un país unido por un balón

Pasión de multitudes, indudablemente. Incluso en un país alejado de todo como el nuestro, donde nuestra historia futbolística ha sido más bien ligada al fracaso, y donde los escasos triunfos que podemos mencionar son aislados y muy recientes: la Libertadores de Colo Colo el ’91, la Sudamericana de la U en 2011, las Copas Américas de 2015 y 2016. Temporadas donde el exitismo llega a las nubes, seguidas de períodos de oscurantismo prolongados (acuérdense cuánto duró la resaca post Francia’98, espero que después de quedar fuera del Mundial actualmente disputado, no nos pase lo mismo).

Como fuera, la devoción del chileno por el fútbol, que puede detener un país por un partido, que lleva a terminar la jornada laboral mucho antes si el partido cae en día de semana, es inversamente proporcional a sus logros. Nadie ha logrado realmente explicar ese fenómeno, pero hay registros que nos pueden ayudar a entenderlo.

Un gran registro de eso es Historias de Fútbol, película de 1997, dirigida por Andrés Wood. No sólo es uno de los buenos filmes que se dieron durante el revival del cine chileno que vino con la Trancisión, sino además un acertado registro de qué tanto ha calado el fútbol en el alma nacional, a través de una narración fragmentada en tres cuentos independientes entre sí.

“No le crea (Primer Tiempo)” cuenta la historia de Carlos (Daniel Muñoz), un obrero de la construcción, goleador del club del barrio donde ha vivido toda su vida, a un partido de ganar el campeonato amateur. A pocos días de la final, un dirigente del equipo rival le ofrece usar sus contactos para ponerlo en el fútbol profesional, lo que por fin sacaría a Carlos de su miserable vida ¿La condición? No convertir en la final. Y Carlos deberá poner en la balanza sus aspiraciones, sus urgencias, versus su orgullo deportivo.

“Último Gol Gana (Segundo Tiempo)” nos traslada a Calama, donde un grupo de niños del pueblo, sin mucho más que hacer que darse a la vagancia, roba una pelota que cae desde la cancha del estadio local, tras un tiro libre excesivamente desviado. Al otro día, Pablo (Manuel Aravena) quien gana la apuesta de quien se va a quedar con la pelota, es enviado por su madre (Tichi Lobos) con el usurero del barrio a empeñar lo poco de valor que les va quedando. Pero cuando en vez de ir a dejar el dinero con su madre, decide jugar con sus amigos una pichanga, las cosas van a ponerse feas.

“Pasión de Multitudes (Alargue)” sorprende a Francisco, un joven universitario (Néstor Cantillana) varado en Chiloé, mientras viajaba a casa de su hermano, por una falla de la lancha que lo trasladaba, desesperado porque ese día Chile y Alemania juegan por el Mundial de España’82. Dos hermanas solteronas que viajaban con él, Manuela (María Izquierdo) y Elcira (Elsa Poblete), viéndolo desesperado, lo invitan a ver el partido en su casa, junto a sus vecinos (Hugo Medina, Boris Quercia, Rodolfo Pulgar), aunque las intenciones de estas hermanas con el muchacho, van más allá de la mera cortesía…

En cada uno de estos relatos, el fútbol aparece aportando un rol social. En la primera historia, como una oportunidad para salir de la miseria, la opción para acceder a un mejor nivel de vida (y no deja de tener su poco de realidad: Alexis, Arturo, Gary, surgieron del hambre y de la necesidad de sobrevivir). Con todo lo bueno y lo malo que ello implica: por un lado, el deseo de Carlos de consagrarse, llegar al fútbol profesional y mejorar sus ingresos haciendo lo que más le apasiona…contra la tentación de hacerlo de la vía más rápida..y turbia.

La segunda, el fútbol como válvula de escape. Ni Pablo, ni ninguno de sus vecinos, tiene mucho por delante, y eso ya lo tienen claro. Ninguno de estos niños hace lo único que está al alcance de ellos: vagabundear. Y tratar de sobrevivir. Son niños que están fuera de todo: de la educación, de la estructura social, en fin. Están ahí, pero no existen, con la única meta de llegar al final del día. Y el fútbol aparece como una forma de hacer más llevadera esta existencia.

El tercer relato tiene al fútbol como excusa para reunirse. Porque aunque a estas hermanas solteronas, que acogen en su casa a sus vecinos y a un total desconocido, en torno a un partido, de entrada nos aclaran que no les gusta el  fútbol, pero lo hacen para no sentirse tan solas, en un entorno ya de por sí aislado. Una oportunidad para conectar con otros.

A la postre, las tres historias, teniendo al fútbol como justificación, hacen un retrato muy acertado de las distintas realidades nacionales. Wood es bastante astuto para presentarnos, bajo el manto de una comedia de deportes, una visión muy aguda de lo que somos como país, sea a través de personajes que quieren prosperar, otros que saben que no les queda otra que mantenerse donde están, y aún otras más que simplemente no quieren estar solas.

Todo ello en poco menos de 90 minutos (¡hasta en eso es un acierto!) de uno de los filmes más ingeniosos de nuestra historia cinematográfica reciente. Estrenada en una época en que el cine chileno empezaba a caminar como casi había olvidado hacerlo, el filme de Andrés Wood es un gol de camarín.

***

HISTORIAS DE FUTBOL

Director: Andrés Wood

Intérpretes: Daniel Muñoz; Ximena Rivas; Fernando Gallardo; Pedro Villagra; Tichi Lobos; Manuel Aravena; Nestor Cantillana; Esa Poblete; María Izquierdo; Boris Quercia; Hugo Medina; Rodolfo Pulgar

Comedia/Drama

1997

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter/Instagram)

 

 

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