Blade Runner 2049: intentando una explicación

Entre setenta y cien millones de dólares en pérdidas. Ese es el balance de Blade Runner 2049 a tres semanas de su estreno mundial, plazo durante el cual pese a lograr un reconocimiento casi unánime que la tendrá en más de una lista de lo mejor del año, y estando llamada a ser una de las grandes películas del 2017, ha hecho más ruido por su gigantesco fracaso de taquilla, logrando cubrir sus costos de producción  a duras penas.

De hecho, cuando escribo esto, me entero que Blade Runner 2049 salió de la cartelera local, reduciéndose a dos salas y

Explicaciones para este fracaso pueden haber muchas: una mala promoción, desinterés del público, o que simplemente el público esté cada vez más estúpido y sea incapaz de procesar este tipo de obras, expectativas ridículamente altas, en fin. Yo creo que es un poco de cada cosa.

El primer gran error viene de la industria, que olvidó un par de cosas. Si bien la Blade Runner original, de 1983, es un clásico del cine y un filme indiscutiblemente fundamental, tampoco tuvo buena taquilla en su época de estreno, y sólo fue reivindicada con los años, a través del video, reposiciones en televisión y en cines, sus constantes relanzamientos y reediciones en dvd y blu-ray. Y si bien yo entonces tenía siete años y mis referencias cinematográficas se limitaban a Disney, Jerry Lewis, E.T. y Star Wars, recuerdo poco de Blade Runner ese año, aunque tiempo después se repetía bastante en carteleras del circuito del cine arte y de reposiciones (junto con otros títulos como La Ley de la Calle, era habitual ver el cartelito del cine Normandie en revistas como Apsi o Análisis, anunciando su reposición).

Blade Runner nunca dejó de ser un filme de culto. Y si bien uno agradece que la industria se la juegue por filmes que se salen del estándar, hay que ser realista. Y pese a la viralización que hizo que uno viera las caras de Ryan Gosling y Harrison Ford hasta en la ventana de la micro, estas diligencias terminaron resultando excesivas. No porque se le haya dado tratamiento de blockbuster ibas a convertir en tal a un filme que nunca lo fue ni lo será.

Por temática. Por estilo de narración. Por contenido. No es posible asociar el concepto de Blade Runner a, por ejemplo, una película de Marvel.

La publicidad de Blade Runner 2049 terminó por jugarle en contra, resultando excesiva. Y me lleva a pensar en, por ejemplo, Life (Vida Inteligente), también estrenada este año, una propuesta mucho más modesta tanto en su contenido como en su promoción, y no anduvo nada de mal ni en crítica ni en taquilla. No extraordinario, pero bien.  Si funcionaba –y funcionó- está todo en orden. Si no lo hacía, bueno, al menos el desplome no iba a ser tan doloroso.

BR2049 debió haber tomado ese mismo curso, respetando el carácter de culto de su cinta madre. La película habría mantenido su buena crítica, hubiera cumplido con el público al que le interesa y nadie habría salido malherido.

De este desastre perdemos todos, pero además tenemos la culpa. La industria, al no respetar la naturaleza de una obra y trata de hacerla pasar por lo que no es, y que ahora deberá soportar las consecuencias, sobre todo las financieras. El cine como expresión artística, que pierde una oportunidad única de marcar un hito y validarse masivamente. Y el espectador, que por darle la espalda a este tipo de obras prácticamente le da permiso a la industria para que le venda porquerías.

No nos quejemos si en un futuro no muy lejano la cartelera se ve monopolizada por la vigésima película de los Minions, la decimoquinta Era del Hielo o las infumables comedias de los hermanos Wayans.

Esperemos que la cinta de Dennis Villenueve, al igual que su antecesora, se reivindique en formatos caseros y streamings. Quien sabe, en una de esas en un par de años más la veamos repuesta en alguna sala del circuito independiente, entremos y aunque no hayan más de cinco pelagatos en el auditorio, igual tendremos la sensación de ser parte de algo extraordinario.

fretamalt@hotmail.com  @panchocinepata