Psicosis: un intento de análisis

La culpa fue de 78/52, el excelente documental disponible en Netflix en el que un puñado de entrevistados (directores, guionistas, fotógrafos, editores, montajistas, actores, musicalizadores, sonidistas, en fin) desmenuzan una de las escenas mejor filmadas de todos los tiempos: la clásica escena de la ducha de Psicosis, el fundacional film que Sir Alfred Hitchcock estrenó en 1960, revolucionando en más de un aspecto el cine estadounidense. el desempeño del documental es tan bueno que, como no podía ser de otra manera, me llevó a ver de nuevo dicha película.

Y ¿qué puedo decir yo, a estas alturas de la vida, acerca de una película que no puede ser calificada nada menos que de obra maestra?

No creo que ni el mismo Hitchcock, cuando adquirió los derechos de la novela del mismo nombre, escrita por Robert Bloch, y basada a su vez en los crímenes del asesino en serie Ed Gaine a fines de los ’50, hubiera pensado en el impacto y alcance que su obra perseguía. Psicosis revolucionó los cánones de la industria hollywoodense, trazó las líneas sobre las que se desenvolvería más de un género cinematográfico y nos dio una de las grandes secuencias de la historia del cine.

Todo comienza un día viernes, en una oficina de bienes raíces de Phoenix, Arizona. Una de las secretarias de la firma, Marion Crane (Janet Leigh), viene de verse con su novio Sam Loomis (John Gavin). El encuentro no termina del todo bien, ya que Sam nuevamente ha manifestado su negativa a casarse, fundado en sus bajos ingresos y las deudas que heredó tras la muerte de su padre, que no tiene como pagar.

Al volver a su oficina, Marion recibe de su jefe el encargo de depositar en el banco 40 mil dólares que su jefe ha recibido en efectivo de un prominente comprador. Viéndola como una oportunidad única para pagar las deudas de Sam, Marion huye de la ciudad con el dinero en su poder.

El improvisado plan de Marion no tarda en hacer aguas, y a la segunda noche tras su fuga, en medio de una tormenta, toma por error una ruta anexa a la carretera principal. Totalmente perdida, observa que existe un motel, el Bates, administrado por sus dueños, el introvertido Norman Bates (Anthony Perkins), quien además de administrador y taxidermista especializado en aves, es custodio de su madre, la anciana mujer inválida que vive en la antigua y sombría mansión aledaña…

Hitchcock, que ya era dueño de una de las carreras cinematográficas más brillantes de todos los tiempos, había pensado originalmente Psicosis como una historia para su programa de televisión “Alfred Hitchcock Presenta”, pero conforme se iba desarrollando la película, cambió de idea y terminó por convertirla en largometraje.

Precedido la popularidad de la novela, así como del morbo propio de los hechos que la originaron, y el tratamiento de Hitchcock a los mismos, la película no tardó en ser un éxito de taquilla. No en vano, antes de Psicosis no se había llevado al cine industrial, de una manera tan gráfica, un crimen de la magnitud de los cometidos por Ed Gaine pocos años antes. Ese, además de otros detalles menores, desafiaron los cánones dentro de los cuales funcionaba la industria del cine y a la censura misma. Sin embargo, la crítica inicialmente fue bastante dura con la película.

Muchas de estas críticas objetaban la opción de Hitchcock por apelar al morbo colectivo, al mostrar en cámara, y en forma muy expresa, un crimen, inspirado en hechos de sangre relativamente recientes, y dándole a la historia, que bien se hubiera contado en una hora de televisión, una relevancia mayor a la que merecía, convirtiéndola en largometraje. Este sector sostenía que Psicosis representaba un estancamiento o retroceso en la carrera de su director.

Positivas o negativas, lo cierto es que la historia terminó por ensalzar a Psicosis como la gran e influyente película que es. No hay ranking de mejores películas de la historia del cine que no la tenga en un lugar alto.

Maestro del suspenso como lo fue durante toda su carrera, teniendo como protagonista a un asesino en serie, Hitchcock evita caer en la obviedad de presentar de entrada a este psicópata. Por el contrario, toma la inteligente decisión de iniciar el relato a partir de su víctima, sin darnos indicio alguno que nuestra protagonista caerá en esta situación.

Tampoco es que nos muestre a Marion Crane como una mala persona. Simplemente la presenta como una mujer ingenua intentando pasar por oportunista, pero que no tarda en afrontar la realidad de que sus improvisadas acciones (robarse los miles de dólares confiados por su jefe, salir de la ciudad, comprar otro auto para despistar a la policía) están destinadas al fracaso.

Ahora, sufrir el destino que le toca padecer, exagerado si pensamos en la real gravedad de sus faltas, es pura y llana fatalidad ¿Qué iba a pensar Marion que en su fuga terminaría por despertar el instinto asesino del hombre que le daría hospedaje? ¿Que iba a saber al subirse a su auto con los fajos de billetes que al principio pensó que le arreglarían la vida, terminaría por destapar la verdadera personalidad de un personaje que lo único que inspiraba en su comunidad era lástima?

Así llegamos a la fundamental secuencia de la ducha. No debe durar más de tres minutos, pero deben ser los tres minutos mejor filmados de la historia. El trabajo de Hitchcock, secundado por su colaborador Saul Bass, la inolvidable partitura de Bernard Hermann, la fotografía de John L. Russell y el montaje de George Tomasini, nos dejan muy claro lo que debe entenderse como lenguaje cinematográfico.

Tres minutos en que vemos una mujer gritando y tratando de defenderse de las innumerables puñaladas que un desconocido le propina, hasta que simplemente cae inconsciente en el piso del baño, con la sangre corriendo por el desagüe.

No necesitamos ver el cuchillo enterrándose en el cuerpo de su víctima, la sangre saliendo a borbotones, ni ninguno de aquellos excesos en que suele caer el cine de horror actualmente, mostrando mutilaciones, fracturas y órganos que vuelan disparados por la pantalla, para convencernos de que estamos siendo espectadores de un hecho macabro y trágico.

Sir Alfred hasta se las arregló para entregar una obra que ha sido ampliamente estudiada dentro de la psicología contemporánea. Lo que pasa en el fuero interno de sus protagonistas, especialmente en el caso de Norman Bates y su particular manera de enfrentar lo que le ha tocado vivir durante los últimos años, ha sido materia de estudios dentro de esta disciplina, y ha ayudado mucho dentro y fuera de ella a entender la mente humana, especialmente lo que puede tener en la cabeza un individuo que necesita quitarle la vida a sus semejantes.

En fin, lo que yo diga de Psicosis, es un aporte mínimo frente a todo lo que se ha escrito y dicho de ella (reseñas, críticas, análisis, ensayos, conferencias, documentales, entrevistas, prácticamente cualquier opinión en el formato que a usted se le ocurra). Y ciertamente es mi manera de reaccionar ante la que es, simplemente y con justicia, una de las películas imprescindibles de la historia del cine.

Imperdible para todo aquel que diga amar el cine (y si puede, vea también 78/52, toda una clase magistral acerca de como filmar una escena icónica).

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PSYCHO

Director: Alfred Hitchcock

Intérpretes: Anthony Perkins; Janet Leigh; Vera Miles; John Gavin; Martin Balsam; John McIntire

Suspenso

1960

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata