peleando como niña

Desde que era una niña, Saraya Knight (Florence Pugh), ha pasado arriba de un ring. Hermana e hija de una familia de luchadores y propietarios de una pequeña liga de lucha libre, en un sector de clase media baja londinense, ve como sus años de entrenamiento dan sus frutos cuando recibe una invitación para formar parte de NXT, la división de estrellas en desarrollo de la WWE.

Apoyada por su familia, que ve en ella la posibilidad de salir de la bancarrota, Saraya, adoptando el nombre artístico de Paige, viaja al centro de entrenamiento de la empresa, ubicado en Florida. Sin embargo, el camino al estrellato tendrá obstáculos difíciles de superar, que pondrán en entredicho las intenciones de la chica.

Partamos aclarando algo, para disfrutar la lucha libre, hay que tener claro en qué consiste esta rama del entretenimiento: un espectáculo que mezcla deporte, acción, comedia, intriga, que se desarrolla mediante enfrentamientos previamente escenificados y preparados por un equipo de libretistas y preparadores físicos. Si usted lo entiende así, bienvenido al club.

Si usted es de los que repite como loro “Pero si la lucha libre es falsa!!” permítame decirle “Noooo!! En Serio??” antes de mandarlo a freír espárragos.

Lo anterior permite explicar mejor el valor de Fighting With My Family: aunque los recursos que mueve son un chiste al lado de lo que Disney, por ejemplo, genera en un mes, la lucha libre, especialmente la WWE, es un negocio que genera millones de dólares al año. Y ganarse un espacio, hacerse un nombre, dentro de ese negocio, es una oportunidad para unos pocos.

De eso se trata, más o menos, esta película, escrita y dirigida por el inglés Stephen Merchant (cuyo currículum es bastante interesante: guionista y director de diversas series inglesas, como la entrañable The Office, Extras y es un habitual colaborador de Ricky Gervais): una adaptación libre, en tono de comedia dramática –más de lo primero, en todo caso- de la historia personal de la luchadora Saraya-Jade Bevis , conocida bajo el nombre de Paige, y cómo llegó a dar inicio a la llamada “Revolución Femenina”, concepto imperante hoy en la principal empresa de lucha libre del mundo.

Y es que aunque en los últimos años de su carrera, antes de su semiretiro en 2018, Paige se haya visto envuelta en unos cuantos escandalillos que mancharon su imagen, lo cierto es que cuando fue traspasada de NXT a WWE, el escenario femenino en la lucha libre era un mero adorno: mujeres que podrían haber estado en cualquier portada de Sports Illustrated, arriba de un cuadrilátero armando combates más cargados al erotismo. Con Paige, y luego con el arribo de luchadoras como Sasha Banks o la actual bicampeona Becky Lynch, las cosas cambiaron totalmente.

Para llegar hasta ahí, desde una empresa familiar administrada por una disfuncional familia de ex luchadores, siempre al borde de la quiebra, el camino no fue fácil. Pero el guión del propio Merchant hace que el relato, que pudo caer sin más trámite en el melodrama y la lágrima fácil, fluya de manera amena, resulte entretenido y atractivo no sólo para los que cada lunes y martes sintonizan los shows de WWE.

De paso, es una de las mejores películas que se han hecho acerca de la lucha libre. Más allá del documental (como es el caso de los notables Beyond The Mat o Wrestling With Shadows), el tratamiento que el cine ha dado a la lucha a lo largo de los años ha sido bastante cruel. Sabemos que es un deporte-expectáculo preparado y ficcionado, y muchas veces rayando la ilegalidad (Vince McMahon y la WWE estuvieron en el ojo del huracán a mediados de los ’90, por promover el uso de esteroides entre sus luchadores..y en cierta forma nunca ha dejado de estarlo) pero el cine se ha ido a la exageración en la caricatura que se hace del tema (si algún día tienen la mala suerte de ver esa infumable comedia llamada Ready To Rumble, lávense los ojos con cloro después de).

Fighting…evita caer en eso. No es su vocación, ni lo necesita. Basta con exponer la lucha libre como una actividad, como cualquier otra, donde cuesta un mundo hacerse un espacio en ella. La propia Saraya/Paige (muy buena interpretación de Florence Pugh) pasa por eso: bajita, sin mucha curva, de tez pálida, debiendo hacerse un espacio entre chicas que parecen portadas de aquella revista del conejo (el criterio de selección de WWE hace unos años) que les queda muy bien el bikini aunque no sepan dar una cachetada de payaso, ni sepan pronunciar una “promo” –esos parlamentos a través de los cuales se interactúa con el público y se construyen las rivalidades- de corrido.

A nadie le falta Dios, dicen, y la prueba de ello es que un estudio tan corneta como WWE Studios –la rama de cine que abrió la empresa hace años no sé si para lavar plata o inflarle aún más el ego a Vince McMahon, aunque todas sus películas hasta ahora hayan sido un fracaso de taquilla y crítica- pueda hacer una película como ésta, que termina gustando más de lo que uno cree

***

FIGHTING WITH MY FAMILY

Director: Stephen Merchant

Intérpretes: Florence Pugh; Jack Lowden: Nick Frost; Lena Headey; Vince Vaughn; Dwayne Johnson

Comedia/Drama

2019

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instragram)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s