conviviendo con los vivos

Sí, díganlo como quieran, lo acepto. Salvo por Frankenwennie (2012) y Big Eyes (2014), Tim Burton se ha convertido en una mediocre imitación de sí mismo. Su carrera, a lo largo de esta década, no ha sido más que un refrito de los conceptos, estética e ideología que construyó a lo largo de las décadas anteriores, y cuesta creer que el mismo responsable de algunas películas fundamentales de las últimas tres décadas (Edward Scissorhands, Batman Returns, Ed Wood y Gran Pez, entre otras) perpetre cosas como Sombras Tenebrosas o Miss Peregrine. En manos de otro, éstas serían grandes películas, pasarían piola, pero viniendo de Burton, y considerando sus antecedentes, la verdad es que resultan enormes decepciones.

En 1988, las cosas eran muy distintas. Tras años de trabajar como director asistente para Disney y de realizar algunos cortometrajes, Burton había estrenado un par de años antes PeeWee’s Big Adventure, con el comediante Paul Reubens en el rol principal. Y si bien no fue un tremendo éxito de taquilla, le alcanzó para ganarse la confianza de la Warner Brothers y estrenar su segundo filme como director, y el que lo puso de frentón en las ligas mayores: Beetlejuice.

Esta es la historia de Barbara (Geena Davis) y Adam (Alec Baldwin), una joven pareja, con pocos años de matrimonio, quienes finalmente han logrado hacer de la casa de campo en que viven el hogar de sus sueños. Cosa que no alcanzan a disfrutar ya que mueren en un absurdo accidente de tránsito.

Convertidos en fantasmas, y aunque les toma algo de tiempo asumir esta nueva situación, la pareja observa desconcertada como su vivienda es adquirida y transformada por los Deetz, una familia de nuevos ricos, integrada por Charles (Jeffrey Jones), un ejecutivo aspiracional y pusilánime; Delia (Catherine O’Hara) su irritante segunda esposa, una mujer clasista y con aspiraciones artísticas; y Lydia (Wynona Ryder), una adolescente lacónica, socialmente inadaptada y viviendo una cortante relación con sus padres, especialmente con su madrastra.

Hastiados con la presencia de esta familia, Barbara y Adam intentan asustarlos para que se vayan, pero su inexperiencia como fantasmas les juega en contra, por lo que deciden viajar al inframundo para pedir ayuda especializada, lugar en el que se enteran de la existencia de Betelgeuse (Michael Keaton) un espectro especializado en espantar gente..y en aprovecharse de otros espíritus más ingenuos…

Beetlejuice es un aporte mucho más recordado que PeeWee’s… y para muchos el verdadero debut de Tim Burton en el campo del largometraje, no así el anterior, por cuanto tal era un filme por encargo, mientras que Beetlejuice es un filme de su autoría. Cierto que no intervino ni en el argumento ni en su guion, pero es un personaje nuevo, no una adaptación, pero en la realización del filme, notamos claramente la mano Burton, en lo estético, en lo narrativo y, por qué no decirlo, también en lo que podríamos llamar la moral burtoniana.

Burton se especializaría durante gran parte de su carrera en personajes inadaptados, marginales, que se encuentran fuera de su elemento, marcados por relaciones familiares un tanto maltrechas. Aquí tenemos un poco de cada cosa.

Adam y Barbara están fuera de su elemento. Fallecidos en un muy buen momento familiar, asumen su calidad de fantasmas más por costumbre que por otra razón. Y de no ser por lo irritantes que resultan los Deetz, prácticamente les daría lo mismo si su casa tiene ocupantes o no, su urgencia por espantarlos se debe sólo a eso. No espantan, no asustan no porque no sepan o no tengan la capacidad, sino que porque, en el fondo, les da igual.

Lydia es el personaje inadaptado. Si bien no se explica el origen de su devoción por lo gótico, más allá de la mera pose, sabemos que su actitud tiene mucho que ver con la inexistencia de una madre (¿murió?¿se fue?¿divorcio?) y la usurpación de su lugar por Delia, una mujer realmente desagradable: clasista, egocéntrica, con un séquito de aduladores a su alrededor, y con un padre arribista, incapaz de adoptar cualquier clase de actitud pues puede afectar su percepción por los dueños de los traseros correctos para besar. Así, este personaje, encarnado por una jovencísima Wynona Ryder, algunos años antes de convertirse en símbolo generacional, representa otro tema  habitual en la moral Burton: la relación padre-hijo, sea por la inexistencia del primero (Batman, Edward), el hallazgo de padres putativos (Ed Wood) o la distancia entre progenitor e hijo (Gran Pez y esta misma cinta).

Betelgeuse, cuyo nombre degenera en Beetlejuice, es el marginal. No por opción propia, pero tampoco está en él la intención de dejar de serlo. Betelgeuse es un personaje resistido incluso dentro de su comunidad. Es quizás el mejor en lo que hace, pero sus modales, su mala actitud (no ayuda si no se le da algo a cambio, y si lo hace es a aquel incauto que esté dispuesto a dejarse avasallar por él y abrirle la puerta para ) lo mantienen convertido en un paria.

Beetlejuice se convirtió en un sano aporte al género del terror fantasmagórico, en una época en que proliferaron cintas acerca de seres sobrenaturales sedientos de hacerles pasar un mal rato a los vivos (Pesadilla, Martes 13, Poltergeist), cosa que hace a través de una comedia repleta de momentos graciosos, personajes que además de ser muy chistosos resultan funcionales a la historia, con la que presenta un enfoque original para este género, que le da una dosis de aire fresco que se tradujo en un filme que permitió a un director trazar las líneas de lo que sería su filmografía posterior, y que se convirtió en un éxito de taquilla, y que empezó a construir el carácter de Burton como director de culto a la par.

Dios, como extrañamos a este Tim Burton.

***1/2

BEETLEJUICE

Director: Tim Burton

Intérpretes: Michael Keaton; Wynona Ryder; Geena Davis; Alec Baldwin; Catherine O’Hara;  Jeffrey Jones; Glenn Shadix

Comedia

1988

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