jugando con las cosas que queremos

2045.

Al igual que mucha gente, el adolescente Wade Watts (Tye Sheridan) escapa de su opaca vida personal en la sobrepoblada Columbus, Ohio, entrando en Oasis, el juego de realidad virtual en la cual, encarando al personaje de Parzival, se siente en el único lugar en que puede ser importante para alguien.

Sin embargo, ese no es el único motivo por el cual Wade pasa mucho tiempo de su vida en este juego. Al fallecer, James Donovan Halliday (Mark Rylance), diseñador de Oasis, ocultó un “huevo de Pascua”, el premio definitivo del juego que dará, al que lo encuentre, el acceso a su testamento, a su fortuna, a sus empresas y al control sobre el juego. Por la relevancia que ha logrado Oasis en la sociedad, especialmente en lo financiero, al igual que Wade, son muchos los que están detrás de este tesoro, incluyendo a los “sixers” jugadores de gran habilidad y pocos escrúpulos al servicio de la empresa IOI, que buscan a toda costa agregar a Oasis a su holding…

Hace rato que Steven Spielberg viene repitiendo la misma fórmula, de estrenar casi al mismo tiempo un blockbuster, totalmente mainstream, y un filme más adulto. Pasó con Jurassic Park y La Lista de Schindler (estrenadas con meses de diferencia); con Minority Report y Atrápame Si Puedes; con La Guerra de los Mundos y Munich; con Tintin y Caballo de Guerra; con Puente de Espías y la poco afortunada The BFG; y este año la volvió a hacer con The Post y la recientemente estrenada Ready Player One.

Incursionando por primera vez en el mundo de los videojuegos y en la realidad virtual, Spielberg adapta el popular best-seller del mismo nombre de Ernest Cline, lanzada en 2011. Cline es un declarado fanático de la cultura popular del último medio siglo, especialmente de la cultura de los videojuegos, cosa que se nota en los muchos conceptos extraídos desde esta última manifestación, ya sea como concepto técnico (avatar, premios, clanes, etapas), estético o referencial.

A la larga, es esa clase de relatos que un autor concibe no sólo para contar la historia que tiene en la cabeza, sino además, para homenajear a través de ella los conceptos que lke gustan y que en algún minuto fueron fundamentales en su vida.

Fanático declarado además de Spielberg, tanto en su carrera como realizador, como en su aporte a la cultura occidental, cuenta la historia que Cline hizo llegar su novela al realizador, con la esperanza que éste la llevara al cine. Y así fue. Y se nota, porque es el tipo de relato fantástico a la medida del hombre que nos trajo Encuentros Cercanos, Indiana Jones o E.T. entre otros hitos pop.

Ready Player One es una cinta que funciona, más allá de las múltiples referencias a la cultura pop, a la fantasía e imaginería que el cine, la literatura, la música y otras manifestaciones de la creatividad humana que han dejado huella en el colectivo. Estas referencias resultan acertadas, y constituyen más que meros ganchos para captar espectadores no gamers o que nunca han leído la novela. Nada que ver, sino que constituyen elementos que favorecen mucho la experiencia, y que representan el sentido homenaje de su autor a esos personajes y universos que contribuyeron a su formación.

Spielberg capta lo anterior y el resultado en un filme respetuoso de su matriz, leal con su espíritu y que sabe imprimir en pantalla el afecto de Cline por sus personajes, su mundo y la historia que está contando. Si el desafío era traspasar de un formato a otro este relato manteniendo su grandeza, entonces el bueno de Steven lo logró con creces.

Ahora bien, siendo un filme basado fundamentalmente en los videojuegos, su estructura y contenido ¿es necesario ser gamer para disfrutarlo? No, y ese es ciertamente otro gran punto a su favor. Ayuda serlo, es verdad, y de hecho este público objetivo lo va a entender aún más. De hecho, la vi con mi señora, @Alexa_Wolf, gamer desde hace largo tiempo, y se sentía en su salsa. Pero uno que no lo es, o que juega ocasionalmente y juegos muy básicos en su desarrollo (obvio, los juegos de fútbol o autos en su mayoría se han tratado más o menos de lo mismo) no se va a sentir excluido.

Y es que es un vicio habitual en filmes tan de nicho, como pasa mucho con las adaptaciones de cómics, videojuegos o novelas, es que gastan demasiado metraje en referirse a aspectos muy específicos de su mitología que, si bien pueden dejar en ebullición a los fans más acérrimos, terminan perdiendo al espectador no militante. Ready Player One no cae en esos excesos, y se plantea como una obra capaz de conquistar incluso a aquel cuya única aproximación a los juegos es cuando juega Candy Crash.

Uno de los aspectos centrales de la novela, y a la vez de su adaptación, está en el choque entre realidad y virtualidad. No en vano, se centra en un personaje que ve en la fantasía del juego todo lo que no encuentra en su propia existencia. Aquí, donde cualquier otro realizador hubiera aprovechado para tirar la denuncia (miren como las multinacionales nos lobotomizan a través de los videojuegos, matándole el cerebro a sus jugadores haciéndolos aspirar a una vida falsa y enajenándolos, convirtiéndolos en piezas de su complejo armado para seguir creciendo a costra de blah blah blah…), Spielberg y Cline prefieren ser positivos, sin caer ni en la denuncia ni en el sermón, y plantear una retroalimentación entre lo que ocurre en el juego y la vida fuera de él. Lo que Wade experimenta como Parzival, lo hacen crecer en su propia existencia y aprender a valorarla.

En dos horas veinte minutos que no se sienten, sosteniéndose en un puñado de actores prácticamente debutantes en las ligas mayores, y con uno de los mejores soundtracks que se han escuchado recientemente, y bajo el armazón de un espectáculo visual impresionante, Spielberg presenta una suerte de anomalía: ha estrenado la mejor película que se ha hecho sobre videojuegos, una en que al espectador no le dan ganas de quitarle el joystick a su director(jugador), sino que simplemente disfrutamos cómo lo está jugando su ejecutante, haciéndonos decir “qué ganas de poder jugar como él”…¿Y cuál es la anomalía entonces? Que se trata de un juego que no existe.

Quizás el juego Oasis no exista, pero Ready Player One sí, y que bueno que así sea. No es de extrañar que uno quiera repetírsela, especialmente para captar las mil y una referencias implicadas (estoy seguro que muchos se van a comprar en su oportunidad el blu-ray sólo para ver cuadro a cuadro y encontrarlas).

El único inconveniente es que se me van los estándares a la cresta…¿cómo voy a evaluar lo que se estrene el resto del año, si de entrada nos ponen una joya como ésta?

****1/2

READY PLAYER ONE

Director: Steven Spielberg

Intérpretes: Tye Sheridan; Olivia Cooke; Mark Rylance; Ben Mendhelson; Simon Pegg; T.J Miller; Lena Whaite; Hannah John-Kamen

Ciencia Ficción.

2018

P.D.: Entre todas las referencias que vemos (explícitas o tangenciales) veremos lo más parecido ante Spielberg y…cierto gran autor estadounidense, con el que guarda más de un parentesco. Muchos

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

 

 

The Last Jedi y las segundas oportunidades

Lo sé. Hoy debería estar escribiendo acerca de las muertes de Milos Forman o Vitorio Taviani..no es que me den lo mismo, son pérdidas lamentables para el cine, sin duda, pero sé que de ellos ya habrá quienes escriba y lo haga mejor que yo.

También podría estar hablando de Ready Player One, la última y gran película de Steven Spielberg, que vi finalmente y me gustó más de lo que pensaba. Pero ya lo haré mañana con más tiempo y calma.

Pero estaba repasando Star Wars VIII: The Last Jedi, por segunda vez y varios meses después de la primera, y siento que ahora, con mucho tiempo transcurrido bajo el puente, y ya disponible en formatos caseros desde hace algún tiempo, la he disfrutado más.

Remontándonos a diciembre de 2017, cuando vimos esta película por primera vez, muchos quedamos un tanto descolocados. Mucha gente salió de la sala odiando la película, y yo mismo salí con una pokerface del porte de un buque. Tenía la sensación de que la película me había gustado, pero sin disfrutarla tanto como pensaba que lo haría, y con más reparos que los que creía. Y en mi caso particular, que soy de los pocos que defienden la actual camada de filmes de Star Wars, mandaba mis argumentos derecho al WC.

Mi reacción entonces fue “esta es la Batman vs Superman de Star Wars”, por esa sensación agridulce que me dejó a la primera.

Y al igual que con el filme de Zack Snyder, la he vuelto a ver, mucho tiempo, y con las expectativas más bajas.

Y al igual que en el ejemplo, el tiempo les terminó por favorecer.

Sigo pensando que tiene sus yayas: la persecución de la Primera Orden a la Resistencia no me hace mucha lógica, lo mismo el aporte del personaje de Holdo (Laura Dern), así como el del Decodificador (Benicio Del Toro); la secuencia del casino; otras escenas que no cuajan del todo, otras que sobraron, y que la historia se cuente de tal manera que personajes que pudiendo haber explotado en esta secuela (Poe, Finn), quedaron debiendo.

Sin desconocer lo anterior, hay que tener presente las fortalezas del filme, que las tiene: los primeros cincuenta minutos, bastante fieles al espíritu esencialmente aventurero de la marca, su último tercio, el proceso personal de Luke Skywalker (Mark Hammill) y ciertamente el desarrollo de la relación entre Rey (Daisy Ridley) y Kylo Ren (Adam Driver), a la postre el conflicto que marca la columna vertebral de esta nueva trilogía. Y por supuesto, los duelos a sable láser.

Ver esta película sacándose la calidad de fan que esperó religiosamente la misma, lo cierto es que permite apreciarla de manera más positiva. Sí, es posible que no esté dentro del top 3 de las mejores películas o historias de Star Wars, ni siquiera dentro de las cinco, pero creer que estamos ante un nuevo Episodio I es ser injusto y cruel.

Las altas expectativas, tal como pasó con BvS hace dos años, jugaron en contra de estos Últimos Jedi, y al no haberlas satisfecho, es natural que hayamos terminado tratando a esta cinta con mayor dureza que la que ameritaba. Pero ahora, con esa perspectiva que el tiempo y las revoluciones más moderadas saben dar, la experiencia resulta mucho más enriquecedora.

Hay que saber dar tiempo al tiempo.
fretamalt@hotmail.com @panchocinepata