la familia genio

Sin proponérmelo, ayer terminé viendo un programa doble de Wes Anderson: The Royal Tenenbaums y Fantastic Mr. Fox, y aparte del muy buen ánimo con que me dejaron, me puse a pensar en Anderson como uno de los directores más brillantes de las últimas dos décadas.

Ello, porque me puse a sacar cuentas y razoné que no Anderson no tiene ninguna película mala. Tal vez haya un par que no me gustó tanto, pero eso es una cuestión personal. Obviando subjetividades, tanto Life Aquatic como The Darjeeling Unlimited son películas muy por encima del estándar, y no seré yo quien desconozca la grandes películas que son.

En poco más de 20 años (aunque su notable filme debut, Rushmore, fue estrenado en 1998, ya tenía varios cortos y guiones en el cuerpo) Anderson se ha convertido con justicia, en uno de los nombres importantes del cine actual, que ha hecho una carrera notable, en sus términos: produce, filma y narra, a su manera. En una industria como la actual, la existencia de un director capaz de imponer sus propios términos, con resultados garantizados, es meritoria.

Y aunque la historia había comenzado con Rushmore (que se estrenó por acá, aunque duró la nada misma), fue Los Excéntricos Tenenbaums la primera película de Anderson que se estrenó con bombos y platillos. Atrasada y todo, pero llegó.

Royal Tenenbaum (Gene Hackman) y su esposa Etheline (Anjelica Huston) tuvieron tres hijos: Ritchie (Luke Wilson), Chas (Ben Stiller) y la hija adoptiva Margot (Gwyneth Palthrow). Los tres fueron, desde muy temprana edad, verdaderos prodigios.

Antes de la adolescencia, Chas ya era un genio de las finanzas y del negocio inmobiliario. Por la misma época, Margot escribía obras de teatro que le valieron una beca para un importante instituto de letras. Y Ritchie era un as del tenis, arrasando con cuanto campeonato tuviera por delante. Sin embargo, para Royal esos gigantescos logros nunca fueron la gran cosa, lo que, sin ningún tacto ni filtro, hacía saber a sus hijos.

No es de extrañar que, cuando sus padres se separaron, los hermanos Tenenbaums optaran por quedarse con su madre.

Varios años después, cuando Etheline está por casarse con su leal contador Henry Sherman (Danny Glover), Royal, despechado y en la ruina, vuelve al seno familiar, temiendo ser desplazado de su propia familia. Pero para sus hijos, con demasiados problemas personales, frustraciones, vacíos y fracturas sin curar, su reaparición está lejos de ser un motivo de celebración.

Un tema recurrente en la narrativa (escrita, audiovisual, en fin) es lo que se conoce como el desorden de las familias. Ese cliché que hemos escuchado más de una vez que “pasa hasta en las mejores familias”, en este filme, escrito por Anderson en colaboración con uno de los intérpretes del filme, Owen Wilson, es prácticamente un mantra.

Y es que los Tenenbaums, familia de origen burgués, parte del circuito intelectual, que dio a luz tres hijos brillantes, podría ser una familia que ha logrado vivir sin problemas, y con todo en orden. Pero en el caso de este grupo, eso está muy lejos de suceder.

Margot, Chas y Ritchie tuvieron todo para ser exitosos, y en algún momento lo fueron. Pero ese éxito nunca fue garantía de felicidad, satisfacción o, al menos, estabilidad.

Y todo debido al trato que su progenitor les dispensó en momentos claves de su vida. Royal Tenenbaum (soberbia interpretación de Gene Hackman), un tipo incapaz de mirar más allá de su metro cuadrado, fue un desastre como padre de familia. No habrá sido violento o agresivo, pero el daño que les hizo a sus descendiente con su indiferencia, su distancia y permanente desdén para con ellos, fue peor que una vida de palizas.

De adultos, los tres hermanos son seres fracturados, vacíos, emocionalmente inestables, paranoicos, incapaces de experimentar algún tipo de emociones. De ahí que la reaparición en sus vidas del hombre que los destruyó, no puede ser visto como buena noticia.

Y si bien al principio las razones del retorno de Royal al entorno familiar son totalmente egoístas (no terminar durmiendo en la calle, evitar que su mujer termine unida a otro hombre al que detesta, aún cuando es un tipo más bueno que el pan), todo el proceso le permite apreciar de cerca todo el sufrimiento que ha causado a su esposa e hijos –y todos los males que él mismo ha debido enfrentar los últimos años- tienen un único gran culpable. Y sólo de ese gran culpable depende no sólo su redención, sino la de todo su entorno.

Una historia que parte desde una perspectiva oscura, muy pesimista, pero que lleva a sus protagonistas a pasar por un proceso de reencuentro, de reconocimiento, de catarsis.

La familia Tenenbaum llega a tocar fondo.

Y sólo una cosa se puede hacer después de tocarlo.

La forma de narrar y hacer cine de Anderson, apelando la estructura coral, con personajes enfrentados a circunstancias que hacen de su vida algo extraordinario, dividiendo la historia en capítulos, y sabiendo mezclar los distintos componentes de una película para hacer de ésta una experiencia memorable, abundante en sentido del humor muy suyo, más una capacidad de sacar actuaciones extraordinarias incluso de intérpretes que jamás pensaríamos que lo harían, ya estaban presentes y claramente definidos en este filme, la gran carta de presentación del que, a la larga, se convirtió en uno de los realizadores fundamentales del cine actual.

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THE ROYAL TENENBAUMS

Director: Wes Anderson

Intérpretes: Gene Hackman; Anjelica Huston; Luke Wilson; Ben Stiller; Gwyneth Palthrow; Owen Wilson; Danny Glover; Bill Murray

Comedia dramática

2011

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