inmejorable antecedente

Ya que hemos recordado los 10 años de The Dark Knight, ha vuelto a ponerse en el tapete la conversación acerca de las fuentes a partir de las cuales Christopher Nolan armó el segundo capítulo de su trilogía dedicada al Hombre Murciélago, celebrada, como se dijo, por sacar del entorno fantástico al personaje y trasladarlo a un universo que podría pasar por real en cualquier país del mundo.

Para casi la unanimidad de críticos y estudiosos, la influencia más clara vino de la mente de Michael Mann, lo cual no es de extrañar. Mann ha sentado su carrera tomando como base historias de personajes solitarios, que creen firmemente en hacer lo correcto, aunque sus métodos no sean, precisamente, los correctos. Considerando la interpretación que Nolan hace de Batman, como un personaje atormentado, que pretende purgar sus propias culpas, exorcizar sus muchos demonios internos combatiendo el crimen, convirtiéndose en el monstruo que una ciudad tan perdida como Gotham necesita para su supervivencia, la conexión con la visión que Mann tiene del mundo, manifestada en su cine, resulta lógica.

El Batman de Nolan, lejos de la oscura fantasía de Tim Burton o de la excesiva fluorescencia de Joel Schumacher, se emparenta mucho más con personajes como Will Graham (Cazador de Hombres), al Jeffrey Wigand (Russell Crowe) que pone en riesgo su seguridad personal y su estabilidad financiera al desafiar a la gran industria del tabaco (El Informante) o a Max (Jamie Foxx), ese bien intencionado taxista que tiene la mala idea de tomar de pasajero a un asesino a sueldo (Colateral). Todos grandes personajes concebidos por Mann a lo largo de su filmografía, que algún día espero tener el valor suficiente para analizar aquí.

Pero hay un título de la filmografía Manniana cuya influencia es patente en The Dark Knight, ese es el que nos convoca en esta oportunidad: Heat (Fuego Contra Fuego), filme de 1995 cuyo principal gancho fue la primera vez que en pantalla se reunían Robert De Niro con Al Pacino. Si, es cierto, coincidieron en El Padrino Parte II 21 años antes, pero no compartían escena, ni lo habían hecho hasta entonces (y de hecho, sólo se reencontrarían en 2007, en la floja Righteous Kill, y en The Irishman, bajo la dirección de Martin Scorsese, a estrenarse en breve en Netflix). Pero nos estamos saliendo del tema.

Fuego Contra Fuego, también escrita por Mann, es una historia que se cuenta desde dos puntos de vista: un héroe (o antihéroe, si quieren) y un villano. Cada uno con sus propios motivos, intereses y problemas. Dos personajes cuyos caminos terminan confluyendo (¿les suena?)

Uno es el ladrón profesional Neil McCauley (Robert De Niro), un genio del crimen de Los Angeles, líder de una banda de asaltabancos de gran nivel. Especializados en robar grandes bancos, bóvedas y transportes de valores, McCauley quiere dar un último gran golpe, retirarse de la vida criminal con los suficientes recursos para asegurarse un futuro y, dejar de eludir a la justicia como ha hecho a lo largo de toda su vida.

En la vereda del frente está el detective Vincent Hanna (Al Pacino), el experimentado jefe de la división de Robos y Homicidios de la policía de Los Angeles. Ex marine y dedicado por entero a la labor policial, aunque eso le ha provocado una complicada vida familiar, ha encabezado muchos procedimientos contra peligrosas bandas criminales, siendo la de McCauley la que más le ha costado agarrar, convirtiéndose casi en una obsesión.

En rigor, no se conocen. Apenas se han visto personalmente. Sin embargo, están por llegar al punto que marcará la cúspide de sus respectivas carreras. Y sobre la marcha, irán descubriendo que su principal desafío será vencer al otro, toda vez que están frente al rival más brillante que les ha tocado enfrentar.

Si bien el cine de Michael Mann se enmarca dentro del género de la acción y el suspenso (no seré yo quien ponga en duda su maestría en este campo, y de eso Heat tiene por montones), Mann enfoca más allá de eso. Las secuencias de acción, persecuciones, balaceras, explosiones, dentro del cine de Michael Mann alcanzan un nivel inusitado, si uno puede encontrar belleza, arte, en una secuencia violenta, tiene que darse una vueltecita por la filmografía de Michael Mann, especialmente esta película, donde, como casi ningún otro realizador, la ciudad, el entorno, son un personaje más de la historia. No vamos a descubrir ahora que Mann filma, fotografía, visualiza y hace realidad esas visiones como un superdotado.

Pero Mann no se queda en eso. Mann va más allá del “te disparo porque soy el malo, te detengo porque soy el bueno”. Mann es un gran conocedor de la naturaleza humana y lo demuestra, exponiendo personajes con matices interesantes.

Los personajes de Heat trascienden de lo estrictamente blanco y negro. McCauley es un criminal, eso es indiscutible, y un genio, pero tiene una chispa de humanidad: está cansado, no de los beneficios que podría reportarle su actividad criminal, sino de los costos. Por eso quiere parar. Parar de huir de la justicia, de planificar, de tener que estar atento hasta el más mínimo detalle. Y aspirar a una vida como la de cualquier otro.

De Hannah, a su vez, nos queda claro que es el héroe. No necesitamos indagar mucho para entenderlo, nos basta con tomar en cuenta su currículum, su carrera, su prestigio profesional. Es un tipo que vive para su trabajo policial. Lo cual ha tenido sus costos: un fracaso matrimonial tras otro, incapacidad para conectar con su propia gente, y un manto de culpa sobre él, a causa de lo mismo, culpa que quiere purgar. No sabe cómo, y en rigor tampoco se atreve a averiguarlo.

Las cercanías entre ambos, los detalles, matices, aspectos en común que existen entre perseguidor y perseguido son más de los que ellos mismos están dispuestos a reconocer, al margen de asumir cada uno que el otro es el mejor en lo que hace. Y esta dicotomía, esta relación “espejo” entre Hannah y McCauley es el esqueleto donde, con la excusa de una historia policial, Mann se lanza de piquero a analizar la condición humana, la situación del hombre dentro del grupo humano, sea el más cercano (la familia, los amigos, el entorno laboral) como respecto de la sociedad en su conjunto.

Los mejores aliados de Mann, en este sentido, son Pacino y De Niro. No solamente logran un desempeño extraordinario, cada uno en sus papeles, siendo lo bastante respetuosos entre sí para hacer su trabajo, sin opacar al de su compañero de reparto, sino que son lo bastante conscientes de la relevancia de sus personajes en la historia, que la sostienen en conjunto y con grandeza, encabezando un casting que sólo amerita aplausos.

Con este antecedente, era lógico que The Dark Knight se alzara como una de las grandes películas de estos tiempos. Cuando una de tus fuentes es una de las películas imprescindibles de su década, y de los últimos 25 años, no sólo gana tu película, sino que engrandeces aún más a la que te sirvió de inspiración.

****1/2

HEAT

Director: Michael Mann

Intérpretes: Al Pacino; Robert De Niro; Jon Voight; Val Kilmer; Tom Sizemore; Ashley Judd; Amy Brenneman; Natalie Portman; Hank Azaria; Danny Trejo

Policial

1995

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