aquí fue donde comenzó todo

Lo que es la vida. vivimos en una época en que los superhéroes han acaparado la industria cinematográfica, para bien y para mal. Digo para mal, porque hemos leído y escuchado hasta el cansancio, acerca de cómo la industria, la cartelera y todo lo demás, se han subyugado ante el género más popular del cómic estadounidense. Eso, por el lado de sus detractores, porque los “fans” tampoco lo hacen tan mal, reclamando por todo aquello que no sale en pantalla como ellos dicen que debe ser.

Hace una década, las cosas eran muy diferentes, y las cintas de superhéroes eran más bien excepcionales. La gran mayoría se trataba de intentos fallidos por explotar una marca determinada, con desastrosos resultados de taquilla y crítica.

¿Adaptaciones que valieran la pena? Las menos, contadas con los dedos: las dos primeras X Men, las dos primeras Spiderman, las dos primeras de Blade, los Batman de Tim Burton, los dos primeros Superman de Christopher Reeve. El resto, material para el olvido, digno de ser lanzado al WC.

Recién en 2005, con Batman Begins (Christopher Nolan), se pudo demostrar que los superhéroes podían ser adaptados gozando tanto de rentabilidad y taquilla, así como de credibilidad y buena recepción crítica.

Corre el año 2008, y Marvel es quien llevaba entonces la delantera en este punto, en cantidad, al menos: empujada por la necesidad, la década anterior, apurada por no irse a la quiebra, Marvel salvó vendiendo, a precio ridículo, licencias de sus personajes, especialmente las cinematográficas.

20th Century Fox se adjudicó a los X Men, Daredevil y a los Fantastic 4; Sony a Spiderman y a Ghost Rider; Universal a Hulk, y Lionsgate a Punisher, mientras que Paramount Pictures se quedó con Ironman, Captain America, Thor y otros tantos que, ciertamente, no lograban en solitario la misma popularidad que los anteriores.

Motivados por la buena recepción de los primeros X Men de Bryan Singer, el Spiderman de Sam Raimi y Batman Begins, y antes que los derechos expiraran por desuso, Paramount anunció, a mediados de los ’00, la realización de una serie de filmes enfocados en los personajes que estaban en su poder, concretando el proyecto en un único filme que los reuniera.

Nadie sospechaba en Paramount ni en Marvel lo que vendría después: el éxito arrollador del plan, la adquisición de Marvel por Disney, el surgimiento de Marvel Studios y la creación del MCU. Corria el año 2007, y se anunciaba para mayo de 2008, bajo la dirección de Jon Favreauy y con Robert Downey Jr en el rol principal, el estreno de Ironman, el primer filme del proyecto.

Siendo, en buenas cuentas, el “piloto” de este plan, necesariamente debía ser una historia de origen, enfocada en Tony Stark (Downey Jr), un genio de la ciencia, tecnología e ingeniería. Mujeriego, bebedor y amigo de la parranda, no tiene igual en el mundo a la hora de diseñar dispositivos de alta tecnología, armas especialmente, siendo su empresa, Stark Industries, el mayor fabricante de material bélico en el mundo.

Dueño de un CI sin igual, pero incapaz de atarse los zapatos por sí mismo, requiere la permanente asistencia de su amigo, el coronel James “Rhodie” Rhodes (Terence Howard) y de la CEO de sus empresas, Virginia “Pepper” Potts (Gwyneth Palthrow).

Tras presentar su último invento, un avanzado sistema de misiles llamado Jericho, Stark es secuestrado en Medio Oriente por una célula terrorista, tras un atentado que casi le cuesta la vida, siendo forzado a desarrollar para ellos un sistema similar. Gracias a su ingenio, asistido por otro prisionero, que crea para él un sistema que le permite mantener su corazón, muy dañado tras el atentado, en funcionamiento, crea una armadura que le permite escapar con vida.

De vuelta en Estados Unidos, Stark anuncia la salida de sus empresas de la industria armamentista. Mientras el mercado discute las consecuencias de la decisión, Stark se enfoca en revisar el dispositivo que lo mantienen vivo, así como el prototipo que le permitió escapar con vida de Oriente.

Tres años antes Christopher Nolan había reinventado a Batman bajo una óptica realista, haciendo hincapié en la enorme carga trágica del personaje. A su vez, Jon Favreau optó por encaminar su adaptación por otra vía.

Formado en la comedia, y sobre la base de la línea editorial de Marvel conocida como “Ultimate”, que actualizaba a sus personajes más populares, Favreau asume el personaje como lo que es: un superhéroe, un personaje que vive fantásticas aventuras vistiendo un traje especial que usa para enfrentar a las fuerzas del mal. Así, mientras Nolan buscaba el realismo, Favreau se queda en lo estrictamente fantástico, asumiendo lo de por sí insólito del concepto (hombre usando una armadura diseñada según los más altos estándares tecnológicos para hacer el bien), sin pretender presentar otra cosa. Esa es la gran virtud de este filme.

Sin otras lecturas, más largas o filosóficas, y sin caer en realismos que no necesita.

Si, hay una carga dramática (no hay superhéroe que no tenga una cruz que cargar, y en Marvel eso es parte del deber ser de cada personaje), Ironman se asume como un filme dedicado al divertimento puro y simple. Eso que uno busca al abrir un cómic: vivir una aventura extraordinaria, en un mundo de personajes extraordinarios y cuyas increíbles hazañas nos producen emociones fuertes, donde es abundante la acción, el romance y hasta las risas.

Favreau tuvo claro desde un principio lo anterior, y por eso es que su película funcionó tan bien a la primera. En una época en que nadie hablaba de fórmulas ni de universos cohesionados, Ironman tiró las líneas sobre las cuales se construiría un verdadero universo de personajes e historias que ya nos ha acompañado por una década.

El primer paso fue con una armadura de hierro. El primer gran paso. Gran y jamás igualado primer paso.

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IRONMAN

Director: Jon Favreau

Intérpretes: Robert Downey Jr; Gwyneth Palthrow; Jeff Bridges; Terence Howard; Leslie Bibb; Clark Gregg; Paul Bettany

Superhéroes

2008

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