MARGOT KIDDER 1948-2018

Si bien tuvo una carrera bastante prolífica, tanto en cine, teatro y televisión, y tuvo algunos años difíciles las últimas décadas, a causa del trastorno bipolar que sufría desde muy joven, la imagen que siempre tendremos de Margot Kidder será la de Lois Lane, la osada reportera estrella del Daily Planet, coprotagonista del romance más importante en la historia de los superhéroes, junto a Superman.

Encarnación de la reportera que no trepidaba a la hora de ponerse bajo un ascensor de la torre Eiffel para cubrir un intento de atentado terrorista, Kidder interpretó a Lois Lane en tres de las cuatro películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve, y nos dejó un personaje tan icónico dentro de la cultura pop como el Hombre de Acero.

Luego de la última película de Superman, en 1987, asumió un respetable rol como activista política, simpatizando con el partido Demócrata. Canadiense de nacimiento, Margot obtuvo la ciudadanía estadounidense, a fin de participar más activamente en las decisiones políticas.

Margot y Reeve mantuvieron una estrecha amistad hasta la muerte de éste en 2004. Incluso compartieron escena cuando ambos fueron invitados a aparecer en la serie Smallville. Y al igual que en su caso, cuando asumió que ya no podía sacarse de encima la imagen de Lois Lane, entró de lleno en el circuito de las convenciones de fans. En esa virtud estuvo en Chile, en 2012, en la ComicCon de ese año.

Margot Kidder falleció en su casa en Livingstone, Montana, a los 69 años de edad.

QEPD

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un tranquilo viaje de vuelta

Después de un muy mal día laboral, el agente de seguros Michael McCauley (Liam Neeson) toma el tren de vuelta a su casa, en las afueras de la ciudad.

Durante el trayecto, una mujer de nombre Joanna (Vera Farmiga) se sienta a su lado, y entablan conversación, instancia en la cual ella le comenta acerca de una hipotética situación que podría darse durante un viaje de rutina: ¿Qué sucedería si a un pasajero le dijeran que hay un maletín con dinero efectivo en el baño del tren, y que puede quedarse con este dinero si introduce un dispositivo GPS en el equipaje de otro pasajero, ganándose otra interesante cantidad si lo logra antes de la siguiente parada?

La mujer pronto abandona el tren. McCauley al principio no hace mucho caso pero, como el detective retirado que es, la convicción de ella en lo que hablaba le despierta sospechas. Por lo que acude al baño del vagón y, efectivamente, encuentra 25 mil dólares en efectivo, y un GPS, más instrucciones de que debe introducirlo en el equipaje de cierto pasajero ocasional…

Sin tener una filmografía revolucionaria, el español Jaume Collet-Serra ha logrado una carrera interesante y bastante respetable. Aunque partió dentro del género del terror (House Of Wax, 2005, y la sorprendente La Huérfana, 2009), el realizador de origen catalán ha tenido un desempeño bastante digno en el cine de suspenso, especialmente en aquellas cintas donde sus protagonistas se ven en situaciones límites, entre la espada y la pared, donde cada minuto que pasa, y cada decisión que toman, se vuelve decisiva para salvar más de una vida.

Así ha ocurrido en filmes como The Shallows (2016, aquella en que Blake Lively ve como su viaje de surf termina convertida en una pesadilla cuando la marea la arrastra a una zona infestada de tiburones), y en la seguidilla de películas que han tenido de protagonista al rostro por excelencia del cine de acción categoría senior, Liam Neeson.

Si antes Collet-Serra puso a un Neeson desmemoriado en medio de una enredada conspiración en pleno centro de Berlín (Unknown, 2011), tratando de evitar un atentado terrorista en pleno vuelo (Non Stop, 2014) y a enfrentar contra el tiempo a un puñado de mercenarios (Run All Night, 2015), en esta nueva colaboración, El Pasajero, pone a nuestro héroe de acción favorito en un escenario que, por dimensiones y duración del trayecto, uno no imaginaría que podría pasar una situación así de tensa.

Imagina que vas en el metro desde el centro de Santiago a Puente Alto (30 a 45 minutos de viaje) y te avisan que tienes que asesinar a un tipo X antes que el tren llegue a destino. Cambia el metro de Santiago por el ferrocarril interurbano de cualquier capital estadounidense, y estamos.

Quizás no estemos frente al nuevo Hitchcock. O ante el nuevo De Palma, pero de que Collet-Serra tiene la habilidad suficiente para crear estos niveles de tensión, eso es incuestionable. Una situación aparentemente rutinaria, que se vuelve una lucha por sobrevivir para un individuo común cuando tiene en sus manos más de una vida. Vaya a saber por qué, McCauley se ve involucrado en una conspiración que podría costar la vida de una persona, alguien que al igual que él tuvo la mala fortuna de subirse a ese tren, o la de su familia, si no cumple lo que se le está exigiendo. Collet-Serra se las arregla muy bien a la hora de convertir este viaje repetido e intrascendente en una verdadera pesadilla, y hacernos sentir parte de ella.

Como la mayoría de personajes de Neeson, McCauley es, bien en el fondo, un buen tipo que sólo aspira a hacer lo correcto, pero que se ve con la soga al cuello, enfrentado a una situación donde “hacer lo correcto” sólo hará que la soga se le apriete cada vez más conforme pasan los minutos.

Ello, más el ritmo impreso por Collet-Serra a un filme que, acertadamente, no es muy largo (105 justos y precisos minutos, más habrían mandado la historia al despeñadero, minutos que se pasan volando por demás) hacen de El Pasajero un filme eficaz, que mantiene al espectador compenetrado con la historia, de aquellas que, al resolverse, te hacen silbar de alivio y secarte el sudor de la frente. Filmada con un presupuesto acotado, y sin grandes aspavientos, Collet-Serra es de los realizadores que nos devuelven la fe en un cine industrial en que aún importan las buenas ideas y las habilidades narrativas antes que las barbaridades pecuniarias invertidas.

***1/2

THE COMMUTER

Director: Jaume Collet-Serra

Intérpretes: Liam Neeson; Vera Farmiga; Patrick Wilson: Elizabeth McGovern; Sam Neill

Suspenso

2018

fretamat@hotmail.com  @panchocinepata

 

 

GuateoCon

A la hora que subo esta reseña, termina una nueva versión de ComicCon Chile, y, para variar, la mayoría de comentarios son lapidarios:

Reparos por problemas de organización, eventos que no empiezan a la hora, o que empiezan a la hora pero en que no puede entrar el público interesado porque no caben en la sala (lo ocurrido el viernes pasado con la presentación de Karol Sevilla, que se iniciaba para público en general tras un meet and greet, que debía abrir puertas a las 20 horas, pasadas las 21 aún no dejaba entrar a la enorme fila de asistentes que simplemente se fue sin presenciar el evento), pésima distribución física, precios muy elevados en las secciones de comidas, mal acceso a servicios básicos, pobreza en los stand de productos oficiales, invitados que cancelaron a pocos días del evento, expositores que no muestran nada que no se pueda ver en el Persa BioBio, en el Eurocentro o en el Portal Lyon todos los días y gratis, que en la jornada inaugural aún hubiese secciones no habilitadas para su funcionamiento, improvisación, fallas de comunicación con eventuales participantes…

Siento que estoy escribiendo lo mismo que en 2012, cuando para la segunda versión del evento vi que se repetían los mismos errores de la primera edición, el año anterior. Eso fue suficiente para decidir no volver a ir, menos cuando los precios de las entradas subían en cada versión. Veo que en seis años las cosas no han cambiado nada.

Y sí, sé que más de alguien va a cuestionarme el hecho de estar diciendo todo esto de un evento en el que no he puesto un pie desde entonces (y difícilmente lo vuelva a hacer), pero eso no invalida mi opinión, si la ponderamos con lo que no poca gente tuitea o postea en Facebook en cuanto a las falencias del evento en cuestión.

Tengamos una cosa clara desde ya: ComicCon nunca ha sido una convención de fanáticos. No para los que han coleccionado cómics, manga, animé, o han seguido con devoción series, películas, novelas desde que tienen uso de razón, ese segmento ya está cubierto con otros eventos mejor organizados. ComicCon Chile está pensada para el “fan” que descubrió los superhéroes sólo con el MCU, o porque sigue la serie que es trending topic esta temporada (este año, proliferaron los cosplays de La Casa de Papel, serie que mientras más hype gana, menos ganas me dan de verla).

Un público no objetivo, sino más bien eventual u ocasional. Eso no tiene nada de malo. Quizás ese público mañana olvide que estuvo ahí. Lo que no es excusa para ofrecer un espectáculo deplorable como el que ComicCon viene ofreciendo desde hace seis años.

Si la idea es retener a ese público eventual, lo estás haciendo mal.

Esta versión ya olía mal hace algunos meses, cuando diversas agrupaciones de ilustradores nacionales denunciaron los precios abusivos, por el arriendo de stands del llamado “Artist Alley”, ese pasillo por el cual artistas, dibujantes e ilustradores ofrecen sus creaciones a los asistentes, dibujando, firmando autógrafos o simplemente compartiendo. Este ascendía a $ 600.000.- por los tres días,más IVA..esto es $714 mil!! Más del doble, incluso el triple, del arriendo de una casa o departamento, por un mes. Valores que muy pocos están dispuestos o capacitados para desembolsar.

La bajada de actores secundarios de series como Breaking Bad, Game Of Thrones o Harry Potter, y ser sustituidos por otros interpretes aún más irrelevantes de dichas series, no hizo mucho por mejorar el panorama.

Así, sólo las presencias de Daniela Vega, Karol Sevilla y Sharon Purser (Stranger Things) hacía algo por levantar la alicaída situación.

¿Por qué, entonces, se insiste con este evento? ¿Qué motiva a seguir haciendo un evento que ha hecho historia por sus desastres más que por sus aciertos, de los que no se dan por aludidos, y pasándose por buena parte a sus asistentes que, en definitiva, pagaron una entrada, no precisamente barata?

¿Por qué les da lo mismo a sus organizadores las denuncias y demandas colectivas con que llevan años amenazando sus asistentes? Porque estas nunca se concretan.

El chileno es un personaje simpático: perdona. Y olvida. Y se deja seducir con poco.

Hoy todos dicen “esto es una estafa”, “el evento peor organizado que he visto”, pero mañana, como dije, lo van a haber olvidado. Y el próximo año, ComicCon asegurará la presencia de un personaje menor de una película o serie, y el público va a ir corriendo a sacar sus entradas. Y el Espacio Riesco, o donde quiera que se lleve a cabo este evento, se va a repletar.

Cometerá los mismos desastres de todos los años, pero cuenta con algunos importantes factores a su favor: la nula autocrítica, por un lado, y la complicidad de un público demasiado fácil de convencer, que contribuye precisamente a la autocomplacencia de sus organizadores.

ComicCon no respeta a su público, y su propio público se lo permite. Y se lo permite creyendo, aún, en la idea que este es un evento en el que “hay que estar”.

Así que si piensa ir el próximo año a ComicCon, hágalo bajo su propio riesgo. Si termina por llevarse una decepción, no diga que no se lo advertí.

PD: Chile está ganando muy mala fama dentro del espectro de este tipo de eventos. No olvidemos los fiascos de Chile Game Show y Anime Friends el año pasado. De no ser por genialidades como FIC o Santiago ComicZone, y más recientemente Fanatic en Concepción, hace rato seríamos el hazmerreír de la especialidad.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata