reflexiones sobre cómo abordar una obra superior

Hay que ser humilde y reconocer cuando uno ha sido sobrepasado.

Vi 2001: Odisea del Espacio por primera vez en 1988, la primera vez que la pasaron por televisión abierta. Tenía doce años, y rallaba con la sci-fi como sólo a esa edad, y en un país lejano y desconectado de todo como el nuestro, se podía.

Para entonces ya venía de Star Wars, de El Planeta de los Simios, de Encuentros Cercanos, hasta del Superman de Richard Donner y alguno que otro capítulillo aislado de Star Trek, Galactica, Buck Rogers o de alguna otra película o serie del tema, así que caí inevitablemente. Pero no estaba preparado para lo que pude ver.

En lo visual estaba impresionado, pero la historia misma me dejó realmente confundido.

Una película, que se supone era sobre mi género favorito de entonces, me estaba sobrepasando.

Y ahí dejé 2001. No volví a ella por más de 30 años.

Hasta ahora, luego de que 2001 cumpliera medio siglo desde su estreno hace un año atrás, coincidiendo con los 50 años desde que el hombre llegó a la luna y la frecuente alusión a aquella teoría conspirativa que dice que fue Stanley Kubrick quien filmó dicha “hazaña” a pedido de la Nasa (hipótesis que obedece a argumentos bien cumas, a decir verdad)…en fin, demasiadas señales que me llamaban claramente a volver a esta obra estrenada en 1968, a partir de una novela de Arthur C. Clarke. Así, no pude seguir chuteando su revisión. En una de esas, treinta y un años después, y con muchas más horas de cinefilia en el cuerpo, a lo mejor podía procesarla de otra manera.

Y casi fue así.

Porque no tengo claro si la película me volvió a sobrepasar o me dejó muchas dudas aparte de las que ya tenía, o que simplemente no sé abordar.

Resumiendo lo más posible el argumento de la película, todo comienza en los primeros años de la existencia humana. En el centro de una comunidad de seres primitivos, aparece en forma inexplicable, un monolito alto y rectangular. Luego de su aparición, despierta la capacidad creativa de estos individuos, elevando su potencial para convertir cualquier artefacto que encuentren como utensilio para facilitar su vida diaria.

La historia salta hasta el año 1999, cuando el doctor Heywood Floyd (William Sylvester) ha sido convocado a una estación espacial internacional, con base en la luna, para liderar la investigación de un cráter recientemente descubierto, y del monolito, de origen desconocido, que se encuentra en su interior.

Dos años después, en 2001, una nueva misión se dirige, esta vez, a Júpiter. Se trata de cinco astronautas, tres de ellos en hibernación, más una inteligencia artificial denominada HAL-9000. A poca distancia de su destino, HAL presenta un comportamiento bastante errático, y decide que la tripulación humana constituye un riesgo para la misión.

Cuando hablo de que 2001 me sobrepasa, no debe entenderse en caso alguno como un reparo hacia la película. En lo estrictamente cinematográfico, 2001 es una película fundamental, una de las mayores de todos los tiempos, y con justicia.

Es una película que marca hitos. El cine de ciencia ficción nunca fue el mismo luego de esta odisea espacial. El trabajo de Kubrick, asesorado por Douglas Trumbull, marcó un antes y después en la forma de realizar este tipo de películas. En tiempos en que los efectos visuales eran físicos, principalmente maquetas y la combinación de luces y ciertos tiros de cámara, las innovaciones introducidas en 2001 resultaron fundamentales para el cine fantástico que haría nata al término de la siguiente década.

Si el cine nació como una expresión de ideas o de contar historias a través de la imagen, entonces 2001 es un filme que cumple con dicha premisa a cabalidad: de las dos horas y media que dura, los diálogos no deben alcanzar una cuarta parte de ella, y aún menos el diálogo que realmente contribuye al desarrollo del relato. Todos los demás elementos del filme (las imágenes, sonido, edición, montaje y la brillante selección musical, inteligentemente utilizada al servicio de esta obra) son los que tienen la mayor responsabilidad que las palabras al desenvolver el relato. Viniendo de un realizador tan obsesionado con los detalles como Kubrick, donde hasta el más mínimo aspecto importa para la coherencia y comprensión del relato, hay que poner una atención especial en el relato.

Ahora bien, y aún poniendo toda la atención a los detalles, ¿por qué a medio siglo de su estreno, 2001 sigue siendo un desafío para la comprensión del espectador común? 51 años después de su debut, y sin rebatir la calidad de la cinta, el contenido de ella, su significado, lo que su director cuenta, sigue siendo materia de discusión, sin que aún no haya unanimidad en cuanto a las conclusiones que deja su visionado.

¿Qué simboliza este monolito?¿Cómo aparece precisamente en los lugares y épocas en que se encuentra?¿Quién lo dejó ahí, y por qué?¿Cómo se relaciona su aparición con la aceleración del proceso evolutivo de la especie?¿Qué lleva a HAL-9000 a tomar las decisiones que toma?¿Simple falla común mal resuelta, se volvió loco o sus razones son muy válidas, pero incomprensibles para el intelecto humano? ¿O es acaso demostrar que la vida, la historia, es cíclica, no es más que un continuo que en algún minuto termina y vuelve a empezar?¿El monolito es acaso un hito que marca el principio y fin de las etapas de la evolución?

No es tan tirado de las mechas pensar que Kubrick, más que dar respuestas y establecer verdades absolutas ¿no quería en realidad todo lo contrario, sino hacernos reflexionar, elaborar nuestras propias teorías y conclusiones, y luego debatirlas? Kubrick no está aquí para ratificar esa hipótesis, pero si esa era su idea, sólo resta aplaudir y decir “bien jugado”.

Y por mucho que, de aquí a los próximos 20, 30, 50 años más, la época en que transcurre la historia nos parezca anacrónica (estamos en 2019, y ya pensamos que 2001 fue un año que tuvo lugar hace una eternidad, aunque sólo fue hace 18 años), pero tarde o temprano volveremos a ella, o alguien más se interesará en verla. La pensará, la analizará, y seguirá haciéndose estas preguntas.

Si eso no la convierte en una de las grandes películas de la historia, no sé que lo podría lograr.

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2001: A SPACE ODYSSEY

Director: Stanley Kubrick

Intérpretes: Keir Dullea; Gary Lockwood; William Sylvester; Daniel Ritcher; Leonard Rossiter; Margaret Tyzack; Douglas Rain

Ciencia Ficción

1968

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