es más fácil culpar a Apu

Aunque durante la última década y media Los Simpson han tomado una curva descendente que los ha convertido en una mera sombra de lo que alguna vez fueron, hubo una época gloriosa en que solían ser uno de los grandes baluartes de la cultura pop, gracias a una comedia irreverente, sarcástica, absurda y sobre todo ingeniosa.

Durante la primera mitad de su carrera televisiva, el universo de personajes amarillos creado por Matt Groening hizo gala de un excelente sentido del humor, demostrando que uno se podía reír con ciertos personajes, no de o a costa de ciertos personajes. Yo no recuerdo un capítulo de Los Simpson de sus mejores tiempos (temporadas 1 a 10) en que abusaran del racismo, la misoginia, alguna fobia, ni que fueran particularmente ofensivos o duros con alguna etnia, minoría, comunidad o gremio.

Sí, había chistes sobre el policía flojo e incompetente (el Jefe Górgori), sobre el político corrupto (el alcalde Diamante), sobre el fanatismo religioso (Flanders), el italiano mafioso (Tony El Gordo), el artista mediocre (Krusty), las vocaciones en crisis (el Reverendo Alegría, la maestra Krabbapel), el estereotipo del americano cervecero y de poco seso (Homero), el judaísmo, el rol de la mujer en la sociedad, la riqueza, la pobreza, la vida, la muerte, la personalidad del estadunidense fuera de su país, en fin. Los Simpson se reían de todo y de todos, pero con todo y con todos. Nunca ninguno de estos chistes podrían ser considerados una campaña sostenida de desprestigio o ataque en contra de un grupo o individuo determinado. En algunos casos, hasta servían para crear consciencia.

Eso era lo que marcaba diferencias abismales entre Los Simpson y otros ejemplares como South Park o cualquiera de las porquerías perpetradas por Seth McFarlane.

Por eso es que jamás habríamos considerado a un personaje como el comerciante de origen indio Apu Nahasapeemapetilon un chiste racista o cruel. Los guionistas que alguna vez tuvo esta serie fueron lo bastante capaces de hacer bromas con este personaje sin caer en el humor simplón, burlón y cruel de muchos otros ejemplos, desde Family Guy hasta Morandé con Compañía.

Pero eso fue antes. Antes del equipo de guionistas que desde mediados de los 2000 está a cargo de la serie. Ese grupo de ineptos que, incapaces de replicar lo hecho por sus brillantes antecesores, optaron por nivelar para abajo y tratar de convertir a la serie en una versión amarilla de su “clon” más obvio (sí, Family Guy, hablo de ti), apelando a un concepto llamado “Flanderización”. Otro día hablaremos de ello con más calma, pero es básicamente abusar y exagerar las características que hacían atractivo y divertido a un personaje, hasta hacerlo irritante.

Ejemplos? Flanders pasó de ser un tipo correcto, a un fanático religioso paranoico y obsesivo. Homero pasó de ser un gordo torpe a un descerebrado irritante que a estas alturas terminas por desearle la muerte.  Bart pasó de ser un niño travieso, pero consciente de las consecuencias de sus actos, a un psicópata sin remordimientos. Lisa pasó de ser la voz de la razón y las causas justas a una mocosa insoportable abanderizada con la causa justa de moda, que siempre tiene que tener la razón. Y así.

Con este nivel de ineptitud y flojera, no me extraña que ante una polémica tan artificialmente inflada a partir del documental “The Problem With Apu”, hayan inventado una solución tan torpe: desde la próxima temporada, el personaje desaparecerá.

En este documental, estrenado hace un par de años, el comediante de ascendencia hindú Hari Kondabulu, relata lo difícil que le fue su infancia y adolescencia, al ser permanente blanco de bromas debido a su nacionalidad, agravadas por alusiones al gerente del Kwik-E-Mart, cuya voz interpreta en inglés Hank Azaria. Y a partir de su experiencia relata cómo el contenido de muchas expresiones audiovisuales afecta la vida de las personas. Ello puso a Apu y a Los Simpsons en el debate, que solo será zanjado cuando el personaje, a partir de 2019, no vuelva a la serie.

Puede que Kondabulu tenga razón en el fondo, pero creo que enfoca mal el problema, al ponerlos a todos en el mismo saco.

Soy de la opinión que el país empezó a irse a la cresta cuando alguien pensó que personajes como Che Copete o como Ruperto o Tony Esbelt eran graciosos. No lo son, en realidad son bastante lamentables. E inapropiados en un país donde el alcohol es causante de tantas desgracias o las minorías sexuales han sido tan maltratadas. Entiendo perfectamente a Kondabulu, desde esa óptica.

Pero no puede medirlos a todos de la misma forma.

Cierto, Apu está construido a base de estereotipos y lugares comunes (bromas sobre la sobrepoblación en la India, el budismo, los matrimonios arreglados, la inmigración), pero son eso: estereotipos. No se están riendo de lo que los hindúes son, sino de las cosas que se han atribuido por años a esta cultura. Lo mismo de las bromas que se hacen a propósito de su oficio de comerciante, arreglándole la fecha de vencimiento a los productos, vendiendo artículos de mala calidad a mitad de precio, y aprovechándose de la confianza del cliente (lo mismo hacía Manolito, en Mafalda hace cuarenta años, y nadie se quejó).

Lo mismo que ese episodio que generó controversia en Brasil, cuando los Simpson iban a Río. Un diplomático brasileño envió una nota de reclamo a Fox por lo mal que ese capítulo dejaba a ese país, lo cual también fue un error de interpretación.

No es el personaje el del problema.

El problema es lo que lo han hecho representar. De cómo se ha interpretado por los buenos para nada que escriben actualmente sus intervenciones (que sustituyeron el ingenio de antes por la burla gratuita y simplona de hoy). Y de cómo se ha interpretado por cierto sector del público.

Y así lo han hecho con chinos, italianos, latinos, franceses, africanos, australianos, policías, dueñas de casa, profesores, credos religiosos, políticos, personajes de farándula, en fin.

“Oye, pero si fueras hindú lo entenderías…¿te gustaría que a la gente de tu país le dijeran tal o cual cosa?” Soy chileno, donde vaya van a pensar que voy a robarle la billetera a alguien. Y sin embargo, no ando acudiendo a La Haya por eso.

Lo realmente ofensivo de este asunto es la flojera, la debilidad de los actuales creativos de la serie. Los de las primeras temporadas, esos mismos que se vengaron de un George Bush que mientras fue presidente de EEUU ninguneó de lo lindo a la serie, haciéndolo ver como un anciano loco, prejuicioso y con rabietas, habrían resuelto el entuerto con gracia y astucia.

Los actuales, que deben ser parientes de Otto y su sofá, sólo han cedido a las presiones y toman el camino fácil de eliminar a un personaje. Todo para dejar contentos a algunos que nunca pescaron la serie hasta el momento de la polémica, o que se colgaron de ella como excusa para atacar la serie porque no les gustaba.

Esto es un golpe más para una serie que ciertamente supo de épocas mejores, y que durante la última década ha vivido una dolorosa agonía, a cargo de un grupo de incapaces que nunca han tenido idea de en lo que se estaban metiendo, ni de para donde va esta micro.

Fuiste bueno, Apu.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

 

 

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