el caballero del sol naciente

Una noche de tantas en Gotham City: Batman y sus aliados más cercanos han entrado en Asilo Arkham, que ha sido tomado por Grodd, el gorila de inteligencia superdesarrollada, quien ha activado un dispositivo que ha terminado por romper el continuo espacio-temporal.

Algún rato después de la explosión, Batman despierta en un lugar que tarda en reconocer. Luego de ser atacado por unos samuráis, descubre que está en el Japón medieval, y sus enemigos se han convertido en líderes de los distintos feudos que luchan por el control del país.

Sin embargo, los principales allegados del encapuchado lo encuentran, y cuentan con el apoyo de la Orden del Murciélago, una antiquísima orden de guerreros samuráis que ven en la aparición de Batman el cumplimiento de la profecía que anunciaba la victoria de este grupo sobre el caos…

Una de las grandes gracias de Batman es lo bien que soporta el traspaso a otros formatos o contextos, como vimos hace un par de meses con Gotham By Gaslight. Con la recientemente lanzada Batman Ninja el cambio va mucho más allá, y nos encontramos no sólo con el hombre murciélago en un contexto que no es el propio, sino además en un formato en que se le ha visto poco: el animé histórico.

Realizada íntegramente por artistas japoneses, Batman y su entorno más cercano (tanto de amigos como enemigos) se ven trasladados al Japón medieval, esa época de la historia en que el país del sol naciente aún no se construía como el gran imperio que llegó a ser, sino un puñado de pequeños reinos empujándose entre sí por la supremacía de unos sobre otros.

La explicación de como se da este fenómeno resulta más acertada de lo que podríamos pensar (cuando uno pensaba que se iba a justificar en absurdos, trucos de magia o el inevitable Deus Ex Machina) y da pie a una historia realmente visualmente atractiva, en un mundo donde todos y cada uno de los personajes del universo batmaniano ha logrado acomodarse, y donde nuestro personaje principal, Batman, se ve en notoria desventaja cuando descubre que sus principales recursos técnicos, no sirven de mucho en esta realidad.

Quizás el personaje demore en acomodarse dentro del contexto histórico, pero no tarda nada en adaptarse al formato. Con los diseños del artista Takashi Okazaki, y la dirección de Junpei Mizusaki, Batman Ninja resulta un espectáculo visual atractivo, y que rinde culto de los grandes temas de la fantasía nipona. Animales parlantes y con habilidades, escenas de pelea espectaculares, hasta máquinas de combate gigantescas. Batman Ninja es un filme que bebe en abundancia de la cultura del sol naciente, y le rinde digno tributo.

Si tan sólo los últimos quince minutos de película hubieran estado mejor armados. Si, el duelo final entre Batman y el Joker (como suele suceder en las historias del Murciélago, así que no me vengan con que es spoiler) es sencillamente espectacular, pero cuesta apreciarlo dentro de tantos elementos secundarios que introdujeron (quedando la sensación de que de un minuto a otro se dieron cuenta que se les estaba yendo el tiempo que debía durar la película y llegaron y metieron todo lo que les cupo), de modo que exige del espectador un nivel de atención mayor al que estaba prestando hasta entonces.

Lo que no quita que sea un experimento audiovisual logrado, convincente y entretenido.

Ah, DC, si tuvieras la misma claridad para tu universo cinematográfico…del frente no te estarían rematando a patadas.

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BATMAN NINJA

Director: Jumpei Mizusaki

Animacion

2018

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

Psicosis: un intento de análisis

La culpa fue de 78/52, el excelente documental disponible en Netflix en el que un puñado de entrevistados (directores, guionistas, fotógrafos, editores, montajistas, actores, musicalizadores, sonidistas, en fin) desmenuzan una de las escenas mejor filmadas de todos los tiempos: la clásica escena de la ducha de Psicosis, el fundacional film que Sir Alfred Hitchcock estrenó en 1960, revolucionando en más de un aspecto el cine estadounidense. el desempeño del documental es tan bueno que, como no podía ser de otra manera, me llevó a ver de nuevo dicha película.

Y ¿qué puedo decir yo, a estas alturas de la vida, acerca de una película que no puede ser calificada nada menos que de obra maestra?

No creo que ni el mismo Hitchcock, cuando adquirió los derechos de la novela del mismo nombre, escrita por Robert Bloch, y basada a su vez en los crímenes del asesino en serie Ed Gaine a fines de los ’50, hubiera pensado en el impacto y alcance que su obra perseguía. Psicosis revolucionó los cánones de la industria hollywoodense, trazó las líneas sobre las que se desenvolvería más de un género cinematográfico y nos dio una de las grandes secuencias de la historia del cine.

Todo comienza un día viernes, en una oficina de bienes raíces de Phoenix, Arizona. Una de las secretarias de la firma, Marion Crane (Janet Leigh), viene de verse con su novio Sam Loomis (John Gavin). El encuentro no termina del todo bien, ya que Sam nuevamente ha manifestado su negativa a casarse, fundado en sus bajos ingresos y las deudas que heredó tras la muerte de su padre, que no tiene como pagar.

Al volver a su oficina, Marion recibe de su jefe el encargo de depositar en el banco 40 mil dólares que su jefe ha recibido en efectivo de un prominente comprador. Viéndola como una oportunidad única para pagar las deudas de Sam, Marion huye de la ciudad con el dinero en su poder.

El improvisado plan de Marion no tarda en hacer aguas, y a la segunda noche tras su fuga, en medio de una tormenta, toma por error una ruta anexa a la carretera principal. Totalmente perdida, observa que existe un motel, el Bates, administrado por sus dueños, el introvertido Norman Bates (Anthony Perkins), quien además de administrador y taxidermista especializado en aves, es custodio de su madre, la anciana mujer inválida que vive en la antigua y sombría mansión aledaña…

Hitchcock, que ya era dueño de una de las carreras cinematográficas más brillantes de todos los tiempos, había pensado originalmente Psicosis como una historia para su programa de televisión “Alfred Hitchcock Presenta”, pero conforme se iba desarrollando la película, cambió de idea y terminó por convertirla en largometraje.

Precedido la popularidad de la novela, así como del morbo propio de los hechos que la originaron, y el tratamiento de Hitchcock a los mismos, la película no tardó en ser un éxito de taquilla. No en vano, antes de Psicosis no se había llevado al cine industrial, de una manera tan gráfica, un crimen de la magnitud de los cometidos por Ed Gaine pocos años antes. Ese, además de otros detalles menores, desafiaron los cánones dentro de los cuales funcionaba la industria del cine y a la censura misma. Sin embargo, la crítica inicialmente fue bastante dura con la película.

Muchas de estas críticas objetaban la opción de Hitchcock por apelar al morbo colectivo, al mostrar en cámara, y en forma muy expresa, un crimen, inspirado en hechos de sangre relativamente recientes, y dándole a la historia, que bien se hubiera contado en una hora de televisión, una relevancia mayor a la que merecía, convirtiéndola en largometraje. Este sector sostenía que Psicosis representaba un estancamiento o retroceso en la carrera de su director.

Positivas o negativas, lo cierto es que la historia terminó por ensalzar a Psicosis como la gran e influyente película que es. No hay ranking de mejores películas de la historia del cine que no la tenga en un lugar alto.

Maestro del suspenso como lo fue durante toda su carrera, teniendo como protagonista a un asesino en serie, Hitchcock evita caer en la obviedad de presentar de entrada a este psicópata. Por el contrario, toma la inteligente decisión de iniciar el relato a partir de su víctima, sin darnos indicio alguno que nuestra protagonista caerá en esta situación.

Tampoco es que nos muestre a Marion Crane como una mala persona. Simplemente la presenta como una mujer ingenua intentando pasar por oportunista, pero que no tarda en afrontar la realidad de que sus improvisadas acciones (robarse los miles de dólares confiados por su jefe, salir de la ciudad, comprar otro auto para despistar a la policía) están destinadas al fracaso.

Ahora, sufrir el destino que le toca padecer, exagerado si pensamos en la real gravedad de sus faltas, es pura y llana fatalidad ¿Qué iba a pensar Marion que en su fuga terminaría por despertar el instinto asesino del hombre que le daría hospedaje? ¿Que iba a saber al subirse a su auto con los fajos de billetes que al principio pensó que le arreglarían la vida, terminaría por destapar la verdadera personalidad de un personaje que lo único que inspiraba en su comunidad era lástima?

Así llegamos a la fundamental secuencia de la ducha. No debe durar más de tres minutos, pero deben ser los tres minutos mejor filmados de la historia. El trabajo de Hitchcock, secundado por su colaborador Saul Bass, la inolvidable partitura de Bernard Hermann, la fotografía de John L. Russell y el montaje de George Tomasini, nos dejan muy claro lo que debe entenderse como lenguaje cinematográfico.

Tres minutos en que vemos una mujer gritando y tratando de defenderse de las innumerables puñaladas que un desconocido le propina, hasta que simplemente cae inconsciente en el piso del baño, con la sangre corriendo por el desagüe.

No necesitamos ver el cuchillo enterrándose en el cuerpo de su víctima, la sangre saliendo a borbotones, ni ninguno de aquellos excesos en que suele caer el cine de horror actualmente, mostrando mutilaciones, fracturas y órganos que vuelan disparados por la pantalla, para convencernos de que estamos siendo espectadores de un hecho macabro y trágico.

Sir Alfred hasta se las arregló para entregar una obra que ha sido ampliamente estudiada dentro de la psicología contemporánea. Lo que pasa en el fuero interno de sus protagonistas, especialmente en el caso de Norman Bates y su particular manera de enfrentar lo que le ha tocado vivir durante los últimos años, ha sido materia de estudios dentro de esta disciplina, y ha ayudado mucho dentro y fuera de ella a entender la mente humana, especialmente lo que puede tener en la cabeza un individuo que necesita quitarle la vida a sus semejantes.

En fin, lo que yo diga de Psicosis, es un aporte mínimo frente a todo lo que se ha escrito y dicho de ella (reseñas, críticas, análisis, ensayos, conferencias, documentales, entrevistas, prácticamente cualquier opinión en el formato que a usted se le ocurra). Y ciertamente es mi manera de reaccionar ante la que es, simplemente y con justicia, una de las películas imprescindibles de la historia del cine.

Imperdible para todo aquel que diga amar el cine (y si puede, vea también 78/52, toda una clase magistral acerca de como filmar una escena icónica).

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PSYCHO

Director: Alfred Hitchcock

Intérpretes: Anthony Perkins; Janet Leigh; Vera Miles; John Gavin; Martin Balsam; John McIntire

Suspenso

1960

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

 

 

 

 

 

aquí fue donde comenzó todo

Lo que es la vida. vivimos en una época en que los superhéroes han acaparado la industria cinematográfica, para bien y para mal. Digo para mal, porque hemos leído y escuchado hasta el cansancio, acerca de cómo la industria, la cartelera y todo lo demás, se han subyugado ante el género más popular del cómic estadounidense. Eso, por el lado de sus detractores, porque los “fans” tampoco lo hacen tan mal, reclamando por todo aquello que no sale en pantalla como ellos dicen que debe ser.

Hace una década, las cosas eran muy diferentes, y las cintas de superhéroes eran más bien excepcionales. La gran mayoría se trataba de intentos fallidos por explotar una marca determinada, con desastrosos resultados de taquilla y crítica.

¿Adaptaciones que valieran la pena? Las menos, contadas con los dedos: las dos primeras X Men, las dos primeras Spiderman, las dos primeras de Blade, los Batman de Tim Burton, los dos primeros Superman de Christopher Reeve. El resto, material para el olvido, digno de ser lanzado al WC.

Recién en 2005, con Batman Begins (Christopher Nolan), se pudo demostrar que los superhéroes podían ser adaptados gozando tanto de rentabilidad y taquilla, así como de credibilidad y buena recepción crítica.

Corre el año 2008, y Marvel es quien llevaba entonces la delantera en este punto, en cantidad, al menos: empujada por la necesidad, la década anterior, apurada por no irse a la quiebra, Marvel salvó vendiendo, a precio ridículo, licencias de sus personajes, especialmente las cinematográficas.

20th Century Fox se adjudicó a los X Men, Daredevil y a los Fantastic 4; Sony a Spiderman y a Ghost Rider; Universal a Hulk, y Lionsgate a Punisher, mientras que Paramount Pictures se quedó con Ironman, Captain America, Thor y otros tantos que, ciertamente, no lograban en solitario la misma popularidad que los anteriores.

Motivados por la buena recepción de los primeros X Men de Bryan Singer, el Spiderman de Sam Raimi y Batman Begins, y antes que los derechos expiraran por desuso, Paramount anunció, a mediados de los ’00, la realización de una serie de filmes enfocados en los personajes que estaban en su poder, concretando el proyecto en un único filme que los reuniera.

Nadie sospechaba en Paramount ni en Marvel lo que vendría después: el éxito arrollador del plan, la adquisición de Marvel por Disney, el surgimiento de Marvel Studios y la creación del MCU. Corria el año 2007, y se anunciaba para mayo de 2008, bajo la dirección de Jon Favreauy y con Robert Downey Jr en el rol principal, el estreno de Ironman, el primer filme del proyecto.

Siendo, en buenas cuentas, el “piloto” de este plan, necesariamente debía ser una historia de origen, enfocada en Tony Stark (Downey Jr), un genio de la ciencia, tecnología e ingeniería. Mujeriego, bebedor y amigo de la parranda, no tiene igual en el mundo a la hora de diseñar dispositivos de alta tecnología, armas especialmente, siendo su empresa, Stark Industries, el mayor fabricante de material bélico en el mundo.

Dueño de un CI sin igual, pero incapaz de atarse los zapatos por sí mismo, requiere la permanente asistencia de su amigo, el coronel James “Rhodie” Rhodes (Terence Howard) y de la CEO de sus empresas, Virginia “Pepper” Potts (Gwyneth Palthrow).

Tras presentar su último invento, un avanzado sistema de misiles llamado Jericho, Stark es secuestrado en Medio Oriente por una célula terrorista, tras un atentado que casi le cuesta la vida, siendo forzado a desarrollar para ellos un sistema similar. Gracias a su ingenio, asistido por otro prisionero, que crea para él un sistema que le permite mantener su corazón, muy dañado tras el atentado, en funcionamiento, crea una armadura que le permite escapar con vida.

De vuelta en Estados Unidos, Stark anuncia la salida de sus empresas de la industria armamentista. Mientras el mercado discute las consecuencias de la decisión, Stark se enfoca en revisar el dispositivo que lo mantienen vivo, así como el prototipo que le permitió escapar con vida de Oriente.

Tres años antes Christopher Nolan había reinventado a Batman bajo una óptica realista, haciendo hincapié en la enorme carga trágica del personaje. A su vez, Jon Favreau optó por encaminar su adaptación por otra vía.

Formado en la comedia, y sobre la base de la línea editorial de Marvel conocida como “Ultimate”, que actualizaba a sus personajes más populares, Favreau asume el personaje como lo que es: un superhéroe, un personaje que vive fantásticas aventuras vistiendo un traje especial que usa para enfrentar a las fuerzas del mal. Así, mientras Nolan buscaba el realismo, Favreau se queda en lo estrictamente fantástico, asumiendo lo de por sí insólito del concepto (hombre usando una armadura diseñada según los más altos estándares tecnológicos para hacer el bien), sin pretender presentar otra cosa. Esa es la gran virtud de este filme.

Sin otras lecturas, más largas o filosóficas, y sin caer en realismos que no necesita.

Si, hay una carga dramática (no hay superhéroe que no tenga una cruz que cargar, y en Marvel eso es parte del deber ser de cada personaje), Ironman se asume como un filme dedicado al divertimento puro y simple. Eso que uno busca al abrir un cómic: vivir una aventura extraordinaria, en un mundo de personajes extraordinarios y cuyas increíbles hazañas nos producen emociones fuertes, donde es abundante la acción, el romance y hasta las risas.

Favreau tuvo claro desde un principio lo anterior, y por eso es que su película funcionó tan bien a la primera. En una época en que nadie hablaba de fórmulas ni de universos cohesionados, Ironman tiró las líneas sobre las cuales se construiría un verdadero universo de personajes e historias que ya nos ha acompañado por una década.

El primer paso fue con una armadura de hierro. El primer gran paso. Gran y jamás igualado primer paso.

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IRONMAN

Director: Jon Favreau

Intérpretes: Robert Downey Jr; Gwyneth Palthrow; Jeff Bridges; Terence Howard; Leslie Bibb; Clark Gregg; Paul Bettany

Superhéroes

2008

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata