un hombre y su isla

Sucede. Hay películas que, aunque uno las vea pocas veces, o no se las repite tan seguido, las considera grandes películas. Las siente importantes, experiencias superiores que hay que presenciar al menos una vez en la vida.

Es lo que me pasa con Náufrago (Robert Zemeckis, 2000): es una película que en las casi dos décadas que han corrido desde su estreno, debo haber visto apenas tres veces. Poco después de su estreno, años después en dvd, y hace poco, cuando el blu-ray de la cinta llegó a mis manos. Y sin embargo, considero que es una de las grandes películas de lo que va del siglo XXI. Y cada vez que me la repito, la encuentro mejor que la anterior.

Sobre todo cuando uno va puliendo las lecturas que hace de esta película. A simple vista, pensando en el título, en las imágenes preliminares, en su premisa, en su realizador se podría pensar que estamos ante un filme de aventuras. Sí, de hecho lo es, pero es mucho más hondo que eso.

Todo comienza con Chuck Noland (Tom Hanks) un proactivo ejecutivo de la empresa de mensajería FedEx. Exigente y obsesionado con el buen funcionamiento del servicio, Noland vive pasando de avión en avión, a fin de controlar por sí mismo, que las distintas sucursales de la empresa funcionen eficazmente, a tono con los principios que inspiran a la compañía.

Por eso, cuando es informado que la sucursal de la compañía en Malasia registra fallas operativas que deben ser tratadas con urgencia, Noland cancela la celebración de Navidad que tenía planeada con su novia Kelly (Helen Hunt) y aborda de inmediato rumbo a Oriente. Sin embargo, durante una tormenta, el vuelo no sólo ve alterado su rumbo, sino además sufre una violenta caída.

Chuck es el único sobreviviente del accidente, luego de llegar apenas a una isla desierta.

Ignorante de su ubicación, Noland planea diversos intentos fallidos de escape, por lo que no tarda en resignarse y adaptarse a su nueva situación, buscando la forma más idónea para sobrevivir, sin sucumbir, física y mentalmente, del proceso…

¿Les ha pasado que, a veces, han tenido la sensación de decir “no somos nada”?¿Ante una catástrofe, por ejemplo?¿O ante la inmensidad de un paisaje determinado? ¿Esa sensación de que por mucho que hayamos avanzado científica, tecnológica y materialmente, la naturaleza siempre se encarga de recordarnos que es mucho más poderosa?

Bueno, Chuck Nolan lleva esa afirmación a una nueva dimensión: un hombre dedicado a velar que todo funcione bien, que todo esté en su lugar y a la hora precisos, expuesto a una situación y a una realidad donde todas sus grandes habilidades de gestión, no valen nada. Un hombre acostumbrado a tener el control, en una realidad en la que ninguna cosa está bajo su control. Ni el clima, ni la geografía, ni siquiera su propia salud.

Algo tan trivial como encender fuego (¿has contado alguna vez cuántos fósforos al día enciendes?) se vuelve una tarea de titanes. Cuando Chuck finalmente consigue encender una fogata, es una celebración digna de carnaval.

Cierto que en un principio, siendo un tipo con un gran sentido práctico, y con la suerte de contar con algunos artículos provenientes de las encomiendas que debe trasladar, Noland consigue habituarse relativamente bien a su nueva condición. Sin embargo, con el correr de los días, a medida que su permanencia se prolonga en el tiempo, a la par de lo olvidado y aislado que se siente, debe apelar a algo más que sus habilidades para sobrevivir y, a la larga, salvarse.

Así, la idea de darle nombre y rostro a una pelota para tener con quien conversar, por demente que nos podría parecer, termina siendo una solución apta para sobrellevar el aislamiento y la soledad.

Chuck tiene que atravesar un forzado retorno a los orígenes para sobrevivir, pero a la corta o a la larga termina transformándolo como persona.

Eventualmente, Chuck es salvado, vuelve a lo que llamamos civilización, pero ante un mundo que en los años que estuvo perdido no dejó de girar, ni de cambiar. Chuck vuelve a un entorno donde la gente que lo rodeaba, tarde o temprano siguió con su vida.

Nadie se olvidó de él, aclaremos, pero no por eso dejaron de vivir, lo cual puede ser un golpe duro para cualquiera en su situación. Con todo, a lo largo de estos años, Chuck tampoco se quedó estático, y con este retorno al origen necesario para salvarse físicamente, también su visión acerca de la vida atravesó un cambio sustancial.

Cambio que ciertamente lo deja mejor parado para enfrentar los desafíos que vendrán, por un lado, y para ir cerrando etapas pasadas por otro. Sí, tal vez siga trabajando en lo mismo, y amando su trabajo, pero ciertamente ya no será al nivel obsesivo que antes del naufragio, y ciertamente mucho más abierto a valorar y disfrutar la segunda oportunidad que le dio la vida.

Acertada es la dirección de Robert Zemeckis, director que había hecho sus mejores trabajos en el campo de lo fantástico, pero sin descuidar el factor humano (Volver al Futuro, ejemplo de lo primero, Forrest Gump de lo segundo). Náufrago es otra prueba de lo anterior, pues si bien es un relato de sobrevivencia y transformación de un individuo, a causa de una circunstancia extraordinaria que lo pone a prueba. Evidentemente, hay un factor aventura involucrado, que Zemeckis no descuida, de manera que ambos planos del relato equilibran perfectamente.

Y aunque la Academia lo ignoró (sólo lo nominó como Mejor Actor, categoría en la que sí se adjudicó un Golden Globe), asumiendo que dos tercios de la historia lo tienen como único protagonista, Tom Hanks se echa la historia al hombro. No sólo porque la mayor parte del metraje es de su responsabilidad, sino también en cuanto debe encarnar la evolución del personaje, que requirió, además de su gran talento, un gran esfuerzo físico de su parte.

Hanks convence en todas las etapas que Noland atraviesa: el ejecutivo obsesivo, exigente y seguro de si mismo; el pasajero que salva apenas de una tragedia, y que asume que esa seguridad no significa nada ante su nueva situación; el individuo que terminó por adaptarse al medio, y finalmente el hombre rescatado y dueño de una nueva visión de la vida. Fases radicalmente distintas que atraviesa el personaje en pocos años, y que Hanks materializa al punto que uno lo cree totalmente.

Gran película de aventuras, superior relato acerca de la condición humana, y sobre aprender acerca de lo urgente y lo importante, y cómo éstas calidades pueden complementarse. Náufrago es de aquellos filmes que no hay que dejar escapar. Imprescindible.

****

CAST AWAY

Director: Robert Zemeckis

Intérpretes: Tom Hanks; Helen Hunt; Nick Searcy; Chris Noth; Vince Martin; Lari White

Drama/Suspenso/Aventuras

2000

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

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