lo que un padre (enojado) es capaz de hacer

Vaya, entre tanto aniversario número diez que hemos tenido últimamente (Ironman, The Dark Knight, Wall-E), se nos estaba pasando una película que, pasó muy piola en su momento –de hecho, en Chile se estrenó con meses de atraso- pero que nadie que la haya visto quedó indiferente.

Lanzada en su Francia de origen en febrero de 2008, Taken (Búsqueda Implacable) dirigida por Pierre Morel, un aventajado alumno de la escuela francesa del cine de acción, si lo quieren llamar de esa manera, encabezada por Luc Besson quien, no en vano, hizo de productor de esta película. Esta manera de filmar la acción pura y dura, a su vez, bebe harto del cine policial estadounidense de los ’70, ese que nos presentaba al policía/detective/investigador/incluso criminal y circunstancial héroe de sus historias, como seres fracturados, heridos, en permanente conflicto consigo mismos, y con su entorno, que han hecho de su vida un apostolado por hacer lo correcto, aun si a veces debe recurrir a los métodos incorrectos.

Ese estereotipo que fue abandonado por Hollywood en los ’80, cuando la industria se cuadró con la política estadounidense post Vietnam (que buscaba recuperar el espíritu herido del país a través de héroes intachables, personajes de antecedentes inmaculados, orgullosos de las barras y estrellas) fue recogido en una Europa que, tras la caída del Muro de Berlín y de la URSS, y la conversión de varios de sus países en sucursales de EEUU, tampoco era la misma de antes. Una Europa en la que el mapa político, social y demográfico cambió mucho en pocos años, para bien, y para mal. Ese fue el caldo de cultivo de este cine, que tuvo como dije su gran exponente en Besson, y en Jean Reno su rostro más reconocible.

Esta es la situación de Bryan Mills (Liam Neeson), ex agente de la CIA, hoy dedicado a la seguridad privada, tan concentrado, tan metido en su trabajo que ello le llevó a perder a su familia: su mujer, Lenore (Famke Janssen) se divorció de él harta de esta situación, llevándose a la hija de ambos, Kim (Maggie Grace), para casarse con un próspero industrial, Stuart (Xander Berkeley). Dadas las circunstancias, Mills procura recomponer la relación con su hija, aunque sus esfuerzos no siempre rinden fruto.

La oportunidad se presenta cuando Kim, junto con una amiga, deciden viajar a Paris. Aunque a Mills, un tipo que a lo largo de su vida, y de su carrera, no confía ni en su propia sombra, no le convence mucho la idea, termina cediendo. Presionado por la sensación que si le niega el permiso para viajar, la relación con su hija morirá para siempre, le da la autorización, siempre que cumpla con un montón de recomendaciones para su seguridad personal.

A las pocas horas de arribar a la capital francesa, Kim y su amiga son secuestradas desde el departamento en el que se alojaban. Mills, que poco antes conversaba con su hija luego de que ella no le llamara según lo acordado, escucha toda la situación, recopilando toda la información y las pistas posibles, grabando incluso la voz de uno de los secuestradores. Aprovechando sus habilidades y sus contactos con los servicios de seguridad, Mills viaja en seguida a Francia, para rescatar a las chicas antes que sea tarde..

Fiel a la escuela del cine de acción francés, Pierre Morel se vale de una premisa que no sería raro considerar inverosímil*, pero cuenta su cuento tan bien, dosificando correctamente los distintos ingredientes que forman parte de esta película: las convincentes escenas de acción (vale, Liam Neeson ya tenía sus años para la época de este filme, pero se supone que fue entrenado por la CIA, y no se le ha olvidado, así que no deberíamos tener dudas a su respecto), combinan debidamente con los diálogos, las secuencias sin palabras en las que Mills reconstruye paso a paso lo sucedido con su hija, las distintas etapas y situaciones que debe afrontar para dar con ella, importándole un comino si debe arrasar con media ciudad o a quien deba rompérselas en el proceso.

(*Lo cual da lo mismo cuando la historia está bien contada)

Porque tiene claro la calaña de los enemigos que está enfrentando. Porque sabe que a través de las instancias oficiales, según las reglas, nada se podrá lograr respecto de ellos.

La historia se cuenta y se entiende sin perder tiempo en explicaciones que no vienen al caso, las secuencias de acción impactan y son realmente emocionantes, y se pasa volando.

Morel aprendió muy bien de sus maestros. Y se nota que aprendió de ellos, y de muchos filmes que podrían servir de referencia de la mejor manera posible: viéndolos, disfrutándolos y deseando contar su propio cuento.

Con casi la totalidad de la historia girando en torno suyo, Neeson, cuyos papeles en el campo de la acción o de mayor exigencia física eran más bien escasos o secundarios, se entrega por completo a dar vida a Bryan Mills, un chico bueno, que sólo quiere hacer lo correcto, que no tiene problemas en hacerse pasar por chico malo y jugar según las reglas de estos últimos. A través de Mills, prácticamente surgió un subgénero dentro del cine de balazos, combos y patadas, que tiene en Neeson a su principal ícono.

Película que a una década de haberse estrenado, y pese a dos secuelas que no le hicieron mucha justicia, que nos dieron una nueva clase de “héroe” de acción, no ha envejecido, mantiene su intensidad y sus virtudes intactas. Filme donde todas sus secuencias importan, todas igualmente memorables, que nos permiten entender hasta donde puede llegar un padre cuando alguien se mete con su descendencia.

***3/4

TAKEN

Director: Pierre Morel

Intérpretes: Liam Neeson; Maggie Grace; Famke Janssen; Xander Berkeley; Jon Gries; Holly Balance

Suspenso

2008

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata