preguntas y respuestas

Las cosas, como son. Si usted a estas alturas no entiende qué significa “Pasapalabra” es porque viene de otro planeta. Y es que el programa de concursos adaptado por CHV a principios de año como un programa más para rellenar en verano, se ha convertido en un verdadero fenómeno, del cual es imposible abstraerse.

Pero no es para sorprenderse. Los programas de concursos han sido fundamentales para la televisión casi desde sus inicios. La posibilidad de una persona común de acceder a un premio millonario, a grandes lujos, o simplemente a disfrutar quince minutos de fama y ser reconocidos por la calle, es la piedra angular de uno de los géneros televisivos más exitosos de todos los tiempos.

Como todo producto exitoso, no falta quien huele algo raro detrás de ello, y no son pocos los que dudan de cómo se manejan estos shows. Y es lo que da pie a esta revisión de Quiz Show: El Dilema, la brillante película de Robert Redford que, precisamente, trata este tema.

Corre el año 1956, y el concurso de conocimientos “21” es el programa más exitoso de la televisión estadounidense, sobre todo gracias a la campaña invicta de Herbert Stempel (John Turturro), un residente de Queens que ha cautivado a gran parte de la audiencia. Sin embargo, las audiencias se han empezado a cansar del concursante, y al patrocinador no le convence mucho que su producto, un tónico llamado Geritol, se vea asociado con un personaje tan patético.

Los productores del show, así, se ven obligados a buscar otro concursante, más atractivo para las masas, y lo encuentran en Charles Van Doren (Ralph Fiennes) un joven profesor universitario, hijo de un conocido escritor y parte de una prominente dinastía de intelectuales. Tras ficharlo, los productores deben convencer a Stempel a dejarse derrotar para dar paso al nuevo participante.

Tiempo después, cuando Stempel siente que los realizadores del programa no cumplieron su parte del trato, denuncia a la cadena ante distintas autoridades, sin éxito, hasta que Dick Goodwinn (Rob Morrow), un joven abogado del Congreso se entera de estas denuncias, y viaja a Nueva York a investigarlas.

Basada en las memorias de Richard N. Goodwinn (aunque se habló por ahí de que Redford se tomó demasiadas licencias a la hora de adaptar el relato, aunque sin desvirtuar el meollo del asunto: cómo operan los programas de concurso, habida cuenta las grandes cifras que manejan en premios y los vaivenes del rating.

De acuerdo al relato de Goodwinn, “21” (aunque en los hechos fueron varios otros shows de este tipo más) estuvo en el ojo del huracán cuando se supo que los productores entregaban de antemano las respuestas, tanto correctas como incorrectas,  a sus concursantes para favorecer o fortalecer a unos u otros, en pos de mantener a la audiencia cautiva, y con ello a los auspiciadores.

Cual promoción de lucha libre, se implica que los ejecutivos de la NBC, canal que producía el programa, hasta instruían a los concursantes sobre cómo debían pararse en el escenario, reaccionar a las distintas preguntas, respuestas y situaciones. El manual contemplaba incluso cómo secarse la transpiración en caso de duda.

Esta es una película donde no hay “buenos” ni “malos” en el sentido estricto de cada palabra, sino personajes derechamente hipócritas.

Stempel (un soberbio John Turturro), un don nadie que siempre lo ha sido, es y será, posa de víctima, de traicionado, engañado, de que lo perjudicaron, pese a que reconoce haber sido partícipe de los mismos arreglines (en los que cayó mediante engaños, nunca es culpa suya).

Van Doren, para todo el mundo es un personaje virtuoso, y aunque al principio se resiste a la idea, la fama y fortuna fáciles lo terminan seduciendo y  cae en el mismo juego. Si a la larga da un paso al costado, no es por un tema de consciencia, es un tema de stress.

Productores, patrocinadores, todos alegan ser víctimas de una persecución, de que se está culpando a los entes equivocados, escudándose que sólo piensan en la audiencia. Sin embargo, todos sacan provecho de la exposición.

Nadie es inocente aquí. Ni siquiera Goodwinn, quien peca de ingenuo tratando de irse contra una industria que ya en esa época estaba blindada por todos los rincones posibles.

Todos pierden en esta pasada. Y sólo unos pocos, más vivos que el resto, sacan algún provecho, incluso de la derrota.

Es con estos personajes, con esta historia, con este entorno, que Robert Redford se despacha una de las grandes películas de la década. Tanto que se adjudicó cuatro nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película y director. Si no ganó fue porque en la misma quina estaban títulos como Forrest Gump, Pulp Fiction, Sueños de Libertad o Balas sobre Broadway (¿se ha vuelto a ver una quina de nominadas a mejor película donde todas lo merezcan?)

Con la excusa de un show de televisión, Redford plantea un gran relato acerca de la ambición, y de como en pos de ésta, el ser humano cruza las líneas que separan lo correcto de lo incorrecto, con demasiada facilidad. Stempel, Van Doren, tal vez hayan sido buenas personas, pero cuando se les dio la oportunidad de torcer un poco las cosas para sacar un provecho, lo hicieron.

Y, considerando la cantidad de concursos que se emiten por televisión alrededor del mundo, cualquiera puede caer en lo mismo.

Si tiene oportunidad, véala. Gran película.

QUIZ SHOW

Director: Robert Redford

Intérpretes: John Turturro; Ralph Fiennes; Rob Morrow; Mira Sorvino; Hank Azaria; David Paymer; Christopher McDonald; Paul Scofield; Allan Rich

Drama

1994

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