la vida en 35 milimetros

Antes de Fiestas Patrias, terminé la enésima lectura de Las Películas de Mi Vida  (Alberto Fuguet, 2003) y con eso, completé la revisión bianual o trianual que hago de las novelas fundamentales de este autor nacional (junto a Mala Onda, Por Favor, Rebobinar y Tinta Roja) que me había propuesto hace algunos meses atrás, y que, como dije en su momento, repaso para ver cómo sigo sintiendo sus novelas, especialmente ésta, mi favorita del combo (como podrán apreciar si ponen el título de la novela ahí arribita, donde dice “Buscar”).

La primera sensación es de tranquilidad. Sigo considerándola mi novela favorita de AF, una de las fundamentales de mi vida como consumidor de literatura, y sigo sintiéndola como una historia cercana (aunque transcurra en los EEUU de primera mitad de los ’70 y en el Chile post Golpe, mientras que yo sólo viví en el Conchalí de los ’80). Sensación que se mantiene intacta aunque la vuelva a leer al menos una vez cada año y medio.

Sigo sintiendo esa sensación de reencuentro y de hacer las paces con el pasado, con el mundo, y con la vida.

Si a estas alturas usted aún no ha leído esta novela, se trata de la historia de Beltrán Soler, prestigioso sismólogo, y lo que le pasa cuando, a minutos de partir a Tokio para cursar un doctorado, acaba de enterarse que Teodoro, su abuelo materno, su mentor en la sismología, ha fallecido tras un fuerte terremoto en El Salvador.

Hijo mayor de una familia que hace mucho dejó de funcionar como tal, se ve obligado a prolongar su escala en Los Angeles, la ciudad donde se crió, y luego de una conversación casual con una abogada estadounidense durante el vuelo, decide matar el tiempo visitando una tienda de películas, en la que encuentra todas esas películas que vio a lo largo de su infancia y adolescencia, reviviendo aspectos de su historia personal que había dado por enterrados.

Entré pensando que era un diario de vida cinéfilo, y me encontré con un relato fuertemente autobiográfico y altamente emotivo. A través de las películas que disfrutó en su juventud, Beltrán, va rearmando su pasado, recordando a su familia, a sus amigos, lo que lo hizo feliz, lo que causaba tristeza, y cómo su mundo paulatinamente se fue despedazando.

Repasando estos pasillos llenos de dvd’s, Beltrán enfrenta el pasado, canaliza sus recuerdos, emociones, frustraciones, todo lo que para bien o para mal lo fue convirtiendo en lo que es y encuentra la fuerza y claridad suficiente para poner las cosas en orden, rehacer su mundo y ser capaz de perdonar…y sobre todo, perdonarse.

Autobiografía encubierta bajo el disfraz de un relato vivencial, en el que Fuguet no tiene miedo abrir la puerta de su propia vida, y relator en primera persona de eso que se suele llamar el desorden de las familias (idea que después desarrollaría en la excelente novela de no ficción Missing-2008-), Las Películas de Mi Vida es, por lejos, el mejor libro de su autor.

O al menos el que sentí más de cerca. Digo, y con el mayor de los respetos, que con el zorrón con crisis existencial de Matías Vicuña no enganché de la misma forma que con el nerd Beltrán Soler que en la oscuridad de la sala de cine se encontraba como en ningún otro lugar del mundo. Por otra parte, a la época de esta lectura tengo aproximadamente la edad de Soler al momento en que inicia su relato.

Quizás me encuentro en una situación personal diferente a la del personaje (no estoy solo, no estoy distanciado de mi familia, la cual tampoco ha sufrido fractura alguna), lo que no impida que sienta cercanías entre su existencia y la mía.

¿No es eso lo que nos vincula a nuestros libros, películas o discos favoritos?

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)