Una Nueva Carrera En Una Nueva Ciudad

Para la segunda mitad de la década de los ’70, David Bowie ya era un nombre consolidado dentro de la escena del rock y del pop. Hacia 1976, ya había sido uno de los fundadores del glam rock (a través de discos como Hunky Dory -1971- The Rise and Fall of Ziggy Stardus -1972- o Aladdin Sane -1973-), reconstruido la carrera musical de Lou Reed (al producir y co-componer el disco Transformer -1973-), jugado con el concepto de opera rock y disco conceptual (el citado Ziggy… y Diamond Dogs -1974-), coqueteado con la música afroamericana (Young Americans -1975-), conquistado EEUU con el single Fame, compuesto en colaboración con John Lennon (1975) e intentado fusionar lo que estaba haciendo entonces (soul, funk, jazz) con el prog rock (Station To Station-1976-).

Entre medio ya había mutado al menos dos veces de personalidad (Ziggy Stardust, the Thin White Duke) y aunque nunca fue exactamente un superventas, se había convertido en un rockstar de tomo y lomo, con todo lo que ello conlleva (promiscuidad sexual, drogas y litros de alcohol).

Lo cierto es que este estilo de vida, además de tenerlo en problemas financieros que lo obligaron a mudarse a Suiza, inicialmente, lo tenía cansado y por un camino sin retorno a la autodestrucción. Y quería parar.

Por aquel tiempo, y por un tema de cercanía, Bowie estaba escuchando mucho del llamado krautrock, ese movimiento surgido en esos años en Alemania, como una suerte de respuesta al rock progresivo de Europa occidental. Si en Inglaterra eran Pink Floyd, Genesis, Yes o King Crimson lo que estaba marcando la pauta, los germanos tenían a Can, Tangerine Dream y Kraftwerk, quienes a su manera encontraron su opción para hacer del rock un arte: donde en Inglaterra mandaba el virtuosismo en Alemania primaba la experimentación, el uso poco tradicional de ciertos instrumentos, y puestas en escena más minimalistas en comparación con las impresionantes escenificaciones de las bandas británicas.

Eso hizo clic en Bowie, quien llamó a su productor de cabecera en esos años, Tony Visconti, y se puso en contacto con su compatriota Brian Eno, quien aparecía como uno de los personajes influyentes del krautrock y que estaba dando que hablar con sus primeros trabajos en la música electrónica más vanguardista. Acto seguido, se mudaron a Berlin.

Fue en esta ciudad donde Bowie, que venía de ser un rostro reconocido a nivel mundial, pero que aquí era un total desconocido, pudo recuperarse. El anonimato le brindó la posibilidad de desintoxicarse, de ordenar su propia vida, lo que ciertamente le devolvió la perspectiva. Ello, más conocer desde el origen la música que lo tenía fascinado entonces (de hecho, gran parte del día lo pasaba en los célebres estudios Hansa ‘By The Wall’, donde se materializó gran parte del krautrock), le dio un nuevo aire a su carrera musical.

Eso se empezó a reflejar en enero de 1977, cuando lanzó Low.

Robert Fripp, Brian Eno y David Bowie, 1977

El disco marcaba un quiebre en la carrera de Bowie, por cuanto implicó dejar atrás el rock guitarrero de sus primeros años, optando por canciones más alejadas del estándar. Mucho de este material había sido creado originalmente para Station To Station y rechazado de su edición final por su poca comerciabilidad. Bowie, con Eno como consejero (quien además le recomendó reclutar a Robert Fripp, guitarrista de King Crimson, para su banda de apoyo), rescató y reconstruyó estas composiciones, de acuerdo a lo que su estado de ánimo le indicaba.

Si bien Visconti sabía que la RCA, casa para la que Bowie publicaba entonces, iba a poner problemas para la publicación de un disco tan poco comerciable, pero era consciente que era lo que su cliente y amigo necesitaba para salir del fondo (cosa que queda clara al escuchar la instrumental A New Carreer In A New Town), así que defendió este trabajo que finalmente vería la luz hace cuatro décadas.

El tiempo les daría la razón. Si bien el disco vendió muy por debajo de lo que una estrella de la relevancia de Bowie venía vendiendo (aunque igual logró un digno segundo lugar en el ranking inglés de ventas, y 11 en el Billboard, nada mal para tener sólo dos canciones del disco obedecían al formato radial, Be My Wife y la inolvidable Sound And Vision), la crítica especializada fue unánime en celebrar el trabajo, que claramente traía nuevos

Esto no acabaría ahí, ya que en octubre de 1977 se lanzaría “Heroes”, nuevo fruto de la colaboración de Bowie con Eno, y que devolvía al formato de canción pop, ya que su lado 1 estaba compuesto principalmente por canciones propiamente tales, mientras que el 2 era abundante en composiciones instrumentales y experimentales. Este disco mantuvo el nivel de ventas (3 en el Reino Unido, 35 en el Billboard)y a nivel  crítico sólo incrementó las loas al músico, así como la influencia de Bowie en sus contemporáneos y en los que vendrían después, instalando en el inconsciente colectivo una de las canciones fundamentales de Bowie, la que da titulo al disco, y que habla de la historia de dos amantes, uno a cada lado del muro de Berlín.

Tan entusiasmado estaba Bowie que después de años de silencio, volvió a los shows en vivo durante 1978, presentando shows en dos partes, la primera, dedicada a mostrar parte de Low y “Heroes” y una segunda dedicada a los hits entre 1972 y 1976. Este tour quedó plasmado en el disco doble en vivo Stage, de 1978. Aquí la RCA, temiendo una mala venta del disco, metió mano descaradamente, al cambiar el orden de canciones, poniendo la segunda parte del show en los lados 1 y 2, y la primera, la que interesaba promover a Bowie, como lados 3 y 4.

Lodger, publicado en 1979 fue el último disco de esta etapa, y marca sendas diferencias con los anteriores. Por un lado, el volver Bowie a la vorágine de las giras ya no le permitía componer con la tranquilidad con lo que lo hacía en Alemania. Por otra parte, había asumido otras funciones (como actor, como productor de los discos de Iggy Pop, su discípulo más aventajado, o de descubridor de otros como Devo) y su relación con Eno se había enfriado. Todo eso claramente se nota en el disco, que de todos modos esta por sobre la media de muchos de su generación, destacando por el coqueteo de Bowie con sonidos africanos y árabes (en “Héroes” ya había hecho algo parecido con la música japonesa) logrando un digno paso por los rankings (4 en Inglaterra, 20 en EEUU) y dándole rotación a canciones como Boys Keep Swinging, DJ y Look Back In Anger.

Lodger cierra esta etapa fundamental tanto en el sonido Bowie, que es clara manifestación de su recuperación personal y de su reinvención musical, la misma que lo mantuvo vigente incluso hasta sus últimos días. Es por trabajos como Low, “Heroes” y Lodger, de los cuales se ha lanzado una serie de ediciones conmemorativas con ocasión de sus cuatro décadas, que cada vez que decimos su nombre, claramente estamos hablando de palabras mayores.

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