El Cuarto Poder (haciendo lo que los otros tres no)

Año 1971.

Durante largos años, el ex analista del ejército estadounidense Dan Ellsberg (Matthew Rhys) ha recopilado información clasificada que implica a al menos cuatro gobiernos estadounidenses en relación a la intervención norteamericana en Vietnam.

Cuando los rumores en torno a la existencia de esta información se vuelven cada vez más fuertes, el editor del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) ve con frustración como su competencia principal, el New York Times, golpea con el contenido de estos archivos, hasta que el Gobierno del Presidente Nixon consigue una orden judicial, que impide seguir publicando esta información.

Pero cuando Ben Bagdikian (Bob Odenkirk) consigue dar con el paradero de Ellsberg y junto a Bradlee, deciden publicar la información, lo antes posible, pese a las advertencias de sus abogados. Y corresponderá a su recientemente propietaria, Katherine “Kay” Graham (Meryl Streep) decidir finalmente el destino del reportaje…

Sé que a estas alturas todavía queda gente dispuesta a cuestionar la grandeza de Steven Spielberg como director. Bueno, pensando en todos ustedes, herejes, es que tienen que ver The Post (Los Archivos Secretos del Pentágono).

Incurriendo en un subgénero que ha dado grandes momentos al cine estadounidense como es el cine de prensa(pensemos en clásicos como Todos Los Hombres Del Presidente, filme con el que guarda más de un parentesco, o  El Informante, de Michael Mann, 1999, una de las últimas actuaciones decentes de Al Pacino, o más recientemente Spotlight, Oscar a la Mejor Película en 2015), Spielberg reconstruye las circunstancias que rodearon uno de los momentos más complicados para la política estadounidense. la revelación de los antecedentes que Dan Ellsberg reunió durante al menos cinco años, tras servir como analista de campo en Vietnam, que daban cuenta que la intervención estadounidense en dicho conflicto distaba mucho del ideal patriótico y victorioso que al menos tres administraciones querían imprimir en esa guerra.

Con el antecedente de la prohibición de referirse al tema impuesta al New York Times, la tensión reinante en el equipo de redactores del Post, centrando esta presión en su editor (un Tom Hanks ¡impresionante!) como su propietaria (la nominación de este año como Mejor Actriz para Meryl Streep es más que una mera tradición, Streep se manda una de sus actuaciones más poderosas en muchos años), toda vez que todo este staff (redactores, columnistas, editores, ejecutivos) es consciente que, más allá del golpe noticioso que significan estas revelaciones, lo que tienen en sus manos podría dar un puñetazo de knock-out directo al corazón de la política estadounidense…pero también, mandarlos a la cárcel por desacato.

Spielberg juega con estos elementos con el oficio y la maestría que le conocemos, haciéndonos parte de la vorágine de emociones y sensaciones que reinan en la sala de redacción, y como lo que se decida en ese microcosmos va a terminar por afectar a una sociedad completa, que se verá sacudida hasta sus cimientos. De esta forma, el bueno de Steven hace de su relato no sólo una gran crónica de un acontecimiento que tuvo lugar entre cuatro paredes, sino un verdadero tributo a la libertad de prensa y a los derechos civiles en general (especialmente, el derecho de la sociedad a conocer la verdad de los hechos que pasan y que sus gobiernos no le pasen gato por liebre…ahh, debe ser tan lindo eso de tener una prensa independiente).

Podríamos resumir The Post en “cuando el Cuarto Poder hace lo que los otros tres no”.

La película cuenta con una subtrama que no deja de resultar oportuna, y es la protagonizada por Kay Graham, quien al asumir en 1971 la cabecera del Washington Post, debió luchar contra toda clase de obstáculos, en una época en que era inconcebible que una mujer se hiciera cargo de una gran empresa. De hecho, si bien el periódico fue fundado por su propio padre, este legó la dirección del mismo a su yerno. A la muerte de éste, es Graham quien se hace cargo, y su administración fue una constante demostración de sus innegables habilidades empresariales y periodísticas, por lo que taparle la boca a sus críticos, fue una constante a lo largo de su carrera. Si bien The Post se refiere a esos primeros años, nos proporciona los antecedentes suficientes para entender cual sería la línea que el Post seguiría bajo la guía de Kay Graham.

Este mensaje no puede venir mejor, en tiempos donde aún una mujer no puede ganar lo mismo que un hombre por hacer el mismo trabajo, en los que aún se cuestionan las capacidades femeninas para liderar países, empresas o grandes obras.

Hace rato que una película no me dejaba de tan buen ánimo. Incluso en obras del mismo Spielberg, cuyos trabajos siempre me dejan un gran sabor de boca, The Post supera esa sensación con creces.

Nominada al Oscar a la Mejor Película (¿¿Y director?? Es por eso que no nos caes bien, Academia), The Post me deja con más ganas todavía de ver La Forma del Agua.o Ladybird..¿por qué? Porque necesito saber que tan buenas deben ser como para tener mucho más favoritismo en la carrera por el Oscar que este gran trabajo. Ningún problema con esas dos películas, pero si en una de esas la Academia hace la gran Spotlight y premia este filme, vaya que lo voy a celebrar.

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THE POST

Director: Steven Spielberg

Intérpretes: Tom Hanks; Meryl Streep; Bob Odenkirk; Sarah Paulson; Matthew Rhys; Jesse Plemons: Allison Brie; Bruce Greenwood; Alison Brie

Drama periodístico/Política

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata

 

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el líder que se necesitaba

Es el año 1940. El ejército alemán, bajo el mando supremo de Adolf Hitler, avanza rápidamente sobre Europa, conquistando bajo su yugo una a una a las distintas naciones del continente.

Temiendo la pronta arremetida sobre territorio inglés, el Parlamento de ese país designa a Winston Churchill (Gary Oldman), un político de la vieja escuela con años de este tipo de situaciones en el cuerpo, como Primer Ministro, considerándolo el líder que el país necesita ante estas circunstancias.

Churchill, sin embargo, desconfía del tratado de paz que el Reich ofrece al Reino Unido, y sostiene que una defensa armada es una forma más eficaz de enfrentar el problema. En el proceso, tendrá al frente incluso a miembros de su propio partido, quienes no comparten su visión del problema…

Desde que terminó, hemos visto horas y horas de cine sobre la Segunda Guerra Mundial, principalmente a través de reproducciones de batallas, operaciones de espionaje, sus consecuencias para vencedores, vencidos y demás involucrados, pero cuando se habla de su génesis, normalmente es a través de filmes de espionaje y del thriller político.

Las Horas Más Oscuras, último trabajo de Joe Wright, un realizador que sin estar en la primera línea, siempre se las ha arreglado para hacerse notar con filmes de impecable desempeño (desde románticos como Orgullo y Prejuicio, hasta fantásticos como Pan, pasando por dramas como Atonement y acción pura y dura como Hannah), da en cierta forma una vuelta al tema, enfocándose en cómo se gestó la participación inglesa en el conflicto, centrándose en una de las figuras más relevantes de la historia británica del último siglo, Sir Winston Churchill.

Wright plantea su relato en un momento en que el conflicto aún no alcanzaba sus cotas máximas de dramatismo. Para 1940, el avance alemán sobre Europa era simplemente imparable, y la gran mayoría de naciones caía como piezas de dominó, haciendo feble cualquier tipo de resistencia (el poderío bélico germano era gigantesco) y la rendición o armisticio no eran garantía de nada.

Churchill, que ya era un político de viejo cuño para esos años, es una figura que despierta pasiones encontradas, y tiene la habilidad suficiente para intuir que su nombramiento obedece sobre todo a la necesidad de crear un clima de unidad nacional, aunque sea artificialmente. Del mismo modo, sabe que una respuesta armada es altamente riesgosa, pero un tratado, en las condiciones que se daban entonces (con el Reich fijando el contenido del mismo unilateralmente y a su arbitrio) está lejos de ser la solución ideal. Esto lo lleva a enfrentarse con su importante cantidad de detractores e incluso con sus propios partidarios, en una situación que para su país y sus aliados más próximos se vuelve cada vez más urgente.

De hecho, mientras Churchill discute con su Parlamento la posición inglesa frente a la escalada alemana,  sus tropas han quedado sitiadas en el puerto francés de Dunquerque (si, el mismo de aquella otra película), y sus posibilidades de salvar con vida son escasas.

La capacidad de Wright para transmitirnos la tensión que se vive en su relato es notable, y el hecho de que gran parte de la acción transcurra dentro del búnker existente en el interior de Downing Street, sede del gobierno inglés, donde se decide el destino de, en rigor, más de una nación, provoca una claustrofóbica sensación que hace aun más tangible la idea de que estamos en una olla a punto de estallar.

Sin desconocer el buen trabajo de Wright, aquí la principal fortaleza de este filme es la actuación de Gary Oldman, en el rol del célebre primer ministro inglés. Y sus méritos van más allá de la mera –y notable- transformación física (Oldman ciertamente no tiene ni la edad, ni el físico ni la postura de Churchill). Oldman replica a la perfección la personalidad de Sir Winston como líder político, en todos sus matices: teniendo que ser firme cuando se necesita, pero frágil cuando es el caso que lo sea. Terco y severo en una primera impresión, pero amable y cercano cuando se le conoce más de cerca, según lo puede aseverar su mujer, Clemmie (Kristin Scott Thomas, otra gran actuación), y su secretaria privada (Lily James). Churchill puede hablar golpeado ante las cámaras, pero en su fuero interno es un ser sobrepasado, en un cargo que ni él ni mucha gente quería, pero que ha debido asumir empujado por la necesidad. Oldman ya se adjudicó el Golden Globe por este rol, así como el del Sindicato de Actores y el Critic’s Choice, y es quien corre con más ventaja para el premio de la Academia en su categoría. Una enorme ventaja.

Globalmente, el trabajo de Wright es equilibrado. No piensa ser un discurso patriota o proselitista de esos que sobran en el cine americano respecto del tema (ya saben, la historia la escriben los vencedores), pero tampoco un documental plano y sin ritmo, de esos que se ven por horas en canales de documentales. Eso siempre es bueno, así se difunde la historia más allá de su público objetivo. No creo, eso sí, que tenga mucho que hacer en la nómina para Mejor Película, no por un problema de calidad, sólo que enfrenta contendientes mucho más fuertes.

***1/3

THE DARKEST HOUR

Director: Joe Wright

Intérpretes: Gary Oldman; Kristin Scott-Thomas; Ben Mendhelson; Lily James; Ronald Pickup; Nicholas Jones

Drama bélico/Historia

2017

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata