presupuesto y poniendo a prueba la resistencia de los intérpretes y realizadores (de lo complicado que fue trabajar con Marlon Brando en estas condiciones, hablemos otro día, mejor).

Se cuenta que el consumo de drogas entre actores y técnicos se hizo habitual durante el rodaje, como una forma de resistir las extenuantes jornadas laborales.

Todo esto, a la larga, contribuyó a hacer realidad ese lugar común que reza “qué infierno es la guerra”. Todo lo relatado en esta cinta, fotografiada con soberbia por Vittorio Stortaro –ganador de uno de los dos Oscar que se llevó esta cinta, junto con mejor sonido, aunque corrió mejor suerte en los Golden Globes, Bafta y adjudicándose la Palma de Oro en Cannes, donde fue estrenada- debe constituir, como nada ni nadie más, y con todos los elementos surrealistas que Coppola introduce,  el mejor retrato que el cine ha hecho de la guerra de Vietnam.

Partiendo de la base que Vietnam fue un conflicto en que EEUU intervino, sin que nadie lo pidiera, sólo para tratar de golpear a la U.R.S.S., y que a la larga se convirtió en la gran herida al corazón de la nación del norte, agravada por las muertes inútiles que trajo consigo, no sólo de personas, sino también de las utopías y esperanzas de una sociedad mejor que habían surgido durante la década precedente.

La pesadilla de una nación, expuesta a través de la pesadilla de un individuo en particular. La misión encomendada a Willard es un verdadero viaje por el infierno, que el uniformado debe asumir aún sin estar seguro de la utilidad de la misión, ni de sus propias capacidades. Willard caminará sobre una cuerda floja, la más mínima distracción y su caída a la muerte, a la desesperación, a la locura total, será irreversible. Y la meta a la que ha de llegar (hacerse cargo de un personaje que hace rato ya cayó, y que en su colapso ha arrastrado a una comunidad completa) tampoco es la más estimulante de las opciones, por cuanto no aleja a nuestro antihéroe de lo que el destino depara para él. Más bien lo acerca y acelera.

Película magistral por donde se le mire, fue objeto de una reedición en el año 2001 (Apocalypse Now Redux), que agregó más de tres cuartos de hora de material inédito, que como pocas veces, terminó siendo favorable a la historia, haciéndola más grande aún. Y este año, se estrenó a nivel de festivales y en algunas salas, una versión restaurada del filme, la que debiese estarse lanzando en formato 4K por estos días.

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APOCALYPSE NOW

Director: Francis Ford Coppola

Intérpretes: Martin Sheen; Marlon Brando; Dennis Hopper; Robert Duvall; Laurece Fishbourne; Harrison Ford; Frederic Forrest; Albert Hall; Scott Glenn

Drama bélico

1979

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Hitchcocksas que se me ocurren

Ahora me cuadran muchas cosas.

Hoy Sir Alfred Hitchcock (1899-1980) habría cumplido 120 años.

No voy a ponerme esta vez a hablar de su gigantesco legado (junto con John Ford y Billy Wilder forman la que, según una doctrina mayoritaria, es la tríada fundamental del cine estadounidense, los responsables que de una vez por todas se valorizara al director por sobre al productor), porque de eso se ha hablado y se seguirá hablando ad eternum.

Sólo que me puse a sacar cuentas y concluí que, entonces, en 1999, Sir Alfred debió cumplir cien años de edad.

Ahí entendí todo. Ahí me quedó claro porque 1999 fue el último gran año del cine, como hemos reiterado hasta el cansancio: el año en que Alfred Hitchcock hubiera cumplido un siglo, fue el último año en que el cine tuvo un rendimiento cualitativo cercano a la perfección.

No podía ser de otra manera: estábamos ante un año bendito.

Al final todo cuadra.

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antes de salvar el planeta, primero salven la película

Cuando era niña, Molly (Tessa Thompson) accidentalmente vio en acción a una pareja de agentes de la organización MIB, y hoy, 20 años después, y tras años de investigación, ha llamado la atención de O (Emma Thompson), líder de la organización, quien le ofrece una oportunidad de probar sus habilidades, enviándola a la oficina londinense de la agencia.

Recibida por el jefe de la delegación, High T (Liam Neeson), es asignada para escoltar a H (Chris Hemsworth), el agente estrella de la oficina, un agente eficaz, pero dormido en los laureles. Ambos deben evitar que mercenarios al servicio del reino del mal llamado La Colmena accedan a una peligrosísima arma. Sin embargo, la posible existencia de un doble agente dentro de la oficina puede complicar la operación…

Que año más triste para el blockbuster. Obviando a Disney y Marvel, y alguna que otra sorpresilla por ahí (Alita, que después de repasarla me gustó aún más que la primera vez, John Wick 3, la única cinta capaz de derribar de la taquilla a Endgame,  Shazam!, cuya mayor virtud estuvo en contarse como comedia, o Cómo Entrenar a Tu Dragón 3 fue el digno cierre de una trilogía que terminó de contarse en el momento justo), en honor  a la verdad la mayoría de estrenos de esta índole han sido, de uno u otro modo, decepcionantes. En taquilla, en calidad, o ambas.

Men In Black: Internacional , cuarta parte de la saga iniciada en 1997, pero en cierta forma un reinicio de la misma, en cuanto pretende reemplazar al casting original (Chris Hemsworth y Tessa Thompson en lugar de Will Smith y Tommy Lee Jones) no es la excepción a la regla. Su paso por salas fue corto e irrelevante, y cuando uno ve la película, entiende por qué.

Y es que estamos ante una película que deja un sabor agridulce, aunque más de agrio que de dulce. Es una historia que parte bien, tiene una premisa interesante (siempre nos preguntamos ¿por qué los extraterrestres sólo invaden EEUU?¿No hay más países que les interesen?), y su primer tercio cumple los requisitos mínimos para dejar enganchado al público. El problema es que el empujón le llega hasta ahí no más, y poco después de la primera media hora, algo pasa. Se pega un bajón en su ritmo que le afecta gravemente y que, pase lo que pase desde ahí hasta el final, no se recupera más.

Para una película que se construye precisamente como una historia donde el factor “contra el tiempo” es el motor del relato, la pérdida de ritmo y los tiempos muertos en que cae, resultan definitivos a la hora de perjudicar, en mala, a la película y su director F. Gary Gray, un director cumplidor, no necesariamente sobresaliente, es incapaz de resolver estos problemas, y las cosas buenas que van sucediéndose, no alcanzan para desequilibrar favorablemente al filme.

Eso gatilla además un nocivo efecto dómino: tener a una pareja protagónica que ha derrochado química en otras películas (Hemsworth y Thompson venían de Thor Ragnarok, y su feedback era notable), aquí pareciera que están obligados a compartir escena. La conclusión es predecible, pero está contada de manera tan floja que no cuaja por ninguna parte. Los personajes secundarios resultan planos e irrelevantes. Elementos que no te mueven un pelo, y “fan service” que no produce emoción alguna. Algo no se hizo bien aquí, teniendo una buena base para ello.

Todo lo que hizo grande a MIB, aquí no está. O si está, no se sabe aprovechar.

Las comparaciones son odiosas pero si ponemos este filme frente a MIB.3, de 2012, la última con la dupla Smith-Jones, filme que concedo tuvo sus imperfecciones, pero que al menos su director Barry Sonnenfeld (mismo realizador de las dos primeras películas de la serie) supo resolver su argumento de manera convincente, atractiva y equilibrada. Esta cuarta parte falla en todo eso, y si bien tiene las condiciones mínimas como para tenerlo a uno esperando ver como termina, pese a lo adivinable del final, la experiencia resulta poco estimulante, dando como resultado otra franquicia que tiene harto más que ofrecer, y de la que se pudo haber hecho algo mucho mejor.

**1/2

MEN IN BLACK: INTERNATIONAL

Director: F. Gary Gray

Intérpretes: Chris Hemsworth; Tessa Thompson; Emma Thompson; Liam Neeson; Rebecca Ferguson; Rafe Spall; Kumanil Nanjiani

Ciencia Ficción

2019

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Ahora, te voy a contar mi secreto…

…Veo gente muerta.

Al menos hasta el 31 de diciembre de este año no… nos vamos a cansar de celebrar y recordar ese glorioso 1999 cinematográfico. El último año en que cine netamente comercial y el de autor podían coexistir pacíficamente en salas, e incluso confundirse. Un año en que se estrenaron…sí, se estrenaron en salas (aunque fuera por unos pocos días) una cantidad interesante de películas (las que llegaban directo al video, o al entonces en pañales formato dvd, eran, al revés de ahora, la excepción) todas dignas de calificación por sobre las tres estrellas. Una de ellas, se estrenó un 6 de agosto de 1999, convirtiendo este día en una fecha clave.

Esa película es Sexto Sentido.

Estamos hablando de un hito no menor. El primero de ellos fue marcar el debut como director de Manoj Night Shyamalan, después de varios años como guionista de cine y televisión. Es cierto que, dentro de la siguiente década, su nombre estaría ligado a una serie de trabajos decepcionantes, pero para el momento de presentar su ópera prima, su aparición significó aire fresco para la industria cinematográfica.

El trabajo de Shyamalan sirvió además como aire fresco para el cine fantástico y de terror. Para el momento en que Sexto Sentido vio la luz por primera vez, esta especialidad estaba dominada por el revival del slasher, gracias a películas como Scream, Sé Lo Que Hicieron el Verano Pasado o Leyenda Urbana (más el fallido revival de Halloween, H20). Es decir, un terror basado en el impacto visual. Y esa era la punta del iceberg, más abajo seguía vigente ese cine de terror –que nunca se ha ido, en realidad- que desafía el aguante con tanta sangre, tripa y órgano corriendo por la pantalla. Sexto Sentido, desde ese punto de vista, es una alternativa oportuna, necesaria y que modificó las reglas del juego.

Pero vamos de a poco.

Nuestra historia comienza cuando, luego de volver de una ceremonia de premiación, y de una tensa conversación con su esposa Anna (Olivia Williams), el psicólogo infantil Malcom Crowe (Bruce Willis) recibe la visita de Vincent (Donnie Wahlberg), antiguo paciente suyo, víctima de alucinaciones, en virtud de lo cual, se suicida, tras disparar en el abdomen al especialista.

Algunos meses más tarde, empujado por la culpa, y con serias dudas sobre su propia capacidad profesional, Malcom toma como paciente a un niño llamado Cole Sear (Haley Joel Osment), también víctima de alucinaciones, que hacen de este pequeño, hijo de una madre soltera, Lynn (Toni Colette), en un chico solitario, sin amigos –más bien huye del acoso constante de sus compañeros- y que lo tiene en una situación desesperada. Según él, ve personas muertas.

Decía poco antes que Sexto Sentido constituía una opción necesaria dentro del cine fantástico y del terror. Es cierto, este es un género respetable, y muy exigente consigo mismo, si pensamos que busca precisamente remecer al espectador desde el campo de sus temores más profundos. Cuando el terror es entendido así por los realizadores, las posibilidades de tener una obra maestra crecen exponencialmente, y así ha pasado los últimos años, con cosas como El Conjuro, The Babadook, The Witch, Hereditary…eso que últimamente pasa con una o dos películas al año, no era el caso cuando Shyamalan estrenó su ópera prima, en una época en que el género primaba el impacto, el shock, la náusea instantánea.

Shyamalan apela a otros factores para estremecer. Cierto, hay algunas imágenes en particular que golpean con la sola vista (se trata de un niño que ve gente muerta, y no toda la gente se muere plácidamente durmiendo en su cama), pero son momentos puntuales, porque lo que pone los nervios de punta al espectador, no es lo que estamos viendo, sino la atmósfera que rodea a nuestros personajes, lo que están viviendo y vivimos a través de ellos.

Lo que viven ambos personajes: por el lado de Cole, por supuesto, el eje principal de la cinta. Esta aptitud extrasensorial, que le permite no sólo ver a los muertos, sino además escucharlos y hasta interactuar con ellos, que lo atormenta. Sumado a su permanente soledad, y al acoso constante de sus condiscípulos, Cole es un personaje que, a temprana edad, está totalmente dañado, y sus posibilidades de salvarse se vuelven cada vez más escasas.

Esta es la oportunidad que aparece para Malcom (aunque Willis llevaba una década interpretando al icónico John McClane, esta es la actuación por la que será recordado..bueno, ésta y Unbreakable, junto al mismo Shyamalan) redimirse de todas las culpas que carga consigo, de lo que sólo se da cuenta tras  el atentado sufrido a manos de su antiguo paciente, que además gatilla sus dudas tanto profesionales como personales, al sentir que su matrimonio venía haciendo aguas y que, tras los hechos ocurridos al inicio del filme, éste se está yendo irremediablemente al precipicio. Su salvación, en más de un sentido, pasará por conocer a este atormentado niño y ayudarle a vivir con sus muertos.

La genialidad de Shyamalan queda de manifiesto al combinar la situación de estos personajes y la retroalimentación entre ambos, y la forma en que esta relación se va desenvolviendo, nos va poniendo los pelos de punta, sin recurrir al shock instantáneo más allá de lo necesario y práctico para el rendimiento de la historia, prepararnos para la conclusión…y demostrándonos que esa preparación no nos servía para nada, porque el cierre de esta historia no era el que hubiéramos esperado.

Y por eso aplaudimos a Shyamalan. Y lo garabateamos. Y le agradecimos. Y nos dolió la cantidad de años perdidos, dedicados a una filmografía olvidable luego de Señales (2002) y antes de The Visit (2015). Y por eso celebramos su resurgimiento con Glass hace un par de años.

Veinte años de Sexto Sentido. Veinte años que aún no podemos recuperarnos de esa historia, y de ese final, y del golpe que esta película fue para el cine de Hollywood. Pero..realmente…¿alguien querría recuperarse?

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THE SIXTH SENSE

Director: Manoj Night Shyamalan

Intérpretes: Bruce Willis; Haley Joel Osment; Toni Colette; Olivia Williams; Donnie Whalberg; Mischa Barton

Terror/Fantasía

1999

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monstruosa decepción

Aunque hace más de treinta años, la agencia científica y de criptozoología Monarch encabeza la investigación acerca de las criaturas que alguna vez poblaron la Tierra, a quienes llaman Titanes, la aparición de la criatura conocida como Godzilla hace cinco años, ha puesto en tela de juicio, ante las autoridades del mundo, las operaciones de esta organización.

Al mismo tiempo, una facción de Monarch, encabezada por la doctora Emma Russell (Vera Farmiga), junto a su hija Madison (Millie Bobby Brown) estudia el nacimiento de una criatura de este tipo, llamada Mothra, a quien consigue controlar gracias a un dispositivo sonoro llamado Orca. Sin embargo, un grupo ecoterrorista sabotea el experimento, capturando a la bestia, y llevándose como rehenes a la doctora y a su hija.

Desesperados por recuperar al dispositivo, a la bestia y a las rehenes, Serizawa (Ken Watanabe), recurre al investigador Mark Russell (Kyle Chandler), ex esposo de Emma, y junto a quien desarrolló Orca, para dar con el paradero de los desaparecidos. Russell, quien luego de la muerte de su hijo Andrew durante el ataque de Godzilla en 2014, se convirtió en un personaje resentido y solitario, accede a participar sólo con el fin de recuperar a Madison…

Tenía que salir de la duda con Godzilla: King of the Monsters. Sabía que después de Kong: Skull Island hace dos años no había que tener expectativas muy altas y…menos mal que así fue, ya que entre las dos películas hicieron añicos la posibilidad de tener un universo de monstruos post-nucleares digno de respeto.

Y es que tras los buenos resultados y muy buena acogida crítica de Godzilla (2014, dirigida por Gareth Edwards),la Warner Bros, que se había hecho de la licencia, y en la necesidad de crear un universo cinematográfico con que competir con Marvel/Disney (a 2014, apenas tenían claro que venía Batman Vs Superman y aún no sabían qué hacer con DC Comics), entusiasmó al estudio con recrear este mundo de criaturas de gran tamaño concebido hace medio siglo por la compañía japonesa ToHo, y puso en marcha una seguidilla de filmes.

Paradojalmente, la siguiente película, y suerte de precuela, inspirada en King Kong fue una decepción, tanto en lo cualitativo como en taquilla, y se jugaban mucho en esta continuación. A la luz de los resultados, mejor dejemos hasta aquí no más.

Ciertamente, no es una buena película. Hay y habrán mucho peores, es cierto, pero no sería apropiado hablar de una película mala. Es más bien un filme fallido, lleno de detalles que no tienen la menor importancia, que no aportan nada, innecesarios y en algunos casos bien estúpidos y hacen que uno termine por perder el interés de lo que está pasando en pantalla.

Una película en la que sobran demasiadas cosas. Es que hay películas que uno deja de prestar atención en algún minuto, cansado de lo que está viendo. Aquí por largos pasajes no alcanza a pasar eso, simplemente uno se deja de interesar.

Para ser una película de monstruos radioactivos, hay demasiada gente, haciendo demasiadas cosas que no hacen falta, y que su presencia en la cinta no se justifica.

Ese problema se hace extensivo a los monstruos que salen en escena ¿Es verdad que quisieron darle en el gusto a los que reclamaban que en la película de 2014 salían pocos monstruos y por poco rato? Hasta por ahí no más, la verdad. Cierto, hay más bestias, pero muchas de ellas a nivel de cameo, o cuyo aporte es paupérrimo. Mothra, de hecho, una de las bestias fundamentales en el universo de monstruos de la ToHo, cumple aquí un rol que raya en lo ridículo.

Vale, es una película de monstruos y que se trata de verlos agarrarse entre ellos, el argumento debería dar lo mismo. Conforme, pero ¿qué cuesta esforzarse un poco más? Este universo ha funcionado lo más bien por más de medio siglo en su fuente original, partiendo de la misma base. Porque, lo hemos dicho antes, una historia sencilla no tiene por qué convertirse en una historia tonta.

Ese mismo descriterio mató Transformers, saga a la que le bastó con un poquito de cariño y una porción básica de materia gris para enmendar levemente el camino (con Bumblebee, a fines del año pasado).

A la larga, nos queda la sensación que presenciamos otro tropezón de Warner Bros. No sólo aniquila un universo de personajes que le pudo haber dado satisfacciones (¿otro más?), sino se pasa por allá abajo el legado de medio siglo de un ícono cultural.

**

GODZILLA: KING OF THE MONSTERS

Director: Michael Dougherty*

Intérpretes: Kyle Chandler; Vera Farmiga; Millie Bobby Brown; Ken Watanabe; Ziyi Zhang; Sally Hawkins; Charles Dance; Bradley Whitford

Ciencia Ficción

2019

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*Me están…el mismo responsable de se filme de culto llamado Trick’r Treat, perpetró este crimen?? Ya no se puede confiar en nadie.

reflexiones sobre cómo abordar una obra superior

Hay que ser humilde y reconocer cuando uno ha sido sobrepasado.

Vi 2001: Odisea del Espacio por primera vez en 1988, la primera vez que la pasaron por televisión abierta. Tenía doce años, y rallaba con la sci-fi como sólo a esa edad, y en un país lejano y desconectado de todo como el nuestro, se podía.

Para entonces ya venía de Star Wars, de El Planeta de los Simios, de Encuentros Cercanos, hasta del Superman de Richard Donner y alguno que otro capítulillo aislado de Star Trek, Galactica, Buck Rogers o de alguna otra película o serie del tema, así que caí inevitablemente. Pero no estaba preparado para lo que pude ver.

En lo visual estaba impresionado, pero la historia misma me dejó realmente confundido.

Una película, que se supone era sobre mi género favorito de entonces, me estaba sobrepasando.

Y ahí dejé 2001. No volví a ella por más de 30 años.

Hasta ahora, luego de que 2001 cumpliera medio siglo desde su estreno hace un año atrás, coincidiendo con los 50 años desde que el hombre llegó a la luna y la frecuente alusión a aquella teoría conspirativa que dice que fue Stanley Kubrick quien filmó dicha “hazaña” a pedido de la Nasa (hipótesis que obedece a argumentos bien cumas, a decir verdad)…en fin, demasiadas señales que me llamaban claramente a volver a esta obra estrenada en 1968, a partir de una novela de Arthur C. Clarke. Así, no pude seguir chuteando su revisión. En una de esas, treinta y un años después, y con muchas más horas de cinefilia en el cuerpo, a lo mejor podía procesarla de otra manera.

Y casi fue así.

Porque no tengo claro si la película me volvió a sobrepasar o me dejó muchas dudas aparte de las que ya tenía, o que simplemente no sé abordar.

Resumiendo lo más posible el argumento de la película, todo comienza en los primeros años de la existencia humana. En el centro de una comunidad de seres primitivos, aparece en forma inexplicable, un monolito alto y rectangular. Luego de su aparición, despierta la capacidad creativa de estos individuos, elevando su potencial para convertir cualquier artefacto que encuentren como utensilio para facilitar su vida diaria.

La historia salta hasta el año 1999, cuando el doctor Heywood Floyd (William Sylvester) ha sido convocado a una estación espacial internacional, con base en la luna, para liderar la investigación de un cráter recientemente descubierto, y del monolito, de origen desconocido, que se encuentra en su interior.

Dos años después, en 2001, una nueva misión se dirige, esta vez, a Júpiter. Se trata de cinco astronautas, tres de ellos en hibernación, más una inteligencia artificial denominada HAL-9000. A poca distancia de su destino, HAL presenta un comportamiento bastante errático, y decide que la tripulación humana constituye un riesgo para la misión.

Cuando hablo de que 2001 me sobrepasa, no debe entenderse en caso alguno como un reparo hacia la película. En lo estrictamente cinematográfico, 2001 es una película fundamental, una de las mayores de todos los tiempos, y con justicia.

Es una película que marca hitos. El cine de ciencia ficción nunca fue el mismo luego de esta odisea espacial. El trabajo de Kubrick, asesorado por Douglas Trumbull, marcó un antes y después en la forma de realizar este tipo de películas. En tiempos en que los efectos visuales eran físicos, principalmente maquetas y la combinación de luces y ciertos tiros de cámara, las innovaciones introducidas en 2001 resultaron fundamentales para el cine fantástico que haría nata al término de la siguiente década.

Si el cine nació como una expresión de ideas o de contar historias a través de la imagen, entonces 2001 es un filme que cumple con dicha premisa a cabalidad: de las dos horas y media que dura, los diálogos no deben alcanzar una cuarta parte de ella, y aún menos el diálogo que realmente contribuye al desarrollo del relato. Todos los demás elementos del filme (las imágenes, sonido, edición, montaje y la brillante selección musical, inteligentemente utilizada al servicio de esta obra) son los que tienen la mayor responsabilidad que las palabras al desenvolver el relato. Viniendo de un realizador tan obsesionado con los detalles como Kubrick, donde hasta el más mínimo aspecto importa para la coherencia y comprensión del relato, hay que poner una atención especial en el relato.

Ahora bien, y aún poniendo toda la atención a los detalles, ¿por qué a medio siglo de su estreno, 2001 sigue siendo un desafío para la comprensión del espectador común? 51 años después de su debut, y sin rebatir la calidad de la cinta, el contenido de ella, su significado, lo que su director cuenta, sigue siendo materia de discusión, sin que aún no haya unanimidad en cuanto a las conclusiones que deja su visionado.

¿Qué simboliza este monolito?¿Cómo aparece precisamente en los lugares y épocas en que se encuentra?¿Quién lo dejó ahí, y por qué?¿Cómo se relaciona su aparición con la aceleración del proceso evolutivo de la especie?¿Qué lleva a HAL-9000 a tomar las decisiones que toma?¿Simple falla común mal resuelta, se volvió loco o sus razones son muy válidas, pero incomprensibles para el intelecto humano? ¿O es acaso demostrar que la vida, la historia, es cíclica, no es más que un continuo que en algún minuto termina y vuelve a empezar?¿El monolito es acaso un hito que marca el principio y fin de las etapas de la evolución?

No es tan tirado de las mechas pensar que Kubrick, más que dar respuestas y establecer verdades absolutas ¿no quería en realidad todo lo contrario, sino hacernos reflexionar, elaborar nuestras propias teorías y conclusiones, y luego debatirlas? Kubrick no está aquí para ratificar esa hipótesis, pero si esa era su idea, sólo resta aplaudir y decir “bien jugado”.

Y por mucho que, de aquí a los próximos 20, 30, 50 años más, la época en que transcurre la historia nos parezca anacrónica (estamos en 2019, y ya pensamos que 2001 fue un año que tuvo lugar hace una eternidad, aunque sólo fue hace 18 años), pero tarde o temprano volveremos a ella, o alguien más se interesará en verla. La pensará, la analizará, y seguirá haciéndose estas preguntas.

Si eso no la convierte en una de las grandes películas de la historia, no sé que lo podría lograr.

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2001: A SPACE ODYSSEY

Director: Stanley Kubrick

Intérpretes: Keir Dullea; Gary Lockwood; William Sylvester; Daniel Ritcher; Leonard Rossiter; Margaret Tyzack; Douglas Rain

Ciencia Ficción

1968

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