una odisea de 50 años

El planeta tierra se ve triste, y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

Aunque poco antes circulaba una versión preliminar del tema (que se puede encontrar en Youtube, bootlegs y compilados de rarezas), fue oficialmente el 11 de julio de 1969 que David Bowie lanzaba el single Space Oddity, el que la historia reconoce, en forma canónica, como el punto de partida de la carrera del célebre camaleón del rock.

Quiso el destino que el tema fuera lanzado por los mismos días en que la Misión Apolo 11 captara la atención mundial, que concluiría el 20 de julio con la histórica caminata de Neil Armstrong sobre la luna. La coincidencia entre el título de la canción, con la contingencia –la canción fue usada por la BBC como emblema de su cobertura de prensa para el evento-, elevó el single rápidamente a los primeros lugares de los rankings de la época.

Anticipo de lo que sería el segundo álbum de Bowie (del mismo nombre, aunque lanzado en algunos mercados como Man Of Words, Man Of Music, que sería publicado algunos meses más tarde), la canción, que narra la historia de Major Tom, un joven astronauta que, por una avería en su cápsula de viaje, termina perdido en la inmensidad del espacio, cosa que, cuando observa la situación mundial desde la distancia, termina por no importarle, se convirtió sólo en el primer hito marcado por Bowie en la cultura popular, influyente, replicado y tributado en innumerables ocasiones, y en diversos formatos.

Junto con Bowie (voz y guitarra), la canción contó con Herbie Flowers (bajo), Terry Cox (batería) y Rick Wakeman, quien por entonces también daba sus primeros pasos como solista y músico de sesión –pronto pasaría a formar parte de Yes- en piano y melotrón (aunque cuentan que Wakeman colaboró además en la composición del tema, sin ser acreditado).

Como lado B contaba con la canción Wild Eyed Boy From Freecloud –que también sería parte del LP- y fue reeditada en 1975, cuando Bowie entró fuerte en EEUU, esta vez con el tema Velvet Goldmine como Lado B. Cuenta además con dos canciones que podrían considerarse sus secuelas: Ashes To Ashes, del propio Bowie, de 1980, la secuela oficial, y Major Tom, de Peter Schilling, la extraoficial.

Lo que son las cosas: el viaje de un astronauta perdido en el espacio, por su propia voluntad, terminó siendo el inicio del viaje de un músico cuya trascendencia terminó por sobrepasar todos los límites imaginables, cuya influencia y legado se dejan sentir hasta el día de hoy.

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el hombre del piano

Con ustedes, Elton John (Taron Egerton), una de las más importantes estrellas de la música popular del siglo XX.

Aunque, el camino por el cual el joven Reginal Dwight se convirtió, de un prodigio del piano a temprana edad a uno de los cantantes más populares a nivel mundial, no fue fácil, y no estuvo exento de problemas, conflictos y excesos de todo tipo.

Esta es su historia, y él mismo nos la va a contar…

Más allá de su calidad, el éxito de Bohemian Rhapsody abrió las puertas a un nuevo subgénero dentro del cine biográfico: las biografías de estrellas del rock.

Mientras aún se especula sobre posibles biopics de David Bowie y Elvis Presley, llegó a la luz Rocketman, basada en la vida y obra de Elton John, película realizada no sólo con la aprobación del músico, sino que además, participó en ella como productor.

Pero tranquilos, que Elton John sea el productor de la película que narra su vida personal y profesional, no quiere decir que lo haga como un tributo a sí mismo o una celebración de su propia vida, abundante en elogios y autocomplacencia. Por el contrario. La película dirigida por Dexter Fletcher-irónicamente, el guionista de Bohemian Rhapsody y que debió terminarla tras la salida de Bryan Singer- se esfuerza por ser lo más objetiva posible y no se guarda detalle.

La vida de Elton John, tanto sobre como fuera del escenario, fue dura, tormentosa, abundante en excesos con drogas, alcohol, promiscuidad, y la película (que abarca su biografía desde una infancia difícil, marcada por unos padres más preocupados de pelear entre ellos que de quererlo, hasta fines de los ’80, cuando puso sus cosas en orden) no lo desconoce. Y esa honestidad es un plus para la cinta, que en ningún caso pierde su vocación biográfica, consagrándose como un filme bien equilibrado entre lo lindo y lo feo de la carrera del músico.

Decir que Rocketman es un relato autobiográfico, contado y cantado por su propio protagonista, no es un desatino: Elton John produce, la película usa las canciones más importantes en la carrera del músico como hilo conductor del cuento que narra, unido a la soberbia actuación de Taron Egerton, convertido prácticamente en Elton John, llevan a esbozar esta conclusión, alzándose además como las grandes fortalezas de una película que tiene hartas.

Okey, sé que es tentador comparar esta película con Bohemian Rhapsody, como el referente más próximo de este subgénero –el único, más bien- sobre todo pensando en el hate que esta última fue ganando luego de que empezó a figurar en la última temporada de premios. Pero no lo haré, por una razón simple: por mucho que se traten de lo mismo –biopic sobre figuras fundamentales del rock- obedecen a estructuras y formas de narrar diferentes.

Donde Bohemian… es, a fin de cuentas, una biografía bien estándar, Rocketman es una fantasía, donde la música cumple un rol fundamental en la narración. Ello resulta completamente coherente con lo que ha sido su protagonista: aunque no fue parte ni del glam-rock (con David Bowie como su gran referente) ni del llamado art-rock (que tuvo en Peter Gabriel uno de sus principales exponentes), Elton supo absorber estas influencias e hizo de la extravagancia, la espectacularidad, incluso de la exageración, parte fundamental de su repertorio. No hay que extrañarse que su biografía siga un patrón similar, totalmente funcional al relato y a su personaje principal.

Temo que la pasada de Rocketman por salas haya sido, a nivel mundial, como la que tuvo en Chile, que a la semana de exhibición ya había sido relegada a una o dos funciones diarias en no más de dos o tres salas, hablando sólo de Santiago (pensando en que ahora por cada mall hay entre cines de entre cinco a doce salas, saquen la cuenta y entenderán lo dramático del asunto).

Aunque en rigor, tampoco me extraña tanto. Si bien Elton John es conocido, y tiene una base de seguidores fieles, y una buena rotación radial, esta cantidad de seguidores e impacto es claramente mucho menor a la de otros como los Beatles, Queen o Led Zeppelin, por poner un ejemplo (es cosa de recordar, de estos tres grupos se publicaban en cassette sus discografías casi completas, de Elton, el disco de turno y alguno que otro compilado ocasional, y tampoco se encontraban en todas las disquerías). Ello, ciertamente, conspiró para que la vida de este filme en cartelera fuera tan exigua.

Así es como nos farreamos disfrutar una película que gusta, levanta el ánimo una enormidad, y es totalmente digna de verse –y oírse- en la mejor pantalla posible.

***3/4

ROCKETMAN

Director: Dexter Fletcher

Intérpretes: Taron Egerton; Jamie Bell; Richard Madden;: Bryce Dallas Howard; Charlie Rowe; Gemma Jones

Drama biográfico

2019

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ni la gran cosa, ni lo necesita

Cuando se entera de la desaparición de su padre, Harry, el joven analista de seguros Tim Goodman debe viajar a Ryme City para hacerse cargo de las diligencias del caso, cosa que le incomoda, ya que hace años cortó lazos con su progenitor, y Ryme es la única ciudad del mundo donde humanos y pokemones coexisten en forma pacífica, y Tim, pese a sus intentos, nunca ha logrado mayor afinidad con estos especímenes.

Sin embargo, cuando llega al departamento de su padre, Tim tiene un hallazgo increíble: un Pikachu que habla (Ryan Reynolds), quien asegura haber pertenecido a Harry, pero que no recuerda nada de su pasado inmediato. Pensando que la amnesia de la criatura y el paradero de su padre están relacionados, Tim y Pikachu deciden unir esfuerzos, aunque lo que van a descubrir excede sus capacidades…

El lanzamiento de Pokemon Go! Hace tres años tuvo como gran efecto volver a poner la franquicia Pokemon en boca de todo el mundo, sacándolo del nicho gamer/otaku en que había pasado relegada después del boom a principios de siglo. Así fue como volvieron a lanzarse toda clase de productor relacionados con la marca, y permitió dar vuelo al primer y postergado live-action de la franquicia.

Recogiendo la historia base de uno de los juegos basados en la marca, Pokemon: Detective Pikachu vio la luz, finalmente hace uno meses atrás, y lo hizo en un momento complicado: fue estrenada cuando Avengers: Endgame aún estaba en su peak, lo que claramente perjudicó la taquilla inicial del filme.

Si bien se afirmó con las semanas, el decisivo fin de semana de estreno estuvo por debajo de las expectativas. Y es que cuando lanzas un producto así de a lo grande, cuando el hype ya pasó hace mucho, suelen suceder cosas como ésta (si esta película hubiera sido estrenada a la par que el juego, o incluso durante 2017, otro gallo le cantaba). El nicho respondió. Lo que está fuera de él, no. Bueno, al menos no fue un desastre como X película que circuló por ahí.

Digamos las cosas como son, esta película tampoco es la gran cosa. Su argumento no puede ser más básico ni estar más lleno de lugares comunes (he visto capítulos de Scooby Doo donde el misterio está más desarrollado que esto), y se olvida al poco rato. Pero con todas esas carencias, no molesta, y hasta entretiene. Y deja caer un par de sorpresillas por ahí.

Y es que a la larga, el argumento de esta película no es más que una excusa para dos cosas mucho más importantes. La primera, mostrar a los personajes de Pokemon lo más realistas posibles, y cómo se verían si circularan entre nosotros, y en ese sentido, la película cumple, y los personajes lucen.

La segunda, y para esto es importante ver la película en inglés (aunque siendo el doblajista el mismo, hasta cierto punto funciona igual) es la verborrea de Ryan Reynolds en el rol de Pikachu. Y es que por un lado tenemos al tierno y simpático ratoncito eléctrico, hablando con la voz de Deadpool, sumado a las bromas y comentarios graciosos que emite la criatura (¿habrá alguna versión Unrated de esta cinta? Yo la lanzaría).

Tengamos claro que es una película al servicio de la franquicia en la que se enmarca. Una película que busca seguir explotando y vendiendo videojuegos. Con todo, esa intención no es tan obvia –la hubieran estrenado antes, si fuera por eso- y con todas sus flaquezas es un filme que, mientras dura, agrada.

**1/2

POKEMON: DETECTIVE PIKACHU

Director: Rob Letterman

Intérpretes: Justice Smith; Ryan Reynolds: Kathryn Newton; Billy Nighy; Ken Watanabe; Chris Geere; Rita Ora

Comedia/Aventuras/Videojuegos

2019

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el último viaje del vaquero

Aunque hace varios meses ya que la pandilla de juguetes vive una existencia feliz junto a la pequeña Bonnie, su líder, el vaquero Woody, últimamente se siente desplazado, relegado a mirar jugar a otros desde el armario, y sintiéndose inútil.

Aún así, su lealtad se mantiene intacta, y cuando Bonnie, en su primer día del parvulario, arma un juguete a partir de materiales de desecho, llamado Forky, al que convierte de inmediato en su favorito, Woody lo toma inmediatamente como su protegido, aún cuando Forky insiste en seguir siendo considerado como basura, y Woody pasa gran parte del tiempo evitando que se lance al papelero.

Durante un viaje familiar, Forky escapa por la ventana, y Woody se ve obligado a ir por él. Y mientras regresan, atravesarán algunas peripecias que serán claves para el futuro del vaquero de trapo..

Soy de la idea de que si ya terminaste de contar su historia, déjala así. No la vuelvas a abrir, no la retomes o reinicies o vuelvas a tocar a menos que tengas algo muy bueno que seguir contando de ella. De lo contrario, nos vemos enfrentados a secuelas innecesarias que no obedecen a otra cosa que generar más dinero, incluso a costa de la dignidad de la obra misma (Si, Animales Fantásticos, te estoy viendo).

En el año 2010, la frase “Adiós, Vaquero”, nos dejaba claro que, en su tercer capítulo, la saga Toy Story cerraba su ciclo. Y aunque luego presenciamos una digna serie de cortos que mantenía la franquicia viva en el inconsciente colectivo, nada cambiaba el hecho de que la saga de Woody, Buzz, Jessie y el resto, estaba concluido, cerrado, oleado y sacramentado.

De ahí a que la noticia de que vendría una Toy Story 4¸dejó a muchos descolocados por el camino. Para todos, la historia ya se contó y había dado todo lo que podía dar en formato largometraje, y nos preguntábamos, con razón, qué pasaba por las mentes de Pixar conociendo a este estudio, que no iba a sacar otra película de alguna de sus franquicias sólo por los dólares que podría generar (creímos que con las segundas partes de Cars y Buscando a Nemo ya había aprendido la lección).

Concluido el visionado de la película, hay que respirar aliviados. Este cuarto episodio tiene un cuento valioso que contar, y un protagonista claro: Woody, en una historia sobre los grandes temas de esta saga desde su inicio: el paso del tiempo, la madurez, y el miedo al abandono.

Cierto, en 2010 veíamos el final de una historia: la despedida de Andy de sus juguetes, al llegar al inevitable momento en que ya debe dejar los juguetes y avanzar en su vida. Pero mientras transcurre esta cuarta parte, nos va quedando claro que teníamos pendiente la situación de Woody, el gran protagonista de esta serie desde el minuto uno de la primera película, en 1995.

Desde entonces, Woody ha sido un líder natural, justo, leal tanto para con sus niños como con sus congéneres, aunque siempre bajo el temor de ser desplazado. Toy Story 4 tiene un poco de eso, pero más que ver con las dudas de Woody respecto de su lugar en el mundo, en la vida, y su rol dentro del gran orden de las cosas.

La aparición de Forky, el juguetito hecho a partir de desechos, que se roba varios de los mejores momentos de la película, y la reaparición de Bo Peep, ausente de la película anterior, son hechos claves para el futuro del vaquero. Sus intervenciones resultan fundamentales para que el viejo juguete entienda mejor el mundo, aprenda a mirar las cosas desde otra perspectiva y, finalmente, pueda cumplir con su destino, un destino superior incluso, sin dejar de ser el mismo, ni dejar de aportar al mundo.

Está bien, estamos ante un filme que quizás no alcance las cotas de grandeza de otras cintas de la factoría Pixar (Intensamente, Coco, la misma Toy Story 3, por citar algunos ejemplos), pero no lo necesita para ser un gran filme. Por temática, y por la manera en que ésta se desarrolla, resulta ser un muy buen cierre de historia.

Los personajes nuevos (Forky, el dúo de Bunny y Ducky, Duke Ka-Boom) resultan ser una gran sorpresa, asumiendo una suerte de relevo para los personajes ya conocidos. Así, en la eventualidad de que continuase contándose esta historia, a nivel de cortos por ejemplo, la cosa queda en muy buenas manos.

Ahora, si éste es el final de la historia, en lo estrictamente cinematográfico, el final definitivo, inalterable, irreversible, entonces es un cierre a la altura de las circunstancias, acorde con la grandeza de la historia.

Una despedida, dolorosa como todas las despedidas, pero de aquellas que, con todo ese dolor, te dejan con la frente en alto, y listos para enfrentar, con muy buen ánimo, las nuevas vivencias que vendrán.

Adiós Woody, Buzz, Jessie, y a todos los demás. Nos vemos en el infinito.

Y más allá.

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TOY STORY 4

Director: Josh Cooley

Voces en inglés: Tom Hanks; Tim Allen; Joan Cusack; Annie Potts; Keanu Reeves; Tony Hale; Jordan Peele; Keegan-Michael Kay; Christina Hendricks;

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