un mensaje nunca inoportuno

Aunque fue una de las primeras mujeres admitidas para la prestigiosa escuela de leyes de Harvard, y una de las mejores egresadas de la tradicional casa de estudios, Ruth Bader Ginsburg (Felicity Jones) ha debido afrontar años de menosprecio. En la universidad, en el mundo laboral, en el ejercicio de la profesión. Sólo por ser mujer.

Dedicada, forzosamente, a la docencia y a la investigación, y siempre abocada a la lucha por la igualdad social más allá del género y la raza, los grandes cambios sociales de a poco irán abriendo las puertas para el ejercicio de su profesión, lo que se convertirá en su principal herramienta para lograr una sociedad más equitativa..

Si, lo sé. Otra rezagada de 2018. Y ya sé que estamos en mayo, y el año, la temporada y la cartelera, sin haber explotado del todo, ya han avanzado un trecho no menor. Pero estamos ante un caso que, por rezagada que éste, no hay que dejar pasar.

Porque aunque esté inspirada en los hechos que marcaron la historia personal de la abogada Ruth Bader Ginsburg, un verdadero ícono del feminismo y la lucha social estadounidense, la segunda mujer nombrada como juez de la Suprema Corte del país del norte, y éstos hechos tuvieron lugar en las décadas del ’50, del ’60 y del ’70, lo cierto que On The Basis Of Sex (también conocida como La Voz de la Igualdad o Una Cuestión de Género) narra hechos que se encuentran plenamente vigentes, sobre todo aquí.

Y es que cuando veía la película, gran parte de lo que se estaba contando en pantalla me hacía pensar “esto está pasando aquí y ahora”, no puedo llegar a otra conclusión.

Que una comunidad estudiantil se resista a abrirse a más personas, temiendo perder su prestigio y vulnerar una tradición. Que existan ocupaciones restringidas para algunas personas por factores totalmente ajenos a sus capacidades, a sus aptitudes y calificaciones. Que quizás qué caos puede producirse si alteramos un orden determinado que ha funcionado lo más bien por siglos, y por eso hay que mantener el status quo. Todas discusiones que en un país del siglo XXI, que presume de moderno –y en un mundo que ha retrocedido en materias sociales y humanas más de lo que ha avanzado- están totalmente vigentes.

Hay que aclarar una cosa. En lo estrictamente cinematográfico, el trabajo de la directora Mimi Leder (cuyo currículum registra películas como Impacto Profundo, Cadena de Favores y episodios de series como ER, The Leftovers o, yendo más atrás, Se Hará Justicia) es bastante correcto, cumplidor. Bueno, sin ser extraordinario o sobresaliente (pero con el cuidado suficiente para no caer en el melodrama y en la lágrima fácil, lo cual no deja de ser un atributo).

Quizás no aplaudamos de pie como ha sucedido otras veces con historias de este tipo, pero la sensación de satisfacción, de sentir que se ha hecho lo correcto, no la quita nadie.

Se vale de una buena dirección de arte para llevar a la pantalla un relato interesante, atractivo, a buen ritmo y sin mayores aspavientos. Lo que no quiere decir que no tenga fortalezas, porque las tiene. Y no es para menos, estamos hablando de una de las figuras consulares de la lucha por los derechos civiles en EEUU del último medio siglo. Y la película, por satisfactoria que sea su evaluación en lo global, en este punto saca sus principales ventajas, al retratar a nuestra heroína de modo de hacerle total justicia.

Porque si es verdad eso de que a veces una sola persona puede hacer una gran diferencia, Ruth Bader Ginsburg encarna ese mantra a cabalidad. Así debió ser, pues partiendo de su experiencia personal, y en tiempos de tremenda agitación social, sacó la fuerza necesaria para dar la lucha para modificar un sistema que validaba la discriminación, y ajustarlo a las necesidades de la sociedad de su tiempo.

Y es que un ordenamiento social estático, frente a una sociedad en permanente movimiento y cambio, sólo contribuye a las arbitrariedades e injusticias. Necesitaba ese empujoncito necesario para reaccionar, y Ginsburg es una de las personas que contribuyó a ello.

La interpretación de Felicity Jones en el rol principal es otro de los puntos altos del filme, aunque, por una cuestión de principios, debemos destacar la química existente con sus compañeros: el siempre eficaz Arnie Hammer, en el rol de Martin, esposo de Ruth también abogado, y a  Cailee Spaney, encarnando a Jane, la hija adolescente del matrimonio, en quien la vocación por la acción social también ha dejado marca. Porque si bien Ruth es quien da el empujón necesario para los cambios que la comunidad necesita, son ellos quienes le sirven de sólida base en que apoyarse.

Película que habrá llegado tarde (al formato casero, porque a salas..bien, gracias), pero es más oportuna que muchas otras. Historia simple, cumplidora, que no necesita hacer gran escándalo para transmitir el mensaje que contiene. Contenido necesario para, por increíble que parezca, los tiempos que corren. A ver si de una vez por todas corren hacia adelante.

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ON THE BASIS OF SEX

Director: Mimi Leder

Intérpretes: Felicity Jones; Arnie Hammer; Cailee Spaney; Sam Waterston; Kathy Bates; Justin Theroux

Biografía/Drama

2018

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)