MARGOT KIDDER 1948-2018

Si bien tuvo una carrera bastante prolífica, tanto en cine, teatro y televisión, y tuvo algunos años difíciles las últimas décadas, a causa del trastorno bipolar que sufría desde muy joven, la imagen que siempre tendremos de Margot Kidder será la de Lois Lane, la osada reportera estrella del Daily Planet, coprotagonista del romance más importante en la historia de los superhéroes, junto a Superman.

Encarnación de la reportera que no trepidaba a la hora de ponerse bajo un ascensor de la torre Eiffel para cubrir un intento de atentado terrorista, Kidder interpretó a Lois Lane en tres de las cuatro películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve, y nos dejó un personaje tan icónico dentro de la cultura pop como el Hombre de Acero.

Luego de la última película de Superman, en 1987, asumió un respetable rol como activista política, simpatizando con el partido Demócrata. Canadiense de nacimiento, Margot obtuvo la ciudadanía estadounidense, a fin de participar más activamente en las decisiones políticas.

Margot y Reeve mantuvieron una estrecha amistad hasta la muerte de éste en 2004. Incluso compartieron escena cuando ambos fueron invitados a aparecer en la serie Smallville. Y al igual que en su caso, cuando asumió que ya no podía sacarse de encima la imagen de Lois Lane, entró de lleno en el circuito de las convenciones de fans. En esa virtud estuvo en Chile, en 2012, en la ComicCon de ese año.

Margot Kidder falleció en su casa en Livingstone, Montana, a los 69 años de edad.

QEPD

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un tranquilo viaje de vuelta

Después de un muy mal día laboral, el agente de seguros Michael McCauley (Liam Neeson) toma el tren de vuelta a su casa, en las afueras de la ciudad.

Durante el trayecto, una mujer de nombre Joanna (Vera Farmiga) se sienta a su lado, y entablan conversación, instancia en la cual ella le comenta acerca de una hipotética situación que podría darse durante un viaje de rutina: ¿Qué sucedería si a un pasajero le dijeran que hay un maletín con dinero efectivo en el baño del tren, y que puede quedarse con este dinero si introduce un dispositivo GPS en el equipaje de otro pasajero, ganándose otra interesante cantidad si lo logra antes de la siguiente parada?

La mujer pronto abandona el tren. McCauley al principio no hace mucho caso pero, como el detective retirado que es, la convicción de ella en lo que hablaba le despierta sospechas. Por lo que acude al baño del vagón y, efectivamente, encuentra 25 mil dólares en efectivo, y un GPS, más instrucciones de que debe introducirlo en el equipaje de cierto pasajero ocasional…

Sin tener una filmografía revolucionaria, el español Jaume Collet-Serra ha logrado una carrera interesante y bastante respetable. Aunque partió dentro del género del terror (House Of Wax, 2005, y la sorprendente La Huérfana, 2009), el realizador de origen catalán ha tenido un desempeño bastante digno en el cine de suspenso, especialmente en aquellas cintas donde sus protagonistas se ven en situaciones límites, entre la espada y la pared, donde cada minuto que pasa, y cada decisión que toman, se vuelve decisiva para salvar más de una vida.

Así ha ocurrido en filmes como The Shallows (2016, aquella en que Blake Lively ve como su viaje de surf termina convertida en una pesadilla cuando la marea la arrastra a una zona infestada de tiburones), y en la seguidilla de películas que han tenido de protagonista al rostro por excelencia del cine de acción categoría senior, Liam Neeson.

Si antes Collet-Serra puso a un Neeson desmemoriado en medio de una enredada conspiración en pleno centro de Berlín (Unknown, 2011), tratando de evitar un atentado terrorista en pleno vuelo (Non Stop, 2014) y a enfrentar contra el tiempo a un puñado de mercenarios (Run All Night, 2015), en esta nueva colaboración, El Pasajero, pone a nuestro héroe de acción favorito en un escenario que, por dimensiones y duración del trayecto, uno no imaginaría que podría pasar una situación así de tensa.

Imagina que vas en el metro desde el centro de Santiago a Puente Alto (30 a 45 minutos de viaje) y te avisan que tienes que asesinar a un tipo X antes que el tren llegue a destino. Cambia el metro de Santiago por el ferrocarril interurbano de cualquier capital estadounidense, y estamos.

Quizás no estemos frente al nuevo Hitchcock. O ante el nuevo De Palma, pero de que Collet-Serra tiene la habilidad suficiente para crear estos niveles de tensión, eso es incuestionable. Una situación aparentemente rutinaria, que se vuelve una lucha por sobrevivir para un individuo común cuando tiene en sus manos más de una vida. Vaya a saber por qué, McCauley se ve involucrado en una conspiración que podría costar la vida de una persona, alguien que al igual que él tuvo la mala fortuna de subirse a ese tren, o la de su familia, si no cumple lo que se le está exigiendo. Collet-Serra se las arregla muy bien a la hora de convertir este viaje repetido e intrascendente en una verdadera pesadilla, y hacernos sentir parte de ella.

Como la mayoría de personajes de Neeson, McCauley es, bien en el fondo, un buen tipo que sólo aspira a hacer lo correcto, pero que se ve con la soga al cuello, enfrentado a una situación donde “hacer lo correcto” sólo hará que la soga se le apriete cada vez más conforme pasan los minutos.

Ello, más el ritmo impreso por Collet-Serra a un filme que, acertadamente, no es muy largo (105 justos y precisos minutos, más habrían mandado la historia al despeñadero, minutos que se pasan volando por demás) hacen de El Pasajero un filme eficaz, que mantiene al espectador compenetrado con la historia, de aquellas que, al resolverse, te hacen silbar de alivio y secarte el sudor de la frente. Filmada con un presupuesto acotado, y sin grandes aspavientos, Collet-Serra es de los realizadores que nos devuelven la fe en un cine industrial en que aún importan las buenas ideas y las habilidades narrativas antes que las barbaridades pecuniarias invertidas.

***1/2

THE COMMUTER

Director: Jaume Collet-Serra

Intérpretes: Liam Neeson; Vera Farmiga; Patrick Wilson: Elizabeth McGovern; Sam Neill

Suspenso

2018

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GuateoCon

A la hora que subo esta reseña, termina una nueva versión de ComicCon Chile, y, para variar, la mayoría de comentarios son lapidarios:

Reparos por problemas de organización, eventos que no empiezan a la hora, o que empiezan a la hora pero en que no puede entrar el público interesado porque no caben en la sala (lo ocurrido el viernes pasado con la presentación de Karol Sevilla, que se iniciaba para público en general tras un meet and greet, que debía abrir puertas a las 20 horas, pasadas las 21 aún no dejaba entrar a la enorme fila de asistentes que simplemente se fue sin presenciar el evento), pésima distribución física, precios muy elevados en las secciones de comidas, mal acceso a servicios básicos, pobreza en los stand de productos oficiales, invitados que cancelaron a pocos días del evento, expositores que no muestran nada que no se pueda ver en el Persa BioBio, en el Eurocentro o en el Portal Lyon todos los días y gratis, que en la jornada inaugural aún hubiese secciones no habilitadas para su funcionamiento, improvisación, fallas de comunicación con eventuales participantes…

Siento que estoy escribiendo lo mismo que en 2012, cuando para la segunda versión del evento vi que se repetían los mismos errores de la primera edición, el año anterior. Eso fue suficiente para decidir no volver a ir, menos cuando los precios de las entradas subían en cada versión. Veo que en seis años las cosas no han cambiado nada.

Y sí, sé que más de alguien va a cuestionarme el hecho de estar diciendo todo esto de un evento en el que no he puesto un pie desde entonces (y difícilmente lo vuelva a hacer), pero eso no invalida mi opinión, si la ponderamos con lo que no poca gente tuitea o postea en Facebook en cuanto a las falencias del evento en cuestión.

Tengamos una cosa clara desde ya: ComicCon nunca ha sido una convención de fanáticos. No para los que han coleccionado cómics, manga, animé, o han seguido con devoción series, películas, novelas desde que tienen uso de razón, ese segmento ya está cubierto con otros eventos mejor organizados. ComicCon Chile está pensada para el “fan” que descubrió los superhéroes sólo con el MCU, o porque sigue la serie que es trending topic esta temporada (este año, proliferaron los cosplays de La Casa de Papel, serie que mientras más hype gana, menos ganas me dan de verla).

Un público no objetivo, sino más bien eventual u ocasional. Eso no tiene nada de malo. Quizás ese público mañana olvide que estuvo ahí. Lo que no es excusa para ofrecer un espectáculo deplorable como el que ComicCon viene ofreciendo desde hace seis años.

Si la idea es retener a ese público eventual, lo estás haciendo mal.

Esta versión ya olía mal hace algunos meses, cuando diversas agrupaciones de ilustradores nacionales denunciaron los precios abusivos, por el arriendo de stands del llamado “Artist Alley”, ese pasillo por el cual artistas, dibujantes e ilustradores ofrecen sus creaciones a los asistentes, dibujando, firmando autógrafos o simplemente compartiendo. Este ascendía a $ 600.000.- por los tres días,más IVA..esto es $714 mil!! Más del doble, incluso el triple, del arriendo de una casa o departamento, por un mes. Valores que muy pocos están dispuestos o capacitados para desembolsar.

La bajada de actores secundarios de series como Breaking Bad, Game Of Thrones o Harry Potter, y ser sustituidos por otros interpretes aún más irrelevantes de dichas series, no hizo mucho por mejorar el panorama.

Así, sólo las presencias de Daniela Vega, Karol Sevilla y Sharon Purser (Stranger Things) hacía algo por levantar la alicaída situación.

¿Por qué, entonces, se insiste con este evento? ¿Qué motiva a seguir haciendo un evento que ha hecho historia por sus desastres más que por sus aciertos, de los que no se dan por aludidos, y pasándose por buena parte a sus asistentes que, en definitiva, pagaron una entrada, no precisamente barata?

¿Por qué les da lo mismo a sus organizadores las denuncias y demandas colectivas con que llevan años amenazando sus asistentes? Porque estas nunca se concretan.

El chileno es un personaje simpático: perdona. Y olvida. Y se deja seducir con poco.

Hoy todos dicen “esto es una estafa”, “el evento peor organizado que he visto”, pero mañana, como dije, lo van a haber olvidado. Y el próximo año, ComicCon asegurará la presencia de un personaje menor de una película o serie, y el público va a ir corriendo a sacar sus entradas. Y el Espacio Riesco, o donde quiera que se lleve a cabo este evento, se va a repletar.

Cometerá los mismos desastres de todos los años, pero cuenta con algunos importantes factores a su favor: la nula autocrítica, por un lado, y la complicidad de un público demasiado fácil de convencer, que contribuye precisamente a la autocomplacencia de sus organizadores.

ComicCon no respeta a su público, y su propio público se lo permite. Y se lo permite creyendo, aún, en la idea que este es un evento en el que “hay que estar”.

Así que si piensa ir el próximo año a ComicCon, hágalo bajo su propio riesgo. Si termina por llevarse una decepción, no diga que no se lo advertí.

PD: Chile está ganando muy mala fama dentro del espectro de este tipo de eventos. No olvidemos los fiascos de Chile Game Show y Anime Friends el año pasado. De no ser por genialidades como FIC o Santiago ComicZone, y más recientemente Fanatic en Concepción, hace rato seríamos el hazmerreír de la especialidad.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

el caballero del sol naciente

Una noche de tantas en Gotham City: Batman y sus aliados más cercanos han entrado en Asilo Arkham, que ha sido tomado por Grodd, el gorila de inteligencia superdesarrollada, quien ha activado un dispositivo que ha terminado por romper el continuo espacio-temporal.

Algún rato después de la explosión, Batman despierta en un lugar que tarda en reconocer. Luego de ser atacado por unos samuráis, descubre que está en el Japón medieval, y sus enemigos se han convertido en líderes de los distintos feudos que luchan por el control del país.

Sin embargo, los principales allegados del encapuchado lo encuentran, y cuentan con el apoyo de la Orden del Murciélago, una antiquísima orden de guerreros samuráis que ven en la aparición de Batman el cumplimiento de la profecía que anunciaba la victoria de este grupo sobre el caos…

Una de las grandes gracias de Batman es lo bien que soporta el traspaso a otros formatos o contextos, como vimos hace un par de meses con Gotham By Gaslight. Con la recientemente lanzada Batman Ninja el cambio va mucho más allá, y nos encontramos no sólo con el hombre murciélago en un contexto que no es el propio, sino además en un formato en que se le ha visto poco: el animé histórico.

Realizada íntegramente por artistas japoneses, Batman y su entorno más cercano (tanto de amigos como enemigos) se ven trasladados al Japón medieval, esa época de la historia en que el país del sol naciente aún no se construía como el gran imperio que llegó a ser, sino un puñado de pequeños reinos empujándose entre sí por la supremacía de unos sobre otros.

La explicación de como se da este fenómeno resulta más acertada de lo que podríamos pensar (cuando uno pensaba que se iba a justificar en absurdos, trucos de magia o el inevitable Deus Ex Machina) y da pie a una historia realmente visualmente atractiva, en un mundo donde todos y cada uno de los personajes del universo batmaniano ha logrado acomodarse, y donde nuestro personaje principal, Batman, se ve en notoria desventaja cuando descubre que sus principales recursos técnicos, no sirven de mucho en esta realidad.

Quizás el personaje demore en acomodarse dentro del contexto histórico, pero no tarda nada en adaptarse al formato. Con los diseños del artista Takashi Okazaki, y la dirección de Junpei Mizusaki, Batman Ninja resulta un espectáculo visual atractivo, y que rinde culto de los grandes temas de la fantasía nipona. Animales parlantes y con habilidades, escenas de pelea espectaculares, hasta máquinas de combate gigantescas. Batman Ninja es un filme que bebe en abundancia de la cultura del sol naciente, y le rinde digno tributo.

Si tan sólo los últimos quince minutos de película hubieran estado mejor armados. Si, el duelo final entre Batman y el Joker (como suele suceder en las historias del Murciélago, así que no me vengan con que es spoiler) es sencillamente espectacular, pero cuesta apreciarlo dentro de tantos elementos secundarios que introdujeron (quedando la sensación de que de un minuto a otro se dieron cuenta que se les estaba yendo el tiempo que debía durar la película y llegaron y metieron todo lo que les cupo), de modo que exige del espectador un nivel de atención mayor al que estaba prestando hasta entonces.

Lo que no quita que sea un experimento audiovisual logrado, convincente y entretenido.

Ah, DC, si tuvieras la misma claridad para tu universo cinematográfico…del frente no te estarían rematando a patadas.

***

BATMAN NINJA

Director: Jumpei Mizusaki

Animacion

2018

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Psicosis: un intento de análisis

La culpa fue de 78/52, el excelente documental disponible en Netflix en el que un puñado de entrevistados (directores, guionistas, fotógrafos, editores, montajistas, actores, musicalizadores, sonidistas, en fin) desmenuzan una de las escenas mejor filmadas de todos los tiempos: la clásica escena de la ducha de Psicosis, el fundacional film que Sir Alfred Hitchcock estrenó en 1960, revolucionando en más de un aspecto el cine estadounidense. el desempeño del documental es tan bueno que, como no podía ser de otra manera, me llevó a ver de nuevo dicha película.

Y ¿qué puedo decir yo, a estas alturas de la vida, acerca de una película que no puede ser calificada nada menos que de obra maestra?

No creo que ni el mismo Hitchcock, cuando adquirió los derechos de la novela del mismo nombre, escrita por Robert Bloch, y basada a su vez en los crímenes del asesino en serie Ed Gaine a fines de los ’50, hubiera pensado en el impacto y alcance que su obra perseguía. Psicosis revolucionó los cánones de la industria hollywoodense, trazó las líneas sobre las que se desenvolvería más de un género cinematográfico y nos dio una de las grandes secuencias de la historia del cine.

Todo comienza un día viernes, en una oficina de bienes raíces de Phoenix, Arizona. Una de las secretarias de la firma, Marion Crane (Janet Leigh), viene de verse con su novio Sam Loomis (John Gavin). El encuentro no termina del todo bien, ya que Sam nuevamente ha manifestado su negativa a casarse, fundado en sus bajos ingresos y las deudas que heredó tras la muerte de su padre, que no tiene como pagar.

Al volver a su oficina, Marion recibe de su jefe el encargo de depositar en el banco 40 mil dólares que su jefe ha recibido en efectivo de un prominente comprador. Viéndola como una oportunidad única para pagar las deudas de Sam, Marion huye de la ciudad con el dinero en su poder.

El improvisado plan de Marion no tarda en hacer aguas, y a la segunda noche tras su fuga, en medio de una tormenta, toma por error una ruta anexa a la carretera principal. Totalmente perdida, observa que existe un motel, el Bates, administrado por sus dueños, el introvertido Norman Bates (Anthony Perkins), quien además de administrador y taxidermista especializado en aves, es custodio de su madre, la anciana mujer inválida que vive en la antigua y sombría mansión aledaña…

Hitchcock, que ya era dueño de una de las carreras cinematográficas más brillantes de todos los tiempos, había pensado originalmente Psicosis como una historia para su programa de televisión “Alfred Hitchcock Presenta”, pero conforme se iba desarrollando la película, cambió de idea y terminó por convertirla en largometraje.

Precedido la popularidad de la novela, así como del morbo propio de los hechos que la originaron, y el tratamiento de Hitchcock a los mismos, la película no tardó en ser un éxito de taquilla. No en vano, antes de Psicosis no se había llevado al cine industrial, de una manera tan gráfica, un crimen de la magnitud de los cometidos por Ed Gaine pocos años antes. Ese, además de otros detalles menores, desafiaron los cánones dentro de los cuales funcionaba la industria del cine y a la censura misma. Sin embargo, la crítica inicialmente fue bastante dura con la película.

Muchas de estas críticas objetaban la opción de Hitchcock por apelar al morbo colectivo, al mostrar en cámara, y en forma muy expresa, un crimen, inspirado en hechos de sangre relativamente recientes, y dándole a la historia, que bien se hubiera contado en una hora de televisión, una relevancia mayor a la que merecía, convirtiéndola en largometraje. Este sector sostenía que Psicosis representaba un estancamiento o retroceso en la carrera de su director.

Positivas o negativas, lo cierto es que la historia terminó por ensalzar a Psicosis como la gran e influyente película que es. No hay ranking de mejores películas de la historia del cine que no la tenga en un lugar alto.

Maestro del suspenso como lo fue durante toda su carrera, teniendo como protagonista a un asesino en serie, Hitchcock evita caer en la obviedad de presentar de entrada a este psicópata. Por el contrario, toma la inteligente decisión de iniciar el relato a partir de su víctima, sin darnos indicio alguno que nuestra protagonista caerá en esta situación.

Tampoco es que nos muestre a Marion Crane como una mala persona. Simplemente la presenta como una mujer ingenua intentando pasar por oportunista, pero que no tarda en afrontar la realidad de que sus improvisadas acciones (robarse los miles de dólares confiados por su jefe, salir de la ciudad, comprar otro auto para despistar a la policía) están destinadas al fracaso.

Ahora, sufrir el destino que le toca padecer, exagerado si pensamos en la real gravedad de sus faltas, es pura y llana fatalidad ¿Qué iba a pensar Marion que en su fuga terminaría por despertar el instinto asesino del hombre que le daría hospedaje? ¿Que iba a saber al subirse a su auto con los fajos de billetes que al principio pensó que le arreglarían la vida, terminaría por destapar la verdadera personalidad de un personaje que lo único que inspiraba en su comunidad era lástima?

Así llegamos a la fundamental secuencia de la ducha. No debe durar más de tres minutos, pero deben ser los tres minutos mejor filmados de la historia. El trabajo de Hitchcock, secundado por su colaborador Saul Bass, la inolvidable partitura de Bernard Hermann, la fotografía de John L. Russell y el montaje de George Tomasini, nos dejan muy claro lo que debe entenderse como lenguaje cinematográfico.

Tres minutos en que vemos una mujer gritando y tratando de defenderse de las innumerables puñaladas que un desconocido le propina, hasta que simplemente cae inconsciente en el piso del baño, con la sangre corriendo por el desagüe.

No necesitamos ver el cuchillo enterrándose en el cuerpo de su víctima, la sangre saliendo a borbotones, ni ninguno de aquellos excesos en que suele caer el cine de horror actualmente, mostrando mutilaciones, fracturas y órganos que vuelan disparados por la pantalla, para convencernos de que estamos siendo espectadores de un hecho macabro y trágico.

Sir Alfred hasta se las arregló para entregar una obra que ha sido ampliamente estudiada dentro de la psicología contemporánea. Lo que pasa en el fuero interno de sus protagonistas, especialmente en el caso de Norman Bates y su particular manera de enfrentar lo que le ha tocado vivir durante los últimos años, ha sido materia de estudios dentro de esta disciplina, y ha ayudado mucho dentro y fuera de ella a entender la mente humana, especialmente lo que puede tener en la cabeza un individuo que necesita quitarle la vida a sus semejantes.

En fin, lo que yo diga de Psicosis, es un aporte mínimo frente a todo lo que se ha escrito y dicho de ella (reseñas, críticas, análisis, ensayos, conferencias, documentales, entrevistas, prácticamente cualquier opinión en el formato que a usted se le ocurra). Y ciertamente es mi manera de reaccionar ante la que es, simplemente y con justicia, una de las películas imprescindibles de la historia del cine.

Imperdible para todo aquel que diga amar el cine (y si puede, vea también 78/52, toda una clase magistral acerca de como filmar una escena icónica).

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PSYCHO

Director: Alfred Hitchcock

Intérpretes: Anthony Perkins; Janet Leigh; Vera Miles; John Gavin; Martin Balsam; John McIntire

Suspenso

1960

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aquí fue donde comenzó todo

Lo que es la vida. vivimos en una época en que los superhéroes han acaparado la industria cinematográfica, para bien y para mal. Digo para mal, porque hemos leído y escuchado hasta el cansancio, acerca de cómo la industria, la cartelera y todo lo demás, se han subyugado ante el género más popular del cómic estadounidense. Eso, por el lado de sus detractores, porque los “fans” tampoco lo hacen tan mal, reclamando por todo aquello que no sale en pantalla como ellos dicen que debe ser.

Hace una década, las cosas eran muy diferentes, y las cintas de superhéroes eran más bien excepcionales. La gran mayoría se trataba de intentos fallidos por explotar una marca determinada, con desastrosos resultados de taquilla y crítica.

¿Adaptaciones que valieran la pena? Las menos, contadas con los dedos: las dos primeras X Men, las dos primeras Spiderman, las dos primeras de Blade, los Batman de Tim Burton, los dos primeros Superman de Christopher Reeve. El resto, material para el olvido, digno de ser lanzado al WC.

Recién en 2005, con Batman Begins (Christopher Nolan), se pudo demostrar que los superhéroes podían ser adaptados gozando tanto de rentabilidad y taquilla, así como de credibilidad y buena recepción crítica.

Corre el año 2008, y Marvel es quien llevaba entonces la delantera en este punto, en cantidad, al menos: empujada por la necesidad, la década anterior, apurada por no irse a la quiebra, Marvel salvó vendiendo, a precio ridículo, licencias de sus personajes, especialmente las cinematográficas.

20th Century Fox se adjudicó a los X Men, Daredevil y a los Fantastic 4; Sony a Spiderman y a Ghost Rider; Universal a Hulk, y Lionsgate a Punisher, mientras que Paramount Pictures se quedó con Ironman, Captain America, Thor y otros tantos que, ciertamente, no lograban en solitario la misma popularidad que los anteriores.

Motivados por la buena recepción de los primeros X Men de Bryan Singer, el Spiderman de Sam Raimi y Batman Begins, y antes que los derechos expiraran por desuso, Paramount anunció, a mediados de los ’00, la realización de una serie de filmes enfocados en los personajes que estaban en su poder, concretando el proyecto en un único filme que los reuniera.

Nadie sospechaba en Paramount ni en Marvel lo que vendría después: el éxito arrollador del plan, la adquisición de Marvel por Disney, el surgimiento de Marvel Studios y la creación del MCU. Corria el año 2007, y se anunciaba para mayo de 2008, bajo la dirección de Jon Favreauy y con Robert Downey Jr en el rol principal, el estreno de Ironman, el primer filme del proyecto.

Siendo, en buenas cuentas, el “piloto” de este plan, necesariamente debía ser una historia de origen, enfocada en Tony Stark (Downey Jr), un genio de la ciencia, tecnología e ingeniería. Mujeriego, bebedor y amigo de la parranda, no tiene igual en el mundo a la hora de diseñar dispositivos de alta tecnología, armas especialmente, siendo su empresa, Stark Industries, el mayor fabricante de material bélico en el mundo.

Dueño de un CI sin igual, pero incapaz de atarse los zapatos por sí mismo, requiere la permanente asistencia de su amigo, el coronel James “Rhodie” Rhodes (Terence Howard) y de la CEO de sus empresas, Virginia “Pepper” Potts (Gwyneth Palthrow).

Tras presentar su último invento, un avanzado sistema de misiles llamado Jericho, Stark es secuestrado en Medio Oriente por una célula terrorista, tras un atentado que casi le cuesta la vida, siendo forzado a desarrollar para ellos un sistema similar. Gracias a su ingenio, asistido por otro prisionero, que crea para él un sistema que le permite mantener su corazón, muy dañado tras el atentado, en funcionamiento, crea una armadura que le permite escapar con vida.

De vuelta en Estados Unidos, Stark anuncia la salida de sus empresas de la industria armamentista. Mientras el mercado discute las consecuencias de la decisión, Stark se enfoca en revisar el dispositivo que lo mantienen vivo, así como el prototipo que le permitió escapar con vida de Oriente.

Tres años antes Christopher Nolan había reinventado a Batman bajo una óptica realista, haciendo hincapié en la enorme carga trágica del personaje. A su vez, Jon Favreau optó por encaminar su adaptación por otra vía.

Formado en la comedia, y sobre la base de la línea editorial de Marvel conocida como “Ultimate”, que actualizaba a sus personajes más populares, Favreau asume el personaje como lo que es: un superhéroe, un personaje que vive fantásticas aventuras vistiendo un traje especial que usa para enfrentar a las fuerzas del mal. Así, mientras Nolan buscaba el realismo, Favreau se queda en lo estrictamente fantástico, asumiendo lo de por sí insólito del concepto (hombre usando una armadura diseñada según los más altos estándares tecnológicos para hacer el bien), sin pretender presentar otra cosa. Esa es la gran virtud de este filme.

Sin otras lecturas, más largas o filosóficas, y sin caer en realismos que no necesita.

Si, hay una carga dramática (no hay superhéroe que no tenga una cruz que cargar, y en Marvel eso es parte del deber ser de cada personaje), Ironman se asume como un filme dedicado al divertimento puro y simple. Eso que uno busca al abrir un cómic: vivir una aventura extraordinaria, en un mundo de personajes extraordinarios y cuyas increíbles hazañas nos producen emociones fuertes, donde es abundante la acción, el romance y hasta las risas.

Favreau tuvo claro desde un principio lo anterior, y por eso es que su película funcionó tan bien a la primera. En una época en que nadie hablaba de fórmulas ni de universos cohesionados, Ironman tiró las líneas sobre las cuales se construiría un verdadero universo de personajes e historias que ya nos ha acompañado por una década.

El primer paso fue con una armadura de hierro. El primer gran paso. Gran y jamás igualado primer paso.

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IRONMAN

Director: Jon Favreau

Intérpretes: Robert Downey Jr; Gwyneth Palthrow; Jeff Bridges; Terence Howard; Leslie Bibb; Clark Gregg; Paul Bettany

Superhéroes

2008

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