el bien, el mal y al medio

Si en algo aproveché las Fiestas Patrias fue para repasar algunas cosas. Metido en Netflix para ponerme al día con la genial BoJack Horseman (caí en esa pasta para quedarme en ella), aproveché de navegar y me encontré con la notable Sin Lugar Para Los Débiles, el gran filme con que los hermanos Cohen alcanzaron la gloria a principios de 2008, alcanzando cuatro premios Oscar –mejor película, director, actor secundario y guión adaptado- entre muchos otros reconocimientos. A casi once años de su estreno, ya que hace rato que andaba con ganas de volver a verla –y como en su momento no tenía ni siquiera pensado abrir este blog- dije “démosle, poh”.

Basada en la novela del estadounidense Cormac McCarthy (que fue publicada en español con su nombre original “No Es País Para Viejos”, la historia transcurre en 1980, en Texas, y comienza cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin), veterano de Vietnam, soldador y cazador, encuentra los restos de lo que fue un fallido intercambio de drogas. Y luego de examinar el lugar, repleto de cuerpos baleados y autos destruidos, Moss encuentra un maletín con dos millones de dólares en efectivo, con los que huye, abandonando el lugar.

Pocas horas después, un asesino a sueldo llamado Anton Chigurh (Javier Bardem) es contratado para recuperar el dinero robado, enterándose que su fallecido dueño ha colocado un radiotransmisor en el maletín. Chigurh, un criminal tan brillante como frío y despiadado, tras asesinar al menos a cuatro personas, se pone en marcha. Moss alcanza a advertir la existencia de este perseguidor, ordena a su mujer Carla Jean (Kelly McDonald) viajar junto a su madre, lo más lejos posible, y se da a la fuga.

A dicha persecución se suma Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), sheriff del lugar, quien ya iba tras los pasos de Chigurh desde que éste se diera a la fuga, asesinando a un oficial. Hijo, nieto y sobrino de anteriores agentes de la ley, y a poco tiempo de retirarse, Bell solía ser un oficial tremendamente idealista, a quien la violencia implicada en esta situación le mueve el piso de una manera para la cual no estaba preparado.

Aparte de ser un acercamiento al llamado “western crepuscular”, adelantado en una década al revival que el año pasado experimentó este subgénero,  y sin olvidar que es eminentemente una película de acción, nos queda claro la gran capacidad de los hermanos Cohen para contar historias de todo género.

Esta dupla ha entregado grandes comedias, dramas, humor absurdo, cine negro, espionaje, géneros que a la larga han sido la excusa en virtud de las cuales han investigado el seno mismo de la condición humana. Y en este caso, se valen del relato de McCarthy para reflexionar acerca del eterno conflicto entre el bien, el mal y los que están al medio. Como el que está al medio cae con demasiada facilidad hacia el lado del mal, desequilibrando la situación, y desencadenando una serie de consecuencias catastróficas.

Llewelyn Moss, el del medio, es el que gatilla toda la situación. Queremos creer que es un buen tipo…o más bien, que es demasiado ingenuo como para pensar que puede dañar a alguien. Pero lo hace, precisamente por eso. Todo su problema parte por un cúmulo de decisiones imprudentes y mal pensadas. Bastaba con que no se acercara a la escena del tiroteo. O que no tomara el maletín con el dinero. O que simplemente llamara a la policía y que sea problema de otro. Hace todo lo contrario: se queda con el dinero, comienza a escapar, y con eso, su espiral hacia el abismo, personalmente se empieza a ir al carajo, despierta lo peor de sí mismo, y arrastrando en esa espiral de decadencia a todo aquel que se le junte.

Nos queda claro que es un tipo hábil, inteligente, lleno de recursos. No en vano, volvió de Vietnam, y al parecer medianamente sano. Y menos mal que lo es, para poder salir vivo del entuerto en que cayó por ambicioso e imprudente.

No es gran esfuerzo darse cuenta que Chigurh es la encarnación del mal, convertido en una fuerza de la naturaleza imparable. Sediento de sangre, brillante, calculador, frío a la hora de ejecutar sus planes, sin escrúpulos a la hora de emplear cualquier medio para lograr sus fines, da lo mismo a cuantos tenga que balear. La violencia encarnada en un solo individuo,  sabemos poco de él, que nos cuente por sí mismo al menos, Chigurh (soberbia actuación de Javier Bardem) no habla más de lo estrictamente necesario, dejando que sus acciones lo describan mejor que cualquier otro concepto. Y el único personaje que parece saber algo de él, el mercenario Carson Welles (el siempre correcto Woody Harrelson), contratado para recuperar el dinero robado por Moss cuando se interpreta que Anton está llevando a cabo su propia agenda, deja claro que es prácticamente una suerte cruzarse con el criminal y salir vivo de la experiencia. Sólo por si hasta ese momento no nos había quedado claro.

El bien está encarnado por el sheriff Bell (gran y emotivo trabajo de un seco como Tommy Lee Jones). Bell es una fuerza del bien, o más bien del orden, creyente en el uso de la razón antes que la fuerza, a quien la experiencia, los años han ido minando su visión de la sociedad. Bell es un hombre que cree en el triunfo del bien, del castigo del mal, cuyas creencias se han ido desmoronando con las cosas que ha visto. Los hechos que le toca ver en su última gran cruzada antes de retirarse, los que involucran a Moss y Chigurh, la caída en desgracia del primero, la maldad imparable del segundo, son los que le motivan a decir “basta”, y a dar un paso al costado en un mundo que ya no comprende.

Ese es el país que no es para viejos al que alude el título de la obra: Bell se ha vuelto un extranjero, un pollo en corral ajeno, en un país que se ha alejado tanto de aquel que solía conocer, que se siente obsoleto.

Sí, lo sé, no es muy estimulante la visión del mundo que ofrece esta película.

Sin Lugar.. nos enseña un mundo donde el mal, si bien no triunfa, al menos se sale con la suya. Donde el regular hace todo lo necesario para que el mal saque ventajas. Y donde el bien siente que es una especie en extinción que no tiene cabida en el mundo. Y da un paso al costado para salvar lo que le queda de principios, de moral, de esperanza.

Lo que los Cohen nos dan en esta historia cala hondo. Pega fuerte. Y lleva a cuestionarse algunos principios e ideas que damos por sentadas.

Si bien es una película que nos hace cuestionar y perder la fe en la condición humana, lo cierto es que es de aquellas películas que nos devuelve la fe en el cine como arte, como canal de expresión de emociones humanas. Gracias a la gran capacidad narrativa de los Cohen como guionistas, como directores, habilidad que se traduce en la construcción de su relato, en el ritmo y el buen uso de los tiempos narrativos, sacando provecho de la gran fotografía de Roger Deakins (nominado por su trabajo al Oscar ese año), y del gran trabajo de sus actores principales.

No es una película fácil de procesar, lo admito, pero cuando lo logras, te das cuenta que todos estos talentos reunidos han dado lo que uno esperaría de ellos: una de las grandes películas de los últimos años, una de las esenciales de lo que va del siglo.

Uno de esos casos cada vez más esporádicos en que no le discutimos sus decisiones a la Academia.

****

NO COUNTRY FOR OLD MEN

Director: Joel & Ethan Cohen

Intérpretes: Josh Brolin; Javier Bardem; Tommy Lee Jones; Woody Harrelson; Kelly McDonald; Barry Corbin; Stephen Root; Garret Dillahunt

Policial

2007

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

 

 

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