¿el ídolo de quién era?

En un pequeño balneario británico, vive la pareja compuesta por Annie (Rose Byrne) y Duncan (Chris O’Dowd). Ella, curadora del museo local que heredó de sus padres. El, profesor universitario y administrador de la página web dedicada a su obsesión: la carrera musical del estadounidense Tucker Crowe (Ethan Hawke), compositor cuya pista se perdió luego de la publicación de su álbum más clásico, titulado Juliet, a mediados de los 90.

Gracias a su fanatismo, Duncan recibe por correo una copia de “Juliet,Naked”, las primeras grabaciones a nivel casero del disco en cuestión, lo que reactiva la devoción de Duncan por Crowe. Harta de sentirse postergada por esta obsesión, Annie se registra en la página web y, bajo un seudónimo, hace una reseña lapidaria de la grabación.

A los pocos días, Annie recibe un e-mail cuyo remitente dice ser Tucker Crowe, quien no puede estar más de acuerdo con las opiniones de la chica respecto al registro. Y aunque en un principio Annie duda de la identidad de su interlocutor, de a poco comienzan una seria y sólida amistad epistolar con el retirado músico…

El poster dice “de la novela de Nick Hornby, autor de Alta Fidelidad y Un Gran Chico”. Listo, caí. No sólo es uno de mis autores favoritos, sino que además es el responsable último de mi película favorita de la vida. Así es como llegué a Amor En Vinilo (que mal y equivocado título), la más reciente adaptación de su trabajo, a partir de su novela, Juliet, Naked (Julieta, Al Desnudo…¿ven? Quedaba harto mejor), cuyo motivo principal es, como siempre, las relaciones personales, con todas sus virtudes y, sobre todo, imperfecciones.

Aunque debe ser primera vez, dentro de lo que sé, que Hornby enfoca este tema desde el punto de vista femenino. Alta Fidelidad, Un Gran Chico, Fiebre en las Gradas, han sido historias de tipos tratando de hacer las paces con sus existencias, enfrentados a ese momento decisivo llamado madurez.

En este caso, la historia se nos cuenta desde la vereda del frente. Sí, tanto Duncan como Tucker son personajes masculinos muy hornbyeanos. Por un lado, el tipo que no encuentra satisfacción, aunque motivos para sentirla le sobran, por una vieja dependencia a un hito que ya pasó. Por otro, ese tipo talentoso que, por un lado, nunca supo superar un traspié, y a quien el éxito que alguna vez tuvo lo cegó, al punto de hacerlo incapaz de apreciar las cosas valiosas de la vida.

Ni Duncan ni Tucker son malos tipos. Pero ninguno de los dos es capaz de ver más allá de sus propios rollos.

Es en este escenario en que nos encontramos con Annie (una inspirada Rose Byrne), una mujer entre dos tipos unidos por el mismo vínculo (el obsesionado y la obsesión), una chica sin mayores pretensiones en la vida que sentirse querida y respetada. Una protagonista que ha tenido demasiada paciencia, que siente que ya ha cedido demasiado, que ya ha tenido suficientes postergaciones.

Que, sin embargo, encuentra una salida a sus desencantos a través de, precisamente, quien ha sido la razón de ellos y que, increíblemente también está desencantado de su propia existencia. Tucker –en la notable interpretación de un Ethan Hawke que…¿en qué minuto envejeció de esta forma?- vive una vida plana, frustrante, en la que la que se supone era su gran pasión –la música- nunca lo llenó como pensaba. Por el contrario, lo fue haciendo un ser más vacío, incapaz de consolidar lazos muy fuertes que digamos con las muchas familias que fue repartiendo por ahí, en sus años de popularidad.

De ahí que resulta natural la conexión entre la desencantada Annie y el instatisfecho Tucker. El vínculo que arman terminará siendo lo que ambos necesitaban para fortalecer su parada ante la vida.

Ella, aprendiendo a darse a respetar. El, aprendiendo de sus errores, y de que él depende corregirlos para hacer las paces con su entorno y consigo mismo.

El desempeño del director Jesse Peretz (formado en tv a través de series como Glow, Girls o Nurse Jackie) es bastante correcto a la hora de contarnos la historia, aunque se nota que su especialidad son los relatos que pueden contarse en 45 minutos a poco menos de una hora. En este trabajo, que supera los 100 minutos de duración, a veces pierde el ritmo y alarga más de lo razonable situaciones que no necesitan extenderse tanto.

Sin embargo, eso no daña mayormente el desempeño del filme, cuyo principal sostén son las actuaciones del trío protagónico y, por supuesto, la base argumental proporcionada por Hornby, un autor que ha marcado época convirtiendo vidas ordinarias en epopeyas que vale la pena conocer.

***1/4

JULIET,NAKED

Director: Jesse Peretz

Intérpretes: Rose Byrne; Ethan Hawke; Chris O’Dowd

Comedia romantic

2018

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

nunca olvidar a los amigos

Cuando era muy pequeño, el niño Christopher Robin solía visitar el mágico lugar conocido como el Bosque de Cien Acres, para encontrarse con las fantásticas y amigables criaturas que vivían en él: el osito Pooh, Conejo, Piglet, Igor el burro, el tigre Tigger, Búho, Cangu y su hijo Rito.

Unos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Christopher Robin (Ewan McGregor) se ha convertido en ejecutivo de una importante fábrica de equipajes, y vive prácticamente para su trabajo, sin tiempo para jugar u otras distracciones, lo que le ha llevado a una tensa relación con su mujer Evelyn (Hayley Altwell) y su hija Madeleine (Bronte Carmichael).

Sobrepasado por la complicada situación financiera de la empresa, Christopher debe quedarse en su casa planificando una manera de reducir costos, tratando de no dañar al personal. Mientras se sienta en un parque a tomar un descanso, escucha una voz que hace más de 20 años no escuchaba, y que en pleno centro de Londres no esperaba encontrarse: Pooh ha salido de Cien Acres y necesita su ayuda desesperadamente…

Disney insiste con las adaptaciones en formato live-action de sus personajes más clásicos. Ya las últimas semanas hemos visto los avances de Dumbo (a cargo de Tim Burton) y de El Rey León (de la mano de Jon Favreau). Y aunque no es una creación propia, sino del autor Alan Alexander Milne, inspirado en los juegos de su hijo Christopher, el mundo del osito Pooh y sus amigos peluches animados, es una de las marcas más reconocibles de la casa de don Walt. Era obvio que tarde o temprano iban a caer en la adaptación.

La historia básica es conocida: son las aventuras que compartía un niño que, tras atravesar por una puerta mágica, ingresaba a un mundo mágico donde sus peluches cobraban vida, así como las vivencias de estos juguetes entre sí.

Ahora, hay que reconocer que esta vez, en vez de la mera transcripción en live-action del relato ya conocido, enfoca la historia, titulada Christopher Robin: Un Reencuentro Inolvidable desde otra perspectiva: ¿qué pasa con el niño cuando se convierte en un hombre?¿Qué pasa cuando el niño crece, madura, se hace responsable, forma una familia, contrae responsabilidades y ya no tiene tiempo para distracciones?

El protagonista no puede estar más alejado de lo que alguna vez fue. No, no se volvió un mal tipo. De hecho, aunque es un ejecutivo importante dentro de la compañía en que se emplea, se ve con la soga al cuello cuando su jefe, un total inepto con buenos contactos, le exige recortar gastos, lo que se entiende claramente como “despídelos a todos”, decisión que Christopher se resiste a tomar. El problema comienza cuando por avanzar en su trabajo, a fin de dar un mayor bienestar para su familia, termina quitándole a ésta lo que de verdad necesita.

La película no puede ser más sencilla, y tiene sus mejores momentos cuando Pooh y su pandilla aparecen y hacen de las suyas. Tampoco pretende ser más que eso. Christopher Robin no pretende cambiar la historia del cine ni nada, ni tampoco dejar moralejas. Con la sencillez de un cuento infantil, le basta y le sobra para que podamos considerarla un relato amigable, agradable, inofensivo.

Sostenido básicamente en el correcto desempeño de un  Ewan McGregor que se desenvuelve bien rodeado de personajes que, en estricto rigor, no están ahí (tanto en el momento en que descubre a Pooh en Londres y su urgencia por que éste no sea descubierto y que lo tomen por loco, como en la instancia en que acepta que esta fantasía es parte importante de su vida), y en la simpatía de los personajes animados, este es un filme que nos recuerda que sí, que es necesario e inevitable madurar, pero no es bueno hacerlo a costa de lo que nos identifica, lo que nos hace felices, lo que nos define como somos.

Lo que son las cosas, pocos meses antes Disney había estrenado A Wrinkle in Time, un relato lleno de parafernalia que no convenció a nadie, mientras que con Christopher Robin, cuyo breve relato y justa ejecución, nos dio una película que, quizás no pase de los resúmenes del año, pero que sin duda será grato volver a encontrar por ahí en el futuro.

***

CHRISTOPHER ROBIN

Director: Marc Forster

Intérpretes: Ewan McGregor; Halyey Altwell; Bronte Carmichael: Mark Gatiss; Jim Cunnigham (voz); Sophie Okonedo (voz); Peter Capaldi (voz), Toby Jones (Voz)

Fantasía

2018

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