rebobinar para proyectarse

Les contaba tiempo atrás que, cada cierto par de años, le doy un repaso a las, digamos, cuatro novelas fundamentales de Alberto Fuguet: Mala Onda, Por Favor,Rebobinar, Tinta Roja y Las Películas De Mi Vida. ejercicio que hago para examinar cómo han envejecido, como los percibo ahora respecto de cómo los percibía antes y ver qué lecturas puedo extraer de ellos ahora.

Publicada originalmente en 1994, Por Favor Rebobinar es una suerte de secuela moral de Mala Onda. Claro, que tuvo que atravesar más de un obstáculo hasta llegar a, finalmente, ver la luz, en la forma que su autor lo quiso.

Estamos ante una colección de historias unipersonales, narradas por personajes (varios de ellos mencionados en Mala Onda, ya fuera como personajes secundarios o de apoyo), varios de ellos entre los 25 y los 30 años, y nos cuentan cómo han enfrentado el paso de la adolescencia a la adultez, y los grandes temas que ello implica: la familia, el trabajo, la paternidad, y en el fondo ese inevitable choque entre lo que uno pensaba que sería su vida y lo que es en la realidad.

Personajes que están por enfrentar un momento crucial de su vida, un momento definitorio. Esa ocasión que tendrán para hacer algo de sus existencias algo trascendente, o caer en el intento.

Fuguet acompaña estos relatos con entrevistas, artículos y notas de prensa ficticios, que sirven de nexo entre las narraciones que conforman la novela, y que en mayor o menor medida se relacionan con cada cuento.

Planeta, la editorial para la cual publicaba Fuguet en aquella época, entusiasmada por el revuelo mediático causado con Mala Onda un par de años antes (éxito de ventas y muy comentado dentro y fuera de la cátedra literaria; hoy sería trending topic) fue bastante reticente con el proyecto original y cercenó gran parte de éste: las aludidas notas de prensa y un par de cuentos, pensando que éstos bajarían el interés de los lectores en la obra.

Sólo cuando Fuguet dejó Planeta y se incorporó a Alfaguara algunos años después, pudo finalmente publicar la novela como deseaba desde un principio.

Y qué bien que así haya sido.

Mala Onda era un relato con el que un adolescente podía sentir más o menos cercano. A su vez, Por Favor, Rebobinar, al revés, se siente como si se hubiese inspirado en uno. No es necesariamente lo mismo.

Si bien lo leí por primera vez muchos años después de su publicación original, cuando lo hice pasaba de los 25 años de edad. Eso fue clave: la novela me pilló volando bajo, y me pegó fuerte. Pero entendí clarito a lo que su autor se refería. Si la hubiera leído a los 18, o antes, quizás no la habría entendido de la misma manera.

Los personajes de Por Favor Rebobinar arman un conjunto de vidas buscando un lugar en el mundo, intentando sobreponerse a las dificultades, a sus propios rollos personales, sus propios temores, culpas, pasados.

Ya se trate de un cinéfilo veinteañero, autodestructivo, levemente autista. Un modelo con pretensiones literarias, incapaz de asumir su propia historia. Un rockstar ansioso de ser más que un fenómeno pasajero. Un locutor de radio sin mucho que hacer fuera del estudio. Un ejecutivo medial ad portas de ser padre.

Esta novela coral y generacional, armada a partir de un conjunto de relatos cuyos narradores diferentes, cuyas procedencias y vocaciones podrán diferir, pero que tienen más en común de lo que piensan: familias disfuncionales, metas no cumplidas, existencias vacías e intentos por llenarlas con algo (cine, drogas, sexo casual, excesos varios). Gente más o menos dañada, caminando peligrosamente sobre la orilla hacia el abismo.

No en vano, Fuguet quiso llamar a este libro, entre otros nombres tentativos, “Juntos y Solos” (como a la postre titularía su compilado publicado en 2015).

Lo que los une, en todo caso, va más allá de sus vacíos. Todos ellos, como dije, buscan armarse su lugar en el mundo, o al menos saber cómo pararse frente a él, definiendo en qué punto de sus vidas se encuentran, y de qué manera van a vivir lo que les queda por delante.

No todos los logran: estos personajes se encuentran ante ese punto sin retorno, ese punto a partir del cual ya no podrán refugiarse en otros, sino que deben enfrentar la vida personalmente, sin intermediarios. El miedo, la tentación de buscar salidas más fáciles, están ahí al lado.

Nunca me ha dejado indiferente esta novela. Tal vez a los 25 no sentía tan cercanas algunas de las historias de Por Favor, Rebobinar como sí lo han hecho ahora, a los 42. Pero nada me quita esa sensación de que estas historias pudieron haber sido la de algún amigo, conocido, o uno mismo.

No puedo llegar a otra conclusión cuando luego de leer el mismo libro que ya he leído siete u ocho veces antes, y me sigue golpeando de la misma forma. O más fuerte incluso.

Van tres de cuatro.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata (Twitter e Instagram).

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