PETER MAYHEW 1944-2019

Su rostro y nombre tal vez no nos resulte familiar, pero si le digo que fue el hombre tras la piel del leal y valiente wookie Chewbacca en la trilogía clásica de Star Wars (así como en los Episodios III y VII de la misma saga)…¿ahora sí?

Aprovechando su gran altura, 2,14 mt, Mayhew era un intérprete habitual en el cine fantástico y de aventuras, normalmente encarnando personajes mitológicos, hasta que dio su gran golpe al ser seleccionado por George Lucas para encarnar a Chewbacca, el fuerte, osado y leal copiloto del Millenium Falcon. Tras el fin de la primera saga, en 1983, aparte de alguno que otro trabajo en cine, hizo carrera asistiendo a convenciones de fans para sesiones de firma de autógrafos y contacto con el público.

Pese a sus problemas físicos producto de su condición corporal, su avanzada edad y sucesivos problemas a las rodillas y a la columna por lo mismo, Mayhew retomó a Chewbacca en 2015, para The Force Awakens, aunque para The Last Jedi y Solo: A Star Wars Story debió ceder su puesto al actor Joonas Suotamo.

Falleció esta tarde, a los 74 años, en su hogar en Texas.

QEPD.

Adiós, querido Chewie.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

el fenómeno visto desde afuera

Lo ocurrido el domingo pasado, y que seguirá pasando mientras transcurra la temporada final de Game Of Thrones, es de aquellos fenómenos que, en televisión al menos, hace rato que no se dan.

Aclaro que no veo Game Of Thrones. No porque me sienta superior al resto (más bien, debería sentirme estúpido por no saber hacerme el tiempo de ver una serie que no pasa los diez o doce capítulos por temporada). Simplemente que después de varios intentos, no enganché con la serie. Ninguna mala onda, lo que alcancé a ver de ella me entretuvo bastante, pero nunca sentí ese clic que me provocara la necesidad o ansiedad de seguir viéndola.

No hubo afinidad no más.

Pero aunque no vea la serie, sigo viviendo en el mismo planeta, y por lo mismo, no voy a negar lo evidente: de todas las series que han terminado su existencia la última década, ninguna ha provocado lo que la saga de la familia Stark y compañía está haciendo: que domingo a domingo, el mundo se detenga y fije su eje en la pantalla de HBO.

Pensemos qué otras series han terminado en este rato (2009 hasta ahora): Lost, 24, House, Breaking Bad, Los Soprano, Mad Men, etc. Ninguna, desde el final de Friends en 2004, que prácticamente detuvo a los EEUU durante su emisión, ha logrado lo mismo. A lo más, algunas series que han retornado (X Files en sus revival de 2018, o Star Trek Discovery), apelando a la devoción cercana a la religión que levantan en sus fans y a su impacto histórico en la cultura popular, han hecho un ruido levemente similar.

La única manera de abstraerse del ruido que provoca la última temporada de la serie iniciada en 2011, sería refugiándose en un monasterio en Nepal, y eso tampoco es garantía.

Lo que no tiene nada de malo. Por el contrario, fans o no de la serie estamos ante un hito, un evento de trascendencia histórica. Un acontecimiento grandioso del que, honestamente, uno no puede ser indiferente, y sí alegarse por estar presente ante su ocurrencia, y sobre todo por quienes han seguido la serie desde el principio y llegarán a ver este momento.

(PD: Por todo lo anterior, y dando por sentado que a lo largo de los años me he tragado todos los spoilers posibles, poco sé acerca de Arya Stark, pero por lo que sé, si van a juntar firmas para que le pongan su nombre a la Alameda, o levantarle un monumento, cuenten con ella).

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