aprendiendo a ser hermanos

La vida puede cambiar drásticamente en cualquier momento. Incluso para Kun, un niño de cuatro años, mimado y acostumbrado a ser el centro de atención, cuando nace su pequeña hermana Mirai, dándose cuenta que la vida de sus padres y familia ya no gira en torno a él, como solía ser hasta entonces, volviéndose un niño simplemente irritante, cuyos berrinches se vuelven cada vez más frecuentes.

Luego de uno de estos ataques, Kun descubre, en el pequeño patio de su casa, un jardín donde vive las más sorprendentes aventuras, conociendo en una de ellas, a una adolescente que dice ser su hermana Mirai proveniente del futuro..

Desde hace rato que la animación ya no es el hermano chico del cine, sino que es un género cinematográfico hecho y derecho, que a veces puede ser incluso más grande que el cine con seres de carne y hueso. También es efectivo que no sólo desde Hollywood vienen las grandes obras del género, sino también de latitudes más lejanas como Japón.

Y no hace mucho ha quedado demostrado también que, dentro de la inmensa industria de la animación japonesa, no sólo Ghibli o su fundador Hayao Miyazaki son sus grandes exponentes como creadores de grandes películas. Desde hace algunos años, tras películas como Summer Wars o El Niño y la Bestia, el nombre de Mamoru Hosoda está haciéndose notar como uno de los baluartes del animé actual.

El punto más alto en la carrera de Hosoda es su más reciente trabajo, Mirai, Mi Hermana Pequeña, la cual, en un año 2018 privilegiado para la animación en general, supo hacerse un espacio y figurar en cuánta nómina para mejor película animada cupo (Oscar, Golden Globes, Critics Choice, Annie, Satellite, etc etc).

Y si bien no ganó, que haya podido meterse en una selección que estuvo particularmente inspirada (Los Increíbles 2, Ralph Breaks The Internet, Isle of Dogs y Spiderman Into The Spiderverse fueron películas muy por encima del promedio de su especialidad) es porque tiene méritos de sobra.

Partiendo por el apartado estético: las imágenes que Hosoda expone, tanto en el plano real donde Kun vive junto a su familia (que por pequeño que sea, esto es, de la casa al jardín infantil, o a la plaza del barrio y viceversa, para un niño de preescolar es un universo enorme), como en aquel mundo al que mágicamente se traslada para vivir aventuras que cualquier otro niño de su edad miraría con envidia, están dotadas de una belleza que, por momentos, alcanza niveles sobresalientes y sobrecogedores.

Incluso los lugares más oscuros por los que en algún momento se mueve Kun están dotados de cierto encanto que los hace atractivos de ver, e imposibles de resistir.

Mirai va más allá de lo meramente estético, en todo caso, sino que se preocupa de darnos una muy interesante mirada acerca de la madurez.

¿Madurez en un niño de cuatro años? No es una hipótesis ridícula. Estamos hablando de un niño que solía ser el centro de la vida de su familia, y que de pronto dejará de serlo, viéndose obligado a aprender a aceptar su nueva realidad (mostrándonos de paso cómo enfrentan los padres este nuevo escenario), a compartir el espacio, el cariño y la atención de sus padres y a que esa criaturita que acaba de llegar, no viene a arrebatarle nada ni es su enemiga. Hosoda nos plantea esta situación de una manera amable, divertida y abundante en buen humor y encanto.

Acierto de su director es la manera en que Kun enfrenta el proceso, como lo haría un niño de esa edad: con imaginación. Todas las situaciones por las que el niño atraviesa con motivo de su nueva situación, precedidas por lo general de algún escándalo, son episodios que le permiten conocer mejor a su familia, entender mejor su historia, el contexto en que ésta tuvo lugar, y cómo llegó a este punto, llevando al niño a entender mejor a sus cercanos, y a apreciarlos mejor.

Y, en el fondo, a dejar de ser un crío irritante y egoísta, aprendiendo a ser el hermano mayor que la nueva bebé necesita.

Nadie dijo que ser padres es fácil (aunque la familia de esta película lo asume, proponiendo una manera de hacer ídem que a algunos, en pleno siglo XXI aún se atreven a cuestionar), y menos a cómo ser hermano mayor. Ambas cosas se van aprendiendo por el camino. Y si bien hay caminos más ligeros y otros con más obstáculos, la forma de recorrerlos pasa siempre por la actitud con que los enfrentemos.

Relato muy bien ejecutado por su director, que recuera una premisa fundamental del cine: que lo fundamental sigue siendo las emociones que una historia es capaz de generarnos.

***3/4

MIRAI NO MIRAI

Director: Mamoru Hosoda

Animación

2018

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

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