Un hombre, una mujer y once tipos

Bueno, nos habíamos acostumbrado a ser protagonistas.

Nos acostumbramos a clasificar a los mundiales, a ganar copas, a pelear títulos importantes, a que nos invitaran a los grandes torneos. A ser el centro de atención, a que todos nos estuvieran mirando. Y envidiando.

Y por eso nos dolió tanto quedar afuera del Mundial de Rusia. No por lo estrictamente futbolístico (no ha sido ni será la última vez que nos pase), sino que porque todos nos estaban mirando. Por nuestra soberbia. Por nuestro propio exceso de confianza.

Lo que no es otra cosa que una extensión de nuestra propia idiosincrasia nacional: estamos tan acostumbrados al fracaso, que cuando triunfamos, no sabemos qué hacer. No sabemos como mantener el buen tranco, ni como celebrar (cuando Chile ganó la Copa América, la celebración callejera terminó en disturbios, cientos de detenidos, y hasta muertos), ni como asumir el triunfo. El camarín rayado con “Aquí pasó el campeón de América” fue la mejor evidencia de eso. Y que explica perfectamente porqué nuestra “generación dorada” tuvo un bochornoso cierre de ciclo.

Pero bueno, las penas del fútbol se pasan con fútbol. Las ventas de televisores y planes de televisión para ver el Mundial no han bajado. Tampoco la venta de merchandising. Ni de álbumes de láminas. Mucho influye en eso la gran presencia de inmigrantes provenientes de países que sí van a jugar el campeonato…y para qué andamos con cosas. El chileno es capaz de detener el país por ver fútbol, aunque sea en campeonatos en que no tiene pito que tocar.

Pasión de multitudes el fútbol no ha dejado de ser, ni siquiera porque lo tengamos que ver de lejos.

Buen momento es para repasar, entonces, Fever Pitch (a.k.a. Fiebre en las Gradas), la gran adaptación de 1997 de Fiebre En Las Gradas, el ensayo con el que uno de nuestros directores habituales en este humilde lugar de paso, Nick Hornby, intenta explicar por qué nos gusta tanto el fútbol, porque queremos tanto a los equipos por los que hinchamos, por desastrosos que sean sus resultados, y cómo se puede extrapolar esa pasión a nuestra vida diaria.

Hornby también guioniza la historia, dirigida por David Evans, y convierte su autobiográfico ensayo en la historia de Paul Ashworth (Colin Firth, irreconocible cuando no anda con trajes de sastre) un profesor de enseñanza básica de Londres, fanático del fútbol, y especialmente del Arsenal. Esta devoción surgió cuando niño, siendo hijo de padres separados, su padre lo llevaba al estadio como una forma de tener una conexión con él.

Es 1989, y después de casi veinte años de sequía, el Arsenal es puntero de la liga inglesa, y gran favorito para adjudicarse el campeonato, lo que tiene a Paul en una situación expectante.

Por esos mismos días, conoce a Sarah Hughes (Ruth Gemmell), la nueva profesora del colegio en que enseña, y aunque ella no comparte su pasión por el fútbol –es más, no le gusta el fútbol- pronto entablan una relación, que avanza más rápido de lo que esperaban y pronto ella queda embarazada.

Por primera vez en su vida adulta, enfrentando su inesperada paternidad contra el inminente campeonato de su equipo favorito, largamente anhelado, Paul por primera vez atraviesa durante su vida adulta una decisión crucial y definitiva para lo que será su vida futura…

Fiebre en las Gradas fue el primer libro publicado por Hornby, y ya plantea los que serían los grandes temas de su bibliografía: el paso de la juventud a la adultez, y el duro enfrentamiento del hombre ante la madurez, y a las responsabilidades que trae consigo, responsabilidades que ya no puede delegar en nadie, como pudimos apreciar luego en la imprescindible Alta Fidelidad, en Un Gran Chico, y sus respectivas adaptaciones.

Hasta ese año, Paul Ashworth no ha vivido más que para sí mismo, y no ha necesitado tanto. Tiene un trabajo que no le mata, pero lo deja conforme, ya que le permite disfrutar y compartir su otra gran pasión, la literatura, y que le permite darse su gran gusto, como es no perderse partido de su amado Arsenal.

Hasta entonces, su vida no se componía de años, sino de temporadas.

Hasta que conoce a la chica, la correcta, la indicada, la definitiva. No una aventurilla pasajera. Y su mundo está a punto de cambiar. Así como sus prioridades. Y entra en la urgencia de definir lo verdaderamente importante de su vida, descubriendo que hay vida más allá de los 90 minutos que entrega religiosamente cada semana (sazonado con el ingrediente adicional de la inminente y largamente esperada victoria del Arsenal, que en dicha temporada efectivamente cerró una sequía de 18 años sin campeonatos).

Como buena obra de Nick Hornby, al menos de aq            uella etapa, Fever… plantea esta situación con abundante humor, que le permite hacer más llevadero no sólo el conflicto personal de Paul (su nueva familia en camino vs la familia de once que ha estado abrazando desde que tiene memoria), sino que permite entender con mayor facilidad los hechos que hacen del fútbol la pasión que en el fondo es, y que sólo lo entiendes cuando lo vives.

Entender por qué se dice eso de “90 minutos del deporte más bello del mundo” no es un eufemismo, sino una gran verdad. Y lo hace apelando, de manera graciosa y nada ofensiva, a los clichés futboleros más recurrentes.

Pequeña gran película de deportes, una de las mejores acerca del fútbol (hubo un remake estadounidense en 2005, donde el balompié es remplazado por el beisbol, deporte que hay que ser gringo para encontrarle gracia, y que pese a los buenos oficios de Drew Barrymore, Jimmy Fallon y los hermanos Farrelly, no logró prender fuera de los estados juntos…creo que ni siquiera adentro), que demuestra que las distintas pasiones pueden ser perfectamente compatibles.

***3/4

FEVER PITCH

Director: David Evans

Intérpretes: Colin Firth; Ruth Gemmel; Neil Pearson; Mark Strong; Holly Aird

Comedia/Romance/Deportes

1997

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decadencia, redención y aprendizaje

Desde el lunes, la vida no será la misma para Grady Tripp (Michael Douglas).

Escritor y profesor de literatura, en una pequeña universidad de Pittsburgh, la próxima versión del Festival de Letras que organiza su casa de estudios le será difícil de olvidar, por la cantidad de problemas que tiene al frente.

Partiendo por el vacío creativo que lo tiene aún sin terminar su siguiente novela, aunque ya pasa las dos mil páginas; siguiendo con la visita de Terry Crabtree (Robert Downey Jr), su editor, que aprovecha su invitación al festival para presionar a Tripp por lo mismo; a lo que debe sumarse el enterarse que Sarah Gaskell (Frances McDormand), jefa del cuerpo docente, y esposa de Quentin Morewood (Rip Torn), decano de la facultad, con quien tuvo una aventura no hace mucho, que ya le costó su matrimonio, está embarazada de un hijo de él; y claro, está Hannah (Katie Holmes) su alumna más destacada, que no deja de insinuársele.

Tratando de lidiar con todo eso, apremiado por las circunstancias, Tripp debe además hacerse cargo de James Leer (Tobey Maguire), uno de sus alumnos, un aspirante a escritor tan talentoso como autodestructivo, y que a poco de iniciado el fin de semana, ya lo está metiendo en un par de problemas…

¿Hablemos de injusticias? Entonces pongámonos a pensar ¿por qué una película tan grande como Fin de Semana de Locos (a.k.a. Chicos Prodigiosos) ha quedado tan entregada al abandono?

En su paso por salas, durante 2000, en una época en que no había blockbusters como ahora (y en una época que fue particularmente prolífica en cintas buenísimas) estuvo poco tiempo y no tuvo una gran taquilla. Casi nunca la encuentro en el cable, ni siquiera en los horarios más olvidados, ni en los canales que se jactan de programar películas sin prestar atención al mainstream. Apenas fue lanzada en vhs y nunca he visto su versión en dvd.Y si uno busca en Amazon, a lo más encontrará su versión standart (pese a la antigüedad de la película, nunca he sabido de una edición especial) y en bluray, que yo sepa, no tiene para cuando aparecer.

Ni siquiera sellos como The Criterion Collection la han incluido en sus catálogos. Cuando mucho, está en Amazon Prime.

Esto yo ya lo había  reclamado en marzo de 2009, cuando en una de las tantas revisiones que le di (entre 2000 y 2003 fue, junto con Alta Fidelidad y Casi Famosos una de las películas que más me repetí. Luego fui bajando la frecuencia, hasta darle una repasada cada dos o tres años).

Duele. Duele que un filme que es una suma de tantos talentos -la dirección del fallecido pero siempre eficaz Curtis Hanson, a partir de una novela de Michael Chabon, uno de los grandes de la literatura estadounidense de los últimos 30 años, interpretada por un elenco estelar, encabezado por un sólido Michael Douglas, dando la mejor actuación de su vida, y con Bob Dylan prestando una de sus mejores canciones, Things Have Changed, que le valió un Oscar como Mejor Canción- esté tan olvidada.

Fin de Semana… expone una memorable historia que es a la vez de decadencia, redención y aprendizaje. Inserta en el mundo universitario y literario, aunque es una experiencia aplicable a cualquier entorno, toda vez que, en el fondo, versa acerca de la condición humana.

El personaje de Michael Douglas viene de vuelta de un momento de gloria que se ha vuelto cada vez más lejano: ha pasado casi una década desde que publicó una novela que se convirtió en best seller, pero eso ya es pasado. Al comienzo de la historia, está a un pelo de tocar fondo, profesional y personalmente, como ya se dijo, y si ha terminado por dedicarse a la docencia es porque de algo tiene que vivir. Su desánimo es evidente, y la avalancha de situaciones que se le viene encima, no hará mucho por su estabilidad, agravando el decadente momento del escritor.

Eso no le impide valorar a la gente talentosa cuando la tiene al frente, y de ahí que cuando en la recepción que su jefe ofrece en su casa, se encuentra casualmente con James Leer, su alumno más aventajado (¿qué le pasó a Tobey Maguire que nunca más lo vimos a este nivel?), descubre que además de talentoso es un joven mucho más dañado que él.

Consciente de lo que el muchacho puede dar, y de la facilidad que tiene para meterse en problemas (durante la fiesta comete un par de imprudencias que le pueden costar su permanencia en la universidad), e incluso sabiendo que este gesto puede salirle caro y darle más complicaciones de las que ya tiene, el instinto protector de Tripp aflora. A la larga, no sólo salva al aspirante a escritor de sus propias pesadillas, sino también consigue salvarse a sí mismo de irse por el abismo(redención).

El aprendizaje se va dando durante todo este proceso, en la relación profesor-alumno que se va dando más allá de la mera cátedra, y lo que Tripp va descubriendo de James le ayuda a entenderlo, y valorarlo, pero también aprende muchas cosas de sí mismo, que tarde o temprano le ayudará a hacer las paces consigo mismo, levantar la vista y mirar hacia adelante.

Wonder Boys es más que la suma de sus partes. De sus grandes partes: la sólida novela que le sirve de base, magistralmente llevada al cine por el fallecido Curtis Hanson, que entendió a la perfección las motivaciones y espíritu de la novela, y que crece aún más con la magnífica actuación de Michael Douglas, la gran química que nace entre éste y Maguire, y complementada con un excelente reparto de secundarios, donde el entonces renacido Robert Downey Jr (este fue uno de los papeles con que volvió al primer plano tras sus años oscuros) se roba algunas de las mejores y más divertidas partes de la película.

Gran película que se sirve de la excusa de la literatura (es una de las mejores cintas que, directa o indirectamente, toma el tema de los escritores como motivo principal)  para contar una potente historia sobre hacer las paces con uno mismo. Ojalá, más temprano que tarde se haga justicia con este filme, y tengamos una edición que esté a la altura de su grandeza.

****

WONDER BOYS

Director: Curtis Hanson

Intérpretes: Michael Douglas; Tobey Maguire; Frances McDormand; Katie Holmes; Robert Downey Jr; Rip Torn

Comedia dramática

2000

PD: Por un momento pensé en dejar Wonder Boys como la publicación 1400 de este blog, pero como igual falta su resto para dicha ocasión, y creo que seguirla chuteando hubiera sido feo, y contradictorio con lo que estoy diciendo en la columna.

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usted (no) debería estar aqui

Aunque su carrera dentro del negocio bancario está creciendo rápidamente, la ejecutiva Sawyer Valentine (Claire Foy) no está tranquila.

Sintiéndose observada, sensación que le ha impedido llevar a cabo una vida laboral y social normal, como consecuencia de un acoso sufrido unos años atrás que aún no ha podido superar, acude a un instituto de psicología que encuentra en internet.

Sin embargo, tras una conversación preliminar con uno de los psicólogos de la institución este, sin mediar otro diagnóstico, resuelve mantener a Sawyer internada por unos días, pese a la evidente oposición de la chica, especialmente cuando descubre que David (Joshua Leonard) es el mismo hombre que la acosó en el pasado…

Steven Soderbergh es de aquellos directores que, a lo largo de su carrera, no se ha casado con ningún género en particular. Su carrera comprende filmes de registros realmente diversos: cintas como Sexo, Mentiras y Videos, Traffic, Erin Brokovich, la trilogía de Ocean’s 11, 12 y 13 (oficiando de productor de la reciente Oceans’8), Solaris, Che: El Argentino, Che: Guerrilla; The Girlfriend Experience, Contagio, Magic Mike, Logan Lucky.

Todos filmes de distinta temática donde, por más o menos afortunado que sea su rendimiento, su desempeño es por lo general digno, y denota sus ganas por hacer realidad la experiencia cinematográfica bajo todos los ángulos posibles.

La aún sin estrenar en Chile (que sorpresa) Unsane (si llega a estrenarse, será como Perturbada) es la última prueba de ello: un thriller psicológico que Soderbergh, muy fiel a lo que ha venido haciendo los últimos años, filmó durante gran parte con una cámara de IPhone.

La idea funciona.

La historia, por sí misma, ya tenía potencial suficiente: una protagonista en busca del éxito profesional (aparentemente, eso es lo que la motiva a dejar atrás familia, amigos, conocidos), que termina internada contra su voluntad en una institución mental. Ella intuye que algo no anda bien, que en todo este asunto hay gato encerrado. Especialmente cuando el gran causante de muchas de sus desgracias se encuentra en el mismo lugar.

Nadie le cree. Sus redes de apoyo se desintegran. Y la línea que la mantiene a salvo de la locura total se vuelve cada vez más tenue.

Si usted ve esta película y piensa en Atrapado Sin Salida, o en Inocencia Interrumpida, no se extrañe. Soderbergh recoge mucho de aquellas películas, y las une a material de su propia creación, logrando armar un relato atractivo, abundante en suspenso e intriga, sostenido en la muy buena actuación de Claire Foy, cuya situación constituye el eje central de la historia.

Sé que se preguntan qué tanto influye el haberse filmado la película en un teléfono. Técnicamente, el resultado no tiene nada que envidiarle a una película filmada en celuloide u otro formato digital más profesional. Pero bueno, hay que tener cierto oficio para manejar cualquier cámara, y la falta de talento no hay tecnología que pueda suplirla. Pero Soderbergh se maneja y saca adelante la tarea.

Donde si se nota la diferencia es en cuanto a los costos de producción (que no pasaron del millón y medio de dólares) y en los plazos (Unsane no se tardó casi nada en pre/post producirse ni en rodarse). Usada con inteligencia, una tecnología usada mayormente para subir estupideces a redes sociales, puede convertirse en una herramienta muy útil para el quehacer fílmico. Unsane es buena prueba de ello, aunque el tiempo dirá si terminó siendo un filme pionero en cuanto a nuevas técnicas, o si se quedó en un experimento logrado, pero aislado.

***1/4

UNSANE

Director: Steven Soderbergh

Intérpretes: Claire Foy; Joshua Leonard; Amy Irving; Juno Temple; Jay Pharoah

Suspenso

2018

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LILIANA ROSS 1939-2018

A los 79 años falleció durante esta madrugada la destacada actriz nacional Liliana Ross.

Nacida en Génova, Italia, pero de nacionalidad chilena, Ross tuvo una importante carrera en el teatro, como actriz y directora, convirtiéndose en uno de los rostros más reconocibles de la televisión cuando, durante la segunda mitad de la década de los ’70, las teleseries comenzaron a volverse un protagonista importante de las parrillas nacionales. Fue en estas producciones donde su cara se volvió familiar para el público: La Colorina, La Torre 10, Martín Rivas o La Represa.

Durante la dictadura, se vio obligada a partir a la Argentina, junto a su entonces marido, el dramaturgo Hugo Miller, donde también tuvo una destacada participación en diversas producciones locales. A su regreso, retomó la actividad televisiva, que tuvo su momento más alto el año 2003, encarnando a Valentina Fernández, la madre de los hermanos Mercader, en ese hito que fue la teleserie Machos (Canal 13). La escena de su deceso, víctima de un cáncer de mama, es uno de los momentos más poderosos que se ha visto en una producción chilena.

Después continuó trabajando en telenovelas y hasta incursionó en diversas películas, entre ellas las comedias Que Pena Tu Boda y Que Pena Tu Familia, de Nicolás López. (2011-2013), y se encontraba retirada desde 2012, participando esporádicamente en pequeños papeles en teleseries y otros programas de televisión.

Fue directora, además, de diversas escuelas de teatro, y obtuvo grandes reconocimientos por su notable carrera.

A esta hora, se desconocen las causas de su fallecimiento, mientras se multiplican muestras de cariño de parte de sus colegas, conocidos y público en general.

QEPD

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estuvo tan cerca…

Aunque es la única heredera de un gigantesco imperio industrial y comercial, la joven Lara Croft (Alicia Vinkader) ha eludido hacerse cargo del holding, descabezado desde que su principal accionista, su padre Richard (Dominic West), aventurero de vocación, fuese visto por última vez hace siete años, cerca de Hong Kong.

Lara se ve obligada a hacerse cargo de la empresa antes que ésta pase a un grupo de accionistas. Examinando los patrimonios de la misma, da con una serie de pistas que la podrían llevar al paradero de su padre, lo cual la lleva a decidir un inesperado viaje a Hong Kong…

Algún día vamos a encontrar esa gran adaptación de algún videojuego que simbolice la unión perfecta entre las dos industrias más poderosas del entretenimiento actual: el cine y los juegos (esa sería Ready Player One…si el juego Oasis existiera). Esa película aún no se hace. Tomb Raider: Las Aventuras de Lara Croft, en definitiva, no lo es. Aunque, tiene cosas a su favor.

Primera película a nivel hollywoodense del noruego Roar Uthaug, es la segunda adaptación de uno de los clásicos modernos del videojuego, uno de los íconos de esta cultura (la primera fue ese combo estrenado entre 2001 y 2003 con Angelina Jolie en el rol principal). Y como suele suceder en estos casos, estamos ante una cinta de aventuras donde el argumento no es más que una excusa para que nuestra heroína haga lo que ya hace en los pixeles: recorrer inhóspitos parajes, buscar tesoros y enfrentar mercenarios.

Sí, más que argumento es una excusa, pero no una vil excusa, como pasa en la mayoría de estas adaptaciones. Y a decir verdad, durante gran parte del filme, se pasa bastante bien, se hace corta y uno puede perdonar los errores que tiene (secuencias que están de más, un par de las mismas que se alargan más de lo aconsejable, en fin). Tomb Raider cumple con ser un correcto filme de aventuras, lo bastante limpio como para que lo vea toda la familia, que se disfruta sin culpa durante gran parte de su metraje.

Estamos ante una película que no ofrece mucho, no se le puede pedir mucho, pero que dentro de lo poco que se espera de ella, cumple. Raspando quizás, pero aprueba. Y no exige haberse dado vuelta enteros los juegos de esta franquicia para entender de qué se trata.

Factor que incide en sacar adelante esta cinta es la actuación de Alicia Vinkader en el rol principal. Cierto, quizás el papel no sea el más exigente en términos dramáticos (pero sí físicos, cosa que se nota), pero hace de Lara Croft un personaje un tanto más verosímil (dentro de lo que se podría esperar de una adaptación de videojuego), más imperfecta, lejos del aura casi divino que tenía la versión de Angelina Jolie.

Resistida en un comienzo por el fandom más tóxico que también existe en los videojuegos (¡Así no es Lara Croft!¡Lara las tiene más grandes!…si, ese es el nivel del debate) Alicia encarna una Lara Croft que sale a la aventura sin mayor preparación,  se golpea, se lastima, se ensucia, llega a temer por su vida. Con perdón de Angelina Jolie, a quien sigo respetando mucho, pero por mucho que estemos ante un personaje de videojuego, cuesta creer que ese personaje atraviese una selva virgen y no se haga siquiera un tajo en un brazo (¡¡para eso son las barritas de vida, salud, poder, etc, que salen en los juegos!!) y todo le salga bien a la primera.

El problema es que los bonos que le sube Vinkader, se los baja la ineptitud de los últimos diez o quince minutos de película, con un epílogo que no aporta nada a una historia que ya estaba resuelta, que dejaba al espectador con la sensación de preguntarse “¿Qué vendrá ahora?” y hacer sus propias especulaciones. Un sano ejercicio de creatividad que se ve cercenado por una especie de plot-twist que no cuaja por ninguna parte, que pretende ser a la vez un cliffhanger y por una escena entre créditos que pretenden abrir la puerta para una eventual secuela (que dudo mucho que se haga, si bien triplicó sus costos de producción, su recaudación dentro de EEUU, y en su fin de semana de estreno estuvo muy por debajo las expectativas).

Una manera estúpida de terminar una película que se estaba defendiendo dignamente. De los pocos casos en que una adaptación de videojuegos no nos provoca las ganas de quitarle el joystick al director de la película y empezar a jugar uno en su lugar, si fuera posible. Hasta esos minutos totalmente fuera de lugar.

Vamos a tener que seguir esperando por la gran adaptación que traiga el balance entre el cine y el videojuego. No es tanto lo que se pide y esta versión estaba a un pelito de lograrlo.

**1/2

TOMB RAIDER

Director: Roar Uthaug

Intérpretes: Alicia Vinkader; Dominic West; Walton Goggins; Daniel Wu; Kristin Scott Thomas; Derek Jacobi

Aventuras

2018

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la pequeña cazadora de monstruos

En un frío pueblo costero estadounidense, Barbara (Madison Wolfe), una solitaria adolescente, recurre a la fantasía que ha creado a partir de juegos de rol y libros de cuentos, para evadir su poca estimulante realidad.

Menor de tres hermanos, donde la mayor, Karen (Imogen Potts) trabaja duramente para mantener el hogar familiar, y yendo a una escuela donde junto a su única amiga, Sophia (Sydney Wade) es víctima habitual de abusadores como Taylor (Rory Jackson) y de que todos la traten de loca, Barbara escapa de todo esto imaginando trampas para gigantes, fórmulas y pociones para combatir criaturas fantásticas y construyendo armas para combatir amenazas de otros mundos.

Barbara siente que la llegada de un destructivo gigante es inminente. Sin embargo, la línea entre lo real y lo fantástico se está volviendo para ella aún más difusa, y ha comenzado a afectarle severamente en su vida diaria…

La culpa no es tanto de los blockbusters. Es de las distribuidoras y su falta de visión, lo que nos tiene convertidos en víctimas del blockbuster de turno, postergando indefinidamente otro tipo de estrenos o relegándolos a exhibiciones en salas y horarios indignos. Y del público mismo, para qué andamos con cosas, harto que reclama por el exceso de superhéroes y adaptaciones, pero igual va en masa a ver sus películas, más de una vez.

Y este reclamo no viene por la demora en estrenarse Submergence (la última de Wim Wenders, que vi y en honor a la verdad no me movió una pestaña, pese al gran trabajo de Alicia Vinkader) o de You Were Never Really Here (con Joaquim Phoenix, ganadora del Festival de Cannes 2017, que me gustó realmente, ya tendré oportunidad de repasarla por acá), por ellas ya hubo, hay y habrá gente reclamando. Me refiero a no haber descubierto hasta ahora la existencia de I Kill Giants, una pequeña, pero honesta y gratamente sorprendente película fantástica de 2017, que por aquí no tiene para cuando.

Basada en la novela gráfica independiente de los autores Joe Kelly y Ken Nimura, I Kill Giants tiene algo en común con Ready Player One, esa gran cinta sobre videojuegos estrenada hace unos meses: la fantasía como vía de escape desde una poco estimulante realidad. Pero donde Ready Player One enfocaba en lo que sucedía en la realidad paralela que nacía a partir del juego Oasis, I Kill Giants se queda afuera, lo que su protagonista, Barbara, debe pasar en la vida real, especialmente cuando la fantasía que ha creado en torno a ella como válvula de escape empieza a sobrepasarla.

I Kill.. comparte temática también con la reciente –y notable- Un Monstruo Viene a Verme (Juan Antonio Bayona,2016), y con la más antigua El Laberinto del Fauno (Guillermo Del Toro,2006) otro filme donde la fantasía surge para su protagonista como válvula de escape de una realidad frustrante. La influencia de ambos filmes de procedencia española es fuerte en la historia de nuestra pequeña heroína.

En el caso de Barbara, esa realidad es vivir en una familia disfuncional encabezada por una hermana pendiente de sacar adelante su hogar lo mejor que puede y mantener la mayor estabilidad posible. Asistir a una educación que siente que no le satisface, rodeada de gente que no la comprende, que se burla de ella, y aunque ha desarrollado cierta amistad con la recién llegada Sophia, así como con la psicóloga de la escuela (Zoe Saldanha), las primeras personas en mucho tiempo que intentan entenderla, Barbara no deja de sentir que no pertenece a ese lugar, refugiándose en sus escondites, en las trampas y armas que construye, y en las amenazas que cree enfrentar.

Dichas amenazas son la representación en las que Barbara encarna sus miedos, sus frustraciones, emociones y demás sentimientos que ha reprimido, que no ha sido capaz de enfrentar en su existencia diaria. A la postre, Barbara recurre a estos gigantes, que sólo ella puede ver, que atacan de una manera que los demás asumen como situaciones naturales y triviales, como una forma de exorcizar sus propios monstruos.

Coincidencias más o menos con otros filmes, I Kill Giants es un filme que se sabe defender con colores propios. En parte por la hábil narración de su director, Anders Walters, apoyado en la notable actuación de la joven Madison Wolfe, en cuyos hombros descansa la mayor responsabilidad en sacar adelante este filme, que dentro de la fantasía de Barbara, de vez en cuando nos va dando antecedentes que nos permiten entender por qué ella es como es, y comprender los motivos por los que actúa como lo hace, y cómo en la fantasía intenta encontrar el valor y los medios para superar su propia realidad.

Wolfe además encabeza un casting esencialmente femenino, lo que en tiempos de empoderamiento de la mujer resulta un muy buen aporte.

Sé que ya estamos a mediados de 2018 y es un contrasentido tremendo seguir dándole tribuna a películas del año pasado a estas alturas, pero las injusticias son para ser denunciadas, combatidas y corregidas. Y una buena forma de hacerlo es compartiendo cosas como I Kill Giants. A la larga, la falta de visión de las distribuidoras nos da la oportunidad de hacer buenas acciones como ésta: compartir, por puro amor al arte creaciones que merecen ser vistas, oídas y disfrutadas por la mayor cantidad de gente posible.

***1/4

I KILL GIANTS

Director: Anders Walter

Intérpretes: Madison Wolfe; Imogen Potts; Zoe Saldanha; Sidney Wade; Rory Jackson; Jennifer Ehle

Fantasía

2017

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el camino de un canalla

La vida no es fácil en los sistemas planetarios lejanos al centro de la galaxia y, por ende, lejos de la jurisdicción del Imperio. Regiones como Corellia son gobernadas sin contrapesos por los sindicatos del crimen organizado locales.

Nativo de este último planeta es Han Solo (Alden Ehrenheich), un joven estafador, bandido y aprendiz de piloto, que ha debido abandonar su mundo de origen cuando fracasa un plan para defraudar a sus antiguos jefes.

Tres años después, junto a Chewbacca (Joonas Suotamo), una bestia peluda que circunstancialmente conoció, se une a la banda del contrabandista Tobias Beckett (Woody Harrelson), participando en unos cuantos “trabajos” que le permitan reunir los recursos suficientes para independizarse y adquirir su propia nave…

Duro ha sido el camino que ha tenido que recorrer el segundo spin-off de Star Wars al alero de Disney: desde reescrituras de guión, cambio de director (Ron Howard en lugar de la dupla de Phil Lord y Chris Miller), cambios en su fecha de estreno, y finalmente viendo la luz en tiempos de que el aire aún está enturbiado por la dispareja reacción provocada por Episodio VIII, más una irregular campaña publicitaria, lo que indudablemente ha influido en el desempeño de Han Solo: Una Historia de Star Wars, convirtiéndolo en el capítulo más flojo de la saga en términos de taquilla, y objeto de críticas principalmente negativas, bajándole aún más los bonos.

Humildemente, encuentro que se les ha ido un poco la mano. Cierto, está lejos de ser una de las mejores películas de la saga, pero tampoco es para reventarla a patadas en el suelo, como le han pegado hasta ahora. Yo, al menos, me divertí mucho viéndola, lo pasé muy bien durante la exhibición, y si bien no salí con ganas de repetírmela, no en el corto plazo por el momento, sentí que Solo era lo que esperaba.

Lo que yo esperaba no era otro capítulo del conflicto entre Imperio –o sus derivados- versus rebeldes-o sus derivados-, ni otro episodio de la familia Skywalker, ni nada que involucrara a la orden jedi, o a la Fuerza, o algo por el estilo. Nada que ver.

Yo sólo pensaba en lo que Han Solo representa en la trilogía clásica. Lo que hizo que Solo fuera uno de los personajes más populares, más queridos de ella. Solo encarnaba el prototipo del pillo, el canalla, ese personaje egocéntrico, cínico, ambicioso y sin muchos escrúpulos que servía de contrapunto al héroe noble que era Luke Skywalker. De esta forma, Solo era el personaje a través del cual George Lucas encarnaba en su saga uno de sus géneros favoritos: el western. De esta forma, así es como debe entenderse esta película, como un western inserto en el universo SW, más que una película de Star Wars propiamente tal.

Entendida así, como una película de vaqueros cósmica, donde las diligencias son sustituidas por naves y las balas por ratos láser. Sazonada con algunos guiños al cine de piratas y mercenarios. Así entendida, Solo funciona bien.

Así lo entendió Ron Howard, director puesto de urgencia en el cargo, sacando la tarea con dignidad.

Lo mismo se puede decir de su protagonista: Alden Ehrenheich. Si bien no era la primera opción de muchos fans, al no estar a la altura de Harrison Ford (¿y quien si lo está?¿a ver?), logra un buen cometido. También podemos destacar a Donald Glover, quien da una más que correcta interpretación de Lando Calrissian, otro personaje que resultará gravitante en el desarrollo de la trilogía original. Y claro, tenemos a un Woody Harrelson que los últimos meses ha estado en racha, subiéndole los bonos a cada película en la que se ha visto involucrado. La única decepción a nivel de casting corre por cuenta de Emilia Clarke, quien sin hacer un mal papel encarnando a Qui’Ra, es bastante débil si lo comparamos con los potentes personajes femeninos de los que en esta saga abundan (Leia, Padme, Rey, Jynn, Ashoka, Asajj Ventress, incluso Mara Jade, aunque ya no sea canon).

Lectores, yo sé que muchos de ustedes están molestos con el trato que Disney le está dando a Star Wars. Yo sé que les molesta que esté convirtiendo a SW en una especie de MCU 2.0. Pero eso no es culpa de Ron Howard, ni de Alden Ehrenheich ni de su película. Estamos ante una película que no va a reescribir el universo Star Wars. Aunque, en honor a la verdad yo nunca se lo pedí.

***

SOLO: A STAR WARS STORY

Director: Ron Howard

Intérpretes: Alden Ehrenheich; Donald Glover; Emilia Clarke; Woody Harrelson; Paul Bettanny; Thandie Newton

Ciencia Ficción/Aventuras

2018

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Trinidad

Si, Marvel, si sé que tienes tus…diecinueve? veinte películas de tu universo cohesionado (de las seis X Men, las tres de Wolverine, las dos de Deadpool, las cinco de Spiderman anteriores, y tus series para Netflix mejor ni hablar, sería inflarte todavía más el ego) con el que tienes a la industria del cine, y a los espectadores comiendo alpiste en la palma de tu mano. Vale, algunas de ellas son realmente buenas, y unas alcanzan el nivel de sobresaliente. Te lo doy.

Si sé que tienes a tu competencia pidiendo la hora hace rato. Voy a concederte eso. Y puedo concederte mucho más.

Pero nunca…NUNCA tendrás una décima parte de la grandeza que hay en esta imagen:

Ahí te la dejo.

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