desde la tragedia misma

Sé que a mucha gente, cada vez que se dice, le puede parecer exagerado, pero la verdad es que no lo es: si el año terminara hoy, Chernobyl es la mejor serie del año.

Y si no terminara hoy, bueno, es una serie que le sube una enormidad la vara a cualquier otra cosa que venga hasta el 31 de diciembre y, por qué no, de lo que vino antes. Cualquier otra producción que venga después la tiene muy difícil, estamos hablando de una serie que, en medios especializados, ha logrado puntuaciones que rondan entre 9,5 y 10. Ninguna otra producción televisiva ha logrado tal nivel de aprobación antes.

Y es que los aciertos de la coproducción entre HBO y la cadena inglesa Sky son tantos, en lo técnico, en lo narrativo, en cuanto a diseño de producción, que realmente cuesta definir por dónde partir el análisis. Las siguientes líneas son un intento por examinar esta serie de la manera que le haga más justicia posible.

Creada por el guionista Craig Mazin (cuyo currículum incluía producciones asesinables como varias de las Scary Movie y sus refritos…para que vean que a nadie le falta Dios) y filmada con locación en Lituania y Ucrania, países que a la época de los hechos formaban parte de la entonces Unión Soviética, Chernobyl cuenta los sucesos acaecidos con ocasión del desastre nuclear ocurrido en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, al norte de Ucrania, el 26 de abril de 1986, luego de una explosión producida en uno de sus reactores tras una fallida prueba de los sistemas energéticos de la planta.

Como consecuencia del incendio, se liberó una gigantesca cantidad de material altamente radioactivo y tóxico, que se extendió rápidamente por las comunidades aledañas, matando a una treintena de personas en pocos días, forzando la evacuación de miles de personas y la movilización de cientos de miles de efectivos para efectuar labores de contención, antes de que la radiación se extendiera a otros países europeos.

La serie aborda desde el incidente mismo, pasando por sus trágicas consecuencias humanas (las vidas perdidas, el desastre para la salud de otros muchos), sociales (todo lo que significó movilizar a los habitantes de más de una ciudad, ahora convertidas en pueblos fantasmas) y hasta políticas (desde el momento en que se intenta ocultar los hechos, hasta las responsabilidades que las autoridades pertinentes deben enfrentar).

Mazin enfrenta los hechos desde diversos puntos de vista, con el suficiente cuidado de que no se opaquen unos a otros,y que al final confluyan en un canal común. Y aunque podríamos destacar varias líneas argumentales, las principales son las que involucran al científico Váleri Legasov (un sobresaliente Jared Harris), doctor en química designado por el gobierno soviético para encabezar el equipo a cargo de la emergencia e investigar sus posibles causas; por otro, la doctora Ulana Kohmyuk (Emily Watson), miembro de la comunidad científica que colabora con la investigación, enfocando en el factor humano que pudo incidir en la catástrofe, y enfatizando  en sus consecuencias en las personas.

Como tercera gran línea argumental tenemos a Lyudmilla Ignatenko (Jessie Buckley), esposa de un bombero convocado a la contingencia, embarazada de éste, y a través de ésta, se nos presenta cómo afectó el hecho al ciudadano común, aunque no haya sido testigo presencial del hecho.

Los logros técnicos de esta serie llegan a niveles tan altos como los dramáticos y narrativos. La exposición que Chernobyl hace de la tragedia está mostrada de manera tal que cualquier inteligencia promedio entienda el proceso de la energía nuclear y cómo se produjo el desastre. En cuanto a su construcción, lograda y muy realista en la construcción del contexto histórico y geográfico en que transcurrieron los hechos,Chernobyl marca otra gran pauta.

Por décadas, el cine y la televisión nos han mostrado el género de las catástrofes como verdaderas y épicas batallas del hombre por sobreponerse a la adversidad. Un poco de eso hay aquí, pero obviando artificios que no vienen al caso. Al contrario, Chernobyl es una producción brutalmente honesta, capaz de poner al espectador en el lugar de la tragedia, sentirla como propia, y concluirla como fue: un incidente que no dio espacio para heroísmos –aunque los hubo- sino una circunstancia que, cuál más o menos grave, dejó miles de malheridos.

Sentimos todo lo que estamos viendo, y lo que nos están contando, como real. El golpe de K.O. que sentimos ante todo esto, cuando caemos en cuenta que esto no fue ficción, sino que efectivamente ocurrió, también. Y cuando descubres que sus consecuencias se prolongan hasta el día de hoy, necesitas un gran esfuerzo para rearmarte.

Cinco capítulos de una hora a una hora y cuarto cada uno, los suficientes para abarcar la tragedia en todos sus aspectos. No necesita más, pensando en quienes están preguntando por una segunda temporada, no me parece, encuentro que la historia se cuenta a la perfección en estos cinco capítulos, y extenderla podría ser contraproducente.

Chernobyl es una serie que nos deja una doble sensación: por un lado, angustia, dolor, frustración, incluso rabia, ante el evento ocurrido en 1986 y sus consecuencias. Pero por otra parte, nos deja una sensación agradable, de que aún hay gente dispuesta a crear obras superiores, por mucho, a lo que se ve todos los días, y que haya medios dispuestos a difundirlas.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

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