hoy te abrazo…¿mañana te mato?

Aunque algunos “líderes de opinión” insistan en hacernos creer lo contrario, la rivalidad entre chilenos y argentinos nunca ha ido más allá de la humorada, de la anécdota y del grito de barrabrava. A decir verdad, nuestra relación con nuestros vecinos del río de La Plata es bastante cordial, y con ellos nos llevamos harto mejor que con otros del sector.

Claro que cuando nos hemos peleado con ellos, ha sido en mala. La última vez que sucedió así fue durante las últimas semanas de 1978, por una disputa acerca de la soberanía sobre el Canal de Beagle, en el extremo sur del continente, que tuvo a ambas naciones a casi nada de irse a la guerra.

Sólo el anuncio emitido por el Vaticano, de que el Papa Juan Pablo II accedía a mediar entre ambos países por este tema, detuvo un conflicto armado que parecía inevitable.

De esta casi-guerra se conmemoran, por estos días, sus 40 años, y sirvió de base para Mi Mejor Enemigo, filme de 2005 dirigido por Alex Bowen, que constituye uno de nuestros escasos acercamientos al género bélico, por mucho que se trate de un enfrentamiento que, finalmente no fue, desde el punto de vista de un grupo de conscriptos, en plena zona en disputa.

Sé que parece extraño hablar de cine bélico a propósito de un conflicto armado que no alcanzó a materializarse en el campo de batalla, cuyos mayores hitos se dieron en el entorno diplomático. Tampoco dudo que esto último pueda servir de base a un relato interesante (no en vano, se trataba de evitar una guerra lo antes posible), pero los conflictos, por cortos que sean, se deciden en el campo.

Bowen enfoca su relato en un puñado de conscriptos, que a lo más deben pasar los 20 años de edad, asignados para el servicio militar en Punta Arenas, a pocos días del día en que, supuestamente, comenzarían las hostilidades. Este grupo, al mando del sargento Ferrer (Erto Pantoja) con enviados a campo abierto, a una misión de rutina, de reconocimiento. Sin embargo, unos cuantos eventos desafortunados alteran la operación, cuando se extravían en plena Patagonia.

Obligados a acampar mientras son encontrados, este grupo se encuentra con un pelotón argentino, pasando por una situación similar. Lentamente, empujados por la necesidad, ambos grupos, que eventualmente se enfrentarían en combate, deberán relacionarse y auxiliarse mutuamente.

Este enfoque acerca de la historia que está contando, y del contexto histórico en que tuvo lugar, visto desde la perspectiva del individuo que estuvo ahí, en el lugar y, digamos, momento, de la verdad, es el gran acierto del filme.

Porque desde el momento mismo de los hechos, hemos conocido cómo se zanjó la disputa en el plano diplomático, que concluyó finalmente en el tratado de paz y amistad suscrito entre ellos y nosotros en 1984, aunque casi nada de cómo era la situación en el momento mismo de los hechos, de cómo las zonas que pudieron haberse visto afectadas por el conflicto se prepararon para el enfrentamiento. Y casi nada de las historias de esos anónimos personajes que formaban parte de los contingentes trasladados al sur.

Hombres de todas las edades llamados a los cuarteles, con la idea de que están sirviendo al país, de que serán héroes. De que habrá calles, plazas, edificios con su nombre.

Lo que no puede estar más lejos de la realidad. Los homenajes son para los generales. Para los soldados rasos, alguna mención en algún reporte que quedará archivado y se pondrá amarillo por el tiempo y el olvido. Cuando mucho, alguna pensión de gracia. A lo más, alguna representación en algún monumento bajo el genérico “soldado desconocido”.

Pasa en las guerras que sí se verifican y no va a pasar con una que no llegó a serlo.

Mi Mejor Enemigo, entonces, tiene ese tema de fondo, el sinsentido de la guerra para el ciudadano de a pie. No sólo desde el punto de vista que ya he dicho, sino también de la relación entre bandos que, porque algunos peces gordos lo han declarado, tienen que ser enemigos. Aunque tengan muy claro que son personas más parecidas que diferentes, con semejantes necesidades y aspiraciones. Y eso es lo que termina uniendo a los dos pelotones “en conflicto”, más allá de la bandera y del color del uniforme.

Dos bandos que compartirán el suelo, la comida, la correspondencia, hasta un improvisado partido de fútbol en medio de la nada. Dos bandos que hoy se abrazan, pero que de un momento a otro podrían estarse matando a balazos.

Es cierto que con la actual ola chovinista que atravesamos, una película que se atreve a plantear la amistad y cordialidad entre bandos enemigos, muy probablemente sea escupida por aquellos “valientes que dicen las cosas por su nombre y sin pelos en la lengua” (que no son más que unos trogloditas echando garabatos con ventilador). Bueno, los que sí tenemos más de dos dedos de frente siempre tendremos obras como ésta para recordar que hay una esperanza, mínima que sea, de armar una sociedad mejor.

Mi Mejor Enemigo fue nominada al Premio Goya de ese año, como Mejor Película Extranjera. No lo ganó (competía con la argentina Iluminados Por El Fuego, justo ganador de esa versión) pero fue uno de los primeros atisbos de que el cine nacional empezaba a hacer ruido fuera de nuestras fronteras. Ruido del bueno.

***

MI MEJOR ENEMIGO

Director: Alex Bowen

Intérpretes: Nicolás Saavedra; Erto Pantoja; Felipe Braun; Fernanda Urrejola; Miguel Dedovich; Andrés Olea

Drama bélico

2005

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

 

 

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